SEÑORA POBREZA

LA IGLESIA,

ESPOSA DE CRISTO POBRE

  Jerónimo Bórmida OFM.Cap

 

POBREZA VIRTUD Y POBREZA PROYECTO

Decía anteriormente que en el medioevo hay tres modos de hacer teología, la monástica, la escolástica, la laical [1] . La gran corriente de los movimientos pauperísticos de los siglos XII y XIII, por más que engloba a todas las clases sociales y aunque terminan casi siempre clericalizándose, elaboran un tipo de reflexión teológica que llamo laical.

No se detienen en la meditación alegórica como la monástica ni les interesa la especulación filosófica de las universidades. Desde la vida van a la vida de Jesús de Nazareth tal como la encuentran en el texto bíblico. Por eso tienen un modo radicalmente distinto de concebir la pobreza cristiana: la pobreza no es una de las virtudes, sino el gran proyecto de un mundo nuevo fundado en otros valores. Como Iglesia y sociedad se identifica en la cultura medieval esto equivalía a la voluntad más o menos explícita de refundar la Iglesia partiendo de la experiencia de Jesús con sus discípulos - la vida apostólica - y esto en oposición a la doctrina y praxis oficiales.

Evangelio en mano terminan por hacer una crítica abierta y frontal a las leyes y a la estructura misma de la Iglesia, colocando a la persona de Jesús, los evangelios y escritos apostólicos como última referencia normativa para la vida cristiana. La verdadera Iglesia debía el ejemplo de los apóstoles y esto significaba fundamentalmente dejar los bienes terrenos en seguimiento de Cristo. La pobreza cristiana y evangélica, es decir, la que vivieron Cristo y la Iglesia apostólica son el punto focal de la concepción del cristianismo de la teología laical del siglo XII y XIII. Esta opción tenía dos puntas, de una lado critica radicalmente la estructura de la Iglesia feudal, por otro era un nuevo proyecto de vida verdaderamente cristiana.

Reitero: si bien todos los movimientos religiosos, tanto de oriente como de occidente, tuvieron a la pobreza dentro de su perspectiva vital y legislativa y esta es una de las dimensiones constitutivas del monacato, la novedad de estos fenómenos heréticos consiste en poner el tema de la pobreza como eje integrador de proyecto global contestatario de los modelos de sociedad y de Iglesia, a imitación de Cristo y los apóstoles [2] .

No tengo muchas esperanzas de éxito, consciente de las dificultades de todo movimiento a la hora de cambiar de paradigmas profundamente arraigados. De todos modos trataré de dejar sentado con razonable plausibilidad que cuando examinamos en este capítulo a la Señora Pobreza, el primer título eclesiológico de la tradición franciscana primitiva, tenemos que cambiar de perspectiva. Con el reduccionismo de las habituales interpretaciones de tipo ascético místicas se desdibuja el mensaje franciscano primitivo. No estamos - al menos no estamos solamente - ante la virtud de la pobreza, sino frente un proyecto alternativo de hombre, de Iglesia, de sociedad que se construye en base a otros paradigmas, contradictorios a los dominantes en los sistemas ideológicos, culturales, espirituales, sociales y políticos, tanto del tiempo de San Francisco como del nuestro.

LA SEÑORA POBREZA

No es un título usado por Francisco en los escritos y sólo aparece dos veces, una en el Saludo a las virtudes, apareado con su hermana la santa humildad y otra en el Testamento de Siena, donde el amor y la observancia de nuestra Señora la santa Pobreza se nos presenta como uno de las tres piedras fundantes del movimiento franciscano.

Los hagiógrafos primitivos los emplean con cierta frecuencia y me resulta curioso que los especialistas en espiritualidad y hermenéutica franciscanas no hayan jamás percibido o tomado en serio la marcada densidad eclesiológica que tiene la expresión en las biografías.

