SOCIEDAD  URUGUAYA DE TEOLOGÍA CONGRESO

jueves 29 de julio de 1999

LA CUESTIÓN SOTOERIOLÓGICA HOY

 Pbro. Dr. Antonio BONZANI.

PARTE SEGUNDA

2.2. La cuestión soteriológica desde el contexto teológico contemporáneo de las intervenciones teológicas y magisteriales en orden al tema "Progreso humano temporal y Reino de Dios"

2.2.1. Aclaración de los términos y de las categorías implicadas en el tema

2.2.1.1. PROGRESO HUMANO TEMPORAL – PROMOCION HUMANA en la teología contemporánea [1]

¨        Aproximación al tema desde la "receptio" de la categoría "Promoción humana" por parte del Magisterio conciliar.

El término "promoción", "promover", referido a la misión o la acción de la Iglesia con relación al mundo, o también a la acción de los hombres y de la sociedad en la historia, se va difundiendo con el Vaticano II. "Promoción humana" es considerada una expresión irénica, una de aquellas fórmulas características acuñadas para dar expresión al programa de reconciliación del catolicismo con el mundo moderno, programa que constituye uno de los aspectos salientes de la reflexión realizada por la Iglesia Católica en ocasión del Concilio Vaticano II y que encuentra su manifestación saliente en la constitución pastoral "Gaudium et Spes" donde aparece el primer uso autorizado de la expresión. El término es utilizado en muchos lugares para expresar contenidos humanos y sociales específicos (cfr. GS 42): promoción de la unidad entre los hombres, 44: de la comunidad humana; 52: del matrimonio; 53: de la cultura; 66: promoción económica del pueblo; 76: de la libertad política y de la responsabilidad de los ciudadanos; 84: del progreso, etc. Aparece una sola vez como "promoción humana" en sentido general. Cfr. GS 35, que curiosamente no aparece citado por MC. El contexto en el cual aparece resulta sin embargo muy significativo para el alcance que el término llegará a tener. La promoción humana, en efecto, se distingue del "progreso técnico" que, se dice, debe servir a aquella y que no puede actuar de ningún modo por sí solo.

Otro texto significativo: GE 3 (no aparece el término, pero sí el concepto: se afirma que la Iglesia está dispuesta a obrar para "promover la perfección integral de la persona humana"; y a actuar "por el bien de la sociedad terrena para la edificación de un mundo más humano").

¨      La "promoción humana" en  el Magisterio Episcopal de  las "Conclusiones" de Medellín.

El aparato crítico de las "Conclusiones de la IIª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín" revela, en orden a la problemática de la "promoción humana", una clara dependencia del magisterio conciliar. La expresión misma es asumida por los documentos de Medellín [2] , sin precisiones particulares y en forma bastante elástica, abarcando áreas semánticas relativamente distintas - como resulta de la intercambiabilidad con las expresiones aproximativamente descritas por términos como : " progreso", "desarrollo" ,"liberación", a tal punto de quedar abierta a todas las posibles determinaciones históricas. La correlación incipiente, más magisterial que teológica, que emerge en Medellín entre "evangelización" y "promoción humana", aún dentro de su "disponibilidad interpretativa", perfila ya una neta y clara distinción que orienta a no identificar ni separar las dos situaciones o facetas de la "diakonía" eclesial, o, si se quiere, impide "reducir" la evangelización a la promoción humana y excluir la promoción humana de la evangelización. No solamente eso: tal proclamada no ajenidad de la promoción humana respecto de la evangelización implica una condeterminación positiva; en referencia al compromiso "específico" de los cristianos  en la acción de la promoción humana, pero también de indagación crítica acerca del lenguaje del magisterio episcopal de Medellín, podemos destacar que, si en orden al tema del "desarrollo" no se planteaban problemas particulares por la riqueza de los estímulos y de los aportes a nivel del magisterio pontificio (PABLO VI, Populorum Progressio, Carta Encíclica del 27/3/1967) y conciliar (CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, "Gaudium et Spes", Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Contemporáneo, del 7/12/1965.) (y del mismo Episcopado Latinoamericano), el tema de la "liberación" era encarado en términos menos elaborados. En este caso resulta inequívoco como Medellín, también por cuanto concierne a la "diakonia" de la liberación, en el sentido de "hacer presente" y "anunciar" la liberación anunciada por Jesucristo, hacia la meta del "desarrollo integral", (4,2; 1,4), supone el reenvío al trasfondo teológico, implícito a veces, del discurso episcopal, acerca de las  dimensiones constitutivas de la liberación en su concepción cristiana [3] .

Si con Medellín parece registrarse una rápida difusión de la expresión "promoción humana", en el lenguaje eclesiástico no parece corresponder paralelamente un satisfactorio empeño de clarificación de la instancia ideal así evocada. [4] Por lo que se refiere a la presencia del término en Medellín, podemos aquí recordar los textos en los cuales el recurso a tal terminología explícita la autoconciencia "diaconal" de la Iglesia , o al menos de la jerarquía, en orden a dicho "compromiso" de la promoción humana. Aún cuando el término en los documentos de Medellín no registra abundantes recurrencias, hay que tener siempre presente la ineludible opción del Episcopado Latinoamericano de dedicar toda un área, la primera y la más extensa, justamente a tal tema. (cfr. IIª CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Medellín. Conclusiones. CELAM, Bogotá, 1968, nn. 1-5).

La consecuencia que se podría sacar de tal reseña es que el anuncio cristiano debe asumir la promoción humana como el específico ambiente "cultural" e "histórico-social" en el cual encarnarse o expresarse, so pena de su propia insignificancia. Consecuencia atractiva, pero aporética, por la generalidad en la que se deja el concepto de promoción humana y de "determinado proyecto social" y de "cultura" (cfr.4,9) no sólo latinoamericana sino "humana" [5] .

En todo caso la correlación explícita no solo a nivel terminológico (cfr. "promoción humana" - "desarrollo" 15,10; "promoción humana" - "liberación integral" 1,4) pero sobre todo a nivel conceptual Medellín documenta la opción, pacíficamente efectuada, de asignar a "desarrollo" y "liberación", categorías no cristianas, pero consideradas aptas a interpretar el sentido de la situación de entonces , la tarea de explicitar el alcance de la presencia y de la acción evangelizadora de la Iglesia en la "actual transformación de América Latina".

Consiguientemente a la señalación de las correlaciones evangelización - signos de los tiempos - promoción humana (una promoción humana no reducida al aspecto, por otro lado importante dentro de su limitación, socio-económico, sino extendida a todos los aspectos de la vida intelectual, moral, religiosa, social) (por ejemplo 7,13), y al procedimiento episcopal que utiliza las categorías "desarrollo" y "liberación" ( aunque simplemente propuestas y por tanto a tener que ser verificadas), estamos autorizados a buscar en la dirección de esta "receptio" la eventual implicación teológica.

En efecto, la temática de la evangelización y la de la promoción humana se presentan correlacionadas en Medellín justo en un contexto eclesiológico de evangelización (15,10); la novedad está precisamente en la correlación de las dos temáticas, si bien no se da un tratamiento específico al tema de la "unidad" o de sus relaciones.

