11. La Iglesia del Rey Pobre
1. INTRODUCCIÓN
Partiendo de la invitación y del mirar del Rey Pobre de la Cruz, Francisco y Clara presentaron la alternativa de una Iglesia volcada:
a) a los no-propietarios y excluidos de la sociedad;
b) a los sometidos que no tenían ninguna posición de mando o poder;
c) a los no-importantes, los insignificantes.
Son justamente las personas que Jesús mandó buscar, por los cruces de los caminos de este mundo, para tomar parte en la fiesta de casamiento de su Hijo, después que tantos inventaron disculpas para no aparecer.
En esa Iglesia, el Rey Pobre no es más el Rey de los Reyes y Señor de los Señores. Por eso, no tiene sentido aproximarse a él por causa del poder. El es el servidor de los excluidos.
Pero hay que recordar que el Señor exigirá la ropa de casamiento, esto es, que los excluidos aprendan con El, que es "manso y humilde de corazón". O que correspondan al invitación presentando el mejor uso posible de los dones de Dios.
Un punto fundamental es que Francisco y Clara removieron escombros y reconstruyeron principalmente con su ejemplo. Sus seguidores de hoy van ayudar la Iglesia en un proceso continuo de reconstrucción en la medida en que fuesen libres y móviles, sin poderes y sin estructuras imponentes, sin el status de "grandes".
2. EL REY POBRE
Desde el Antiguo Testamento, el Salvador del mundo ya fue presentado como alguien que permanecería en el nivel de los pobres, cuestionando el sistema común con el su ejemplo pero obrando con mansedumbre y respeto "hasta hacer triunfar el derecho".
El profeta Isaías lo presentó como un humilde siervo sufriente:
Era despreciado, la escoria de la humanidad, hombre de dolores y habituado a la enfermedad; era como persona de quien se desvía el rostro, tan despreciable que no le hicimos caso. Entre tanto, fue Él quien cargó nuestras iniquidades y tomó sobre si nuestros dolores (Is 53, 3-4).
El espíritu del Señor Dios reposa sobre mi, porque El me ungió. Me envió para llevar la buena nueva a los pobres... (Is 61,1).
Eh aquí a mi siervo, que escogí; mi bien amado, de quien mi alma se aficionó. Haré reposar sobre El mi Espíritu, y El anunciará el derecho a los gentiles. No discutirá ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas públicas. No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha humeante, hasta hacer triunfar el derecho. En su nombre las naciones depositaron su esperanza (Is 42, 1-4, cit. en Mt 12, 18-21).
El es un excluido en el mundo de los hombres pero es el portador del Amor inclusivo de Dios.
Y Zacarías, para presentar su figura de pequeño y pacífico, dijo que entraría en Jerusalén montado en un jumento (Zac 9,9).
No es posible dejar de recordar que El nació en un establo porque no había lugar para su Madre en el albergue, que fue conocido como el hijo del carpintero, que pasó la mayor parte de la vida en la oscuridad, que se rodeó de pescadores y de otros pobres, que dirigió lo principal de su predicación a los marginados por la sociedad por ser miserables o pecadores, que fue muerto entre dos ladrones.
Pero fue así que El comenzó la construir la parte del Reino que puede ser establecida en la tierra.
Quizá sea difícil creer que, inclusive en la época de las grandes comunicaciones de masa, el Rey Pobre, que no quiso ser un poderoso de su tiempo, no va a querer ser un "superstar".
3. LOS EXCLUIDOS DEL SIGLO XIII
En el tiempo de Francisco y Clara había, como hoy, muchos excluidos de la sociedad. De la sociedad y de la Iglesia. Muchas veces, eran excluidos de la sociedad por haber sido excluidos de la Iglesia. Vamos recordar específicamente los principales grupos:
1) Los infieles, especialmente los sarracenos. Estaban fuera de la pirámide de la Iglesia y del mundo feudal europeo. Eran "los enemigos" y tenían que ser vencidos y eliminados. Ellos estaban poseyendo tierras que no habían sido dadas ni por el Imperador ni por el Papa.