Celano nos narra que bien en los inicios del proceso de su conversión Francisco habla con el mejor de sus amigos acerca del tesoro que había descubierto, y cómo estaba dispuesto a vender todos sus bienes para poder adquirirlo. Consumido por el ímpetu del amor hablaba en enigmas acerca su amada.

Quiénes le oían pensaban que trataba de tomar esposa y por eso le preguntaban: ¿pretendes casarte Francisco? A lo que él responda: Me desposaré con una mujer la más noble y bella que jamas hayáis visto, y que superará a todas por su estampa y que entre todas descollará por su sabiduría.

Celano dice que esta amada con la el santo se quiere desposar es la inmaculada esposa de Dios. Francisco no quiere ser el caballero andante que recorre el mundo en defensa de la Esposa de su Señor, el, como un nuevo Cristo, quiere desposarse con la esposa y esa realidad se concretizaría en la verdadera Religión que abrazó. Es decir, su Orden será en el mundo la nueva y verdadera esposa de Cristo. Francisco no anda en busca de ascesis sino del reino de los cielos, reino que no ve concretizado ni en la Iglesia ni en la sociedad de su tiempo. Celano acota que Francisco, fundador de la nueva esposa de Dios, es decir, de una nueva Iglesia, iba a ser en ella ministro del Evangelio en la fe y en la verdad [3] .

Me resisto a creer que Celano es un ingenuo que no sabe el alcance de sus palabras. El escritor, sin duda, quiere vincular la propuesta pauperística de Francisco a la alternativa eclesiológica propuesta por todos los movimientos laicales pauperísticos contemporáneos. Esta imagen será el punto de partida para el ulterior desarrollo franciscano de la eclesiología

La Iglesia es la Esposa Pobre de Cristo pobre, Iglesia pobre conformada por pobres, y se identifica con la nueva religión de Francisco y de la cual los hermanos serán los verdaderos ministros.

En la vida segunda Celano nos reporta un hecho tan enigmático como conflictivo. El autor confiesa que el caso es de significación poco clara, pero certísimo de toda certeza. Francisco es llamado pobre de Cristo, y está ya al fin de su vida. Con algunos compañeros atravesaban una llanura vecina cuando:

... se aparecen tres mujeres pobrecitas a la vereda del camino. Eran tan parecidas en estatura, en edad y cara, que se diría que las tres habían salido del mismo molde.

Estamos ante un típica teofanía del Antiguo Testamento. Inevitable la referencia a la trinidad del Mambré [4] . Sorprendentemente la teofanía tiene rasgos femeninos: tres mujeres que por añadidura son pobres se acercan a Francisco y, para más sorpresa, son las mujeres teofánicas las que se inclinan reverentes ante el santo y no Francisco ante la teofanía. Aquella Trinidad-Una inclina reverente la cabeza ante Francisco y le da un nuevo nombre, lo cual equivale a encomendarle una nueva misión: Bienvenida sea la Dama Pobreza. Como en los grandes pasajes bíblicos a Francisco se le impone un nombre y una misión: desde ahora en adelante Francisco se llamará Dama Pobreza [5] .

Buenaventura espiritualiza a las tres mujeres como símbolo de las virtudes, perfectas en Francisco, castidad, obediencia y pobreza, por más que éste prefería el privilegio de la pobreza, a la que solía llamar con el nombre unas veces de madre; otras de esposa, así como, de señora. Todos títulos inequívocamente eclesiológicos [6] .

En los relatos biográficos primitivos la pobreza no es una virtud abstracta sino una concretización de la imagen de Dios en Cristo, Hijo de la señora pobre [7] . En una visión, Francisco ve a esta Señora con cabeza de oro; pecho de plata; vientre de cristal; y las extremidades inferiores de hierro; alta de estatura, de presencia fina y bien formada. Y, sin embargo, esta señora de belleza singular se cubría con un manto sórdido [8] .

