Octubre 6: Santa María Francisca de las 5 Llagas de Nuestro Señor Jesucristo. Virgen de la Tercera Orden (1715‑1791). Canonizada el 29 de junio de 1867 por Pío IX.

Ana María Gallo nació en Nápoles el 25 de marzo de 1715, hija de Francisco Gallo y Bárbara Basini, comerciantes. Algunos meses antes de su nacimiento predijeron su santidad San Francisco de Jerónimo y San Juan José de la Cruz. Siendo niña todavía, manifestó vivísimo el deseo de acercarse a la Eucaristía, que recibió a la edad de 7 años.

Mostró pronto tanta piedad y práctica de virtudes, que fue llamada la “Santita”. Decidida a consagrarse a Dios, a pesar de la oposición de su padre, quien le proponía un ventajoso matrimonio, se hizo terciaria franciscana bajo la regla y la dirección de los Hermanos Menores, los cuales en San Juan José de la Cruz en el convento de Santa Lucía al Monte tenían un ejemplo y un padre.

Con apenas 16 años, delicada y pálida por las penitencias voluntarias, tomó el hábito franciscano el 8 de septiembre de 1731; emitió los tres votos de castidad, pobreza y obediencia, y tomó el nombre de María Francisca de las 5 Llagas de N.S.J.C. Aunque permanecía en el mundo, vivió en la más perfecta observancia de la severa regla franciscana, sometiendo su cuerpo, ya probado por el continuo trabajo, a ayunos, vigilias, flagelaciones y cilicios. Tampoco le faltaron las pruebas y contradicciones de toda clase, tentaciones de parte del demonio, persecuciones y calumnias por parte de los hombres.

El cardenal arzobispo José Spinelli, para poner a prueba su virtud, la encomendó por siete años a la dirección espiritual del párroco Mostillo, quien parecía ser de tendencias jansenistas. Santa María Francisca fue devotísima de la Pasión del Señor y de la Bienaventurada Virgen bajo el título de “Divina Pastora”, cuyo conocimiento y culto difundió. Favorecida con varios carismas sobrenaturales, como la profecía y las visiones, fue vista a menudo arrobada en éxtasis. Gozó de la familiaridad de almas santas contemporáneas suyas: Sor Magdalena Sterlicco y el barnabita San Francisco Javier María Bianchi, a quien predijo el honor de los altares.

Extasis, arrobamientos, profecía le eran familiares. Vivía ya de las cosas sobrenaturales, incomprendida, perseguida, tratada como visionaria fue sometida a exámenes de parte de las autoridades eclesiásticas. En 7 años de duro martirio soportó todo con inalterada mansedumbre.

Asistida por muchos religiosos fieles, fortalecida con la Eucaristía recibida como viático, expiró serenamente en su celdita el 6 de octubre de 1791, a la edad de 76 años. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia de Santa Lucía al Monte, donde es venerada al lado del sepulcro de san Juan José de la Cruz.