2) Los herejes. Se excluían de la Iglesia, sea por sus opiniones, sea por sus críticas. Además de perder los beneficios espirituales y materiales de la Iglesia, podían ser condenados perdiendo, si no la vida, por lo menos los derechos civiles: ni podían vender o comprar un terreno.
3) Los bandidos. La propia palabra "bandido" recordaba que habían un bando público los había excluido de la convivencia de las otras personas por no respetar los derechos de propiedad que todos reconocían.
4) Los miserables de siempre. Los encontramos de manera vívida en tiempo de Francisco y Clara leyendo los milagros que los dos santos realizaron, principalmente después de su muerte, y que están relatados en los "tratados de los milagros" que acompañan sus leyendas : mendigos, estropeados, ciegos, leprosos, locos, heridos de guerra, víctimas de los animales salvajes, enfermos de todos los tipos. Nadie contaba con ellos, a no ser para trabajar y pagar impuestos. Vivían una fe simple y profunda, que los aproximaba confiados a todas las señales de Dios, especialmente de criaturas como Francisco y Clara de Asís.
Es bueno recordar que, también en el tiempo de Jesús, hubo muchos que se excluyeron de su invitación universal de salvación. El fue a hablar con pobres, con pecadores, con extranjeros, con personas que su sociedad ya excluía. Es dramático ir viendo como, en el Evangelio de San Juan, cuanto más clara se manifiesta la luz de Jesús, más personas se apartan.
Lo importante es que El mismo no excluyó a nadie, dejando el juicio para cuando el vuelva al fin de la historia. Nosotros tenemos que hacer que la Buena Nueva llegue a todos.
4. FRANCISCO Y LOS EXCLUIDOS
En vez de guerrear contra los infieles, quiso ir a su encuentro, para anunciar la buena nueva por el ejemplo de la sumisión a todos (Cf. RNB 16,7). Dialogó con el sultán y hasta aprendió con los musulmanes como era bonito que, diversas veces por día, diesen un señal para que todos rezaran públicamente. Hizo esa recomendación a los gobernadores de los pueblos.
Tuvo extremo cuidado para que sus seguidores no fuesen herejes, como leemos en la Regla (también en la de Santa Clara) y en el Testamento. Pero uno de sus testimonios más admirables en la manera de tratar las herejías debe ser el que descubrimos confrontando la primera y la segunda versión de su Carta a los Fieles: El coloca la buena doctrina con claridad pero nunca emplea una palabra menos fraterna de condenación.
Cuanto a los bandidos, leemos en la Regla que manda recibirlos con cortesía:
Y todo aquel que se les acerque, sea amigo o adversario, ladrón o bandido, lo recibirán con bondad (RNB 7,13).
Tenemos un ejemplo muy concreto de su actitud personal en el conocido caso de los ladrones de Monte Casale, a quien conquistó con la cortesía (ver LP 90).
Y sus biografías están llenas de otros ejemplos de como sabía estar cerca de todos los desclasificados de la sociedad, valorizándolos. También Santa Clara, que no salía de su eremitorio de San Damián, atendía frecuentemente los que recurrían a ella.
5. ¿QUIÉN ESTÁ FUERA HOY?
Una muchedumbre enorme que aún ni oyó hablar en Jesucristo y, por lo tanto, no sabe que es amada por el Padre de la Misericordia.
Una muchedumbre que hasta llegó la ser bautizada y a ser contada en los contingentes de la Cristiandad pero fue, paulatinamente, apartándose. Muchas veces porque oyó propuestas que le parecieron más interesantes.
Los que no tienen ninguna fe profunda pero, desesperados por las enfermedades y otros problemas, se agarran a cualquier cosa que les parezca una tabla de salvación.
Los que están marginados por la raza, cultura, sexo, drogas, de toda especie. En general, son estigmatizados por algo que la sociedad reinante no acepta y su cualidad y valores humanos son ignorados.
