"IDIOTA",

AUSENCIA DE CULTURA U

OPCIÓN POR LA PRIVACIDAD

notas de lexicografía franciscana

Anselmo Mattioli

Artículo aparecido en Cuadernos Franciscanos, Cefepal-Chile

En la acepción coman de las lenguas romances actuales el término idiota - idéntico en la forma al latín de proveniencia- indica una persona con bajo grado de inteligencia, tanto real como aparente. Tal es el significado principal y prácticamente excluyente que aparece en los diccionarios, que no hacen sino registrar el uso contemporáneo. (1). Idiota es una persona caracterizada, al menos a los ojos del que habla, por una estupidez ostentosa y desconcertante. Si se quiere ofender a alguien, se dice que es un perfecto idiota, es decir un perfecto estúpido. Este sentido ha pasado a la terminología médica, tanto en francés, en italiano, como en castellano: se ha formulado y puesto en circulación el término de "idiocia" para designar un estado de insuficiencia mental (frenastenia) (2). A propósito de un término tan poco simpático en las lenguas romances actuales, enfrentamos un hecho importante: estamos ante uno de los términos con los cuales el Santo de Asís se calificó gustosamente a sí mismo y con el cual consecuentemente fue calificado por sus biógrafos primitivos, Tomás de Celano y San Buenaventura. Determinar el sentido exacto del término no es una cuestión irrelevante para quien quiere alcanzar una comprensión más exacta de la espiritualidad franciscana. En particular hay que establecer cuál ha sido el sentido que le atribuyeron tanto San Francisco como sus biógrafos. Y luego ver si éste coincide o no con el que posee habitualmente en la actualidad, y en caso contrario cuál ha sido.

La pregunta es sólo de carácter lexicográfico. No se trata de discutir nuevamente el grado de cultura del Santo de Asís. En el futuro podemos y debemos convenir en que no fue un letrado o un docto, ni un profundo conocedor de ninguna especie de disciplina doctrinal.

Ni sus escritos ni sus biógrafos lo presentan como tal.(3) A pesar de haber manifestado una gran estima por los teólogos de profesión, y al final de su vida, también hacia el incremento de los estudios en la orden, no dejó Jamás de alimentar una gran aprensión hacia la difusión entre los hermanos de una actividad científica que no estuviese acompañada de un profundo deseo por la vida de oración y de retiro (privacidad, recogimiento). 0. Schmucki(4) ha escrito hace ya algunos anos y con notable profundidad sobre el efectivo grado de cultura del Santo. Dicho estudio ha puesto en evidencia que Francisco no fue en rigor de términos un verdadero ignorante e iletrado, y que tampoco fue un letrado y un docto. Fue más bien alguien que optó por permanecer, aún después de su conversión con el grado de cultura común a la gente de su rango, enriqueciéndola solamente con una lectura más asidua de la Biblia, especialmente de los evangelios. En otras palabras, en términos de cultura, Francisco fue un hombre a medio camino entre los iletrados y los doctos. De modo que, también por ese motivo, se hace más necesario precisar mejor el significado de "idiota". En rigor de términos, no fue, de hecho, un verdadero ignorante e idiota.

Las versiones modernas traducen generalmente el término por "inculto" e "iletrado". Lo cual significa que con el término "idiota", Francisco habría querido subrayar, especialmente para si mismo, la ausencia de una cultura notable (5). No podemos negar totalmente que en dicho término existe una semejante connotación. Francisco fue consciente de no ser un docto, y tuvo la franqueza de no esconderlo. Sin embargo parecería que un examen más atento de la situación y de los pasajes en los cuales el término recurre, hace que la traducción habitual aparezca más bien reductiva. Inclusive en el uso vulgar de Francisco y de los biógrafos, el término tuvo la finalidad de expresar, más que una falta de cultura, la ausencia de una particular autoridad social. Sobre este punto queremos llamar la atención. como una pequeña contribución a la espiritualidad de Francisco.

1.- El termino "idiota" en el latín clásico y medieval y en el italiano antiguo

En el griego encontramos su origen remoto (6). Los escritores griegos hablan frecuentemente de "idiótes", sustantivo derivado del adjetivo "idios", que tuvo significados afines de privado, propio, personal, particular (7). Con esa expresión se acostumbraba distinguir los asuntos privados de los públicos (Odisea, III, 82): "el asunto es privado, no publico; iv, 314 : "Es un asunto publico o privado?")(8). Se usaba: para referir la pertenencia, en cuanto propiedad privada, de una cosa: para la emanación, en nombre propio, de una ley (Esquilo, Prom. 404), para expresar la libertad personal (Eródoto VII, 147). Lo mismo sucedió con "idios" ' que fue empleado para indicar lo que parecía especial, individual, distinto (Eródoto IV, 18; Platón, Prot. 349), y consecuentemente el nombre propio de una persona o de una cosa (Platón, Rep. 580). En el mismo sentido funcionaron los adverbios "Idia" e "idios" (Tucídides, III, 45 y otros). El sustantivo "idiótes", fue empleado más tarde, dado que los testimonios más antiguos no parecen ser anteriores al Sig. IV, tales como uno de los fragmentos del cómico Damásenos (sig. IV), y más particularmente, en los escritos de Platón, donde el término aparece varias veces para indicar además de un "ciudadano particular, privado" (por ej. Banc, 137 d3), un "escritor en prosa" (Ivi. 178, b 3), o un "profano", inexperto, en algún oficio particular (In. 531 c 5) (10). Por el contrario, no parece que el sustantivo sea empleado por Aristóteles, que sin embargo hace un uso grandísimo de Idíos.(11) Con el siglo III, el término (idiótes) adquirió un uso más extenso, pasando, tanto al lenguaje de otros filósofos (Epicuro, Demetrio Lacoon, Filodemos, Crisipo), como al de los historiadores (Polibio), al de los gramáticos (Dionisio Tace, Apolinio Díscolo) y al de los geógrafos ( Agatárquides) (12). Dos veces, además, aparece en el griego bíblico, una vez en el libro de la Sabiduría (2, 23) y otra en III Macabeos (17,11) (13). De todos modos, no parece que se pueda afirmar que el sustantivo, a nivel literario, entre los escritores griegos helenistas, haya adquirido una particular difusión.

Se la dieron los escritores cristianos, especialmente los Padres que se interesaron de la realidad doctrinal contenida en las diversas afirmaciones de la fe, particularmente de las relativas al misterio de la Trinidad y de la Encarnación (14).

