10. La Pobreza en los Escritos de Clara

1. INTRODUCCIÓN

Santa Clara es mucho más vehemente que San Francisco en la lucha por la Pobreza. Habiendo compartido con él el mismo ideal, lo sobrevivió veintisiete años, teniendo oportunidad de ver como quedó la pobreza entre los hermanos en la ausencia de Francisco.

Clara ya entró en la Orden para ser esposa del Cristo pobre y antes de salir de casa, tuvo el cuidado de vender todo que pudiese ser suyo, distribuyéndolo a los pobres, de acuerdo con la "perfección del Santo Evangelio".

Ella misma declaró que recibió muchos escritos de San Francisco relativos a la pobreza. Los tres que conocemos: la Forma de Vida, la Última Voluntad y el cántico oíd, Pobrecitas, son más que elocuentes: son vehementes.

Pero los escritos de Clara revelan que ella debe haber compartido con Francisco muchos y profundos diálogos sobre el seguimiento del Crucificado Pobre. Como ella nunca citaba las palabras de Francisco, a no ser cuando era formalmente interesante, como en el caso del Capítulo 6 de su Regla, parece evidente que no fue una simple discípula que oyó al santo: debe haber sido compañera y aún maestra en muchos puntos, como se ve por la fuerza y personalidad de sus textos. Además de eso, fue testimoniando que invitaba y oía siempre muy buenos predicadores.

2. LA ORDEN DE LAS HERMANAS POBRES

Desde el comienzo de la su Orden, Santa Clara hizo cuestión del "Privilegio de la Pobreza": que nadie, en la Iglesia, pudiese obligar a sus Hermanas a poseer cosa alguna. Sin pobreza, su Orden no tiene sentido, pues ella estaba reconstruyendo la casa del Crucificado justamente por la pobreza.

En su monasterio - y eso era una novedad en la vida religiosa de su tiempo - no había distinción de Hermanas. Nobles y plebeyas eran igualmente hermanas, porque todas se había despojado de todos los bienes antes de ser admitidas .

En su tiempo, había mucha ostentación personal de status y de riqueza en los monasterios, muchas veces construidos por los ricos y como verdaderos castillos para abrigar sus hijos e hijas con los respectivos siervos.

Para Santa Clara, "hacer la profesión de nuestra pobreza" era lo mismo que "profesar en nuestra Orden".

Ella tuvo que escribir un Testamento cuando sintió que podía morir y que su Orden podía perder el sentido de la pobreza, como ella estaba viendo acontecer entre los hermanos. El documento era una salvaguarda porque, hasta entonces, no había tenido posibilidad de ver aprobada su Regla.

Una de las características de esa Regla vendría a ser la reiterada declaración de que ella y sus compañeras no eran monjas benedictinas sino que habían entrado en la Orden de la Pobreza de San Francisco.

Fue por eso que insistió tanto en tener hermanos que auxiliasen en todos los monasterios y en que el mismo Cardenal Protector de los Hermanos Menores fuese el de las Hermanas Pobres: para que no se apartasen de la Pobreza.

3. HIMNO A LA POBREZA

Podemos decir que el asunto dominante, sino el único, de los escritos de Santa Clara, es Jesucristo. Como Jesucristo, para ella, es, sobre todo, el Pobre, es muy difícil encontrar algún momento en que ella no esté hablando de la pobreza.

Aún así, me aventuré a seleccionar algunos textos que me parecieron más importantes. El primero es el "Himno a la Pobreza", que Clara mandó a Inés de Praga en su primera carta, por ocasión de Pentecostés de 1234.

Así pues, hermana carísima, y aun más, señora respetabilísima, pues eres esposa y madre y hermana de mi señor Jesucristo, adornada esplendorosamente con el estandarte de la virginidad inviolable y de la santísima pobreza: ya que has comenzado con tan ardiente anhelo del Pobre Crucificado, confírmate en su santo servicio; que El sufrió por nosotros el suplicio de la cruz, librándonos del poder del príncipe de las tinieblas (Heb 12,2; Col 1,13) -que nos tenía sometidos y encadenados por la trasgresión de nuestro primer padre- y reconciliándonos con Dios Padre.