También debemos abrir los ojos para la situación de exclusión en que se encuentran los que no fueron educados o no se adaptan a la ciudadanía. Asaltan y perpetran vandalismos, quebrando teléfonos, incendiando cajas del correo, grafitando paredes, estropeando cosas públicas o ajenas. Todo eso es señal de una insurrección que necesita comprensión y de amor. Como la de los que hacen huelgas y ocupaciones para crear problemas a los poderosos pero acaban masacrando más aún los que ya viven con sacrificio.
6. UNA IGLESIA RECONSTRUIDA
Antes de hablar en cualquier propuesta concreta de reconstrucción de la Iglesia, es bueno recordar que no nos dirigimos a los sus jefes y pastores ni nos sentimos llamados la ocupar sus lugares. La colaboración de los pobres de Francisco y de Clara es el rol de quien se ve en la posición de servidores de los menores.
Es entre los pequeños, en la periferia del poder, que necesitamos mantener encendida la llama de una Iglesia peregrina, que no tiene en esta tierra morada permanente.
Es en el medio de los no-propietarios, de los sin poder y de los insignificantes que necesitamos cultivar los dones del compartir y de los servicios. Es ahí que trabajamos por el crecimiento de la unión.
Es en los rincones perdidos del mundo que tenemos que ir a buscar las ovejas que escaparon y mostrar a los hijos pródigos el camino de vuelta para la casa paterna.
Son los más olvidados que precisan creer de nuevo que son amados por Dios. Tienen que ser promovidos por los valores que tienen, evitando que se alienen en la desesperación de quien solo cree en milagros.
En el mundo actual, el de los grandes medios de comunicación, quizá tengamos que dejar para otros la tarea de llegar a grandes masas, prefiriendo el trabajo minúsculo y personal de llegar junto a cada hermano y hermana, especialmente los menos recordados, para dialogar con ellos sobre los caminos de Dios.
Son los enfermos, los viejitos y tantos otros relegados a la soledad que necesitan de quien rece con ellos, de una presencia próxima de bondad, de que haya oídos para escucharlos. Esas son tareas muy buenas para los seguidores del Francisco pobre, que tenía escrito en su Regla:
Y deben estar satisfechos cuando están en el medio de gente común y despreciada, de pobres y débiles, enfermos y leprosos, y mendigos de calle (RNB 9,3).
Pero es claro que tenemos que acordarnos también de los otros, especialmente cuando estuvieren perdidos en la soledad de su riqueza y cuando hubieren olvidado que el Cristo salvador está con hambre, con frío o en la cárcel bien ahí, al lado.
7. RECONSTRUIR CUESTIONANDO
En toda reconstrucción, hay un trabajo previo de remoción de las ruinas, de cosas prescindibles y del escombro. En la reconstrucción de una casa viva, eso será hecho con mucho amor pero especialmente por el cuestionamiento, porque hay que respetar la capacidad de acción de todas las personas.
No debemos cuestionar con palabras, actitudes agresivas, subversiones o propuestas teóricas, sino con el ejemplo de nuestra vida.
1) Cuestionar la propiedad. Si no mostramos que es posible vivir sin consumismo, perdemos el sentido de ser franciscanos.
2) Cuestionar el poder. Mostrar que, aún teniendo calificaciones para mandar, no queremos mandar. Preferimos ser sumisos y ayudar la construir un mundo más justo. En paz.
3) Cuestionar el "status". Mostrar que no es necesario sufrir a causa de una imagen y de una posición que pueden no valer absolutamente nada ante Dios.
4) No es preciso derribar a los poderosos. Nuestra Señora ya dijo, en su Magnificat, que es Dios quien derriba los poderosos de sus tronos.
8. LA MEMORIA Y LA ESPERANZA
El Rey Pobre es un pastor peregrino. Está conduciendo su pueblo a través de la historia.
Es fundamental comprender que la "casa" del Crucificado, que nosotros estamos reconstruyendo por la pobreza, no es una estructura anclada. Es una nave en movimiento, o, mejor, es un pueblo en movimiento en una nave que navega entre el Alfa y el Omega, entre la Memoria y la Esperanza.
