Visión franciscana

de la justicia,

la paz

y la ecología

Jerónimo Bórmida

Introducción

Nuestro horizonte hermenéutico

Los más pobres - ni los países más pobres, ni los más pobres de los países ricos - están particularmente interesados en nuestra trilogía de Justicia, Paz y Ecología. Los excluidos por el sistema están apenas preocupados por su propia supervivencia. Los que están en peligro de extinción no son militantes de los derechos civiles de las minorías, ni luchan por mantener la capa de ozono o por la preservación de la ballena blanca.

Los ricos de los países - países ricos y países pobres -, después de haber saqueado sus propios pueblos y a los pueblos expoliados del planeta, están queriendo, para sí mismos y para sus países, un medio ambiente saludable que les posibilite la mejor y más excelente calidad de vida. Los poderosos ven agravarse la situación social hasta el punto que las mayorías carentes pueden turbarles la paz de sus sociedades cerradas. Por eso están tratando de conveniar un suficiente respeto a los derechos humanos elementales. La minoría necesita preservar las especies animales y vegetales -hombres consumidores incluidos- necesarias para el mercado. La masa sobrante y humana y las especies sin valor comercial no interesan.

Nosotros, franciscanos, vamos a abordar el tema de la Justicia la paz y la ecología. ¿Cuál es nuestro horizonte hermenéutico?

Si el mundo solo tuviera 100 habitantes, 11 sufrirían hambre, 3 niños morirían de hambre, cada año 42 estarían desnutridos, 19 serían analfabetos, 40 no tendrían médico, 63 no tendrían agua potable, 39 tendrían menos de 15 años, 6 tendrían más de 65 años, 20 tendrían radio, 5 tendrían coche, 7 tendrían televisor. Nosotros vamos a hablar de JPE teniendo coche, televisión, comiendo bien, con agua –vino, cerveza, bebidas colas-, buena salud y educación superior.

Los franciscanos no estamos entre 70 % de la humanidad que consume el 15 % de la energía, utiliza el 5 % de la tecnología,  tienen el 8 % de la industria, comen el 30 % de cereales, manejan el 15 % de tractores y obtienen el 18 % de las ganancias del comercio, gastan el 6 % en salud. Pensaremos la JPE desde el 30 % restante.

A pesar de nuestra legislación franciscana, el hecho es que, al menos en nuestro Sur pobre, nadie entra en la Orden para hacerse pobre. La mayoría, o la casi totalidad, de nuestros candidatos del tercer, cuarto o quinto mundo viene buscando de modo más o menos conciente algún tipo de promoción social y económica. La Orden les proporciona status y seguridades que jamás hubieran podido alcanzar en su vida laical.

Personalmente, y ojalá me equivoque, estoy convencido que muy pocos son los profesos adultos que en la Orden tienen hoy en día real interés en ser pobres, en vivir pura y simplemente la Regla y las Constituciones, como pobre entre los pobres.

Tomemos conciencia: hacemos, pensamos, proyectamos la J.P.E. con nuestros ojos de ricos.

La cultura de la muerte

La religión del mercado es causa de una serie de noticias apocalípticas, comunicadas con profusión de detalles por todos los medios de comunicación[1].  Sentados cómodamente ante el televisor sentimos hablar de lluvia ácida, calentamiento de la atmósfera, destrucción de la capa de ozono, desmonte, desertificación, y superpoblación... hambrunas, violación de todos los derechos humanos imaginables... Asistimos a las noticias negándonos, como los ricos, a asumir la responsabilidad y el consiguiente compromiso por corregir el curso de este proceso de destrucción del planeta[2].

Comenzamos a preocuparnos por temor a quedarnos sin recursos para el despilfarro. Los franciscanos no somos capaces, desde nuestra posición social, de ofrecer soluciones que cuestione el modelo de sociedad y el paradigma de desarrollo y consumo causantes de la muerte tanto de árboles como de humanos pobres.

La religión del mercado nos ha impuesto una cultura hipermoderna intrínsecamente perversa: en la evolución de las especies sólo los vencedores sobreviven. La única sobrevida está regulada sólo por la oferta y la demanda: en la autorregulación que nace del mercado se verá quien prevalece en la red de relaciones, si el árbol o las autopistas, y si son viables las naciones de África. La ley de la competitividad dirá si una etnia, una región o un continente tienen posibilidad de subsistir: lo que no es capaz de vencer en el mercado no tiene derecho a existir, por lo cual no es ético defender una especie de plantas o un grupo de seres humanos.

Las pistas de salida

Algunos están embarcados en la lucha por salvar determinadas especies amenazadas a nivel de flora o de fauna, garantizando de ese modo espacios naturales para la recreación humana. Otros son militantes en pro de los derechos de las minorías étnicas, ideológicas o sexuales. Otros dirigen sus esfuerzos a luchar contra el armamentismo en pro de una paz justa...

Los ecólogos dicen que el hombre tiene en sus manos la técnica suficiente para revertir la situación ecológica, tanto a nivel local como planetario, los defensores de los derechos del hombre buscarán que la sociedad apruebe leyes que cambien el marco jurídico de convivencia.

Otros buscan en la militancia política la creación de una sociedad más participativa, igualitaria y solidaria, luchando por la creación de un mundo pobre y fraterno, más que rico y opulento. ¿Que significa la preservación del medio ambiente en mundos marginales de miseria casi infinita? ¿Qué puede significar los derechos humanos para quién no come?

Otros apuntarán a generar otros modelos de educación, de trabajo, de ciudades humanas, de ciencia y de técnica, modelos nuevos capaces de crear sociedades donde impere la cultura de la vida.

El nuevo modelo de sociedad, debe rehacer el tejido social a partir de las múltiples potencialidades del ser humano y de la propia sociedad.  Al lado del trabajo debe estar el ocio, junto a la eficacia la gratuidad, la dimensión lúdica debe acompañar a la productividad.  La imaginación, la fantasía, el sueño, la emoción, el simbolismo, la poesía y la religión deben ser tan valorados como la producción, la organización, la funcionalidad y la racionalidad, masculino y femenino, Dios/mundo, cuerpo/psiquis, deben integrarse en el horizonte de una inmensa comunidad cósmica. Sólo así, la sociedad será plenamente humana.  El ser humano necesita tanto del pan como de la belleza[3].

Otros se preocuparán de generar valores de alteridad, fraternidad, convivialidad, con todos los seres, vivos o no, desde las partículas elementales y las energías primordiales hasta las formas más complejas de vida y abarca la cultura y la sociedad.

Sigo con algunas pistas desde la experiencia del movimiento franciscano primitivo en relación de los tópicos de nuestro encuentro, la justicia, la paz y la ideología.

1) LA JUSTICIA

Todos sabemos, por experiencia propia y ajena, que el derecho no siempre es justo porque las leyes fueron elaboradas por quienes tienen el poder en la sociedad muy difícilmente toman partido por los de abajo. En nuestra repúblicas aparentemente democráticas la que llamamos justicia deja bastante que desear, incluso a la hora de aplicar el derecho. No tengo claro cuál es el marco actual de la práctica de la justicia cuando nos proponemos un congreso sobre la justicia, la paz la ecología.

Como tengo que pensar en la dimensión franciscana de estos temas comienzo por tocar dos aspectos en relación a la experiencia de Francisco de Asís: la justicia de un Dios con rostro feudal y la práctica de la justicia en el mundo eclesial.

El Dios feudal

El marco cultural, ideológico, político feudal contamina irremediablemente la noción de justicia, tanto que Francisco casi no la usa.

La justicia feudal contamina las ideas de Dios, del hombre, del pecado, de la fe, de la redención: Dios, es el supremo Señor feudal más que padre y los hombres más que hijos son sus vasallos. Las relaciones mutuas ambos están marcadas por los principios de justicia y débito, deberes y derechos, pena y satisfacción.

Pecar contra Dios, visto como el supremo soberano feudal, de dignidad infinita, es un pecado sin remedio, una ofensa infinita: para la ideología que marca la cristología de Anselmo, la ofensa se mide por la persona ofendida y no por el ofensor.

La ofensa no puede quedar impune porque el honor de Dios Señor feudal exige reparación. Dios no puede renunciar a su honor ofendido, por lo cual el orden de la justicia tiene que ser restablecido. Dios no puede perdonar sin exigir justicia, y esto le impide a su infinita misericordia perdonar el pecado.

Si Dios no es reparado en su honor, si no recibe una satisfacción adecuada, sólo tiene una salida: infringir al pecador una pena proporcionada: la humanidad entera debería ser condenada al infierno.

Como Dios no puede equivocarse tiene que haber un camino para la satisfacción, que no puede hacer la creatura. Contrariamente a lo que sucede con la ofensa, la satisfacción se mide por la dignidad de la persona que hace la reparación, no por aquélla a la cual está dirigida.

Esa es la razón de ser de Cristo, su encarnación y su muerte. Dios debe exigir una satisfacción, ninguna creatura la puede ofrecer, no puede perdonar sin satisfacción, no puede condenar a todos al infierno. Sólo Dios puede dar una reparación adecuada a Dios pero es el hombre que pecó el que tiene que satisfacer, Dios no puede satisfacerse a sí mismo... es necesario contar con un hombre‑Dios, Jesús Cristo.

Más aún, Jesús hombre no podría haber satisfecho con un mero acto de adoración, de obediencia, de amor, ni con ningún otro de los que ya les eran debidos a Dios como creatura, solamente la muerte voluntaria y sangrienta de Jesús inocente podía ser satisfacción adecuada.

El Dios de Francisco

En los escritos apenas aparece la palabra justicia, pocas veces en el Oficio de pasión y citando muy libremente los salmos.

Francisco sabe que el Señor viene a establecer la justicia en su mundo feudal tan poco justo (OfP Salm 6). Ahora, glosa el pobrecito, Jesucristo juzgará a los pueblos con justicia, porque se ha constituido en refugio para el pobre, ayudador en las necesidades, en la tribulación. El Señor Dios es asilo y misericordia. (OfP  Salmo 11) Francisco sabe que será salvo por la justicia de Dios, porque él no es el juzgador sino protector y lugar de refugio. Dios para Francisco equivale a paciencia, esperanza, apoyo y protección desde el seno materno. La gloria de Dios es la benignidad y abundancia de su misericordia (OfP  Salmo 12).