¡Oh pobreza bienaventurada, que da riquezas eternas a quienes la aman y abrazan! ¡Oh pobreza santa, por la cual, a quienes la poseen y desean, Dios les promete el reino de los cielos, y sin duda alguna les ofrece la gloria eterna y la vida bienaventurada! ¡Oh piadosa pobreza, la que se dignó abrazar con predilección el Señor Jesucristo, el que gobernaba y gobierna cielo y tierra , y, lo que es más, lo dijo y todo fue hecho! (Sal 32,9; 148,5). En efecto, las zorras -dice el mismo Cristo- tienen sus madrigueras, y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza, sino que, inclinándola [en la cruz], entregó su espíritu (Mt 8,20; Jn 19,30)

Pues si un Señor tan grande y de tal calidad, encarnándose en el seno de la Virgen, quiso aparecer en este mundo como un hombre despreciado, necesitado y pobre, para que los hombres, pobrísimos e indigentes, con gran necesidad del alimento celeste, se hicieran en él ricos por la posesión del reino de los cielos, alégrate y salta de júbilo, colmada de alegría espiritual y de inmenso gozo. Tú, al preferir el desprecio del siglo a los honores, la pobreza a las riquezas temporales, y guardar cuidadosamente los tesoros en el cielo y no en la tierra, allí donde ni la herrumbre los corroe,, ni los come la polilla, ni los ladrones los descubren y roban (Mt 6,20), te has asegurado una recompensa copiosísima en los cielos (Mt 5,12), y has merecido dignamente ser hermana, esposa y madre (Mt 12,50) del Hijo del Altísimo Padre y de la Virgen gloriosa. Y es imposible morar con gloria en el siglo y luego reinar con Cristo. Y antes pasará un camello por el ojo de una aguja que subir un rico al reino celestial (Mt 19,24). (1CtIn 12-28).

4. ABRAZA A CRISTO POBRE

En la segunda carta de Santa Clara a Santa Inés de Praga, toda ella prácticamente dedicada a la pobreza, hay un pasaje magnífico, en cuyo punto alto, viene el consejo vehemente: "Abraza a Cristo pobre como una virgen pobre".

Para Santa Clara, una virgen pobre era una persona que había dejado el mayor vacío posible para Dios en su interioridad Para defender esa pobreza, ella no tuvo miedo de enfrentar a las mayores autoridades de su tiempo.

Virgen Pobre es una persona solo de Dios, sin divisiones. No puede estar preocupada con propiedades, con poder o con la defensa de un status.

Abrazar a Cristo pobre es agarrar en los brazos el Infinito, que se hizo vacío. Clara también escribió para Inés de Praga:

"La gloriosa Virgen de las vírgenes lo llevó materialmente: tú, siguiendo sus huellas (1Pe 2,21), principalmente las de la humildad y de la pobreza, puedes llevarlo espiritualmente siempre, fuera de toda duda, en tu cuerpo casto y virginal, de ese modo contienes en ti a quien te contiene a ti y a los seres todos (Sab 1,7; Col 1,17), y posees con Él el bien más seguro, en comparación con las demás posesiones, tan pasajeras, de este mundo. " (3CtIn 24-26).

Quien vendió y dio todo puede no solo seguir los pasos de Jesús sino también abrazarlo. Es más concreto, es mucho más afectivo. Y ella lo hace en su insignificancia:

Míralo hecho despreciable por ti, y síguelo, hecha tú despreciable por El en este mundo. Oh reina nobilísima: observa, considera, contempla, con el anhelo de imitarle, a tu Esposo, el más bello entre los hijos de los hombres (Sal 43,3), hecho por tu salvación el más vil de los varones: despreciado, golpeado, azotado de mil formas en todo su cuerpo, muriendo entre las atroces angustias de la cruz. (2CtIn 19-20).

5. TRANSFÓRMATE ENTERA

Un de los puntos más altos de los escritos de Santa Clara es el trecho de la tercera carta la Inés de Praga en que ella enseña lo que significa contemplar:

Fija tu mente en el espejo de la eternidad, fija tu alma en el esplendor de la gloria (Heb 1,3), fija tu corazón en la figura de la divina sustancia (2Cor 3,18), y transfórmate toda entera, por la contemplación, en imagen de su divinidad. (3CtIn 12-13).

En el espejo que es Jesús, la eternidad es pobre; el no-tiempo es no-apropiación. Clara propone comprender eso con la mente, que es capaz de relacionar las diversas informaciones que recibimos.

En el esplendor que es la luz de Jesús, percibimos que la "gloria" es pobre. Solo el alma, soplo del deseo de Dios, lo podrá captar.