La novedad queda, en todo caso, establecida en la correlación más que en la unificación de las dos temáticas. En esta novedad se expresa "un signo de nuestros tiempos" (IIª CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Medellín. Conclusiones. CELAM, Bogotá, 1968, "Mensaje" nn. 13) [6] [7]

2.2.2. Reconocimiento de la pertinencia de la "receptio" y precisiones teológicas en el debate teológico contemporáneo

Remitimos al aporte de MARTINI, Carlos María, Evangelizzazione e promozione umana nella Bibbia, en AA.VV., Evangelizzazione e Promozione Umana, Ave, Roma, 1976, pp. 89-106, que plantea también una “correctio” teológica acerca del binomio Evangelización y promoción humana.¡Error! Marcador no definido.

¨      Evangelización:

“es pacífico el reconocimiento de que se amplió el significado en el Post Concilio Vaticano II. Hoy el término se confunde de facto con la misión de la Iglesia en el mundo y en el tiempo, con la precisa connotación de que el Evangelio es el corazón de esta misión; indica  que la misión de la Iglesia (en la línea de Mt. 28,19) esta fundamentada en el Evangelio.

C.M. MARTINI entiende la Evangelización como misión de la Iglesia en el tiempo y en el mundo, con la connotación específica del primado o primacía de la Palabra Revelada respecto a todo lo que la Iglesia proclama y opera, pero no en términos protestantes, sino que incluye la actualización de la Salvación mediante los Sacramentos, sea en la iluminación de la realidad humana mediante el testimonio.

¨      “Promoción humana”.

JUAN ALFARO, S.J., describe la promoción humana, comprendiéndola como “integral”, es decir, en todos los aspectos de la vida humana, personal y social, del progreso científico, técnico, económico, cultural, educacional, ético; desarrollo de las estructuras sociales y políticas hacia una creciente participación de todos (...) subrayando que no existe más que una verdadera promoción humana, la integral, es decir, indivisiblemente económica, social y política. Estos tres aspectos se condicionan mutuamente.

“Promoción humana” comprende así todos estos aspectos, en el ámbito y en el horizonte de la vida temporal del hombre y por tanto según la eficacia de la acción humana razonablemente dirigida para alcanzar ciertos fines.

En general, en el uso común del término no queda explicitada la promoción del hombre a la vida perenne con Dios, a la realidad escatológica.

¨      Relación entre la Misión  de la Iglesia como Evangelización y la “Promoción Humana”.

Considerando los términos en un sentido amplio, el problema tal cual se plantea hoy no se encuentra en la Palabra de Dios escrita y menos encontramos una discusión directa acerca del mismo problema.

En efecto, la promoción humana supone un cierto concepto y desarrollo de la sociedad, de la producción, del consumo, de las relaciones que se crean mediante la industrialización, y todo esto nació en los últimos siglos.

Pero MARTINI intenta buscar, en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, por lo menos anticipaciones y líneas aplicables por analogía y, sobre todo, en el Nuevo Testamento, buscando concepciones vinculadas a conceptos que aporten luz a dicha problemática.

Ø      A.T.

La iniciativa divina en favor del hombre es el primer hecho de la Revelación Bíblica. El Dios que se revela en la Escritura y empieza a revelarse en el A.T. es el Dios que se interesa por el hombre. Todo parte del hecho de que Él se ha tomado cuidado de nosotros. Es un elemento sustancial de toda la Escritura. Pero ¿cuál es el verdadero interés por el hombre?.

Dios se interesa por el hombre no como su fin, sino que se interesa del hombre en cuanto es imagen suya, y que hizo “a su imagen y semejanza” por amor. Más propiamente, se podría decir que Dios se interesa por el hombre atrayéndolo hacia Sí; por consiguiente el centro de la acción de Dios no es el hombre en sí mismo, sino el hombre en cuanto reflejo de la gloria, del amor, de las riquezas inagotables, de la bondad, y de la misericordia de Dios. Como resume felizmente la “Dei Verbum”: “Dios habla a los hombres como amigos y para invitarlos e introducirlos en la comunión consigo...(DV 2)”. Por tanto, centro de la actividad divina no es el hombre en sí mismo, sino Dios, a cuya comunión el hombre es llamado.

La síntesis más directa y precisa de la intencionalidad de todo el interés del “Verbum Dei” por el hombre puede ser : “Dios se ocupa, se compromete por el hombre y lo salva en cuanto lo atrae en la esfera de su Santidad, es decir ,en la riqueza de amor y de plenitud que parte de su Santidad, trascendencia e inconmensurabilidad

Dicha “atracción” que Dios ejerce sobre el hombre se expresa en la historia de la Salvación en un movimiento, itinerario, expresado con los términos bíblicos “salvación”, “redención”, “liberación”. Son todos términos afines, que suponen el “paso”, o mejor una “pascua”, de una situación negativa, comprendida en términos distintos, sea propios, sea metafóricos, (peligro, muerte, esclavitud, pecado, salir del cautiverio) hacia una situación positiva (salud, vida, luz, libertad, etc.) que expresa el punto de partida y el punto de llegada de un proceso. Este “paso”, esta “pascua”, que es el fruto de la acción de Dios a favor del hombre, es ejemplificado y concretizado en la historia de la salvación en distintos niveles y situaciones. Por tanto podemos aquí verdaderamente hablar de “acción promocional” por el hombre en toda la Escritura, ejemplificada en situaciones múltiples, especialmente reveladora y trabajada ha sido la narrada en el libro del Éxodo. ¿Cuál es el significado permanente de estas “pascuas”, de estas “promociones”, en sentido amplio, que son el efecto de la acción de Dios sobre la situación humana? En el A.T. asumen un significado religioso- político, donde lo político es subordinado a lo religioso conforme a una concepción teocrática  predominante.

Ø      N.T.

Recordamos que Jesús rechaza continuamente los malos entendidos de su pueblo  y hasta los de sus discípulos, según los cuales Él habría venido para liberarlos de la dominación extranjera y de la miseria, y restaurar el Reino terreno de Israel y  por lo tanto la antigua mentalidad teocrática (cf Hech.1,6-8).¡Error! Marcador no definido.

Rechaza la búsqueda de puestos de honor del Reino, todo recurso a la violencia. [8]

Es pacífico el reconocimiento , según MARTINI, del carácter puramente religioso del Reino de Dios.

MARTINI propone de partir de la situación del N.T., considerando el problema de los valores de aquellas realidades que pertenecen a la promoción humana, dentro del cuadro global de los datos del N.T., considerando el lugar y el peso que los mismos tienen en la proclamación de Jesús y de los Apóstoles.

¨      Tensión escatológica y Misión de la Iglesia en el mundo.

Los textos del N.T. hay que interrogarlos antes que todo en sus direcciones globales, acerca de sus grandes aperturas que proponen con respecto al sentido del obrar humano.

Hay que tomar lo que los textos dicen y desarrollarlo a la luz de la doctrina y de la práxis de la Iglesia de todos los siglos hasta nuestros días. Esto significa que los datos neotestamentarios hay que considerarlos como fermentales, germinales, sobre todo en orden a este problema de la promoción humana.

Todo esto hace que estas indicaciones neotestamentarias forzosamente resultan algo general y embrional.

Considerando la misión de la Iglesia tal como nos la presenta el N.T., se puede destacar que el punto de vista privilegiado para considerar la acción de la Iglesia es ciertamente el punto de llegada escatológico de toda su acción.