Interrogado el hermano Pacífico sobre el sentido del sueño dice que la Señora es el mismo Francisco. Otros entienden que la Señora es la Pobreza, esposa del Padre. De nuevo tenemos a Francisco identificado con la Iglesia Señora Pobreza, aquí esposa no de Cristo, sino del Padre.

Francisco se presentó con los suyos al Papa Inocencio para pedirle la aprobación de su propósito de vida y en esa ocasión le comunica una revelación de densísimo contenido eclesiológico. Francisco, de parte de Cristo, le cuenta este sueño al Papa: en el desierto había una mujer pobre, pero hermosa que tuvo con el Rey hijos graciosísimos que fueron educados en nobleza.

Ellos eran pobres pero todos hijos de un gran rey y, por lo tanto, de linaje real. Como futuros herederos se presentan confiados al rey, cuyos rasgos ostentan. El rey se reconoce retratado en ellos, y como ellos aseguraran ser hijos de una mujer pobre que vive en el desierto, les abraza y los declara hijos y herederos.

El rey manda luego a la mujer que envíe a la corte todos los hijos tenidos de él [9] . En Celano la Señora Pobreza, Esposa de Cristo, vuelve a ser identificada con Francisco.

Buenaventura introduce un dato muy sugestivo en su relato: los hijos de Francisco-Madre-Pobreza han nacido, por virtud del Espíritu Santo, de una madre pobre, a imagen de Cristo Rey. Estos serán engendrados en una religión pobrecilla en el espíritu de pobreza.

En los Tres Compañeros la explicación del sentido de la parábola se pone en boca del mismo Francisco, en primera persona. Francisco dice al Papa:

Yo soy, señor, esta mujer pobrecita a quien el santísimo Señor, por su misericordia, ha honrado de esta manera y de la que ha querido procrear para él hijos legítimos [10] .

La primera Celano ofrece otro elemento eclesiológico algo turbador: Cristo somete el Papa a la voluntad de Francisco. El Señor Inocencio es obligado por Francisco a humillarse ante él en acto de vasallaje.

Una noche, durante en sueño, le pareció recorrer un camino; a su vera había un árbol majestuoso; un árbol robusto y fuerte, corpulento y muy alto se acercó a él, y, mientras a su sombra admiraba la belleza y la altura del árbol, fue súbitamente elevado tan alto, que tocaba su cima, y agarrándolo, lo inclinaba hasta el suelo. Es lo que efectivamente sucedió cuando el señor Inocencio, árbol el más excelso y sublime del mundo, se inclinó con la mayor benevolencia a su petición y voluntad [11] .

En resumidas cuentas, me parece que no es legítimo reducir el tema de la pobreza a una serie de virtudes de cuño ascético, como la humildad y la austeridad. La Señora Pobreza equivale a la Esposa de Cristo, la Iglesia y por lo tanto es un proyecto de persona, de sociedad, de Iglesia, mucho más que una virtud individual que permite santificarse y llegar al cielo.

A nivel personal la pobreza deifica, dado que la deiformidad cristiana tiene como parámetro al crucificado desnudo. A nivel social, el reino de Dios es entendido y será heredado y construido por los pobres.

LA IGLESIA DE LOS POBRES ESPECIALES

El primer tratado franciscano sobre la Iglesia, elaborado dentro de los grandes parámetros cristológicos y neumatológicos de la tradición franciscana, es el Sacrum Commercium [12] . La tesis de la obrita pude formularse de este modo: La esposa de Cristo, la única Iglesia verdadera, se ha desposado con Francisco y sus fieles seguidores. En este grupo, y no en los otros, permanece viva la Iglesia. El contenido de la obra es tan polémico como fascinante. Veamos algunos aspectos relevantes.

