4. Tres principios mortales

1. INTRODUCCIÓN

Si queremos reconstruir la casa de Dios, tenemos que prestar más atención a las "ruinas" que entristecen el mirar del crucificado.

Creo que todas las ruinas son causadas por tres principios mortales que la humanidad asumió y que están impidiendo el sueño de amor y de felicidad que Dios imaginó para nosotros.

Seguimos el primero de esos principios desde niños, cuando aprendemos la decir: "Eso es mío, solo mío. Yo soy el dueño".

El segundo principio es consecuencia del primero: "Cuanto más cosas yo tengo, más poder consigo". Quien quisiere usarlas necesita, de alguna forma, obtener mi autorización. No es difícil percibir que nuestro mundo es un campo de batalla, en que disputamos para ver quien manda más.

El tercer principio también es consecuencia de los dos primeros: "Cuanto más poder tengo, más importante soy". Adquiero status y los demás tienen que respetarme.

Son esos tres principios que ocasionan la muerte, porque en ellos es que se concretiza nuestra decisión de "ser como Dios". A partir de ahí, creamos, a nuestra imagen y semejanza, un mundo falso, en el que impedimos la mutua felicidad y dejamos la casa en ruinas.

Una de las peores consecuencias es que, en general, ni tomamos conciencia de nuestra ruptura con Dios. Pretendemos hacer de él, nuestro Señor, un instrumento más de nuestra grandeza.

Es justamente por eso que Francisco y Clara reciben la misión de reconstruir la partir de la pobreza.

2. LA ACTITUD DE JESÚS

El Jesús histórico, que conocemos en los evangelios, nunca se dejó conducir por los principios dominantes.

Él, que podía haber sido un rico, vino al mundo pobre, naciendo en un establo porque no había lugar para su madre en el albergue. Hizo cuestión de decir que hasta los pajarillos tenían nidos y las raposas tenían cuevas, pero Él no tenía donde reposar la cabeza.

También no quiso mandar, ni cuando las multitudes vieron que era capaz de multiplicar la comida y quisieron hacerlo Rey. Además, como no luchaba por ningún tipo de poder, se presentó lleno de paz.

Tampoco no hizo cuestión de status. Andaba y predicaba en medio de los miserables e hizo por ellos la mayor parte de sus milagros. Murió como un condenado, entre dos ladrones.

Además, en su sermón de la montaña, que bien sintetiza toda su enseñanza, proclamó felices los que no tienen, los que no mandan y los que no son importantes. Pudo hasta haber dicho, según la versión que encontramos en el Evangelio de San Lucas: "¡Ay de los que poseen! ¡Ay de los que mandan! ¡Ay de los que desean ser más importantes que los otros!".

En la ocasión en que, después del bautismo, ayunó cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, resistió exactamente nuestras mismas tentaciones fundamentales: No quiso dar pruebas de que tenía propiedades, ni mandos, ni de que se juzgaba con derecho a tener privilegios.

Además, enseñó con mucha claridad porqué no aceptaba los principios de quien quiere ser Dios. Es porque centralizan todo en el "yo". Jesús, además, afirmó: "Yo no vine para ser servido, yo vine para servir".

Si quisiéremos tener la vida en plenitud, y volver al plan inicial de Dios Padre para los humanos, es fundamental acoger esa enseñanza de Jesús.

3. ALTERNATIVAS

Ante principios tan negativos y tan arraigados en la sociedad en que vivimos, somos invitados, por el Evangelio y por la propuesta franciscana, a presentar alternativas, haciendo que nuestro mundo perciba que todo puede ser diferente. Fue lo que hicieron San Francisco, Santa Clara y sus seguidores.

Ante del principio que dice: "Todo es mío", presentaron la alternativa de la "no-propiedad". Ante el principio del "Yo mando", presentaron la alternativa de la sumisión. Ante el principio del "Respeten mi importancia", presentaron la alternativa de la insignificancia.