En la figura concreta de Jesús, se puede ver que la sustancia divina es pobre. Solo el corazón entenderá sus razones.

Clara había comprendido, ciertamente, que la pobreza no es expresión de nuestra pequeñez sino un aspecto de la esencia de Dios: como El es el Amor total, cuando se da, se entrega entero - hay un vacío que es el infinito.

Contemplar es ser tan pobre que la gente se deja transformar en la imagen de la Divinidad. No extiendas las manos para adquirir nada. Solo deja que Dios nos lo adquiera por la maravilla de sus obras.

6. FELIZ ERES TU

Ya postrada en su lecho de muerte, pregustando ciertamente el encuentro que iba a tener, en breve, con su amado Cristo Pobre, Clara dictó una carta para la gran amiga Inés de Praga.

Todo el documento es extraordinariamente bonito, pero quiero llamar la atención para dos puntos altos. Uno, es la propuesta del espejo, que presento en el próximo subtítulo; otro, es una verdadera paráfrasis de la primera bienaventuranza. Está en los versículos 9 la 14.

"Bienaventurados los pobres" se transforma en "¡Feliz eres tu!". "Porque de ellos es el reino de los cielos" es sustituido por una consideración arrebatada de la participación de la pobre en un banquete o "convivio" con Cristo, cuyas cualidades (belleza, afecto, contemplación, bondad, suavidad, recuerdo, perfume, visión gloriosa...) son exaltadas .

El texto presenta un latín tan elaborado que debe haber sido escrito anteriormente y memorizado de tanto ser repetido. Es un arrebatamiento poético, que sobresale entre otros que Clara tiene en sus cartas.

Por otro lado, como casi siempre En esos escritos, Clara revela su propia alma, bellísima y paupérrima, por más que esté pensando en Inés y hablando a respecto de ella.

7. LA POBREZA EN EL ESPEJO

Tú, oh reina, esposa de Jesucristo, mira diariamente ese espejo, y observa constantemente en él tu rostro: así podrás vestirte hermosamente y del todo, interior y exteriormente, como corresponde a quien es hija y esposa castísima del Rey supremo.

Ahora bien, en este espejo resplandecen la bienaventurada pobreza, la santa humildad y la inefable caridad, como lo podrás contemplar en todo el espejo.

Mira -te digo- el comienzo de este espejo, la pobreza, pues es colocado en un pesebre y envuelto en pañales (Lc 2, 12). 20 ¡Oh maravillosa humildad, oh estupenda pobreza! el Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra (Mt 11,25), es reclinado en un pesebre. Y en el centro del espejo considera la humildad: por lo menos, la bienaventurada pobreza, los múltiples trabajos y penalidades que soportó por la redención del género humano. Y en lo más alto del mismo espejo contempla la inefable caridad: con ella escogió padecer el leño de la cruz y morir en él con la muerte más infamante. (4CtIn 15-23).

También está en la cuarta Carta la magistral propuesta concreta de Santa Clara para quien quisiere ser pobre como Jesús: Mirarlo como quien se ve y se engalana en el espejo.

Ella recuerda al Jesús que nació pobre, que vivió pobre y que murió pobre. Subraya que la pobreza siempre tiene que estar íntimamente ligada a la caridad y a la humildad, pues es así que se ve en el espejo que es el propio Jesús.

Es bien importante que mande espejarse tanto "interior cuanto exteriormente". Pero es fundamental recordar que, como en la tercera carta, para ella, contemplación es transformación.

8. LA POBREZA EN EL TESTAMENTO

Diferentemente de San Francisco, que escribió su Testamento en los últimos días antes de morir, aprovechando para confirmar lo que dijera en su Regla, Santa Clara escribió su Testamento algunos años antes de la muerte, cuando ni esperaba conseguir la aprobación de una Regla. Pero parece que lo hizo cuando, muy enferma, sintió que no iba a vivir mucho.

Por eso, coloca toda su vehemencia en la defensa de la amada pobreza de Jesús, que sabia estaba corriendo peligro. De hecho, en 1263, diez años apenas después de su muerte, el papa Urbano IV publicó una nueva Regla para las Clarisas en que excluyó la pobreza.

Justamente por eso, estoy colocando aquí un largo pasaje del Testamento, para que podamos oír y considerar las propias palabras de la santa. Pero es claro que lo ideal es leer el Testamento entero, y todo que ella escribió.

