Agosto 8: Santo Domingo de Guzmán. Sacerdote fundador de los Hermanos Predicadores (1170‑1221). Canonizado por Gregorio IX el 3 de julio de 1234.

Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Hermanos Predicadores, nació en Calaruega, diócesis de Osma, España y desde su juventud ejercitó virtudes no comunes. Estudió teología y fue elegido canónigo de la iglesia de Osma+

Ordenado Sacerdote, promovió la defensa de la fe católica especialmente contra los herejes Albigenses, con la predicación y con el ejemplo de su vida. Este objetivo atrajo a su alrededor a otros predicadores a los cuales dio una regla y fueron el primer núcleo de la Orden Religiosa de los Dominicanos. Es memorable su encuentro con San Francisco. Mientras oraba en San Pedro en el Vaticano, en Roma, tuvo una visión: la Virgen Santísima se le apareció en el actitud de presentar ante su Hijo, disgustado por las culpas de los hombres, dos hombres que sostendrían la Iglesia de Dios. En uno se reconoció a sí mismo; pero deseaba mucho conocer al otro predestinado para tan gran tarea. A la mañana siguiente reconoció bajo los harapos de un pobre religioso al segundo hombre: era Francisco de Asís. Los dos Santos se abrazaron, y así echaron las bases para una amistad que se perpetuaría entre las dos Ordenes.

Domingo había pasado serena y santamente el primer período de su vida como canónigo, cuando, un viaje a través de Provenza le hizo conocer cuán difundidas estaban las herejías de los cátaros y de los albigenses. Los religiosos por él formados debían ser pobres para no despertar en los herejes sospecha de un interés material; y debían ser estudiosos para combatir el error y ser benévolos con los descarriados.

Fue un hombre de intensa oración, asiduo en el estudio, incansable en la predicación, paciente en las contrariedades, valiente en la búsqueda y en el llamamiento a los errantes, quienes inclusive intentaron asesinarlo. Caminaba a pie descalzo, dormía en tierra, ayunaba, se flagelaba, convencido de que sus sacrificios contribuían a la salvación de las almas que quería arrebatar al error.

Un discípulo, después de una admirable predicación suya, le preguntó qué libros había consultado para tener tanta sabiduría. Le respondió: “Hijo mío, he estudiado el libro de la caridad de Dios y este libro enseña todo”.

He aquí su retrato según nos ha sido transmitido por los biógrafos: estatura mediana, cuerpo delgado, hermoso rostro y ligeramente colorado, cabellos y barba ligeramente rojos, ojos limpios y brillantes. Su rostro irradiaba una luz que suscitaba en todos reverencia y afecto. Siempre estaba alegre y sonriente. Tenía voz fuerte, clara y sonora, que en la predicación asumía una tonalidad de gran orador. Llevaba continuamente consigo el Evangelio de Mateo y las cartas de San Pablo y meditaba tan largamente estas últimas, que llegó a saberlas casi de memoria. Dos o tres veces fue elegido Obispo, pero siempre lo rehusó, queriendo vivir con sus hermanos en pobreza. Conservó sin mancha hasta la muerte el esplendor de su virginidad. Murió en Bolonia el 6 de agosto de 1221 a los 61 años.