"Idiótes" tuvo entonces la importancia de un término técnico. Sirvió para designar la "propiedad" especifica de cada una de las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en relación a la común ousia (sustancia) (15). En este sentido fue sinónimo de idioma, un término que , ya para los escritores griegos habla servido para significar (mejor aun que idiótes), "la (especifica) propiedad" de las cosas, su naturaleza especifica (16). En lo que respecta al misterio de Cristo, con su doble naturaleza divina y humana, significó la "propiedad" de casa una de las naturalezas. No terminaron aquí los usos teológicos del término, porque tanto idioma como idiótes, fueron empleados para indicar lo que es considerado "esencial" tanto a la naturaleza divina como a la naturaleza humana, y para lo que es "especifico" de la fe estrictamente cristiana entre las diversas creencias religiosas.

Generalmente ha sido sobre esta línea de "privado" y "propio" que se mantuvo la semántica griega de idios, idiótes, y de idiotéia. Sin embargo encontramos ejemplos además del de Platón, que con idiótes indicó un "profano" en determinada "arte" (un "incompetente"), en los cuales el término significa "rusticidad" (Luciano), inexperiencia" (Menandro), "ignorancia" e "incapacidad profesional" (Luciano), y otros significados semejantes. No son pocos los ejemplos registrados en el léxico de Liddel-Scott, especialmente bajo la voz idiotéia (distinta de la de idiótes).

El término griego idiótes entró de modo más decisivo en el campo de la cultura, cuando fue empleado por los escritores latinos. (17). Para indicar un hombre de escasa cultura, el término idiota se encuentra por vez primera en G. Lucilio (+ 144?). En un fragmento de la obra del filólogo y gramático del imperio tardo, G. Ninio (Sig. IV)), De compendiosa doctrina (en 20 cc), aparece citado este verso de Lucilio".: "Quidni et tu idem illiteratum me atque idiotam diceres? (Porque no me llamas también tu iletrado e idiota?) (18). "Idiota" e "iletrado" están juntos como sinónimos. Luego Cicerón (+43 a C.) usó de él, mas o menos en el mismo sentido. En un pasaje de las "requisitorias" (actiones),durante el proceso contra el propretor C. Vorre, el orador recordaba al acusado que las cuatro estatuas, sustraídas por él de la casa de Eio, eran de estupenda factura, no solamente a sus ajos, que se juzgaba entendido, sino también a los de los demás (comprendido en este caso el mismo Cicerón), "quos iste idiota appellat" (a los cuales este tacha de idiotas) (In Verrem, IV, 2.4) 19). Como se puede observar, el término no tiene exactamente el sentido cabal de "iletrado", de un hombre de escasa cultura. Quiere ser, más bien, la designación de una persona, inclusive notoriamente no iletrada (como Cicerón), que sin embargo carece de cultura para juzgar la calidad de una obra de arte. El sentido pues, es el de "Profano" (como anteriormente en Platón), de "incompetente" (20). Más peyorativo, por el contrario, parece ser el sentido con el cual el término aparece en la arenga de defensa de P. Sestio. Aquí los "idiotas" son aquellos que, a diferencia de los filósofos (gente inteligente e instruida), aprecian sin limites la posesión de las riquezas (Pro Sestio, 51, 110) 21). Los idiotas son la gente común, la gente privada de cultura, el vulgo, el pueblo, la plebe (22). De todos modos, este es el único pasaje de Cicerón en el cual el término posee el sentido peyorativo.

Dos veces más lo encontramos en la requisitoria con L. Pisón, pero el sentido es atenuado de "incompetente".

Cicerón demuestra al acusado su presunción cuando pretende juzgar como "idiotas" a personas de tan alta portada como Pupio Pisón, Cotta., Crasso: "Tu eruditior quam Pisio, prudentior quam Cotta, abundantior consilio, ingenio, sapientia quam Crassus, ea contemnis quae illi "idiotas", ut tu allepas, praeclara duxerunt" (In Pisonem 26,62) (Tu te crees mas erudito que Pisón, más prudente que Cota, mas dotado en consejo, ingenio y sabiduría que Craso, dado que desprecias lo que preclaramente llevaron a cabo quienes tu tachas de "idiotas") (23) Ante tal juicio, también Cicerón es un "idiota" (ivid. 27, 65).

Por último, es con este sentido atenuado que usaron el término otros latinos, como P. Vitrubio (Sig. I d C) como Aulo Gelio (Sig. II) y Tertuliano (Sig. III).(24)

Poco o nada sobrevivió entre los latinos del contenido habitual de Idiotes entre los griegos. Basándose en la fácil constatación de que la gente común, tanto por falta de posibilidades económicas como por ausencia de estímulos, se ve obligada a permanecer en los grados más bajos de la sociedad, la semántica terminó por expresar con este término, de modo general, la condición propia de una vida apartada y de bajo nivel social. Sin embargo ni siquiera entre los latinos el término fue un mero sinónimo de un hombre inculto en toda la línea del saber. Los ejemplos citados, los pocos que tenemos a mano, habitualmente no definen la cultura total de una persona, sino solamente su competencia en una disciplina cualquiera.

De hecho, el Medioevo, entre los significados del término, conservó también el original griego de "persona privada", por más que tuvo cierta prevalencia, según los ejemplos referidos de los lexicógrafos, el de inculto e iletrado (25. Pero se hace necesario ser prudente a la hora de determinar la incultura en el sentido medieval. Uno podía ser un "idiota" solo por el hecho de no saber el latín, porque privado de tal conocimiento no podía ser ordenado sacerdote, y por lo tanto, tampoco tener acceso a ninguna especie de preeminencia religioso-social.(26). Como entre los latinos, tampoco en el medievo fue un término unívoco, ni siquiera en el sentido de "iletrado". Efectivamente pudo significar y significó a veces a un puro y simple "analfabeto" (Columela) (27), pero también a veces fue empleado para cualificar, en razón de cualquier tipo de incompetencia, personas de notabílisima cultura (28). Plinio el joven, por ejemplo, ya habla dicho que sus cartas, sin las habituales refinadas atenciones literarias ( hablan sido escritas de prisa, entre el oprimente despacho de los asuntos políticos), eran cartas "iletradísimas" (29). Lo cual muestra que como el mismo término de "iletrado", tomado aisladamente, separado del contexto, no sea suficiente para caracterizar el verdadero grado de cultura que podes una persona. Un docto también podría autocalificarse o ser calificado, como iletrado, según los casos y por un motivo particular, por más que el contexto muestra generalmente que el término fuese usado para indicar una persona de escasa cultura.

