El
primer antecedente de la creación del
arzobispado
de Montevideo
en
el Archivo Vaticano
Pedro
Gaudiano*
Este
artículo fue publicado en:
«Soleriana»
[Montevideo] 9 (1998) 87-94.
Se
reproduce aquí con la autorización de la mencionada revista.
El objeto del presente trabajo [1] es dar a conocer la carta que el Directorio Central de la Unión Católica, con fecha 15 de junio de 1893, dirigió al cardenal Mariano Rampolla del Tíndaro, Secretario de Estado de León XIII, con el fin obtener el título de arzobispo de Montevideo para Mons. Mariano Soler [2] . Esta carta, según pude comprobar, constituye el primer documento relativo a la creación del arzobispado de Montevideo que se guarda en el Archivo de la Sagrada Congregación de los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, en el Vaticano [3] . Si bien algunos autores mencionan la existencia de esta carta, hasta ahora no se había dado a conocer su contenido.
A
partir de que Mariano Soler fue consagrado como tercer obispo de Montevideo en
1891, gracias a su doctrina y a su prudente
y asidua actividad pastoral mejoró no solamente la situación de la
religión católica en su diócesis, sino también las relaciones entre el
gobierno uruguayo y la Santa Sede. La creciente consideración y estima que el
obispo de Montevideo iba consiguiendo ante los fieles y ante el gobierno,
"hizo concebir a los católicos del lugar el deseo de obtener al digno
prelado una particular distinción de la Santa Sede"
[4]
.
Es
de destacar que el Directorio Central de la Unión Católica se presenta como
"la Junta permanente de los Congresos Católicos del Uruguay, elegida por
el voto unánime y colectivo de todos los católicos de la República"
[5]
. Por tanto, se puede afirmar que el laicado católico uruguayo fue
el que solicitó a la Santa Sede que Mons. Soler recibiese el título de
arzobispo de Montevideo.
La
Unión Católica surgió como fruto del primer Congreso Católico Uruguayo
celebrado del 28 del 30 de abril de 1889. Aquel Congreso marcó un jalón
importantísimo en los anales del movimiento social religioso que desde
algunos años atrás se venía operando en el Uruguay en orden a un mayor
bienestar moral y material
[6]
. La iniciativa de celebrarlo fue de Mariano Soler, entonces
vicario general, que el 19 de enero de 1889 regresó a Montevideo de su
segundo gran viaje por el mundo
[7]
. Del 6 al 8 de enero de 1893 se llevó a cabo el Segundo Congreso
Católico, cuya presidencia de honor en la sesiones públicas y solemnes la
ocupó el entonces obispo Mons. Mariano Soler
[8]
.
En
su época Mons. Soler alcanzó una gran popularidad, lo cual hizo pensar a
muchos que era el hombre providencial para restablecer la vida cristiana en el
Uruguay. En este contexto se explica que el Directorio de la Unión Católica,
al dirigirse al cardenal Rampolla, exalte las cualidades del obispo de
Montevideo y se refiera a él con algunas frases entusiastas, como por ejemplo
"el hombre suscitado por Dios" para el Uruguay; el líder en el
combate por "conquistar el reinado de Dios, defender la religión,
conseguir el triunfo de la causa religiosa y formar un vigoroso partido
católico"
[9]
. Se llega a afirmar de Mons. Soler que "ha sido y es el
factor principal del movimiento católico en esta República, y con toda
propiedad el alma y vida de nuestras instituciones"
[10]
.
Los
católicos uruguayos constataban que tanto en Argentina como en Brasil ya
existían arzobispados. Pero como el gobierno nacional no podía entonces
cumplir con los requisitos necesarios para negociar con la Santa Sede la
creación de un arzobispado, ellos acudieron directamente a León XIII,
pidiéndole que "supla, por un acto de magnanimidad, esa necesidad de
honra nacional para la Iglesia de Montevideo"
[11]
. Eran conscientes de que no les asistía derecho alguno, pero
igualmente solicitaron esa gracia
especial, agregando que sería para la Iglesia de Montevideo el recuerdo
imperecedero del jubileo episcopal del Sumo Pontífice.
Esta
súplica fue elevada al ministro de relaciones exteriores, Dr. Manuel Herrero
y Espinosa, para que él gestionase su tramitación. El ministro dirigió una
carta al agente confidencial del Uruguay ante la Santa Sede, Mons. Pedro
Irazusta, fechada en Montevideo el 17 de octubre de 1893, en la cual afirma:
"...Llevado el asunto a conocimiento de S. E. el Señor Presidente de la
República, he recibido orden de autorizar a V. S. para el cumplimiento del
deseo de los católicos orientales, bien entendido que el Gobierno de la
República se reserva siempre las facultades que por la Constitución y Leyes
de la República le corresponden como Patrono de la Iglesia Oriental"
[12]
.
