12. Anunciadores de la Paz
1. INTRODUCCIÓN
Hacer la propuesta de la pobreza es lo mismo que anunciar la paz. En un primer momento, la idea de ser pobre asusta, parece complicada y antinatural. Pero, quien la toma en serio, percibe que ella restaura nuestra situación natural, lo que éramos cuando salimos de las manos de Dios... y restituye la paz.
Fue por eso que Francisco, el encargado de reconstruir la casa del Crucificado, escribió en su Testamento, 6:
Como saludo el Señor me reveló que dijésemos: "el Señor te de la paz".
De hecho, la paz solo viene cuando el hombre se reconcilia con Dios, pues es El quien da la paz. Cuando reconozco que todo pertenece al Señor, puedo ser un anunciador de la paz.
Sobre Francisco, Celano dice:
"No quería que los hermanos habitasen algún lugar a no ser que constase con certeza quien era el su dueño. Siempre exigió que sus hijos observasen las leyes de los peregrinos: abrigarse bajo techo ajeno, pasar en paz, ansiar por la patria" (2Cel 59).
Y El mismo enseñó:
"La paz que anuncian con la boca deben poseerla más en sus corazones. Nadie sea por ustedes inducido a la ira o al escándalo, sino que todos, por su mansedumbre, sean llevados a la paz, a la benignidad y a la concordia. Pues es para esto que fuimos llamados: para curar los heridos, reanimar los abatidos y traer de vuelta los que están en el error" (LTC 58).
2. UNA PREDICACIÓN EXTRAÑA
Al comienzo, el pueblo se extrañaba del saludo de los franciscanos, que anunciaban la paz.
"El Señor reveló también al santo la salutación que los hermanos debían usar, como mandó escribir en el Testamento: "el Señor les de la paz". Las personas quedaban admiradas porque nunca habían oído tal salutación de parte de ningún religioso; no faltando quien comentase con alguna indignación: "¿Qué significa esta manera de saludar?". El hermano, muy avergonzado, dijo al bienaventurado Francisco: "Permite que salude a las personas de otra manera". el Santo respondió: "Deja que hablen. Ellos no tienen el sentido de las cosas de Dios. Y no te avergüences, porque los nobles y príncipes de este mundo, por esta salutación, aún han de prestar gran reverencia la ti y a los otros hermanos. Y continuó: "¿No es maravilloso que el Señor haya elegido un pequeño pueblo, diferente de aquellos que lo precedieron, que se contenta con tenerlo solo a Él, altísimo y glorioso Señor?" (LP 67)
Es claro, ya hacía mucho tiempo que los predicadores de las cruzadas estaban anunciando la guerra...
Pero, en los primeros tiempos, ser franciscano era lo mismo que ser anunciador de la paz. Y consiguieron mucho:
"En todas las predicaciones, antes de proponer a los oyentes la palabra de Dios, invocaba la paz diciendo: "el Señor les de la paz". La anunciaba siempre la hombres y mujeres, a los que encontraba y a los que le iban al encuentro. De esa forma, muchos que habían despreciado la paz, como también la salvación por la cooperación del Señor abrazaron la paz de todo el corazón, haciéndose también ellos hijos de la paz, deseosos de la salvación eterna. Entre estos, el primero que siguió al santo fue un hombre de Asís... Después de él, también el Hermano Bernardo abrazó la misión de paz..." (1Cel 23-24).
2. LA PAZ DE JESÚS
Los ángeles cantaron en el Navidad: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
Esperaban que fuese un general, vino un pobre. No construyó la paz por la victoria en la guerra pero por la victoria sobre si mismo.
Nosotros quebrantamos la paz. En Jesús, Dios toma la iniciativa de ofrecerla nuevamente. Pero es su paz. No es la tregua que los poderosos suelen ofrecer.
