LA PENITENCIA, ACTITUD Y SACRAMENTO

El sacramento de la penitencia

dentro del movimiento penitencial franciscano

Jerónimo Bórmida
Javier Galdona

SITUACIÓN ACTUAL DEL SACRAMENTO

Comenzamos el seminario conscientizando la vivencia actual de los participantes en relación al sacramento. No se trató de relevar conocimientos teóricos - cuánto sabían" acerca de la doctrina sobre la penitencia - sino de sacar a la superficie sensaciones. sentimientos. ¿cómo se sentía cada uno, en la actualidad ante el sacramento de la penitencia? ¿Cuáles son elementos más sentidos? ¿Cómo es, en la actualidad, la praxis concreta de esta sacramento?

Hay que tener en cuenta que los participantes eran 48 en el momento de hacer la dinámica inicial. Casi todos eran o bien religiosos y religiosas, o bien hermanos y hermanas de la Fraternidad Secular Franciscana. En primer término cada uno tuvo que escribir la respuesta a las dos preguntas, personalmente en esta misma hoja, 15 minutos. Luego se realizó una puesta en común, en pequeños grupos y por último se realizó un plenario cuya síntesis ofrecemos a continuación.

Como me siento yo ante el sacramento

La mayoría de los participantes piensa que se ha ido dando un proceso positivo en estos últimos años. La praxis de los últimos años ha ayudado a crecer y vivir en fraternidad, al descubrir un Dios que no es juez, sino que es un Dios mi-sericordioso, Padre que los amaba y ayudaba a liberarse y caminar hacia Él. En general, la experiencia del grupo es positiva. Se ha crecido y para la mayoría la confesión resulta hoy en día un acto fuerte de fe liberadora.

Los de más edad miran hacia atrás y piensan que se han pasado de un modo infantil de "confesarse", que suponía la obligación de confesión todas las semanas, a una vivencia de la reconciliación real y efectiva dentro de la comunidad cristiana.

Quien ha sabido renovar la celebración del sacramento lo han vivido como una gracia liberadora, un encuentro con el Señor.

Se ha abandonado la práctica rutinaria y ordinaria para suplantarla por una vivencia de un modo particular en los tiempos fuertes: adviento, cuaresma, retiros. A la frecuencia semanal y se la sustituye por una práctica mensual o bimensual. En ocasión de los retiros se hacen momentos fuertes de penitencia, y allí el sacramento aparece como bien celebrado.

Ya no ocurre que hay que ir porque es obligación, hoy se lo ve como una opción personal. Todos están de acuerdo de que cuando es un acto libre es también liberador

La mayoría no tiene dificultad en confesarse con distintos sacerdotes, aunque algunos manifestó dificultad en acercarse a cualquiera para hablar de sus problemas personales. De todos modos casi todos reconocían la importancia de un confesor que acompañe el camino penitencial de la persona y haga vivir el sacramen-to dentro de un proceso.

La praxis actual presenta varios problemas, que en general dependen del tipo de experiencias habida durante el tiempo de la formación inicial (catequesis, noviciado).

Por una parte uno se encuentra con las actitudes de los sacerdotes:

* algunos relativizan el sacramento de la Reconciliación, considerándolo como al-go no importante,

* otros que lo celebran de tal modo - rápido, apurados - que dificultan su vivencia.

* no siempre es fácil encontrar sacerdotes disponibles.

Por otra parte están los problemas del fiel,

* el factor vergüenza es importante, cuesta contar sus cosas a quien no se conoce .

* algunos sienten necesidad de ella, pero les cuesta encontrar la persona que escuche y aconseje.

* se sigue buscando un amigo, hablar con personas que uno quiere y estima, aunque se reconoce que confesarse no equivale a hacer una char-la con un amigo.

* el penitente no solo busca conversión, hacer un camino de conversión, sino también estar en paz.

* para muchos es muy costoso decidirse a confesarse, pero después de la absolución, generalmente se sienten bien, perdonados, liberados, prontos a comenzar, con alegría y gratitud, con mas fuerza.

* cuando se hacía una vez por semana con un determinado sacerdote la praxis llevó a un vaciamiento del sacramento.

* para algunos el modo actual de celebrarlo ha llevado a una revalorización del sacramento.

* algunos continúan una práctica con frecuencia regular, la mayoría no.

* Falta conciencia de lo qué es pecado.

No se sabe distinguir entre la confesión y la dirección espiritual.

La confesión es muy simple: se dicen los pecados mortales lo demás es optativo, se oye una breve exhortación, luego se da la absolución y la penitencia. Otra cosa es la charla, el aconsejamiento, el acompañamiento, la escucha.

La Dirección Espiritual es mucho más difícil y específico, propio de algunos carismas en la iglesia.

Si bien la confesión en general se la hace mezclada con la dirección espiritual, conviene separarlas.

Por ejemplo en América Latina es cada vez más frecuente ver a religiosas que ejercen el ministerio de la escucha y del consejo en las capillas que animan y coordinan pastoralmente, y cada vez más uno se encuentra con religiosas que acompañan y aconsejan a religiosos. Puede ser útil tener alguien fijo para aconsejarse, pero para confesarse de los propios pecados y obtener la absolución solamente se necesita alguien que pueda absolver y nada más.

¿Qué dice la gente?

Como positivo solamente se rescató el hecho de que a nivel de las comunidades se nota una revalorización respecto del verdadero sentido del sacramento de la Reconciliación. Por el contrario surgió una larga serie de aspectos negativos que elencamos sin comentarios. De todos modos señalo que en este ejercicio hay que recurrir a esta segunda parte si se quiere saber realmente lo que el grupo está sintiendo en relación al sacramento. Se pone en los demás los problemas que uno no se atreve a formular.

* hay confusión entre lo que es pecado o no, más hay falta de sentido de pecado

* el pueblo lo ve como una obligación negativa que produce rechazo.

* muchos dejaron de recibirlo por mucho tiempo, se percibe como un miedo a volver.

* otro problema es la falta de curas.

* a nivel pastoral hay fallas en la formación de la gente, no siempre hay rechazo explícito, pero sí ignorancia de lo que es el sacramento y de cómo hay que celebrarlo.

* hay una división entre la legislación de la Iglesia y lo que se puede realizar en la prác-tica.

* muchos no lo ven necesario, la gente reza y pide perdón a Dios y eso les basta.

* si bien no hay rechazo en los religiosos la gente común no quiere saber de nada, lo ven como espantoso.

* a algunos le vino una crisis por la obligación que se tenía cuando niño y que creó una especie de vacuna.

* cuando se confiesan lo hacen con miedo, no es una fiesta, ven un Dios castigador.

* los sacerdotes son pocos y en las confesiones comunitarias hay poco tiempo.

* los jóvenes cuando se establece un clima fraterno con un sacerdote, no rechazan el sacramento de la penitencia.

* los muchachos conversan y cuentan sus cosas, pero ignoran la necesidad del sacramento, pues no saben lo que es: simplemente necesitan descargar su conciencia

* ¿por qué confesarse con un hombre si es mejor directamente con Dios?

* cuando hay sacerdotes confesando durante la Misa se confiesan de lo contrario no. ...

* para algunos sacerdotes de mi edad avanzada se sienten como un peso el ejercicio de la penitencia que se reduce a escuchar siempre lo mismo.

* hay cosas que son confesadas y que no son pecados sino problemas, y otras que avergüenzan y que son una vio-lación de la intimidad de la persona que se ve obligada a contarlas.

IIº

DATOS DE LA SAGRADA ESCRITURA


1.- TODO ENCUENTRO VERDADERO CON DIOS ES UN ENCUENTRO CON SU MISERICORDIA, CON EL AMOR MATERNAL DE DIOS A LOS HOMBRES.

Libro del profeta Oseas: símbolo del amor loco de Dios por su pueblo.- Todo el libro, no sólo una cita aislada, es símbolo de la exasperación del amor de Dios a los hombres, a pesar de todas las prostituciones y de todos los engaños.- Para entender el texto que vamos a leer hay que recordar la vida simbólica del profeta, obligado a casarse con una prostituta obligado nuevamente a buscarla cuando es abandonado, y obligado a volver a tener hijos con su esposa reencontrada y querida como si fuera joven y virgen.

Cuando Israel era niño, lo amé, y desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando más los llamaba, más se alejaban de mí: ofrecían sacrificios a los baales y quemaban ofrendas a los Ídolos. Yo enseñé a andar a Efraim y lo llevé en brazos, y ellos sin darse cuenta de que yo los cuidaba.

Con correas de amor los atraía con cuerdas de cariño y era para ellos como quien alza un niño contra su mejilla, me inclinaba hacía él para darle de comer

Pues volverá a Egipto, asirio será su rey, porque no quisieron convertirse.

Entrará la espada en sus ciudades y destruirá sus seguridades. Mi pueblo está enfermo por su infidelidad: gritan a Baal pero nadie los levanta,

¿Cómo podré dejarte, Efraim; cómo voy a entregarte a tí, Israel? ¿Podré tratarte a tí como a Admá, dejarte como a Seboim?

Mi corazón se me revuelve dentro, a la vez que mis entrañas se estremecen. No cederá al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím,

Porque yo soy Dios y no hombre, el Santo en medio de tí, y no me gusta destruir (no soy tu enemigo desvastador). (Os, cap., 11, 1-9)

Porque tú eres nuestro Padre, que Abraham no nos conoce, ni Israel nos recuerda. Tú, Yahveh, eres nuestro Padre, tu nombre es "El Liberador" desde siempre. (Is 63:16).

Yo seré para él padre y él será para mí hijo. Si hace mal, le castigaré con vara de hombres y con golpes de hombres....

Pues bien, Yahveh, tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero, la hechura de tus manos todos nosotros. (2Sam 7:14)

Padre me llamaréis y de mi seguimiento no os volveréis.... Porque yo soy para Israel un padre, y Efraím es mi primogénito. (Jer 3:19 Jer 31:9)

Si mi padre y mi madre me abandonan, Yahveh me acogerá.... El me invocará: ¡Tú, mi Padre, mi Dios y roca de mi salvación! Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahveh para quienes le temen; ...porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido. Salm 27:10; Salm 89:27; Salm 103:13 ;Prov 3:12... siguen las citas, por ejemplo Sir 23:1; Sir 23:4)

Jesús vino a revelar el verdadero rostro de Dios, tanto con sus palabras como con sus hechos. Sus hechos desconciertan tanto que tiene que explicarlos con sus palabras. Podemos leer las tres "Parábolas de la misericordia, que Lucas pone en el capítulo 15, todas seguidas. Ahora sólo vamos a comentar la del hijo pródigo. Recaudadores y descreídos solían acercarse en masa para escucharlo. Los fariseos y los letrados lo criticaban, diciendo: Ese acoge a los descreídos y come con ellos. Entonces Jesús les propuso esta parábola:

Un hombre tenía dos hijos; el menor le dijo a su padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me toca. El Padre les repartió los bienes. No mucho después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano , y allí derrochó su fortuna viviendo como un perdido. Cuando se lo había gastado todo vino un hambre terrible en aquella tierra y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se puso al servicio de uno de los naturales de aquel país, que le mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pues nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras yo estoy aquí muriéndome de hambre, Voy a volver a casa de mi padre y le voy a decir "Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a tí; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.

Entonces se puso en camino para casa de su padre; su padre lo vio de lejos y se enterneció; salió corriendo, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. El hijo empezó: Padre he ofendido a Dios y te he ofendido a tí; ya no merezca llamarme hijo tuyo.

Pero el padre les mandó a los criados: Saquen enseguida el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo, y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío se había muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y se le ha encontrado. Y empezaron el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo. A la vuelta cerca ya de la casa, oyó la música y el baile; llamó a uno de los peones, y le preguntó qué pasaba. Este la contestó : Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha mandado matar el ternero cebado porque ha recobrado a su hijo sano y salvo.

El se indignó y se negó a entrar; pero el padre salió e intentó persuadirle. El hijo replicó: Mira: a mí, en tantos años como te sirvo sin desobedecer nunca una orden tuya, jamás me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, matas para él, el cordero cebado.

El Padre le respondió: Hijo mío, ¡si tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo! Además, había que hacer fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo se había muerto y ha vuelto a vivir, se había perdido y se le ha encontrado.

2- TODO ENCUENTRO VERDADERO CON DIOS ES TAMBIÉN PARA EL HOMBRE UN ENCUENTRO CON SU PROPIO PECADO. DESCUBRIR Y NOMBRAR LAS RESPUESTAS DE NO-AMOR.

El salmo 51 (50) tradicionalmente atribuido a David luego de su gravísimo delito, primero de haberle robado la mujer a uno de sus soldados, por más que él tenía a su disposición todas las que quería, como alguien que le roba una ovejita a un pobre cuando tiene miles en sus estancias; segundo por haber mandado matar a su fiel soldado para tapar el delito. El salmo aparece como el grito más hondo del reconocimiento del pecado del hombre.

