PROLOGO

 

La bibliografía sobre San Francisco se nos enriquece con el trabajo de un religioso uruguayo, el Padre Fernando de Maldonado (O.F.M. Cap.), que culminó sus estudios en Roma con una hermosa tesis titulada "La Pedagogía de San Francisco de Asís".

Y cuando decimos que la bibliografía sobre el Santo se enriquece, no sólo nos referimos a las cualidades de esta obra, sino también a la originalidad del tema tratado. Es un tema en el que no se había trabajado hasta ahora; y es un tema apasionante ‑en el mejor sentido del término‑, pues sería obvio discriminar toda la trascendencia que la Ciencia Pedagógica tiene, y la necesidad siempre viva de que ella sea considerada en los planos más válidos, a la luz del Espíritu.

En la tesis del Padre Fernando volvemos a encontrar esa figura prodigiosa del Santo de Asís con su presencia plena, tal como se nos ha dado ‑¡para luz del alma!‑ en la hagiografía preciosa que a través de siglos se ha escrito, e incluso, en la iconografía insigne que ya llevamos como grabada en lo más recóndito de nuestras evocaciones felices y graves del que fue imitación milagrosa de Nuestro Señor Jesucristo.

El nuevo libro nos da la versión de aspectos de la vida y carácter de San Francisco con un gran don de síntesis y una dignísima sobriedad, adecuada al momento histórico en que se presenta la figura tan evocada a través del tiempo; es decir, sin repeticiones ni reiteraciones que podrían ser inertes, sino con una exacta medida, con un sentido de selección, y, además, con unas referencias bibliográficas que constituyen seria guía para todo el que quiera estudiar ‑ trascendente y melodioso vaso fundamental en la historia del mundo: el paso del Pobre de Asís.

Tal selección de los aspectos de la vida de Francisco de Asís y de su espiritualidad tiene en el libro del Padre Fernando de Maldonado, una orientación original: la de estudiar las relaciones de esa vida y de esa espiritualidad con los rasgos del santo como Maestro.

Al leer las biografías antiguas u modernas sobre Francisco de Asís, y al recorrer los sitios en que todavía se sienten sus ardientes huellas, se tiene una fuerte impresión de lo que él significó como conductor, como Maestro, como creador de una comunidad estrecha y resplandeciente. Sí; Francisco y sus compañeros; Francisco y Santa Clara; Francisco fundador; Francisco rodeado como por una constelación de hermanos.

En el "eremo in cárcere", cerca de Asís, varios sitios de los compañeros que en silencio y soledad estaban próximos en los momentos de meditación. En aquella tumba inolvidable de la Cripta de Asís, solo; pero cerca, rodeándolo, las tumbas de los más entrañables compañeros.

No podemos nunca pensar en San Francisco sin pensar en esa fraternal, cordial amistad, en esa dirección suave y segura, en esa respuesta de sus hermanos. Pero lo que no se nos había ocurrido era estudiar los resortes complejos de esta influencia, esos de tipo pedagógico que en este libro se estudian con lucidez, prudencia y profundo saber.

El autor aclara desde el comienzo; después de definir los caracteres de la Pedagogía como ciencia y como arte: "Estamos todos de acuerdo en que San Francisco no es un pedagogo, si consideramos la pedagogía desde el punto de vista científico, que supone una sistematización técnico‑práctica de los principios de la educación. Ha sido un educador es decir, ha conocido la pedagogía como arte, o sea la manera práctica de conducir al educando a la adquisición de las virtudes propias de un determinado ideal de perfección. Siendo el hombre un ser racional, todas sus acciones concientes serán dirigidas por el conocimiento y por la razón. Y así; si bien Francisco ha realizado una acción educativa, ella ha debido estar presidida y dirigida por conocimientos y principios contenidos implícitamente, por lo menos en la misma. He aquí justificado el título de nuestro estudio. Fin de nuestra labor: descubrir y ordenar sistemáticamente los principios implícitos y explícitos que guiaron la práctica y los escritos educativos de San Francisco.