De todos modos es cierto que existen textos en los cuales el término "idiota" sigue siendo entendido de acuerdo al sentido original griego de persona privada, carente de toda especie de oficialidad pública, o al menos decidida a no hacer valer su oficialidad.

Además de un pasaje explícito en el Testamento de S. Amato (+ 1193) (30), que va en el mismo sentido, encontramos un texto del canonista Ivo de Chartres (+1117), que cuenta como un sacerdote prefirió asistir a una sepultura, dada la presencia de otro sacerdote, en forma privada, como "idiota". El pasaje es el siguiente: " Testis fuit se vidisse presbyterum de Hienvilla servos et liberos parochiales ex debito ad sepulturam suscepisse; presbyterum vero putacensem in presentia presbyteri de Hienvilla tantummodo locum suscepisse idiotas" (31) (Fue testigo de como el presbítero de Hienville pensó que, teniendo derecho a recibir en sepultura a los siervos y hombres libres de su jurisdicción parroquial, por el contrario tenla que ocupar solamente el lugar de un idiota ante la presencia de otro presbítero de Hienville.) Estamos ante un fragmento de particular claridad. Nos muestra como, en el leguaje medieval, el término "idiota" siguió expresando también, y sobre todo, el concepto de "persona privada".

No podemos olvidar que la oposición entre privado y público estuvo presente en todo orden de cosas a lo largo de todo el medievo, y posiblemente aún más en el medioevo italiano.(32). Lo "público" y lo "privado" representaron en los siglos XII y XIII, los polos de la sociedad. Lo "publico", constituido por los hombres representativos y provistos de cargos, autoridad y honor, y lo "privado", formado por la gente que, privada de todo prestigio, llevaba una vida a la sombra y bajo la protección de las instituciones y de aquellos que detentaban la gestión y el control. Bajo varias formas, los dos polos han existido siempre en toda sociedad humana, pero quizá fue especialmente en el medioevo que los polos, o sea las dos "clases", se cargaron de duras tensiones y de vivísimas confrontaciones.

Con este binomio y su relatividad gramatical ambas clases pudieron expresar tanto las tensiones como los desencuentros, caracterizándose en su fisonomía propia la primera, denominada de los amiores, los detentores representativos del poder público en sus diversas especies (autoridad, doctrina, ciencia), y la otra la de los minores, que recogía toda la gente común, privada de prestigio y de poder (33). Ya en los testimonios del primer medievo son mencionados con el término común de salores, todos aquellos que, de diverso modo, representaban , en nombre del soberano o en cualidad de vasallos, el poder sobre una región, o una ciudad: "maiores placiti", "maiores populi", "maiores potestativi", "maiores regia", "maiores villarum". Análogamente el término minor tuvo que designar a personas privadas, o sea al pueblo. En la ley de los Visigodos los dos términos se alternan para indicar la gente común (34). También en los otros códigos bárbaros, el pueblo aparece con las calificaciones de "minores personas", "minores homines", y semejantes.

La división clasista se reflejó también, tanto práctica como jurídicamente, en el ordenamiento del clero. Tarde o temprano, también en la iglesia, en el ámbito de sus instituciones, existieron los honores , aquellos que con su autoridad y su prestigio ejercían los altos poderes, y los minores, los que se encontraban en los últimos grados de la jerarquía, como los simples sacerdotes, los diáconos, además de los simples bautizados (35).

Tuvieron el titulo de maiores los obispos, y mucho más los cardenales, y también los canónigos . Pero no solamente ellos. En la coman consideración , en fuerza de la autoridad conferida para enseñar, fueron también motores los "maestros", todos los que hablan obtenido altos grados académicos en cualquier universidad, o en algún "estudio general". A ellos también, como a oficiales públicos, era debido respeto y honor. En el fondo, en rigor de términos, también un simple párroco, como ministro encargado, era visto por los simples fieles como un amior. Por tal motivo, en cuanto maiores, representantes de la autoridad, quiso Francisco que fuesen honrados como "seniores" no solamente los obispos y los prelados, sino también los simples sacerdotes y párrocos, sin excluir los teólogos y los predicadores (Test. 10-12) (36). En otras palabras, vistos de parte de la alta jerarquía y de la doctrina oficial, los párrocos eran simples minores, pero eran considerados como maiores de parte de los fieles.

En las especificas condiciones de la cultura medieval no nos sorprende que el término "idiota" se recargase aún más de su significado social, y que, en la práctica, viniese a coincidir con el contenido del término "minor". A pesar de lo cual, ni siquiera entonces, "idiota" perdió el sentido de "ignorante" e "iletrado", o en todo caso de persona de escasa cultura, sentido que le venta de la larga tradición latina medieval. Pero no hay dudas que sirvió frecuentemente para designar, más que la cultura de una persona, su género de vida, la pertenencia a las clases más humildes de la sociedad. Como en el pasado, el término idiota siguió siendo en pleno medievo un término ambivalente, empleado para designar, según los casos, o bien una u otra de las dos situaciones, o bien más una que la otra.

Para confirmar esta ambivalencia, y para confirmar particularmente el significado de orden social, contamos con el uso que hicieron del término los escritores italianos antiguos. Lo podemos constatar entre los ejemplos citados por S. Bataglia en su gran diccionario de la lengua italiana (37). Se aducen ejemplos de Jacopone (+1306), Dante (+1322), Bocaccio (+1375), Catalina de Siena (+1380), D. Cavalca (+1432), L.B. Alberti (1472), y otros autores, hasta llegar a algunos escritores de la primera parte del 1800, como Leopardi (+1837) y Rosmini (+1855). Siguen ejemplos de escritores más recientes, Carducci, De Amicis, D' Anunzio . Pero estos últimos son ejemplos que interesan menos, dado que el uso que en ellos se hace del término está dirigido a cualificar una persona, de modo verdadero o presunto, pero casi siempre ofensivo, como escasamente inteligente o cretina. Nos remitimos solamente, pues, a los ejemplos de los escritores antiguos y de los anteriores a 1800. Su presencia en uno o en otro de los escritores podría sugerir la idea de que el término fue, profusamente empleado a nivel literario. Pero en realidad no fue así, dado que el término recurre en Dante y en Japocone solo algunas veces, posiblemente solamente no más de una vez en Salimbene. Pero este no es el punto. Lo importante es que en uno o en otro ejemplo, no tiene jamás un sentido estrictamente unívoco, y no siempre indica una persona de escasa cultura, ignorante o analfabeta. A veces si, como en un pasaje de Pulci (+1484). La persona calificada por el poeta como idiota, es una persona de escasa inteligencia o cultura, ignorante y analfabeta. Otro es el significado en un pasaje de B. Várchi (+1565), donde la persona idiota es una persona ignorante solamente en algún argumento o materia. Clarísimo en este sentido un pasaje del mismo Leopardi, quien confiesa ser, en cuestiones de arqueología y numismática, "poco menos que un idiota".