La búsqueda de otra Iglesia

La vida de Francisco podría ser narrada como la de un explorador apasionado que dedicó su vida a encontrar la Iglesia de Cristo, Iglesia que no encontró en las estructuras de su época. La Iglesia de Jesús, el de los evangelios, no coincide con la feudal, rica y opulenta. Así como amó apasionadamente a Jesús, amó a su esposa, la Señora Pobreza, es decir, a la Iglesia Pobre, esposa de Cristo Pobre, integrada por los pobres voluntarios.

Primero buscó la nueva Iglesia en la ciudad [13] . Francisco pensó que era posible cambiar la realidad a partir desde el sistema dominante, el mundo, la estructura que se opone al evangelio. Comenzó apostando a la posibilidad de cambio que tiene el sistema [14] . Pero los que están integrados al sistema tanto los pobretones e ignorantes, como los magnates y sabios no son capaces de aceptar la propuesta eclesial de Francisco porque están cerrados al Reino de Dios.

n       Los pobres obligados, los pobres por el destino (nacimiento, enfermedad, calamidades), no entienden la propuesta de Francisco. Su clave de lectura, su horizonte hermenéutico - la ciudad - les impide conocer el misterio. Los pobres intrasistéminos no pueden concebir una Iglesia pobre, sin poder, humillada.

n       Los ricos y los sabios que están dentro del sistema saben muy bien de lo que Francisco propone, por no tienen el más mínimo interés en cambiar de vida y abandonar sus privilegios y no tardan en calificarlo de hereje.

Al seguir Francisco su búsqueda fuera de la ciudad, fuera del sistema, en ése momento hace dos descubrimientos importantísimos:

n       El misterio de la Iglesia, esposa de Cristo pobre, es revelado solamente a los pequeñuelos.

n       No se puede construir la verdadera Iglesia de Cristo Pobre dentro del sistema, hay que salir del siglo.

En ese momento les sirven de guía dos anciano pobres, es decir, los mismos apóstoles Pedro y Pablo, perfectos seguidores de Cristo y maestros en la pobreza de Cristo. Ellos le ponen dos condiciones:

n       Es una tarea de comunidad, no se puede ir hacia la Iglesia en soledad.

n       Hay que despojarse de todos y salir a su encuentro desnudos.

¿Quién es la Iglesia de Cristo?

La Pobreza es aquella a quien el Señor le confió la llaves del Reino de los cielos.

En ella está la piedra firme sobre la cual ha sido fundada la casa evangélica, que no será derribada por las olas, ni derribada por el ímpetu de los vientos ni por las lluvias torrenciales, ni destruida por los golpes de la tempestad. A ella Jesús consignó la posesión del Reino de los cielos ya sobre esta tierra, mientras que a las otras virtudes solamente se lo dio en promesa para el futuro [15] .

La Iglesia de Cristo no se encuentra en medio de los ricos, los que viven entre delicias, solamente pueden conformarla los que se quitan los vestidos de fiesta y dejan todo peso del pecado. Es imposible que alguien sea miembro de la Iglesia si previamente no se ha despojado del todo.

No existe un certificado que garantiza la pertenencia a la Iglesia y solamente será la vida de la propia persona la que de garantías perpetuas de pertenencia a la verdadera Iglesia de Cristo. La vida del fiel en coherencia con la vida del maestro es la sola cédula de identidad.

La historia de la Iglesia

La historia de la Iglesia no comienza con los apóstoles sino con Adán, el desnudo. La convocatoria de Dios supera infinitamente los límites de la Iglesia visible del presente y ha sido proclamada desde los orígenes de la Historia y ningún ser humano puede ser excluido. El desnudo en el pesebre y desnudo en la Cruz, se desposa con el desnudo Adán, es decir, con el hombre sin distinciones ni calificativos de ninguna especie.

