ACTUS-FLORECILLAS

CAPITULO XIII

Jerónimo Bórmida

 Este Trabajo es parte del Libro: La no Propiedad: una propuesta de los franciscanos del siglo XIVº. Si se desea el artículo con notas o el libro entero mandar un mail a bormida@sicoar.com.uy

 

Introducción

Actus-Fioretti

Se ha dicho que si se quisiera hacer una introducción seria, en base a los estudios hechos sobre las Florecillas, se tendría que "escribir un grueso libro, del cual cada página tendría 5 líneas de texto y el resto de notas justificativas". Para un estudio más complexivo con bibliografía sobre el tema me remito a los trabajos publicados por Quaglia en 1977 o por Petrocchi en 1955.

He confrontado muchas de las introducciones a las ediciones de las Florecillas. No he logrado pruebas determinantes, pero la mayoría de los críticos se pronuncian a favor de un original en Latín, los Actus Beati Francisci et sociorum eius, y una traducción al vulgar, las que alcanzan difusión universal bajo el nombre de Florecillas. Dado que no presentan diferencias substanciales, opto como base el texto italiano de las Fioretti, anotando, cuando fuere necesario, las diferencias con el texto latino. En realidad no encontré aportes muy diferenciados y novedosos. Para el objetivo de este trabajo creo suficiente la referencia a las introducciones y notas de las ediciones italiana, francesa, inglesa y española de las "fuentes". Los aportes que ofrecen se complementan en mayor o menor dependencia de idénticas fuentes de información.

Fecha

He encontrado dos grupos entre críticos y comentadores. Algunos fijan la fecha de la redacción del actual texto de las Florecillas entre 1327 y 1340. La edición inglesa, en la línea de crítica al parecer más común, partiendo del presupuesto de su carácter de mera traducción de los Actus, sitúa este trabajo en manos de otro autor anónimo, entre 1370-1385, dejando la fecha más temprana para la edición original latina. Esta segunda opinión es prevalente entre los críticos.

Los Actus-Florecillas dan la noticia de la muerte de Juan de la Verna, que acontece en 1322. La redacción, pues, es posterior. Encontramos documentos que testifican la presencia de Hugolino en las Marcas, ya de muy avanzada edad en 1342. Se fija la fecha de su muerte alrededor de 1344-1350, y en consecuencia la redacción tendría que ser anterior.

Como veremos en la exégesis del presente Capítulo, la polémica entre franciscanos y el papado, y muy concretamente el dilema del viaje entre Francia y Roma, podría situar la composición después de 1329, cuando Miguel de Cesena es condenado formalmente por el papa. Sea porque el texto refleja el esquema de la Apellatio del condenado, sea porque sus tonos calmos y conciliadores, hacen suponer aún muy viva y peligrosa la polémica. En 1331 encontramos a Hugolino "refugiado" en Nápoles, testificando contra un partidario de Miguel, lo cual podría implicar que en ese momento ha tomado distancia en su adhesión a las posturas "miguelistas".

El año 1329 es, pues, una buena fecha de partida para un texto, que con cierto dejo de clandestinidad, expresa de modo elíptico y simbólico sus opiniones. Todos los elementos que irán apareciendo a lo largo de la exégesis hacen suponer que el tema aún es candente y que la persecución está en su apogeo.

Autor

Hay coincidencia en atribuir la paternidad del texto latino de los Actus al Hermano Hugolino de Montegiorgio. Si bien no abundan los datos es posible ubicarlo en su contexto histórico, darle un cierto perfil ideológico y cultural bien determinados. Es autor de otras dos obras en latín: Tractatus de Provincia Picena (de las Marcas) y Vita Beati Joannis Firmani (Juan de la Verna). Vive y escribe en un contexto fuertemente influenciado por el movimiento de los espirituales.

Nació entre 1260-1270, entró en la Orden hacia el 1280-1285. Conoce a dos beatos exponentes de la segunda generación franciscana, Santiago de Massa Firmana (+1285) y Santiago de Falerone (+1285), recordados como informantes en varios capítulos de las Florecillas. No menciona jamás haber estado en relación con hermanos de la primera generación que podría haber conocido: el hermano Gil muere en 1261, el hermano León en 1271 y el hermano Maseo en 1280. La fecha de su muerte, como dijimos, se fija entre el 1344-1350.

Se discute sobre la identidad del autor de la edición italiana, la que ha llegado hasta nuestros días y que ha sido la más difundida. La famosa edición de Sabatier en 1902, parte del presupuesto del carácter de traducción del actual texto italiano, y a nuestro autor le atribuye la paternidad de los Actus. De hecho la mayoría de los especialistas se pronuncia por un texto latino anterior, cuyo autor sería Hugolino. Los Fioretti serían una traducción anónima, de fin de siglo y relativamente libre. Así, por ejemplo, la edición inglesa y francesa de las fuentes.

Unánimes en afirmar la autoría de Hugolino, los críticos concuerdan también en considerar de distinta procedencia los cinco capítulos de las Consideraciones sobre las llagas. Este bloque sería posterior y escrito por otro autor, dentro de la vasta literatura nacida en torno al género literario "florilegio". Para la edición inglesa las consideraciones habrían sido escritas entre 1269 -1293.

Para Quaglia la edición italiana de los Fioretti, sería una obra orgánica, unitaria de inspiración y de lengua. El tema estructurante de las Florecillas es el de la conformidad, que une el texto desde el primer capítulo hasta el capítulo final de las Consideraciones, que no pueden ser consideradas un apéndice. Las Florecillas tienen que ser leídas en sí y por sí mismas, tanto en el plano artístico como en el plano espiritual. Si bien se podría hablar de parentesco literario con los Actus, de fuentes comunes, no se sabe de qué original latino habrían sido traducidas las Florecillas. Quaglia supone que los Actus son posteriores y que son una traducción latina, no muy feliz, del original italiano, aunque con esta afirmación es consciente de dar coces contra todos los expertos.

Sin tomar partido, parece que la corriente más actual de la crítica se orienta por admitir como dato adquirido una anterioridad del texto latino, cuyo autor sería Hugolino de Montegiorgio, y que habría escrito los Actus entre 1329 y 1339.

Género literario

Si estamos ante un original italiano y no ante una traducción, entonces es una obra escrita en vulgar, para el pueblo, no para los frailes. Si admitimos un original latino, entonces habría que suponer que el autor tenía intención de formar conciencia al interno de la Orden, en la cual se quieren proteger e insuflar las ideas del movimiento espiritual.

Generalmente se la clasifica como prosa poética, dentro del género literario "florilegio" o si se prefiere, "ramillete de hechos", muy corriente en la época. Por lo tanto resulta difícil encontrar una estructura clara que permee todo el texto. Los 53 capítulos de las Florecillas son un "rosario de episodios", un "ramillete de flores" cuyo lazo de unión, prácticamente único, es la figura de Francisco, que educa a los discípulos de la primera generación y pervive entre los Espirituales.

"La presencia invisible de Francisco en los últimos capítulos quiere probar que la fisonomía espiritual del franciscanismo está viva y presente en sus mejores hijos de la tercera generación. La obra quiere construir un sólido puente histórico -lo más seguro posible y confeccionado del más puro metal espiritual- entre Francisco y los primitivos caballeros de Dama Pobreza. Quiere demostrar que el auténtico espíritu de San Francisco sobrevivía -íntegro y puro, vivo y operante- entre sus amigos espirituales de las Marcas de Ancona, donde sus figuras resplandecían a modo de constelación en el firmamento de la perfecta pobreza".

Para algunos el texto en lengua vulgar es considerado uno de los mejores, y posiblemente el primer libro del "aureo trecento" en lengua italiana. Sin embargo no podemos confundir la discusión en la originalidad literaria de una obra con el cuestionamiento de la originalidad de contenidos. Más allá del posible carácter de traducción del texto italiano, es admirable su espíritu creativo, la fraseología ágil y original. Cuanto más se estudian los Actus-Florecillas, más se admira su originalidad.

En algunos pasajes podemos determinar con relativa precisión las fuentes del material utilizado por el autor. En muchos otros, Hugolino depende y se remite especialmente a tradiciones orales pasadas por varias manos.

Los objetivos que se propone un autor que escoge el género literario florilegio se distinguen claramente del que opta por escribir una biografía. y por lo tanto no podemos exigir del autor de los Actus-Florecillas un perfil histórico completo de los personajes. Además, la selección del material, los hechos que se destacan y aquellos datos que curiosamente se omiten, la estructuración de los datos, el mundo mágico de lo sobrenatural, todo denuncia claramente el ambiente ideológico de los Espirituales.

Estructura

La mayoría de los críticos dividen la obra en tres partes. Del Capítulo 1 al 31 trata directamente de San Francisco. Del 31 al 40 de la primera generación Franciscana. Del Capítulo 41 al 53 de la segunda y tercera generación de los santos franciscanos de la provincia de las Marcas, como ya dijimos, verdadero refugio de los que observan la Regla. La mayoría considera las cinco Consideraciones sobre las llagas como un anexo que no forma parte de la obra original.

El Capítulo 41, bisagra entre la segunda y la tercera generación presenta la figura de Simón de Asís, uno de los primeros compañeros de San Francisco y que tiene innegablemente la fisonomía de "un Espiritual". El capítulo introduce la sección siguiente, lanzando con suma habilidad un puente entre Umbría y las Marcas, entre la primera y segunda generación de franciscanos. El viejo hermano de Asís ayuda a un joven hermano de las Marcas tentado de abandonar la Orden y lo transforma en un hermano seguro de su vocación e inflamado de amor divino y del prójimo.

No he encontrado comentarios que vayan más allá en la búsqueda de estructuras internas del texto. Sin embargo me parece que hay algunos bloques evidentes.

El Capítulo Iº trata de cómo Francisco fue conforme a Cristo bendito en todos los hechos de su vida. A continuación tenemos un claro grupo de cinco capítulos (2 al 6) con la "Vida de Bernardo". Se cierra con Francisco moribundo bendiciendo a Bernardo, como Isaac a Jacob el primogénito. El Capítulo VIIº retoma el tema de la conformidad. Dios Padre quiso hacer a Francisco conforme y semejante a su Hijo Jesucristo. Luego tenemos otra vez cinco Capítulos, dos sobre el Hermano León, y tres sobre el Hermano Maseo, centrados en el tema del Espíritu guía en el camino, a pesar de que el Capítulo 12 no encaja bien en este bloque. El Capítulo XIIIº cierra la sección con el tema de la conformidad. El siervo y seguidor de Cristo, Francisco, quiere conformarse perfectamente a Cristo en toda cosa.

El Capítulo XIV podría ser o bien la conclusión de la sección independiente anterior, o bien la introducción del tema general de la serie de narraciones posteriores: Dios en medio de ellos, el Espíritu Santo el que habla por ellos.

Capítulo Iº: Conformidad con Cristo en la forma de vida apostólica.