La justicia del Dios de Francisco está en las antípodas de la justicia implacable del Dios soberano feudal de Anselmo y de la tradición latina posterior. En las Alabanzas al Dios Altísimo Francisco adjetiva a Dios como fuerte, grande, altísimo, rey omnipotente, Padre santo, rey del cielo y de la tierra, trino y uno, Señor Dios de dioses.

Pero nunca será el Dios que exige satisfacción sangrienta de su hijo para satisfacer su justicia herida. El Dios vivo y verdadero se define como el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero.

Dios es amor, caridad; sabiduría, humildad, paciencia, hermosura, mansedumbre; seguridad, quietud, gozo, esperanza y alegría, justicia, templanza, riqueza que sacia todos los deseos del hombre.

El Dios hermosura y mansedumbre no es el juez justo sino el protector, custodio, defensor, fortaleza y refrigerio para el hombre, que encuentra en su Dios esperanza, fe, caridad, y dulzura. Esas son las características del grande y admirable Señor, omnipotente Dios, misericordioso salvador.

En el contexto de la Regla No Bulada la palabra justicia se relaciona con la limosna que no se pide por caridad:  la limosna es la herencia y justicia que se debe a los pobres adquirida para nosotros por nuestro Señor Jesucristo (RNB 9).

En la Regla bulada 23 Dios es llamado omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo. Pero ese atributo de Dios está rodeado de una familia semántica que lo coloca la justicia de Dios fuera de la teología feudal: el solo verdadero Dios, es bien pleno, todo bien, bien total, verdadero y sumo bien; es el solo bueno, piadoso, manso, suave y dulce; es el solo santo, justo, veraz, santo y recto; es el solo benigno, inocente, puro...

Ambas Reglas ubican la justicia en el tema de las Bienaventuranzas (RNB 16, RB 10): Dichosos los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5 ,10)

En la Reglita para los eremitorios los hermanos deben buscar primero el reino de Dios y su justicia (Mt 6,33).

La iglesia y los Derechos del Hombre

La cultura católica tuvo siempre buenas razones para legitimar los atropellos a la vida y a la dignidad de los individuos. Se partía de algunos axiomas: el sujeto de derecho era la verdad, no la persona; el mal se apoderó de un mundo lleno de pecado; hay que entablar una lucha sin cuartel contra el pecado sin importar los medios, sin preocuparse demasiado de los pecadores que caigan en el camino.

En tiempos de San Francisco el Concilio Ecuménico Lateranense IV, en 1215[4], encuentra buenos remedios para acabar con los disidentes. Por empezar, indulgencia plenaria para los católicos que se dediquen al exterminio de los herejes  y para ellos: degradación de los clérigos; confiscación de los bienes de los condenados; entrega de los sospechosos al ejército; exclusión de los cargos o consejos públicos; incapacidad de todo acto jurídico; obligación de denunciar a quien se sospeche vive como hereje[5].

Estamos muy lejos  de la condena clara y explícita de todo menosprecio, reducción o atropello de las personas y de sus derechos inalienables; todo atentado contra la vida humana, desde la oculta en el seno materno, hasta la que se juzga como inútil y la que se está agotando en la ancianidad; toda violación o degradación de la convivencia entre los individuos, los grupos sociales y las naciones (DP 318). La profesión de fe en la dignidad humana es aún muy nueva en la conciencia eclesial:

“Profesamos que todo hombre y toda mujer, por más insignificante que parezcan tienen en sí una nobleza inviolable que ellos mismos y los demás deben respetar y hacer respetar sin condiciones, que toda vida humana merece por sí misma, en cualquier circunstancia, su dignificación...”( DP 317).

San Francisco y la justicia

Reitero, en el marco ideológico-cultural de su tiempo la temática de la justicia, tal como hoy la entendemos, no es privilegiada en los escritos de Francisco. 

En su experiencia de comerciante aprendió que para el comercio es indispensable la libertad, libertad de viajar, de comerciar, de disponer de los propios bienes. Esos son los derechos reivindicados por la burguesía, simplemente porque son de provecho para los ricos. La libertad se convierte en la condición jurídica de la burguesía: “la ciudad hace libre”... a los que poseen bienes o dinero. Francisco no está interesado en la defensas de esa libertad.

Libertad equivalía a la libre circulación del dinero. El vasallaje se pagaba generalmente en producción agrícola y ganadera. El comercio introduce nuevos objetos de consumo que solo se puede adquirir con dinero. El lujo de los ricos solo se pagaba con dinero. Si un señor feudal podía vivir de lo que se producía en su feudo, el caballero necesitaba mucho dinero para sus vestidos, armaduras y sirvientes. Francisco odia el dinero.

El comercio por dinero, el crédito, los plazos, el contacto con otras razas y lenguas, exige para comerciante una instrucción más que mediana: saber leer y escribir, los rudimentos del cálculo de la aritmética, conocimientos de lenguas extranjeras, entre las cuales el francés como lengua de intercambio comercial y el latín como lengua internacional: Francisco tampoco estaba interesado en la defensa del derecho a esa educación.

Una justicia nueva

Si bien la palabra no aparece frecuentemente, por estar radicalmente viciada en el contexto ideológico feudal, hay hechos en la vida de Francisco que son altamente significativos. Al “Hermano” no le importa tanto que la fraternidad tenga un ejemplar del Nuevo Testamento, imprescindible para sus oraciones, como que su madre (la madre de un hermano es la madre de todos) pueda comer. Esa es la nueva justicia del evangelio (2Cel. 91).

En las biografías encontramos frecuentes alusiones a un tipo de propuesta franciscana que hace referencia a una nueva justicia, a un nuevo orden alternativo al del sistema vigente. Piénsese solamente en el sentido de restitución de cosas debidas a los más pobres[6]. Su conciencia clarísima, coherente con la más pura tradición patrística, de que lo excedente al consumo necesario para la subsistencia es rapiña[7].

Los hechos-parábolas del Hermano Fuego son símbolos contundente que expresan el sentir y la actitud de Francisco de Asís frente al hambre de los pobres y ante la avaricia de quiénes le quitan la comida de la boca.  San Francisco que pedía a los hermanos que no le hicieran mal a nuestro hermano fuego, no quiso apagar un vestido que se le estaba quemando, así como tampoco le gustaba que se apagaran las velas, las lámparas o el fuego, como suele hacerse cuando es necesario. San Francisco no quiso usar ya más una piel arrebatada al incendio, porque mi avaricia -decía- no ha  consentido que el hermano fuego la devorara.. Es pecado de avaricia impedir comer a quien tiene hambre[8].

Celano nos cuenta el caso de una avecilla que no dejaba comer a sus hermanos.

Estaba Francisco sentado a la mesa con los hermanos cuando aparecen dos avecillas, macho y hembra, que  recogen cada día de la mesa del Santo unas migajas para alimentar sus crías. Nótese que las avecillas no tienen graneros ni previsión del mañana. Un buen día, la pareja presenta los pajarillos a los hermanos, como en señal de gratitud por haberlos alimentado, y, confiándoselos, desaparecen ya del lugar.... Los pajaritos son como Dios que deja a sus hijos al cuidado de los hermanos. Aquí viene una parte del relato que expresa, en lenguaje simbólico, la misma doctrina antoniana y patrística:

Pero la voracidad viene a deshacer la unión cuando la altanería de uno mayor persigue a los más pequeños. Comiendo él por placer hasta hartarse, impide que los demás coman. “Mirad -  dice el Padre - lo que hace ese glotón; pletórico él y harto, no puede ver que los hermanos que tienen hambre coman. Con muerte bien triste va a desaparecer”. Al dicho del Santo sigue luego el castigo. El perturbador de los hermanos se posa, para beber, sobre una vasija, y, cayendo de improviso en el agua, perece ahogado; y ni gato ni bestia alguna osó tocar el ave que había incurrido en la maldición del Santo.

Horrenda tiene que ser la codicia en los hombres, cuando en las aves es castigada con tanto rigor. Y de temer también la condena de los santos, que atrae tan fácilmente el castigo (2Cel 47).

El ave cometió un pecado que la condujo a la muerte. El mismo Celano nos narra el caso de una cerda que mató un corderillo sin tener necesidad de comer. San Francisco maldijo al animal imprecando para que ni hombre ni animal coma su carne.. La cerda, luego de penar por tres días terminó en una muerte vengadora. Tirada en la estacada del monasterio, arrojada allí durante largo tiempo, seca cual una tabla, no fue comida para ningún famélico.  Los actos de la cerda también la condujeron a la muerte (2Cel 111).

El mismo autor narra varios hechos en los cuales Francisco “devuelve” cosas “robadas” :

Al volver de Siena, se encontró también con un pobre. El Santo dijo al compañero: Es necesario que devolvamos el manto al pobrecillo, porque le pertenece. “Lo hemos recibido prestado hasta topar con otro más pobre que nosotros”. “Hermano guardián, es necesario que devolvamos lo ajeno”. “Padre - le respondió el guardián -, devuélvase en hora buena, si tenemos algo que es ajeno”. “Restituyámosle - replicó el Santo - este manto, que hemos recibido, de prestado, de esa pobrecilla mujer, pues no tiene nada en la bolsa para sus gastos”( Cf 2Cel 86-92).

San Antonio en sus sermones está en la misma línea:

Pues bien, si alguien tuviera bienes materiales, después de haber retenido lo suficiente para las necesidades de la alimentación y del vestido, si ve que su hermano, por el cual Cristo murió, padece necesidad, debe darle lo que le sobra.  Si no se lo diere y cerrare sus entrañas al hermano pobre, digo que comete pecado mortal, porque no hay en él el amor de Dios; porque, si hubiera ese amor, daría de buena gana a su hermano pobre.