El
5 de diciembre de 1893, Mons. Irazusta fecha en Roma una nota al cardenal
Rampolla, adjuntándole la carta del Directorio de la Unión Católica, y una
copia de la carta del ministro Herrero y Espinosa
[13]
. En su respuesta del 14 de diciembre siguiente, el cardenal
Rampolla refiere que expuso el asunto a León XIII, y agrega:
"...Su
Santidad, mientras se complacía en reconocer y apreciar los distinguidos
méritos del celoso Monseñor Soler, como asimismo la noble prueba de
devoción y adhesión a la Iglesia y a la local autoridad eclesiástica de la
susodicha Unión Católica, se mostraba por otra parte dolido por no poder
acceder al deseo de los recurrentes, no estando tal concesión en la
pragmática de la Santa Sede, la cual está acostumbrada únicamente a
conservar el título de Arzobispal a aquellos Prelados que de una Sede
Metropolitana sean transferidos a otra Sede puramente Episcopal.
"Sin
embargo, en vista de la importancia de la Sede en la Capital de la República
Uruguaya, el S. Padre de buen grado estaría dispuesto a elevarla a
Metropolitana, siempre que el Gobierno haga los trámites necesarios para la
erección de al menos una Diócesis Sufragánea a la misma"
[14]
.
De
esta manera quedaban abiertas las puertas para la futura organización
jerárquica de la Iglesia en el Uruguay. Cabe agregar que un telegrama fechado
en Roma el 16 de diciembre de 1893 anunciaba que León XIII, en el consistorio
de navidad de ese mismo año, crearía dos nuevos obispados en Uruguay y
elevaría el obispado de Montevideo a arzobispado, designando a Mons. Soler
para regirlo. Aunque esta noticia no era correcta, se difundió como cierta a
través de la prensa montevideana y también argentina
[15]
.
Recién
el 14 de abril de 1897, León XIII firmaría las bulas correspondientes a la
erección y circunscripción de la nueva provincia eclesiástica del Uruguay,
elevando a metropolitana la sede de Montevideo, y creando las dos nuevas sedes
episcopales de Salto y de Melo. Cinco días después, el 19 de abril, un lunes
de Pascua, Mons. Mariano Soler era preconizado en Roma como primer Arzobispo
de Montevideo. Y el 5 de octubre de aquel mismo año, Soler firmaría el
llamado Auto Ejecutorial,
por el cual daba a conocer la bula leonina y tomaba posesión del gobierno de
las tres diócesis
[16]
.
Mons.
Mariano Soler no sólo fue el primer Arzobispo de Montevideo, sino que además
fue el primer administrador apostólico de las diócesis de Salto y Melo. Este
hecho tiene la siguiente explicación: el 25 de agosto de 1897 fue asesinado
el presidente de la República Don Juan Idiarte Borda, y subió al poder Don
Juan Lindolfo Cuestas quien, siendo senador, se había opuesto terminantemente
a la ley de creación del arzobispado. Cuestas fue quien obstaculizó el
nombramiento de los obispos de Salto y de Melo. Por tanto, según había
dispuesto León XIII, la administración de ambas diócesis sufragáneas
quedó a cargo de Mons. Soler
[17]
.
En
el centenario de la organización jerárquica de la Iglesia uruguaya, es
oportuno recordar que fueron los laicos católicos, representados por la
Unión Católica del Uruguay, quienes por primera vez propusieron a la Santa
Sede que Mons. Mariano Soler fuera designado arzobispo de Montevideo.
ANEXO
DOCUMENTAL
Carta del
Directorio Central de la Unión Católica del Uruguay al Cardenal Rampolla,
solicitando para Mons. Soler el título de Arzobispo de Montevideo
Montevideo, 15.6.1893*
[Fol.
55r, figuran dos sellos: el de la "Directorio Central de la Unión
Católica, Montevideo", y el de la "S. C. pro Negotiis
Ecclesiasticis Extr."].
Eminentisimo
Señor Cardenal Rampolla, Secretario de Estado de S. S. León XIII.
Montevideo,
Junio 15 de 1893.
Eminentisimo
Señor:
El
Directorio Central de la Union Católica, ó sea la Junta permanente de los
Congresos Católicos del Uruguay, elegida por el voto unánime y colectivo de
todos los Católicos de la República, tiene el honor de dirigirse a V.