Dios ha convocado a toda la humanidad con la única vocación en Cristo desnudo. En el paraíso se nos presenta la utopía del proyecto divino, dado que al no poseer el hombre nada propio, todo pertenecía a Dios. En el nuevo mundo-nueva Iglesia el hombre ha de ser

n       totalmente libre, sin señores ni siervos, amos ni vasallos, libres ni esclavos,

n       totalmente desnudo, sin ningún tipo de distinción de clase social o sexo,

n       totalmente hermano, solamente hijo, sin ningún tipo de propiedad privada: la tierra no tiene cercas ni propietarios porque también ella ha sido convocada por Dios a la gran ekklesía del desnudo.

El hombre rompió la Alianza se rompió al buscar riquezas - dice el Sacrum Commercium - y la única Iglesia verdadera, la esposa del Desnudo desaparece de la faz de la tierra. Expulsada por Adán del paraíso anduvo errante y fugitiva durante todo el Antiguo Testamento. El pecado original de la propiedad y de riqueza permeó toda la historia, y la Iglesia no pudo restablecer la alianza con los patriarcas, pues todos fueron ricos.

La Señora Pobreza anduvo milenios errante y solitaria hasta que Cristo se desposó con ella. A ella Cristo, el Rey de reyes, le ha dado el poder y el reino y la ha elevado y constituido reina y soberana.

La Iglesia Pobre, esposa de Cristo Pobre fue la encargada por Dios de prepararle a Cristo un trono donde sentarse y un lecho para descansar: la virgen pobrísima de la que nació. La Iglesia pobre acompañó a Jesús durante toda su vida, desde el nacimiento hasta la cruz, sin separarse jamás de él. Y Cristo no escogió para fundar y edificar la Iglesia a ricos mercaderes sino a pobres pescadores. La Iglesia Pobre sufría juntamente con él en la cruz, y nadie que no esté sellado con su distintivo puede ingresar en el reino de los cielos.

Solamente los pobres pueden entrar a formar parte de la Iglesia de Cristo. Y la Iglesia de los pobres de Cristo es la única que puede revelar al mundo su camino de salvación.

La Iglesia de Cristo hoy no tiene seguidores, dado que los fieles han abandonado el proyecto de Cristo y de los Apóstoles, desprecian la enseñanza evangélica y son sus enemigos.

Si Cristo quiso que la Señora Pobreza, Iglesia pobre formada por pobres, sea su única Iglesia, es por la gratuidad pura y total de la elección divina. Aquí no juegan los méritos humanas, sino el misterio de la pura gratuidad divina.

Cristo legó a sus elegidos el tesoro de la Iglesia Señora pobreza, ella fue su testamento. La Iglesia apostólica se distingue por su capacidad para poner en práctica la enseñanza de Jesús. Todos los discípulos de los apóstoles se esforzaron en poner por obra todas las enseñanzas de sus maestros, y vendieron todas sus posesiones [16] .

La Señora Iglesia Pobre supo acompañar a los mártires y vivió un buen tiempo muy feliz en su compañía, pero la paz de Constantino fue nefasta para la Iglesia-Señora-Pobre. La persecución fue la mejor aliada y colaboradora de la Iglesia.

El monacato reacciona frente a la Iglesia rica y hedonista asumiendo voluntariamente y en perpetuidad la pobreza que tantos hombres padecen por el destino. Pero también el monacato se corrompió, con la misma prevaricación de Adán. Confesaban ser pobres cuando en realidad distaban mucho de serlo. Al tomar el hábito de una religión no se vistieron del hombre nuevo, sino que remendaron el viejo. Los monjes terminaron acusando a los partidarios de dama pobreza de holgazanes, ásperos, torpes, incultos.