De este modo nos da el autor la clave de su plan, y ya sabemos desde el comienzo que vamos a encontrar en el libro tal descubrimiento y ordenación de los principios prácticos de la educación del Santo, no una sistematización del contenido doctrinal de sus enseñanzas, que, según el Padre Fernando otros autores de espiritualidad franciscana han tratado. Confieso que no conozco yo textos sobre ese tema y creo que a nuestro ambiente no ha llegado nada, o por lo menos no se ha difundido. Razón más para celebrar la aparición de este excelente trabajo que nos ocupa.

La medida, la perspectiva estricta de la tesis nos llama la atención desde el comienza. Es decir que el Padre Fernando de Maldonado, franciscano, y como todo franciscano seguramente fervoroso entusiasta del Santo, ha logrado colocarse en un grado de objetividad y de rigor intelectual sumamente valioso y, en verdad, admirables. Ya esta es una dificultad notablemente salvada. El autor declara que, hablando de la piedad, sólo se ha de referir a los aspectos cristocéntricos que la caracterizan; que, al tratar de la educación de la voluntad, hablará únicamente de la pobreza y de la humildad, y que se atendía a las fuentes esenciales de la pedagogía del Santo, las cuales, "a excepción del Evangelio y de la doctrina de la iglesia "son" de orden empírico, pudiéndose afirmar, frente a la acentuada tendencia a mirarlo como un reformador, lo que esa pedagogía debe a su tiempo "o porque continúa una determinada tendencia de ideas, no porque las imita, o en fin, porque reacciona y se opone a ellas.

Planteado así el tema entra el Padre Fernando a estudiar la formación de San Francisco, evocando sus condiciones de ambiente, de educación familiar, los rasgos sicológicos manifestados desde su juventud, entre los que señala ese providencial don de guía, de conductor, ese rasgo revelador de la fuerza resplandeciente, que tiene una presencia maravillosa. Entre estos capítulos relacionados con los antecedentes del Santo aparece como esencial aquél en que el Padre Fernando estudia el proceso de conversión y auto educación de San Francisco; y digo esencial sobre todo por la trascendencia que ese proceso time para el ejercicio pedagógico del Santo. Tanto este capítulo como aquél en que se define, en breves y seguros rasgos, los caracteres de su personalidad son ajustados aportes para el tema. Y lección a recordar: la base de la acción pedagógica radica en la personalidad del Maestro; es éste el seguro de su vocación. Paralelamente, y con respecto a la Cultura, (pero podría extenderse a la acción pedagógica) se ha dicho en nuestros días: "La Cultura es una categoría del ser no del saber".