¡Ay de aquellos que tienen las bodegas llenas de vino y de cerea­les y poseen dos o tres pares de vestidos, mientras los pobres de Cristo, con las tripas vacías y el cuerpo desnudo, claman a su puerta! Quizás, les hace alguna caridad, pero les da poco, y no de lo mejor sino de lo peor.

Llegará, sí, llegará la hora en que ellos también, estando fuera de la puerta, clamarán: Señor, Señor, ábrenos; y oirán: En verdad, les digo que no los conozco. ¡Vayan, malditos, al fuego eterno! (Mt 25, 11-12 y 41).

Salomón nos advierte: El que cierra sus oídos para no escuchar la voz del pobre, él mismo clamará y no será escuchado (Prov. 21, 13) (Sermones de San Antonio véase el Domingo II después de Pentecostés)

HOY.

Después de lo que acabo de exponer ¿por donde tendrían que caminar los programas franciscanos a favor de la Justicia?. Nos podríamos preguntar acerca de las imágenes de Dios de las religiones oficiales y cómo la perspectiva de Francisco no abriría a ofrecer otro tipo de justicia de Dios en la iglesia. Nos podríamos preguntar sobre cómo hoy maldecir a los mayores que no dejan comer a los menos, de los que matan sin necesidad, de los que provocan hambre y desempleo por no quedarse con una parte menor de la torta.... Yo me preguntaría cómo los franciscanos de hoy trabajamos por un justicia significativa para el hoy.

2) LA PAZ

Me pregunto acerca del significado de la Paz por la cual trabajan los equipos de Justicia paz y ecología... un cosa es la paz en tiempos de paz y otra en tiempos de guerra... Me gustaría saber cuáles son los ámbitos en los cuales se juega el trabajo por la paz: armas, armamentismo, lucha de clases, limpieza ética, desempleo y otros muchas situaciones de conflicto. De repente tendríamos que abordar la paz de los barrios exclusivos, de las universidades privadas, de la religión descomprometida.... El trabajo por la paz de Francisco de Asís tiene un sentido muy claro y específico, significativo para sus contemporáneos. 

La iglesia

San Bernardo era un entusiasta partidario de la guerra santa. En su elogio de los monjes guerreros, caballeros de Jesucristo dice que estos son cristianos consagrados a Dios y a la defensa de los intereses de la iglesia de Dios. 

Combaten solamente por los intereses de su Señor, sin temor alguno de incurrir en algún pecado por la muerte de sus enemigos ni en peligro ninguno por la suya propia, porque la muerte que se da o recibe por amor de Jesucristo, muy lejos de ser criminal, es digna de mucha gloria.

Por una parte se hace una ganancia para Jesucristo, por otra es Jesucristo mismo quien se adquiere; porque éste recibe gustoso la muerte de su enemigo en desagravio suyo y se da más gustoso todavía a su fiel soldado para su consuelo.

"Así el soldado de Jesucristo mata seguro a su enemigo, y muere con mayor seguridad. Si muere se hace el bien a sí mismo; si mata, lo hace a Jesucristo, porque no lleva en vano a su lado la espada, pues es ministro de Dios para hacer la venganza sobre los malos y defender la virtud de los buenos.

"Ciertamente, cuando mata a un malhechor no pasa por un homicida, antes bien, si me es permitido hablar así, por un malicida. Por el justo vengador de Jesucristo en la persona de pecadores, y por el legítimo defensor de los cristianos[9].

Lamentablemente la “empresa de Jesucristo”[10], se parecía más a la empresa de los grandes comerciantes cristianos de Europa. Dado que la irrupción del Islam en la cuenca mediterránea había cerrado el comercio marítimo a la naciones cristianas de Europa occidental, las cruzadas tuvieron como objetivo primario reabrir las rutas comerciales en el Mediterráneo y de hecho son una de las causas de la riqueza comercial de los burgos que son la matriz de la personalidad de Francisco. Con la cruzadas aparecen las grandes fortunas burguesas. Frente a la sociedad de su tiempo la burguesía no es revolucionaria: no contesta la autoridad ni los privilegios ni de la nobleza ni de la clerecía: los adopta. La moral burguesa no difiere substancialmente de la moral feudal.

El dulce San Bernardo no era ciertamente un pacifista y está en las antípodas de Francisco de Asís.

Cuando el pueblo lanzó el grito de guerra “Dios lo quiere”, el Papa responde: Esas palabras inspiradas por Dios serán vuestro grito de guerra y vuestra consigna en la batalla.

San Bernardo, en nombre del romano pontífice, recorrió las cortes y ciudades de Europa predicando la cruzada y su palabra era tan arrebatadora como tan prodigiosamente eficaz. El dulce cantor de María consiguió armar ejércitos compuesto de hombres de todas las clases sociales. El doctor de la Iglesia concebía la Cruzada como una empresa sublime de ensanchamiento del reino de Cristo, la realización de la unidad moral de la cristiandad por medio de ordenada cooperación militar de los reyes cristianos y, en fin, la espiritualización de la política internacional de Europa.

Si religiosamente fueron un fracaso se pudo quebrantar el dominio musulmán en el Mediterráneo y el comercio volvió a la normalidad, y el dinero fluyó convenientemente a las arcas de los discípulos de Jesús. Jesús no ganó la guerra pero fueron un éxito comercial para la cristiana Europa.

San Francisco

Cuando el joven Francisco se enrola en el ejercito de Jesús, una visión nocturna lo enfrenta al dilema de hacer la guerra enrolado en el ejército del siervo de los siervos de Dios, o ser el jefe de la nueva milicia del Señor de la paz, Jesús. A los franciscanólogos le cuesta mucho ver a un Francisco opuesto a la Cruzada, es decir, a una guerra santa querida por Dios, y dirigida por el Sumo Pontífice.

Buenaventura nos dice explícitamente que Francisco llegó a ser caudillo en la milicia de Cristo y fue decorado con armas celestes selladas con la insignia de la cruz (LM. 13.10), que en el lenguaje del tiempo significaba lisa y llanamente enrolarse en una cruzada... solo que en la del Señor, no en la del Siervo. Tanto Celano como Buenaventura llaman luego a Francisco soldado de Cristo, expresión con la que san Bernardo designa a los cruzados[11].

Cuando Francisco se dirige a Roma para pedir la aprobación de su movimiento es probable que entre en juego también la propuesta de la paz... Esto explicaría el rechazo de la corte papal que nos transmiten algunas fuentes.

Una crónica nos relata que en su primera ida a Roma habría sido muy mal tratado por Inocencio III y no es de extrañar: las propuestas evangélicas de su movimiento contradecían frontalmente no solo la política papal sino el sentir prácticamente unánime de los fieles.

El Papa, después de haber considerado atentamente de un lado aquel hermano de hábito extraño, de rostro despreciable, barba larga, cabellos incultos, cejas negras y caídas, y del otro la petición que le presentaba, tan ímproba e imposible según el sentido común, lo despreció en su corazón y le dijo: “Vete, hermano, búscate unos puercos, que te asemejas más a ellos que a los hombres. Revuélcate con ellos en el barro y, consagrado como su predicador, preséntales a ellos la Regla que has preparado”

Francisco no se turbó, e inmediatamente salió con la cabeza inclinada. Tuvo bastante dificultad en encontrar a unos puercos; pero cuando por fin se topó con una piara, se revolcó con ellos en el barro hasta quedar totalmente enlodado de pies a cabeza. Reducido a este estado volvió al consistorio y dirigiéndose al Papa dijo: “Señor, he hecho tal como lo ordenaste; ahora, te ruego, escucha mi solicitud[12]

Francisco tiene que haber experimentado una enorme impotencia a raíz de la decisión del Lateranense IV de lanzar una nueva cruzada. Honorio III sigue la misma conducta política de su predecesor, a pesar de lo cual Francisco no se convence de que su utopía no puede ser realidad.

En este contexto el texto de la Regla No Bulada está en flagrante contradicción con el derecho eclesiástico y con la mística de la guerra santa de toda la cristiandad... es más que evidente el porqué la Regla no pudo ser aprobada por Bula. Situado ante la Iglesia de la Cruzada, el movimiento franciscano hace una lectura contradictoria de la realidad y del evangelio.

El Capítulo XVI ubica claramente la nueva perspectiva de los hermanos: no van a matar, en todo caso van a morir como testigos del otro rostro del crucificado que no mata para defender su honor sino que muere por amor.

La pastoral de los hermanos entre infieles está guiada también por el espíritu de la paz: se basa en la convivencia fraterna y pacífica y en la exclusión de todo tipo de agresión o litigio.

No me explico porqué los exégetas y especialistas franciscanos no perciben la violencia evangélica de la propuesta alternativa del movimiento franciscano frente a la cruzada.

En toda predicación que hacía, antes de proponer la palabra de Dios a los presentes, les deseaba la Paz, diciéndoles: "El Señor os dé la paz". Anunciaba devotísimamente y siempre esta Paz a hombres y mujeres...

Anunciar la paz es oponerse a la guerra santa y enfrentarse frontalmente tanto a la cultura dominante como a las autoridades de la Iglesia. En este contexto se puede comprender por qué

las gentes quedaban asombradas, pues nunca habían escuchado un saludo parecido de labios de ningún religioso. Y hasta algunos, un tanto molestos preguntaban: “¿Qué significa esta manera de saludar?” El hermano comenzó a avergonzarse y dijo al bienaventurado Francisco: “Hermano, permíteme emplear otro saludo”. Pero el bienaventurado Francisco le respondió: “Déjales hablar así; ellos no captan el sentido de las cosas de Dios. No te avergüences, hermano, pues te aseguro que hasta los nobles y príncipes de este mundo ofrecerán sus respetos a ti y a los otros hermanos por este modo de saludar”. Y añadió: “¿No es maravilloso que el Señor haya querido tener un pequeño pueblo, entre los muchos que le han precedido, que se contente con poseerle a El solo, Altísimo y glorioso?” (LP. 101, EspPerf. 26).

En tiempo de guerra santa la paz era muy trabajosa y peligrosa para el predicador de la paz.