Fue por eso que Francisco escribió en su Carta la toda la Orden:
"Les ruego... que manifiesten toda la reverencia y toda la honra que pudieren al santísimo cuerpo y a la santísima sangre de Nuestro Señor Jesucristo, en el cual fueron pacificadas todas las cosas, tanto las de la tierra como las del cielo, y reconciliadas con Dios omnipotente (Cf. Cl 1,20) (CtOr 12-13).
Es en esa perspectiva que se entiende también que Francisco haya presentado de esta forma el ser humano en su Cántico de Hermano Sol:
¡Alabado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor, y soportan enfermedades y tribulaciones! ¡Bienaventurados los que las soportan en paz, que por ti, Altísimo, serán coronados!
El pecado es un cuerpo extraño, es como un virus que invadió el concierto maravilloso de las obras de Dios, desordenando todos los programas.
Solo Jesús, tomando nuestro lugar, nos trajo el don de liberar el universo de su confusión. En este sentido, El trajo la paz.
Pero El no "soporta" las enfermedades y tribulaciones simplemente sometiéndose a ellas, sino curándolas, porque es portador de la paz que es fruto de la reconciliación que, en él, Dios hizo con nosotros.
Cuando conseguimos aprender con El, también vamos perdonando por su amor y sabemos que las enfermedades y tribulaciones están ahora con los días contados, porque nosotros nos hemos convertidos en los bienaventurados constructores de la paz. Estamos consiguiendo llevarla, poco la poco, hasta los últimos confines de los corazones humanos y de las obras de la creación.
3. LA PAZ DE LOS POBRES
La alternativa de la no-propiedad, de la sumisión y de la insignificancia es el camino para vivir la paz. Las personas no tienen paz porque luchan por poseer, por mandar, por ser importantes. Es por todo eso que vivimos en lucha con Dios y con todo el mundo, perdemos la paz.
Cuando Francisco dio el paso final de la conversión, entregando la ropa al Padre, Celano comentó:
"Fue así que Francisco trató de despreciar la propia vida, dejando de lado toda solicitud, para encontrar como un pobre la paz en el camino que le fuera abierto: solo la pared de la carne lo separaba aún de la visión celeste" (1Cel 15).
Y, sobre los primeros hermanos, hizo esta observación:
"Seguidores de la santísima pobreza, porque no tenían nada, nada deseaban, y por eso no tenían miedo de perder cosa alguna. Estaban contentos con una única túnica..... Naturalmente, estaban seguros en cualquier lugar, sin ningún temor, cuidado o preocupación por el día siguiente, ni se incomodaban con lo poco que tendrían a la noche en sus frecuentes viajes..." (1Cel 39).
Es un pasaje que nos hace recordar el Salmo 130:
Señor, mi corazón no es orgulloso, ni se eleva arrogante mi mirar; no ando procurando grandezas, ni tengo pretensiones ambiciosas! Hice callar y sosegar la mi alma; ella está en gran paz ante mi, como la de un niño bien tranquila, amamantada en el regazo acogedor de su madre.
Estamos habituados por el "espíritu de la carne", a actuar siempre en obras vistosas con las cuales procuramos dominar las fuerzas de la naturaleza y reformar el mundo, solemos convencernos de que la paz y el progreso verdaderos y duraderos solo van a llegar en la medida en que la transformación interior fuese llegando al centro de cada creatura humana, por menor que sea.
4. LA PAZ DEL ESPÍRITU
Fue con esa visión de que la paz del mundo comienza en el corazón de cada un que San Francisco dijo:
Bienaventurados los pacíficos porque serán llamados hijos de Dios. Verdaderamente pacíficos son aquellos que, con todas las cosas que sufren en este mundo, por amor de Nuestro Señor Jesucristo, guardan la paz en la alma y en el cuerpo (Adm 15).
¿Cómo "Sufrimos en el espíritu"? Puede ser por muchas razones, pero estas ciertamente son algunas:
La perturbación de quien perdió la serenidad y no logra considerar con calma y objetividad el que está sucediendo.
La turbación de quien nunca consigue saborear el momento presente porque ya está resolviendo en la cabeza los hechos que ni sabe aún si van a suceder.