Implicancias entre movimiento hacia la comunión escatológica y realidad de promoción humana, considerada desde la eternidad (“sub specie aeternitatis”)

Lo que se puede decir considerando el término escatológico del actuar o del obrar para el cual la Iglesia está enviada a predicar y a santificar en el mundo, como  primera consideración, debe partir del reconocimiento de la atención y tensión escatológica que subyace a todo el N.T., que mira a “los cielos nuevos y tierra nueva”, mira al momento en que “Dios secará toda lágrima, ni habrá más muerte, ... (Cfr. Apoc. 21,1.4) y esto acontecerá al final, cuando Cristo entregará el Reino al Padre (1 Cor. 15). Este es el punto de vista.

La comunión con Dios, llamado a la comunión con los hombres: el proceso de la promoción humana como un momento del gran camino hacia la comunión, como valor supremo en el orden de los fines, y por tanto, ofrece una dirección  y un  criterio de juicio a todos los esfuerzos que los hombres hacen en el orden de la promoción humana.

Lo que se puede decir, considerando la naturaleza misma más específica e inmediata de la acción de la Iglesia en el tiempo es que, en esta perspectiva se puede destacar el término y el concepto de “comunión”,  como específicamente el horizonte y el fin escatológico de toda la Salvación. La comunión con Dios, como llamado a la comunión con los hombres.

Si se parte de la proposición que la realidad final por la que el hombre es llamado es la comunión con Dios (Cfr. D.V. n.2), entonces se puede ver como este llamado a la Comunión con Dios es juntamente llamado a la Comunión entre los hermanos.

El designio plan de Dios, es recapitular en Cristo todas las cosas. Dicha misión unificadora en una situación de vida humana desgarrada, por divisiones, opresiones, sufrimientos, se vuelve una misión de pacificación, reconciliación, liberación: Cristo es nuestra PAZ (Cfr. Ef.2) aplicando a toda división entre los hombres, destinada a disolverse, desaparecer en la comunión de todos con Dios.

Si está en la meta, el objetivo final de la Redención (Cfr. “Populorum Progressio” ), se puede observar como todas las fuerzas puestas en acto por el proceso de la promoción humana, en cuanto representativas de una red de relaciones de todo tipo entre los hombres, de amistad, servicio, intercambio, de ayuda, de comprensión, son un momento de este gran camino hacia la koinonía, [9] siempre y cuando se reconozca el significado definitivo, y viceversa la comunión, como valor supremo en el orden de los fines, ilumina, ofrece un sentido (= una dirección) y también un criterio de juicio por todos los esfuerzos que los hombres realizan en orden a la promoción humana.

Aparece así que la Promoción Humana, en base al N.T., es como una dirección perenne de las realidades temporales vistas desde la escatología; el lugar y el medio del cual la fuerza de reconciliación y de comunión, ínsita en la obra redentora, se actúa en las situaciones de cada día de la vida humana. Se trata de una dimensión global que concierne toda la situación humana y toda la obra de Dios.

¨      Desde el punto de vista de la consideración de la misión de la Iglesia en el tiempo según el N.T.

Ø      La Iglesia como comunidad de salvación presupone que el agente directo de la salvación es siempre y sólo Cristo (Cfr. Hech 4, 11 ss.).

Él opera pero en el tiempo presente por medio de la Iglesia, cuya misión es la de trasmitir y de hacer presente a los hombres la salvación de Cristo.

Ø      La Iglesia promueve el esfuerzo humano de lo temporal en cuanto favorece todo lo que conduce a la comunión.

Ø      La Iglesia contribuye a orientar el esfuerzo humano, porque le da un cuadro de referencia universal, impulsando a superar particularismos, egoísmos, intereses sectoriales, para encontrar el significado de esta acción común.

Ø      La Iglesia con la memoria del Cristo Resucitado y con el Don de comunión, que trae a los hombres, introduce en el mundo un elemento de juicio contra todas las realidades de disgregación.

La Iglesia comunidad repleta del Espíritu Santo y Santificadora.

 El Espíritu Santo con el Bautismo transforma al cristiano que lo recibe en  la línea de los frutos de la comunión, descriptos en Gal. 5, 22. El cristiano así “transformado” puede influir en la realidad de la promoción humana, conforme a la acción del Espíritu Santo, es decir, en la línea del servicio, de la reconciliación, de la liberación y de la paz.

Pablo habla en singular (o( karpo\j) : el fruto fundamental del Espíritu Santo es la comunión, cuyas modalidades son presentadas con una indicación de una serie de “actitudes” y una mentalidad, un dinamismo interior. Así habla, para ser servidor del hombre,

a)ga/ph : corazón abierto, cordialidad; xara/: gozo, serenidad de ánimo, capacidad de comunicar gozo;

ei)rh/nh : paz y capacidad de poner paz; makroqumi/a: magnanimidad, capacidad de soportar las situaciones que pesan;

xrhsto/thj: cortesía, acogida, benignidad, confianza en la persuasión y no en la violencia; exclusión de toda voluntad nociva; a)gaqosu/nh : generosidad, la actitud con la que se desea comunicar lo  que se tiene a los demás (compartir);

pi/stij : en el sentido de fidelidad, capacidad de ser apoyo para   los demás, de motivar y dar confianza.

e)gkra/teia : dominio de toda forma de avidez, permitiendo así la   generosidad y la confianza recíproca.

Dicho  fruto del Espíritu Santo es como un dinamismo interior, constructivo, un animo, una mentalidad de promoción humana que un cristiano transformado por el Bautismo, adquiere por lo que se refiere al “servicio” del hombre.

El Nuevo Testamento: propone y especifica la obra de la Iglesia con respecto al tema de la promoción humana, con la indicación de estas actitudes.

          La obra de la Iglesia, con relación a las realidades temporales es  caracterizada por el Nuevo Testamento por una acción de promoción global que va, a nivel de actitudes y opciones de fondo, en la línea de reconciliación, de comunión y de servicio mutuo y se opone a lo que va en dirección contraria a todo esto.

          La Iglesia favorece la obra de promoción del hombre en cuanto mueve individuos y grupos a obrar en el sentido del paso de una situación de opresión a una situación de libre participación. Por ejemplo, la “logei/a”(colecta solidaria) que organiza S.Pablo va comprendida como proyección en el ámbito de lo concreto ,de lo histórico, de las relaciones comunitarias de una experiencia auténticamente cristiana  y eclesial, de la que expresa en el signo visible la referencia cristológica y al " e)/sxaston ", el compartir. La colecta es una iniciativa pneumática ,un signo que imprime en lo humano y en lo histórico el sello de Cristo como principio que lo configura. [10]

¨                  "Correctio" Magisterial.

Notamos las correcciones de la Evangelii Nuntiandi: "No toda noción de liberación es necesariamente coherente y compatible con la visión evangélica del hombre, de las cosas, de los acontecimientos" (35). De ahí que  tanto en esta encíclica como en Puebla, la palabra "liberación", que por si sola es ambigua, vaya generalmente acompañada de algún adjetivo: "integral" (Puebla 141, 321, 475, 480, 695-6, 1134); "total" (26), "verdadera" (281,452, 491, 979); "verdadera e integral" (189); "cristiana" (481, 482 , 488, 489); "genuina y cristiana" (1029). Lo que significa que hay liberación parcial,, falsa, no cristiana. En este sentido Puebla reconoce que "hay distintas concepciones y aplicaciones de la liberación", con "enfoques difíciles de llevar a una adecuada convergencia" (481). [11]

 

2.2.1.2. EL REINO DE DIOS COMO SALVACIÓN INTEGRAL DEL HOMBRE

¨      "Receptio" Teológica .