Tenme piedad, oh Dios, según tu amor por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, y de mí pecado purifícame. Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí; contra tí, contra tí sólo he pecado, lo malo ante tus ojos cometí. Así eres justo cuando sentencias, sin reproche cuando juzgas. Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre.

La primera carta de S. Juan, el librito de la Biblia donde más alto se proclama el amor de Dios hasta definirlo como tal, y afirmar que sólo amando se puede conocer a Dios, o sea experimentar quién es Dios, ese librito contrapone la conciencia más grande del pecado del hombre.

Si decimos : "no tenemos pecado", nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, ¡fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia! Si decimos: "no hemos pecado", le hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros. Hijos míos, les escribo ésto para que no pequéis Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre, a Jesucristo, el justo. El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. (1 Jn. 1 8-10; 2,1-2)

El mismo Jesús pone ciertas condiciones para entrar al banquete del Padre, como el volver a la casa, reconocer su camino errado, dar vuelta... veamos una parábola de Jesús. El tema es el banquete. Dios-madre que enseña a comer a sus hijos, inclinándose hacia él, Dios-padre que no tiene paciencia de esperar el hijo mayor para comenzar el gran banquete por el reencuentro del hijo perdido y muerto. Aquí Jesús va a dictar algunas normas para quien quiera participar del nuevo banquete, con Abraham y sus nuevos hijos.

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente todos los días. Un mendigo, llamado Lázaro, estaba echado en el portal, cubierto de llagas; habría querido llenarse el estómago con las migajas que caían de la mesa del rico; más aún, hasta se le acercaban los perros a lamerle las llagas. Se murió el mendigo y los ángeles lo pusieron a la mesa al lado de Abraham. Se murió también el rico y lo enterraron.

Estando en el abismo, en medio de los tormentos, levantó los ojos, vio de lejos a Abraham, con Lázaro echado a su lado, y gritó: "Padre Abraham, ten piedad de mí; manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me atormentan estas llamas.

Pero Abraham le contestó: Hijo recuerda que en vida te tocó a tí lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso ahora él encuentra consuelo y tú lo padeces. Además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso; por más que quiera, nadie puede cruzar de aquí para allá ni de allí para acá.

El rico insistió: Entonces, padre, por favor, manda a Lázaro a mí casa, porque tengo cinco hermanos: que los prevenga, no sea que acaben también ellos en este lugar de tormento.

Abraham le contestó: Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen. El rico insistió: No, no, padre Abraham; pero si un muerto fuera a verlos, se enmendarían.

Abraham lo replicó: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no le harán caso ni a un muerto que resucite.

3.- LA VERDADERA PROCLAMACIÓN DEL PECADO DEL HOMBRE IMPLICA CONTEMPORANEIDAD DE LA PROCLAMACIÓN DE LA SUPREMA DIGNIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA HISTÓRICA

El hombre quiere ser dios porque tiene vocación divina. Lo más curioso es que la Biblia afirma que en realidad el hombre puede alcanzar sus objetivos.- Leemos el relato hermoso del libro del génesis, cuando la torre de Babel:

El mundo entero hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar de oriente, encontraran una llanura en el país de Senaar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos a preparar ladrillo y a cocerlos, empleando ladrillo en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento. Y dijeron: Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos famosos y para no dispersarnos por la superficie de la tierra,

El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres, y se dijo: Son un pueblo único con una sola lengua, si éste no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Vamos a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo.

El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y dejaron de construir la ciudad. Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra, (Gen. 11, 1-9)

No sólo el pecado supone poner de relieve que para el hombre "nada de lo que decida le resulta imposible", sino también proclamar la dignidad y hermosura de todo lo creado. Si el pecado es darle las espaldas a Dios y volverse a las criaturas, es porque éstas son "adorables"... o casi. Así lo dice este hermoso texto del libro de la sabiduría.

Eran naturalmente vanos todos los hombres que ignoraron a Dios, y fueran incapaces de conocer al que es partiendo de las cosas buenas que están a la vista y no reconocieron al artífice fijándose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve, a las órbitas astrales, al agua impetuosa, a las lumbreras celestes, regidoras del mundo. Sí, fascinados por su hermosura los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su dueño, pues los creó el autor de la belleza; y sí los asombró su poder y actividad, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo; pues por la magnitud y belleza de las criaturas, se descubre por analogía a quien les dio el ser. Con todos a éstas poco se les puede echar en cara, pues tal vez andan extraviados buscando a Dios, y queriéndolo encontrar; en efecto, dan vueltas a sus obras, las exploran, y su apariencia las subyuga, porque es bello lo que ven. Pero ni siquiera éstos son excusables, porque si lograron saber tanto que fueron capaces de averiguar el principio del cosmos, ¿cómo no encontraron antes a su dueño?. (Sab. l3, 1-9)

4- TODA PROCLAMACIÓN VERDADERA DEL PECADO DEL HOMBRE IMPLICA EL ANUNCIO DE LA CONVERSIÓN, DE LOS CAMINOS POR LOS QUE HAY QUE VOLVER, DE LA RECONCILIACIÓN CON LA VOCACIÓN PRIMERA

La originalidad, pues del anuncio judeocristiano del pecado, es que el hombre peca porque "puede", y por lo tanto puede también convertirse. Veamos la conclusión del libro del Deuteronomio, como el resumen de toda la teología de la alianza deuteronomista.

Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable; no está en el cielo, y no vale decir: ¿quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará para que lo cumplamos?; Ni está más allá del mar y no vale decir: ¿quién de nosotros cruzará el mar y nos la traerá y nos lo proclamará para que lo cumplamos? El mandamiento está a tu alcance: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.

Mira, hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra adonde vas a entrar para conquistarla. Pero si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo anuncio hoy que morirás sin remedio, que después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella.

Hoy cito como testigos contra ustedes al cielo y a la tierra, te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición. Elige la vida y vivirán, tu y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, y escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob. (Dt. 30 11-20)

Tendríamos que leer todos los profetas para escuchar, reiterado en cada una de las páginas el grito de ¡conviértanse y vivan!!!.-

Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahveh. Conviértanse y vivan. (Ez 18:32

Diles: «Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva. Conviértanse, conviértanse de su mala conducta. ¿Por qué han de morir, casa de Israel?» (Ez 33:11)

Lo cierto es que para la revelación bíblica el pecado no es nunca mera transgresión de una norma ritual, sino opción entre vida y muerte, entre Dios y el ídolo. Es el hombre quien opta libremente, y que libremente puede reoptar, cambiar, convertirse. Siempre es posible la reconciliación. No basta confesar, reconocer interior y exteriormente los pecados, es imprescindible cambiar de vida. Como los profetas, también Jesús inaugura su misión predicando la conversión, y este será el leitmotiv de su predicación. El evangelio de Marcos se abre con la predicación de la penitencia de Juan el bautista seguida inmediatamente por la de Jesús.

Así comenzó la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios, como estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Mira te envío mi mensajero por delante, para que te prepare el camino (Mal. 3,1). Una voz grita desde el desierto: prepárenle el camino al Señor, allanen sus senderos" (Is. 40,3) Se presentó Juan en el desierto bautizando: pregonaba un bautismo para que se arrepintieran y se les perdonaran los pecados. Acudía toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán, .... Por aquellos días, llegó Jesús desde Nazaret de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán. Y en seguida, mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo, y al Espíritu bajar hasta él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tu eres mí hijo muy amado, mi predilecto!

En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. Estuvo en el desierto cuarenta días. Satanás lo ponía a prueba, estaba con las fieras y los ángeles le servían!

Cuando detuvieron a Juan, Jesús se fue a Galilea a pregonar de parte de Dios la buena noticia. Decía: Se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de Dios. Conviértanse y crean en la buena noticia.

5.- LA CONVERSIÓN ANUNCIADA EN LA BIBLIA IMPLICA TODOS LOS NIVELES DE LA REALIDAD, EL PERSONAL Y EL SOCIAL, EL RELIGIOSO Y EL POLÍTICO, LA ORACIÓN Y LA ECONOMÍA, Y ESTE ES EL PRINCIPAL PROBLEMA DE LA IGLESIA: CÓMO PREDICAR Y HACER EFECTIVO EL CAMBIO EXIGIDO POR EL EVANGELIO.

El Génesis nos presenta cómo el todo armónico creado por Dios es destruido por el pecado del hombre, y cómo todo, absolutamente todo es afectado por la transgresión de Adán.

Se les abrieron los ojos a los dos, y descubrieron que estaban desnudos; entrelazaran hojas de higuera y se las ciñeron. Oyeron al Señor Dios, que se paseaba por el jardín tomando el fresco. El hombre y su mujer se escondieran entre los árboles del jardín para que no los viera Pero el Señor Dios llamó al hombre: ¿Dónde estás? El contestó: Te oí en el jardín, me entró miedo porque estaba desnudo, y me escondí. El Señor Dios le replicó: Y ¿quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿ A que has comido del árbol prohibido? El hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me alargó el fruto y comí. El Señor Dios dijo a la mujer: ¿Que has hecho? Ella respondió: La serpiente me engañó y comí.

El Señor Dios dijo a la serpiente: Por haber hecho eso, maldita tú entre todos los animales domésticos.. A la mujer le dijo: Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansías de tu marido y él te dominará. Al hombre le dijo:Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol prohibido, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; y comerás hierba del campo.Con sudor de tu frente comerás el pan y hasta que vuelvas a la tierras porque de ella te sacaron pues eres polvo y al polvo volverás" (Gen. 3,7-19)

La liberación está, pues destinada a todos los ámbitos a los cuales se extendió la maldición. Así lo dice S. Pablo a los Romanos.

En consecuencia, ahora no pesa condena alguna sobre los que son del Mesías Jesús, el régimen del Espíritu de la vida te ha liberado del régimen del pecado y de la muerte. Sostengo, además, que los sufrimientos del tiempo presente son cosa de nada comparados con la gloria que va a revelarse reflejada en nosotros.

De hecho, la humanidad otea impaciente aguardando a que se revele lo que es ser hijos de Dios; porque, aún sometida al fracaso (no por gustos sino por aquel que la sometió), esta misma humanidad abriga una esperanza que se verá liberada de la esclavitud a la decadencia, para alcanzar la libertad y la gloria de los hijos de Dios.

Sabemos bien que hasta el presente la creación entera sigue lanzando un gemido universal con los dolores de su parto! Más aún: incluso nosotros, que poseemos el Espíritu como primicias gemimos en lo íntimo a la espera de la plena condición de hijos y del rescate de nuestros cuerpos pues con esta esperanza nos salvaron. (Rom 8.1.18-24)

La Iglesia celebra y hace real la conversión predicada en el sacramento del bautismo, haciéndonos cuerpo de Cristo. Sólo la aceptación de Cristo en la vida, la fe en Cristo que nos incorpora a él nos integra a la reconciliación Universal, cósmica, anterior a la historia. Así lo dice la carta a los Colosenses.

Porque él nos sacó del dominio de las tinieblas para trasladarnos al reino de su Hijo querido por quien obtenemos la redención, el perdón de los pecados. Este es imagen de Dios invisibles nacido entes que toda criatura, pues por su medio se creó el universo celeste y terrestre, lo visible y lo invisible ya sean majestades, señoríos, soberanías y autoridades. El es modelo y fin del universo creado, él es antes que todo y el universo tiene en él su consistencia, El es también cabeza del cuerpo que es la iglesia. El es el principios el primero en nacer de la muerte, para tener en todo la primacía, pues Dios, la plenitud total, quiso habitar en él, para por su medio reconciliar el universo consigo, lo terrestre y lo celeste, después de hacer la paz con su sangre derramada en la cruz! ( Col. 19 13-20)

Aunque no está tan explícito en los textos evangélicos en la boca de Jesús, Pablo vincula claramente el bautismo con la conversión, la nueva vida, el perdón de los pecados. Veamos este texto de la carta a los romanos.

¿Han olvidado que a todos nosotros, al bautizarnos vinculándonos el Mesías Jesús nos bautizaron vinculándonos a su muerte? Luego aquella inmersión que nos vinculaba a su muerte nos sepultó con él, para que, así como Cristo fue resucitado de la muerte con el poder del Padre, también nosotros empezáramos una vida nueva. Además, si hemos quedado incorporados a él por una muerte semejante a la suya, ciertamente también lo estaremos por una resurrección semejante. Tengan, pues, presente: el hombre que éramos antes fue crucificado con él, para que se destruyese el individuo pecador y así no seamos más esclavos del pecado; porque cuando uno muere, el pecado pierde todo su derecho sobre él.(Rom. 6, 1-7)

7.- LA IGLESIA CELEBRA Y REALIZA LA CONVERSIÓN Y EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA, INCORPORÁNDONOS A CRISTO

Así describe el evangelio de Mateo el relato de la cena, vinculando el gesto de la comida pascual, liberación sacramental de la experiencia del éxodo, a la experiencia de su muerte para el perdón de los pecados.

Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición y lo partió; luego lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y coman; este es mi cuerpo. Y tomando una copa, pronunció la acción de gracias y se la pasó, diciendo: Beban todos, que ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados. (Mt. 26, 26-29)

CONCLUSIONES

La iglesia tiene otros muchos modos de celebrar y hacer real la penitencia y el perdón de los pecados, diversos tanto en la época apostólica como en la historia de la iglesia

Veamos una serie de afirmaciones hasta a veces contradictorias, tanto en la boca de Jesús, como en la praxis de los mismos apóstoles.

1.- Perdonar a todos, 70 veces 7, porque para todos es posible la conversión.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa cn las puertas atrancadas por miedo a las autoridades judías. Jesús entró, se puso en medio y les dijo: Paz con ustedes.Dicho esto les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho de ver al Señor. Jesús repitió: Paz con ustedes. Como el Padre me ha enviado, los envío yo también. A continuación sopló sobre ellos y les dijo: Reciban al Espíritu Santo: a quiénes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes se los imputen, les quedarán imputados. (Jn. 20, 19-23)

Sean misericordiosos, como el Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que usen será usada con ustedes, (Lc. 6, 36-38)

Pedro se le acercó entonces y le dijo: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? Le dijo Jesús: Hasta setenta veces siete (Mt, 16, 21-22; Lc. 17,4)

2.- Hay pecados que no se perdonan y a veces hay que anatematizar al hermano.

Yo les aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca. Será reo de pecado eterno. (Mc 3,28-29)

Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si no les hace caso a ellos, díselo a la comunidad. Y si ni a la comunidad hace caso, considéralo ya como al gentil y al publicano. (Mt. l8, 15-17)

Les decía en otra carta que no se juntaran con libertinos. No me refería en general a los libertinos de este mundo, ni tampoco a los codiciosos y estafadores, ni a los idólatras, para eso tendrían que marcharse de este mundo. Lo que de hecho les dije es que no se juntaran con uno que se llama cristiano y es libertino, codicioso, idólatra, difamador, borracho o estafador: con uno así ni sentarse en la misma mesa. ¿Es asunto mío juzgar a los de fuera? ¿no es a los de dentro que juzgan ustedes? A los de fuera los juzga Dios. Echen del grupo de ustedes a los malvados (1 Cor. 5, 9-13)

Si uno se da cuenta de que su hermano peca en algo que no acarrea la muerte, pida por él, y Dios le dará la vida. Digo los que cometen pecados que no acarrean la muerte. Hay un pecado que acarrea la muerte; no me refiero a éste cuando digo que rece. Toda injusticia es pecado, pero hay pecados que acarrean la muerte. (1 Jn. 5,16-17)

Para los que fueron iluminados una vez, han saboreado el don celeste y participado del Espíritu Santo, han saboreado la palabra favorable de Dios y los dinamismos de la edad futura, si apostatan es imposible otra renovación, volviendo a crucificar para que se arrepientan ellos el Hijo de Dios, es decir, exponiéndolo al escarnio. Además, cuando una tierra se embebe de las lluvias frecuentes y produce plantas útiles para los que la labran, está participando de una bendición de Dios; pero si da espinas y cardos, es tierra de desecho a un paso de la maldición, y acabará quemada (Heb 6, 4-8)

Porque si, después de haber recibido el conocimiento de la verdad, nos obstinamos en el pecado, ya no quedan sacrificios por los pecados, quede sólo la perspectiva pavorosa de un juicio y el furor de un fuego dispuesto a devorar a los enemigos. Al que viola la ley de Moisés lo ejecutan sin compasión, basándose en dos o tres testigos. Cuánto peor castigo piensan ustedes que merecerá uno que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha juzgado impura la sangre de la alianza que lo había consagrado y que ha ultrajado al Espíritu de la gracia. Sabemos muy bien quién dijo aquello: Mío es el desquite yo daré a cada cual su merecido. Y también: El Señor juzgará a su pueblo. Es horrendo caer en las manos del Dios vivo (Heb. 10, 2ó-31)

3.- Jesús nunca condena a un pobre y anda con pecadores, despreciados y malditos.

Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se encontraban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían. Al ver los escribas del partido de los fariseos que comían con los pecadores y los publicanos, decían a los discípulos: ¿Qué? ¿Es que come y bebe con los pecadores y los publicanos? Al oír ésto Jesús les dice: No necesitan médico lo sanos, sino los que están mal; no he venido a llamar justos, sino a pecadores (Mc. 2, l6 -17).....

Esta es la tónica de todo el evangelio ...

4.- El pecado se perdona confesándolo a un hermano.

Confiésense mutuamente sus pecados y oren los unos por los otros, para que sean curados. (Sant. 5, 16)

Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo.Gal. 6, 1-2

Cfr. He citado antes el texto de 1 Jn 6, 5 y todo el capítulo citado de San Mateo, sobre la corrección fraterna)

5.- Hay pecados que exigen de la comunidad actitudes más severas

Se oye hablar entre nosotros, como si nada, de un caso de inmoralidad, y una inmoralidad de tal calibre que no se da ni entre los paganos: uno que vive con su madrastra.¡Y ustedes siguen engreídos en lugar de ponerse de luto y echar de su grupo al que ha cometido eso!Por lo que a mí me toca, ausente con el cuerpo, pero presente en espíritu, ya he tomado una decisión, como si estuviera presente, respecto al que ha hecho eso. Reunidos ustedes - y yo en espíritu - en nombre de nuestro Señor Jesús, con el poder de nuestro Señor Jesús entregad a ese individuo a Satanás; humanamente quedará destrozado, pero la persona se salvará el día del Señor. (lCor. 5, 1-6)

Algunos se han desentendido de la conciencia honrada y han naufragado en la fe, entre ellos Himeneo y Alejandro; yo los entregué a Satanás para que aprendan a no ofender a Dios (1 Tim 1,20)

San Francisco refleja esta dualidad - todos perdonan y hay pecados rservados -en su carta a un Ministro

Y si el hermano cae en otro pecado, venial, confiéselo a un hermano suyo sacerdote. Y, si no hay allí sacerdote, confiéselo a un hermano suyo, hasta que tenga sacerdote que lo absuelva canónicamente, como está dicho. Y estos hermanos no tengan en absoluto potestad de imponer ninguna otra penitencia que ésta: Vete y no vuelvas a pecar (cf. Jn 8,1 1).

Y si el hermano cae en otro pecado, venial, confiéselo a un hermano suyo sacerdote. Y, si no hay allí sacerdote, confiéselo a un hermano suyo, hasta que tenga sacerdote que lo absuelva canónicamente, como está dicho. Y estos hermanos no tengan en absoluto potestad de imponer ninguna otra penitencia que ésta: Vete y no vuelvas a pecar (cf. Jn 8,1 1).Hermanos, retráiganse de todo hermano que lleva una vida ociosa y no sigue la tradición que recibió de nosotros... Es que nos hemos enterado de que algunos del grupo de ustedes viven en la ociosidad, muy ocupados en no hacer nada; a estos les mandamos y recomendamos en nombre del Señor, Jesús el Mesías, que trabajen pacíficamente y así ganen para comer. Ustedes, hermanos no se cansen de hacer el bien, y si alguno no hace caso de lo que decimos en esta carta, señálenlo con el dedo y háganle el vacío, para que se avergüence. No quiero decir que lo traten como a un enemigo, sino que le llamen la atención, como a un hermano. (2 Tes. 3, 6-15)

6.- "Vete y no peques más": el pecado se perdona cuando hay signos de cambio.

Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.» Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.» (Jn 8: 7.10-11)

Y si uno ha pecado, no me ha ofendido a mí, sino hasta cierto punto, para no exagerar, a todos ustedes. Bástele a ese individuo el correctivo que le ha impuesta la mayoría; ahora en cambio, más vale que lo perdonen y lo animen, no sea que el excesivo pesar se lo lleve. Por eso les recomiendo que le confirmen su amor. Sólo éste fue el propósito de mi carta: comprobar el temple que tienen y ver si hacen caso en todo. Sin embargo, al que ustedes le perdonan algo, se lo perdono yo también, pues de hecho lo que yo perdono, si tengo algo que perdonar, es debido a ustedes, delante de Cristo. Quiero evitar que Satanás saque tajada de ésto, pues no ignoramos sus ardides ( 2Cor. 2, 5.11)

7.- El amor cubre multitud de pecados

El final de todo está cerca, por tanto, calma y sobriedad para poder orar. Sobre todo mantengan en tensión el amor mutuo, que el amor sepulta un sinfín de pecados. Practiquen la hospitalidad unos con otros sin refunfuñar. Las dotes que cada una ha recibido úselas para servir a los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. Quien habla, sea portavoz de Dios; quien se dedica al servicio, hágalo con las fuerzas que Dios le da. De modo que sea en lo que sea, Dios reciba la gloria por medio de Jesús, el Mesías, a quien pertenece la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amen (1 Ped. 4,7-11)

Hermanos míos, si alguno se desvía de la verdad y otro lo endereza, tengan presente que quien endereza a un pecador de su extravío, se salvará a sí mismo de la muerte y sepultará un sinfín de pecados. (Sant. 5, 19-20)

8. pecado y salvación radicales

El Pecado Original, el pecado que está en la raíz, del cual brota todo pecado está descrito en el relato del libro del Génesis. El hombre no tiene derecho a apoderarse de la decisión última de lo que está bien y de lo que está mal. La ley moral es objetiva, está fuera del hombre, en la estructura dada por Dios a todos y cada uno de los seres. El hombre tiene que saber descubrirlas y obedecerla para poder ser libre y liberador en la construcción del mundo y de la historia, tarea que el mismo Dios le ha encomendado. La Salvación "Original", la que está a la raíz, de la cual brota toda salvación a0parece en la antítesis del pecado de Adán que nos ofrece la Carta a los Filipenses.

ADÁN: EL PECADO ORIGINAL Gen. 2-4 CRISTO: LA SALVACIÓN ORIGINAL Fil 2
usurpa la dignidad divina que no le corresponde

Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.»

renuncia a la dignidad divina que le corresponde.

El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios

toma la forma de un "Baal", de un déspota, de un tirano

A la mujer le dijo: «Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará

se anonadó, tomó la forma de esclavo.

Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre

se hace desobediente

El replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?»

aprende a obedecer

y se humilló a sí mismo, obedeciendo

hasta llegar a asesinar a otros hombre para mantener el poder (Caín y Abel)

También Abel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos. 0Yahveh miró propicio a Abel y su oblacíon, mas no miró propicio a Caín y su oblación, por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro. Caín, dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera.» Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató

hasta dar la vida a otros por su propia muerte en Cruz.

hasta la muerte y muerte de cruz

POR ESO DIOS  
Lo esclavizó a sí mismo y a toda criatura

Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás.»

Lo exaltó, le dio "el nombre" y todas las criaturas le están sometidas

Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre.

Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre.


IIIº

MORAL, PECADO, CULPA

JAVIER GALDONA

para ver este capítulo

 

IVº
LA PRAXIS PENITENCIAL

EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA

La Iglesia primitiva

La disciplina penitencial en la iglesia primitiva está muy poco documentada, de modo que los datos que tenemos a disposición son muchas veces discutidos en su validez por los historiadores y teólogos. Un hecho es indudable: también los cristianos de la primera hora se apartaron de su profesión de fe y de la vida según el evangelio. Baste pensar en dos situaciones.

La de los Hechos 5:3, cuando Satanás llenó el corazón de Ananías y su esposa para mentir al Espíritu Santo, y se quedó con parte del precio del campo, a lo cual Pedro reacciona violentamente, causando la muerte física de los dos pecadores, sin darles posibilidad de arrepentimiento.

La Iglesia de Corinto está sumergida en divisiones internas y conductas tales que San Pablo tiene que decirles si prefieren que él los visite "con palo o con amor y espíritu de mansedumbre? Sólo se oye hablar de inmoralidad entre vosotros, y una inmoralidad tal, que no se da ni entre los gentiles, hasta el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su padre" . El Apóstol determina que "al que así obró, en nombre del Señor Jesús, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de Jesús Señor nuestro, sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor". (1CO 4:21-5:5) A los cristianos pecadores hay que señalarlos y evitar el trato con ellos, "para que se avergüence". Pero no lo miréis como a enemigo, sino amonestadle como a hermano." (2Te 3:14-15)

Desde el principio la Iglesia se ha enfrentado a fieles pecadores y ha solucionado de modos diversos el problema de la readmisión o no de los pecadores en el seno de la comunidad.

Las primeras comunidades cristianas generalmente eran de adultos convertidos y poco numerosas. El ser levadura en la masa, luz en el mundo, sal en la comida, les exigía una conducta irreprochable, a pesar de lo cual el mensaje del maestro hacía consciente a la comunidad de la posibilidad del perdón de los hermanos pecadores.

Ya vimos en la primera parte que en el Nuevo Testamento encontramos dos modos de reconciliación:

a)la corrección fraterna, la oración de la comunidad y una especie de confesión de los pecados a los hermanos;

b)en el caso de pecados notorios y graves una praxis que abarcaba dos tiempos: separación y corrección del pecador para que no corrompiera la comunidad y lo moviese a penitencia y conversión; reconciliación consiguiente y reintegración en la vida cultural y social de la comunidad, cuando parecía realmente convertido, luego de haber cumplido ciertas condiciones que fueran como el signo y la garantía de su conversión.