Para precisar el sentido del término "idiota", las citas de los antiguos lexicógrafos tienen mas valor que los testimonio de los escritores.

Por ejemplo, M. Bagnolo, en el Panléxlco Italiano, describe así el sentido del término: "Idiota (... ), en propiedad de términos es una persona que vive privadamente, sin tomar parte en los asuntos públicos".(4)). Es este el sentido primero del término que se encuentra registrado tanto en el diccionario de los sinónimos del Tommaseo, como en el diccionario de la lengua italiana de P. Fafani (41).

No caben dudas, pues, que el término "idiota" no se confundió jamás totalmente con "iletrado", "ignorante", "inculto". Y ni siquiera con el de "simple", a pesar de que en este sentido, a partir del sig. XIV, una cierta tendencia de la espiritualidad inglesa y francesa gustó caracterizar con el término de idiota a quienes rehusaban hablar de la fe en términos doctrinales, filosóficos o teológicos, prefiriendo allegarse a Dios en simplicidad de espíritu y con sentimiento de amor (42). A los "idiotas" en este sentido R. Rollo (+1349) dedicó un opúsculo (The Five of Love). Poco tiempo después el canónigo regular R. Jourdan (+1390), con el seudónimo de Idiota, compuso una serie de meditaciones (Contemplationes Idíotae). En sentido más o menos análogo el término de idiota continuó presente en las cuestiones y en los opúsculos de vida espiritual del siglo siguiente. Aquí tenemos que mencionar a Jerónimo de Matélica (+d 1460) . En el mismo siglo conviene recordar al Cardenal humanista Nicolás de Cusa (+1464), que en la actitud de simplicidad propia de un idiota, reconoció que radicaba la mejor disposición para descubrir los principios fundamentales del pensamiento (Idiotae Libri). Los diversos empleos del término contribuyen ciertamente a restringir su área semántica, pero no quitan nada al hecho que, aún en el pleno medievo, el término fue abundantemente usado para expresar, más que un grado de cultura, un estilo de vida apartada, la vida de los menores, de la gente que no cuenta en sociedad.

Este es el punto que todo franciscanista debe clarificar. En cuál de los dos sentidos Francisco quiso aplicarse a si mismo el calificativo de idiota, y en qué sentido sus biógrafos pensaron que se lo autoaplicaba. La respuesta, como es evidente, la encontramos solamente en el examen de los textos, es decir de los pasajes en los que aparece el término. Teniendo en cuenta que , al contrario de cuanto se suele afirmar, el término no tuvo, en todo el latín clásico y medieval, una única valencia semántica, sino seguramente dos, y que por lo tanto no se puede ni se debe dar por descontado que el empleo fuese solamente en el sentido de persona ignorante y simple.

2. Dos pasajes en los escritos de Francisco en los cuales quiso calificarse como idiota

En las corrientemente llamadas "Fuentes franciscanas" (escritos o opúsculos de San Francisco, antiguas leyendas o biografías, antiguas crónicas de la Orden), "idiota" recurre al menos 18 veces (43). Número ciertamente alto, y por lo tanto representativo de una connotación no indiferente de la espiritualidad franciscana. Sobre todo porque fue el mismo Francisco quien, aún antes de sus biógrafos, se sirvió del término a menos dos veces para expresar uno de los puntos programáticos de su vida espiritual. Del punto de vista cronológico, los dos textos tienen en común el pertenecer a los últimos anos de la vida del Santo (+1226), y por lo tanto también al tiempo, al menos un decenio, en el cual la Orden habla entrado en pleno desarrollo, no sólo numérico, sino también cualitativo. Bajo algunos aspectos, eran casi lejanos los tiempos de aquella simplicidad de vida, de aquél retiro del mundo, de aquella organización elemental, que hablan caracterizado, apenas quince anos atrás, la primitiva fraternidad (44). Los hermanos en realidad hablan llegado a ser numerosos no solamente en Italia sino también en Francia, Alemania, España, Portugal, Inglaterra. Más importante aún era el hecho de que la Orden, de laica como habla nacido, se habla ya convertido en una Orden fuertemente clerical, en parte por las muchas vocaciones sacerdotales, y que, como consecuencia al ingreso de no pocos hombres de cultura, de indiferente a los problemas de la ciencia teológica o filosófica, se habla también sensibilizado ante esos problemas. Inclusive habla comenzado a proveerse empeñosamente de adecuadas estructuras escolásticas, de centros de formación cultural (45). De modo que, a los no pocos "maestros" que ya hablan entrado o estaban entrando con ese titulo en la Orden, otros se estaban preparando en los "estudios generales" erigidos un poco por todos lados en las mayores ciudades del tiempo. El primero fue el de Boloña, donde Fray Ellas (con el beneplácito de Francisco) llamó a enseñar, con el titulo de "magister" a Antonio de Padua (46). Eran lo anos 1223-24.

La evolución haba sido muy rápida, y en parte, ya en los últimos anos de la vida del Santo, casi arrolladora.

Seguramente que habla motivos para consolarse en el emerger de nuevas prospectivas, y el mismo Francisco no dejó de complacerse por el hecho que los hermanos se habían convertido o estaban por convertirse en una "gran multitud" (LM III, 6). Pero la diferencia entre el pasado y el presente no podía dejar de despertarle una serie de aprensiones. La Orden se habla vuelto grande, importante, autorizada. Mucha de la primitiva "simplicidad" de vida (47), la de los tiempos de Rivotorto, habla desaparecido o estaba en vías de desaparecer, tanto como para no sobrevivir sino en los profundos deseos del Santo y de sus primeros compañeros.

A este periodo, tan lleno de prospectivas (de parte de la Orden), y de aprensión y nostalgias (de parte de Francisco) pertenecen los dos textos en los cuales, a los otros calificativos, Francisco añade para si el de "idiota". El primero está en medio de la Carta que, probablemente entre el 1224 y el 1225, escribió a toda la orden probablemente en ocasión del Capitulo General (Epistola toti Ordinem missa (EpOrd) (48). Es una carta densa de pensamiento y de espiritualidad (49). Pasando de una exhortación a otra, el Santo invita sucesivamente, en sendos capítulos, a prestar gran respeto al Cuerpo de Cristo (c. I), a celebrar la misa con gran devoción (c II), a no celebrar sino una misa por fraternidad (c III), y alimentar un gran respeto por la Sagrada Escritura (c IV). Llegado a este punto, interrumpiendo la serie de exhortaciones, y sin una evidente motivación lógica, pasa, siguiendo el esquema del "confiteor" litúrgico de la misa, a una confesión pública de sus pecados: "He pecado mucho por mi culpa, especialmente porque no he observado la Regla que prometí al Señor, ni he dicho el Oficio como la Regla prescribe, tanto por negligencia, como a causa de mi enfermedad, sea porque soy ignorante e idiota" (I# 38-39) (50).