La ansiedad de quien no aguanta esperar los tiempos oportunos porque vive el miedo continuo de que sus planes no tengan éxito.
El aislamiento de los que temen ser invadidos por las propuestas de las otras personas o del propio Dios.
La soledad de los que no aprendieron a quedarse tranquilos en la compañía de la propia interioridad por un tiempo razonable.
La angustia de los que se sienten ahogados y aplastados por la sobrecarga de compromisos que asumieron.
El miedo de los que no tienen un conocimiento mínimo de las riquezas y de las fuerzas del propio corazón.
El desasosiego de los que se consideran sufridos y viven procurando compensaciones. La inseguridad de los que no se aceptan como son, ni donde están, ni con quien viven.
La inseguridad de los avaros, que tienen miedo de ver disminuir sus propiedades.
La pereza espiritual de los que perdieron la voluntad de crecer interiormente.
Quizá lo peor de todo: la insatisfacción de quien vive una codicia insaciable. Esta quizá esté por debajo de todas las demás.
Feliz de quien descubre el camino de la pobreza voluntariamente asumida y logra ir construyendo la paz interior, cada día mejor, con la reconciliación que el Rey Pobre nos conquistó.
5. LA PAZ DEL CUERPO
No es difícil percibir que, por más que haya algunos factores externos que pueden hacernos perder la paz de nuestro cuerpo, como las calamidades públicas, las agresiones de las personas y de otros elementos manipulados por la ganancia de poderosos, la mayor parte de los males que sufrimos en nuestros cuerpos depende de la falta de paz en nuestro espíritu.
Podemos apuntar alguna:
En primer lugar, hay que considerar que la mayor parte de lo que llamamos enfermedades son repercusiones físicas de un espíritu enfermo por la falta de paz de quien quiso ser Dios y no está dando cuenta del recado.
Pero aún podemos recordar diversas auto agresiones, como las del comer y del beber exagerados, las de las drogas, incluyendo el cigarro, y a todos los vicios.
Pero también solemos eliminar la paz de nuestros cuerpos también con regímenes absurdos, con cirugías plásticas por vanidad, y hasta por el uso de calzados y ropas exageradamente formales, que muestran hasta que punto nos esclavizamos al poseer, al mandar y a la necesidad de parecer más de lo que somos.
Felices los pobres cuyo espíritu libera el cuerpo: van quedando cada día más libres porque van construyendo su paz.
6. ANSIAS DE PAZ
Hoy en día, es fácil percibir como nuestros contemporáneos están sedientos de paz, de una paz verdadera.
Quisieran salir a la calle o quedarse en casa sin miedo de asaltos, que se multiplican.
Les gustaría no estar a la merced ni de drogados ni de corruptos, ni de patoteros. Sufren por verse rodeados por una muchedumbre de mendigos o por tener que estar pidiendo. Por estar desempleados o teniendo que sobrevivir a costa de subempleos cada vez más degradantes.
Sería bueno se nadie se sintiese excluido o discriminado. Que la fraternidad universal fuese pasando del sueño a la realidad.
Soñamos con un mundo sin guerras: ni armadas, ni comerciales, ni ideológicas.
Pero hay que comprender que ninguna de estos deseos podrá ser satisfecho mientras nosotros mismos nos dejemos llevar por el consumismo, por la ganancia, por el autoritarismo por la dictadura del status.
La paz no va a caer del cielo ni será arrancada de los poderosos por la violencia. La paz es fruto de la justicia, esto es, de personas justas que consiguieron pacificar su propio espíritu y su propio cuerpo y, por eso, logran ser las bienaventuradas constructoras de la paz.
7. ANÁLISIS FRANCISCANA
En nuestro tiempo, muchos movimientos católicos se preocuparon por presentar un análisis de la "coyuntura socio-económica y política". A veces, podemos decir que son trabajos técnica y ideológicamente bastante bien hechos. No creo que logren escapar de las ideologías reinantes, sean liberales o marxistas. ¿Cómo sería un análisis desde el punto de vista de un franciscano que se hizo pobre por el ideal de la perfección evangélica, para seguir el Cristo pobre?
