Octubre 28: Beato Rainiero de Sansepolcro. Religioso de la Primera Orden († 1304). Aprobó su culto Pío VII el 18 de diciembre de 1802.
Rainiero Sinigardi nació en Arezzo, Toscana. Todavía joven abandonó los bienes de la tierra y se consagró a Dios para asegurarse los bienes del cielo. Se hizo hermano Menor decidido a vivir la vida oculta con Cristo en Dios, siguiendo las huellas de san Francisco. Fue recibido en el noviciado de Arezzo y escogió para sí el estado de religioso no clérigo.
De inmediato se propuso la imitación de Jesucristo en la medida en que es permitido a la naturaleza humana, propósito que renovó durante toda su vida, llegando a ser modelo de humildad, de pobreza, de obediencia y de paciencia.
Cuanto más se esforzaba por ocultarse a los ojos de los hombres, tanto más glorificaba Dios su humildad con el esplendor de los milagros.
Rainiero Sinigardi parece haber sido compañero de viaje de San Francisco al Oriente. También fue amigo de Fray Maseo, uno de los discípulos predilectos de San Francisco, de quien recibió noticias detalladas respecto a la célebre indulgencia del “Perdón de Asís” o “de la Porciúncula”, recolectó diligentemente los testimonios y los transmitió por escrito para la historia.
Vivió la última parte de su vida en Sansepolcro, en la ciudad que surgió alrededor de las reliquias del Santo Sepulcro de Jerusalén. Sobre la Pasión de Jesús moldeó su propia vida, subiendo místicamente a la cruz y permaneciendo en ella hasta la muerte, en una especie de largo y afectuoso abrazo. Franciscano simple, religioso no clérigo, carente de estudios, como San Francisco, vivió en obediencia, en pobreza y castidad y sobresalió entre sus cohermanos por la humildad, la piedad y el absoluto desprendimiento de las cosas del mundo.
No esperó la muerte para ser de provecho para los necesitados y el pueblo de Sansepolcro fue el primero en aprobar los méritos de este hermano que procuraba dar todo al prójimo. La devoción popular no espera los decretos oficiales de la Iglesia. El 1 de noviembre de 1304, en el convento de Sansepolcro su alma se reunió con los Santos en el Paraíso. Desde allí voló la fama de sus milagros a otras regiones.