Son claramente distintos los dos momentos y los elementos que componen la confesión: l) de una parte, la declaración de plena culpabilidad ; y 2) por otra, una enumeración de los motivos por los cuales se ha sido inconsecuente. Entre estos, el primero la "negligencia". No ha dado la suficiente atención a las cosas que tenla que cumplir. El segundo su estado de "enfermedad". Ha sido poco cumplidor porque habitualmente estaba enfermo. Pero no basta. A los dos motivos, que son los más comunes, Francisco añade un tercero, que es el de ser, también "ignorante e idiota" ""Ignorans et Idiota (51). Tales son, pues, los motivos que Francisco ofrece de sus incumplimientos, y a primera vista es difícil de determinar si hace un elenco de motivos de culpabilidad o de motivos de excusa. Teniendo como base de juicio los principios morales hoy comúnmente admitidos, y seguramente ya válidos en aquel tiempo, solamente el primero , el de la "negligencia", tiene alguna connotación de culpabilidad. No hay dudas, sin embargo, que Francisco quiere hablar , en su confesión, desde su propia conciencia, considerando culpables los mismos incumplimientos no culpables. La historia de la espiritualidad cristiana conoce muy bien la vaga sensación que acompaña a las conciencias "delicadas", las cuales, aún sin particulares turbaciones interiores, consideran que las circunstancias, aunque objetivamente impedientes o excusantes, no son jamás suficientes para dispensar de la observancia de una determinada obligación (52). Confesando sus culpas, Francisco piensa que, a pesar de su enfermedad, debería haber obrado algo mejor, tanto mas que estaba bien al corriente de como alguna "libertad" de movimiento de parte suya, habría suscitado en algunos hermanos cierta perplejidad e incertidumbre, si no admiración y escándalo (53).

A la luz de esta conciencia, que lo lleva a descubrir los posibles incumplimientos y culpabilidades, es que Francisco se acusa delante de toda la Orden, "sacerdotes " y "hermanos" de ser "ignorante e idiota". El santo no alega el hecho como una excusa, sino como acusación.

Confiesa que su estado de "ignorancia", y su estado de "idiota", vistos a la luz especialmente de lo que la Orden es en sus aspiraciones actuales y en sus representantes (que en buena parte son sacerdotes doctos e interesados en el estudio), no dejan de ser culpables. Lo cual significa que Francisco se acusa de no haber caminado con suficiente entusiasmo por el camino sobre el cual desde hacia ya bastante tiempo estaba transitando prácticamente toda la fraternidad: hacia la adquisición de una cultura notable, y hacia una vistosa notoriedad apostólica, de modo que, para aquel punto en el cual puede ser culpable, Francisco se acusa de haberse anclado en los primitivos amores, los de una cierta indiferencia hacia la cultura y de una fuerte predilección por la vida retirada (sin poder, carente de autoridad). En este sentido los dos términos aparecen particularmente elegidos para significar la doble tensión. Es culpablemente "ignorante" (hombre de poca cultura) porque no se preocupó por acrecentar su saber científico, y es culpablemente "idiota" porque aún se siente atraído por el deseo de una vida estrictamente privada. Puestos en su contexto, tanto histórico (evolución de la Orden ) como literario (confesión de culpabilidad), los dos términos Ignorans et Idiota, no son de modo alguno sinónimos, porque atrás del término "idiota" tenemos, como ya hemos visto, toda una semántica con el sentido de privado, y, además, porque el ser privado o público fue uno de los problemas iniciales de la Orden. No parece que pueda pensarse en el significado de "simple" Francisco no podía acusarse de ser simple. Para todos y para cada uno la simplicidad, como amor a la verdad, no podía sino ser una virtud (54).

El otro pasaje, donde Francisco, junto a sus compañeros, se califica como "idiota" se encuentra en el "Testamento" (Test), último de sus escritos (55). Lo dictó en agosto-setiembre de 1226, cuando, enfermísimo, se encontraba en proximidad de la muerte, que le sobrevino poco de un mes después (3 de octubre de 1226). Retomando una idea que habla ejecutado en parte cinco o seis meses antes con un breve escrito (llamado el "Testamento pequeña" o de Siena) (57), quiso dejar un recuerdo para la vida de los hermanos, distinto de la Regla. Francisco pensó que el mejor recuerdo seria el de escribir, en breves pinceladas, su primera experiencia personal, la sugestión de una vida espiritual más retirada y recogida, haciendo ver, al mismo tiempo cómo la Regla no podía y no debía ser leída sin un sentido aprecio por la vida retirada. Y este escrito ofrecerlo a los hermanos que en esos mismos momentos estaban encarrilándose en una vida organizada y orientada hacia grandes metas de un culto e intenso apostolado público. El Santo evoca, para si y para sus hermanos, con total inmediatez, con una controlada solemne emoción, los primeros tiempos de

la vida vivida fuera del "siglo" (fuera del "mundo") (58). Vivida como fruto de una profunda "conversión" espiritual (59), en un clima de serena pobreza y retiro, de alegre fraternidad, de gozos espirituales, y en una postura de plena reverencia hacia la Iglesia y hacia sus ministros. Un estilo de vida que siguió vivo hasta el día siguiente de la aprobación oral de una primerísima "forma vitae", en 1209-10 (Text. 14-15) (60). Se contentaban con pocas cosas. Un tugurio que sirviese para resguardo, y por vestido, un par de calzoncillos, una tónica, una cuerda (## 16-17).

La vida espiritual carecía también de toda ostentación. Era una vida hecha esencialmente de oración, sumisión, trabajo. algún breve saludo espiritual: "Decíamos el oficio, los clérigos como los otros clérigos, los laicos decían los Pater Noster, y muy gustosamente pernoctamos en las iglesias. Y éramos idiotas y súbditos de todos" (##18-19). Siguen los otros dos parágrafos: el relativo al trabajo: (##20-22), y el del saludo de paz en los encuentros con la demás gente (#23).

