Diciembre 22: Santa Francisca Javier Cabrini, Virgen de la Tercera Orden (1850‑1917). Fundadora de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús. Canonizada por Pío XII el 7 de julio de 1946.
Francisca Javier Cabrini fue la última de trece hijos, nacida el 15 de julio de 1850 en Sant’Angelo Lodigliano, en Lombardía, hija de Agustín y de Stella Oldini. Creció en un ambiente familiar de campesinos, donde la práctica diaria de la misa y el trabajo eran amados como una misión, y la caridad para con los pobres se practicaba generosamente. Se inscribió muy joven en la Orden Franciscana Seglar, de cuya espiritualidad tanto habría de tomar para su apostolado misionero.
Huérfana de padre y madre, de frágil salud, intentó ingresar entre las Hijas del Sagrado Corazón y luego entre las Hermanas Canossianas, pero no fue recibida a causa de sus condiciones físicas. Francisca entonces, siendo diplomada como maestra, aceptó ocuparse de la educación de los niños huérfanos. La maestra lombarda débil y desheredada, quiso dedicar su vida a la asistencia de los débiles y desheredados. Con la aprobación y bendición del obispo, fundó el Instituto de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús. En Roma y en Castel San Giovanni encontró al obispo de Piacenza, Monseñor Juan Bautista Scalabrini, quien la invitó a dedicarse a la misión en favor de los emigrantes italianos.
Muchos italianos en aquellos tiempos emigraban a América en busca de trabajo. Partían como manadas envilecidas y al llegar a países extranjeros, sin providencias sociales y escasa asistencia civil, se embrutecían entre calamidades, miseria e ignorancia. Cuando la madre Cabrini supo que millares de emigrantes italianos estaban privados de asistencia material y espiritual, se embarcó para América y se estableció en Nueva York. Atravesó el océano veinticuatro veces. Amigos de la madre Cabrini se hicieron los millares y millares de emigrantes, amontonados en los puentes de las naves, acampados en las márgenes de las ciudades, absorbidos por las fábricas, engullidos por la miseria, dispersos y abandonados en vastas zonas.
La maestra enfermiza reveló una resistencia y una energía indómitas. Comenzó a recoger huérfanos de emigrantes. Luego construyó el hospital Colombo en Nueva York. Abrió una escuela en Buenos Aires. Otro Hospital en Chicago, preventorios en California, hospicios en otras ciudades de América. A quien se maravillaba, le respondía : “No somos nosotros, quienes hacemos esto, es Jesús!”. La asistencia material habría sido estéril si la madre Cabrini no hubiera sido madre: si no hubiera estado al lado de los emigrantes, de los abandonados, hasta en las cárceles. Llegó a ser así la mujer fuerte, admirada de los más poderosos hombres del mundo americano. Logró desarrollar una actividad prodigiosa, a dar vida a realizaciones imponentes. La muerte la tomó en sus brazos durante una permanencia en Chicago el 22 de diciembre de 1917 a los 67 años de edad.