Eminencia para que, en su nombre y él de su Comitentes, se digne presentar
una humilde súplica á Nuestro Santisimo Padre León XIII, cuya preciosa vida
Dios guarde y conserve para bien de la Iglesia y los grandes intereses de la
causa católica.
Este
Directorio, en el asunto que motiva la presente, no deja de reconocer que solo
le es dado apelar, como hijos, á la [fol.
55v] benignidad paternal del Padre comun de los fieles y á la benévola
mediación de V. Eminencia.
Los
propósitos de este Directorio Central de la Unión Católica sólo responden
al progreso, gloria y honor de la Iglesia en el Uruguay y al amor de hijos
para con su Padre y Pastor, por cuya razón no trepida en llegar hasta el
Vicario de Cristo en demanda de una gracia.
Los
Católicos del Uruguay veneramos con amor y entusiasmo crecientes a nuestro
Obispo Diocesano Monseñor Doctor Don Mariano Soler pues, como bien sabe V.
E., Monseñor Soler ha sido para esta República el hombre suscitado por Dios,
un verdadero apostol enseñandonos y guiandonos con las luces de su profundo
saber y arrastrandonos al cumplimiento de los deberes cristianos con el
ejemplo de sus virtudes.
Tendriamos
que molestar á V. E. si descendieramos á enumerar las obras importantisimas
y de aliento que Monseñor Soler ha realizado, luchando en todo ter-[fol.
56r]reno por conquistar el reinado de Dios, defender la religión, conseguir
el triunfo de la causa religiosa y formar un vigoroso partido católico.
Con
tan noble y santo fin Monseñor Soler no ha malgastado tiempo, no ha perdonado
vigilias, no ha excusado sacrificios, siempre en la brecha, peleó como
soldado y dirigiéndonos como Gefe. A Monseñor Soler se le ha visto activo y
denonado en el parlamento, en la tribuna, en la cátedra, en la prensa, en el
estudio de las cuestiones mas trascendentales, en el Ministerio Sacerdotal,
fundando y promoviendo escuelas, asociaciones, Club, Unión y Congresos
Católicos consagrándoles, sin reserva, su vasta erudición, su inteligencia
vigorosa y su gran corazon.
Por
estos antecedentes Mor. Soler ha sido y es el factor principal del movimiento
católico en esta República, y con toda propiedad el alma y vida de nuestras
instituciones.
Los
Católicos del Uruguay, quisiéramos dar a Mor. Soler un testimonio [fol.
56v] imperecedero de gratitud por los inapreciables bienes que nos ha
reportado y nos parece un medio adecuado pedir al Santo Padre se digne
promover á Mor. Soler á la dignidad Arzobispal con el nombramiento de
Arzobispo titular y Obispo de Montevideo.
Tenemos
conocimiento que existen varios Obispos en igual condicion de Arzobispo-Obispo
Diocesano, por cuya razon nos atrevemos a implorar de Su Santidad gracia y
privilegio semejantes para nuestro dignisimo Prelado.
Por
otra parte, una circunstancia especialisima favorece esta súplica; en toda la
República es único Obispo Diocesano, con dos Obispos Auxiliares é
independiente del Arzobispado más próximo, que lo es el de Buenos Aires.
La
República del Uruguay, nacion independiente con solo Obispo Diocesano y dos
Auxiliares, teniendo por vecinas dos Repúblicas, la Argentina y la de los E.
U. del Brasil, con sus respectivos Arzobispos, parece reclamar la
organización [fol. 57r] de la
gerarquía eclesiástica en un órden mas elevado; y ya que este Gobierno no
puede por el momento llenar las condiciones que serían del caso para negociar
con la Santa Sede la erección de un Arzobispado, los Católicos nos
permitimos implorar del Santo Padre supla, por un acto de magnanimidad, esa
necesidad de honra nacional para la Iglesia de Montevideo, en la forma que
hemos manifestado á V. Eminencia.
Por
el cariño que debemos á los méritos y virtudes de Mor. Soler quisiéramos
que él fuese el primero que en la Diócesis invistiese la dignidad
Arzobispal.
Abonan
en favor de esta súplica otras consideraciones que no escapan al elevado
criterio de V. E.: el Santo Padre elevándo á Mor. Soler á la dignidad
Arzobispal, en premio á sus méritos, realza la personalidad de nuestro
Prelado, dándole mas autoridad, prestigio é influencia en el desempeño de
su pastoral mision, como asi mismo en las relaciones con el [fol.
57v] Gobierno.
Ademas,
al otorgar el Santo Padre gracia tan especial y extraordinaria, demostraría
particular estima á la República del Uruguay, que ha de producir una
saludable y más estrecha correspondencia filial al Supremo Jerarca de la
Cristiandad, en la Nación, su Gobierno y pueblo.