Si el Papa se quiere jefe del ejército de la cristiandad, Francisco se propone ser él mismo buen caudillo del ejército de Cristo, alcanzando la palma de la victoria no mediante la guerra, sino mediante el ejercicio de las más excelsas y heroicas virtudes (LM. 5.1). Buenaventura contrapone con rispidez los lenguajes guerreros y llama a Francisco el valerosísimo caballero de Cristo, que empuña las armas del muy invicto capitán crucificado. Pero el pobrecito no lleva el estandarte de los cruzados que están a la orden del Papa, sino que ostenta el sello del sumo pontífice Cristo, de quien mereció llevar las marcas en su cuerpo (LM. 13.9). Los estigmas son como los símbolos de una nueva cruzada y la garantía de legitimidad de su propuesta pacífica.

HOY

No se si los franciscanos molestamos a alguien con nuestros pacifismos. Mejor sería preguntarnos acerca de nuestras conductas en tiempos de la guerra sucia, del conflicto por el Beagle, de la guerra de las Malvinas. Por una parte tendríamos que tener el coraje de purificar nuestra memoria, según la expresión feliz de Juan Pablo II para el jubileo. Y después yo me preguntaría acerca de las paces que defendemos. Me preguntaría si alguien pierde el sueño con nuestro trabajo por la paz.

3) LA CREACIÓN

Ecología es la tercera pata de nuestro trabajo. No estoy seguro de que sepamos bien a qué nos estamos refiriendo. Véase el excelente trabajito de Leonardo arriba citado. El vocabulario es tan extenso como ambiguo: ecología, ambientalismo, educación ambiental, preservacionismo, reverencia y respeto por la creación... Comienzo por preguntarme acerca de la nueva –novísima- actitud de la iglesia en relación al medio ambiente y luego haré algunas referencias de textos primitivos franciscanos, que por lo demás son muy conocidos.

La iglesia

El tema de la ecología es nuevo en la sociedad y nunca ha sido una preocupación especial de la Iglesia. El Sínodo de obispos de Puebla ubica la ecología en el ámbito del amor de Dios que se vuelve por necesidad comunión de amor con los seres.

La comunión y participación verdaderas sólo pueden existir en esta vida proyectadas el dominio, uso y transformación de los bienes de la tierra; de la cultura de la ciencia y de la técnica, vayan realizándose en un justo y fraternal señorío del hombre sobre el mundo, teniendo en cuenta el respeto de la ecología (DP  327).

Juan Pablo II, a los cien años de la Rerum novarum, ubica al tema ecológico en el marco de la “cuestión social

Relaciona la destrucción irracional del ambiente natural con la aún más grave degradación del ambiente humano. Una justa preocupación por preservar los "hábitat" naturales, tomando conciencia de que cada especie aporta su propia contribución al equilibrio general de la tierra tiene que estar acompañada por la salvaguardia de las condiciones morales de una auténtica "ecología humana", que tiene que ser también "ecología social" que toque el trabajo, la familia. El hombre tienen derecho a gozar de un ambiente vital donde desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible (Juan Pablo II Centessimus Annus, mayo 1991 38-39).

En la Evangelium vitae, el papa aboga por una mayor atención a la calidad de vida y a la ecología, pero es conciente que en las sociedades menos desarrolladas las expectativas de las personas se centran sobre todo en los problemas de la supervivencia más bien que en la búsqueda de una mejora global de las condiciones de vida. Para iluminar este trabajo humano la encíclica hace referencia al marco bíblico del segundo relato del Génesis:   

El hombre, llamado a cultivar y custodiar el jardín del mundo, tiene una responsabilidad específica sobre el ambiente de vida, o sea, sobre la creación que Dios puso al servicio de su dignidad personal, de su vida: respecto no sólo al presente, sino también a las generaciones futuras (Juan Pablo II Evangelium Vitae, Marzo 1995, 27.42).

San Francisco

San Francisco es un referente indispensable en la reflexión ecológica del mundo occidental. Su vida estuvo marcada por un panenteísmo entre místico y profético.  Todas las criaturas le impulsaran al amor divino, exultaba de gozo en cada una de las obras de las manos del Señor. Para él la creación era un alegre espectáculo de cosas bellas que reflejaban al sumamente hermoso. En las criaturas buscaba a su Amado, porque ellas como una escalera para subir hasta Aquel que es todo deseable. Degustaba la bondad originaria de Dios en cada una de las criaturas, y era capaz de percibir el concierto celestial en la armonía del universo. Llamaba a las criaturas todas - por más pequeñas que fueran - con los nombres de hermano o hermana, pues sabía que todas ellas tenían con el un mismo principio (LM 8, 5; 11.10).

Para Francisco la realidad entera, participante de idéntico origen y dignidad, estaba a su misma altura, todas las creaturas, sin distinción recibían el nombre de hermanas, inclusive el hombre leproso en su carne o en sus ideas, el hereje o infiel.

Y lo mismo hacía con las mieses y las viñas, con las piedras y las selvas, y con todo lo bello de los campos, las  aguas de las fuentes, la frondosidad de los huertos, la tierra y el fuego, el aire y el viento, invitándoles con ingenua pureza al amor divino y a una gustosa fidelidad. En fin, a todas las criaturas las llamaba hermanas, como quien había llegado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios, y con la agudeza de su corazón penetraba, de modo eminente y desconocido a los demás, los secretos de las criaturas (1Cel 81).

Caminaba sobre las piedras con gran temor y reverencia y cuando se preparaba leña para el fuego decía que nunca se cortase el árbol entero, sino que se dejaran algunas ramas íntegras (EspPerf  118). Su amor se derramaba afectuoso sobre hombres que sufrían necesidad, sobre los mudos y brutos animales, reptiles, aves y demás criaturas sensibles e insensibles (1Cel 77).

El mismo amor ferviente que lo elevaba hacia las realidades divinas, se convertía en afectuosa bondad por la que estrechaba en dulce abrazo a todos los seres, hermanos suyos por naturaleza y gracia (LM  9.4).

Francisco reza con una ovejita que cuando oía cantar a los hermanos en el coro, también ella entraba en la iglesia y, sin que nadie la hubiese amaestrado, doblaba sus rodillas y emitía un suave balido ante el altar de la Virgen, Madre del Cordero (LM 8.7). Predica a las aves rogándoles con inmenso gozo y humildemente que tuvieran a bien escuchar la palabra de Dios.  Exhortaba empeñosamente todas las aves, a todos los animales y a todos los reptiles, e incluso a todas las criaturas insensibles, a que loasen y amasen al Creador, ya que comprobaba a diario la obediencia de todos ellos al invocar el nombre del Salvador (1Cel 58). 

Esta sintonía con las creaturas hacía que hasta los animales sintieran, en cierto sentido, afición por él y que hasta los seres inanimados obedecieran a sus deseos. Francisco fue de nuevo el hombre primordial del designio divino (LMen  3.6).

Una vez estando Francisco en un eremitorio, un halcón que había anidado en el lugar entabló estrecho pacto de amistad con él. El ave le avisaba cantando y haciendo ruido, la hora en que el Santo solía levantarse a la noche para la alabanza divina. Pero, buen amigo y hermano cuando Francisco no estaba bien de salud, el halcón le dispensaba de maitines y los despertaba recién por la mañana (2Cel 168).

Para Francisco el espejarse de Dios en cada cosa no es teoría sino praxis, es una manera de actuar frente a las cosas creadas.

Tampoco le gustaba que se apagaran las velas, las lámparas o el fuego, como suele hacerse cuando es necesario: tanta era la ternura y piedad que sentía por el fuego. Ni quería que el hermano arrojara, como se hace muchas veces, las brasas o tizones, sino que los dejara delicadamente extendidos sobre la tierra, por respeto de Aquel de quien es criatura (LPer 86).

Es por eso que las cosas creadas también los respetan, fraternalmente. Termino con el diálogo entre Francisco y el hermano fuego cuando le cauterizaron las sienes buscando aliviarle el mal de sus ojos:

Llamaron al cirujano, el cual, tan pronto como vino, puso al fuego el instrumento de hierro para realizar el cauterio. Mas el siervo de Cristo, tratando de confortar su cuerpo, estremecido de horror, comenzó a hablar así con el fuego, como si fuera un amigo suyo:

"Mi querido hermano fuego, el Altísimo te ha creado poderoso, bello y útil, comunicándote una deslumbrante presencia que querrían para sí todas las otras criaturas. ¡Muéstrate propicio y cortés conmigo en esta hora! Pido al gran Señor que te creó tempere en mí tu calor, para que, quemándome suavemente, te pueda soportar".

Terminada esta oración, hizo la señal de la cruz sobre el instrumento de hierro incandescente, y desde entonces se mantuvo valiente. Penetró a todo crujir el hierro en aquella carne delicada, extendiéndose el cauterio desde el oído hasta las cejas. El mismo Santo expresó del siguiente modo el dolor que le había producido el fuego: Alabad al Altísimo   -  dijo a sus hermanos  -  , pues, a decir verdad, no he sentido el ardor del fuego ni he sufrido dolor alguno en el cuerpo. Y dirigiéndose al médico añadió: "Si no está bien quemada la carne, repite de nuevo la operación" (LM  5.9).

HOY

En primer lugar tenemos que saber qué es lo que está pasando: leemos que en el año 2000 desaparecían una especie por hora, que en la segunda mitad del siglo XX se perdió la quinta parte de la superficie cultivable y de los bosques tropicales, padecemos las plagas de la lluvia ácida, del calentamiento de la atmósfera, de la destrucción de la capa de ozono, de la desertificación y de la superpoblación. Dicen que en Noruega miles de kilómetros cuadrados lagos quedaron sin peces y que en  Suecia, 14.000 lagos perdieron su vida acuática.  El recalentamiento de la atmósfera promete cataclismos apocalípticos.

La población mundial crece en modo que asusta a los ricos pero no son los pobres los causantes de los desastres del párrafo anterior. Sin duda que la amenaza no viene de la superpoblación sino del consumo y desperdicio de los ricos.