El Sacrum Commercium se vuelve cínicamente sagaz al describir los sutiles argumentos que convencen a los religiosos - pobres voluntarios - de que es posible imaginar una esposa rica de un esposo pobre:

n       ¿Que tiene de malo dedicarse a obras de misericordia y a producir buenos frutos, socorrer a los necesitados y dar algo a los pobres?

n       Es cosa buena entablar amistad con los reyes, adquirir fama entre los príncipes, fomentar la familiaridad con los grandes, porque muchos, a la vista de este ejemplo, se convierten más fácilmente a Dios.

n       Los fieles de buen grado ofrecen sus bienes para remisión de los propios pecados, y de día en día aumenta más y más la veneración de la gente hacia ellos.

n       ¿Qué prejuicios puede causar el tener lo necesario para la vida, si os abstenéis de lo superfluo? Con mayor paz y sosiego uno se puede dedicar a la obra de la propia salvación y de la de los demás.

n       El Señor va aumentando de día en día el número de religiosos y hay que tener bienes para mantenerlos.

n       ¿Acaso no aprobará Dios que se posean bienes con que socorrer a los necesitados y tener presentes a los pobres, cuando El mismo dice, hay más dicha en dar que en recibir?

n       ¿Por qué no aceptar los bienes que se ofrecen puesto que proporcionan la recompensa eterna a los donantes?

n       No hay que tener miedo a las riquezas, siempre que se las tenga por nada. No reside maldad en las cosas sino en el corazón. Para los buenos todo es bueno, todo está a su servicio, todo ha sido creado para su utilidad.

n       Hay gente que posee bienes y los malgastan, en manos de la Iglesia ¡qué buen destino tendrían, con tan santa intención, y más santo propósito!.

La vida religiosa en su intuición primera fue la de profetizar la verdadera Iglesia pobre frente a una Iglesia que se aliaba al poder y la riqueza, pero terminaron también ellos se dejaron tentar por las riquezas, como Adán:

Eran abstinentes y ahora son golosos, soberbios y amantes del fausto; los que habían salido del mundo entrando en la Religión, vuelven al mundo una vez asumida la dignidad; enriquecen a los potentes y no se preocupan de los pobres; eran con su predicación cuidadosos de la salud de las almas, y ahora parecen ser más negligentes que muchos otros; dominados por el ansía de acumular bienes temporales para sí y para sus parientes; y cuando más en sus órdenes desde la infancia se habían despojado de todo por la pobreza, tanto más ahora parecen preocupados por llenarse de riquezas [17] .

El Sacrum Commercium nos cuenta que los monjes adulan a los seglares y se hacen sus amigos

con el objeto de vaciarles las bolsas, agrandar los edificios y acumular unos bienes a los que habían renunciado por completo. Venden palabras a los ricos y saludos a las matronas; y frecuentan con sumo interés los palacios de los reyes y príncipes, a fin de añadir casas a casas y juntar campos con campos. Los monjes se han engrandecido, se han hecho ricos y poderosos en la tierra. Han sucumbido al ser enaltecidos, se han deslizado sobre la tierra como abortos, y encima tienen la desfachatez de llamarse amigos de Jesús el pobre.

Muchos que en el siglo no hubieran pasado de ser unos pobretones y miserables, una vez hecho profesión de altísima pobreza se hicieron ricos. La Señora Pobreza se queja ante Francisco.

Bien cebados y rollizos eran los más recalcitrantes de todos, llegando a burlarse de mi. Su vida de constante mendigar cosas superfluas resulta muy molesta a los demás. Se arrogan el honor de ser contados entre los discípulos de Cristo quiénes en el siglo figuraban bien poco aún en el círculo de sus conocidos.

Son éstos falsos pobres los más acérrimos enemigos de la Señora Esposa Pobre del Pobre Esposo.

El Sacrum Commercium no hace una historia de la Iglesia contando las grandezas materiales y espirituales de papas y obispos, no narra las grandes hazañas del pueblo de Dios del Antiguo, y las cruzadas del Nuevo Testamento, ni siquiera está interesado en fenómenos místicos o taumatúrgicos. Su óptica es diferente y cuenta lo que vio en Cristo pobre, desnudo y crucificado.