Asumimos el diagnóstico que ofrece, al respecto del "Reino" RM 17 : "... se dan concepciones "antropocéntricas " de la salvación, en el sentido reductivo del término, al estar centradas entorno a las necesidades terrenas del hombre (...) En esta perspectiva, el Reino tiende a   convertirse un una realidad plenamente humana y secularizada, en la que sólo cuentan los programas y luchas por la liberación socioeconómica, política y cultura, pero con unos horizontes cerrados a lo trascendente (...) Tal concepción se reduce a los confines de un "Regnum hominis" amputado de sus dimensiones auténticas y profundas.." .

¨      "Correctio" Magisterial .

Destaca la implicación cristológica y pneumatológica: El Reino de Dios como la manifestación y la realización de su designio de salvación en toda su plenitud; "La naturaleza del Reino es la comunión de todos los seres humanos entre sí y con Dios" (RM 15). Sería interesante considerar la salvación desde la meta: "Dios todo en todos", según la "Redemptoris Missio", II,12-20. [12] Jesús en persona como "AUTOBASILEIA" (au)tobasilei/a) es el misterio del Reino de Dios que el Padre ha donado a los discípulos, no sólo con su presencia física sino por la fuerza irradiadora del Espíritu Santo (RM. 18). " El Reino (...) (es) por su naturaleza don y obra de Dios (...) Nosotros  debemos pedirlo, acogerlo, hacerlo crecer dentro de nosotros; pero  también debemos cooperar para  que el Reino sea acogido y crezca entre los hombres, hasta que Cristo "entregue a Dios Padre el Reino" (1 Cor 15,24) (RM 20). [13]

2.2.2. "Status quaestionis": la cuestión de la “amenaza” y de la “salvación”

"¿Hacia qué meta se dirige nuestra peregrinación en la vida y en la historia? (S 13). Se trata de considerar la toma de posición individual y colectiva concerniente al progreso actual, implica una opinión acerca de la relación entre salvación ofrecida por Cristo y la humanidad desarrollada según la perspectiva del progreso tecnológico y cultural.

¨      Un interrogante a la teología. Son esencialmente los interrogantes planteados si no con los mismos términos sí con el concepto, en G.S. 33, que considera los interrogantes no como específicamente cristianos, sino de los hombres en general. [14]

Ø      El problema se pone como una cuestión escatológica: El Reino escatológico, prometido por Cristo, es idéntico con la sociedad plenamente desarrollada proyectada por el desarrollo actual? O, si no se admite-reconoce la identidad entre la salvación escatológica y el triunfo del progreso,  ¿ entre las dos metas existe una relación? ¿O hay hasta una oposición?

Considerando que la escatología está ya "anticipada" y por lo tanto la vida eterna, sin aparecer en su perfección, es ya realmente "en semilla" presente en los que viven en Cristo Jesús, ya se ha prendido aquí abajo, ya se ha inaugurado entre nosotros el Reino de Dios. El tiempo que estamos viviendo es el que intercorre entre la batalla victoriosa y la celebración del triunfo. Cristo proclama e inaugura la realidad nueva y definitiva. cfr. 2 Cor. 5,17. Por esto los días que con Él empezaron son los últimos (Heb. 1,2) y con su misión entre nosotros el tiempo ha llegado a su plenitud (Gal. 4,4).

¿Tiene el dinamismo de la gracia, infundida en los que han sido - son re-generados en Cristo Jesús, una virtualidad con referencia o respecto al desarrollo terrestre?

El hombre viviente en el Espíritu anhela más el progreso de la humanidad, que un pecador, es ayudado por la gracia a trabajar de una manera más eficaz para la construcción de la ciudad terrestre, finalidad del progreso tecnológico ?

La cuestión tiene también una dimensión eclesiológica.

La Iglesia tiene la misión de "construir" [15] el Reino de Dios en la historia y en el mundo. [16] Se reconoce y proclama que "La vida cristiana es una lucha continua  por la venida del Reino de Dios, que entró en la historia humana y fue realizado definitivamente por Cristo. Con todo, ese reino no es de este mundo; es del Padre y sólo el Padre puede realizarlo entre los hombres. A ellos está confiada la tarea de ser terreno fértil, en el que el reino pueda desarrollarse y crecer.." [17] La relación entre la "Jerusalén Celestial" y la "tecnópolis" determina la actitud que la Iglesia debe tomar acerca del fenómeno del desarrollo que hoy día ocupa las fuerzas de la humanidad. En esta perspectiva, el Papa Juan Pablo II, destacando “los rasgos fundamentales de la verdadera Iglesia de Jesucristo, escribía a los obispos de Brasil : “... La Iglesia es, ante todo, un misterio – éste es el primer rasgo- respuesta a un designio amoroso y salvífico del Padre ,prolongación de la Misión del verbo Encarnado, fruto de la acción creadora  del Espíritu Santo. Por ello, la Iglesia no se puede definir e interpretar partiendo de categorías puramente racionales (socio-políticas u otras), producto de un saber meramente humano. Forma parte de su misterio ser : santa, aunque hecha de pecadores; peregrina ,contemplativa  en la acción  y activa en la contemplación; escatológica, primicias del Reino, aunque no su plenitud  y consumación; mudable en su s accidentes e inmutable en su ser  y en su misión. Dicha misión –y constituye el segundo rasgo a señalar- es la de evangelizar, es decir, prestar al mundo el misterio de la salvación, mediante el “dialogus salutis” instaurado con él (cf Encíclica “Ecclesiam suam" del Papa Pablo VI) Esencialmente religioso, porque nace de una iniciativa de Dios y tiene como término el Absoluto de Dios, el ministerium salutis  es, al mismo tiempo servicio al hombre – persona y sociedad- a sus necesidades espirituales y temporales, a sus derechos fundamentales , a su convivencia humana y civil” (n2,p1.11) ( a los 11 años de la Evangelii Nuntiandi:...!). Por lo referente a Puebla. [18] .También  interviene Ecclesia in America, cfr todo el  capítulo  V, nn  58 ss,cfr  también la complementación del Papa en n 67 acerca de una repercusión posible de la opción preferencial por los pobres  en el mundo de algunos  dirigentes ..)

2.2.3. El desarrollo de la problemática

"... La palabra de Dios revela el fin último del hombre y da un sentido global a su obrar en el mundo" (FR 81).

Dichas preguntas especialmente después de la segunda guerra mundial llamaron de una manera cada vez más creciente la atención de la teología. En efecto, en el conflicto de las ideologías que prometían un reordenamiento del mundo, el cristianismo tenía que reflexionar acerca de su propia actitud con relación a dicho ideal de reconstrucción mundial. En esta perspectiva de los diferentes y sucesivos aportes de la teología queremos subrayar:

¨      El aporte de las teologías de las realidades terrenas. [19]

Ø      En general:

Considera las realidades terrenas no sólo medios útiles (a veces) en orden a los valores sobrenaturales, sino teniendo en sí un valor propio, es decir constituyen un fin (aunque sea secundario) de la actividad animada por la caridad.

Dichas realidades son por tanto verdaderos bienes, objetos de la complacencia divina, que por tanto tienen que ser apreciados también por el hombre y no pueden ser tratados sólo como medios para llegar a algo distinto de ellos. cfr. AA 7.