También nosotros suplicamos al Señor por aquellos que se encuentran en falta, para que El se digne concederles la docilidad y la humildad necesarias para someterse a nosotros y no sólo a Dios. Y así este recuerda, lleno de compasión, que nosotros hacemos de ellos no sólo a Dios sino también a los santos ser justo y fructífero para ellos. Clemente romano

Relajación de las costumbres

Durante los siglos II y III la Iglesia crece, se expande numérica y geográficamente y contemporáneamente se nota una disminución en la santidad de sus miembros. Encontramos textos bien interesantes al respecto.

En el Pastor de Hermas se trasluce como poco a poco las comunidades se conforman con fieles que han nacido en el cristianismo sin mérito propio y viven en él sin entusiasmo y como los ministerios se institucionalizan y hay diáconos que se enriquecen con los bienes de la Iglesia y presbíteros que viven a la conquista de los primeros puestos.

Son nuestras virtudes las que ahora están naufragando; se está demoliendo el fundamento de la pureza cristiana, la virtud que lo consigue todo del cielo; también Orígenes deplora los tiempos de su infancia comparándolos con la conducta de la generación cristiana posterior: entonces los cristianos ciertamente eran poco numerosos, pero realmente fieles, y caminaban por el sendero estrecho y difícil que conduce a la vida. Tertuliano

Los iniciados en Cristo deberían mostrarse y comportarse en toda su vida como en las iglesias, donde tienen un aspecto más venerable; y deberían no sólo parecer, sino ser mansos, piados, afectuosos. En cambio, yo no sé como, éstos cambian de aspecto y de costumbres como los pólipos, los cuales, dicen, se hacen semejantes a los peñascos en que habitan, y su piel toma su color. Por tanto, salidos de la iglesia, dejan su religión y se vuelven iguales a muchos con quienes tratan; y todavía más, dejado su simulado e hipócrita comportamiento, se muestran como si no fueran tales. Después de haber escuchado; y fuera se van con los ateos y se divierten con músicas y canciones eróticas, con cantos acompañados con la flauta, con algaradas, embriagueces y otros vicios ... ". Clemente de Alejandría

Cada uno confiaba en aumentar sus propios bienes. Olvidados del comportamiento de los creyentes de la era apostólica y de lo que un cristiano debe practicar siempre sobre el ejemplo de aquellos, con deseo insaciable de codicia se allanaban para acumular riquezas. Ya no brillaba en los sacerdotes la piedad religiosa, ni se traslucía la fe pura en el ejercicio de sus ministerios. Se había apagado la piedad de la beneficencia, quebrantada la disciplina de las costumbres. Se veían hombres con la barba afeitada, mujeres acicaladas, con los ojos deformados, despreciando la obra de Dios, y cabellos teñidos. Habla quien, con engaño malvado, se burlaba de la gente sencilla, ponía trampas a los hermanos con intenciones fraudulentas. Se celebraban matrimonios con los paganos, prostituyendo los miembros de Cristo. No sólo se abusaba del juramento sino, peor, se juraba en falso; se despreciaban con orgullosa arrogancia a los superiores, se calumniaba con malicia, había enfrentamientos mutuos con odio. Muchos obispos, en vez de ser ejemplo y estímulo para los otros, despreciando su misión divina, se convertían en administradores de intereses mundanos. Abandonaban su sede y su pueblo, y viajaban por las otras provincias tratando de hacer grandes negocios en los mercados y, mientras sus hermanos en sus iglesias padecían hambre, ellos llenaban sus bolsas de dinero, poniendo su mano fraudulenta y rapaz sobre los bienes de los demás, elevando los intereses del dinero prestado a usura. Cipriano

La segunda penitencia

Hermas es el primero que afronta el tema de la conducta hacia los cristianos pecadores: Todo el que ha recibido el perdón de los pecados (bautismo), no debería pecar jamás, sino situarse en la santidad, y añade Clemente de Alejandría: no puede ser imperfecto aquél que ha conocido lo que es perfecto. Pero sin que nada pueda impedirlo, muchos pecan.

Hermas dice que es posible el arrepentimiento y la penitencia. Anuncia, por lo tanto, la "segunda penitencia" de la que excluye a "los apóstatas y blasfemos contra el Señor y los traidores de los siervos de Dios". Precisa que esta oportunidad de una segunda penitencia después del bautismo es una sola, y que no debe tomarse pretexto en esta ulterior posibilidad de tomar a la ligera el pecado.

Montano afirma: "la Iglesia puede perdonar los pecados, pero yo no lo haré, a fin de que los otros no pequen".

Tertuliano: "me desagrada mencionar la segunda penitencia: temo que tratando de nuevo sobre esta ayuda que aún queda, que es la penitencia, no parezca que yo deje aún una puerta abierta al pecado". Dios no quiera que alguno interprete mis palabras como si la facultad que el pecador tiene de arrepentirse lo autorice también a pecar y la libertad de la clemencia divina dé vía libre a la temeridad humana.

Clemente de Alejandría: "es una apariencia de arrepentimiento y no un verdadero arrepentimiento pedir a menudo perdón de los pecados que cometemos frecuentemente; de hecho la verdadera penitencia consiste en no recaer en los mismos pecados y en desarraigar del alma aquellos que nos hicieron reos de muerte".

Se ve en estos textos que, manteniéndose una postura de mucho rigor frente al ideal cristiano la comunidad se preocupa pastoralmente de los fieles que están en pecado.

Los pecados "imperdonables"

Un problema grave se presentó a la iglesia ante los cristianos que apostataban de su fe, a veces solamente de modo externo, y para salvar la vida, quemando incienso a los ídolos o entregando los libros santos. A estos se los llamaba "lapsi". Pasada la persecución éstos piden ser readmitidos en la Iglesia. Luego paulatinamente se introduce la cuestión sobre la posibilidad o no de la reconciliación de ciertos pecados, y en particular los citados por la famosa tríada montanista: idolatría, homicidio y adulterio. La controversia fue muy áspera y grave.

Para Tertuliano hay pecados que son imperdonables y su doctrina influyó fuertemente en la praxis penitencial de la Iglesia de su tiempo.

Poco a poco la comunidad restringe el número de los pecados imperdonables e instaura un disciplina especial para algunas faltas especialmente graves. De modo diferente en las distintas iglesias, se va organizando una praxis penitencial en tiempos largos. La reconciliación no debe ser apresurada sino a su debido tiempo, cuando madure la conversión del penitente, como dice Cipriano.

Esta penitencia no se aplicaba a los pecados leves o también llamados "cotidianos", los cuales se perdonaban mediante la oración personal y comunitaria, el ayuno, las limosnas, las obras buenas, o por otras obras de piedad. Se reservaba para los pecados mortales, también llamados "delitos", "crímenes", "pecados capitales", "pecados mayores" "mortales", "más graves"... . Cometidos después del bautismo eran un mal serio, profundo, que penetraba toda la persona y que por esto exigía un esfuerzo doloroso y prolongado de conversión. De la seriedad de este esfuerzo y de la sinceridad de la conversión debía ser testigo y garante toda la comunidad.

La praxis penitencial en los tres primeros siglos

Los textos litúrgicos permiten reconstruir en tres tiempos la estructura de la práctica penitencial que se va configurando:

a) la entrada entre los penitentes (que entre otras cosas comprendía vestir el cilicio, la expulsión simbólica de la comunidad y la entrada en el ordo paenitentium);

b) la actio paenitentiae (o ejercicio de las obras de penitencia). La duración de esta actio estaba proporcionada a la culpa, al deseo de conversión y, en definitiva, era el obispo que señalaba el final. El penitente durante este período estaba excluido de la comunión eucarística, no podía ejercer ciertas profesiones o actividades públicas o comerciales, tenía prohibida la entrada en el clero, no podía casarse o, si estaba casado, no podía tener relaciones maritales. Algunas de estas prohibiciones duraban, después de haber obtenido la reconciliación, incluso toda la vida.

Entre tanto el penitente debía dedicarse a la mortificación, a la oración, a la limosna, etc. Citamos a Cipriano: es necesario rezar más intensamente; suplicar, pasar los días en luto, las noches en vigilia y lágrimas; ocupar todo el tiempo en lamentaciones, bañarse en lágrimas, estar postrados en el suelo, en las cenizas, en el cilicio y la abyección, sin buscar ya más otros vestidos después que se ha perdido el vestido de Cristo; amar el ayuno después de haber aceptado las comidas de Satanás; hacer obras buenas que echan fuera los pecados; multiplicar las limosnas que liberan el alma de la muerte....

c) la reconciliatio o absolutio paenitentiae era el rito litúrgico solemne con el que el obispo, en presencia de toda la comunidad, readmitía a los penitentes a la participación completa de la Eucaristía mediante la comunión.

Dimensión social del pecado

La praxis penitencial comunitaria supone una dimensión comunitaria del pecado, el "sacerdocio" de toda la comunidad en la celebración de la conversión y de la reconciliación del cristiano pecador, y a su vez la necesidad de conversión continua de toda la comunidad y acentúa la primacía de la calidad sobre la cantidad.

"Entre hermanos y compañeros, donde son comunes esperanza, temor, alegría, dolor, pasión, siendo común a todos el Espíritu comunicado a todos por el mismo Señor y Padre, ¿por qué tú, pecador, consideras a los demás como si fueran de una naturaleza distinta a la tuya? ¿Por qué huyes de los demás como si se regocijaran de tus caídas mientras están envueltos en ellas? No puede un cuerpo sentir alegría por el sufrimiento de uno de sus miembros; es inevitable que todo el cuerpo padezca y acuda a la renovación. En cada uno de nosotros está la Iglesia, y la Iglesia es Cristo. Cuando, pues, te postras a los pies de tus hermanos, es a Cristo a quien abrazas, es Cristo a quien suplicas. Recíprocamente, cuando éstos lloran por ti, es Cristo quien sufre, es Cristo el que suplica al Padre. Se concede siempre fácilmente aquello que es pedido por el Hijo". Tertuliano

"Si se ha mandado apartar a las gentes de los ídolos y catequizarlos, ¿no deberemos más bien salvar de la perdición a un alma que ya conoce a Dios? Ayudémonos mutuamente para llevar al bien incluso a los débiles, a fin de que todos podamos salvarnos, convirtiéndonos y corrigiéndonos recíprocamente". Clemente romano

La intercesión de los Mártires

Si la oración colectiva de la comunidad era insustituible para los propios miembros caídos en pecado y sujetos a penitencia, más apreciada era aún la oración de quien había derramado su propia sangre y había sufrido por ser cristiano.

Siguiendo el ejemplo de Esteban que oró por sus propios perseguidores, los mártires oraron también por los hermanos en la fe caídos en pecado intercediendo para que tuvieran la posibilidad de volver a entrar en la comunidad.

"Los miembros vivos, vivificaron a los muertos: los mártires obtuvieron gracia para los apóstatas y se regocijó intensamente la virgen madre, la Iglesia, cuando pudo recobrar vivificados a los que había expulsado de su seno como cadáveres. Con el ejemplo de los fuertes, la mayoría de los renegados volvieron de nuevo, fueron concebidos y reanimados, y aprendieron a confesar la fe". Eusebio

Desde los primeros decenios del siglo III , la oración y la intercesión de los mártires es usada por los penitentes para abreviar el tiempo de su permanencia en el grupo de los penitentes. Este uso, que Tertuliano documenta para Roma, se amplió y creó graves preocupaciones algún tiempo después en toda la Iglesia.

"Estos mártires divinos, ahora testigos de Cristo, partícipes de su reino, que con El juzgan y pronuncian la sentencia, mientras estaban entre nosotros tomaron bajo su protección a algunos hermanos "lapsi" que habían pecado sacrificando a los ídolos. Veían su cambio de ánimo, su arrepentimiento y pensando que esto podría agradar a Aquél que de ninguna manera quiere la muerte del pecador, sino su enmienda, los acogieron, trataron con ellos, los hicieron partícipes de sus oraciones y de su mesa... ¿qué debemos hacer? ¿Debemos tratar con los mártires, pensar como ellos ... o al contrario, debemos considerar injusta su decisión ... molestarnos por su clemencia y poner en entredicho el orden establecido?". Dionisio de Alejandría

"Ahora, queridos hermanos, nos ha venido una desgracia de otro tipo: como si la tormenta de la persecución no hubiese maltratado suficientemente, se añade un engaño mortal y una tolerancia perniciosa que toma la actitud de falsos aspectos de misericordia. Contra la severa palabra del Evangelio, contra la ley del Señor, la temeridad de algunos pretende conceder a estos ofuscados (los "lapsi") la comunión eclesiástica y un perdón infundado y falso, peligroso para quien lo concede y sin ventaja para quien lo recibe". Cipriano de Cartago

Normas para regular la intercesión de los mártires

Se debe afrontar un gran problema: por una parte no se podía disminuir el honor debido a los mártires, y por otra salvar y mantener íntegro el carácter interior, el signo de conversión auténtica connatural a la institución penitencial. Igual que en el problema de la "segunda penitencia", aparecen elementos de tipo pastoral más que dogmático..

