Junio 10: San Pedro de Assche. Religioso y mártir en Gorcum, de la Primera Orden (1530‑1572). Canonizado por Pío IX el 29 de junio de 1867.

Pedro nació en 1530 en Assche, pequeña ciudad de Bélgica, en el territorio de Bruselas. De joven pidió y obtuvo el ingreso en la Orden de los Hermanos Menores en el estado de hermano no clérigo. Siempre vivió en Gorcum, donde a la fatiga diaria de los trabajos que le encomendaban los superiores, unía un singular amor a la oración, a la soledad y a la penitencia. Se propuso la imitación de los grandes Santos que vivieron como él en la condición de hermanos no clérigos: espíritu de obediencia pronta y alegre, prontitud para los actos de comunidad, apostolado del buen ejemplo y la buena palabra, íntima unión con Dios en todos los oficios que se le confiaban: cocinero, portero, sacristán, hortelano, limosnero de puerta en puerta para recoger las ofrendas para los pobres y para la comunidad religiosa. Virtudes que lo hicieron digno de ser asociado a los otros cohermanos de su convento en el supremo sacrificio de la vida enfrentado con valor por amor de Dios que exalta a los humildes y siempre está cerca de sus hijos en los duros momentos de la tribulación.

En junio de 1572, los calvinistas se apoderaron de la ciudad de Gorcum, apresaron a los franciscanos de aquel convento con los demás sacerdotes y los llevaron por muchos poblados exponiéndolos a las burlas del pueblo. Después condujeron a los prisioneros a Brielle, torturándolos de mil maneras para que renunciaran a la fe católica en la Eucaristía y en el primado del Romano Pontífice. Ellos permanecieron firmes en al fe y por eso fueron asesinados el 9 de julio de 1572.

A las 2 de la mañana, Omal y sus esbirros condujeron fuera de la prisión a los condenados y los llevaron al lugar del suplicio. Dieron orden de que primero fuera estrangulado el superior del convento, San Nicolás Pick. Este, después de haber dirigido a sus cohermanos una conmovida exhortación digna de los primeros mártires cristianos, subió la escala del patíbulo y no dejó de bendecir a Dios y de exhortar a sus cohermanos hasta que el lazo le quitó la voz destrozándole la garganta.

El segundo fue el vicario, San Jerónimo de Werten, el cual subió a su vez la escala invocando a la Santísima Virgen. Luego uno tras otro los confesores de la fe fueron colgados al patíbulo. El bárbaro suplicio se prolongó grandemente. Alegres y serenos los invictos héroes subieron al patíbulo iluminados por la visión del cielo mientras Ormal y sus satélites, llenos de satánica alegría, no cesaban de vomitar blasfemias e insultos. San Pedro de Assche en el momento del martirio tenía 42 años de edad.