Ø      En particular:

La teología de las realidades terrenas (alrededor de los años 40) se evidencia en su misma denominación:

- por un lado, ella quiere ser reflexión teológica, no filosófica. Formalmente es un capítulo de la teología dogmática;

- por otro lado, tiene como objeto propio las realidades terrenas distintamente identificadas: el cuerpo, la sociedad, el trabajo, la técnica, el arte, etc.

Propiamente dicha teología plantea el siguiente interrogante: cuál es el sentido de las realidades terrenas para la realización del Reino de Dios, o, si se quiere, para el cumplimiento del destino sobrenatural ?

El debate entre las dos soluciones en conflicto (la encarnacionista y la escatologista) descubrió y puso en evidencia el límite del proyecto teológico subyacente, en cuanto pretendía agotarse en la anexión e integración de las nuevas realidades terrenas en una antropología ya definida y en sí misma cumplida.

Más precisamente el límite aparecía

- por un lado, en la dificultad de definir la relación justa del hombre con el mundo y sus realidades terrenas, con la tendencia a hipotizar estas realidades como si tuvieran ya un sentido cumplido en sí mismas.

- por el otro lado, y más profundamente, apareció en el carácter sustancialmente platónico de la antropología implicada, según la cual el hombre viene comprendido, en su esencia, como extraño e impermeable a la historia.

En conclusión, el debate acerca de las realidades terrenas, en lugar de agregar un nuevo capítulo a la teología (el de las realidades terrenas) terminó con evidenciar la necesidad de reinscribir o renovar el capítulo de la "vieja" antropología teológica. La exigencia de dicha renovación aparece claramente percibida por el Vat. II. En particular, la constitución Gaudium et Spes, en su introducción, expresa la nueva modalidad de entender la relación entre hombre y mundo, entre hombre y realidades terrenas; el mundo y sus realidades ya no están más frente al hombre reclamando un sentido propio (como en la teología de las realidades terrenas) sino que son considerados en función y en dependencia del hombre, como medio para su desarrollo. Se perfila así un cambio o desplazamiento de centro de interés.

Para la teología de las realidades terrenas, el centro de interés estaba constituido por las realidades terrenas, mientras que el hombre era considerado un presupuesto notorio y pacífico.

Para la reflexión teológica sucesiva, de la cual ha venido la premisa introductoria de la Gaudium et Spes, las realidades terrenas han como perdido su sustancia para volverse funcionales al hombre.

El interés se desplaza hacia el hombre, que viene propuesto a la atención por su poder demiúrgico y en conexión con ello por su influencia social.

Implícita en esta consideración está, como su consecuencia lógica, la consideración del hombre en su historicidad. Esta conclusión sin embargo no fue explicitada inmediatamente sino por una corriente minoritaria de la teología católica, la que desembocará en la llamada "teología política" en Europa.

La teología católica eludió entonces esta conclusión para orientarse la producir la llamada teología del desarrollo o teología desarrollista, partiendo de supuestos teórico-culturales que operaban en el ámbito geográfico de la A.L.

Ø      El aporte de la Teología de la Historia intentaba responder al interrogante de si, según la fe, la serie de acontecimientos que forman las comunidades y las instituciones humanas tiene un "sentido", es decir una "dirección", tiende a un determinado fin, y si este fin es solamente trascendente (la preparación de la "Jerusalém Celestial") o también inmanente (un determinado estado de la sociedad o de la humanidad a realizarse en el tiempo), cfr. M. FLICK, Z. ALSZEGHY, Teologia della storia, en "Gregorianum" 35,(1954) pp. 256-298; Claudio GEFFRÉ, Théologie de l'histoire, en "Revue des Sciences philosophiques et théologiques", 47 (1963) pp. 130-135.

Ø      El aporte de THEILARD DE CHARDIN (1/5/1881-10/4/1955).

Celebrándose el 40º aniversario de su muerte se han realizado a lo largo del año 1995,distintos congresos y debates teológicos acerca de su pensamiento. Cfr. MARTELET, Gustavo, S.J., Les grandes intuitions chrétiennes de TEILHARD DE CHARDIN, en "La Documentation Catholique", París, 63, (1981), Nº 21, pp. 1083-1090.

Se toma conciencia de que las "realidades terrenas" y la historia humana son adecuadamente inteligibles solamente dentro de una visión "sintética" del mundo, querido por Dios con su estructura, con su relativa autonomía y con sus exigencias de desarrollo, en el que lo sobrenatural no es un elemento extrínseco, sino la coronación-plenitud hacia la cual la creación tiende desde su inicio. La cristogénesis está como "telos" de la cosmogénesis y antropogénesis. Queremos aclarar que entendemos por "sobrenatural" a la acción propia de Jesucristo Salvador.

Ø      La teología del desarrollo

Cfr. COLOMBO, Giuseppe, Evangelizzazione e promozione humana nella teologia contemporánea, en Evangelizzazione e promozione umana , Ave, Roma, 1976, pp. 110 - 111. cfr. también G.S. 63-66.

Implicaciones metodológicas:

El problema del método es uno de los más sentidos por la teología dogmática hoy, ya que busca la inteligencia de la fe moviéndose entre dos polos: 1) La Palabra Revelada 2) La problemática teorética y práctica de los hombres del presente.

La teología dogmática prolonga el desarrollo del mensaje cristiano hacia el porvenir, ella interpreta el mensaje cristiano a la luz de la Revelación, en la que encuentra su norma (D.V. 24), y buscar - intenta pensarlo de una manera tal que pueda volverse el fermento y casi el alma del ambiente socio-cultural contemporáneo (G.S. 40,58.66), resultando ser el encuentro que tiene que siempre renovarse entre la "Divina Revelación" y las cambiantes condiciones de este mundo. (Cfr. O.T. 16, que pide aprender "a buscar, a la luz de la Revelación, la solución de los problemas humanos, a aplicar sus eternas verdades a la mudable condición de la vida humana y a comunicarlas de un modo apropiado a sus contemporáneos".)

La Iglesia (y la teología) debe ejercer una función crítica y profética sobre las ideologías humanas, para mantenerlas abiertas a la lógica evangélica y a la esperanza escatológica ofreciendo ellas el sentido último y la fuerza de la gracia.

PABLO VI, Octogesima Adveniens, Carta Apostólica del 14 de Mayo de 1971, vemos "...en el campo de la educación renovada a la solidaridad, la aportación capital del espíritu cristiano que va al encuentro de las aspiraciones de hombre a ser amado. "El amor del hombre, primer valor de orden terreno", asegura las condiciones de paz, al afirmar nuestra fraternidad universal". (n. 23)

La Teología del desarrollo. Breves consideraciones histórico – teológicas:

La Teología desarrollista aparece como muy ligada a la situación del Tercer Mundo  en particular de A. Latina, expresando de ella la gran esperanza de "desarrollo" que tendría que haber llevado a los Países "subdesarrollados" al nivel de la sociedad occidental, o como se llama hoy del "Norte". A partir de los años 50, dicha esperanza originó un movimiento rico de compromisos y de medios, de los cuales la teología del desarrollo se considera substancialmente el intento de interpretación cristiana. Se puede considerar la continuidad con la teología de las realidades terrenas, en cuanto nace de la conciencia, entonces madurándose, de que las responsabilidades del cristiano no se agotan en el ámbito puramente religioso, sino que se abren al ámbito social.

