9. La Pobreza en los Escritos de Francisco
1. INTRODUCCIÓN
Consideraciones sobre la pobreza están por doquier en los escritos de San Francisco. Creo que lo esencial es darse cuenta que él nunca miró la pobreza como un simple valor de la vida religiosa o como una virtud a ser adquirida, sino como una cualidad fundamental del Hijo de Dios. Sobre todo, quiso ser pobre como Jesús.
En tal sentido, uno de sus textos fundamentales lo podemos leer en la Regla no bulada:
Empéñense todos los hermanos en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo y recuerden que nada hemos de tener de este mundo, sino que, como dice el Apóstol, estamos contentos teniendo qué comer y con qué vestirnos (1Tim 6,8). Y deben gozarse cuando conviven con gente de baja condición y despreciada, con los pobres y débiles, y con los enfermos y leprosos, y con los mendigos de los caminos. Y, cuando sea menester, vayan por limosna. Y no se avergüencen, y más bien recuerden que nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios vivo omnipotente puso su faz como piedra durísima (Is 50,7) y no se avergonzó; y fue pobre y huésped, vivió de limosna tanto el cómo la Virgen bienaventurada y sus discípulos. Y cuando los hombres los abochornan y no quieren darles limosna, den por ello gracias a Dios, pues por los bochornos padecidos recibirán un gran honor ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo. Y sepan que el bochorno no se imputa a los que lo padecen, sino a los que lo causan. Y la limosna es la herencia y justicia que se debe a los pobres adquirida para nosotros por nuestro Señor Jesucristo. (RNB 9, 1-6).
Pero, a mi modo de ver, el texto más importante es uno que ni usa la palabra pobre. Lo pone por escrito al final de su vida, cuando presenta el ideal del ser humano como otro Cristo, en el Cántico del Hermano Sol:
Alabado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor, y soportan enfermedades y tribulaciones. Bienaventurados los que las soportan en paz, que por ti, Altísimo, serán coronados.
Francisco recibió del Crucificado de San Damián la misión de reconstruir su Casa y, en presencia de aquel mismo icono, pidió la luz para iluminar el corazón, pues quería ser tan obediente como el Hijo de Dios. Y ese "Rey Pobre" pasó a ser referencia de toda la su vida.
Intentaremos profundizar ese punto considerando al Cristo y al hombre que "serán coronados", recordando que asombro fundamental fue ante el "Altísimo que se hizo pequeño", demostrando que su programa consistió en "seguir los pasos de Jesús" y que saludó a las Virtudes porque eran los valores de Jesús. Fue así que pudo trabajar su yo verdadero y dejar un programa de vida pobre para todos los sus seguidores.
2. SERÁN CORONADOS...
En primero lugar, llamo la atención para una pequeña observación que consta en el Cántico de Hermano Sol inmediatamente después de proclamar que solo a Dios se deben la alabanza, la gloria, la honra y toda bendición. Es la frase:
Solo a ti, Altísimo, son debidos; y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Pienso que eso evidencia que el cantor de la alabanza al Hermano Sol es el propio Jesucristo, pues es forzoso recordar que, en la Regla no bulada, ante del mismo pensamiento, Francisco había rezado:
Y porque todos nosotros, miserable y pecadores, no somos dignos de decir tu nombre, imploramos suplicantes que nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo dilecto, en quien te complacisteis, junto con el Espíritu Paráclito te de gracias, como agrada la ti y la El... (RNB 23, 9-10).
Hay que recordar que el Cántico del Hermano Sol presenta una pareja de hermanos en el firmamento: Hermano Sol y Hermana Luna; y dos parejas más en la tierra: Hermano Viento con la Hermana Agua y Hermano Fuego con la Hermana Tierra, resumiendo así todo nuestro mundo lo que los antiguos conocían como los cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra, para preparar la entrada de la pareja que los representa: Hermano Hombre (cuyo nombre no es explícito y Hermana Muerte.
Creo que Francisco no explicitó nuestro nombre por respeto, porque estamos representados por el propio Jesús, que "perdonó por amor del Padre y soportó enfermedades y tribulaciones". Nosotros lograremos ser humanos de verdad cuando lleguemos a ser como Él que, sin propiedad, sin mando y sin importancia, logra perdonar todo y soportar todo.