Se reconoce valor a la intercesión de los mártires, pero su intercesión sin embargo no da derecho a una concesión automática de la readmisión en la comunidad.

"Ya que las cosas pedidas por los mártires son cosas justas y lícitas y no deben hacerse contra la ley del Señor...". Y sobre todo la readmisión no puede concederse a los lapsi "antes de expiar las faltas, antes de hacer la confesión de su delito, antes que su conciencia sea purificada con el sacrificio y con la mano del sacerdote, antes de haber aplacado la ofensa hecha al Señor". Cipriano.

La preocupación de fondo: que se produzca un desplazamiento de una valoración interior a una exterior, es decir, ligada a hechos externos al mismo penitente, de la penitencia o conversión del pecador, con todas las consecuencias que dicho desplazamiento puede provocar no sólo a nivel disciplinar sino sobre todo a nivel ético y religioso.

" Reatus culpae" y "reatus poenae"

Poco a poco se va adueñando de las iglesias del imperio romano un criterio de valoración "jurídica" del pecado, pasándose de una valoración personal, caso por caso, a una legislación con validez general y anticipada, traducida en cánones por sus concilios.

El pecado puede ser pues visto siempre como "herida" de una ley y, como tal, configurado en cánones que fijan su remedio. Se introduce de este modo, la diferencia jurídica, entre culpa (reatus culpae) y pena (reatus poenae) que siglos después hará que la absolución siga inmediatamente después de la confesión de los pecados, por lo cual la penitencia vendrá después de la reconciliación.

La paz constantiniana

En el siglo IV la paz constantiniana y la proclamación del cristianismo como religión de estado pone en crisis la práctica penitencial, que oficialmente continúa con el rigor y la duración de las penas, los convertidos afluyen en masa a integrarse a la iglesia movidos por motivos políticos y económicos y sin pasar la criba del catecumenado que desaparece progresivamente.

Los fieles no están capacitados para el testimonio fiel hasta el martirio, ante sus múltiples caídas se enfrentan a una disciplina penitencial rígida, severa. Por lo cual los catecúmenos se hacen bautizar a menudo al final de su vida, y los bautizados recurren a la "segunda penitencia", cuando se sienten próximos a la muerte.

Cuando el ser cristiano comienza a tener sentido de privilegio público, la entrada y la permanencia en la penitencia era también un hecho público; había ritos solemnes e imponentes en el momento de la admisión; los penitentes tenían un lugar reservado en las asambleas cristianas, y el ceremonial de la reconciliación era también solemne. No sólo, sino, bajo ciertos aspectos, ser "penitente" equivalía a aceptar una muerte civil y social (prohibición de vivir una vida conyugal normal, de ocupar cargos públicos en los tribunales, en los comercios, prohibición de entrada en el clero, etc.) y algunas de estas prohibiciones eran mantenidas incluso después de la reconciliación y de la readmisión a la Eucaristía.

Culpas graves y culpas leves

Ante este estado de la cuestión, los obispos enseñan más de lo que se hizo en siglos pasados - a distinguir entre culpas graves y culpas leves o cotidianas y a obtener la remisión y el perdón de estas últimas mediante la mortificación y la oración,

En los siglos IV y V la patrística occidental experimentó una evolución a una concepción cada vez más jurídica del pecado. Mientras Oriente desarrolla el aspecto médico-psicológico de la penitencia que hasta ahora ha permanecido en la Iglesia ortodoxa, y que hace de los obispos unos médicos-adjuntos de Cristo, médico supremo; en cambio en Occidente la especulación teológica, partiendo de Mt 16, 18ss (A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.) y 18,18 (Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.), a lo que se añade Jn 20, 22-23 (A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.), parte de la concepción primordial de un "ministerio" conferido a los obispos, a la más romana y jurídica de "mandato" y de "poder".

Los obispos y concilios desaconsejan el plano práctico, el acceso a la penitencia a los jóvenes, y elaboran en cambio una pastoral comprensiva, mitigada, y abierta hacia los moribundos.

Los Penitenciales

En este contexto histórico aparecen los primeros Penitenciales. Su origen y su primera difusión se atribuye comúnmente al monaquismo céltico y anglosajón, durante el período dominado políticamente por los "bárbaros". La buena acogida y la gran difusión que los "Penitenciales" tuvieron en el continente se atribuye en parte al hecho de que los criterios que los inspiraban reflejaban la concepción propia de las poblaciones bárbaras en materia legal y de resarcimiento de los daños.

De hecho, mientras para los romanos la noción del derecho se apoyaba sobre la armonización de los intereses del individuo con los de la comunidad (y en este sentido se había desarrollado hasta ahora la práctica penitencial) las poblaciones germánicas son portadoras de una noción contractual de la relación jurídica. Para los romanos el pecado va contra un precepto, para los germanos contraría un pacto

Para los germanos el daño es siempre "un mal", pero - salvo casos extremos en que no hay equivalencia en términos económicos de la pena, está siempre prevista la "composición" entre las partes interesadas. La suma de dinero pagado a modo de "composición" entre las partes pone fin al pleito que hay entre ofendido y ofensor, o entre los respectivos grupos enemistados. El hombre libre tiene siempre un precio variable según la clase social a que pertenece. El derecho romano, en cambio, no conoce una valoración económica del hombre libre. Para los germanos - hechas las excepciones de la nota precedente - cada delito tiene su precio.

Esta concepción se traduce, sustancialmente, en los Penitenciales, que de hecho así como nos han llegado, no son otra cosa que catálogos de los pecados en todas sus posibles concretizaciones, incluso las más insólitas o extrañas.

A cada pecado va aneja una penitencia determinada y concretizada, indicada en mortificaciones, limosnas, peregrinaciones, ayunos y oraciones; la duración de estas penitencias es proporcional a la valoración del pecado.

Con la adopción de los penitenciales:

a) la penitencia ya no es un hecho público: el pecador confiesa en privado, sus culpas al sacerdote (y ya no sólo al obispo); el sacerdote aplica la pena prevista para "aquel" pecado por el Penitencial, y el pecador salda la deuda con la justicia divina (y por tanto obtiene el perdón) apenas ha cumplido las obras impuestas: ayuno, limosna, oración, etc.;

b) el pecador ya no es absuelto una sola vez en la vida, sino tantas veces como haya pecado con tal de que satisfaga - después de haber confesado el pecado al sacerdote - las obras previstas en la penitencia.

Por tanto ya no hay más "ordo paenitentium", ni ya más separación de la Iglesia, ya no más vestidos penitenciales, ni más ritos públicos y solemnes.

El concilio de Toledo del 589 (c. 11 ) define "indigno, execrable y presuntuoso" el uso de ciertos cristianos que "cada vez que han pecado piden la absolución sacramental" y recalca severamente la obligación de atenerse a la "imposición de las manos, entrada (y larga permanencia, a juicio del obispo) en el orden de los penitentes... etc.". Este juicio y actitud de los obispos sobre la nueva forma penitencial, indica lo mucho que se había difundido y, sobre todo, la buena acogida qué ésta encontró, tanto entre la gente como entre sus pastores.

Desde una óptica moderna y sobre todo desde una óptica evangélica, las prescripciones de estos penitenciales pueden parecer casi una burla de los conceptos de "conversión" y de "penitencia". Citamos algunas de estas prescripciones escogidas entre diversos textos:

"Si un clérigo ha formulado el proyecto escandaloso de herir o de matar a su prójimo, ayunará durante seis meses a pan y agua y se abstendrá del vino y de la carne; luego será autorizado a volver al altar (para ofrecer la misa y comulgar)... Pero si se trata de un laico, ayunará durante siete días, ya que la culpa de un hombre de este mundo es menos grave aquí abajo, pero también su recompensa será menor en la otra vida".

"El ladrón ayunará durante un año (si es monje); el perjuro ayunará siete años (si es monje o clérigo); el homicida (laico) ayunará tres años a pan y agua, sin llevar armas y vivirá en el exilio. Después de estos tres años, volverá a su patria y se pondrá al servicio de los familiares de la víctima, en sustitución del que fue asesinado. Así podrá ser admitido a la comunión según el juicio del confesor... El laico que se emborracha o que come y bebe vino hasta el vómito, ayunará una semana a pan y agua".

"Quien mata por odio o codicia a una persona laica: 4 años de penitencia... el soldado que mata en guerra: 40 días de ayuno... quien bebe vino hasta el vómito: ayunará 40 días si es presbítero o diácono; 30 días si es religioso; 12 días si es laico... el que trabaja en domingo, ayunará 7 días".

Conmutación de penitencias

Las penitencias previstas por los pecados se iban acumulando hasta alcanzar un número tan elevado de años, que el pecador se encontraba en la imposibilidad práctica de cumplirlas. Por lo cual, casi contemporáneamente surgieron - para superar esta dificultad - otras listas o catálogos, llamados "equivalencias o conmutaciones penitenciales", las cuales se proponían hacer posible al pecador el cumplimiento de la penitencia. Algunos ejemplos nos explicarán mejor su utilidad:

"Conmutación para un ayuno de 2 días: recitar 100 salmos, unas 100 genuflexiones, o bien 1.500 genuflexiones y 7 cánticos,.. Conmutación para un ayuno de un año: pasar tres días en una iglesia, sin beber, comer ni dormir, totalmente desnudo, sin sentarse; durante este tiempo el pecador cantará salmos con los cánticos y recitará el oficio coral. Durante esta oración hará 12 genuflexiones; todo esto después de haber confesado sus pecados delante del sacerdote y delante del pueblo... otra conmutación para un ayuno de un año: hacer 12 ayunos de tres días seguidos cada uno ... o bien, ayunar 100 días a pan y agua con el rezo de la horas".

Luego apareció otra forma de conmutación o equivalencia penitencial, ligada a sucedáneos bajo forma de multas, de celebración de misas, etc. Por ejemplo: 1 unidad monetaria rescata 1 día de ayuno; el precio corriente de un esclavo (hombre o mujer) rescata 1 año de ayuno; 26 monedas de oro rescatan 1 año de ayuno; 1 misa rescata 7 días de ayuno; 30 misas rescatan 1 año de ayuno....

Entre los ricos y los nobles se tomó la costumbre de la "sustitución vicaria", cuyo ejemplo más conocido es el presentado por los cánones del Pseudo rey Edgard, del siglo X:

El hombre poderoso... rescatará 7 años de penitencia en 3 días, gracias al método siguiente: tomará 12 hombres que ayunarán en su lugar 3 días con pan, agua y legumbres verdes. Luego irá a buscar 7 veces 120 hombres que cada uno ayunará en su lugar 3 días. Los días de ayuno así acumulados, son iguales al número de días que hay en 7 años. Esta es la conmutación que podrá permitirse un hombre rico y que tenga amigos. El pobre no podrá actuar de la misma manera: deberá hacerlo todo por sí mismo.

La sustitución vicaria no está todavía prevista para sólo los ricos o poderosos. El Penitencial del Pseudo Isidoro enuncia este principio:

"Quien no conoce los salmos, o quien no puede velar o hacer genuflexiones, o estar con los brazos en cruz, o postrarse a tierra, escoja a otro que lo haga en su lugar, ya que está escrito: "Uno llevará el peso del otro" (Gal 6,2)".

Estamos en el siglo X y las relaciones que hay entre el "potens" y los súbditos están fundadas sobre la total disponibilidad de estos últimos a cualquier servicio que se les pidiera y en el concepto "patrimonial" de la relación feudal que consiste en el sometimiento de un hombre libre con promesa de fidelidad y servicios a otro hombre libre que a su vez promete protección.

Es interesante destacar que los Penitenciales y tratados de las equivalencias, redactados y difundidos en el continente por los monjes celtas y anglosajones han sido elaborados sin ninguna ingerencia de la jerarquía.

Para una valoración en términos económicos téngase presente: 100 monedas de oro dan derecho a 120 misas: 1 moneda ora da derecho a 2 misas; 1 libra de oro da derecho a 12 misas...

En un documento de 1180-1240 se narra como un párroco se hacía dar dinero por sus penitentes para decir misas como satisfacción de sus pecados. Sin embargo algunas disposiciones y normas ayudaban a esta especulación. El Penitencial de Vienne (a) dice que: " por su cuenta el sacerdote podrá celebrar solamente (sic) 7 misas al día; pero, si lo piden los penitentes, podrá decir cuantas sean necesarias, incluso más de 20 misas al día (sic)". En este contexto se entiende lo que prescribe San Francisco en la Carta a la Orden: Amonesto por eso y exhorto en el Señor, que, en los lugares en que habitan los hermanos, se celebre sólo una misa cada día según la forma de la santa Iglesia. Y si hay en el lugar más sacerdotes, conténtese cada uno, por el amor de la caridad, con oír la celebración de otro sacerdote. Los sacerdotes de la Orden no pueden celebrar con aquellas motivaciones..