La ecología tiene que responder a una cuestión global de vida o muerte del planeta. Cómo franciscanos nuestra práctica ecológica tiene que preservar la naturaleza y la cultura en la justicia, la solidaridad y la paz. Ofrezco algunas pistas para transitar por estos caminos.

 

 

 

 

 

 

CAMINOS FRANCISCANOS DE LA JPE

1) SAN FRANCISCO: LA DESAPROPIACIÓN

La negación de toda propiedad es una de las bases de la cosmovisión Franciscana. Francisco determina taxativamente en su Regla :

Guárdense los hermanos, dondequiera que estén, en eremitorios o en otros lugares, de apropiarse para sí ningún  lugar, ni de vedárselo a nadie. Y todo aquel que venga a ellos, amigo o adversario, ladrón o bandido, sea acogido benignamente (RNb  7).

La propiedad está en la raíz de los males de la sociedad. Tener propiedades es integrarse a un sistema que hay que superar.

En cierta ocasión que el bienaventurado Francisco fue a visitarlo, el propio obispo le declaró: "Muy dura y áspera me parece vuestra forma de vida en lo que se refiere a no posee ni tener nada en este mundo". Le contestó el santo de Dios: ."Señor, si tuviésemos algunas propiedades, necesitaríamos también armas para defenderlas. Pues son ellas motivo de un sinfín de querellas y pleitos, que suelen estorbar al amor de Dios y del prójimo. Esta es la razón por la cual no queremos poseer ningún bien material en este mundo». Tal respuesta gustó al obispo (AnPer  17).

Para San Francisco el hermano que vive en la obediencia al querer de Dios, libre ante todos los poderes de este mundo, sin dejarse influir por los quereres carnales (poder, prestigio, riqueza, guerra....), se somete a todo lo que hay en el mundo. 

La santa obediencia confunde todos los quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano,  y lo sujeta y somete a todos los hombres que hay en el mundo;   y no sólo a los hombres, sino aun a todas las bestias y fieras, para que, en cuanto el Señor se lo permita desde lo alto, puedan hacer  de él lo que quieran (SalVirt ).

Este “someterse” a la creatura se convierte en la primera regla ecológica : quien se somete, domina. Quien obedece las leyes de la naturaleza... las conquista.

Todo lo que usamos lo recibimos prestado. Respeto a la creación significa un mundo diferente, donde las relación se establecen de acuerdo a la justicia divina. 

Volviendo una vez de Siena, se cruzó en el camino con pobre, y dijo a su compañero: “Debemos dar la capa a este  pobre, al cual le pertenece, pues nosotros la hemos recibido de prestado mientras no encontráramos otro más pobre que nosotros”. El compañero, que valoraba la necesidad del piadoso Padre, se resistía con tenacidad a que mirara tanto al prójimo, con olvido de sí mismo. San Francisco le dijo: “Yo no quiero ser ladrón, y por hurto se nos imputaría si no diésemos la capa al más necesitado”. Y el piadoso padre dio la capa al pobre  (EspPerf 30).

Cuando, en el siglo XIV, el papa Juan XXII condena por herejía a la Orden franciscana[13], dice que los hermanos afirmaban que Cristo y los apóstoles no tenía derecho a poseer, o peor, no tenían ni siquiera derecho a usar, a alienar las cosas que usaban.

"Así hay quienes afirman pertinazmente que nuestro Redentor y sus Apóstoles no tenían en modo alguno derecho a usar de aquellas cosas que la Escritura atestigua que poseían, y que tampoco tenían derecho a venderlas o darlas, ni adquirir con ellas otras."[14]

No he encontrado tal afirmación en los documentos franciscanos que he tenido a mano, pero no creo que Juan XXII se equivoque. No hace sino explicitar una consecuencia lógica, implícita en el razonamiento franciscano.

Cristo es el nuevo Adán, es el hombre perfecto, el prototipo pensado por Dios como la gran utopía del hombre, en la cual enseñó a vivir a sus discípulos. En esta óptica, el hombre como tal, el hombre perfecto según Dios, que ha sabido reconocer el rol que Dios le ha asignado en la tierra y en la historia, este hombre no tiene derecho a poseer. El hombre se define como hijo-hermano, no como padre-dueño, tanto de los otros hombres como de las cosas. Esta perspectiva (clave, horizonte, lugar hermenéutico) se une, clarísimamente,  a la fuente más cristalina del pensamiento de Francisco de Asís.

El mensaje que los franciscanos tendrían que dar a los políticos que trabajan por instaurar un nuevo orden mundial, a los economistas que quieren imaginar una nueva economía a escala humana, a los ambientalistas que apuestan por mejorar la calidad de vida del hombre,  a los preservacionistas que bregan  por conservar las especies en extinción, especialmente la del ser humano, a los pastoralistas que quieren construir una iglesia más evangélica... a todos ellos, el anuncio basilar, primero, fundante: comenzar por revisar a fondo la teoría y el ejercicio de la propiedad y del poder. No se trata de resucitar propuestas más o menos fracasadas a lo largo de la historia, inclusive reciente, tales como abandonar la propiedad privada para apoderarse colectivamente de los bienes de la tierra. Se trata de poner en tela de juicio la voluntad dominativa del hombre, sea como persona, sea como colectividad.

No estoy haciendo un discurso parenético, sino aplicando una clave de lectura franciscana a problemas muy actuales. No estoy elaborando propuestas técnicas, sí diciendo presupuestos, llámense éticos, a toda propuesta que realmente quiera mejorar el mundo. 

El hombre no tiene derecho a poseer, a vender, a comprar, a usar, como si las cosas fueran realmente suyas. El camino de salvación para el mundo del hombre comienza cuando éste deja de ver el mundo como propiedad privada, como coto de caza del cual es dueño, señor, propietario y con él hace lo que se le antoja.  Si se quiere preservar la vida en el planeta, refórmese el sistema de propiedad. La revelación divina dada en el Verbo hecho hombre-pobre-sin propiedades-sin dominio, anunciador del hombre perfecto en el mundo acabado, indica un camino ineludible al hombre del futuro.

Francisco fue declarado patrono de los ecólogos, y no entenderemos la propuesta ecológica de Francisco de Asís si no examinamos seriamente las consecuencias para el presente de su renuncia radical a toda propiedad, privada y comunitaria de las cosas creadas, animadas e inanimadas, hombres y animales, fieles e infieles.

"Nos sentimos obligados a puntualizar la perfecta insularidad del discurso franciscano sobre la pobreza.... en este original pensamiento franciscano proyectado hacia el futuro, "escandalosamente" contestatario de las soluciones oficialmente aceptadas, y de algún modo, desenraizado de las  matrices circulantes de la cultura medieval[15].”

HOY

Sería bueno el magisterio reciente sobre el tema de la propiedad. Véase desde Gaudium et Spes, Nº 69, hasta el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 240ss.

"En el plan de la creación, los bienes de la tierra son destinados a la subsistencia digna de todos los hombres", PABLO VI, Populorum Progressio,  23.

"La diferencia consiste en el modo de entender el derecho de propiedad. La tradición cristiana no ha sostenido nunca este derecho como absoluto e intocable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar de los bienes de la entera creación: el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho, al uso común, al destino universal de los bienes." Juan Pablo II, Laborem excercens, 14.

Es necesario recordar una vez más aquel principio peculiar de la doctrina cristiana: los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos. El derecho a la propiedad privada es válido y necesario, pero no anula el valor de tal principio. En efecto, sobre ella grava "una hipoteca social", es decir, posee, como cualidad intrínseca, una función social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes. En este empeño por los pobres, no ha de olvidarse aquella forma especial de pobreza que es la privación de los derechos fundamentales de la persona, en concreto el derecho a la libertad religiosa y el derecho, también, a la iniciativa económica.  Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, 1987, 42.

Creo que, superadas las disquisiciones históricas de la tradición franciscana, el tema de la propiedad podría reproponerse a nuestra sociedad y a nuestra iglesia.

2) SAN BUENAVENTURA:  LA ESPECULACIÓN

El libro de las criaturas

La subida hacia la Dios en busca de la armonía del hombre con la creación es un largo caminar entre espejos. Cada uno y todos los seres del universo forman las páginas de un libro. Páginas que no están escritas con letras sino con imágenes, figuras, vestigios.  El hombre es un peregrino de la felicidad, que solamente puede alcanzar recorriendo un camino pletórico de espejos[16].

Lamentablemente el hombre de la cultura de la muerte es incapaz de ver a través: se queda mirando al espejo sin ver la imagen reflejada.

Convivimos en una cultura para la que las cosas perdieron trasparencia, se volvieron opacas, objeto de manipulación científica o económica.  El movimiento franciscano tiene que reaprender a caminar entre espejos.

El deseo máximo del hombre es sumamente ser feliz, es por eso que el ser humano apetece el sumo bien o lo que dice orden al sumo bien, o lo que tiene apariencia del sumo bien. Connaturalmente, pues, nuestra mente, de no estar ciega, puede ser conducida al gozo de la contemplación de la luz eterna.

El objetivo del itinerario es el gozar de Dios al cual se llega a través de diversos niveles de espejamientos. Se comienza por los espejos de Dios en el universo, luego se pasa a contemplar los espejos del mundo sensible, se pasa a los espejos del hombre interior, imagen especial de Dios, subiéndose luego al espejamiento producido por la acción de Dios en el hombre, hasta hundirse en la realidad misma de Dios.

El primer escalón es el mundo sensible, porque resplandece el poder y sabiduría sumos de Dios en las cosas creadas, todas y cada una de ellas vestigios de Dios en los cuales podemos contemplar su rostro espejado en la infinidad de cosas todas hermosas y deleitables y todas ellas nos llevan, con la mano a la contemplación de Dios

Todas las cosas existentes son vestigios que nos permiten llegar a ver el rostro de Cristo, única imagen reflejada en todos los espejos de la creación. Jesús es el espejo que refleja a Dios y a toda creatura.

El segundo, dentro de nosotros mismos nos permite ver en nuestro interior resplandeciente, la imagen misma de la Santísima Trinidad. Por más que en espejo y como en enigma, el interior del hombre nos permite contemplar el mismo misterio uno y trino de Dios. El espejo de su interioridad más profunda el hombre descubre la imagen de su origen uno y trino.