En este punto, sería importante recordar la tan conocida página de la Perfecta Alegría: Francisco solo se sentirá feliz de verdad cuando pueda perdonar y soportar todo como Jesús, el Pobre.
Es interesante que Francisco piense en ese hombre realizado como alguien que "será coronado", ciertamente por recordar el pasaje del Apocalipsis (Cf. Ap 5,12) en que el Cordero inmolado es proclamado digno de recibir el verdadero poder y la verdadera riqueza.
También es notable que, contemporáneamente al Cántico del Hermano Sol, haya escrito el Oíd, Pobrecitas, en el que promete también a las Hermanas de San Damián que "serán coronadas con la Virgen Maria" por haber "soportado en paz" sus enfermedades y fatigas.
Todos los que se asemejaren a Cristo Pobre podrán dar el brazo a la Hermana Muerte, porque estarán realizados y camino al triunfo. La "muerte segunda" no les hará mal.
3. El ALTÍSIMO SE HIZO PEQUEÑO
Jesús fue prometido como pobre en el Antiguo Testamento y vino como pobre en el Nuevo Testamento. Vino a mostrar que la verdadera carencia, es no tener a Dios. Quien tiene a Dios no necesita de más nada.
El Cántico del Hermano Sol comienza con la palabra Altísimo y termina con la palabra humildad. Muestra, de punta la punta, que Jesús, el Altísimo, se redujo a la dimensión del suelo, del humus, para ser un pobre. Ese fue el gran choque provocado constantemente en Francisco y Clara por el Crucificado de San Damián. Si el propio Dios quiere ser vacío, ¿porque tendremos nosotros que estar llenos de propiedades, de poderes, de importancias?
Es evidente la resonancia del texto paulino:
"Tengan en ustedes los mismos sentimientos que tenía Jesucristo: El tenía la condición divina, pero no se apegó a la su igualdad con Dios. Por el contrario, se vació a si mismo, asumiendo la condición de siervo, y haciéndose semejante a los hombres. Así, presentándose como simple hombre, se humilló a si mismo, ¡haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz! (Fil 2,5-8).
Fue por eso que Francisco habló, diversas veces, de "altísima pobreza", como vemos, por ejemplo, en el capítulo 6 de la Regla bulada:
... de tal cosa no se deban avergonzar, porque el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo. Esta es aquella sublimidad de la altísima pobreza, que a ustedes, mis carísimos hermanos, instituyó herederos y príncipes del reino de los cielos y, haciéndoles pobres de cosas, los llenó de virtudes (RB 6, 3-4).
4. SEGUIR LOS PASOS DEL POBRE
Mientras sus biógrafos se esmeraron en demostrar que Francisco fue conforme en todo la Jesucristo, el propio santo insistió muchas veces en las expresiones "seguir sus huellas" o "seguir sus pasos", que recuerda la perfección evangélica: vender todo, dar el dinero a los pobres, tomar la propia cruz todos los días y seguir Jesús.
Un de los textos más interesantes está en la Oración que concluye la Carta la toda la Orden:
Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, concédenos por ti mismo a nosotros, miserables, hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente purgados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y llegar, por sola tu gracia, a ti, Altísimo... (CtOr 50-52).
Seguir todos los vestigios posible del Rey Pobre es lo mismo que vivir el Evangelio. En la Forma de vida para Santa Clara, Francisco llamar Evangelio al propio Hijo de Dios, para resaltar el camino de que El quería cuidar con toda diligencia y solicitud:
Desde que, por inspiración divina, se han hecho hijas y siervas del Altísimo Sumo Rey Padre celeste y desposaron al Espíritu Santo, optando por una vida de acuerdo con la perfección del santo Evangelio, yo quiero y prometo, por mi y por mis hermanos, tener por ustedes el mismo cuidado diligente y una solicitud especial, como por ellos.
Pero, después de todo lo que estuvimos considerando en el capítulo 5 de este cuaderno, resulta evidente que los principales pasos son los que fueron dados en el pesebre, en la Cruz y en la Eucaristía, pasos en que el Rey Pobre se comprometió definitivamente con todos los que se hacen vacíos.