En el 802 Carlo Magno prescribe que "los sacerdotes... en el ministerio de la confesión... sepan como imponer los remedios (actos penitenciales) por los pecados"; "cada sacerdote tenga un catálogo en que estén enumerados los pecados graves y leves"; En un Capitular sinodal de comienzos del siglo IX se precisa claramente que "cada sacerdote esté instruido en las ciencias canónicas y sepa servirse bien de su libro penitencial".

Pero poco a poco se va reaccionando contra los penitenciales y no solamente por los abusos derivados de las multas y de las misas, cuyos ingresos sirven para enriquecer a los clérigos poco escrupulosos, sino también por la confusión y anarquía de las valoraciones, por lo cual, por una parte se desea un retorno a la antigua disciplina penitencial mediante la eliminación de equivalencias o conmutaciones, y de otra se pide se busquen en las diócesis los Penitenciales no auténticos y no canónicos y que sean quemados.

Esta reacción lleva a una solución de compromiso: se recurrirá a la antigua penitencia pública si el pecado es público; se tomará la reciente penitencia tarifaria, si el pecado es oculto.

Esta situación dura hasta los siglos XII-XIII, es decir, hasta que la penitencia tarifaria será sustituida por la penitencia privada sacramental, todavía en vigor.

En este contexto aparecen las indulgencias. En seguida se advierte que las "indulgencias" nacen mal, a causa de su conexión con el sistema equivalencial o tarifario; de hecho éstas se rigen por un "cálculo matemático" de las penas y de éste toman la justificación más sugestiva ante los fieles.

La indulgencia es pedida y obtenida no sólo para señalar la vida espiritual de cada individuo (por ejemplo: el canto de la Salve Regina, el rezo del Angelus visitar una iglesia o un altar, escuchar una predicación, venerar las imágenes o reliquias de santos, llevar el Santísimo a los enfermos, rezar por los difuntos en los cementerios, escuchar la misa etc.), sino también para la vida de la colectividad en sus aspectos no precisamente sacros: por tanto no sólo para construir o restaurar iglesias, leproserías, escuelas, puentes, caminos y hacer obras de saneamiento. Se podía beneficiar de dichas indulgencias, sea con la propia mano de obra, sea con una limosna.

Los movimientos penitenciales

Los siglos XII y XIII señalan para la vida de las comunidades cristianas, un período de renovación religiosa intensa, la cual se concreta, entre otras cosas, en el nacimiento de numerosas Ordenes religiosas, y en movimientos que se relacionan radical y vigorosamente con la "pobreza"; piénsese en los "Poverelli", los "Cátaros", los "Valdenses ", etc. No podemos ahora ver toda la riqueza del movimiento penitencial, laical, pauperístico de los siglos XI-XIII, pero la transcripción de un estatuto de una fraternidad de penitentes, redactado hacia el año 1215, nos permitirán ver cuáles eran las características de un cristiano que abrazaba la vida penitencial. Véase cómo recuperan al interior del grupo la disciplina penitencial antigua.

Los hombres que pertenecieren a esta fraternidad vestirán de una tela humilde y sin teñir, cuyo precio no exceda el de seis monedas. Tendrán túnicas enterizas, no abiertas como llevan los seglares. Las hermanas se vestirán con idéntica humildad, teniendo además un tocado de lino, sin pliegues. Tanto hermanos como hermanas usarán solamente pieles de oveja.

No asistirán a fiestas deshonestas, a espectáculos o coros. No darán regalos a los comediantes y prohiban hacerlo a sus familias.

Todos se abstendrán de comer carne, salvo los domingos, martes y jueves y en caso de enfermedad o de recurrir alguna solemnidad. Los días quo no sean de ayuno podrán comer queso y huevos. Se contentarán con almuerzo y cena, con excepción de los débiles, enfermos y viajeros. Para los sanos tanto la comida como la bebida será tomada parca y templadamente. Antes y después de almuerzo y cena recitarán el padrenuestro, y darán gracias a Dios.

Desde la pascua de resurrección hasta la fiesta de todos los santos ayunarán todos los viernes. Desde la fiesta de todos los santos, hasta la pascua ayunarán miérco-les y viernes, observando también todos los otros ayunos que la Iglesia prescribe para todos los fieles. Ayunarán todos los días durante la cuaresma de S. Martín y durante la cuaresma mayor.

Las hermanas embarazadas podrán abstenerse de los ejercicios corporales hasta el día de su purificación. Los que trabajan en trabajo pesado podrán comer tres veces al día desde la pascua de resurrección hasta la fiesta de la dedicación de San Miguel. Cuando trabajan para otros podrán comer de todas las cosas que les pongan delante.

Todos dirán diariamente las siete horas canónicas, a saber: maitines, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas. Los iletrados dirán 12 padrenuestros por maitines, y siete padrenuestros con gloria patri para cada uno por cada una de las otras horas. Y los que lo saben reciten el Credo in Deum y el Miserere mei Deus en prima y en completas. Los enfermos no estén obligados a recitar las horas. Todos asistirán a maitines en las cuaresmas de San Martín y en la Mayor.

Hagan la confesión de sus pecados tres veces al año. Reciban la comunión en la Natividad del Señor, en Pascua de Resurrección y en Pentecostés.

No tomen nunca un arma mortal contra alguien ni lleven armas mortales consigo. Todos se abstendrán de los juramentos solemnes, y evitarán los juramentos en el lenguaje corriente.

Los ministros, según su parecer, harán las paces entre hermano y hermano o entre los extraños. Si fuere necesario se recurrirá al consejo del Señor obispo.

Cuando alguien pidiere entrar en esta fraternidad los ministros examinarán diligentemente su condición y oficio, exponiéndoles las obligaciones de esta fraternidad. Antes de ser admitido deberá pagar sus deudas, se reconciliará con su prójimo y se pondrá al día con los diezmos. Nadie podrá salir de esta fraternidad a no ser que ingrese en religión. No será admitido ningún hereje ni nadie con fama de herejía. Las mujeres casadas no serán admitidas sin el consentimiento y la licencia de los maridos.

Los hermanos y las hermanas incorregibles, expulsados de la fraternidad no serán nuevamente admitidos sino con el consentimiento de la parte mayor y más sana de los hermanos. Los ministros castigarán las culpas manifiestas de los hermanos y de las hermanas, y si alguno se demostrare incorregible, será expulsado con el consejo de algunos hermanos de la fraternidad. Si alguien supiere de algún escándalo ocasionado por hermanos o hermanas, deberá comunicárselo al ministro.

San Francisco

Si bien "la vida en penitencia", el "hacer penitencia", es un tema frecuente en los escritos y biografías, el sacramento de la penitencia como tal tiene un lugar muchos menos central y destacado. Si bien en la actualidad se ubica claramente a San Francisco al interior de un movimiento penitencial anterior y mucho más amplio que su Orden, generalmente se admite que el dio inicio a uno de las órdenes de penitentes laicos en el siglo XIII. Recordemos que en sus comienzos así se autodefinía el primer grupo de hermanos.

Algunos los escuchaban de buena gana; otros, por el contrario, se burlaban de ellos; y muchos los acosaban a preguntas, diciendo: "¿De dónde venís?" Otros les preguntaban a qué Orden pertenecían Como les fuese molesto contestar a tantas preguntas, decían sencillamente que eran varones penitentes oriundos de la ciudad de Asís; pues su Religión todavía no se llamaba Orden. Tres Compañeros. 37.

El grupo de hermanos creció rápidamente y ya "no eran sólo los hombres los que se convertían a la Orden; había también muchas vírgenes y viudas que, movidas a compunción por la predicación de los hermanos, por consejo suyo se recluían a hacer penitencia en monasterios creados en ciudades y castros. Para ellas fue instituido visitador y corrector uno de los hermanos. Igualmente, hombres y mujeres casados, a quienes la ley matrimonial impedía separarse, se dedicaban, por saludable consejo de los hermanos, a una vida de austera penitencia en sus mismas casas. De esta manera, por medio del bienaventurado Francisco, devotísimo de la santa Trinidad, se renueva la Iglesia de Dios a través de tres Órdenes, como queda significado en la reparación de tres iglesias que llevó a cabo anteriormente. Cada una de estas Órdenes fue confirmada en su momento oportuno por el sumo pontífice. TC. 60.

La "vida en penitencia", aparece, pues, como un verdadero movimiento de reforma y renovación de la iglesia. Movimiento masivo que no abarca todos los sectores y clases de la sociedad.

En el episodio de la conversión de los ladrones por la misericordia de Dios y gracias a la caridad y bondad que los hermanos tuvieron con ellos, unos ingresaron en la Religión, otros se convirtieron a la penitencia y prometieron ante los hermanos no cometer más tales fechorías y vivir en adelante del trabajo de sus manos. Leyenda de Perusa 115.

La carta a todos los fieles, una especie de estatuto penitencial que se remonta al mismo San Francisco, está dirigido a todos los cristianos, religiosos, clérigos y laicos, hombres y mujeres; a cuantos habitan en el mundo entero. A los que inician el camino de la penitencia se les pide amar y adorar a Dios con puro corazón y mente pura, en espíritu y verdad , o alabarlo y orar día y noche. Los penitentes deben: confesar todos nuestros pecados al sacerdote; recibir de él el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, haciendo frutos dignos de penitencia, amando a sus prójimos como a nosotros mismos, y si alguno no quiere amarlos como a sí mismo, al menos no les haga el mal, sino hágales el bien.

Los penitentes que han recibido la potestad de juzgar a otros ejerzan el juicio con misericordia, como ellos mismos desean obtener misericordia del Señor. Pues juicio sin misericordia tendrán los que no hacen misericordia. Deben tener caridad y humildad; y hacer limosna, porque ésta lava las almas de las manchas de los pecados. Además tienen que ayunar y abstenernos de los vicios y pecados, y ser católicos. Visitarán con frecuencia las iglesias y tener en veneración y reverencia a los clérigos, no tanto por lo que son, en el caso de que sean pecadores, sino por razón del oficio y de la administración del santísimo cuerpo y sangre de Cristo, que sacrifican sobre el altar y reciben y administran a otros. Y a nadie de nosotros quepa la menor duda de que ninguno puede ser salvado sino por las santas palabras y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, que los clérigos pronuncian, proclaman y administran. Y sólo ellos deben administrarlos y no otros.

Los que no llevan vida en penitencia ni reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo; y que ponen por obra vicios y pecados, son unos ciegos, ni poseen sabiduría espiritual. Ven, conocen, saben y practican el mal, y a sabiendas pierden sus almas.

La Carta termina con un descripción de la praxis del sacramento de la penitencia ante el moribundo:

Hacen venir al sacerdote, y éste le dice: -¿Quieres recibir la penitencia de todos tus pecados? Responde: -Lo quiero. ¿Quieres satisfacer con tus bienes, en cuanto se pueda, los pecados cometidos y lo que defraudaste y engañaste a !os demás? Responde: - No. Y el sacerdote le dice: - ¿Por qué no? - Porque todo lo he dejado en manos de los parientes y amigos. Y comienza a perder el habla, y así muere aquel miserable. Pero sepan todos que, donde sea y como sea que muere el hombre en pecado mortal sin haber satisfecho, si, pudiendo satisfacer, no satisface, arrebata el diablo el alma de su cuerpo con tanta angustia y tribulación, que nadie puede conocer, sino el que la padece. Y todos los talentos, y el poder, y la ciencia, que creía tener, le serán arrebatados.

En la Carta a la Orden Francisco confiesa sus pecados al Señor Dios, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo; a la bienaventurada María, perpetua virgen, y a todos los santos del cielo y de la tierra; al hermano H., ministro de nuestra Religión, como a mi venerable señor, y a los sacerdotes de nuestra Orden y a todos los otros mis hermanos benditos. Es una confesión pública de pecados que podríamos llamar leves.

En la Carta a un Ministro aparece bien clara la disciplina penitencial, tal como la vivía la Orden:

En caso de pecado "mortal": Si alguno de los hermanos, por instigación del enemigo, peca mortalmente, esté obligado, por obediencia, a recurrir a su guardián. Y ninguno de los hermanos que sepa que ha pecado lo abochorne ni lo critique, sino tenga para con él gran compasión y mantenga muy en secreto el pecado de su hermano, porque no son los sanos los que necesitan del médico, sino los enfermos. Asimismo, los hermanos están obligados, por obediencia, a remitirlo con un compañero a su custodio. Y el custodio mismo provea con misericordia, como querría que se hiciera con él en caso semejante.

En caso de pecado venial: Y si el hermano cae en otro pecado, venial, confiéselo a un hermano suyo sacerdote. Y, si no hay allí sacerdote, confiéselo a un hermano suyo, hasta que tenga sacerdote que lo absuelva canónicamente, como está dicho.

Tipo de satisfacción u obras penitenciales: Y estos hermanos no tengan en absoluto potestad de imponer ninguna otra penitencia que ésta: Vete y no vuelvas a pecar (cf. Jn 8,1 1).

