CRÓNICA
DEL PRIMER ENCUENTRO DE TEÓLOGOS DE LOS PAISES DEL MERCOSUR EN BUENOS AIRES
Sergio Silva
Sacado de Teología y Vida. Vol, XXXVIII (1997), DD. 150-152.
En Buenos Aires se reunieron el I2 y 13 de octubre de 1996 unos 40 teólogos de los países de Mercosur para reflexionar sobre el papel de la teología, de la Iglesia y los cristianos, en los procesos de integración de nuestros países. De ellos la mayoría eran argentinos: de los trece extranjeros siete eran del Estado de Rio Grande do Sul. Brasil dos de Uruguay, dos de Chile, uno de Bolivia, uno de Paraguay. El motivo de fondo de la convocatoria a este encuentro era la premisa siguiente: si vale la pena realizar la integración de América Latina, ésta no puede ser solo económica, tiene que ser también cultural: Y por ello mismo. la fe cristiana y la teología que reflexiona sobre ella, no puede estar ausente de ese proceso.
La idea del Encuentro nació de conversaciones de Carlos Galli, de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina. con algunos miembros de la Comisión de Institutos de Teología de Rio Grande do Sul. Se sumaron a la convocatoria también las Sociedades de Teología existentes en algunos de nuestros países. Los anfitriones argentinos cubrieron generosamente los gastos de la estada en la Casa de Retiros de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, en pleno centro de Buenos Aires.
I.- El primer día de la mañana se dedicó a un presentación de la realidad actual del Mercosur, hecha por funcionarios de dos Ministerios argentinos vinculados con el pacto: el doctor Félix Peña, ex Subsecretario de Integración del Ministerio de Relaciones Exteriores. y el licenciado Francisco Piñón, actual Subsecretario de cooperación internacional del Ministerio de Educación. La visión de ambos fue altamente favorable al Mercosur. a pesar de reconocer que provoca serios problemas:
a) Para F. Peña. el Mercosur surge gracias a la toma de conciencia de lo común que tienen los países que lo conforman. que él sintetiza en tres aspectos
una valoración de la democracia, reconocida, sin embargo,. como un bien que América Latina tiene todavía que conquistar.
La necesidad de lograr la transformación del aparato productivo. mediante el reemplazo de la actuales técnicas ya obsoletas. por las más recientes. Punto en el que insiste últimamente la CEPAL.
La imperiosa necesidad de integrarnos competitivamente en el mundo. en la actual situación de globalización de la economía mundial. Sabiendo que ninguno de nuestros países. salvo quizá Brasil puede lograr esta integración por separado.
Se preguntaba el expositor qué puede significar el Mercosur para el ciudadano común y corriente de nuestros países. Su respuesta fue: por un lado. le puede dar cieno identidad. en un mundo cada vez más globalizado: por otro. puede significar, en un momento de grandes dificultades económicas y sociales por las que atraviesan Argentina y otros países de la región, una esperanza de futuro.
b) F. Piñón dio cuenta del trabajo conjunto de los Ministerios de Educación de los países del Mercosur, a partir de 1991, en que se reunieron por primera vez para recocer los desafíos educacionales implicados por el acuerdo. Esos desafíos son:
La formación de la conciencia ciudadana para la integración latinoamericana
La formación de los recursos humanos capaces de hacer la necesaria transformación productiva implicada en el Mercosur, evitando. al mismo tiempo, la exclusión de sectores de la sociedad
La armonización de los sistemas educacionales de los países integrantes del pacto.
