Julio 17: Santa María Magdalena Postel. Virgen de la Tercera Orden (1756‑1846). Fundadora de las Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Misericordia. Canonizada por Pío XI el 24 de mayo de 1926.
María Magdalena Postel nació el 28 de noviembre de 1756 en Barfleur, Normandía, la mayor de siete hijos de Juan y Teresa Levallois. Esta familia de campesinos acomodados y estimados fue para ella la escuela de buen sentido y de tranquila piedad. A los nueve años hizo la primera Comunión y emitió el voto de castidad. Muy pronto quedó huérfana de padre y madre.
Hechos los estudios en la abadía de Valognes, abrió en su región una escuela gratuita para niñas, para formar mujeres y madres, capaces de dirigir hogares donde fuera agradable vivir. Pero entonces estalla la Revolución Francesa. Las órdenes religiosas son suprimidas, los sacerdotes que rehúsan prestar el juramento son desterrados, las iglesias cerradas. En 1791 el obispo, para no dejar al pueblo sin sacramentos, autoriza a María Magdalena a guardar en su casa la Eucaristía, distribuir la comunión y celebrar otros ritos. Durante diez años es llamada “la virgen sacerdote” y trabaja intensamente en el campo religioso, caritativo y educativo. Se salva milagrosamente de diversas persecuciones. El Señor la favorece con carismas especiales.
El 13 de febrero de 1798 se hace terciaria franciscana. No cambia mucho su vida ascética; de San Francisco de Asís aprende la generosidad en el amor a Dios y a los hermanos, el fervor en la oración, iniciativas audaces en el apostolado. El 8 de septiembre de 1807, junto con cuatro cohermanas, con la aprobación del obispo, dio comienzo en Cherbourg al Instituto de las Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Misericordia, con una regla muy austera, con la misión de la enseñanza gratuita a las niñas.
A partir de 1838, superadas enormes dificultades, el Instituto renueva su impulso. La santa está plena de fortaleza: a pesar de las terribles privaciones que se había impuesto por toda la vida, los cilicios, la cruz de madera sobre la que dormía, un único alimento diario, los ayunos de cuatro días, ella pasaba vivaz en medio de las cohermanas para alentarlas, dando pruebas de una caridad y dulzura sin par, de gran perspicacia para descubrir y animar las vocaciones.
El 4 de julio de 1846 la santa se enfermó y murió, sencilla y sonriente. Tenía 90 años. A su muerte había construido más de treinta y siete conventos e iglesias, había fundado muchas otras, sin más recursos que su valentía y dinamismo. El Instituto tenía 250 hermanas y veinte postulantes. En su tumba se produjeron numerosos milagros.