El término "idiota" , acompañado por el de "súbdito de todos" en esta descripción está materialmente conectado con la vida de oración privada de toda ostentación. Los hermanos no tenían siquiera una iglesia propia para rezar. Se servían habitualmente de las iglesias ajenas. No hay nada que disturbe su libre recogimiento. Sobre este fondo de privacidad, el Santo anota precisamente que ellos, él y los hermanos, vivían como "idiotas".

Hasta hace poco tiempo atrás se dejaba en las traducciones el mismo término "idiota". Hoy se prefiere escoger algún otro. Gratien de Paris optó por el de "simple" (61). Francisco habría querido poner en evidencia, en este caso, más que la virtud de la simplicidad, un estilo de vida espiritual, hecho de trazos lo más sobrios y esenciales posibles. Para otros traductores, con dicho término, Francisco habría querido subrayar la falta de cultura que caracterizaba la pequeña fraternidad. De aquí la traducción de "iletrados y sujetos a todos" (F. Mattesini) (63). Va en este sentido la traducción de K. Esser, por otra parte muy libre al traducir el término de súbditos (estábamos a disposición de todos) (63).

17 Ninguna de las traducciones habituales nos entrega, al parecer, el mejor correspondiente. Ni siquiera el de "simple". Mucho más que un estilo de vida, la simplicidad fue para Francisco una virtud. Una virtuosa disposición de espíritu, en sinonimia con inocencia y pureza, pobreza y humildad, verdad y sinceridad (64). En el lenguaje espiritual de Francisco aparece sobretodo como virtud a practicar, como meta a alcanzar. También por este motivo parece improbable que Francisco haya podido cualificar a si y a sus compañeros como simples. Pero hay otro motivo para no tener que tomar el término "idiota" como sinónimo de "iletrado". Los componentes de la primitivísima fraternidad no eran totalmente iletrados. Algunos poseían seguramente una cultura bastante superior a la de Francisco, quien

tampoco estaba totalmente desprovisto. Dos de ellos, Fray Silvestre y Fray León, eran sacerdotes, y sobretodo a Fray León no debía serle extraña la práctica de la escritura. Ni estaba desprovistos de cultura, entre los laicos, Fray Bernardo de Quintavalle (+1241-45), si pensamos en los varios oficios que tuvo que desempeñar (66). Menos aún fue, un iletrado, desde antes de entrar en la comunidad, Pedro Cattáneo (1221), que en aquellos anos, era consejero legal del capitulo de los canónigos de Asís, y que casi seguramente, habla recibido algún título en la universidad de Boloña (67). Ni careció de cultura, de genero variado, el caballero Ángel Tancredi(68). En estas condiciones, cómo se puede imaginar que Francisco haya querido clasificar a todos sus compañeros, tout court, como iletrados? (69) No hubiera sido, de su parte, ni siquiera respetuoso.

3. Francisco y Antonio, como Idiotas en los testimonios de sus biógrafos respectivos.

De las demás fuentes franciscanas, donde Francisco aparece calificado como "idiota", dos son lejanas en el tiempo. Ángel Clareno (+1337) empleó un término que habla llegado a ser ya un topos biográfico del Santo, en episodios y discursos sacados de las biografías precedentes (70). La primera vez el término aparece inserido en el episodio, derivado de Celano (2 Cel, 158), acerca de la perennidad de la Orden (Crónica I, 7), y la segunda en el discurso de San Francisco ante el Capitulo General luego de su vuelta de Oriente y en presencia del cardenal legado (Crónica II, 3), derivado del Espejo de Perfección (EP., 68). Tratándose de puras inserciones, las dos recurrencias sirven solamente para testimoniar como el término idiota se habla vuelto típico para caracterizar las actitudes de humildad propias de San Francisco. Está claro, además, que en el uso que Clareno hizo del término tuvo que influir su personal y demasiado unilateral interpretación del mensaje de Francisco. Podemos hacer un razonamiento análogo con otros pasajes eventualmente presentes en las biografías, y que si bien pueden ofrecernos un material biográfico precioso, han nacido, surgido, han sido fijados, en una época en el cual ya eran vivas las tensiones interpretavivas de la espiritualidad del fundador (71). Con tales reservas tienen que ser leídos los dos pasajes presentes en la leyenda de los Tres Compañeros (7, 11, 16, 64), redactada alrededor del 1246, y también los cinco que aparecen en el Espejo de Perfección, escrito más bien tardío en su redacción definitiva (53, 4; 64, 3; 80,9; 81,4.7). No es siempre fácil determinar para cada uno de estos pasajes cual de los dos sentidos fundamentales del término idiota está siendo empleado . Los traductores concuerdan todos en dar la preferencia al que señala el carácter cultural, entendiéndolo sólo como hombre inculto, privado de cultura, simple, ignorante.

Sin embargo, procediendo a un examen más atento, y sin excluir que para alguno de los pasajes sea más aplicable el otro de los sentidos, hay que preferir el de hombre falto de la necesaria autoridad.

Tómese como ejemplo el segundo de los dos pasajes de la leyenda de los Tres compañeros (16,64). El trozo cuenta que, en Roma, durante una visita de Francisco al obispo de Ostia, cardenal protector de la Orden, este invitó al Santo a hablar en favor de la Orden en presencia del papa y de los cardenales. "Francisco buscó excusarse por ser un hombre simple y sin instrucción (dicens se esse simplicem et idiotam), pero le forzaron a seguir al cardenal a la corte pontificia". Hizo el discurso, que fue muy apreciado. Aparece, pues, muy probable que Francisco, cualificándose como "idiota", entendió sobretodo, hacer notar cómo su baja condición no le permitía siquiera estar en presencia del papa.

No puede ser distinto el sentido del término en la antítesis que presenta Francisco hablando del comportamiento del superior hacia sus hermanos, según una narración del Espejo de Perfección. Antítesis entre los hermanos "simplices et idiotas" y los "scientes et sapientes" (EP., 80). De todos modos será suficiente limitarnos al análisis de los textos presentes en el primero de lo biógrafos.

Se diría que fue precisamente Tomás de Celano (72), el primero de los biógrafos, y desde el tiempo en que escribió la "Vita prima" (1226-1229), el que destacó el amor que Francisco tuvo por el término "idiota", hasta convertirlo, consecuentemente, en un término significativo de la espiritualidad del Santo. Tres veces el término aparece en la "Vita prima" (1 Cel., 25, 31, 120), y tres veces en la "Vita secunda" (2 Cel., 103, 145, 192). Sin embargo no todos los pasajes se refieren directamente a Francisco.