5. LAS VIRTUDES
Quien sigue a Jesús, tiene la fuerza de Jesús, tiene las cualidades de Jesús. Son esas cualidades que Francisco recuerda en la su hermosa oración Salutación a las Virtudes. La Pobreza tiene lugar destacado y aparece primero como:
Señora santa Pobreza, el Señor te guarde por tu hermana, la humildad!
Pero al fin de la oración, Francisco la recuerda una vez más, exclamando:
La Santa Pobreza confunde toda la codicia y avaricia y solicitudes de este siglo.
Aún la recordará otra vez en la Amonestación 27, cuando dice:
Donde hay pobreza con alegría, ahí no hay ni codicia ni avaricia.
En su cuarta Carta la Inés de Praga, cuando aconseja a su hermana contemplarse en el espejo que es Jesús, Santa Clara también exclama:
Pues en ese espejo resplandecen la bienaventurada pobreza, la santa humildad y la inefable caridad, como, en el entero, podrás contemplar con la gracia de Dios (4CtIn 18).
Es evidente que las virtudes reciben títulos tan elevados por referirse a cualidades del Rey Pobre. Es siempre en esa perspectiva de aprender a ser criaturas realizadas, como Jesús, el prototipo humano, que Francisco enseña actitudes concretas, como esta, por ejemplo:
"Enseñaba los suyos a construir habitaciones pequeñas y pobres, de madera y no de piedra, como las chozas de las personas más miserables. Muchas veces, hablando de la pobreza, recordaba a los hermanos aquel pasaje del Evangelio: "Las raposas tienen cuevas y los pájaros del cielo tienen nidos, pero el Hijo de Dios no tiene donde reposar la cabeza" (1Cel 56).
En la Carta a un Ministro, dejó bien claro que no deseaba simplemente que los otros fuesen mejores cristianos para que su convivencia fuese más agradable. El pensaba que todos debían realizarse como otros cristos.
6. EL YO VERDADERO
La figura, el tipo, el manera de Jesús siempre explican todas las actitudes de San Francisco y todos sus textos. Siempre está buscando la autenticidad del yo verdadero, aquel que fue criado de acuerdo con el "Espíritu del Señor". El otro yo, hecho por nosotros mismos y por la sociedad "según la carne", tiene que ser despreciado y humillado, reconocido como insignificante (cf. RNB 17,14).
Por lo cual, el yo verdadero es pobre: no es dueño de Dios ni de las criaturas. Si queremos llegar a nuestro yo legítimo, hecho según el "Espíritu del Señor", tenemos que irnos librando de los bienes y seguridades que acumulamos a través de la vida.
Por eso, Francisco también enseñó en su Amonestación 14:
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,3). Hay muchos que permanecen constantes en la oración y en los divinos oficios y hacen muchas abstinencias y mortificaciones corporales, pero por sola una palabra que parece ser injuriosa para sus cuerpos o por cualquier cosa que se les quite, se escandalizan y enseguida se alteran. Estos tales no son pobres de espíritu; porque quien es de verdad pobre de espíritu, se odia a sí mismo y ama a los que le golpeen en la mejilla (cf. Mt 5,39). (Adm 14).
Evidentemente, no es fácil ir identificando lo que es falso en nosotros para poder ir destruyendo todo ese mal. Pero es mejor ir haciendo eso ahora de que darnos un susto cuando nos presentemos ante Dios.
La "muerte segunda no les hará mal", porque la primera muerte, que acaba con el yo falso, en vez de desilusionar al pobre mostrará que caminó por el camino cierto. El yo verdadero será coronado porque será reconocido como otro Cristo legítimo.
Para volverse semejante a nosotros, Jesús se vació (Cf. Fil 2,5). El es el nuevo Adán, el Adán sin pecado. Solo en él cada uno de nosotros es auténtico.
7. El PROGRAMA
Después de todo lo que consideramos, creo que no es difícil concluir que "ser pobre como Jesús" fue, para Francisco, un programa de vida y hasta de acción en la "reconstrucción de la casa del Señor". Pero también fue un programa que dejó para todos sus seguidores.
