Mayo 17: San Pascual Bailón. Religioso de la Primera Orden (1540‑1592). Canonizado por Aalejandro VIII el 16 de octubre de 1690.
Pascual, hijo de Martín Bailón e Isabel Jubera, nació en Torre Hermosa, en el reino de Aragón, España, el 16 de mayo de 1540, día de Pentecostés. Desde niño mostró claramente la piedad de su alma con el amor intenso a la oración y una particular devoción a la Eucaristía, que caracterizó toda su vida religiosa.
De origen campesino, Pascual fue pastor en su juventud, y esperó largamente ser admitido en el convento franciscano de Montfort, en Valencia, cerca del cual pastoreaba sus ovejas, rigiendo su vida diaria por las campanas, orando cuando los hermanos oraban, cantando cuando cantaban, asistiendo espiritualmente a las sagradas funciones que se celebraban en la iglesia del convento.
Admitido por fin a los votos franciscanos, permaneció como hermano religioso, un «humilde hermano limosnero», modesto y servicial. Pero bajo el hábito descolorido del hermano limosnero se escondía un corazón ardido en amor por el sacramento de la Eucaristía, que para Pascual Bailón representaba el más dulce deseo, la más consoladora esperanza, la más luminosa certeza.
Permanecía en oración en la iglesia el mayor tiempo posible, y lo más cerca posible del sagrario. A menudo durante la misa entraba en éxtasis en el momento de la consagración. A dondequiera que fuese, en sus largos viajes de limosnero, el primer saludo al entrar en algún poblado, o en una ciudad, era para el huésped divino del tabernáculo.
Este fuego de amor se contagió a los hermanos del convento, saltó los muros de Monfort, se esparció por las regiones vecinas. En torno al humilde hermano y siguiendo su ejemplo, se revivió la devoción por toda España, despertó otras conciencias, inflamó otros corazones. Más de una vez los superiores le propusieron que se preparara para recibir el sacerdocio, pero él siempre prefirió permanecer en el servicio humilde.
Favorecido con carismas místicos, el don de milagros y de sabiduría infusa, aunque iletrado, Pascual a menudo era frecuentado por personajes ilustres en busca de consejo. De regreso de una delicada y peligrosa misión a París, donde debió entregar al Ministro general de la Orden importantes documentos de que era portador por orden de su Ministro provincial, Pascual compuso un librito de sentencias para reafirmar la presencia real de Jesús en la Eucaristía y sobre el poder divino transmitido al Romano Pontífice. Precisamente en aquel viaje sufrió escarnios y vejaciones de parte de los Calvinistas que entonces infestaban a Francia; inclusive tuvo ocasión de disputar con ellos sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía , y los Calvinistas, sintiéndose derrotados, intentaron recurrir a la violencia, pero Pascual logró evadirlos. Afectado por las continuas mortificaciones y penitencias, Pascual había cumplido 52 años cuando sintió que se acercaba su última hora. En el convento del Rosario de Villa Real cerca de Valencia, el 17 de mayo de 1592 murió serenamente. En el momento de su muerte se estaba realizando la consagración en la iglesia del convento. Grande fue el concurso del pueblo que vino a rendir homenaje a los restos del humilde hermano, cuya santidad fue ilustrada con muchos milagros. En 1897 León XIII lo proclamó patrono de todas las Asociaciones y Congresos eucarísticos. Su cuerpo fue profanado y quemado en la revolución española de 1963. Las pocas reliquias que se lograron conservar permanecen en la iglesia de Villarreal.