Solamente en dos de los seis textos Francisco se aplica a si mismo el término de idiota (2 Cel., 103, 145). En los otros cuatro casos la aplicación es diversificada. El primero se presenta como una cita de los Hechos de los Apóstoles, donde los estos aparecen despreciados por los jueces como "idiotae et sine litteris" (Hech. 4,13). El biógrafo aplica la designación al Hermano Felipe, el séptimo de los compañeros de Francisco, quien, no habiendo estudiado (como los apóstoles) estaba sin embargo (como los apóstoles) capacitado para hablar con altura sobre Dios (1 Cel., 25). La frase completa tiene seguramente una connotación cultural y quiere ciertamente designar tanto a Felipe como a los Apóstoles como gente de poca cultura. Sin embargo seria mejor no hacer de "idiotas" y "sine litteris" dos calificaciones estrictamente sinónimas, ni para los Hechos ni para el pasaje de Celano. El término de "idiotas" puede muy bien ser tomado por el de personas poco autorizadas. Esto vale aún mas para el segundo pasaje de Celano. Allí se hace una larga enumeración de personas, diversas por cultura y posición social, las cuales acudían a tomar el hábito de la nueva religión (1 Cel., 31). Junto a los ricos y a los pobres, nobles y plebeyos, prudentes y simples, estaban también los "clérigos, idiotas y laicos". Es indudable el significado social que posee el término en este pasaje. Colocado entre el de clérigos y laicos, se ubica para significar que, además de las personas que contaban en la sociedad, entraban a formar parte personas de poco o ningún valer. Es el significado del término que se adapta mejor a los otros dos pasajes donde no es Francisco el que se presenta como idiota (2 Cel., 192, 1 Cel., 120).

Será mejor, pues, pasar inmediatamente a los dos trozos en los cuales Francisco se autocalifica como tal.

Cuando el Santo se encontraba en Siena, vino a visitarlo un hermano de la Orden de los Predicadores ( un dominico), un "hombre espiritual y doctor en sagrada teología" (2 Cel., 103) (73). Durante la conversación el discurso cayó sobre un versículo de Ezequiel (Ez. 3, 18-20), y el dominico insistió para que Francisco diese su explicación. El santo se defendió, haciendo notar que delante de un "doctor" él no era sino un "idiota", y su función era no la de enseñar sino la de escuchar. La respuesta del dominico asegura a los hermanos que "la teología de Francisco", nacida de la pureza y de la contemplación, "volaba como águila", mientras que la ciencia teológica de las escuelas "se arrastraba sobre la tierra". A primera vista el rechazo de Francisco a dar una respuesta podría interpretarse como expresión de un hombre verdaderamente inculto, incapaz de pronunciarse. Declarándose idiota, Francisco habría, por lo tanto, hecho notar su falta de cultura. Pero mucho más probablemente fue otro el motivo del rechazo inicial. No deberla ser extraño el hecho que el interlocutor dominico era un "doctor", un maestro autorizado a hablar y a explicar, mientras Francisco, no estando autorizado, no poseía ningún titulo. Era un simple "idiota".

En la narración que tiene por titulo "Contra quienes ambicionan los cargos" 2 Cel., 145), o sea los puestos de responsabilidad, aparece mejor la connotación mencionada del término en cuestión.(74)

Como le era habitual, Francisco ejemplificó en su propia persona el comportamiento que deberla tener un hermano, superior desde hacía tiempo, en caso de que los hermanos, reunidos en capitulo para elegirse superior, le hicieran notar todas sus insuficiencias e incapacidades para ser nuevamente elegido para el cargo: si Juzgándolo "hombre de poca cultura y de poco valer" (illiteratus et contemptibilis) y, más aún, "elinguis, simplex et idiota", lo hubiesen depuesto del cargo. El tendría que haber permanecido igualmente tranquilo, y se habrá comportado como verdadero hermano menor en caso de conservar inalterable alegría de ánimo. En relación a la terna de adjetivos (elinguis, simplex et idiota), el primero "elinguis", no parece estar registrado en los léxicos de latín medieval, sino en la forma sustantival de "elinguitas" (75). En la forma adjetival puede considerarse un "celanismo" o empleado para indicar una persona de habla fatigosa, todo lo contrario a elocuente. Del término "simplex", ya hemos hablado antes. Y respecto al término "idiota", que se traduce también aquí habitualmente como ignorante, es más que improbable sentirlo como definición de una persona privada de autoridad cultural, privada de cualquier título. De tiempo atrás la autoridad habla entrado a formar parte de las prospectivas de la Orden.

El mismo episodio ha sido contado (tomándolo seguramente de Celano) por S. Buenaventura , que, enunciándolo de manera más drástica, eleva de tres a cuatro las ineptitudes de Francisco como superior: "He aquí( ... ) que finalmente se ponen a decir en mi contra: "Tu no eres apto para nosotros: eres un iletrado (illiteratus), y no sabes hablar (elinguis) eres idiota (idiota) y simple (simplex)I" (LM., 6,5) (76) El añadido ubica la de "iletrado" como primera cualidad negativa, lo cual nos resulta muy útil a fin de determinar mejor el significado del término "idiota". No parece posible darle el sentido de "ignorante" (hombre de escasa cultura) dado que eso aparece claramente señalado en los dos términos precedentes, "illiteratus" y "elinguis" No es pensable que el autor de las Leyendas haya puesto en fila cuatro adjetivos para afirmar la misma realidad, la poca cultura del superior. En un pasaje precedente el Doctor cualifica también al Beato Gil de Asís como "idiota et simplex".(LM., 3,4). También aquí el término idiota se traduce habitualmente como "iletrado" (P.ej. S Olgiatí)(77). Sea como fuere, nunca se podrá concluir que tal sea la única traducción posible.

De todos modos, para determinar el sentido que pudo tener en las fuentes franciscanas, incluyendo los mismos escritos de Francisco, tiene una importancia particular un pasaje de la "Vita prima" o "Assidua" de Antonio de Padua, donde el mismo Santo, a pesar de su alta doctrina, es decididamente calificado como "idiota" (78). Quién haya sido exactamente el autor de esta primera fundamental "biografía" sobre el Santo de Padua es aún discutido. Han sido propuestos diversos nombres. Varios han pensado en Tomás de Pavía (+ c. 1280-84), J. Peckham (+1292), Juan de Gil de Zamora (+c.1304), L. Belludi (+ c. 1285). Haimón de Faversham (+ 1244) (79). Para muchos de estos, sin embargo, la atendibilidad de la atribución es seguramente mínima. Menos para el ultimo, para los demás existe un insuperable defecto de edad, por haber sido demasiado Jóvenes en 1232, cuando la Assidua vio la luz.