A primera vista, esas alternativas pueden parecer pura locura, porque todo, en la sociedad, nos lleva en sentido contrario. Pero una reflexión punto por punto podrá mostrar que es más racional y humano intentar vivir en esa nueva propuesta.

Por ella, aceptamos que Dios es el único dueño, el único Señor, el único Altísimo. Y que es bueno para nosotros poder usarlo todo, aprovechar con ventajas todas las oportunidades, sin vivir el riesgo constante de ser derribados.

A inicios del siglo XVI, poco después del descubrimiento del Brasil, Santo Tomás Moro hizo una brillante demostración de como esas alternativas pueden ser presentadas y comprendidas. Su libro "La Utopía" sigue hoy siendo famoso.

Los socialistas, que lo descubrieron mucho más tarde, aprendieron muchas verdades prácticas con Tomás Moro, por más que pocos hayan caído en cuenta que él se estaba apoyando en la experiencia de los franciscanos para crear su isla de la Utopía. Y de que presentaba una alternativa calcada en el Evangelio.

5. LA NO-PROPIEDAD

San Francisco no cuestionó si el hombre tiene o no algún derecho de propiedad Simplemente creó, dentro de la Iglesia, un grupo de personas para quien es fundamental no apropiarse de nada: "ni casa, ni lugar, ni cosa alguna" (RB 6).

Uno de los historiadores más antiguos del grupo escribió:

"Cualquier cosa que tuviesen, sea un libro, sea una túnica, estaba a la disposición de todos, y nadie decía que eran suyas las cosas que poseía, exactamente como se hacía en la Iglesia primitiva de los Apóstoles" (AP 27).

El pensamiento franciscano sostiene que todo lo que fue hecho en este mundo es un don de Dios, es un bien que debe ser usado por quien lo necesita. Entonces, quien necesita usa como se fuese prestado. Cuando no lo necesita más, lo deja a la disposición de los otros.

Lo que importa es que continuemos viviendo y realizándonos y, para eso, necesitamos mucho menos de lo que solemos acumular, por inseguridad. Por la inseguridad de quien se olvidó de que Dios es Padre y es providente.

Los europeos que llegaron a la América en el siglo XVI chocaron con las culturas indígenas, en las cuales valía más el ser que el tener. Los vencieron por la fuerza. Y casi acabaron con sus miembros. Pero fue mucho lo que sobrevivió de esas culturas y aún hoy muchos se cuestionan si no es mejor ser que poseer.

De hecho, nuestra calidad de vida no depende tanto de lo que poseemos cuanto de nuestro modo de usar todo cuanto está a nuestra disposición. Por eso, fuimos aprendiendo poco a poco que más valían los estudios, las profesiones, los ejercicios físicos y el mismo descanso de que las propiedades.

Francisco y Clara, con su alternativa de la no-propiedad, enseñan al mundo como vivir a Dios, creciendo y transformándose, sin amarrarse con tantas cosas, que el tiempo acaba llevándose consigo.

Infelizmente, muchos cristianos se olvidaron del ejemplo y de la enseñanza de Cristo y acumularon propiedades, que generaron poder y status. Por eso la "casa de Cristo" quedó en ruinas, necesitada de restauración.

Para los que ni logran ser dueños ni consiguen descubrir el valor de la no-propiedad, ¿hay otras alternativas? No hay que extrañarse que nuestra "sociedad" viva tan absorbida por problemas que no sabe resolver.

5. LA SUMISIÓN

En su testamento, recordando los primordios de la Orden, San Francisco escribió:

Nosotros éramos simples y sumisos a todos (Test 19).

De hecho, quiso, desde el comienzo, que sus hermanos se llamasen "hermanos menores" (LP 67). Y se tomó tan en serio esa decisión que, aún admitiendo que un hermano menor ejerciese cualquier tipo de trabajo honesto, prohibió que fuese capataz o jefe de servicio (RNB 7,1).

Inclusive entre los hermanos, no había nadie mandando:

Y en este género de vida nadie tenga el título de "prior" sino todos sean llamados indistintamente como "hermanos menores" (RNB 6,3).