Cinco capítulos Vida de Bernardo

IIº *Bernardo fundador

IIIº *Humildad de Bernardo

IVº* Libertad de los seguidores del evangelio

* La Regla más perfecta de la historia

VIº * Bernardo sucesor del Patriarca Francisco

Capítulo VII: Conformidad de Francisco en la tentación y en la cruz

Cinco capítulosVida de León

VIIIº *Francisco y los suyos perseguidos

(verdadera alegría)

IXº *Francisco y los suyos condenados

(maitines sin breviario)

Vida de Maseo

*La pobreza es belleza y fuerza de Dios

XIº *El camino querido por Dios

XIIº *Virtudes de Maseo

Capítulo XIIIº: Conformidad en la altísima pobreza observada por Cristo y los apóstoles

Capítulo XIVº Cristo y su Espíritu entre Francisco y los suyos

Este capítulo XIV podría ser

* la conclusión de toda la gran sección anterior

* la introducción a la gran sección siguiente,

* una bisagra entre ambas

Con excepción de este bloque, que me parece tiene una estructura bastante evidente, el resto del texto me resultó realmente un verdadero florilegio donde me fue imposible, al menos por ahora, encontrar estructuras claras. En la introducción ya hice mención de la estructura general universalmente aceptada.

En la parte primera Francisco es la figura central del relato, en la segunda se narran hechos de los hermanos de la primera generación, y la última está dedicada a la tercera. A lo cual habría que añadir un apéndice de cinco capítulos con las Consideraciones sobre las llagas.

El objetivo general de la obra, de acuerdo a esta estructura, sería el demostrar que los hermanos del movimiento espiritual de la tercera generación son los auténticos depositarios de la vocación evangélica que inició Francisco.

A renglón seguido trascribo el texto en castellano, traducido por mí de la edición crítica de de las "Fonti Francescane".

El Texto

Cómo San Francisco y el Hermano Maseo colocaron sobre una piedra, junto a una fuente, el pan que habían mendigado, y cómo San Francisco alabó mucho a la pobreza. De cómo luego suplicó a Dios y a San Pedro y San Pablo que lo inflamasen de amor por la pobreza, y de cómo se les aparecieron San Pedro y San Pablo

El admirable siervo y seguidor de Cristo, messer San Francisco, para conformarse en todo perfectamente a Cristo, quien, como dice el evangelio, envió a sus discípulos de dos en dos a todas las ciudades y lugares a donde él debía ir, una vez que, a ejemplo de Cristo, hubo reunido doce compañeros, los mandó de dos en dos por el mundo a predicar. Y para darles ejemplo de verdadera obediencia, se puso el primero en camino, a ejemplo de Cristo, que comenzó a obrar, antes que enseñar. Habiendo asignado a los compañeros las otras partes del mundo, él tomó al hermano Maseo por compañero y se dirigió a las tierras de Francia.

Al llegar un día muy hambrientos a una ciudad, fueron, según la Regla, a pedir de limosna el pan por amor de Dios. San Francisco fue por un barrio y el hermano Maseo por otro. Pero sucedió que San Francisco era hombre de aspecto muy despreciable y pequeño de estatura, por lo que daba la impresión, a quien no le conocía, de ser un pobrecillo vil, no recogió sino algunos mendrugos y desperdicios de pan seco. Al hermano Maseo, en cambio, por ser tipo grande y hermoso de cuerpo, le dieron buenos y grandes trozos, y aún panes enteros.

Terminado el recorrido, se juntaron los dos en las afueras de la ciudad para comer en un lugar donde había una hermosa fuente, y cerca de la fuente, una hermosa piedra, ancha, sobre la cual cada uno colocó la limosna que había recibido . Y viendo San Francisco que los trozos de pan del hermano Maseo eran más numerosos y más hermosos y grandes que los suyos, no cabía en sí de alegría y exclamó:

- ¡Oh Hermano Maseo, no somos dignos de un tesoro como éste!.

Y como repitiese varias veces estas palabras, le dijo el hermano Maseo:

- Padre carísimo, ¿cómo se puede hablar de tesoro donde hay tanta pobreza y donde falta lo necesario? Aquí no hay ni mantel, ni cuchillo, ni tajadores, ni platos, ni casa, ni mesa, ni criado, ni criada.

-Esto es precisamente lo que yo considero gran tesoro -repuso San Francisco- el que no haya aquí cosa alguna preparada por industria humana, sino que todo lo que hay nos lo ha preparado la santa providencia de Dios, como lo demuestran claramente el pan obtenido por limosna, la mesa tan hermosa de piedra y una fuente tan clara. Por eso quiero que pidamos a Dios que nos haga amar de todo corazón el tesoro de la santa pobreza, tan noble, que tiene por servidor al mismo Dios.

Dichas estas palabras, y habiendo hecho oración y tomando la refección corporal con aquellos trozos de pan y aquella agua, reanudaron el camino hacia Francia.

Llegados a una iglesia, dijo San Francisco, al compañero:

-Entremos en esta Iglesia, para orar.

Y San Francisco fue a ponerse detrás del altar; se puso en oración, y en ella recibió un fervor tan intenso de la visitación de Dios, que encendió fuertemente su alma del amor a la Santa Pobreza; parecía, por el resplandor del rostro y por su boca desmesuradamente abierta, que despedía llamaradas de amor. Y marchando así encendido hacia el compañero le dijo:

-¡Ah, ah, ah!, hermano Maseo, entrégate a mí.

Lo repitió tres veces, y , a la tercera, San Francisco levantó en alto al hermano Maseo con el aliento y lo lanzó hacia adelante a la distancia de una lanza grande. Esto produjo gran estupor al hermano Maseo, y más tarde contó a los compañeros que, cuando San Francisco lo levantó y lo despidió con el aliento, él sintió en el alma tal dulcedumbre y tal consuelo del Espíritu Santo, como nunca lo había sentido en su vida .

Después de esto dijo Francisco:

-Mi querido compañero , vamos a San Pedro y a San Pablo a pedirles que nos enseñen y ayuden a poseer el tesoro inapreciable de la santísima pobreza, ya que es un tesoro tan noble y tan divino, que no somos dignos de poseerlo en nuestros vasos vilísimos; esta es una virtud celestial por la cual vale la pena pisotear todas las cosas terrenas y transitorias; por ella caen al suelo todos los obstáculos que ponen delante del alma para impedirle que se una libremente con Dios eterno. Esta es aquella virtud que hace que el alma, viviendo en la tierra, converse en el cielo con los ángeles; ella acompañó a Cristo en la Cruz, con Cristo fue sepultada, con Cristo resucitó, con Cristo subió al cielo; las almas que se enamoran de ella reciben, aún en esta vida, ligereza para volar al cielo. Porque ella templa las armas de la amistad, de la humildad y de la caridad. Pediremos, pues, a los santísimos apóstoles de Cristo, que fueron perfectos amadores de esta perla evangélica, que nos alcancen esta gracia de nuestro Señor Jesucristo: que nos conceda, por su santa misericordia, hacernos dignos de ser verdaderos amadores, cumplidores (observadores), y humildes discípulos de la preciosísima, amadísima y angélica pobreza.

Platicando de esta suerte, llegaron a Roma, y entraron en la Iglesia de San Pedro; San Francisco se puso en oración en un ángulo de la iglesia, y el hermano Maseo en el otro. Permanecieron largo rato en oración, con muchas lágrimas y gran devoción; en esto se aparecieron a San Francisco los santos apóstoles Pedro y Pablo rodeados de gran resplandor y le dijeron: puesto que pides y deseas observar lo que Cristo y sus santos apóstoles observaron, nos envía nuestro Señor Jesucristo, dado que tu oración ha sido escuchada, y te ha sido concedido por Dios, a ti a tus seguidores, en toda perfección, el tesoro de la Santísima Pobreza. Y todavía más: te comunicamos de parte suya que a todos aquellos que, a tu ejemplo, abracen con perfección este ideal, El les asegura la bienaventuranza de la vida eterna; y tú y todos tus seguidores seréis bendecidos por Dios .

Dichas estas palabras, desaparecieron, dejando a San Francisco lleno de consuelo. Al levantarse de la oración, fue donde su compañero y le preguntó si Dios le había revelado alguna cosa; él respondió que no. Entonces San Francisco le refirió cómo se le habían aparecido los santos apóstoles y lo que le habían revelado. Por ello, llenos de alegría, los dos determinaron volver al valle de Espoleto, dejando el viaje a Francia.

En alabanza de Cristo; Amén.

Familias de palabras

Comienzo el estudio haciendo una especie de encuesta. Intento recoger todos los elementos que el texto nos ofrece en vistas a una propia y cabal comprensión a partir del texto mismo. En una primera lectura exploratoria agrupo las expresiones más significativas en varias "familias de palabras". Luego presento un análisis del vocabulario. Termino haciendo algunas hipótesis exponiendo cuáles son los cables conductores que recorren el texto, buscando descubrir su arquitectura, su armazón estructural, las primeras pistas para la ulterior investigación de significado.

Iglesia-Piedra-Pedro-Apóstoles

El título ofrece una primera cadena de significado: pan-piedra-fuente-pobreza-Pedro-Pablo. Guiados por este hilo conductor nos abrimos a una de las familias de palabras estructurantes del relato. Una primera agrupación con sentido se establece en torno a los conjuntos Piedra-Pedro-Fuente-Iglesia; Pedro-Pablo-Apóstoles-Pobreza.

La secuencia de la piedra-fuente-pan-iglesia-Pedro-Pablo-apóstoles-Cristo aparece unida por los temas de la pobreza y del camino.

El camino, en pobreza y hacia la pobreza, es determinado por dos destinos:

- Francia, que aparece tres veces. Al inicio, cuando Francisco hace la opción apostólica. Luego del banquete sobre la Piedra, al reanudar el camino. Al salir de la Iglesia no se menciona explícitamente, aunque está implícita en el cambio de destino. Al final, retornando a Espoleto, con la decisión de abandonar el "proyecto Francia".

- La Roma de San Pedro y San Pablo, La Roma de la Iglesia de Pedro, es el camino alternativo propuesto por el Espíritu recibido en la Iglesia del Camino.

La Fuente y la Piedra están en las afueras de la ciudad, cercanas la una de la otra. La fuente es clara y hermosa, la piedra, hermosa y ancha. La hermosa piedra sirve de mesa para compartir el pan mendigado, el pan de la pobreza.

El conjunto piedra-fuente-mesa, el agua-pan configura un gran tesoro no provisto por ninguna industria humana, sino solamente por la providencia de Dios. El banquete tiene por servidor al mismo Dios.

En una iglesia del camino, (en el texto latino no hay sacerdote ni sacramentos) Francisco recibe la visitación de Dios y la consolación del Espíritu y es impelido a dar marcha atrás en el proyecto Francia. El nuevo destino será la Roma de Pedro y Pablo. Estos Apóstoles son calificados como perfectos amadores de la perla evangélica de la pobreza. Intercederán ante Cristo para que Francisco y los suyos puedan ser verdaderos amadores, cumplidores ("observatori") y humildes discípulos de la preciosísima, amadísima y evangélica pobreza.