Esta praxis también la vemos documentada en la Regla No Bulada, 20:

Pero, si entonces no pudieren tener a mano un sacerdote, confiésenlos a un hermano suyo, como dice el apóstol Santiago: Confesaos los pecados unos a otros (Sant 5,16). Sin que dejen por eso de acudir al sacerdote, porque sólo a los sacerdotes se les ha concedido el poder de atar y desatar. Y, contritos y confesados de este modo, reciban con gran humildad y veneración el cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, recordando lo que el Señor dice: Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna (Jn 6,54); y: Haced esto en memoria mía (Lc 22,19).

La primera Celano, 46. dice que los hermanos confesaban con frecuencia sus pecados a un sacerdote secular de muy mala fama, y bien ganada, y digno del desprecio de todos por la enormidad de sus culpas; habiendo llegado a conocer su maldad por el testimonio de muchos, no quisieron dar crédito a lo que oían, ni dejar por ello de confesarle sus pecados como solían, ni de prestarle la debida reverencia.

En la Segunda Celano, 28 se documenta un hecho curioso que revela las dificultades que hubo en la orden ante la disciplina eclesiástica de la confesión:

Había un fraile que, a juzgar por las apariencias, se distinguía por una vida de santidad excepcional; pero era él muy singular. Entregado a todas horas a la oración, guardaba un silencio tan riguroso, que tenía por costumbre confesarse no de palabra, sino con señas... Todos lo tenían por tres veces santo. Llegó un día al lugar el bienaventurado Padre, vio al hermano, escuchó al santo. Y como todos lo encomiaran y enaltecieran, observó el Padre.... "Amonestadle que se confiese una o dos veces a la semana; si no lo hace, veréis que es verdad lo que os he dicho". Lo toma aparte el vicario y comienza por entretenerse familiarmente con él y le ordena después la confesión. El hermano la rechaza, y con el índice en los labios, moviendo la cabeza, da a en tender por señas que en manera alguna se confesará. Callaron los hermanos, temiendo un escándalo del falso santo. Pocos días después abandona éste, por voluntad propia, la Religión, se vuelve al siglo, retorna a su vómito. Y, duplicada su maldad quedó privado de la penitencia y de la vida.

Concilio Lateranense IV

El Concilio Lateranese IV, 1215, ( Constituciones 18-22 ), legisla Acerca de la obligaciones de hacer la confesión; y del secreto del sacerdote y de comulgar al menos por pascua. Sus decretos permanecerán prácticamente inalterados hasta la época actual. Obsérvese que al prescribir que cada fiel tiene que confesarse con el sacerdote bajo cuya jurisdicción se encuentra, instrumenta el arma más eficaz en la lucha contra la herejía. Todo aquél que no frecuentara el sacramento de la penitencia era inmediatamente sospechado de herejía y sujeto a todas las consecuencias del decreto contra los herejes y sospechosos que emanó en el mismo concilio.

Todo fiel, hombre y mujer, una vez llegado a la edad de la discreción, ha de confesar fielmente en privado sus pecados, al menos una vez por año y al sacerdote propio, procurando cumplir, según sus fuerzas, la penitencia que le fuere impuesta, recibiendo reverentemente la sagrada eucaristía, al menos por pascua, a no ser que, por alguna causa razonable, el sacerdote propio le aconseje abstenerse de ella por un tiempo.

Quien no cumpliere con estas obligaciones se verá impedido de ingresar en la iglesia y de recibir sepultura cristiana.

Estos saludables decretos serán publicados con frecuencia en las iglesias, no sea que alguien excuse su ceguera aludiendo ignorancia de las disposiciones.

Si alguien quisiere confesar sus pecados, por justa causa, a un sacerdote ajeno, antes pedirá y obtendrá licencia del sacerdote propio, pues de lo contrario aquél no podrá ni atar ni desatar.

El sacerdote sea discreto y cauteloso y tal como lo hacen los médicos expertos, derrame vino y aceite sobre las heridas del lacerado. Por este motivo, pregunte diligentemente al pecador acerca de los pecados y sus circunstancias, de modo que pueda prudentemente discernir cual es el consejo que debe ofrecer y cual remedio emplear, usando diversas experiencias para sanar el enfermo.

Tenga absoluto cuidado para no descubrir de algún modo a ningún pecador, con la palabra o con un gesto. Si se viere en necesidad de recurrir a un consejo más prudente, lo harán cuidando no revelar nada y preguntando con cautela a algunas personas.

Quien se atreviere a revelar el pecado a él sometido en juicio penitencial, no solamente será depuesto del oficio sacerdotal, sino también será recluido en un monasterio y sometido a perpetua penitencia.

San Antonio

Terminamos este recorrido histórico con la transcripción del Sermón de San Antonio para el primer domingo de cuaresma. Es una aplicación pastoral minuciosa de los decretos del Concilio Lateranense y hasta hace unos años podría haber sido utilizada, sin mayores problemas, por los confesores:

Después de haber cometido los crímenes, la pobre alma no tiene otro remedio que la confesión de los pecados, que es "la segunda tabla de la salvación después del naufragio" (Pedro Lombardo).
Como en la cítara se despliegan las cuerdas, así en la confesión se deben desplegar las circunstancias de los pecados, que son: quién, qué, dónde, por quiénes, cuántas veces, por qué, cómo, cuándo. Has de distinguir todas ellas, e investígalas con discreción y diligencia tanto en el sexo masculino como en el femenino.
¿Quién? Si es soltero o casado, laico o clérigo, rico o pobre, libre o siervo, qué oficio tiene o de qué dignidad está revestido, a qué orden o congregación pertenece...
¿Qué?, o sea, la gravedad o la cualidad del pecado: si fue una simple fornicación, como de un soltero con una soltera, o si la soltera se entregaba a la prostitución; si era adulterio; si era incesto, como entre consanguíneos y afines; si corrompió a una virgen, ya que por haber abierto el camino al pecado, pecó gravísimamente y ha de ponerse en guardia para no ser responsable de todos los pecados que ella podría cometer, a menos que no le provea algún lugar donde hacer penitencia, o la encamine hacia el matrimonio, si hubiere posibilidad., si pecó contra natura, al derramar el semen fuera de la vagina de la mujer. Esto se debe investigar de manera sumamente discreta y con circunlocuciones. Si llevó a cabo homicidios con la mente, la boca o la mano; si cometió sacrilegio, rapiña o hurto, y con cuáles personas, y si de manera pública o privada., si cometió usura y de qué manera, ya que es usura todo lo que se recibe fuera de la suerte; si cometió perjurio, falso testimonio, y de qué modo; si fue soberbio con sus tres categorías: no querer obedecer al superior, no aceptar a los otros como iguales y despreciar a los inferiores. Todo esto debemos absolutamente confesar.
¿Dónde?, o sea, si cometió algún pecado o si habló de cosas ilícitas en una iglesia consagrada o no, o cerca de la iglesia, en el cementerio de los fieles o en algún oratorio.
¿Por quiénes?, o sea, si pecó con el auxilio o consejo de otro, o si incitó a otros a pecar, si los cómplices eran muchos o pocos y si estaban conscientes del pecado; si cometió pecado por encargo, dando dinero o recibiéndolo.
¿Cuántos veces? o sea, ha de confesar cuántas veces pecó, siquiera aproximadamente; si pecó muchas o pocas veces; si había poco o mucho intervalo entre un pecado y otro; si recayó frecuentemente y frecuentemente se confesó.
¿Por qué?, o sea, si previno la tentación con algún deseo de la mente o alguna obra; si para llevar a cabo el pecado, hizo violencia a la naturaleza; y entonces pecaría mortalísimamente (o sea, no una simple caída ocasional, sino una caída buscada).
¿Cómo?, o sea, con qué modo cometió el pecado; si de modo indebido o extraordinario, si con tacto ilícito o con otras cosas similares.
¿Cuándo?, o sea, si en el tiempo del ayuno o en la fiesta de algún santo; si procedió a cometer fechorías cuando debía ir a la iglesia; qué edad tenía al cometer éste o aquel pecado...
Estas circunstancias y otras similares mucho agravan el pecado y el alma del pecador. Por esto en la confesión hay que aclararlas. Estas son las cuerdas desplegadas en la cítara de la confesión.
Isaías añade: Tomó la cítara y recorre la ciudad. La ciudad es la vida del hombre, que él debe recorrer: el tiempo y la edad, el pecado y el modo de pecar, el lugar y las personas con las que pecó y aquéllas a las que incitó a pecar con su mal ejemplo, palabra o hecho, o aquéllas a las que, pudiendo, no apartó del mal. Hay que confesarlo todo con claridad y sinceridad.
Canta, pues, bien, y renueva con frecuencia el cántico de la confesión, acusándote siempre a ti mismo. ¿Y con qué fin? Para que se acuerden de ti en presencia de Dios y de sus ángeles; y para que Dios perdone tus pecados, infunda su gracia y te dé la gloria eterna...
La confesión es llamada casa de Dios (Gen 28,17), porque en ella el pecador se reconcilia con Dios, como el hijo se reconcilia con el padre, cuando es recibido en la casa paterna. Es lo que se lee en Lucas (15,25): "El hijo mayor estaba en el campo. Al regresar y el llegar cerca de la casa, donde el hijo arrepentido banqueteaba con el padre. oyó la música y el baile.
Hay muchos que cantan bien, con dulzura, y se reconocen pecadores, pero jamás se corrigen. En cambio, si en la casa de la confesión resuena la música del llanto y del amargo arrepentimiento, inmediatamente responde a tono el coro de la divina misericordia, que perdona los pecados. Hoy en la antífona del introito el Señor promete: Me invocará y yo le daré respuesta. Estaré con él en la desgracia, lo salvaré y lo ensalzaré (S 90, 15-16).
La confesión es llamada también puerta del cielo (Gen 28, 17). ¡Oh, sí! De veras, la confesión es la puerta del cielo, de veras es la puerta del paraíso. A través de ella el penitente es introducido para besar los pies de la divina misericordia, es hecho digno de besar las manos de la gracia celestial, y es acogido al beso de la reconciliación paterna" (San Bernardo).
¡Oh casa de Dios! ¡Oh puerta del cielo! ¡Oh confesión de los pecados! ¡Dichoso el que habitará en ti! ¡Dichoso el que pasará por ti! ¡Dichoso el que se humillará en ti! Humíllense, pues, y entren, oh hermanos queridísimos, por la puerta de la confesión. Confiesen los pecados y sus circunstancias, porque ya llegó el momento favorable para confesarlos, ya llegó el día de la salvación para repararlos
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Concilio de Trento 1545 - 1563

El Concilio de Trento ha marcado la praxis sacramental de la iglesia a lo largo de casi cinco siglos, hasta los tiempos del Concilio Vaticano II. Como sucede con todos los hechos históricos, no siempre ha sido correctamente aplicado y entendido. Dado que su doctrina está prácticamente sellada en la conciencia de los fieles, veamos solamente algunos aspectos que a veces se han dejado de lado y que son realmente interesantes.

En primer lugar tenemos que tener en cuenta que "si en los regenerados todos se diera tal gratitud para con Dios, que guardaran constantemente la justicia recibida en el bautismo por beneficio y gracia suya, no hubiera sido necesario instituir otro sacramento distinto del mismo bautismo para la remisión de los pecados". El sacramento de la penitencia tiene como destinatarios a todos los hombres que se hubieran manchado con algún pecado mortal". Por lo tanto los pecados siempre pueden ser perdonados y la Iglesia Católica reprobó y consideró como herejes a los novacianos, que antaño negaban pertinazmente el poder de perdonar los pecados, y , no una vez, sino cuantas veces acudieran él arrepentidos de los pecados cometidos.

El sacramento de la penitencia, consiste en aquellas palabras del ministro : Yo te absuelvo, etc. o son necesarias las preces que se añaden laudablemente por costumbre de la santa Iglesia. De parte del fiel son requeridas la contrición, confesión y satisfacción. El sacramento puede alcanzar también otros efectos aparte del perdón de los pecados los que con devoción reciben este sacramento puedes también obtener la paz y serenidad de la conciencia con vehemente consolación del espíritu.

La contrición, ocupa el primer lugar entre los actos del penitente, la cual, si es perfecta por la caridad reconcilia al hombre con Dios antes de que de hecho se reciba este sacramento. A pesar de ellos da el perdón con el deseo del sacramento, que en ella se incluye.

La confesión personal y secreta ha sido siempre recomendada por aquellos santísimos y antiquísimos Padres. El Concilio de Trento acepta y conserva la saludable costumbre de confesarse en el sagrado y señaladamente aceptable tiempo de cuaresma.