c) En el debate que siguió a estas dos exposiciones, tanto los expositores como algunos de los teólogos subrayaron el carácter irreversible del actual proceso de globalización de la economía mundial, del que el Mercosur es un reflejo. Más de alguno dijo: "No hay otra opción''. Sin embargo, se señalaron tres problemas fundamentales:
Existen sectores de la economía o zonas de la sociedad y la cultura de nuestros países (quizá incluso países enteros) que son más débiles y que sufren negativamente el impacto de la modernización. Como ejemplo de lo primero. se puso el caso de los productores de vino del sur de Brasil. que no pueden competir con la calidad y los bajos precios del vino de Mendoza: como ejemplo de lo segundo. se mencionó el caso de los pobres. sea del campo o de la ciudad. que no logran subirse al carro de la modernidad. Se aludió al Mercado Común Europeo, que desde sus inicios estuvo preocupado de favorecer el desarrollo de los países v de los sectores menos desarrollados de la comunidad: se subrayó que parte del trabajo que queda por hacer entre nosotros es ayudar a tomar conciencia de este tipo de problemas, para buscarles soluciones adecuadas.
El segundo problema tiene que ver con nuestra idealidad cultural. Es claro que el motor de la actual globalización en la que se insana el Mercosur es la tecnociencia: es decir. la técnica de base científica -la llamada ."tecnología"- que da forma hoy a la inmensa mayoría de los procesos productivos y organizacionales. El problema es que esta tecnociencia no es producto nuestro, sino de los países desarrollados del norte: entonces cabe preguntarse ¿Nos dejará algún espacio para conservar y desarrollar nuestra identidad? El problema de fondo es si desde nuestra identidad. podremos manejar la tecnociencia o si nuestros países se desintegrarán divididos entre los grupos sociales que pueden manejarla y los que no. A esto se añade el problema de la transición de un mundo a otro: quizá nos encontramos en un momento semejante al de los monjes medievales dedicados a copiar manuscritos en sus conventos enfrentados a la recién inventada imprenta. Como un modelo del que podemos aprender se presentó el caso de Corea. que parece estar integrando la tecnociencia desde su propia cultura. Alguien afirmó que asociaciones como el Mercosur podrían ayudar a enfrentar estos problemas con más cuidado. más lentamente y con menos desprotección. Uno de los expositores. convencido del carácter inevitable de la modernización actualmente en curso planteó que hay que trabajar por desarrollar en nuestros países una cultura funcional a la modernidad científico-técnica.
El tercer problema es el del aporte de la teología a la integración de nuestros pueblos. Un participante argentino puso en guardia contra la idea de que el catolicismo es el alma de América Latina. Le parece una idea premoderna y que deja fuera a las Crecientes cantidades de no católicos que hay en nuestros países.
2.- En la tarde el P. Gerardo Farrell expuso su visión del Mercosur desde la fe. Fue también muy favorable.
a) Dos fueron sus argumentos. El primero de tipo geopolítico. es que hoy salvo quizá Brasil, los países de América Latina sólo tienen viabilidad unidos como América Latina, porque un país pequeño no se puede incorporar en la economía mundial globalizada y los países ricos nos necesitan de los pobres.. De aquí su conclusión de que en nuestros países la Iglesia debe luchar contra los nacionalismos.
El segundo argumento fue teológico. A la Iglesia le corresponde evangelizar no tanto los contenidos de las opciones de los seres humanos cuanto la libertad desde la cual tornan estas opciones. (Cabe pensar. sin embargo. que con esto contradice su propio primer argumento. que opta por un contenido).
b) En el debate se retomaron algunos problemas tocados ya en la mañana. sobre todo el de la identidad cultural. La modernidad actual desarraiga a la gente, como se ve en las continuas migraciones. sobre todo de los pobres del campo a la ciudad: es como un vendaval. ¿Cómo vivir en estas condiciones el necesario arraigo cultural? Por otro lado se reconocía al mismo tiempo que toda cultura es abierta y móvil. no es un folclorismo ya fijado para siempre.
Se retomó también el tema de la actitud de la Iglesia ante la modernidad. El Mercosur concretiza los desafíos de la modernidad en América Latina: la Iglesia ya no podrá seguir escabulléndolos. Su posible aporte sólo será creíble en la medida en que se autocritica ante la modernidad.