En la Iglesia de San Pedro se aparecen los santos Apóstoles de Cristo. De su parte le comunican que Dios mismo les da el permiso de observar lo que Cristo y los santos Apóstoles observaron de modo perfectísimo: el tesoro de la santa Pobreza.

Al final los Apóstoles prometen a Francisco -y sus seguidores que sigan perfectamente su ejemplo- la seguridad de la vida eterna y la bendición de Dios.

La primera familia de sentido, la más numerosa en frecuencia y palabras, apunta a una temática claramente eclesiológica:

Pedro-Piedra-Fundamento;

Piedra-Fuente-Agua-bautismo;

Piedra-mesa-pan partido-Dios ministro-Eucaristía;

Roma-Pedro y Pablo-Iglesia

de Pedro-Iglesia apostólica.

Estamos ante un texto, que relaciona la Iglesia de la Piedra-Pedro, la de Cristo y la de los apóstoles de Cristo, con la iglesia de Francisco y de sus seguidores.

El pan mendigado, el tesoro de la pobreza.

El título conduce a otro de los núcleos semánticos. Si unimos las claves del título (fuente-piedra ; pan-pobreza; Pedro-Pablo) estamos, ante el eje temático de la narración. El vocabulario en torno al tema pobreza es variado y admite varios agrupamientos.

Comenzamos con el aspecto exterior de los protagonistas:

- Por una parte San Francisco: aspecto despreciable (uomo troppo disprezzato), pequeño de cuerpo, daba la impresión de ser un pobrecillo (poverello) vil.

- Por otra Maseo, hombre grande y bello de cuerpo.

Reciben un juicio desigual de la gente de la aldea.

Sigue el tema del tesoro, del cual no se es digno. Paradoja de la coexistencia de un tesoro con tanta pobreza y donde falta lo necesario; no hay ni mantel, ni cuchillo, ni tajadores, ni platos, ni casa, ni mesa, ni criado, ni criada. Es un tesoro que no proviene en absoluto de la industria humana. Todo lo ha preparado la santa providencia de Dios. Es amado solamente por quien ha recibido el don de Dios. Es noble, inapreciable, divino.

El tema de la virtud agrupa otras expresiones. Es celestial, vale la pena más que todas las cosas terrenas y transitorias, hace caer todos los obstáculos que impiden unirse libremente con Dios eterno, hace que viviendo en la tierra, se converse en el cielo con los ángeles. Es una virtud que acompañó a Cristo en la Cruz, que con Cristo fue sepultada, con Cristo resucitó y con Cristo subió al cielo. En esta vida da ligereza para volar al cielo, templa las armas de la amistad, de la humildad y de la caridad.

Los Santísimos apóstoles de Cristo, han sido los perfectos amadores de esta perla evangélica, son intercesores ante nuestro Señor Jesucristo, a fin de alcanzar esta virtud de modo perfecto.

Cristo es el único que tiene poder para conceder, por su santa misericordia, hacerse digno de ser verdadero amador, cumplidor, y humilde discípulo de la preciosísima, amadísima y angélica pobreza.

Francisco, pequeño, vil, despreciado a los ojos del mundo, es el enviado por Cristo. Dios mismo le concedió observar,a él y a los suyos, exactamente lo mismo que Cristo y sus santos apóstoles observaron: la perfección total del tesoro de la Santísima Pobreza.

El Espíritu Santo

El Espíritu aparece en el centro del relato. Tanto temática como físicamente - contando las palabras - en la mitad exacta del texto, el Espíritu interrumpe el proyecto narrativo, cambiando su dirección. Constituye el grupo semántico más fuerte luego de los dos anteriores.

Francisco obra movido por el Espíritu, no mandado por hombres: al inicio, en el capítulo Iº, es Francisco en persona quien toma la iniciativa de la misión y él mismo había escogido para sí una meta: Francia. En un segundo momento será el Espíritu quien irrumpe en el camino, cambia su proyecto y le señala una nueva dirección.

Una serie de palabras claves ubican al lector en el ámbito del Espíritu: amor, corazón, oración, llamas de amor, fervor muy intenso, visitación de Dios, estupor, consuelo, dulzura de ánimo, rostro resplandeciente, boca desmesuradamente abierta. Francisco queda de tal manera encendido que levantó en alto al hermano Maseo con el aliento y lo lanzó hacia adelante a la distancia de una lanza grande.

La pobreza ligada al Espíritu propicia una unión libre con Dios eterno, da ligereza para volar, y templa las armas de la amistad, de la humildad y de la caridad. En la iglesia del camino, la que está fuera de la ciudad, gobierna el Espíritu, la unción, el fervor, la llamarada de amor, la libertad.

En este contexto "espiritual" se formaliza el nuevo destino del viaje que el Espíritu impone a Francisco y Maseo.

Discípulos - seguidores

Los temas del discipulado, del seguimiento forman otro de los grupos temáticos del relato.

Francisco es el discípulo-apóstol descrito como siervo y seguidor, conformado en todo perfectamente a Cristo; tiene doce compañeros; los manda de dos en dos; comenzó a obrar, antes que enseñar.

La pobreza es descrita como la discípula que acompañó a Cristo en la Cruz, con Cristo fue sepultada, con Cristo resucitó, con Cristo subió al cielo. Francisco y sus seguidores, al abrazarla, son amadores, observantes, y humildes discípulos que quieren observar lo que Cristo y sus santos apóstoles observaron.

Los dos caminos

La narración se desarrolla en camino. A Francisco y Maseo siempre se los menciona con sus nombres diferentes, y sus caminos se bifurcan y se juntan constantemente.

Se separan al entrar a la Aldea. Francisco es pequeño, feo, de aspecto despreciable y vil, de la gente de la ciudad recibe mendrugos y pedacitos de pan seco, mientras que al contrario es depositario del entendimiento acerca del tesoro, recibe la visitación de Dios y del Espíritu y la revelación apostólica.

 

Maseo es bello, hombre grande, de buena apariencia. De la gente de la ciudad recibe muchos y buenos pedazos de pan, e inclusive panes enteros. Pero, al contrario, no entiende el misterio del tesoro, no experimenta la visitación de Dios y el consuelo del Espíritu, ni la revelación apostólica.

Se juntan primero para compartir el pan mendigado. Consecuentemente comparten el entendimiento del tesoro de la pobreza, el Espíritu, la revelación y la misión apostólica.

Maseo, el bello y grande, comparte el pan. Francisco, el vil, despreciable, el pequeño, es intermediario del entendimiento, del Espíritu, de la revelación y de la misión.

Fuera, en camino, sin industria humana

El relato comienza fuera y termina fuera. A lo largo del camino se entra y se sale, pero es el camino el que califica la narración.

Dentro de la ciudad no hay entendimiento. El primer discurso-revelación se hace en el banquete de las afueras del pueblo, donde no hay nada preparado por industria humana, todo es providencia de Dios, quien es, por añadidura, el servidor.

En una iglesia de las afueras, se da la efusión del Espíritu. No hay sacerdote, no hay sacramentos, solo hay revelación y visitación de Dios y consuelo del Espíritu.

Afuera, en el camino hacia la Iglesia de Pedro, donde se hace el largo discurso sobre la pobreza apostólica.

Roma es la ciudad del entendimiento, de la revelación, el lugar donde están Pedro y Pablo, donde se encuentra la iglesia de Pedro, la de Dios y de Cristo. Pero en el texto no aparece ninguna referencia explícita al Papa o a la Jerarquía. El texto deja abierta un interrogante desde esta ausencia, por demás expresivo.

En un relato también los silencios son importantes. El texto que estamos analizando no ofrece indicios que permitan, a primera vista, referirse a lo estructural, a lo orgánico, jerárquico, a lo sistémico. Francisco y Maseo se encuentran recorriendo un camino en las afueras.

Análisis de vocabulario

Una primera exploración del texto ha permitido descubrir los distintos conjuntos de sentidos. Ahora tomo las expresiones más significativas para hacer un análisis más detenido del vocabulario. El método será muy simple, pues me limito a constatar si el uso es frecuente y significativo en las llamadas fuentes. Tengo en cuenta tres niveles contextuales: los llamados "escritos de San Francisco", consciente de su diversa atribución al autor; las biografías primitivas; el material textual contemporáneo a la redacción de las Florecillas.

Doce discípulos, Maseo

El relato parece referirse a tres hechos históricos netamente diferentes. El primero, cuando "envió a sus hermanos de dos en dos y poco tiempo después se reunieron nuevamente" . El segundo en ocasión de escribir "por primera vez la Regla, cuando tenía once hermanos, y cómo se la aprobó el Señor Papa..." El tercero cuando "quiso, por humildad, ir a regiones lejanas, igual que había enviado a otros hermanos..."

El texto de las Florecillas toma del primer hecho solamente el envío "de dos en dos", análogo al de la misión apostólica de Jesús. En ese momento Francisco tenía solamente siete discípulos. Esta misión de la fraternidad naciente tuvo lugar en el otoño de 1208; Bernardo y Gil tomaron el camino de Santiago de Compostela, Francisco con su compañero se dirigió hacia el Valle de Rieti. El Hermano Maseo no formaba parte del grupo.

Del segundo acontecimiento el autor del relato toma el número doce y la ida a Roma. Las diferencias entre ambos relatos son notables.

En Celano tenemos once hermanos, que con Francisco, en conjunto, conforman el número de los "doce". Es un grupo apostólico que incluye a Francisco, quien, como sus compañeros, es discípulo de Cristo. El viaje a Roma tiene como objetivo encontrar al Papa Inocencio, a quien se solicita la confirmación de la forma de vida presentada por Francisco.

En las Florecillas Francisco ocupa el lugar de Cristo. Como él tiene doce discípulos. La ida a Roma tiene la finalidad de encontrar directamente a los Apóstoles Pedro y Pablo, sin hacer una mención de su vicario en la tierra.

El tercer incidente: es la única vez en la que las biografías mencionan el deseo del viaje a Francia. El Espejo de Perfección ubica el viaje iniciado y frustrado en ocasión del Capítulo de Pentecostés de 1217. La analogía estructural del relato es muy evidente. Aparece la misión de la fraternidad, la oración para el discernimiento, el cambio de destino a mitad de camino, la vuelta a Espoleto. No se menciona a Maseo, y no es el Espíritu Santo sino Hugolino que le impide continuar el viaje, y no se incluye Roma como destino alternativo.

El autor de las Florecillas ofrece suficientes evidencias a un lector que conoce las fuentes. El lector puede percibir que su relato no se ubica dentro del género literario "historia".

Conformarse en todo, perfectamente a Cristo

Mientras que el verbo "sequor" aparece 19 veces en los escritos de Francisco, solamente encontramos una vez la palabra "imitatio" y no hay trazas de la "conformatio".