Veneramos
con amor filial al Vicario de Cristo, protestamos incondicional adhesión á
la Cátedra de Pedro, reclamamos el dominio temporal del Sumo Pontífice,
admiramos y amamos la persona de S. S. León XIII, providencialmente dada á
la Iglesia Católica, pero el otorgamiento de esta gracia obligará todo
nuestro afecto y adhesión á la Silla Apostólica.
Reconocemos
que no nos asiste derecho alguno, pero dirigimos al Santo Padre por intermedio
de V. E. un pedido como gracia especial, demostracion de su paternal bondad y
un recuerdo de su jubileo episcopal para la Iglesia de Montevideo.
No
dudamos que Nuestro Santisimo [fol.
58r] Padre León XIII nos concederá la gracia pedida y será el recuerdo
imperecedero de su jubileo episcopal en la República del Uruguay.
Confiamos, Eminentísimo Señor, que interpondrá su eficaz mediación para que Su Santidad acoja benigno esta súplica y la persona de V. E. será para los Católicos del Uruguay de cariñosos y gratos recuerdos.
Haciendo votos por la felicidad de V. E. le protestamos las seguridades de todo respeto y estima.
[Firmado y rubricado:] José M Carafí, Carlos A.
Berro, Francisco Durá, Miguel Martínez, Nicolás Luquese, Héctor Pareja,
Eugenio Zoa O'Neill, José Rodolfo [?]*,
Jacinto Durán, Vocal Secretario.
* *
*
* P. GAUDIANO, Doctor en Teología en la Universidad de Navarra (Pamplona, España). Profesor de Historia de la Iglesia en el ITUMS y de Antropología Filosófica en la Universidad Católica del Uruguay «Dámaso Antonio Larrañaga».
[1] En forma adaptada, éste es un apartado de la tesis doctoral que defendí el 23 de junio de 1997 en la Universidad de Navarra. El título completo de dicha tesis es: Mons. Mariano Soler, primer arzobispo de Montevideo, y el Concilio Plenario Latino Americano. Quiero expresar mi agradecimiento al Dr. Josep-Ignasi Saranyana, Director del Instituto de Historia de la Iglesia de la mencionada Universidad, quien no sólo aceptó dirigir mi tesis, sino que además me envió a investigar en diversos archivos vaticanos y romanos. Las siglas de las fuentes aquí utilizadas son las siguientes:
AA.EE.SS.: Archivio della Sacra Congregazione degli Affari Ecclesiastici Straordinarii.
SCAAEESS, Montevideo-Uruguay: SACRA CONGREGAZIONE DEGLI AFFARI ECCLESIASTICI STRAORDINARII, Montevideo-Uruguay, Decembre 1895, en: AA.EE.SS., Uruguay, Anno 1895, Pos. 91, Fol. 48 [contiene 32 págs].
[2] Mons. Mariano Rampolla del Tíndaro (1843-1913) fue secretario de la Sagrada Congregación de los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios (1880-1882), nuncio en España (1882-1887), y cardenal Secretario de Estado (1887-1903), cfr. Giuseppe de MARCHI, Le Nunziature Apostoliche dal 1800 al 1956, (Roma 1957), págs. 13, 23 y 239; vid. también Remigius RITZLER-Pirminius SEFRIN, Hierarchia Catholica Medii et Recentioris Aevi sive Summorum pontificum, S. R. E. cardinalium, ecclesiarum antistitum series, t. 8: A pontificatu Pii IX (1846) usque ad pontificatum Leonis PP. XIII (1903), (Patavii [Italia] 1978), págs. 33 y 302.
[3] El documento original de esta carta se halla en: AA.EE.SS., Uruguay, Anno 1893, Pos. 85, Fasc. 9, fol. 55r-58r; está publicado en SCAAEESS, Montevideo-Uruguay, págs. 11-15. Debo agradecer al P. Josep-Ignasi Saranyana, director del Instituto de Historia de la Iglesia de la Universidad de Navarra, quien dirigió mi tesis doctoral, y me envió a investigar en varios archivos vaticanos y romanos.
[4] Cfr. SCAAEESS, Montevideo-Uruguay, págs. 5-6.
[5] AA.EE.SS., l.c., fol. 55r.