La irradiación magistral del Santo puede ilustrar así los conceptos de una Pedagogía cristiana. Esta Pedagogía existe: se nutre de las ciencias en todo lo que en ellas tienen de asimilable, de legítimo, de revelador. Crece así con el tiempo; progresa, sin concesiones cobardes, sin mimetismo (¡qué buena la expresión de la Encíclica Ecclesiam Suam del Santo Padre Pablo VI!); progresa con el adecuado, justo, rítmico paso. Esa Pedagogía cristiana que yo he caracterizado a veces como fundada en la diferenciación esencial entre concepto de persona y concepto de individuo, tan bien señalada por Maritain, tiene sus rasgos específicos. En el trabajo del Padre Fernando encontramos, el alto nivel de la figura de Francisco de Asís, la raíz más honda de esos rasgos. "Tendencia a lo concreto" dice el autor; y acepta luego, fundándose en una afirmación del P. Gemelli sobre el "modo concreto de amar" que tenía el Pobrecito: "este modo de amar debe corresponder necesariamente a una manera muy particular de ver y concebir las cosas, es decir, a una mentalidad que tiende a la contemplación directa de los objetos y a la representación concreta de las ideas e imágenes. Esta puntualización es justa, sutil y adecuada para señalar los dones pedagógicos del Santo. De allí el autor nos llevará a considerar las dotes típicas del mismo: el amor a la Naturaleza y el sentimiento poético, su pura mirada sobre el universo, la visión metafísica por la que ve la belleza de éste relacionada con la trascendental armonía de su origen y de su fin. Leyéndolo pienso hoy en esta visión del universo a que ha llegado Teilhard de Chardin, vivamente relacionado, en este aspecto, con el pensamiento franciscano. Y bien, el proceso de amor a la belleza, de amor a la Creación, de amor a la Poesía, tan eminente en Francisco de Asís, está condicionado por nuestro autor uruguayo con una lucidez y una agilidad que son fundamentales en su texto y en la estudiada evolución de los dones pedagógicos del Santo Poeta. Con ejemplos ya insignes, muy conocidos pero recordados en su justa medida y con gran poder plástico, aparecen las canciones que crecen junto a ese Amor y a ese sentimiento poético: la caridad fraterna, la magnanimidad, la cortesía, la compasión hacia los pobres, la jovialidad y el optimismo. Así, sobre esta base sicológica, sobre esta visión del Santo en todos sus aspectos y signos fundó el Padre Fernando su doctrina sobre "el fin de la educación franciscana”. Con una versación seria, que se advierte a cada paso; con una fundamentación erudita, signada en la rica y selecta bibliografía que aparece al pie de las páginas, con una erudición, en fin, nada pesada sino por el contrario compensada con rasgos de modestia y de gracia que agregan valor e interés al libro, el Padre Fernando entra a lo más específico del tema pedagógico marcando bien las líneas esenciales de la pedagogía cristiana, estudiando sus raíces y sus caracteres diferenciales. El lector podrá apreciar la claridad de exposición, tan completa como sintética y el interesante paralelismo que se puede establecer entre todo el estudio de esos rasgos, la personalidad del Santo, y, en fin, el estudio de los rasgos de toda Pedagogía para quienes se han dedicado a tal disciplina.

Culmina quizá todo este estudio en el excelente capítulo titulado "Visión sintética del Método" con una penetración y un acierto verdaderamente inspirados, el autor nos dice: "Dentro del método intuitivo ‑parábolas, comparaciones, representaciones, etc. ‑ la originalidad de San Francisco está en la dramaticidad con que representa y desarrolla el argumento Y dentro del aspecto dramático, es además original en San Francisco en presentarse a sí mismo en escena o ponerse en la narración como personaje principal. De esto resulta que las imágenes llamadas a representar en la fantasía y en la memoria del educando una idea o una forma de conducta, aumentan su poder sugestivo sobre la voluntad, pues están ligados a la figura tiernamente amada y admirada de San Francisco. ¡Qué honda es esta verdad, qué profunda la observación! Todo aquél que aspira a ser discípulo de Francisco tiene esa experiencia.

Podríamos glosar más y más capítulos del Padre Fernando. Sería robar más la atención del lector. Todos los capítulos sugieren esas líneas austeras, modestas, cordiales y profundamente apoyadas en un saber de alma y en un conocimiento de la Ciencia Pedagógica y de las Ciencias afines. Además, otros, más especializados en la materia, podrán decir más y mejor, y con más autoridad.

Yo he dado la primera noticia sobre este libro al leerla en su edición previa, en la edición de Roma –“Laurentianum" 1963‑. Y di la noticia en la reunión de la Venerable Orden Tercera de la Parroquia de San Francisco de Asís, que tengo la pura alegría de presidir. Todos los hermanos de la Orden se sintieron conmovidos por la aparición de un trabajo tan importante sobre nuestro amado Santo, realizado por un hermano, por un religioso uruguayo, por un intelectual de nuestro país.

Yo digo aquí la alegría de la Venerable Orden Tercera y la alegría de mi alma, como hija de San Francisco y como ávida buscadora de todo aquello que nos revela más y más sus profundos e inagotables tesoros

Octubre de 1964.

Dra. Esther de Cáceres