La "Regla y vida de los hermanos es seguir la doctrina y las huellas de Nuestro Señor Jesucristo". La forma vitae franciscana está caracterizada, definida por la "sequela". Hay que seguir la voluntad de Dios ; la vida, la doctrina, caminar tras los pasos de Cristo, muy especialmente tras su pobreza y humildad. Se sigue su ejemplo hasta en las cuaresmas que el mismo Jesús practicó en vida. Los hermanos deben seguir al Señor en la tribulación, la persecución, el sonrojo, el hambre, la debilidad y la tentación y... en todo lo demás.

El tema del seguimiento se fundamenta en el relato de la vocación de Bernardo, cuando la consulta al evangelio revela a Francisco la coincidencia entre lo que él buscaba y la propuesta discipular evangélica.

El tema de la imitación de Cristo, desconocido en los escritos, aparece con cierta frecuencia en las biografías. El texto más significativo es, posiblemente, el de la "ultima cena". Queriendo "imitar" en todo a Cristo, al fin de su vida "amó a los suyos hasta el extremo", "tomó un pedazo de pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a comer a sus discípulos" .

El tema de la conformidad aparece muy desarrollado en la Leyenda Mayor de San Buenaventura. Estamos ante uno de los códigos de lectura de la vida de Francisco que tendrá mucha influencia en el período posterior.

Muy tempranamente se van introduciendo en las biografías alegorías artificiosas que comparan la vida de Cristo con la de Francisco. Por ejemplo, Jacob que, desde lejos, trae regalos al pobre en su muerte, se convierte en figura de los magos que trajeron dones al pobre en el nacimiento.

Quizá el texto más significativo de esta época muy temprana sea este pasaje de la Segunda de Celano. Francisco se va transformando en otro Cristo: "Hermano, le preguntaban, ¿no es éste el Cristo?" Respondió el hermano: "Sí que es él". Pero otros inquirían con nueva pregunta: "¿No es San Francisco?" Y el hermano respondía igualmente que sí. Y es que, tanto al hermano como a la multitud que acompañaba a Francisco, les parecía que la persona de Cristo y la del bienaventurado Francisco era la misma".

Las Florecillas reflejan el último estadio de la reflexión. La "conformidad" entre Francisco y Cristo es una de las principales claves interpretativas de los autores franciscanos del siglo XIV.

A ejemplo de Cristo, que comenzó a obrar antes que enseñar.

El ejemplo, la primacía de las obras sobre las palabras, son temática común en los escritos. Véase, a título de ejemplo, el tema de la predicación en el capítulo 17 de la Regla no Bulada y la Amonestación 6. Sin embargo el texto de las Florecillas no está directamente referido a la problemática fundacional. Transcribe, literalmente, una expresión, diríamos "técnica", corriente en otros textos franciscanos contemporáneos.

La aserción, que aparentemente es innegable, es uno de los argumentos de peso en la disputa sobre el tema de Cristo y la propiedad privada y común de los bienes. Jesucristo, puesto que él es perfecto, no pudo haber obrado en contradicción a lo que él mismo enseñó al joven rico que buscaba la perfección. Si él enseñó a no poseer, entonces no poseyó.

En una sección agregada tardíamente al Espejo de Perfección, encontramos literalmente esta expresión en el contexto de la predicación. En los mismos años en los cuales se está redactando el texto de las Florecillas, delante del Consistorio, en Aviñón, al preguntarse sobre si Cristo y sus Apóstoles tuvieron propiedades, Ubertino de Casale utiliza un argumento que suena exactamente igual: "Jesucristo nunca predicó nada que antes él mismo no hubiera practicado".

Un título de propiedad "civil y secular" otorga al propietario la facultad de recurrir a juicio ante juez civil y secular a fin de defender sus propiedades y de recuperarlas en caso de haberlas perdido. No cabe la menor duda que Cristo enseñó a los apóstoles que "al que te lleve a juicio para quitarte la túnica, dale también el manto"; "al que te robe el vestido no le prohíbas quitarte también la túnica"; "al que te quita lo que es tuyo, no se lo prohíbas". Afirmar, pues, que Cristo tuvo propiedad en este sentido estricto, es herético, porque contradice la escritura.

La expresión ubica el relato de las Florecillas y su temática de fondo dentro de la polémica contemporánea entre el Papado y la Orden, entre dominicos y franciscanos y entre corrientes internas de la Orden. Es una expresión que pone fecha al relato y denuncia la opción ideológica del autor.

Francia

Una lectura ingenua hace pensar en algunos aspectos históricos de la vida de Francisco y de su primitiva fraternidad. Recordemos el origen de su nombre, y el de su voluntad de ir a Francia, ligada a su admiración por esta nación que tanto veneraba la eucaristía. A pesar de lo cual no es término común en escritos y biografías. En su dictado al Hermano León sobre la Verdadera Alegría, Francisco no encuentra motivos de gloria en ver dentro de la Orden ni al Rey de Francia ni a los prelados ultramontanos.

No parece que la "Provincia de Francia" de las Florecillas tenga algo que ver con la historiografía de los orígenes franciscanos. El lugar tiene mucha importancia en un relato de viaje. El capítulo comienza con el proyecto del viaje a Francia, un cambio de destino divide el texto en dos, y en su clausura aparece el abandono del objetivo Francia.

Ubiquemos el relato, en la década de 1320, en los contextos de la tormentosa polémica entre el papado y la Orden acerca de si Cristo y los apóstoles tuvieron o no propiedades. No podemos ignorar que en la época redaccional de nuestro texto el Papa está en Francia. El papa de Aviñón acababa de condenar las propuestas de los Espirituales y las del mismísimo Capítulo General de Perusa. El texto del anatema papal está clara y directamente vinculado al capítulo que estamos analizando.

El punto focal de la discusión es el siguiente: si ha de considerarse o no herética la siguiente afirmación pertinaz: "Nuestro Redentor y Señor Jesucristo y los apóstoles no tuvieron nada en particular, ni siquiera en común." A lo cual hay que añadir una especificación: "no tenían en modo alguno derecho a usar" las cosas que usaban, y "tampoco tenían derecho a venderlas o darlas, ni adquirir con ellas otras".

El Papa afirma que tal doctrina está expresamente en contra de la Sagrada Escritura, y ataca los fundamentos mismos de la fe católica. "Por consiguiente, habiéndome aconsejado con nuestros hermanos, declaramos que en el futuro, tal aserción pertinaz ha de considerarse, con razón, errónea y herética".

La Constitución pontificia no calma los ánimos ni causa asentimiento en una Orden de Hermanos que no quiere perder su identidad. Ante las dificultades en la obediencia, que llegan a extremos de oposición radical y hasta violenta, el 3 de junio de 1327, Juan XXII manda llamar a Miguel de Cesena. Este deberá viajar sin demora a Aviñón. Miguel en persona narra la sucesión de acontecimientos en la Apelación contra la decisión papal, que realiza el 13 de abril de 1328.

Notificado del llamado, acusa recibo y comunica que una enfermedad le impide cumplir el mandato. Adjunta certificados médicos. Llega a Aviñón y es recibido por el Papa el 2 de diciembre de 1327. El encuentro es pacífico y ambos conversan de algunos problemas secundarios de la Orden, sin tocar el tema de la controversia.

En abril de 1328 es llamado nuevamente ante la corte papal. Juan XXII lo acusa de ser el responsable de la Carta circular del Capítulo General de Perusa de 1322, y tacha de hereje, tanto a él como al Capítulo. Recurriendo a los mismos argumentos, Miguel intenta convencerlo de que la doctrina que defiende la Orden no es herética, sino al contrario fiel y católica.

No llegan a ningún entendimiento; las posturas son irreductibles. Entonces el Papa prohíbe, bajo pena de excomunión, que Miguel y otros compañeros salgan de la Curia Romana de Aviñón.

El Papa, dice Miguel, lo acusa a él y a toda la Orden, al Capítulo General y a todos los seguidores y fieles observantes de la Regla de San Francisco. A todos sin excepción los acusa del crimen de herejía. La condena no pesa solamente sobre el General, el Capítulo y sobre algunos frailes extravagantes. Para Juan XXII son herejes todos y cada uno de los que pretendan observar la Regla de San Francisco, y por añadidura, lo que es más grave, condena como heréticos a los Papas anteriores y al Concilio de Vienne que habían aprobado como fiel y católica la doctrina que la Orden sostiene.

Miguel siente gravada su propia conciencia, es consciente del encargo del Capítulo, tiene sobre sí el peso de todos y cada uno de los hermanos de la Orden, y se ve obligado a salir en defensa de la iglesia universal, atacada por el pensamiento de Juan XXII.

Antes de que la situación se agrave aún más, lanza una apelación contra la decisión papal. Confesando que tiene miedo, inclusive por su vida, no presenta personalmente la apelación a la corte papal. Delante de algunos notables apela directamente a la Sede Apostólica. Declara que los actos de Juan XXII son nulos e inválidos hasta que no se dicte sentencia delante de la Sede de los Apóstoles.

"Convoco y apelo a la Sede Apostólica tal como lo permite y lo exige el derecho. Insistente y reiteradamente apelo a la instancia Apostólica. Confío mi propia persona, y mis afirmaciones, a la Orden y a cada uno de mis hermanos, a la corrección, protección y defensa de la Sede apostólica y de la Santa Madre Iglesia".

Se llega a la ruptura total. El papa condena a Miguel y Bonagracia que se escaparon de Aviñón y exige que se les traiga a su presencia, junto a Guillermo de Ockam. Los acusa de crimen de herejía y de otros crímenes enormes.

Se suceden los comunicados anunciando que Miguel ha sido depuesto de su cargo y que ha sido privado de todo oficio y beneficio. Para completar el cuadro, y enmarcar perfectamente la lectura de este Capítulo XIII, es muy significativo saber que Miguel se fue de Francia a Roma.

Haciendo caso omiso de la censura papal, Miguel explica en una carta a toda la Orden que el que se hace llamar papa Juan XXII está contra la Iglesia Romana a la cual los hermanos tienen que obedecer en todo. Dice a los hermanos que temiendo por su vida apeló a la Santa, Católica y Apostólica Iglesia Romana y que se fue a la ciudad de Roma a dar curso al juicio de apelación con la aprobación del Emperador y del Clero y pueblo romanos. Como obedecer a Juan XXII equivaldría a condenar su alma y confesarse hereje, exhorta a todos los hermanos a no obedecer al papa que por ser hereje está privado de todo poder y autoridad.

El 20 de abril de 1329, jueves santo, el Papa termina lanzando la excomunión solemne a Miguel de Cesena.

Como dato que permite confirmar que el autor conocía estos hechos, Hugolino de Montegiorgio aparece en Nápoles en 1331, testificando en un juicio contra Andrea de Gagliano, sospechoso de ser partidario de Miguel de Cesena. Este hecho permite ubicar mejor al escritor y su obra. Por su adhesión a las ideas del Capítulo de Perusa tuvo que huir a la corte de Nápoles, protectora de los espirituales. Y aunque no sabemos del tenor de las declaraciones de Hugolino en el juicio, no cabe la menor duda que está directamente relacionado con el tema del viaje que Francisco hace entre Francia-Roma según las Florecillas.