Por otro lado, sin embargo, la teología del desarrollo enfrenta el problema no más en la perspectiva del individuo, sino dentro de la más amplia de la sociedad y de las "grandes masas", transformándolo, bajo este aspecto, de problema de ética individual en problema de ética social.

En dicha perspectiva, por lo menos en su lógica, la teología del desarrollo no pone en discusión la antropología, al contrario, continúa presuponiéndola, precisamente como la teología de las realidades terrenas. Más bien pone en discusión la eclesiología, en el sentido de que expresa, de alguna manera, la nueva toma de conciencia de la Iglesia frente al mundo.

En esta perspectiva aparece la exigencia objetiva de repensar la evangelización en cuanto misión de la Iglesia y, por tanto, al límite, la exigencia de una nueva comprensión del Evangelio, es decir, del mensaje revelado.

Efectivamente, dicha exigencia aparece, en distintas tonalidades, en la reflexión relativa a la teología del desarrollo. Pero esta exigencia, por lo general, queda eludida.

Comprometido con el objetivo práctico de "comprometer" a procurar el "progreso", el discurso cristiano pronto se transforma en llamado a la conciencia y responsabilidad de las naciones más ricas hacia los pueblos subdesarrollados. Emblemática, a este respecto, es la "Populorum progressio" (n.1). Hay, en esta actitud, la asunción y el ejercicio efectivo de la tarea de conciencia crítica del mundo, en la línea de los profetas.

Según Colombo, Giuseppe, la historiografía subraya la esterilidad de este anuncio de la "Populorum Progressio", dado que las naciones "ricas" no han aceptado la propuesta de "revisión de vida", es decir, de cambiar su economía. Así, el "desarrollo" faltó.

La falta del desarrollo parece comportar, automáticamente, el ocaso de la teología del desarrollo. Al movimiento para desarrollo cuestionado, sucedió el movimiento para la liberación, a partir de la constatación socio - política de que la situación de subdesarrollo tiene sus raíces en la dependencia. Así, a la "teología del desarrollo" sucede la "teología de la liberación".

Ø      La "Théologie Nouvelle"

Cfr. ANGELINI, Giuseppe, El desarrollo de la teología católica en el Siglo XX, en Diccionario Teológico Interdisciplinar, Sígueme, Salamanca, T. IV, 1987, pp. 758 - 762.Cf también  el claro aporte de Luis F. LADARIA SJ, Naturaleza y gracia en Henri de LUBAC, en "Compostellanum", Santiago de Compostela, XXXIX (1994) n 1-2  pp 141-157;

Ø      La postura encarnacionista (cfr. Rom 8,22; 2 Pe 3,9.12)

Subraya que el progreso biológico, social, económico, técnico y cultural tiene un valor extremadamente positivo y constituye una preparación a la instauración final del Reino de Dios, a la "Jerusalén Celestial". (cfr. 2 Pe 3,12 "esperando y apresurando-preparando la Parusía").

Supone el principio de la autonomía de las realidades terrenas. Tiene una visión progresiva de la historia que lleva a descubrir en ella una gradual aproximación al Reino y por consiguiente una relación de continuidad fundamental entre lo temporal y lo eterno.

Distinguiendo progreso terreno y desarrollo del Reino de Dios el Concilio rechaza al encarnacionismo extremo.

Ø      La postura escatologista (cfr. Ap 21,1-11)

Cfr. ALVAREZ, Tomás, Escatologismo, en ANCILLI, Ermanno, Diccionario de Espiritualidad, Herder, Barcelona, 1983, t.1, pp. 710 s.

En su postura radical, considera que toda obra humana no es más que "combustible" del futuro incendio del cosmos, en ningún caso material de construcción del mundo futuro prometido por Dios.

La historia profana es irrelevante en orden al Reino. Espera solamente para el día de la Parusía la victoria de Cristo en el mundo, insiste en la caducidad de todo lo que es temporal, sobre la discontinuidad con el Reino de los Cielos y sobre los peligros que las "riquezas", es decir el bienestar terrestre, traen a la vida cristiana.

La investigación teológica de la relación entre la actividad humana terrestre y el estadio final del Universo: busca si las obras construidas por el trabajo humano pertenecen a la categoría de las cosas que "pasan" o forman parte de las realidades construidas en Cristo "que quedan".

Ø      Las teologías de la liberación

Cfr. por ejemplo el aporte de PASTOR, Félix Alejandro, S.J., Ortopraxis y Ortodoxia. El debate teológico sobre Iglesia y Liberación en la perspectiva del Magisterio eclesial, en "Gregorianum", 70, (1989) 4, pp. 689 - 739; más recientemente cfr. por ejemplo, AA.VV., Mysterium Liberationis, Conceptos fundamentales de la teología de la liberación, Ed. Trotta, Madrid, Tomo I-II, 1994.

- En general.

Evocación sintética contenutística-metodológica.

En orden a nuestro tema, nos limitamos al aporte de Leonardo BOFF OFM, que trata explicitamente y repedidas veces la relación entre salvación en Cristo Jesús y las liberaciones históricas. La solución que él propone en la perspectiva de la teología de la liberación distingue entre liberación y salvación, en el sentido que la salvación escatológica pasa  a través de las liberaciones históricas: “La salvación incluye intrinsecamente las liberaciones históricas. Jesús, nuestra salvación, es también nuestro liberador. El asoció la salvación a la liberación.” Y explica : “ la salvación trasciende las liberaciones históricas, que son la salvación de Dios que se anticipa, aconteciendo incoativamente; las opresiones históricas  son la perdición que se anuncia dentro del camino humano: la salvación escatológica pasa a través de las liberaciones históricas. A la salvación se nos introduce mediante el esfuerzo y el compromiso con las liberaciones que anticipan y preparan la salvación definitiva” En esta perspectiva nos dice : “ El Reino de Dios no es de este mundo por su origen (es de Dios) ,está en medio de nosotros, manifestandose en procesos de liberación. La liberación  es la acción que libera paso a paso la realidad de los distintos cautiverios (“Cativeiros”) a los cuales está historicamente  sometida y que contradicen el proyecto historico de Dios para contruir su Reino donde todo es orientado a Él..” [20]

En la perspectiva de dichos aportes, el mundo y no sólo la Iglesia – en sus experiencias salvíficas ,que anticipan prolépticamente  en el plano de la História ,la salvación ,el límite radical y patente de esta propuestas es su incapacidad de ofrecer la criteriología  de las anticipaciones históricas de la salvación. No se profundizan el problema de su “ origen” ontológico o la “causa” de su eficacia ,más allá de lo atractivo de sus paradigmas.