Y el santo escribió en la Amonestación 4 que debían dejar el servicio de ministros con la misma facilidad con que pudiesen verse librados del servicio de lavar los pies de los otros.

Hasta en las misiones entre los infieles, dice que debían estar "sumisos... a todos los hombres por causa del Señor" (RNB 16,7).

Y, en la Salutación a las Virtudes (16), habla de someterse inclusive a los animales.

De hecho, la alternativa de la sumisión es una de las necesidades más urgentes de nuestra sociedad, porque es la lucha por el poder la que genera la violencia. O un pueblo quiere someter y el otro que no quiere ser sometido, y el poderoso que aplasta a otros puede ser encontrado en la política, en las empresas, en las familias, tanto cuanto en los invasores y en los asaltantes. Y es bueno recordar que ni siempre la violencia es declarada y patente.

La humanidad aprendió, a duras penas, cómo es insoportable el totalitarismo y como es más razonable vivir en sistemas más cercano del que llamamos fraternos. Pero Jesús ya había enseñado:

Aquel de ustedes que quisiere ser el mayor, debe hacerse servidor de todos, y aquel entre ustedes que quisiere ser el primero, sea su siervo (Mt 20, 26-27).

Sabemos que, por amor, las madres pueden someterse a los hijos, los apasionados pueden someterse unos a otros, los que tienen seguridad interior de sí mismos no necesitan rebelarse contra nadie. Además, la paz es generadora de cambios más profundos que la violencia.

Lo que importa es que el bien este siendo hecho, no que sea yo el que mande. Cuando llegamos a entender eso, comprendemos que no es a fulano o zutano a quienes nos sometemos sino al Bien, es decir, a Dios.

Fue por eso que Francisco, el pobrecito, pidió al Hermano Pedro Catáneo alguien que lo mandase "y le permaneció sumiso hasta a la muerte, obedeciendo siempre con reverencia al propio guardián" (2Cel 151).

Y así también se explica que, cuando el cardenal Hugolino pensó en hacer obispos algunos de aquellos hermanos tan desapegados, el santo haya dicho:

"Señor, mis hermanos se llaman precisamente menores para que nunca presuman elevarse a cosas mayores. Si quieres, pues, que den fruto abundante en la Iglesia de Dios, déjalos y consérvalos en el estado de su propia vocación y no permitas de modo alguno que sean promovidos a honrosos cargos en la Iglesia" (LN 6,5).

6. LA INSIGNIFICANCIA

En la Amonestación 20, Francisco dijo:

"Bienaventurado el siervo que, sendo alabado y exaltado por los hombres, no se considera mejor de que cuando es tenido por insignificante, simple y despreciable. Porque el hombre vale lo que es ante de Dios y nada más".

Es bueno observar que El no manda a nadie convertirse en insignificante y despreciable; proclama que somos felices cuando sabemos reconocer lo que somos de hecho ante Dios.

Eso también puede llamar nuestra atención para otro punto: ¿será que también a los ojos del prójimo no somos, muchas veces, insignificantes y despreciables?

Quizá sea por eso mismo que nuestra reacción suele ser la de construir y tentar imponer una imagen de nosotros mismos que sea considerada y respetada.

Ahora que, si eso fuese verdad, estaría demostrado que ni nosotros mismos creemos en lo que representamos, pues quien conoce los propios valores no necesita preocuparse con lo que van a decir. Si nuestros valores fuesen negativos, tenemos que reconocerlos para mejorar, no para intentar engañar. Y si fuesen positivos, sabemos que son dones de Dios o que los construimos con los dones de Dios.

Y dones de Dios hay en cantidad, tanto en mí cuanto en las otras personas. Tenemos que alabar y agradecer por todos ellos.

El humilde no es una persona que piensa mal de sí misma. Es alguien que conoce la propia realidad, positiva y negativa, y no se engaña. Porque no se engaña, sabe que es inútil querer engañar a los demás.