Pienso que se explica el porqué de la intervención del Espíritu prohibiendo seguir el camino a Francia, donde Juan XXII acababa de condenar la tesis sostenida en el texto. Razones tenía el Espíritu cuando manda hacer el viaje a la Roma de Pedro y Pablo, la ciudad apostólica donde no se menciona el papado.En el relato de las Florecillas no aparece la ida a Roma para pedir la confirmación del Papa Inocencio III. Si el papa contemporáneo está en contra de las decisiones de los papas anteriores, la licencia la darán directamente los apóstoles.

La ciudad, dos barrios

En el Sacrum Commercium Francisco es descrito como aquél que esforzadamente procura a Dama Pobreza, aquella a la cual Cristo entregó las llaves del reino de los cielos. La búsqueda comienza por la ciudad, dividida también en dos sectores, ninguno de los cuales demuestra tener entendimiento. El texto ofrece muchas analogías con el de las Florecillas.

"Diligente, como un curioso explorador, se puso a recorrer con interés las calles y plazas de la ciudad, buscando apasionadamente al amor de su alma.... Al no poder entenderse con él le decían: "hombre no sabemos de qué hablas, exprésate en nuestra propia lengua y sabremos responderte. Los hijos de Adán no tenían en aquel tiempo ni voz ni sentido...A quien venía a preguntar por ella no le podían responder con palabra de paz.... ¿Qué nueva doctrina es la que propones a nuestros oídos?.... "

Ubertino de Casale en su "Arbol de la vida" hace una transcripción libre del texto del Sacrum Commercium, y nos presenta un texto con analogías aún más claras con el Capítulo XIII. La pobreza es el Tesoro escondido, la piedra firme sobre la cual se funda la casa evangélica. Francisco, "explorador curioso comenzó a buscar, a recorrer las calles de la Iglesia y a examinar la vida de cada individuo, preguntándoles hasta qué punto amasen la pobreza evangélica...."

Escuchando la respuesta de las clases populares Francisco se fue a sus jefes, a sus pontífices. Pero precisamente fueron los pontífices los que respondieron con mayor dureza. El texto de Ubertino sigue traduciendo el Sacrum Commercium al contexto polémico de la propiedad privada y común: "Quién puede vivir sin poseer bienes materiales".

La ciudad-iglesia es el lugar donde no hay revelación. Ninguno de los dos barrios de las Florecillas entienden el misterio. No lo entienden ni las clases populares, ni los pontífices de la Iglesia. Tratan a Maseo y a Francisco según las apariencias.

Despreciable, pequeño de estatura, pobrecillo, vil.-Hombre grande, bello de cuerpo

Estamos ante un tema privilegiado en los Escritos de San Francisco. En las dos redacciones de la Carta a los Custodios, encargados de llevar graves mensajes a los grandes de la tierra, Francisco previene con total clarividencia de la radical oposición entre la clave hermenéutica del mundo, tanto de los hombres en general, como inclusive de los mismos religiosos. Hay una mirada según Dios que está en las antítesis del juicio común.

En un contexto cristológico la Admonición V nos previene del juicio errado y de la vana-gloria que perjudica al hombre. En un contexto más amplio el texto de la Verdadera Alegría nos habla de las falsas felicidades de la historia

La Forma de vida evangélica que se propone la nueva fraternidad coincide con el mirar de Dios: "Empéñense todos los hermanos en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo... y deben gozarse cuando conviven con gente de baja condición y despreciada, con los pobres y débiles, y con los enfermos y leprosos y con los mendigos de los caminos".

Piedra

En su cosmovisión cristocéntrica Francisco abrazaba todas las cosas con indecible afectuosa devoción, y caminaba con respeto sobre las piedras, por respeto a aquel que se llama Piedra.

Pero en este texto la palabra ha de ser ubicada en un contexto claramente eclesiológico y pauperístico. "Fue la pobreza a la que en el comienzo de su predicación puso Cristo como lámpara en manos de los que entran por la puerta de la fe, y como roca en la cimentación de la casa".

Ubertino de Casale glosa así el texto anterior: "En esa (la pobreza) está la piedra firme sobre la cual ha sido fundamentada la casa evangélica que no deberá ser abatida por las embestidas de los torrentes, ni despedazada por el imperio de los vientos, ni por las lluvias torrenciales, ni desquiciada por los golpes de la tempestad. A ella Jesús le consignó la pacífica posesión del reino de los cielos en esta tierra, mientras que a las otras virtudes se lo prometió en el tiempo futuro".

Ni mantel, ni cuchillo, ni tajadores, ni platos, ni casa, ni mesa, ni criado, ni criada

El texto parece hacer alusión casi literal al banquete que Dama pobreza hace con Francisco y los suyos al final del Sacrum Commercium. Una vez que hubieran llegado a destino, Dama pobreza inquirió a los hermanos por las cosas comunes en la vivienda de otros hombres religiosos:

"Muéstrenme primero el oratorio, la sala capitular, el claustro, el refectorio, la cocina, el dormitorio y el establo, los pulcros asientos, las mesas bien pulidas, y las inmensas casas. Veo que todo esto brilla aquí por su ausencia; a ustedes, en cambio los encuentro alegres y contentos, desbordando de gozo, repletos de consolación, como si todo estuviera dispuesto conforme a su talante."

"A continuación la llevaron al lugar donde estaba preparada la mesa. Una vez allí observó todo atentamente, y, al no ver más que tres o cuatro mendrugos de pan de cebada o salvado puesto sobre la hierba, en el colmo de su asombro decía entre sí: ¿Quién vio jamás cosa semejante por generaciones de generaciones?'"

"Préstenme entonces, dijo, un cuchillo para mondar lo superfluo de las hierbas y cortar el pan, que está muy duro y seco! Dispensa Señora, le contestaron, no tenemos herrero que nos forje cortantes (espadas)... Y ¿no tienen un poco de vino?, añadió ella. Señora nuestra, le respondieron, vino no tenemos, pues lo esencial para la vida del hombre son pan y agua; además, no está bien que tú bebas vino, ya que la esposa de Cristo debe huir del vino como del veneno".

El precioso relato del Sacrum Commercium termina con la "Esposa de Cristo" descansando "desnuda" con su cabeza apoyada sobre una "Piedra". Aquí también la temática eclesiológica se repite. La iglesia fundada sobre piedra es la esposa desnuda del desnudo.

Industria humana - Providencia divina

En la polémica sobre la propiedad, se hace frecuente alusión a la distinción entre derecho divino y derecho positivo humano. El estado de "justicia original" del hombre, el "paraíso", el estadio feliz de la historia de la humanidad implica la negación de toda propiedad. Que algo esté consagrado por el derecho civil, por la ley del imperio, no garantiza que sea la ley, el proyecto de Dios.

La Iglesia Pobre, la única verdadera discípula del desnudo, cuando cuenta su historia en el Sacrum Commercium, siente en carne viva la añoranza de aquella iglesia adamítica donde todo era providencia de Dios.

"Pero "¡ay!, de improviso sucedió una catástrofe... el miserable creyó a quien tan mal le aconsejaba hasta darle su consentimiento, y olvidándose de Dios, su Creador, imitó al primer prevaricador y transgresor. Al principio estaba desnudo, según afirma de él la Escritura- pero no sentía vergüenza, porque residía en él una plena inocencia. ... Le hizo entonces una túnica de piel... Y viendo a mi compañero cubierto con la piel de los muertos, me alejé por completo de él, ya que su única aspiración consistía en multiplicar sus trabajos para hacerse rico...."

No podemos dejar de ver a trasluz la crítica a toda la exuberante exterioridad de la Iglesia medieval, toda su pompa, es pura industria humana, prevaricación del camino divino. Tanto Escoto como Clareno denuncian que el único título que la iglesia cuenta para reclamar derechos sobre sus actuales propiedades es el derecho imperial, y la única forma de salvarlos será, consiguientemente, manteniendo y legitimando al gobierno imperial. Si cesara la autoridad del emperador, desaparece la legitimidad de las propiedades eclesiásticas. El tesoro de la iglesia presente es pura "industria humana", no es "providencia divina".

Ubertino de Casale distingue claramente entre las propiedades que Cristo y los discípulos hubieran podido poseer y aquellas que de ningún modo serían coherentes con su opción de vida. No podían tener propiedades según el normal derecho civil, pero, al contrario, tenían que poseer aquellos bienes necesario para el derecho natural elemental de toda persona humana, aquello que fue previsto por la providencia divina para todo ser viviente.

Iglesia(s)

La palabra nos conduce a uno de los temas importantes de los Escritos. " El Señor me dio una tal fe en las Iglesias, que oraba y decía sencillamente: "Te adoramos... "; "Después de esto el Señor me dio y me sigue dando una tal fe en los sacerdotes que viven según la forma de la santa iglesia romana..." No haremos ni un elenco ni un estudio de los diferentes textos, variados y de primer nivel, que nos ponen en contacto con uno de los temas centrales del movimiento franciscano. Baste tomar conocimiento del hecho.

El gusto de Francisco y los suyos por las iglesias de los caminos aparece bien documentado en las biografías primitivas. Los biógrafos describen a Francisco enseñando a orar a la primitiva fraternidad. Como Jesús enseña a rezar el Padre Nuestro. Luego se mencionan la oración y algunas prescripciones del Testamento. "Ellos guardaban en todo las instrucciones del Santo Padre y así se postraban humildemente ante todas las iglesias y cruces que podían divisar de lejos, orando según la forma que se les había indicado".

Este gesto, común entre los hermanos de la primera hora, tiene una relevancia especial en el texto de las Florecillas. Se encuadra dentro de su contexto eclesiológico y pauperístico. En una de esas iglesias del camino, fuera de la ciudad, frecuentemente abandonadas, tendrá lugar la infusión del Espíritu. Allí se abandona el "proyecto Francia" y se asume el "proyecto apostólico".

Dulcedumbre y consuelo del Espíritu Santo

Imposible desarrollar aquí el tema del Espíritu en los Escritos. El Espíritu del Señor es uno de los elementos estructurantes de la espiritualidad franciscana, independientemente de la polémica "espiritual", generada muy tempranamente en la orden. Más adelante nos detendremos en este punto.

En algunos textos del primer siglo franciscano, posiblemente tardíos, podríamos encontrar analogías que presentan resonancias hasta verbales con el nuestro. Pero nos parece que tendríamos que apuntar a otra serie de textos como el siguiente:

"Es cierto que los santos apóstoles han sido puestos como especiales fundamentos de este género de vida, sobre la misma piedra angular, Cristo Jesús, sobre la cual se construye y llega a su cima todo el edificio del estado eclesiástico. Sin embargo, dado que la sinagoga debía ser excluida por culpa de su perfidia, y dado que los gentiles no estaban preparados para aceptar una forma de vida tan excelsa, el Espíritu Santo mostró a los Apóstoles que el estado de la perfección de la vida evangélica no debía de ser transmitido a la muchedumbre de sus contemporáneos. Esta es la razón por la cual no impusieron a las iglesias que fundaron la observancia del estado de vida que habían recibido de Cristo y que habían observado a la perfección. Esto había sido reservado al tercer estadio general de todo el mundo, en el cual está simbolizada de modo especial la persona del Espíritu Santo. Es el tiempo de la apertura del sello, es decir en el sexto estadio de la iglesia, en el cual se debía revelar a la Iglesia la vida de Cristo y se habría de volver al principio de la perfección de la vida de Cristo. Como si se estableciesen nuevos confines y nuevos principios a la iglesia, tornando a la iglesia primitiva".