De un lado, no se trata simplemente de un montón de personas, lo que sería una masa popular, sino de un pueblo. La diferencia es que el pueblo vive y conduce una historia, mientras que la masa es apenas manipulada por poderosos. Es muchedumbre anónima de compradores, de votantes, de manifestantes.
De otro lado, no se trata de la historia de una persona o de personas aisladas. La Historia de un pueblo tiene millares de años: hacia atrás y hacia adelante. Es la historia que ya nos hizo antes de haber nacido y que continuará haciéndonos también después de nuestra muerte, hasta que toda la humanidad esté junta como una sola familia en la casa de Dios.
Lo que nos proyecta hacia el pasado, como nos lo enseña muy bien la Biblia, es la Memoria. Estamos siempre recordando que somos la descendencia de Abrahán, los liberados del Egipto, los retornados del exilio, los pobres que acogieron a Jesús... En otras palabras, somos un pueblo que recuerda que Dios ya le hizo muchas promesas y que las cumplió todas.
Lo que nos proyecta al futuro es la esperanza. Nosotros aún tenemos y vivimos promesas que Dios está cumpliendo: la salvación tiene que llegar a todos, habrá un solo rebaño y un solo pastor, nosotros vamos a ocupar las muchas moradas de la casa del Padre...
Para ser un pueblo vivo y no una casa en ruinas, es preciso que nuestras memorias y nuestras esperanzas sean mayores que la historia de cada persona. Nuestras recordaciones y nuestros sueños tienen que darnos la dimensión de un pueblo, de un pueblo proyectado no solo en el espacio pero también en el tiempo.
Cada seguidor del Rey Pobre sabe porqué se puso en camino con Él y con todos los otros que lo siguen y, por eso, como recordó San Pedro la su Primera Carta, está "siempre pronto para responder la todo el que le pida dar razón de su esperanza " (1Pe 3,15).
Tenemos que ser aquellos "sin bolsa ni dos túnicas" que pueden marcar la presencia de la paz en cualquier lugar y saben enseñar que en ese viaje no se cargan bagajes sino un corazón que se transforma cada día. Naturalmente con la disposición de aprender la reconocer el Señor en todos los demás peregrinos que van siendo encontrados a lo largo de ese camino.
8. PROPUESTAS PRÁCTICAS
1. Nunca pierdas una oportunidad de ayudar a otras personas a conocer nuestra historia de Pueblo de Dios. Recuerda algunos puntos sugestivos de la historia bíblica, de la historia de la Iglesia, de nuestra caminar como pueblo latinoamericano.
2. Ayuda a personas más próximas a tener la mayor objetividad posible en sus esperanzas como pueblo. Que no se limiten a luchar para que el dinero crezca o para que llegue la jubilación sino para que sepan pensarse como cultura, como Iglesia, como servidores de Jesús, el Salvador.
3. Cuestiona menos con palabras e intenta cuestionar siempre con la vida. Las personas precisan mucho más de ejemplos que de exhortaciones.
4. Está atento con los que están siendo excluidos en su ambiente. Lucha para vencer la exclusión en la sociedad y dentro de nuestros corazones. El propio pueblo se enriquece con la presencia de gente bien diferente, con sus culturas y sus propuestas originales.
5. Preocúpate de dar todo que puedas de ti mismo para que los servicios humildes y pequeño de la Iglesia no queden inermes solo porque otros no los quisieron asumirlos. Comienza uniendo a los que están dejando de ser construidos en su propia casa y en su propio trabajo.
6. Visita y anima a los descreídos y a los desesperanzados. Sin la presencia animadora del Rey Pobre junto a ellos. Quizá no haya que decir mucha cosa. Ellos necesitan antes que nada ser oídos.
7.
Aprende a conversar todos los días con tu Crucificado para saber en qué puntos la casa está necesitando ser reconstruida en el presente.