Esas consideraciones, además de ayudar a librarnos del culto del status y de la importancia, que domina nuestra sociedad, pueden ser un refuerzo para presentar a tanta gente preocupada y sufrida la alternativa de la insignificancia, que ayuda a construir sobre cimientos sólidos.

San Francisco nos dio un excelente ejemplo en su opción por la insignificancia. Sería imposible citar todos los pasajes de sus escritos y biografías que lo demuestran, pero vamos dar algunas pequeñas muestras.

La razón parece estar siempre en el hecho de haber visto que el Hijo de Dios asumió nuestra debilidad. Dice, por ejemplo, en la Carta a los Fieles:

Jesús recibió de la Virgen Maria la carne de nuestra frágil humanidad (2CtFi 4).

En sus cartas, siempre habla de sí mismo como de alguien despreciable:

"Hermano Francisco, hombre insignificante y débil, tu pequeñito siervo, saluda..." (CtOr 3).

"Yo, Hermano Francisco, hombre inútil y indigna criatura de Dios nuestro Señor..." (CtOr 47).

"...Hermano Francisco, mísero y pequeñito siervo del Señor, desea salud y paz..." (CtGo 1).

"Hermano Francisco, de todos siervo y vasallo..." (2CtFi 1).

"Hermano Francisco, tu siervo pequeñito " (1CtCus).

"...el menor de los siervos de Dios" (2CtCus).

También Santa Clara, en sus cartas, está siempre recordando que es una sierva indigna y inútil de las Hermanas de San Damián.

Pero también es interesante leer una parte de la Amonestación 5:

"¿De que te puedes gloriar? Pues se fueses tan sutil y sabio que hubieses toda la ciencia y supieses interpretar toda especie de lenguas y investigar sutilmente acerca de las cosas celestes, no te puedes gloriar en nada de esas cosas; porque un solo demonio conocía las cosas del cielo y aún conoce las de la tierra más del que todos los hombres, aún que haya alguno que hubiese recibido del Señor un conocimiento especial de una sabiduría. Y se fueses más bonito y más rico del que todos y aún si hicieses maravillas, espantando demonios, todo eso te es contrario, y nada te pertenece y de nada puedes gloriarte; pero de esto podemos gloriarnos: de nuestras debilidades y de cargar todos los días la santa cruz de nuestro Señor Jesucristo" (4-8).

9. PROPUESTAS PRÁCTICAS

1. ¿Cuales son las cosas que posees? Sin las cuales piensan que puedes quedarte. Hace una lista de lo que podrías dejar de lado, siendo de ese modo menos poseedor, menos mandón y menos importante.

2. Examina si eres un hermano sumiso a los otros hermanos y hermanas. ¿Hay alguien sobre quien mandas? ¿ No hay algún sector de trabajo, por ejemplo, en que todo tiene que suceder de acuerdo a tu voluntad? Sectores donde las personas nunca pueden tener iniciativas porque tu ya controlas la situación y no admites cambios.

3. ¿Es con sumisión que tu consigues prestar el servicio de ejercer autoridad? Por ej., La palabra "ministro" significa "un servidor menor". Es alguien que necesita estar siempre atento al Espíritu que habla en cada hermano o hermana.

4. Habría que profundizar un poco los aspectos de tu imagen que tu encuentras positivos pero con los cuales hay otras personas que no están de acuerdo.

5. Debe haber algunas actitudes de las otras personas que suelen humillarte. ¿Serías capaz de analizar mejor porqué eso sucede?

6. Considera si no te apropiaste del status de tu persona religiosa. O de ser una persona que tuvo oportunidad de estudiar y viajar. Para ser un buen servidor del Cristo pobre, ¿eso no debería ser, por el contrario, un estímulo para prestar mejor servicio?

7. Piensa en lo que podrías hacer para convencer a más personas de aceptar las alternativas de la no-propiedad, de la sumisión y de la insignificancia, de acuerdo con las circunstancias del medio en que cada una de ellas vive.