En cuanto a los temas nuevos hubo reflexiones que buscaron pensar desde el Evangelio la integración latinoamericana. tratando de descubrir cuál ha de ser el aporte de la Iglesia y los cristianos a este proceso. Algunas de las ideas teológicas señaladas fueron las siguientes:
La fraternidad evangélica es capaz de superar la unilateralidad tanto del liberalismo (que exalta la libertad individual) como del socialismo (que exalta la igualdad).
La Iglesia en cuanto es comunión sintetiza lo universal y lo particular. En este contexto se aludió a la LG; - que presenta a la Iglesia como sacramento de la unidad de la humanidad - y al hecho de la existencia del CELAM que expresa la unidad de la Iglesia latinoamericana pero que debe encontrar aún su vinculación con la unidad económica y política.
La interdependencia entre personas y entre países es entendida en la fe como solidaridad. sobre todo con los más necesitados, los pobres. A nivel político esto debería llevar a cambiar el sentido de la función de las mayorías. que no es tanto tomar decisiones de acuerdo a sus ideas y proyectos. cuanto ocuparse de las minorías. A nivel planetario. unirse en bloques (como el Mercosur) no debería ser para defenderse de otros porque equivaldría a cambiar el nivel de las guerras haciéndolas peores. al ser intercontinentales; la unión debe ser para ofrecer a los demás la propia riqueza y para proteger la tierra para el bien de toda la humanidad. presente y futura.
En la lectura de los signos de los tiempos que son siempre ambiguos, la Iglesia debe aportar su discernimiento crítico. Un aspecto de este discernimiento tiene que ver con los valores; por un lado, los mecanismos de la integración que son económicos y políticos. no traerán por sí mismos los valores culturales de solidaridad entre nuestros pueblos de modo que como Iglesia deberíamos tomar más activamente ese papel. Por otro, sin embargo, lo único que podemos ofrecer como Iglesia es Jesucristo y el Evangelio: todo lo demás incluidos los valores culturales. es relativo y la fe no se puede reducir a ser una matriz cultural porque a la fe no se accede por cultura sino por decisión personal y libre.
3.- El segundo día en la mañana escuchamos la ponencia de Juan Noemí sobre un rasgo de la teología latinoamericana su carácter dependiente.
a) Noemí subraya la dependencia de nuestra teología respecto de cuatro factores: la teología europea, el Concilio Vaticano II y su prolongación latinoamericana en Medellín. la praxis y las ciencias sociales. La dependencia de la teología respecto de la praxis vale tanto para la teología anterior a Vaticano II, destinada exclusivamente a formar los sacerdotes para su praxis pastoral, como para la teología de la liberación, referida a la praxis de liberación.
b) En el debate quedó en claro que se trata de diversos tipos de dependencia y que no todos ello son necesariamente negativos: de hecho nadie es absolutamente independiente: pretenderlo es caer en la actitud adolescente. Las dependencias son buenas o malas. según permitan crecer o no. Y de todos modos es necesario tomar conciencia de las propias reales dependencias.
Se discutió también sobre el carácter latinoamericano de la teología que se hace entre nosotros. Un participante puso en guardia contra la premura por hacer teología latinoamericana: es una empresa que requiere de mucha paciencia: entre otras cosas. porque falta en América Latina la indispensable mediación filosófica. Pero no tanto en el sentido de que no dispongamos aún de una filosofía latinoamericana para hacer teología en diálogo con ella, sino sobre todo en el sentido de que los teólogos debemos pensar la realidad de América Latina y su acontecer. Respecto a la mediación de las ciencias sociales, que parece indispensable para hacer la reflexión sobre nuestra realidad, se advirtió que. al igual que en la filosofía. no hay ciencias sociales completamente desideologizadas. por lo que los teólogos deben ejercer ante ellas su reflexión crítica a partir de la vivencia de la fe. También se señaló que las facultades universitarias de teología de América Latina ofrecen algunas facilidades para realizar esta tarea, que hay que aprovechar.