S. Pedro y S. Pablo - Iglesia de S. Pedro

También en este caso no importa mucho analizar lo que los textos de los escritos o de las biografías primitivas dicen de los Apóstoles y de la Iglesia de Pedro. Es muy clara la referencia de Francisco y los hermanos de la primera hora a la Iglesia romana, expresión equivalente a iglesia apostólica o a iglesia de Pedro.

El texto de los Actus-Florecillas trata de probar que el tipo de pobreza que excluía toda propiedad, la perfección de la pobreza, tal como lo suponía la Regla Franciscana, había sido aprobada por los apóstoles, porque tal habían sido la forma de vida que los mismos apóstoles había recibido de las palabras y del ejemplo de Cristo.

En el relato se supone un argumento que no puede ser refutado: no hay herejía si fue aprobado por la Iglesia de Roma. El Capítulo de Perusa basa su razonamiento en este principio, y para ello cita textos que demuestran la aprobación romana. Se termina concluyendo la ortodoxia y la santidad de la propuesta de los seguidores de Francisco. Volvemos sobre un punto importante: en las Florecillas la Iglesia de Pedro está en Roma y allí el Papa no se encuentra: son los apóstoles en persona, de parte del mismo Cristo, quienes aprueban sin intermediarios terrestres la propuesta de Francisco.

El texto fundamental en el cual los franciscanos basan su defensa es el de la Exiit qui seminat, de Nicolás III: "Estos son los discípulos de esta Regla santa que se funda en la palabra del evangelio y está cimentada en los ejemplos y en la vida de Cristo, fortificada por las enseñanzas y la acción de los Apóstoles, fundadores de la Iglesia militante". Según los defensores de la tesis de un Cristo sin propiedades, la decisión de Juan XXII condenaba como herético tanto a su propio predecesor, como a los franciscanos que se mantenían firmes en la fidelidad al magisterio pontificio anterior.

Trataremos más en extenso este asunto. Por el momento es suficiente como para caer en la cuenta que el contexto de las Florecillas convierte este Capítulo XIII en verdadero alegato. Por más distinciones y concesiones que hiciera la fraternidad no logró evitar la condenación de la postura franciscana.

El Capítulo de Perusa dice que "afirmar que Cristo y los Apóstoles no poseyeron nada en propiedad, ni privada ni común, equivale a sostener que ellos observaron una pobreza altísima y perfectísima. Por lo tanto esta afirmación no es herética". Texto que puede parecer intranscendente, ingenuo, pero desencadenó persecuciones. Estamos ante un tema con implicaciones mucho más profundas de lo que a primera vista puede parecer.

Virtud-perfección

Si el movimiento franciscano hubiera hecho del tipo de pobreza con eliminación de todo tipo de propiedad, tanto privada como comunitaria, solamente una opción tan legítima como libre de la Orden, entonces no se hubieran suscitado tantos problemas. El movimiento es mucho más atrevido en su propuesta. Tocco nota que la impostación del problema:

Hacía "temer, y no sin motivo, que sostener la pobreza absoluta de Cristo y de sus apóstoles habría traído como consecuencia que solamente la Orden franciscana tendría que ser reputada como verdadera seguidora del divino maestro, y por el único custodio de sus enseñanzas, que por lo tanto a la religión franciscana le correspondería una supremacía no solamente sobre el clero secular, sino también sobre todas las demás religiones, sin excluir la de los dominicos." "Contra estas doctrinas que destruían el fundamento del derecho y de la sociedad, tenían que protestar y protestaron la mayor parte de los cardenales y de los obispos, especialmente aquellos que habían dedicado al estudio del derecho la mayor parte de su vida". "Si fuera verdadera la teoría minorítica, caerían bajo condenación las propiedades temporales de la iglesia; dado que parece absurdo que la iglesia sea rica y mendigo su esposo Jesucristo".

En la literatura franciscana fácilmente se adorna esta virtud con todas las perfecciones del mundo tanto presente como escatológico. La altísima pobreza deja el campo de la ascética y de la mística para entrar en el de la propuesta política, es decir formulando un proyecto de sociedad global fundada sobre otros parámetros. La pobreza defendida por los hermanos y atacada por el poder papal, está mucho más cerca de la ideología que de la fe.

Dentro de estos contextos se explica por qué el autor escoge un género literario que le permite transmitir un mensaje en código. El lenguaje optado por el autor de las Florecillas es fruto de temores y condenas. Proviene de la experiencia de la clandestinidad.

Se parte de la identificación de Cristo con la perfección humana. A renglón seguido viene su identificación con la altísima pobreza que excluye toda forma de propiedad. El razonamiento, guste o no, obliga a elaborar, tarde o temprano, un verdadero proyecto alternativo de sociedad, que terminará entrando en conflicto con los proyectos dominantes.

"En el conjunto de las preclaras y nobles virtudes que preparan en el hombre un lugar para morada de Dios e indican el camino más adecuado y expedito para llegar hasta él, hay una que por especial prerrogativa destaca sobre todas las demás y por gracia singular las aventaja en títulos ¡La santa Pobreza! ... Las demás virtudes, si están afianzadas sobre esta base, no tienen por qué temer las lluvias torrenciales, ni la crecida de los ríos, ni los vientos huracanados que se desencadenen amenazando ruina. "

" No sin razón se atribuye todo esto a la pobreza cuando el mismo Hijo de Dios, el Señor de las virtudes y el Rey de la gloria, sintió por ella una predilección especial, la buscó y la encontró cuando realizaba la salvación en medio de la tierra. Fue a la pobreza a la que en el comienzo de su predicación... puso como lámpara y como roca...".

Entran en juego dos concepciones antagónicas de mundo, dos maneras irreconciliables de concebir la iglesia. Por una parte la mayoría de los componentes sociales sostienen, al menos con sus hechos, que la propiedad es una perfección y por lo tanto Cristo y los Apóstoles no pudieron carecer de una de las posibles perfecciones de la naturaleza.

Para los franciscanos, por el contrario, la propiedad está dentro de la esfera del pecado y por lo tanto de la muerte. Es, de algún modo, efecto del pecado. Se establece una contienda análoga: hay que luchar contra el pecado y sus consecuencias, por lo tanto hay que luchar contra la propiedad. Visto en positivo, esta lucha se convierte en búsqueda de la perfección, del ideal supremo, del mundo soñado y querido por Dios, que como en los orígenes, no padece ni las apropiaciones ni las parcelaciones. Por lo cual los "perfectos", los que ya están gozando del reino, o los que han optado radicalmente por el reino, tales como Cristo, los Apóstoles y los religiosos, no pueden tener propiedades, y afirmar lo contrario es herético y blasfemo.

La bienaventuranza de la vida eterna y la bendición de Dios.

Las palabras suenan al final del Testamento:

"Y todo el que guarde estas cosas sea colmado en el cielo de la bendición del Altísimo Padre, y sea colmado en la tierra de la bendición de su amado Hijo, con el santísimo Espíritu Paráclito y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos. Y yo el hermano Francisco, vuestro pequeñuelo siervo, os confirmo cuanto puedo, interior y exteriormente esta santísima bendición".

Usando términos tales como "Iglesia de Pedro", haciendo recurso a la autoridad de Pedro y Pablo, el texto de las Florecillas nos remite a un vocabulario técnico. Imita las fórmulas habituales empleadas por los documentos pontificios de la época. El texto suena con la misma fuerza y autoridad que un documento papal.

La indulgencia plenaria que los Papas conceden a los que van a tierra Santa contiene estos dos elementos: la seguridad de la vida eterna y la bendición de Dios. Solamente que el texto de las Florecillas tendría que haber concluido con los habituales anatemas y maldiciones para quienes no acepten la autoridad apostólica.

La revelación de Dios

Francisco tiene una clarísima conciencia de que al origen de su vocación, en los orígenes del movimiento que genera su opción personal de vida está solamente la revelación de Dios y la moción de su Espíritu: El testamento reitera " El Señor me dio.... él mismo me condujo.... y me sigue dando..." al inicio de cada frase. Y concluye recordando que cuando "el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba lo que debía hacer, sino que el mismo Altísimo me reveló que debía vivir según la forma del Santo Evangelio." Esta conciencia le daba a Francisco una firmeza y una convicción sin fisuras. Con esta certeza Francisco supo resistir la incomprensión oficial.

"A partir del año 1000, en el mismo momento en que el "pueblo parece aspirar a una vida religiosa más auténtica y profunda, la incomprensión de la Iglesia en relación al Pueblo -paradojicamente- va a resultar cada vez más profunda, y a endurecerse hasta el punto de traducirse en confrontación sin equívocos, Se tiene la impresión clara de que la Jerarquía y el Pueblo hablan lenguajes diferentes"

"(Francisco) en un tono calmo que no polemiza y que no deja aparecer ninguna traza de anticlericalismo, afirma explícitamente: "después que el Señor me dio hermanos, nadie me mostraba lo que tenía que hacer"... En esta afirmación, dolorosa pero bien clara, se puede percibir, en caliente, la actitud de un testigo de la religión popular hacia la Iglesia, percibida como la parte cultivada de la comunidad cristiana, y que debía de estar allí, como guía consciente e iluminada. La afirmación de Francisco nos muestra -he aquí la contradicción- que esta iglesia, depositaria de carismas, convencida de ser la parte más viva de la cristiandad, ha terminado por abandonar a su destino a sus fieles más humildes".

Nicolás III, en la Exiit qui seminat, parecía haber canonizado el hecho de la inspiración divina, de la revelación dada por Dios mismo a Francisco de Asís. "Esta es, en fin, la religión pura e inmaculada a los ojos de Dios Padre, la religión que desciende del Padre de las luces, y que su hijo ha transmitido a sus apóstoles por medio de su ejemplo y su palabra. La que el Espíritu Santo ha inspirado al Bienaventurado Francisco y a sus discípulos. Religión que encierra en sí el testimonio de la Trinidad entera

Estructuras del relato

Doy otro paso en la lectura del Capítulo XIII. Intentaré presentar la estructura interna de la narración. Tenemos el relato desmontado. Con todas las piezas en mano, podemos ahora examinar el esqueleto que le da coherencia y sentido.