Dado que el hombre fue hecho a imagen de Dios, en el hombre contemplamos al que es por su naturaleza imagen de Dios invisible y hombre perfecto. En Cristo se espeja el primero y el último, el principio y el fin, la causa y el efecto, en él se conjuga lo mínimo y lo supremo.

Los espejos de la mente tienen que estar tersos y limpios para poder reflejar correctamente los espejamientos divinos en la creación y, especialmente, para evitar quedar cegados por el sublime resplandor de Dios en las creaturas.

Propongo, pues, las siguientes especulaciones... dándoles a entender que poco o nada sirve el espejo puesto delante al exterior; el espejo de nuestra alma no se hallare terso y pulido. Ejercítate, pues, hombre de Dios en el aguijón remordedor de la conciencia, antes de elevar los ojos a los rayos de la sabiduría que relucen en sus espejos, no suceda que de la misma especulación de los rayos vengas a caer en una fase más profundo de tinieblas.

Así el hombre,  grado por grado, de espejo a espejo consigue contemplar a Dios tanto en la materia, como en la inteligencia, como en el arte eterna: en cada uno de los tres modos vemos a Dios como a través de un espejo y en un espejo.

Los dos peldaños anteriores nos guiaron a Dios por sus vestigios y nos llevaron de la mano hasta entrar de nuevo en nosotros, es decir, a nuestra mente, donde reluce la divina imagen; entrando en nosotros mismos es donde debemos procurar ver a Dios por espejo, donde reluce la luz de la verdad en la faz de nuestra mente, en la cual resplandece, por cierto, la imagen de la beatísima Trinidad.

Entra, pues, en tí mismo y observa que tu alma se ama ardentísimamente a sí misma... considera tu alma podrás ver a Dios en tí, como por imagen, lo cual es verlo como por un espejo y bajo imágenes oscuras.

Cuando entramos dentro de nosotros mismos no encontramos ni lo puramente humano ni –mucho menos-  la miseria y el pecado del hombre, en nuestro interior encontramos, resplandeciente, la imagen misma de la Santísima Trinidad.

Y porque los dos grados predichos, guiándonos a Dios por los vestigios suyos, por los cuales reluce Él en todas las criaturas, nos llevaron de la mano hasta entrar de nuevo en nosotros, es decir, a nuestra mente, donde reluce la divina imagen; de ahí es que, llegados ya al tercer grado, entrando en nosotros mismos, como si dejáramos el atrio del tabernáculo, en el santo, esto es, en su parte interior es donde debemos procurar ver a Dios por espejo: allí donde, a manera de candelabro, reluce la luz de la verdad en la faz de nuestra mente, en la cual resplandece, por cierto, la imagen de la beatísima Trinidad.

El hombre es por naturaleza un ser especulativo, tiene una capacidad innata de contemplación.  Para iniciarse en el camino de los espejos, para llegar a un buen contemplar a Dios en sus creaturas,  el hombre tiene que exacerbar sus deseos, tiene que convertirse en un ser de deseos.

La contemplación afectiva exige unción, devoción, admiración, jovialidad, amor, humildad... Nada podemos descubrir en el espejo de la realidad sin el amor apasionado del amante en la Cruz. Importan más la gratuidad que las teorías, el deseo de cambiar más que la veracidad de la propuesta. No hay que estar muy instruido para cambiar el mundo, sino totalmente inflamado por el fuego del amor.

Para producir vida no se necesita luz intelectual, sino el fuego que apasione. Un mundo más perfecto que proporcione felicidad para el hombre se construye cordialmente, con el poder del amor.

Este mismo Cristo nos regala al Espíritu Santo que al fin del camino nos transforma en Dios. Para comprender esta posesión de Dios, más allá de todos sus espejos nada puede la naturaleza, poco el esfuerzo humano, la investigación se queda corta: solo cabe el fervor. No hay que proferir palabras y abundar en el gozo del espíritu. No es necesario escribir y dejar solamente obrar al don de Dios, que es el Espíritu Santo.

En este caminar entre espejos de poco vale el esfuerzo humano. Es más importante la unción que la razón, es más útil la alegría interior que los discursos. Todo es fruto del don de Dios, que es el Espíritu Santo.

Y tú amigo deja con redoblados tus esfuerzos los sentidos y las operaciones intelectuales y todas las cosas sensibles e invisibles, las que tienen el ser y las que no lo tienen; y redúcete a la unión de aquel que es sobre toda substancia y conocimiento. Porque saliendo por el exceso de la pura mente de ti y de todas las cosas, dejando todas y libre de todas, serás llevado altísimamente al rayo clarísimo de las divinas  tinieblas.

En la propuesta ecológica bonaventuriana hay que  preguntar a la gracia, pero no a la doctrina; al deseo, pero no al entendimiento; al gemido de la oración, pero no al estudio de la lección. Estamos más cerca del amor esponsal con la naturaleza que a la cátedra universitaria. El que reverencia franciscanamente a la hermana creación no se acerca al entendimiento sino al fuego encendido por Cristo, que inflama totalmente y traslada a Dios con excesivas unciones y ardentísimos afectos, únicos capaces de introducirnos a la felicidad, al Bien, al Amor... pleno en la bienaventuranza, pero ya  presente en los vestigios de las cosas creadas.

Es tanta la energía del bien supremo, y provoca tal intensidad de deseo en la creatura, que termina ésta confundiendo la representación y el simulacro por el bien original.

Dios es tan cercano a la mente del Hombre que sorprende – dice Buenaventura – el constatar que sea tan poco común la capacidad para descubrirlo en sus espejos. El macrocosmos, entra en nuestro microcosmos por las puertas de los cinco sentidos.

Extraña cosa parece que estando Dios tan cerca de nuestras almas tan poco lleven a descubrirlo en los espejos de su interioridad.

Pasa que el alma no entra en sí misma por la memoria; anublada con los fantasmas de la imaginación, no regresa a sí misma por la inteligencia, y seducida por las concupiscencias, no vuelve a sí misma por el deseo de la suavidad interior ni por el de la alegría espiritual. Por eso, postrada enteramente en estas cosas sensibles, no puede entrar de nuevo en sí misma como en imagen de Dios.

Si logramos contemplar a Dios dentro de nosotros, como en espejos de imágenes creadas veremos como éstas nos llevan como de la mano a las perfecciones divinas.  Todas las criaturas de este mundo sensible son sombras, resonancias y pintura de Dios. Son más que vestigios, simulacros y espectáculos puestos ante nosotros para cointuir a Dios, son signos ejemplares de Dios. En este camino aquél que cree, espera y ama a Jesucristo recupera el oído y la vista espiritual, y recupera, mediante el deseo y el afecto, el olfato espiritual,  y cuando por la caridad abraza al Verbo encarnado recupera el gusto y el tacto.

Recuperados los sentidos espirituales, mientras ve y oye, huele, gusta y abraza a su esposo, puede ya cantar como la esposa en el Cantar de los cantares, compuesto para el ejercicio de la contemplación en este cuarto grado, que nadie la alcanza, sino la recibe, porque más consiste en la experiencia afectiva que en la consideración intelectiva.

Y es que, en este grado, reparados ya los sentidos interiores para ver al sumamente hermoso, oír al sumamente armonioso, oler al sumamente odorífero, gustar al sumamente suave y asir al sumamente deleitoso, queda el alma dispuesta para los excesos mentales, y esto por la devoción, por la admiración y por la exultación.

HOY

El franciscanismo tiene que recuperar su peculiar mística secular. A decir de Margarita Fabing, franciscana seglar de Córdoba, en sus ideas síntesis del curso “Carisma Misionero Franciscano on-line”:

Secularidad quiere decir que no es posible encontrar a Dios más que en mundo secular, en todas las cosas de este mundo. Es decir en las personas humanas. Con sus preocupaciones y necesidades, sus alegrías y esperanzas y en los animales, las plantas y en las piedras, en las situaciones concretas y en los problemas y asuntos de la sociedad, en los acontecimientos y en las experiencias de la historia.

Entonces el hombre religioso no tiene que irse al desierto, ni subir a lo alto de una montaña a encerrarse en su universo interior para poder buscar a Dios. Nadie tiene que abandonar el mundo para encontrar a Dios. Esto es lo que enseña la Biblia con cuya doctrina estamos comprometidos.

Y también se deduce que la tarea misionera es un elemento básico, no encomendada primeramente a los clérigos, sino a los hermanos y hermanas en general. Y esa tarea misionera consiste principalmente en estar en medio del pueblo. Se trata de vivir y actuar sin el menor espíritu de controversia, libres de todo interés de conquista, sino más bien en la dinámica del propio Dios Hecho hombre, a quien en la hora de su nacimiento los ángeles cantaron la canción de la paz. Esta disposición de espíritu es básicamente "secular", porque hace posible la encarnación de Dios en el corazón del mundo.

Tenemos que lograr una espiritualidad de los espejamientos, al estilo del Itinerario hacia Dios de Buenaventura. La tierra tiene que volver a ser trasparente, como en los pueblos primigenios, el hombre tiene que abandonar definitivamente el centro para recuperar su lugar, uno entre otros hermanos en el gran círculo fraternal de los seres, cuyo centro único es el Dios de Jesús que vitaliza y sacraliza el universo por la acción de su Espíritu. A la hora de trabajar la Justicia, la Paz y la Ecología puede ser un buen desafío reinventar una mística secular típicamente franciscana

3) ESCOTO: LA CRISTIFICACIÓN DEL UNIVERSO

Cristo cósmico

La razón y el motivo de la creación son idénticos a los de la razón de la encarnación: el amor infinito de Cristo y de toda la creación por Cristo. El primado de Cristo es la razón primera y razón final de toda la creación. El primado de Cristo destinado a ser el principio, el jefe de la humanidad asumida en él para amar a Dios con un amor infinito.