En orden a esto, recordamos aquí las orientaciones a los obispos de Brasil del Papa JUAN PABLO II auspicando  el desarrollo de: “ una reflexión teológica  plenamente adherente  a la constante enseñanza de la Iglesia en materia social y, al mismo tiempo apta para inspirar una práxis eficaz a favor de la justicia social y de la equidad, de la salvaguarda de los derechos humanos, de la construcción de una sociedad humana basada en la fraternidad y en la concordia, en la verdad y en la caridad .De este modo se podría romper la pretendida fatalidad de los sistemas – incapaces ,uno y otro, de asegurar la liberación traída por Jesucristo-: el capitalismo desenfrenado y el colectivismo o capitalismo de Estado (cfr. Libertatis conscientia, nn 10.13) (...) esa correcta y necesaria teología de la liberación se desarrolla en Brasil y en América Latina de modo homogéneo y no heterogéneo respecto a la teología de todos los tiempos, en plena fidelidad a la doctrina de la Iglesia, atenta a un amor preferencial, no excluyente ni exclusivo por los pobres.”(n 5). El Papa recuerda a continuación : "Las dos dimensiones constitutivas de la liberación en su concepción cristiana: tanto en el nivel de la reflexión  como en su práxis, la liberación es, ante todo, soteriológica (un aspecto de la salvación realizada por Jesucristo Hijo de Dios) y después ético-social ( o ético-política).Reducir una dimensión a otra –suprimiendo prácticamente ambas-  o anteponer  la segunda a la primera es subvertir y desnaturalizar la verdadera liberación cristiana. Por tanto es deber de los Pastores anunciar a todos los hombres, sin ambigüedades ,el misterio de la liberación que se encierra en la cruz y en la resurrección de Cristo.(n 6). [21]

Específicamente en orden a la Soteriología de la Teología de la Liberación:

Destacamos la exigencia de distinguir, correlacionándolas, la liberación de Jesús de la liberaciones humanas, evitando sea la separación que la identificación, contra las distintas orientaciones antropo-praxísticas. Reconocemos también la necesidad de una explicitación de la relación entre liberación del pecado “social ”y conversión del pecado “personal”, no reducible a las faltas contra  el “de iustitia et iure”.

En la soteriología, un límite  muy llamativo es que el misterio pascual, en especial la muerte de Jesús no parece aquí comprendido, y menos explicado,  ni como evento trinitario, ni como momento culminante dentro de la historia de la salvación. Para la Iglesia, la Redención, Liberación, Salvación  cristiana es un dato objetivo y “ofrecido” a la participación de los hombres (y no sólo a los pobres) y no es reducible a la enseñanza y ejemplo de Jesús. Como nadie de  los salvados de Cristo pudo contribuir a la instauración de la salvación ofrecida, así nadie de los salvados puede afectar radicalmente o aumentar la intrínseca validez y eficacia de la misma. Consiguientemente se tendrá siempre que dar relevancia al momento pascual de Jesús como momento operativo por excelencia de la salvación.

En Uruguay:

A nivel  teológico cfr. El aporte de Juan Luis SEGUNDO SJ. Remitimos a la reconstrucción crítica, para una oportuna sino necesaria contextualización del pensamiento del Autor, al estudio muy documentado del Revdo. Padre Lic. Horacio BOJORGE S. J., El pensamiento de Juan Luis SEGUNDO en su contexto. Reexamen, Informe crítico, Evaluación. Montevideo, l999, Pro Manuscripto, especialmente  el capitulo 7: Intermezzo histórico: La  inversión  antropocéntrica, Naturalismo y Gnosis, pp. 97-ll6. También Luis AGUIRRE SJ, que en sus aportes a veces nos parece  no sólo reflexionar en referencia sino en dependencia del pensamiento de  Juan Luis SEGUNDO aunque no siempre  explicitada  nos parece  operante en los aportes “teológicos” del Autor.    

Interesante el estudio crítico, que tiene en cuenta también la postura soteriológica del Padre SEGUNDO, del Pbro. Dr. Miguel Antonio BARRIOLA, Otra respuesta al Cardenal RATZINGER. Fieles al Papa desde América Latina, ITUMS, Montevideo, 1987.

 Involucra el tema también el aporte de Luis PÉREZ AGUIRRE, S.J., La Iglesia increíble, Ed. Trilce, Montevideo, 1992. Con todo el cariño y el respeto para su persona y su obra tan meritoria de “La Huella”, que conocemos personalmente, y su militancia activa y reconocida internacionalmente en favor de los Derechos Humanos,  nos merece desde el punto de vista de un debate teológico,  algunas observaciones. Por ejemplo:  En orden a la Cristología destacamos la exigencia de evidenciar mejor los supuestos de la Misión salvífíco-liberadora de Jesús, articulando mejor entre si “cristología” y “antropología”; precisamente como problema de lo humano, puesto por lo humano verdadero, singular de Jesús, como lo humano del Hijo Eterno de Dios, juntamente a la exigencia  de una ontología del acontecimiento cristiano, que el recurso alternativo a las ciencias sociales no puede sustituir . La expresión más problemática nos parece la que se refiere a “la persona humana de Jesús”(p. 139) Nos limitamos a recordar que no refleja  la afirmación dogmática de la Iglesia establecida formalmente en los Concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381) sobre la preexistencia del Logos consubstancial al Padre, y en el Concilio de  Calcedonia (451) sobre la unicidad de la Persona Divina de Cristo y la dualidad de naturalezas, humana y divina, unidas sin confusión y sin división. El Autor con esta afirmación parece ubicarse dentro de esa corriente de pensamiento que, creyendo recuperar en plenitud la humanidad de Cristo,  afirma que Jesús es una “persona humana”, y, sobre la base de la concepción moderna de la persona, propia  de la fenomenología y la psicología, se reduce la “personalidad divina” de Cristo a la autoconciencia y autopresencia que Jesús poseía de la experiencia de Dios. Así se problematiza aquello que en el pensamiento cristiano tradicional constituye el punto de partida, es decir la existencia del Verbo Eterno, verdaderamente Dios como el Padre, que asume la naturaleza humana en la unión hipostática. Contra estos errores había intervenido lúcidamente la Congregación para la Doctrina de la Fe con la Declaración Mysterium Filii Dei,  del 21 de febrero de l972 n. 3, detectando entre los errores cristológicos contemporáneos justamente el siguiente:  “La humanidad de Jesucristo existiría, no como asumida en la persona eterna del Hijo de Dios, sino, más bien, en sí misma como persona humana y, en consecuencia, el misterio de Jesucristo consistiría en el hecho de que Dios, al revelarse, estaría de un modo sumo presente en la persona humana de Jesús”.

Notamos la dificultad de su horizonte hermenéutico con su explícito acento sobre el contexto histórico-social de opresión y de marginación, desde donde partir para re-leer el entero dato eclesiológico-soteriológico. Dicha óptica hermenéutica, que rechaza toda elaboración “neutral” de la eclesiología, se propone de mostrar el impacto revolucionario que la praxis del Jesús histórico tuvo sobre las estructuras socio-políticas-religiosas de su tiempo. El aspecto problemático de dicha intuición, no original del Autor, que aparece aquí también como un divulgador, está constituido por la insistencia, casi exclusiva, sobre la operatividad socio-estructural del Evangelio y sobre la relativa ortopraxis por el riesgo de elevar a criterio absoluto de verdad el principio de la eficacia praxística del evento Cristo, con el peligro de llevar a desconocer, en su verdadero significado, el centro de la redención cristiana constituido por la cruz: Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. En esta perspectiva el magisterio reciente insiste en recordar que " La encarnación del Hijo de Dios y la salvación que él ha realizado con su muerte y resurrección son, pues, el verdadero criterio para juzgar la realidad temporal y todo proyecto encaminado a hacer la vida del hombre cada vez más humana ..." (IM 1). [22]

Destacamos también un límite de orden exegético-bíblico, por el hecho de que su reflexión eclesiológica no parece gozar de una coherente contextualización bíblica, que no ayuda a que la respuesta de fe cristológica sea no sólo más  comprensible y eficaz. sino sobre todo fiel.