Plan narrativo

Francisco emprende un viaje con el objetivo de conformarse más a Cristo. Es de notar que en las perspectivas de las Florecillas, al inicio del camino él ya está conformado con aquél de quien es perfecto siervo y discípulo. El objetivo es una mayor conformidad con la misión de Cristo. El hecho narrado recuerda la ida a Roma, cuando eran doce, incluido Francisco. En ese caso el objetivo del viaje sería recibir del Papa la confirmación apostólica de la forma de vida que le había sido revelada a Francisco por el mismo Señor.

En el contexto histórico de las Florecillas, en el marco de la polémica sobre la vida apostólica y la propiedad, el propósito del viaje a Francia coincide con la lucha por obtener la aprobación papal para el proyecto de vivir sin propiedades exactamente como Cristo y los Apóstoles. Este propósito de vida, abrazado por los seguidores de Francisco sigue siendo revelación de Dios e impulso irrefrenable del Espíritu Santo. El Papa francés condena este estilo de vida que llevaron y enseñaron perfectísimamente tanto Cristo como los Apóstoles. Aunque no mencionado explícitamente, en el relato juega el rol del adversario que impide al sujeto operador del relato la consecución del objetivo a alcanzar, o sea la confirmación de la revelación divina por medio de la autoridad apostólica.

Al inicio es el mismo Francisco quien toma la iniciativa. Se pone en camino hacia la Piedra-Fuente. En la mitad exacta del relato aparece un nuevo personaje, el Espíritu Santo, quien se convierte en nuevo "destinador" de la acción narrativa. En esta segunda parte, dado que en Francia encuentran solamente adversarios, Pedro y Pablo serán los aliados que permitirán a Francisco conseguir el objeto deseado. Por mandato del mismo Cristo, presentando a Dios mismo como evaluador, le dan garantías de la aprobación de la autoridad apostólica a la revelación del Altísimo.

Maseo representa a todos los seguidores de Francisco, espectadores del drama de la Orden condenada por el poder papal. Estos están padeciendo la persecución de Francia y son consolados por el Espíritu a través de Francisco que explica el misterio que le fuera revelado y consigue la aprobación en la Sede Apostólica de los mismísimos Pedro y Pablo, ya que se lo niega u sucesor, que se ausentó de su sede natural. Roma aparece como elemento contrario a Francia. La ciudad como lo que está en contradicción con el Espíritu Santo. Roma es complementario o subalterno al Espíritu Santo, y consecuen-temente se relacionan la No-Roma como el No-Espíritu. En la Ciudad y en Francia se tienen juicios opuestos a los del Espíritu, a los de Cristo, al de los Apóstoles y a la del mismo Dios.

Como vemos, el texto contiene, en apretada síntesis, toda la conflictividad del momento histórico de la Orden Franciscana del Siglo XIV. En primer lugar, el rol central del Espíritu Santo que privilegia a los pobres evangélicos; en segundo lugar la Iglesia de Cristo y de los Apóstoles, que es la que vive su altísima pobreza y la que confirma a aquellos que en el presente quieren vivir este estado de perfección, no a todos concedido. En tercer lugar, la iglesia que niega a Cristo y a los apóstoles y condena a los pobres. Lugar donde no está el Espíritu Santo, donde no hay ni entendimiento ni revelación de Dios.

 

NO ROMA  

ESPIRITU SANTO

No-Iglesia de Pedro.

No-Pedro y Pablo

se condena la perfección que vivieron y enseñaron Cristo y los Apóstoles

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Privilegia al Pequeño, al Feo, al vil, al des-preciable, no hay re-velación ni consuelo para el el bello y el grande. Exaltación de la pobreza.
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El bello, el hombre gran-de es apreciado, estima-do; no se entiende la po-breza; el pobre y los pe-queños son viles y des-preciables.  

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Iglesia de Pedro y Pa-blo, de parte de Dios, da permiso para vivir lo que vivieron y en-señaron Cristo y los Apóstoles.
NO-ESPÍRITU SANTO  

ROMA

El contexto global de las Florecillas.

La conformidad

Francisco, en todos los actos de la vida fue conforme a Cristo bendito (C. 1). El verdadero siervo de Cristo San Francisco, en ciertas cosas fue casi otro Cristo. Fue dado al mundo para salvación de los pueblos. Dios Padre lo quiso hacer conforme y semejante a su hijo Jesucristo (C.7). El maravilloso siervo y seguidor de Cristo, Messer S. Francisco, quiso conformarse perfectamente a Cristo en toda cosa (C. 13).

El tema de fondo, la semejanza de Francisco con Cristo, es uno de los elementos que da cohesión profunda a las Florecillas. Sin embargo, la terminología específica de la conformidad desaparece casi totalmente del resto de las Florecillas.

El asunto reaparece pocas veces. Por ejemplo, cuando se narra acerca del cuidado y posterior curación milagrosa de un leproso, leemos en el Capítulo 25: "El verdadero discípulo de Cristo, meser S. Francisco, viviendo en esta miserable vida, se ingeniaba con todo su esfuerzo en seguir a Cristo, perfecto maestro; de donde resultaba frecuentemente que, por divina operación, a quien él sanaba de cuerpo, Dios le sanaba contemporáneamente el alma, tal como se lee de Cristo."

En el capítulo 31 se dice que así como Jesucristo dice en el evangelio: "yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí', del mismo modo el bienaventurado padre san Francisco, como buen pastor, conocía por divina revelación todos los méritos y las virtudes de sus compañeros, y del mismo modo conocía todos sus defectos."

El tema del Buen Pastor que se preocupa de las ovejas vuelve en el Capítulo 38, cuando Francisco conoce por revelación la condenación del Hermano Elías.

De todos modos el grupo de los 13 primeros capítulos tiene un vocabulario propio y definido, distinto del resto de la obra y una temática específica que lo individualiza.

Características de la conformidad

Así como Cristo en el comienzo de su predicación escogió doce apóstoles, asó lo hizo San Francisco (C. 1; 7). Ambos discipulados tienen la misma vocación a la pobreza. (C.1).

Cristo y Francisco tienen traidores. De un lado Judas Iscariote, del otro Juan de la Capella, que apostató y también él terminó al fin ahorcándose (C.1).

Los discípulos de Francisco poseen idéntica santidad, humildad y plenitud del Espíritu Santo (C.1). Francisco como Cristo fue dado al mundo para salvación de los pueblos (C.7). Ambos tienen impresa en la carne el admirable misterio de los Sagrados estigmas (C.7). Así como Cristo, también Francisco pasó cuarenta días de ayuno en el desierto, donde ambos fueron tentados. La tentación de Francisco y la tentación de Cristo consisten en la vanagloria. Francisco con un medio pan alejó de sí el veneno de la vanagloria por ser absolutamente igual a Cristo (C.7).

Francisco ha recibido el mismo poder de Cristo en lo referente a la misión y predicación. El admirable siervo y seguidor de Cristo así como Cristo, como dice el evangelio, envió a sus discípulos de dos en dos a todas las ciudades y lugares a donde él debía ir, una vez que, a ejemplo de Cristo, hubo reunido doce compañeros, los mandó de dos en dos por el mundo a predicar (C.1). Los dos se distinguen por hacer primero lo que después van a predicar. (C.13).

El tema de la pobreza

El tema de la "pobreza" estructura los primeros 13 capítulos.

En el Capítulo primero abre el discurso dejando en claro que la vocación apostólica y franciscana se define por el desprecio de toda cosa de este mundo y por el seguimiento de Cristo en pobreza y en las demás virtudes. La vida apostólica se define por la posesión de la altísima pobreza.

En el capítulo 2 Francisco declara que Bernardo fue en realidad quien había fundado la Orden, por haber sido el primero que abandonó el mundo sin reservarse nada para sí mismo. Al dar todas las cosas a los pobres de Cristo, fue el iniciador de la pobreza evangélica, y se ofreció desnudo a los brazos del Crucificado.

El tema de la desnudez (desnudo seguir al desnudo) es retomado en el Capítulo 30, cuando el Hermano Rufino es mandado por Francisco a predicar desnudo como cuando nació, y cuando Francisco, también desnudo se pone a predicar del desprecio del mundo, de la santa penitencia, de la pobreza voluntaria, del deseo del reino celestial y del oprobio de la pasión de nuestro señor Jesucristo. Los que atraviesan fácilmente el río de la vida son los que siguen a Cristo desnudo en Cruz (C.36).

En el capítulo 6, el hermano Bernardo, recibe de parte de Francisco la misma bendición que Jacob dio a Isaac, quedando así constituido en heredero de la promesa, en el fundador del pueblo. Bernardo fue el primogénito elegido para dar ejemplo evangélico en el seguimiento de Cristo mediante la pobreza evangélica, pues no solo dio todo lo tuyo y lo distribuyó total y libremente a los pobres por amor de Cristo, sino que se ofreció a sí mismo en la orden en sacrificio de suavidad.

La pobreza es el tesoro evangélico al cual se compara el reino de Dios. Francisco teje un encendido elogio del tesoro inapreciable de la santísima pobreza, un tesoro tan noble y tan divino, que no somos dignos de poseerlo en nuestros vasos vilísimos; ésta es una virtud celestial, es la perla evangélica por la cual vale la pena pisotear todas las cosas terrenas y transitorias. Es virtud preciosísima, amadísima y angélica.

Es medio de unión con Dios: Por ella caen al suelo todos los obstáculos que se ponen delante del alma para impedirle que se una libremente con Dios eterno. Es aquella virtud que hace que el alma, viviendo en la tierra, converse en el cielo con los ángeles. Las almas que se enamoran de ella reciben, aún en esta vida, ligereza para volar al cielo.

Ella templa las armas de la amistad, de la humildad y de la caridad. Cuando en el Capítulo 28 se vuelve a hablar del hermano Bernardo, el autor habla de las gracias que Dios hace a los pobres evangélicos. La pobreza aparece como vehículo de la altísima contemplación y penetración de las sagradas escrituras que ni los grandes clérigos pueden alcanzar.

El hermano León, en una visión, vio a muchos hermanos que cargados con mucho peso querían atravesar un río impetuoso y se ahogaban. Ve luego venir otra gran multitud de hermanos que sin carga o peso de cosa alguna, en los cuales relucía la santa pobreza, pasan el gran río sin ninguna dificultad.

San Francisco le explica que el río significaba el mundo y los hermanos que se ahogaban en el río eran los que no eran fieles a la profesión evangélica y especialmente en cuanto a la altísima pobreza, y quienes pasaban sin peligro alguno, eran aquellos hermanos que no buscan ni poseen en este mundo ninguna cosa terrena o carnal, sino que se contentan con tener con qué comer y vestirse, alegres en el seguimiento de Cristo desnudo en la Cruz (C. 36).

La "altísima" pobreza supone no solo actitud espiritual sino también carencias materiales. El que abraza la vida evangélica, como Bernardo, tiene que distribuir todas sus posesiones a pobres, viudas, huérfanos, cárceles, monasterios y hospitales.