Cristo Jesús, es la primera creatura y la obra maestra de Dios, es, como causa final de una creación libre, prevista en todo estado de causa e independientemente de todo mérito o de toda caída, como “primer nacido” de toda creatura. “Primer nacido” porque fin y razón de todas las demás, sin la cual nada hubiera podido ser hecho. Este Cristo primer nacido, centro y fin de toda la creación, este Cristo, Rey del Universo. La divinización del universo es el primer objetivo y resultado del proyecto de  la encarnación del  Verbo de Dios.

La creación encuentra, por lo tanto, su fin y su coronamiento en Cristo: por Cristo Dios recibe un amor infinito de parte de toda la creación de la cual él la coronación suprema. Dios quiere el mundo sensible para el hombre predestinando. No solo el primado absoluto de Cristo  no excluye que el sea el coronamiento de la creación, sino que el incluye de hecho el retorno de todo el universo a Dios por medio de Cristo. Escoto está en la línea de san Pablo que ve el universo en dolores de parto de Cristo que lo resume en él para llevarlo a Dios.

Toda la realidad ha sido divinizada, a causa de su origen, en virtud y desde su origen. Toda la realidad ha sido proyectada por el Padre Dios teniendo a su hijo eterno como modelo y ejemplar.

Así como el Verbo asumió la naturaleza humana, así podría asumir no importa qué naturaleza. No he podido conferir la cita en los escritos escotistas, pero he leído que para él toda naturaleza podría haber sido asumida por el Hijo de Dios, inclusive la de la piedra.

Tendríamos que entrar en el análisis de su doctrina acerca de la univocidad del Ser[17], desde la cual aparece claro que la naturaleza no intelectual no tiene en sí misma una entidad positiva que pueda oponerse que ser pueda ser asumida.

De todos modos, para Escoto, no sería conveniente que la piedra, o no importa qué creatura no racional, sea asumida por el Verbo: solamente la creatura en potencia al infinito puede ser elevada al infinito por participación, y, por lo tanto, a la participación de la naturaleza divina y de la bienaventuranza. Esta potencia al infinito no existe sino en la creatura racional: la bondad de Dios se participa de modo muy diverso en las diferentes creaturas.

Más allá de teorías de escuela, lo que importa es ubicar a Cristo no solamente en relación al hombre y su historia, sino como razón de ser del cosmos y de la evolución: porque proveniente del único decreto eterno de Dios, llamado Jesús, la bondad de toda creatura se predica unívocamente con la bondad de Dios. Lo que difiere no es el predicable sino el ser existente. Dios no es la creatura, y las creaturas participan de modo diferenciado de la única bondad que solo en Dios es plena.  

Cristo evolutivo

Muchas de las perspectivas habituales en teología tienen que ser corregidas a partir de una cosmovisión evolutiva. El fijismo empobrece, inmovilizándolas, sólo las esencias sino a Dios. Teilhard canta a la naturaleza viviente , la poderosa Materia, Evolución irresistible, Realidad siempre naciente, la que hace estallar constantemente nuestras certezas obligándonos a buscar cada vez más lejos la Verdad.

El bien de la creatura es Duración sin límites, Éter sin orillas... que desbordando y disolviendo nuestras estrechas medidas nos revela las dimensiones de Dios. La realidad está abierta al crecimiento sin fronteras, está cargada de Poder Creador, es un Océano agitado por el Espíritu, Arcilla amasada y animada por el Verbo encarnado...

Sin ti, Materia, sin tus ataques, sin tus arranques, viviríamos inertes, estancados, pueriles, ignorantes de nosotros mismos y de Díos. Tú que castigas y, que curas, tú que resistes y que cedes, tú que trastruecas y que construyes, tú que encadenas y que liberas, Savia de nuestras almas, Mano de Dios, Carne de Cristo, Materia, yo te bendigo[18].

Para Teilhard hemos sido dominados por la ilusión pertinaz de que el fuego nace de las profundidades de la Tierra y que su lumbre se enciende progresivamente a lo largo del brillante andamiaje de la Vida. Hay que invertir esta visión:

Al principio existía la potencia inteligente, amante y activa. Al principio estaba el Verbo soberanamente capaz de consolidar y dar consistencia a toda la materia que iría luego a nacer. Al principio no había frío y tinieblas, estaba el Fuego... Nuestra noche no engendra gradualmente la luz, sino que por el contrario es la luz preexistente la que, paciente e infaliblemente, destierra nuestras sombras[19].

Desde esta perspectiva soberanamente trascendente se vuelve comprensible el tema del desgaste, de la vejez y de la muerte. La evolución implica la muerte.

Mi Comunión sería incompleta (simplemente no sería cristiana) si, con los progresos que me aporta esta nueva jornada, no recibiera en mi nombre y en nombre del Mundo, como la participación más directa a tí mismo, el trabajo, sordo o manifiesto, de desgaste, de vejez y de muerte que mina incesantemente el Universo, para su salvación o para su condenación.

Me abandono perdidamente, oh mi Dios, a las acciones impresionantes de disolución por las cuales hoy tu divina Presencia reemplazará, quiero creerlo ciegamente, mi estrecha personalidad.

Aquel que habrá amado apasionadamente a Jesús escondido en las fuerzas que hacen madurar la Tierra, a él la Tierra extenuada lo apretará en sus brazos gigantes y, junto a ella, se despertará en el seno de Dios[20].

Cristo no es el regalo de Dios a los hombres: los hombres, y el cosmos entero con el hombre, son el maravilloso regalo que el Padre hizo a su Hijo bienamado. Dios no puede regalar a su Hijo sino cosas excelentes.

Cristo entrópico

En los millones de años de la evolución del Universo aparecen y desaparecen estrellas, se crean galaxias, nacen planetas, alguno se llena de vida, las especies surgen y mueren... Aquí no podemos hablar de “mal”, sino de evolución.

Terremotos, huracanes, sequías, inundaciones... no son “males”, son aspectos de la evolución con los cuales aún no hemos aprendido a convivir pacíficamente.

No me parece que pueda ser catalogada  como “mal” la desaparición de los dinosaurios, por citar a unos desaparecidos que se hicieron notar en el planeta. Subráyese, por favor, que la palabra “pecado”, aparecería recién en diciembre, con el hombre, uno de esos últimos llegados de la evolución.

Recuerdo haberme encontrado, en mis años de estudiante, con el concepto de “entropía”, contradiciendo la idea común de que en física nada se pierde, todo se convierte. Teillhard hablaba de un enorme crecimiento, de un derroche de energía en el proceso evolutivo, de una especie de desperdicio, de energía sobrante en la gran eclosión evolutiva.

... La fracción de energía inutilizable, la “entropía”, crece constantemente,... pero tiende a hallar su contrapartida en una corriente inversa, positiva y constructiva...: la de una subida del Universo hacia crecientes estados de improbabilidad y de personalidad. Entropía y vida. Atrás y adelante.

Dos expresiones complementarias de la flecha del tiempo. Para las necesidades de nuestra acción, la Entropía está vacía de sentido. La vida, por el contrario, comprendida como una interiorización creciente de la materia cósmica, proporciona a nuestras libertades una línea precisa de orientación.

¡La marea descendente de la entropía revestida y equi­librada por la marea ascendente de una Noogénesis! ...

En el sentido descendente de la entropía, la materia se desata y se neutraliza la energía. Esto lo sabemos desde hace mucho tiempo. Mas, ¿por qué no tener en cuenta el movimiento cósmico que se efectúa en el otro sentido ‑hacia las síntesis superiores‑ y que “salta a los ojos”?

Este movimiento cósmico sólo encuentra sentido en Cristo:

Las prodigiosas duraciones que preceden a la primera Navidad no están vacías de Cristo, sino penetradas de su influjo poderoso. El bullir de su concepción es el que remueve las masas cósmicas y dirige las primeras corrientes de la biosfera. La preparación de su alumbramiento es la que acelera los progresos del instinto y la eclosión del pensamiento sobre la Tierra.

No nos escandalicemos tontamente de las esperas interminables que nos ha impuesto el Mesías.

Eran necesarios nada menos que los trabajos tremendos y anónimos del hombre primitivo, y la larga hermosura egipcia, y la espera inquieta de Israel, y el perfume lentamente destilado de las místicas orientales, y la sabiduría cien veces refinada de los griegos para que sobre el árbol de Jesé y de la Humanidad pudiese brotar la Flor.

Todas estas preparaciones eran cósmicamente, biológicamente, necesarias para que Cristo hiciera su entrada en la escena humana. Y todo este trabajo estaba maduro por el despertar activo y creador de su alma en cuanto este alma humana había sido elegida para animar al Universo. Cuando Cristo apareció entre los brazos de María, acababa de revolucionar el Mundo[21].

Para poder ver esa realidad que “salta a los ojos” es necesario, dice Teilhard, tener la percepción de los “grandes movimientos lentos”, tan grandes y tan lentos que sólo resultan sensibles en enormes capas de tiempo. La generación de los sistemas siderales, elevación de montañas y continentes, etc.  ; infaliblemente, en cada caso, lo que en otro tiempo nos parecía ser lo más inmóvil,

que rompiendo una tras otra, en el mundo, todas las envolventes de estabilidad, ya que el resultado ha de ser que, bajo la inmovilidad de lo ínfimo, aparezcan movimientos extra-rápidos; y, bajo la inmovilidad de lo inmenso, movimientos extra-lentos.

La predestinación de Cristo, primer nacido de todas las criaturas[22] y el amor libre de Dios, es el principio de cada cosa, la explicación última del orden de la historia[23]. Toda antropología cristiana se basa en el Sí de Dios a los hombres, sí pronunciado, de una vez para siempre, en la predestinación eterna de Cristo.

El Sí de Dios y el proyecto de Dios están a la raíz, son la causa de todo lo existente, sin excepción. Nuestra bondad no es causa de la benignidad maternal de Dios, sino que sus entrañas maternas[24] han concebido y parido nuestra santidad. El Sí de Dios es fiel: Yahveh es “el Dios del Amén”(Is 65,15), y Cristo es el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios (Ap. 3,  14)[25].