Haimón, tiene de positivo a su favor solamente el hecho de haber enseñado en Padua, quizá ya en 123233, pero muy probablemente solo después de 1239, inmediatamente después de su regreso de Oriente. En contra de Haimón está el no haber sido en modo alguno un literato amante de la prosa cuidada. Y no cabe dudas que, al contrario, el autor de la Assidua fue seguramente un hábil literato, en muchas cosas no muy diferente de Tomás de Celano. Se pensó, pues, en Celano, quien, en 1228-29, habla ya escrito la "Vita Prima" del Santo de Asís. Pero tampoco su nombre ha recogido amplio consenso.

Sea como fuere, son ciertos dos hechos fundamentales: que la Assidua vio la luz casi al día siguiente de la muerte de Antonio, no más allá del 1232 (el ano después de su muerte), y que el autor tiene que ser un hermano menor bien al corriente de las tendencias y de los problemas de la Orden.

Aplicado a Antonio el término de "idiota" recurre en el pasaje donde el autor de la leyenda, después de haber narrado la aplaudida predicación en la corte papal, y de haber referido el juicio del papa, refiere también el juicio de varias clases de personas (80). Todos lo vieron apto y eficaz: "Sermo namque ipsius, in gratia, sale conditus, non mediocrem audientibus gratíam conferebat. Mirabantur maiores virum pubetenus, ydiotam, espiritalia spiritalibus subtiliter comparantem; stupebant minores peccati causas et occasiones vellentem, et virtutum mores cautius inserentem. Omnis demum conditionis, ordinis et status viri congruentia sibi viti documenta sucepisce letati sunt". (X, 35) (81). El autor de la Leyenda llama a testimoniar a la sociedad de su tiempo, dividida en "maiores" y "minores". En primer lugar los "maiores" (cónsules, administradores, magistrados, notarios, teólogos titulados) reconociendo que Antonio era una persona inteligente y culta, con tanta mayor sorpresa cuanto que sabían que Antonio además de joven (pubetenus), era también un "idiota". Nada más evidente que, tanto en boca de los mayores como en el léxico del autor de la leyenda, el término "idiota" no significa de manera alguna un "ignorante". El autor quiere solamente hacer notar que la doctrina de Antonio no estaba avalada por títulos académicos, y que no por ello era menos segura, sustanciosa y eficaz.

El autor de la leyenda confirma indirectamente que, por una parte, Antonio no habla jamás poseído un verdadero titulo académico (82), y, por otra, que "idiota" y "docto" no son, de por sí, dos términos contradictorios, y que se puede ser idiota y culto a la vez.

A esta altura no se le puede escapar a nadie el valor hermenéutico que tiene el pasaje de la Assidua para la interpretación del término "idiota en el uso y en el espíritu de Francisco. Dado el poco tiempo que media entre la composición de la primera vida de Antonio (1232) y de la redacción tanto de los escritos de Francisco, en los cuales el Santo se cualifica como "idiota" (1224-1226), como de la primera vida escrita por Celano, donde el término "idiota" se volvió característico para designar el espíritu de la fraternidad y de la Orden (12281229), parece casi imposible no aceptar que el autor de la Leyenda tuvo una Intención bien precisa, y que por lo tanto es arbitrario interpretar el término en sentido cultural, y no preferentemente en el de minoridad social.

conclusión

Ante un término, tan frecuente y tan característico en las fuentes franciscanas, es sorprendente que no haya encontrado un lugar, una "voz", en el reciente "Dizzionario Francescano di Spiritualita" (83). Hubiera sido la ocasión para añadir y completar el cuadro de las virtudes franciscanos entre sus afines (pobreza, simplicidad, humildad, fuga del mundo). Tanto más que falta de una voz relativa al recogimiento (84). Además, una voz para el término "idiota" hubiera sido una buena ocasión para puntualizar no tanto el nivel cultural de Francisco (lo que ya ha sido hecho), sino más bien para clarificar en qué modo favoreció o no la adquisición de la cultura y la vida de estudio , y qué valor hubieran podido tener las consideraciones extraídas del término en cuestión. De todos modos, precisamente esta ausencia puede constituirse en un motivo más para no juzgar inútiles las consideraciones que acabamos de hacer.

Las cuales, por añadidura, no nos parecen carentes de resultados notables.

En primer lugar, no es poco importante el haber hecho notar que durante todo al ciclo de su historia, el término "idiota" vivió y sobrevivió, con un doble sentido: el de "iletrado" (persona de poca cultura), y el original de persona "privada".. extraña a la sociedad que cuenta. Esto vale tanto para el medioevo latino, como, y aún más, para el medioevo italiano. A la desatención por parte de los fílólogos y franciscanistas hacia este doble sentido, se debe el hecho de que fácil y comúnmente es Interpretado en el sentido de persona poco culta. Por otra parte, se ha podido constatar que el sentido del término "idiota" registrado por los diccionarios modernos, referido a personas de escasa cultura, o escasa inteligencia, es un sentido cuyo origen es solamente moderno (del siglo pasado hacia aquí), y que por lo tanto no puede entrar en cuestión

Particularmente en relación al uso del término "idiota" que hicieron tanto los biógrafos como el mismo Francisco, aplicándolo a sí mismo, existen razones más que valederas para interpretarlo en el sentido principal de hombre amante de la vida privada y escondida, amante de la vida eremítica, y perteneciente, por lo tanto, por opción, a la clase de los "menores", y solo secundariamente en el sentido de hombre de escasa cultura (85). Son otros los términos que, en las fuentes, han servido para esta finalidad (ignorante, iletrado, simple) (3). Un pasaje particularmente decisivo y significativo para concluir que "idiota, en las fuentes franciscanas, tuvo sobre todo la finalidad de significar una persona amante de la privacidad, o al menos de la "minoridad" social, (falta de autoridad titulada), es el de la Assidua, donde Antonio, a pesar de su cultura eminente, es calificado como "idiota"(4).

El término "idiota" expresa, por lo tanto, un particular aspecto de la espiritualidad franciscana, y será necesario que los traductores estén atentos para no empobrecer un término en su intensidad espiritual. Consiguientemente en la traducciones no deberán ser privilegiados tanto los términos que indican un grado de cultura ("ignorante", "inculto", "iletrado"), cuanto, más bien, aquellos que indican un entero estilo de vida, libremente elegido, un estilo de vida hecho de humilde retraimiento, y ajeno a la posesión de autoridades sociales.

Las notas son excesivamente eruditas para los lectores  de modo que podría perfectamente obviarse la impresión, remitiéndose al original, con la cita de las fuentes.