Tales análisis, aún cuando se muestran preocupados con los problemas sociales, suelen partir de un punto de vista fuertemente económico, el que, en el fin, los iguala a todos. ¿Cómo sería la alternativa de quien hubiese un mirar pobre, no económico, ni político, ni ideológico, pero evangélico? ¿Un mirar de Francisco y de Clara, un mirar de la Maria del Magnificat que, en todo, "exulta en el Señor"?.
Los mensajeros de la paz no van a lanzar a las corrientes políticas y económicas unas contra las otras, ni a limitarse a criticar los gobiernos de turno, sino que van a ofrecer alternativas concretas de cambio y de conversión para todos.
La gran cuestión es justamente esta: poco adelanta hacer análisis en que apuntamos culpables que no tienen la mínima intención de convertirse. Cuando examinamos los problemas tenemos que considerar con seriedad cual las oportunidades reales que tenemos de cambiar la nosotros mismos.
El Jesús que anunció la Buena Nueva, aún sin presentar una visión de conjunto de los problemas, siempre puso el dedo concretamente en las llagas de los hombres y los convidó a cambiar de vida.
Esa misma actitud sería una de las mejores contribuciones de los franciscanos por la paz.
8. NO-VIOLENCIA
Los pobres en espíritu nunca son violentos porque no tienen ningún poder para defender o para conquistar. Así como los animales solo son agresivos cuando precisan defender o conquistar un territorio o una posesión, así son las personas. Los pobres en espíritu son, por naturaleza, pacíficos.
Eso no quiere decir que son alienados, por el contrario. Cuanto más libres de propiedades, de poderes y de una imagen pública la ser defendida, tienen más fuerza moral para advertir sus contemporáneos y para darles ejemplo.
En el Brasil, podríamos citar, entre otros, el ejemplo de Don Helder Camara. Siempre fue pobre, nunca hizo carrera y fue un ardoroso defensor de la no-violencia. El poder militar temía más su palabra evangélica que las acciones de guerrillas o de los que llamaban de subversivos.
Pero el siglo XX conoció también otros grandes paladines de la no-violencia, como Gandhi en la India y Martín Luther King en los Estados Unidos. Fueron víctimas de la violencia de los otros pero sus obras de paz siguen dando frutos hasta hoy. Hombres de pobreza ascética, marcaron el siglo. Y ciertamente no fueron los únicos.
Continuamos siendo desafiados a reconstruir el mundo y el Pueblo de Dios por medio de una paz que no lucha por tomar el poder.
9. PROPUESTAS PRÁCTICAS
1. Sé bien objetivo y mira si tu no estás usurpando la paz: de los ambientes donde vives o trabajas, de las personas con quienes convives, de tu propio espíritu o de tu propio cuerpo.
2. Haz una lista bien concreta de los puntos más importantes en que tu puede ser un constructor de la paz.
3. Procura identificar y analizar todas las situaciones de violencia que reinan al tu alrededor. Recuérdate que, muchas veces, la violencia está bien disfrazada. ¿Que es que ya podrías haber hecho?
4. Mucha gente de buena voluntad ya cayó en la tentación de pensar que salvaría el mundo substituyendo los poderosos que cometen las mayores injusticias. No sirve, porque los substitutos no van a ser mejores. Trabaja para convertir a los poderosos. Especialmente los poderosos pequeños, que son más numerosos y están más cerca de ti.
5. Tu, que celebras con frecuencia la Eucaristía y que, antes de la comunión, haces la oración y hasta das el abrazo de la paz, no dejes de rever con frecuencia qué paz estás construyendo, principalmente con las personas que celebran contigo.
6. Reza muchas veces la conocida "Oración de San Francisco": Señor, haz de mi un instrumento de tu paz. No es suya pero expresa bien su deseo.
7.
Siempre que sea posible, bendice a las personas con la "bendición de San Francisco" al Hermano León, que invoca la paz.