HOY

Creo que hoy los franciscanos tendríamos que tener el coraje de afirmar, gritar, llorar de alegría, la confesión de fe de que todo hombre nace mecido por el amor de Dios, es decir nace en gracia, porque el amor de Dios y no el pecado del hombre es lo que teje la historia. Somos portadores de la confesión maravillada de que somos Cristo y por lo tanto universo, que nuestra tarea es anunciar la convivencia armónica y reverente de la piedra, el gusano y el hombre.

4) JPE DESDE LOS POBRES

En el espejamiento de Dios en todas las cosas, se destaca el hombre, imagen y semejanza suya : Repara, ¡oh hombre!, en cuán grande excelencia te ha constituido el Señor Dios, pues te creó y formó a imagen de su querido Hijo según el cuerpo y a su semejanza según el espíritu. Pero el hombre no es imagen y semejanza de Dios por ser bello, rico, sabio, místico... Por el contrario los débiles, los flacos, los crucificados, los que llevan diariamente sobre sus hombros la santa cruz de nuestro Señor Jesucristo, esos son el espejo de Dios (Admonición 5).

El Cristo que centraliza la experiencia de fe de Francisco de Asís no es el hacedor de milagros y de palabra llena de poder sino Jesús de Nazareth, hombre pobre y de madre pobre. Un desnudo a quien sólo desnudo se puede seguir. El Cristo de Francisco no es el Cristo de la sistematización escolástica: es el que se espeja en el pobre.

Con Francisco de Asís hay que dejar que los pobres hagan libremente su irrupción en la Historia: solamente es posible construir una sociedad nueva, con nuevo sistema de propiedad y nuevo ejercicio del poder, a partir de los pobres, sabiendo contemplar los espejos de Dios en la óptica de los pobres reales.

Hay una serie de temas tradicionales franciscanos sugeridos por el pobre que se mira al espejo en el desierto: uso pobre, medios pobres, austeridad, de notoria actualidad cuando encaramos la problemática de la ecología y la preservación del medio ambiente. Si queremos soluciones para los países pobres y para los pobres de estos países,  solamente los medios pobres y la no imposición de modelos de la sociedad opulenta, puede salvar al mundo, al mundo pobre y al mundo rico. Los franciscanos tendríamos que trabajar en la construcción de un mundo solidario, pobre y fraterno, nunca rico y opulento.

Los franciscanos tendrían que poner al pobre como punto de partida en la instauración de un nuevo orden mundial, en las propuestas de una nueva economía a escala humana, en los proyectos para mejorar la calidad de vida del hombre. Solamente especulando con los pobres en el desierto se podrán conservar las especies en extinción, especialmente al ser humano.

En otras palabras, más vale recuperar el planeta trabajando con la gente de las villas que participando de Congresos donde participan los dueños-depredadores del mundo.

 

 

BORMIDA J.,  La admonición Va.   de San Francisco: los crucificados como imagen de Dios.  ,  Cuadernos  Franciscanos,   80,   diciembre 20/1987

La no-propiedad, una propuesta de los franciscanos del siglo XIV, Montevideo, 1997

Datos históricos para una eclesiología franciscana, Montevideo 1998

Un itinerario hacia la armonía. Reflexiones sobre el "Itinerario de la mente a Dios", de San Buenaventura, Multiversidad, 9, 1999,11-33

Véase la Biblioteca Franciscana en

 

 

 


 

[1]    Solo a título de ejemplo, el Worldwatch Institute de los Estados Unidos a partir de 1984 publica anualmente un minucioso trabajo: "Estado del mundo: informe del Worldwatch Institute sobre el progreso para una sociedad aceptable"

[2]    Véase: Boff, L., Ecología mística y política, Montevideo 1996.

[3]    Boff L., Ecología.

[4]    Para ampliar el tema véase mi libro: Datos históricos para una eclesiología franciscana, Montevideo 1997.

[5]    La indulgencia plenaria otorgada a quienes matan y mueren en la empresa del crucificado, y a todos los que colaboran en dinero, armas o consejo a su éxito implicaba el pleno perdón de todos los reatos de culpa y de pena por los pecados, y además total garantía de salvación eterna, asegurando la retribución de los justos a todos los luchadores contra mal que se hubieren debidamente confesado.

[6]    Hermano, le dijo al compañero, debemos restituir el manto a este pobrecillo, porque le pertenece. Nosotros lo habíamos recibido prestado hasta que no nos sucediese de encontrar a otro más pobre que nosotros"  1Cel 87, 92.  Cfr.CLARENO, A., Expositio Regulae, pág. 144-145

[7]    El compañero, que tenía en mente la necesidad del caritativo padre, le oponía resistencia, a fin que no socorriese a otro olvidándose de sí mismo. No quiero ser ladrón, respondió el santo, y seríamos acusados de robo si no lo diésemos a otros más necesitados.  2Cel. 87; Cfr. CLARENO, A., op. cit. 126-127. Inclusive los adversarios de los franciscanos en la polémica del siglo XIV no tienen más remedio que aceptar la "doctrina común" en la materia: "Dice Jerónimo: Nudum nudus sequar. Pero no es pobre el que tiene poco alimento, sino el que no puede sustentarse... Si alguno poseyera algo más de lo que Cristo poseyó no tendrá parte con él, vale decir si tuviera oro, dinero, propiedades... Nadie llame propio lo que es común, dado que lo supera a las necesidades del consumo ha sido fruto de rapiña"  Cfr. TOCCO, F., La quistione della povertà nel secolo XIV. Napoli 1910, pg. 97.

[8]    En cierta ocasión, antes de la comida, mientras leía el evangelio, resultó que el hermano fuego comenzó también él a comer la miserable celda donde se abrigaban. Francisco no quiso quitarle al Hermano fuego su comida, a pesar de lo cual el compañero puso a salvo una piel con la cual el Santo se protegía del frío nocturno. Mientras comía, el Santo le dijo al compañero: No quiero más cubrirme en adelante con esta piel, dado que mi avaricia no ha dejado que el hermano fuego la devorase. EP, 117.   Si bien es cierto no podemos exagerar"la conciencia de clase, a penas perceptible en el tumulto de los Ciompi y en la Revuelta de los Trabajadores, y quizá más claramente entre los Husitas...." MOLLAT, M., Les problèmes de la pauvretè en Etudes, pág. 28, tampoco podemos espiritualizar los hechos históricos como si los santos y los revolucionarios religiosos no tuvieran en cuenta la realidad y pretendieran dar una respuesta profética dentro de parámetros económicos, sociales y políticos.

[9]    San Bernardo: De la excelencia de la nueva milicia; Obras completas, B.A.C..

[10]   Empresa de Jesucristo, así llama a la Cruzada la Bula de convocatoria del Lateranense, promulgada luego por Inocencio III.

[11]   1Cel. 103. ...como peritísimo caballero en las milicias de Dios, desafiaba al adversario para reñir con él nuevas peleas. Se proponía llevar a cabo grandes proezas bajo la jefatura de Cristo.

[12]   Crónica de Rogelio, muerto en 1236 Ver el Texto en las Fonti Francescane, Nº 2285 Ver también allí un agregado a la Leyenda Mayor de San Buenaventura Cap Iº 9a FF. 1063.

[13]   Transcribo a continuación unas páginas de mi libro La no propiedad, 223-224. Lo cito en Bibliografía.

[14]   Juan XXII, Cum Inter nonnullos, 12 de noviembre de 1323. BF V, 256-259.

[15]   GROSSI P.,    Usus facti. La nozione di proprietà nella inaugurazione dell'età nuova : CAPITANI O., Una economia politica nel Medioevo, Bologna 1987   1

[16]   Todo lo que sigue está entresacado el Itinerario de la mente a Dios, que me excuso de citar párrafo por párrafo. Me parece indispensable su lectura.

[17]   Es un tema largo, que no puedo desarrollar. Por ejemplo, habría que aclarar que para Escoto toda naturaleza puede ser asumida por el Verbo, pero solamente la criatura racional puede ser beatificada, porque solamente ella posee la inteligencia y la voluntad libre sin las cuales la persona no puede existir y sin las cuales la participación a la naturaleza divina es imposible. Del hecho de que inclusive la piedra pueda ser unida al Verbo de Dios no resulta, sin embargo que esta pueda ser personificada, porque personificar no significa simplemente estar unido, sino ser de una unidad intrínseca. Por lo cual, si la naturaleza humana y la naturaleza de la piedra concurren en la posibilidad de dependencia, no pueden coincidir en la razón de la personalidad. En consecuencia, Dios no pude hacer participar a la piedra de su bienaventuranza, ni por potencia absoluta, ni por su poder ordinario.

[18]  TEILHARD DE CHARDIN P., Himno del Universo, Madrid, Taurus. 1967, 69.

[19]   Idem, 19.20. de La misa sobre el Mundo.

[20]   Idem, 30.

[21]   TEILHARD, 76.

[22]      Dice Juan Duns Escoto: El que quiere ordenadamente, sin excepción alguna, debe querer primero lo que está más cercano al fin. Se ha de querer la gloria con anterioridad a la gracia. Entre los predestinados a la gloria, antes tendría que querer la gloria para quien está más próximo a la obtención del fin. Quiere la gloria para el alma de Cristo antes de quererla para cualquier otro. Para todos los demás antes quiere la gracia y la gloria y luego prevé sus hábitos opuestos, el pecado y la condenación. Por lo tanto, antes que prever la caída de Adán, quiso la gloria del alma de Cristo  III Sent. Dist. III q. 3.

[23]   Evidentemente que ni siquiera las Sagradas Escrituras condicionan el querer libre de Dios, es decir que si en la revelación escrita o tradiciones encontramos afirmaciones que contradicen este hecho fundamental... hay que hacer un buen uso de la hermenéutica para entenderlas a la luz del hecho Cristo. Cristo interpreta las escrituras y no a la inversa.

[24]   Misericordia: rejem, rajamim, entrañas en hebreo bíblico.

[25]   La raíz hebrea aman está en el fondo del amén, de la hemunah, de la hemet de Dios a los hombres y de los hombres a Dios. Firmeza, inmutabilidad, fidelidad: este es el amén de Dios que se llama Cristo.