El penitente está obligado a confesar solamente los pecados mortales, nos los veniales. Por lo tanto es impío decir que es imposible la confesión que la iglesia manda hacer, o llamarla carnicería de las conciencias; consta, en efecto, que ninguna otra cosa se exige de los penitentes en la Iglesia, sino que, después que cada uno se hubiera diligentemente examinado y hubiera explorado todos los senos y escondrijos de su conciencia, confiese aquellos pecados con que se acuerde haber mortalmente ofendido a su Dios y Señor; mas los restantes pecados, que, con diligente reflexión, no se le ocurren, se entiende que están incluidos de modo general en la misma confesión.

Las obras por las cuales el penitente purga sus pecados y paga las penas merecidas por él no son solamente las espontánea y libremente asumidas, sino también (lo, que es máxima prueba de su amor) por los azotes y males que Dios nos inflige, y nosotros pacientemente sufrimos.

La participación en la eucaristía, en el cual se inmola incruentamente el Señor, para el perdón de los pecados, enseña el santo Concilio que por él se cumple que, si con corazón verdadero y recta fe, con temor y reverencia, contritos y penitentes nos acercamos a Dios, conseguimos misericordia y hallamos gracia en el auxilio oportuno [Hebr. 4, 16]. Pues aplacado el Señor por la oblación de este sacrificio, concediendo la gracia y el don de la penitencia, perdona los crímenes y pecados, por grandes que sean.

Absolución y obras de satisfacción

Un ejemplo interesante de cómo la absolución sucede a la satisfacción por los pecados cometidos, lo encontramos en dos capuchinos del siglo XVII, Epifanio de Moirans y Francisco José de Jaca quienes son condenados a deportación por los tribunales de la época por condena taxativa de la esclavitud.

Supuesta la valoración de que un determinado acto cometido por un fiel es un pecado, en la praxis antigua de la penitencia se suponía que solamente se absolvía al penitente que demostrara fehacientemente su arrepentimiento y cambio de vida y que satisficiera por los delitos cometidos. En primer término, el pecador tiene que abandonar el estado de pecado en el cual se encontraba. En segundo lugar reparar la ofensa cometida, y en casos de robo, de difamación, había que restituir los bienes o la fama sustraída. En tercer lugar tiene que alejarse de las ocasiones de volver a pecar. Y por último tiene que resignarse a soportar las penas temporales que sobrevienen como efecto del pecado.

Por lo tanto los frailes comienzan por demostrar, sin dejar lugar a dudas, de que toda esclavitud es pecado y que no hay ningún título que legitime los título de propiedad que un hombre posea sobre otro hombre, siendo la libertad el bien primero e irrenunciable que Dios ha regalado a todos hombre.

En segundo término y en consecuencia, todos los dueños de esclavos, religiosos, clérigos, obispos o laicos que posean esclavos deberán darles de modo inmediato la libertad, bajo pena de condenación eterna. Si alguien se viniere a confesar y no quisiere dar la libertad a los esclavos que posee... no podrá recibir la absolución.

Pero los dueños han robado la libertad, el trabajo libre, la fama, el honor de sus esclavos, por lo cual deberán restituir los salarios adeudados, con corrección monetaria, intereses y cálculo de daños y perjuicios (cosechas perdidas, animales que hubiera podido perder, casa, familia, honor....). Si no quisieren restituir.... no podrán recibir la absolución.

En caso de que el esclavo hubiere fallecido, la restitución debe hacer a los descendientes. Si no hubiera, a los parientes. Si tampoco hubiere familiares el dinero deberá volver a la tribu de origen en África. El principio moral es que no se puede retener el dinero mal habido. No es suficiente todo el dinero de Europa, dicen los frailes, para pagar la deuda que tienen con África.

Pero también los esclavos deben alejarse de la ocasión próxima y contante de pecado que supone el estado de esclavitud. Si los negros no buscan la libertad, rebelándose contra la esclavitud y huyendo de sus amos, arriesgan su salvación eterna. El esclavo que no se rebela contra la esclavitud-pecado se puede condenar.

Por fin, los frailes aclaran que, inclusive en caso de conversión, los esclavistas sufrirán los efectos de su pecado. Los príncipes y obispos en castigo por sus pecados perderán todos sus bienes y tendrán que huir a Europa, desnudos como llegaron a América: Los americanos en el futuro padecerán esclavitud en su propia carne.


SÍNTESIS

 

NUEVO RITUAL DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

A fin de tener un cuadro seguro de la doctrina y praxis actual del sacramento en la Iglesia., presentamos un esquema de la introducción al nuevo ritual del sacramento de la penitencia, del 2 de diciembre de 1973.

I.- EL MISTERIO DE LA RECONCILIACIÓN EN LA HISTORI DE LA SALVACIÓN.

1.- El Padre manifiesta su misericordia en la reconciliación de la Cruz. (2Cor. 5, 18ss, Col 1,20).

Jesucristo, hombre entre los hombres
para su liberación del pecado Jn 8, 34-36
Para llamarlos de las tinieblas a la luz 1Pe 2, 9

a) Jesucristo comienza su ministerio con la predicación de la penitencia Mc 1,15

a.1. anunciada por lo profetas, preparada por Juan Bautista Mc 1,4

a.2. Jesucristo no solo predicó la conversión sino que recibió a los pecadores

Los reconcilió con el Padre Lc 15, Lc 5, 20.27-32; Lc 7,48
curó enfermos como señal Mt. 9, 2-8
murió por nuestros pecados Rom 4, 25
instituyó la eucaristía: Anáfora III
para remisión de los pecados Mt 26, 28
envió el Espíritu para dar poder de perdonar Jn 20, 19-23
y dar el poder de predicar la penitencia Lc. 24, 47

a.3. Pedro, recibiendo el Espíritu Mt. 16, 19

comenzó a predicar la penitencia Hech. 2, 38, Cf. 3, 19.26; 17- 30

a.4. La Iglesia nunca ha dejado de predicar la penitencia.

2.- La penitencia, perdón, victoria sobre el pecado, es celebrada en los sacramentos de

el bautismo + la eucaristía + la penitencia

"La iglesia tiene agua y lágrimas: el agua del bautismo y las lágrimas de la penitencia" (San Ambrosio)

II LA RECONCILIACIÓN DE LOS PENITENTES EN LA VIDA DE LA IGLESIA

3. La iglesia, santa a la vez que necesitada de purificación: Ef 1, 22-28; LG 7

Camina por los senderos de la penitencia y renovación.
Practica y realiza la penitencia en

la paciencia 1Pe 4, 13
las obras de caridad y misericordia 1 Pe 4, 8
conformándose en la vida al evangelio

Todo esto se expresa en la liturgia

* de la eucaristía
* en la penitencia

Reconciliación con Dios y Reconciliación con la Iglesia.

El pecado

* ofensa a Dios
* ofensa a la comunidad

Si es una obra conjunta, comunitaria,

* para hacer el mal,
* para hacer penitencia

PARTES DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

CONTRICIÓN: dolor del alma y detestación del pecado cometido, con el propósito de no pecar en adelante. De esta actitud depende la autenticidad de la penitencia.

CONFESIÓN: Verdadero conocimiento de sí mismo abierto a Dios en la persona del ministro para someterse al juicio salvador de Dios.

SATISFACCIÓN: Satisfacer por las culpas, enmendares de la vida, reparación del daño cometido. La obra impuesta debe renovar la vida.

ABSOLUCIÓN: Signo visible de la alianza renovada: El padre abraza a su hijo que regresa; Cristo coloca sobre sus hombros a la oveja perdida, Espíritu Santo santifica de nuevo a su templo. Esto se patentiza en la participación en la mesa del Señor.

NECESIDAD DEL SACRAMENTO

Debe confesar todo y cada uno de los pecados mortales
Es útil confesar lo pecados veniales.
No es una mera repetición ritual:
exige un ejercicio sicológico
esfuerzo por la renovación bautismal del penitente.
La introducción define la penitencia con la definición de todo sacramento.

Es una acción de la iglesia
proclama su fe
da gracias a Dios
ofrece su vida para alabanza de Dios
se apresura al encuentro de Cristo -

OFICIOS Y MINISTERIOS EN LA RECONCILIACIÓN DE LOS PENITENTES

MISIÓN DE LA COMUNIDAD:

Pueblo sacerdotal
- llama a conversión
- intercede por los pecadores
- ayuda al penitente como puede.

MINISTRO:

obispos y presbíteros

Ministro competente: sacerdote con facultad para absolver (peligro de muerte todos)

EJERCICIO PASTORAL DEL SACRAMENTO

- Reglas para el confesor

EL PENITENTE

Es muy importante el ministerio del mismo penitente:

- acercarse debidamente preparado
- toma parte activa con sus actos.

El fiel mientras experimenta y proclama en su vida la misericordia de Dios, celebra también, junto al sacerdote, la liturgia de una iglesia que se halla de continuo en trance de renovación.

LUGAR DE LA CELEBRACIÓN (Se remite al derecho canónico )

TIEMPO: Cualquier día, cualquier hora.
Normalmente en horas distintas de las de la celebración de la misa.
Cuaresma, el Triduo Sacro.

Vestiduras: Ordinario del Lugar.

RITUAL

Para un solo penitente
Para varios penitentes con absolución individual
Para varios penitentes con absolución general

1.- Preparación del sacerdote y del penitente: ambos mediante la oración
2.- Acogida del penitente: saludo y conocimiento previo
3.- Lectura de la Palabra: el sacerdote o el penitente lee texto de la Escritura
4. Confesión de los pecados
5. Aceptación de la satisfacción
6. Oración del penitente
7. Absolución del sacerdote

Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo, por la muerte y resurrección de su Hijo, y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo + y del Espíritu Santo. Penitente: Amén.

8. Alabanza y Despedida

ALGUNAS IDEAS FINALES

PECADO Y CULPABILIDAD

a) ser declarado culpable (o inocente)

Ser declarado culpable o inocente en un tribunal humano, por más santo que este pretenda ser, no equivale a quedar exento de pecado, culpa y pena... No solo en los tribunales civiles donde uno ve tanta injusticia y tanto veredicto comprado por dinero o por poder... también en el dictamen del juez-confesor encontramos juicios que no necesariamente eximen de culpa o convierten en reo.

b) sentirse culpable (o inocente)

Tampoco es infalible el dictamen de la conciencia. Podríamos abundar en ejemplos de patrones que pagan miseria y viven en el derroche, de torturadores que mataban por Dios.... y no se sienten culpable. No siempre sentirse inocente, actuar de buena fe, equivale a probidad real y objetiva.

c) ser culpable o inocente.

El problema es la inocencia y la culpabilidad objetiva, donde se conjugan una serie de factores muy complejos, desde la norma moral objetiva hasta las circunstancia que condicionan nuestros actos.

PECADO Y RESPONSABILIDAD

Una acción puede ser considerada objetivamente mala y sin embargo el que la comete puede no ser responsable. No siempre las limitaciones equivalen a pecado. Solamente elenquemos algunas de las más notorias: somos seres creaturales, contingentes, y hay que considerar edad, educación, cultura "valores" y cultura "conocimientos", enfermedades tanto físicas como sicológicas y espirituales. En particular menciono la llamada ignorancia "invencible".

Los llamados "hábitos", o condicionamientos de la voluntad que predisponen a la ejecución de determinados actos, sea del punto de vista negativo (vicios), como pérdida de la libertad personal, sea esta culpable o no culpable, del punto de vista positivo (virtudes) como potenciación de la libertad personal.

PECADO Y LEY

Los cristianos no estamos obligados a la observancia de los "10 mandamientos", que eran las cláusulas de la "antigua" alianza. Este acatamiento produce buenos judíos. Los creyente en Cristo entran en la órbita del cumplimiento del "único mandamiento" de la "nueva" alianza. Sólo este modo de vida produce buenos cristianos.

Jesús distingue muy bien la ley de Dios de las infinitud de leyes de los hombres. Sea que estas leyes sean el resultado de la reglamentación de la convivencia social, sea que emanen de la conciencia personal. Todas las leyes son formulaciones siempre humanas de la ley de Dios.

Para el Antiguo Testamento la THORÁ, más que un código de preceptos es la enseñanza que Dios, el gran pedagogo de la historia, va progresivamente entregando al hombre para enseñarle a vivir feliz.

Por lo cual en la Biblia se distingue la JUSTICIA (ZEDAKAH), que es la adecuación del obrar del hombre al obrar de Dios, del DERECHO (MISHPAT), que es la legislación humana que traduce en leyes y decretos el obrar de Dios en medio del pueblo, leyes y decretos que pueden ir contra la zedakah. Por ejemplo, José, el esposo de María, es un Zadikh, un justo, aunque obra contra el derecho al no lapidar a su prometida.

PECADO Y SALVACIÓN / CONDENACIÓN

La Salvación y la condenación pueden ser tanto histórica como eterna. Para el Cristiano no hay separación ni división posible, por más que no confunda ni mezcle ambos planos: Así como otrora Israel, el primer Pueblo, experimentaba la presencia salvífica de Dios cuando lo liberaba de la opresión de Egipto, cuando lo hacía pasar el mar y lo conducía hacia la tierra de la promesa, así también nosotros, nuevo Pueblo de Dios, no podemos dejar de sentir su paso que salva, cuando se da "el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de con