[6] Vid. Congreso Católico Uruguayo celebrado en Montevideo en los días 28, 29 y 30 de abril [de] 1889 (Montevideo 1889); Estatutos de la Unión Católica del Uruguay, fundada por el primer Congreso Católico del Uruguay (Montevideo 1889). Como antecedente importante debe señalarse el primer congreso católico que se llevó a cabo en Argentina en agosto de 1884, al que asistieron los uruguayos Juan Zorrilla de San Martín, Joaquín Requena y Francisco Bauzá. Allí se trataron prácticamente los mismos temas que cinco años más tarde serían tratados en el Uruguay, y también surgió una institución llamada Unión Católica, vid. Néstor T. AUZA, El primer Congreso Católico Argentino, en: Católicos y liberales en la generación del ochenta (Buenos Aires 1992), págs. 169-185.
[7] Muy posiblemente si el Congreso Católico Uruguayo no se llegó a realizar antes, fue por las prolongadas ausencias de Mariano Soler de su país entre los años 1885 y 1889.
[8] Vid. Segundo Congreso Católico del Uruguay, celebrado en Montevideo en los días 6, 7 y 8 de enero de 1893 (Montevideo 1893).
[9] "Con tan noble y santo fin Monseñor Soler no ha malgastado tiempo, no ha perdonado vigilias, no ha excusado sacrificios, siempre en la brecha, peleó como soldado y dirigiéndonos como Gefe [sic]. A Monseñor Soler se le ha visto activo y denodado en el parlamento, en la tribuna, en la cátedra, en la prensa, en el estudio de las cuestiones más trascendentales, en el Ministerio Sacerdotal, fundando y promoviendo escuelas, asociaciones, Club, Unión y Congresos Católicos consagrándoles, sin reserva, su vasta erudición, su inteligencia vigorosa y su gran corazón", AA.EE.SS., Uruguay, Anno 1893, Pos. 85, Fasc. 9, fol. 56r.
[10] Ibid.
[11] Ibid., fol. 56v.
[12] Ibid., fol. 59r; se publica en: SCAAEESS, Montevideo-Uruguay, pág. 18.
[13] Mons. Irazusta expresa al cardenal Rampolla: "Las muchas pruebas de bondad que el Santo Padre ha dado a la Iglesia, Gobierno y pueblo del Uruguay, hacen esperar confiadamente al abajo firmado, que la gracia especialísima que el Directorio Central de la Unión Católica de Montevideo impetra de S. Santidad a nombre de sus comitentes y por intermedio de Va. Ema. tendrá una solución favorable", ibid., fol. 53r; esta carta también se publica en: SCAAEESS, Montevideo-Uruguay, págs. 16-17.
[14] El borrador en italiano de esta carta, se halla en: AA.EE.SS., Uruguay, Anno 1893, Pos. 85, Fasc. 9, fol. 61r-v; se publica en: SCAAEESS, Montevideo-Uruguay, págs. 19-20.
[15] Vid. el texto del telegrama en: «La Semana Religiosa» [Montevideo] 7 (1893) 4806, reproducido de «El Bien» [Montevideo]; las adhesiones y felicitaciones de «El Porvenir» [Córdoba] y de «La Perla del Plata» [Luján], en: «La Semana Religiosa» [Montevideo] 7 (1893) 4818.
[16] Vid. Auto Ejecutorial de la Bula de erección del Arzobispado Metropolitano de Montevideo y de los Obispados Sufragáneos de Salto y de Melo (Montevideo 1897), págs. 3-16.
[17] En efecto, León XIII había dispuesto que mientras los obispos sufragáneos no tomaran la posesión canónica de sus cargos, la administración ordinaria de ambas diócesis estaría a cargo del Prelado de Montevideo, con todas y cada una de las facultades tanto ordinarias como extraordinarias que tiene él mismo recibidas para el régimen de la Arquidiócesis, ibid., pág. 10. Las diócesis de Salto y Melo, pues, quedaron acéfalas de sus legítimos pastores. Esta situación continuó de hecho después de la muerte de Mons. Soler en 1908. En 1917 se sancionó la reforma de la Constitución uruguaya, en la cual se eliminó el artículo quinto de la Constitución de 1830, con lo cual desaparecía la profesión de fe católica del Uruguay como nación. De esa manera el Estado se separó de la Iglesia, renunciando al derecho de patronato nacional. Dos años después, en 1919, Benedicto XV preconizó a los presbíteros Juan Francisco Aragone, como arzobispo de Montevideo; Tomás Gregorio Camacho, como obispo de Salto, y José Marcos Semería, como obispo de Melo.
+ El ms. original de esta carta se halla en: AA.EE.SS., Uruguay, Anno 1893, Pos. 85, Fasc. 9, fol. 55r-58r. Se ha realizado la transcripción en forma textual, sin realizar ninguna corrección ortográfica.
+ En la fotocopia del ms. original, el apellido es ilegible.