Implica confianza en la Providencia Divina. Los hermanos menores han de ser como las aves del cielo, libres, que no siembran, ni recogen, confiados en la providencia divina, sin cosa alguna propia en este mundo, su especie perdura en el mundo, y, como las aves, son enviadas por Francisco, el heraldo de Cristo, a las cuatro partes del mundo (C. 16).

Es esta providencia la que sustenta a los cinco mil hermanos del capítulo de las esteras. Allí Francisco les dijo:

"Yo mando, por mérito de la santa obediencia, a todos vosotros que habéis sido congregados, que ninguno de vosotros tenga cuidado ni solicitud por ninguna cosa de comer o de beber, o de las cosas necesarias al cuerpo; preocupaos solamente de orar y alabar a Dios, y toda la solicitud de vuestro cuerpo dejadla a él, que tiene especial cuidado de vosotros" (C.18).

Este tipo de vida es un regalo de Dios, es gracia que consigue después de orar insistentemente, largo rato, con muchas lágrimas y gran devoción, para conseguir el don de la pobreza. Sólo Dios hace amar de todo corazón el tesoro de la santa pobreza, tan noble, que tiene por servidor al mismo Dios. Es una verdadera gracia de nuestro Señor Jesucristo. Solamente él es quien concede, por su santa misericordia, la dignidad que hace ser discípulo de la pobreza.

El estado de perfección trata de vivir aquella misma pobreza que acompañó a Cristo en la Cruz, que con Cristo fue sepultada, con Cristo resucitó, con Cristo subió al cielo. La renuncia a todos los bienes es la primera respuesta evangélica al joven que le preguntó sobre el camino de la perfección. (C. 2).

Es el tipo de pobreza que profesaron los apóstoles. San Pedro y San Pablo son los maestros y auxiliares para quienes buscan poseer ese tesoro inapreciable. Los santísimos apóstoles de Cristo fueron sus perfectos amantes. A ejemplo apostólico Francisco y sus compañeros quieren ser verdaderos amantes, observantes, y humildes discípulos de la pobreza, no pretenden de la iglesia, ni piden ni desean otra cosa, que observar lo que Cristo y sus santos apóstoles observaron.

Francisco, en la Iglesia de San Pedro, directamente, sin ninguna otra mediación humana, de parte de los santos apóstoles Pedro y Pablo, recibió la divina revelación de que nuestro Señor Jesucristo había escuchado su oración, y que Dios en persona le había concedido, a él y a sus seguidores, poseer en toda perfección, el tesoro de la Santísima Pobreza.

Los apóstoles, de parte de Dios, conceden a todos aquellos que, a ejemplo de Francisco, abracen con perfección este ideal, la seguridad de la bienaventuranza de la vida eterna y la bendición perpetua de Dios.

El tema de la persecución y de la condenación

El Capítulo 2 abre el tema de la persecución, un tema vigente en el contexto redaccional de las Florecillas. Arrecia la persecución contra los pobres evangélicos, se suceden las condenas, muchos son tentados y se apartan del camino.

Francisco, como los pobres reales, era de aspecto despreciable y macilento. Muchos lo consideraban tonto, lo escarnecían como loco, parientes y extraños le tiraban piedras y barro, abominado y despreciado, constante y paciente. Bernardo y los primeros compañeros que van a fundar en Bolonia con su aspecto parecían hombres crucificados y a causa de sus hábitos desusados y viles sufren alegremente escarnios y desprecios (C. 4).

La Cruz se abre como una de las tres grandes perspectivas de la vida revelada en las tres aperturas del evangelio: "Quien quiere venir en pos de mí, renuncie a sí mismo, tome su cruz y sígame" (C. 2). Solamente nos podemos gloriar de la tribulación y de la Cruz (C. 8)

En relación con el tema de la persecución, tendríamos que ubicar el de la tentación y de la condenación. Las persecuciones de la Iglesia con sus condenas que repercutían en esta y en la otra vida, hacían que los pobrecillos se vieran fuertemente tentados en su fidelidad en medio de la persecución.

Francisco y León eran pobrecitos y no eran clérigos, por lo cual no llevaban consigo el breviario. Pasan entonces la noche rezando maitines en diálogo fraterno. En la collatio nocturna Francisco abre su corazón y confía a León sus temores.

Esta sensación de "estar condenado", que parecería corresponder a un momento histórico de la vida de Francisco de Asís, se ubica en las Florecillas dentro del contexto de la condenación que, en la Orden, está padeciendo la Regla de San Francisco, y el mismo Francisco. ¿No estaría el fundador y sus seguidores en el número de los condenados, tal como Juan XXII condenó a sus hermanos que quieren vivir la Regla?.

Una vez al hermano Rufino se le apareció el demonio en forma de Crucifijo y trató de convencerlo que tanto él, como su padre Francisco y Bernardone el padre de Francisco estaban dentro del número de los condenados. El "demonio" (léase todo quien se opone a la "altísima" pobreza) lo convence que Francisco está equivocado, y que cualquiera que lo siga está engañado. Con lo cual a Rufino se le oscureció la vida y perdió la fe y el amor que había tenido a San Francisco. Francisco conoce la situación por revelación del Espíritu Santo. Viéndole venir de lejos San Francisco comenzó a gritar:

"¡Oh hermano Rufino, tontuelo, a quién has creído! Y le demostró claramente que el que se le había aparecido era el demonio, y no Cristo. Si alguien viene a decir que Francisco está condenado y que los que le siguen están equivocados hay que responderle: ¡abre la boca que te cago adentro!. Estando devotísimamente en oración, Cristo bendito se le apareció y toda su alma se calentó con el divino amor, y dijo: Bien hiciste hijito al creerle a San Francisco. Quien te había entristecido era el demonio, pero yo soy Cristo, tu maestro..."

Ante las dificultades el sermón de Francisco al Capítulo de las esteras aparece como un buen programa de acción:

" 'Hijitos míos, grandes cosas hemos prometido a Dios, mucho mayores nos ha prometido Dios si observamos las que le hemos prometido. Breve es el gozo del mundo y eterna la pena que merece. Pequeña es la pena en esta vida, pero la gloria de la otra vida es infinita'. Partiendo de estas palabras predicaba devotísimamente, confortaba e inducía a todos los hermanos a la obediencia y reverencia a la santa madre iglesia y a la caridad fraterna, y a orar por todo el pueblo de Dios y a tener paciencia en las adversidades del mundo y temperancia en la prosperidad, a tener concordia y paz con Dios y con los hombres y con la propia conciencia, y amor y observancia de la santísima pobreza".

El Espíritu Santo

El Capítulo 14 ofrece la clave de lectura que regirá la nueva sección de la obra. Cristo bendito está vivo en medio de Francisco y sus compañeros. Estamos ante una comunidad de simples que hablan sapientísimamente de Dios, en nombre de Dios, lo que les inspira el Espíritu Santo. El sujeto de los relatos es Dios que ha querido revelar los tesoros de la divina sabiduría por medio de los simples.

A veces la alusión al Espíritu es directa. Francisco predica lo que el Espíritu Santo le inspiraba (C. 27). Francisco busca la respuesta divina entre sus compañeros y compañeras. Dentro de la fraternidad habla el Espíritu y es a los hermanos a quienes hay que preguntar cuál es la voluntad del Señor Jesucristo (C.16). Maseo conoce por el Espíritu cuál es la voz de Cristo (C.31). León fue raptado en éxtasis y conducido por el Espíritu (C.36). Francisco conoce por el Espíritu que Elías estaba condenado (C. 38). San Antonio renueva el milagro de Pentecostés predicando al Papa y a los Cardenales en Consistorio (C. 39).

Conclusión

Algunas conclusiones al terminar este capítulo. Los Actus-Florecillas son producciones literarias vinculadas al ambiente vital del movimiento de los Zelantes de la primera hora y de los Espirituales de fin del siglo XIII. Sin lugar a dudas reflejan las tormentas que padece la Orden en la segunda mitad de dicho siglo, pero solamente en raras ocasiones reflejan el ambiente áspero de la polémica interna, un ejemplo de lo cual es la visión del Arbol de la Orden en el Capítulo 48, en el cual San Buenaventura es tratado con inaudita dureza.

La Orden discutió durante muchos siglos acerca del tipo de uso exigido por la Regla. Pero, en general, no se ponía en tela de juicio que a los hermanos en particular y a la Orden en general le estaba vedada toda propiedad, tanto personal como comunitaria, de los bienes de este mundo. Por lo tanto, en lo tocante a la "altísima pobreza" las Florecillas reflejan el sentir de la Orden como tal. A los espirituales, al parecer, les importaban mucho más las exigencias de la Regla en relación al uso pobre que la mera renuncia y consecuente ausencia de la propiedad jurídica

La "Altísima" Pobreza se refieren a algo más transcendente que una virtud ejercitada en grado heroico. Dicha expresión es una especie de "fórmula técnica" que se refiere específicamente al tipo de pobreza que implica la renuncia a todo tipo de propiedad, tanto en privado como en común . Y con ello la consecuente afirmación que tal es la vida perfecta propuesta por Cristo a los Apóstoles y en ellos y por ellos como utopía para todos los hombres y para la sociedad.

Algunas conclusiones:

1. El Capítulo XIII de los Actus-Florecillas sólo son inteligibles situados en plena polémica entre del movimiento franciscano y el papado, los dominicos, el poder eclesial y político.

2. El punto focal del relato es el tema de la "propiedad-no propiedad" en cuanto se coloca como propuesta alternativa para el ser humano en la historia. El texto de los Actus-Florecillas es más parecido a un tratado teológico de eclesiología-cristológica, que a una obrita ascética sobre la pobreza-virtud.

3.-Los actores del debate hacen uso y abuso de citas evangélicas, a pesar de lo cual no está en juego el tema de la pobreza evangélica tal como exegéticamente la podríamos deducir de una lectura crítica y actual de los textos neotestamentarios. Las relecturas que hacen ambos bandos no resistirían un examen superficial de la crítica bíblica moderna. Creo que después de un buen análisis crítico de los textos neotestamentarios que dicen relación a la propiedad, y concretamente a la propiedad habida o no por Cristo y los apóstoles, poco o nada habríamos adelantado en el conocimiento de las Florecillas y de su contexto franciscano de la primera mitad del siglo XIV.

4.-Tampoco nos serviría de mucho discutir directamente la concepción que de la pobreza y la propiedad tuvo Francisco de Asís en la primera mitad del siglo XIII, en mayor o menor dependencia de los movimientos pauperísticos del siglo XII..

5.-La absoluta prohibición de toda propiedad, tal como la entendía y defendía con uñas y dientes la Orden del siglo XIV con dificultad se puede identificar con la vida y la enseñanza de Francisco de Asís. Estamos ante una problemática que deriva de los orígenes, pero que es producto de una evolución del pensamiento, de una reformulación de la utopía.

El objetivo del próximo Capítulo será el de clarificar los conceptos de pobreza y de propiedad, de modo que en el Capítulo Vº podamos entender por qué tal manera de ver se convierte en una clave de lectura muy globalizante de la experiencia de fe de los franciscanos.