Volvió a tocarse el tema de la difícil relación de la Iglesia católica con la modernidad. Es un hecho que le resulta más fácil recoger y asimilar fructíferamente la sabiduría popular, que es premoderna: en ella. por lo demás, ha cristalizado algo de los 500 años de vitalidad de la fe cristiana en América Latina, que son parte de la praxis histórica de la fe de la que depende la teología. Pero a la Iglesia y a la teología parece costarles reconocer los valores de la modernidad: aun más, hoy se perciben intentos de saltarse esa tarea. para caer directamente en lo posmoderno, visto demasiado rápidamente como retorno a lo religioso, tras el paréntesis secularista de la modernidad.
Se reconoció que no toda la teología que se hace en América Latina es teología de la liberación. Sin embargo. parecía claro que, después de ella, no debería caber entre nosotros una teología deshistorizada, que no se haga cargo, consciente y deliberadamente, de la realidad latinoamericana.
Se corre hoy en la Iglesia el riesgo de sectarismo, entendido como la pérdida de la referencia al todo. En parte. porque se acentúa unilateralmente la vocación eclesial del teólogo, dejándose en segundo plano la vocación teológica de la Iglesia ésta, en efecto, depende radicalmente de Dios y, por lo tanto. no es para sí misma. La teología, como reflexión sobre la propia fe, ha de ser el antídoto contra estas tendencias sectarias dentro de la Iglesia.
4.- El encuentro terminó con la presentación de la realidad actual de la teología en los seis países presentes en él. Destaco tres aspectos de los informes escuchados:
En Bolivia. Uruguay y Paraguay hay, desde hace relativamente poco tiempo, un centro universitario de teología en cada país: Chile, el sur de Brasil y Argentina, cuentan con centros de mayor tradición. Sin embargo, en todas panes se perciben dos problemas mayores: uno es el de la insuficiente dedicación al estudio, tanto de los profesores - cargados de muchas otras tareas institucionales y pastorales en la Iglesia - como de los alumnos. El otro problema es la proliferación de centros de formación sacerdotal, con el riesgo inevitable de mediocridad dadas la falta de personal competente. Y la dispersión a que se somete a los pocos profesores calificados.
En cuanto a los temas que centran la atención de los centros teológicos: en un extremo, en Bolivia, el acento está puesto en el tema de la inculturación del Evangelio en las culturas autóctonas; en el otro, en Uruguay. en la relación de la fe con la sociedad moderna secularizada.
Finalmente, hay países en que ya existen sociedades de teología que agrupan a los teólogos, como Argentina. Brasil y Chile: en Uruguay está en gestación: en Bolivia y Paraguay todavía no hay.
5.- Concluyo con tres reflexiones personales Estos encuentros entre teólogos latinoamericanos son enormemente positivos. Nos recuerdan que no basta estar, cada uno de nosotros, al tanto de la teología europea. Nos recuerdan que tenemos que colaborar en la reflexión acerca de la fe en nuestra situación y desde ella.
En segundo lugar, es de decisiva importancia que los teólogos de América Latina puedan dedicarse a hacer teología. Es verdad que la actividad pastoral es importante también para los teólogos, en la medida en que los pone en contacto directo con la realidad. Pero si los teólogos no hacen teología, ¿quién la va a hacer por ellos? Y me parece que nuestras Iglesias, en la actual encrucijada, necesitan imperiosamente el aporte de una teología bien pensada.
Finalmente. el Mercosur trae la modernidad - en esta fase suya posmoderna - a nuestros países, con una fuerza muy grande, casi con violencia, lo que hace necesario enfrentar desde la teología el tema de la modernidad, sin dejar de lado uno de sus núcleos vitales la tecnología.