Es por eso que la pobreza es constantemente propuesta en su Regla no bulada, pero uno de los textos más contundentes que quedó consignado oficialmente es el que está en el capítulo 6 de la Regla bulada:
Los hermanos no se apropien nada para sí, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna . Esta es la excelencia de la altísima pobreza, la que a vosotros, mis queridísimos hermanos, os ha constituido en herederos y reyes del reino de los cielos, os ha hecho pobres en cosas y os ha sublimado en virtudes (cf. Sant 2,5). Sea ésta vuestra porción , la que conduce a la tierra de los vivientes (cf. Sal 141,6). Adheridos enteramente a ella, hermanos amadísimos, por el nombre nuestro Señor Jesucristo, jamás queráis tener ninguna otra cosa bajo el cielo. Y dondequiera que estén y se encuentren unos con otros los hermanos, condúzcanse mutuamente con familiaridad entre sí. Y exponga confiadamente el uno al otro su necesidad, porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal (cf. lTes 2,7), ¿cuánto más amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual? Y si alguno de los hermanos cae enfermo, los otros hermanos le deben servir como quisieran ellos ser servidos (cf. Mt 7,12).
Entretanto, como ya mostramos, El hizo una síntesis de toda su propuesta en la Forma de Vida la Santa Clara.
Es evidente que la expresión "optando por una vida de acuerdo con la perfección del Santo Evangelio", en la Forma de Vida, se refiere a Jesús, que es la Buena Nueva y completa la referencia a la Trinidad con el Padre y el Espíritu Santo. La "perfección" recuerda lo que fue dicho al joven que quería el Reino de Dios pero ya cumplía todos los mandamientos: "Si lo que tu quiere es ser perfecto, vende todo que tienes, dalo a los pobres y después sígueme". Fue lo que Francisco, Clara y los suyos hicieron.
Pero San Francisco aún reforzó mejor su programa cuando, en vísperas de la muerte, mandó a Santa Clara su Última Voluntad:
Yo el hermano Francisco, pequeñuelo, quiero seguir la vida y la pobreza de nuestro altísimo Señor Jesucristo y de su santísima Madre y perseverar en ella hasta el fin; y os ruego, mis señoras, y os aconsejo que viváis siempre en esta santísima vida y pobreza. Y estad muy alerta para que de ninguna manera os apartéis jamás de ella por la enseñanza o consejo de quien sea.
Ese texto demuestra como El estaba convencido de que ser pobre, para El y sus seguidores, era tan claramente la voluntad de Dios, que nadie tendría derecho de interferir.
De hecho, Santa Clara demostró la misma convicción y cuanto tenía en mente la palabra de Francisco cuando resistió al Papa Gregorio IX que insistía para que ella tuviese propiedades, llegando hasta a ofrecérselas y proponer que ella fuese dispensada del voto de pobreza. Su respuesta fue contundente, definitiva:
"No me dispenses de seguir a mi Señor Jesucristo".
8. PROPUESTAS PRÁCTICAS
1. Tu debes tener un programa de vida. Intenta ver si consigues redactarlo por lo menos en sus principales items. Y evalúa con cuidado qué lugar ocupa o puede ocupar el seguimiento de Jesús Pobre en lo que tu pretendes hacer con el don de la vida que Dios te dio.
2. Hace una lista de lo que tu consideras tus principales cualidades y las principales realizaciones de tu vida hasta hoy. Después intenta eliminar de la lista los puntos que piensas que no podrías mantener cuanto, terminada tu vida, tuvieses que examinar tu papel ante el Padre de la Misericordia. No está mal que sobre poco o nada. Es mejor saberse pobre de que ilusionarse.
3. Como ya hiciste una lista de tus buenas cualidades, compáralas con las buenas cualidades de Jesús que puedes encontrar en la lectura de los Evangelios. No es para sentirte humillado. Es para animarte y para aprender algunas sugerencias buenas que puedes poner en práctica.
4. ¿Qué "pasos" o "vestigios" de Jesús piensas que puedes decir que quisiste seguir hasta ahora? ¿Y lo que aún tendrás para hacer? Especialmente para librarte de propiedades, de mandos y de importancias.
5.
Jesucristo vino para servir. También dijo que vino para que todos tuviesen vida en abundancia. Revisa a quien y como sirves. Revisa como has sido comunicador de vida. Piensa en las personas concretas que tienen algo que recibir.