A nivel del Magisterio del  Papa en sus visitas pastorales al Uruguay (Interesante sería estudiar la soteriología en los pronunciamientos de la CEU...)

Sabemos que la teología entendida como «pensamiento teológico» debe ser buscada fundamentalmente en la «teología» (en el sentido de institución teológico y/o de teólogos). Pero no se excluye que ella pueda ser encontrada en otros lugares.  En este sentido, no se excluye que también la Cristología y la soteriología puedan encontrarse también en el Magisterio mismo de la Iglesia, ya sea Conciliar, Pontificio o Episcopal.

En el ámbito eclesial amplio: las cristologías del Magisterio:

Podemos ubicar aquí el rico y, tal vez, desaprovechado aporte del Catecismo de la Iglesia Católica, "Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios", nn. 422-682. Queremos limitarnos al  Magisterio ofrecido por el Papa Juan Pablo II en las dos visitas a Uruguay.  El Papa en la catedral de Montevideo recordaba:

«deberéis corresponder con vuestro amor a la entrega perenne de Jesucristo sacramentado, modelo de servicio a nuestro hermano».

Invitando a asociarse «al sacrificio redentor de Cristo actualizado en la Eucaristía».

También aparece una referencia implícita a unas posturas teológicas inadecuadas y circulantes en nuestro medio:

«Señor hemos de proclamar sin temor alguno la verdad completa y auténtica sobre tu persona, sobre la Iglesia que tú fundaste, sobre el hombre y sobre el mundo que tú has redimido con tu sangre, sin reduccionismos ni ambigüedades. No es pues en datos puramente sociológicos, psicológicos o políticos donde encontraremos los criterios de nuestra enseñanza y de nuestra conducta, sino en la fe, en la comunión de vida con Jesucristo y en la fidelidad plena a la doctrina de la Iglesia» (p. 13).

Reafirmando a «Cristo - Eucaristía: centro de la vida consagrada» y  refiriéndose reiteradas veces a Jesús como «el divino Maestro realmente presente en la Eucaristía», concluía: «Sed testigos del amor de Cristo Eucaristía».

Como recuerdo de la histórica visita quedó instalada una gran cruz blanca en la explanada de "Tres Cruces" [23] donde celebró la Eucaristía. Hablaba el Papa de Cristo como "Aquel que contemplamos, como varón de dolores, nuestro Redentor, Príncipe de la Paz, Crucificado y Resucitado, a Aquel que, según el poder que ya obra en nosotros..." (p. 30)... Cristo Nuestro Pastor Señor de la Historia. (Cfr. homilía del l/4/1987).

Ø      La Eco-teología

- En el Magisterio reciente.

PABLO VI, Octogesima Adveniens, Carta apostólica del 14/5/1971, nn. 21. (el medio ambiente), nn. 41 (ambigüedad del progreso). JUAN PABLO II, Dominum et Vivificantem, Carta Encíclica del 18/5/86. nn. 52.54.60.64.66. JUAN PABLO II, Sollicitudo Rei Socialis , Carta Encíclica del 30/12/87. nn.26.30, sobre todo 34.  JUAN PABLO II, Laborem Excercens, Carta Encíclica del 14/9/81. nn. 4,12,18,25,27. JUAN PABLO II, Centesimus Annus, Carta Encíclica del 1/5/1991, nn.37. JUAN PABLO II, Paz con Dios Creador, paz con toda la Creación. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1/1/90, en O.R. XXI, (1989), 50, pp. 1.7.11.  JUAN PABLO II, Favorecer la vida, no destruirla, Homilía del 1/1/90, en O.R. XXII (1990), 1 p. 1. JUAN PABLO II, El saneamiento del ambiente es una responsabilidad moral hacia las futuras generaciones, Discurso en O.R. del 7/1/90, p. 11. JUAN PABLO II, Ecclesia in America, Exhortación apostólica del 22/1/1999, Ciudad de México, n. 25.

Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 337 ss. (el mundo visible), también  nn. 2415-2418.

IV CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Santo Domingo. Conclusiones. Nueva Evangelización, Promoción Humana, Cultura Cristiana, CELAM, Bogotá, 1992, nn. 169-177.

- En la reflexión teológica reciente: Ecología - Ecofilía en las Perspectivas teológicas contemporáneas. [24]

Recordamos la  Asamblea Ecuménica Europea de Basilea, fruto de la iniciativa conjunta de la KEK y del CCEE del 15-21/5/1989.

La Asamblea de Seul: 5-12/3/1990: Reflexión acerca de la justicia y paz dentro del más amplio contexto de una plena fidelidad del hombre a la Creación: Estamos todos en el Arca de Noé, que hace agua por todos lados, en un posible naufragio universal no hay isla de sobrevivencia, la fe cristiana con su compartir específico la "passio humana" tiene que ofrecer su aporte desde lo específico cristológico-antropológico.

Evocación de la historia de la Alianza entre Dios y los hombres con atención a las respuestas que los cristianos deben dar a la Alianza de Dios.

La II Asamblea Ecuménica Europea de Graz, 23-29 de junio de 1997. Documento de trabajo trata de Reconciliación: don de Dios y fuente de vida nueva (cfr. Il Regno-Documenti, 1997, n. 9).

Algunas posibles raíces de la crisis actual:

-  La mentalidad economicista y la ecuación entre bienestar material y crecimiento humano. Ecología y peligro de una reducción antropológica. Lógicas utilitarísticas y de pura funcionalidad. La ideología del crecimiento constante, sin referencia a valores éticos.

-  El fenómeno de la secularización que marca el paso de una percepción del mundo como "creación" a una percepción del mundo como simple "naturaleza", ya que la secularización se adueña no sólo del hombre y de la sociedad sino también de la misma naturaleza, que en la conciencia del hombre ha asumido una existencia "independiente", sin alguna relación o vínculo con Dios. Alejando de Dios la naturaleza y "secularizándola", la humanidad ha ido cambiando también las condiciones de su relación con ella.

-  El mundo como Creación como signo de la Alianza: de la Ecología a la Ecofilía cristiana. El acento en la creación que nos hace encontrar con todos los credos cristianos y religiosos que dan importancia a la vida, descentra la teología cristiana de los temas y de la controversias tradicionales intra-cristianas hacia fronteras de confrontación y de diálogo con otras mentalidades y otras urgencias.

Se perfila un desafío a la ecoteología de ir más allá del antropocentrismo hacia la recuperación de la naturaleza como "Creación", ya que los actuales problemas ecológicos no son el único estímulo para una renovada valoración de la naturaleza, frente a la aporía cultural que tiende a llevar a la ecología, desde el antropocentrismo, hacia un biocentrismo, que lleva a considerar más importante una "especie protegida" de la zoología y de la botánica que un ser humano.. (Cfr. BRADLEY, Ian, Dios es "verde". Cristianismo y medio ambiente, Sal Terrae, Santander, 1993; McFAGUE, Sallie, Modelos de Dios. Teología para una era ecológica y nuclear, Sal Terrae, Santander, 1994; AA.VV., Ecología: una respuesta alternativa, en "Alternativas", Guatemala, 3, (1995) 6).

2.2.4. Los textos del Magisterio Conciliar y Postconciliar