Luego (San Francisco) escribió para nosotras la forma de vida; principalmente, para que perseverásemos siempre en la santa pobreza. Y no se contentó durante toda su vida con exhortarnos con muchas pláticas (Hech 20,2) y ejemplos al amor y a la observancia de la santísima pobreza, sino que nos entregó varios escritos, para que de ninguna manera nos apartáramos de ella después de su muerte, como nunca quiso el Hijo de Dios separarse de la misma santa pobreza durante su vida en este mundo. Y nuestro beatísimo padre Francisco, imitando sus huellas (1Pe 2,22), su santa pobreza, la que escogió para sí y sus hermanos, en modo alguno se desvió de ella mientras vivió ni con el ejemplo ni con la doctrina.

Yo, Clara , servidora, aunque indigna, de Cristo y de las hermanas pobres del monasterio de San Damián, a la vez que verdadera plantita de san Francisco, y mis demás hermanas hemos reflexionado sobre nuestra altísima profesión y el mandato de tan gran padre; nos hemos percatado también de la fragilidad de las demás y la hemos temido en nosotras para el momento en que muriese nuestro santo padre Francisco, columna nuestra, nuestro único consuelo después de Dios, y el que daba firmeza a nuestra vida. Todo ello nos ha inducido a comprometernos una y otra vez con nuestra señora la santísima pobreza, con el objeto de que, después de mi muerte, no puedan en manera alguna separarse de ella ni las hermanas actuales ni las futuras.

Y así como yo fui siempre diligente y solícita en observar la santa pobreza que prometimos al Señor y a nuestro padre Francisco, y en hacer que las demás la observaran, las que me han de suceder en el oficio quedan obligadas a observarla y a hacerla observar por las otras. Más aún: para mayor cautela me preocupé de que el señor papa Inocencio, en cuyo pontificado comenzó nuestro género de vida, y otros sucesores suyos reforzaran con sus privilegios nuestra profesión de santísima pobreza, que prometimos al Señor y a nuestro Padre, para que nunca y en modo alguno nos apartáramos de ella.

Por lo cual, de rodillas, postrada interior y exteriormente, confío a la santa Madre Iglesia romana, al sumo pontífice y especialmente al señor cardenal que fuere designado para la religión de los Hermanos Menores y para nosotras, todas mis hermanas actuales y venideras; para que, por amor de aquel Señor que fue recostado pobremente en el pesebre (Lc 2,12), pobremente vivió en el mundo y desnudo permaneció en el patíbulo, vele siempre para que esta pequeña grey (Lc 12,32) -que el Señor Padre engendró en su santa Iglesia por medio de la palabra y el ejemplo de nuestro bienaventurado padre san Francisco y por la pobreza y humildad que practicó en seguimiento de la del amado Hijo de Dios y de la gloriosa Virgen María su Madre-, observe la santa pobreza que prometimos a Dios y a nuestro beatísimo padre Francisco y tenga a bien animar a las mencionadas hermanas y conservarlas en ella. (TSC 33-47).

Como vemos, Clara de Asís aún tiene mucho que decirnos, ochocientos años después.

9. PROPUESTAS PRÁCTICAS

1. Quien quisiere el don de la pobreza evangélica tendrá que buscar desnudo, poco a poco, su yo verdadero. Para eso, tendrá que aprender a contemplar a Cristo Pobre tanto en el silencio del recogimiento, cuanto en la vida diaria con los hermanos más próximos, cuanto en el contacto directo con los menos favorecidos: ninguno de los tres elementos puede faltar.

2. Procura responder con objetividad a este cuestionamiento: ¿Hace muchos años que eres cristiano, verdad? Quizá seas también hace mucho un franciscano profeso. ¿En qué puntos puedes decir que la contemplación del Cristo pobre ya transformó tu vida?

3. Debe haber algunos puntos muy concretos en que tu podrías ser más pobre para acoger mejor el abrazo del Cristo pobre. Planea los vacíos que puedes crear hasta el fin desde año. Hasta fin de este mes.

4. Haz una propuesta objetiva a tu fraternidad o a tu familia para que trabajar juntos por el privilegio de acoger el Cristo pobre y de ayudar concretamente algunos de tus hermanos y hermanas más pobres.

5. Revisa un poco el amor que tienes por las personas que más están en tu corazón. ¿Qué humildad ese amor está incluyendo? ¿Qué pobreza está expresando?