La Iglesia Señora Pobre, la Esposa de Cristo Pobre, la Desnuda esposa del Desnudo, la esposa del desnudo Adán, la de los perseguidos y los mártires, la de los pobres por opción, ha sido y es una realidad muy minoritaria y fermental a lo largo de la historia y, al fin y al cabo, hoy solamente encuentra en Francisco y sus hermanos fieles los únicos que permiten existir en el mundo a la Iglesia de Cristo.

El banquete de la alianza

En conclusión Francisco y los suyos solicitan ser admitidos en la sociedad de Señora Pobreza, comprometiéndose para siempre y por los siglos con juramento, a guardar sus preceptos porque la única verdadera Iglesia, la esposa pobre de Cristo pobre, aquella que está formada solamente de pobres voluntarios, corre a abrazar a Francisco y a los suyos, les da el ósculo de paz y se va a vivir con Francisco y sus compañeros.

La alianza tiene que ser sellada con un banquete que el Sacrum Commercium describe de modo maravilloso.

Se le conmovieron las entrañas a dama Pobreza al oír tales palabras y como es propio de ella compadecerse siempre y perdonar, sin poder contenerse por más tiempo, corrió a abrazarlos y, dando a cada uno el ósculo de paz, les dijo: mirad, ya vengo con vosotros, hermanos e hijos míos, segura de que por medio vuestro he de conquistar otros muchos.

El bienaventurado Francisco, a su vez, no cabiendo en sí de pura alegría, comenzó a alabar en alta voz al Omnipotente que no abandona a los que en él esperan, diciendo: Bendecid al Señor todos sus elegidos, celebrad días de alegría y alabadle, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Y, bajando de la montaña, llevaron a dama Pobreza al lugar donde ellos moraban, pues era ya casi mediodía

Y preparadas todas las cosas, la apremiaron a compartir su comida.

Mas ella dijo: Mostradme primero el oratorio, la sala capitular, el claustro, el refectorio, la cocina, el dormitorio y el establo, los pulcros asientos, las mesas bien pulidas, y las inmensas casas. Veo que todo esto brilla aquí por su ausencia; a vosotros, en cambio, os encuentro alegres y contentos, desbordando de gozo, repletos de consolación, como si todo estuviera dispuesto conforme a vuestro talante.

Señora y Reina nuestra - le replicaron - , nosotros tus siervos estamos rendidos tras una caminata tal larga, y tú que has venido en nuestra compañía has debido de cansarte también no poco. De modo que vayamos antes a comer, si así lo ordenas, y, una vez reconfortados, todo se cumplirá de acuerdo con tus deseos.

Me place lo que proponéis - añadió ella -; pero traed ya agua para lavarnos las manos, y toallas con qué secarnos.

Inmediatamente le presentaron una vasija de arcilla medio rota - no había allí una entera - llena de agua. Y al verterle el agua en las manos andaban mirando de acá para allá en busca de una toalla. Y, en vista que no la encontraban, uno le alargó la túnica que vestía para que con ella se enjugara las manos. La pobreza la tomó muy agradecida, al mismo tiempo que alababa a Dios en el fondo de su corazón por haberla hecho partícipe de la compañía de tales hombres.

A continuación la llevaron al lugar donde estaba preparada la mesa. Una vez allí, lo observó todo atentamente, y, al no ver más que tres o cuatro mendrugos de pan de cebada o salvado puestos sobre la hierba, en el colmo de su asombro decía entre sí: ¿Quién vio semejante cosa por generaciones? Bendito seas tú Señor Dios, que cuidas de todas las cosas; porque con sólo quererlo lo puedes todo, y has enseñado a tu pueblo a agradarte por medio de tales obras.

Así es que se sentaron todos juntos, dando gracias a Dios por todos su dones.

Ordenó entonces dama Pobreza que sirvieran en escudillas viandas cocidas. Al punto le trajeron una sola escudilla - llena de agua fría - para que untaran todos en ella el pan; no había allí ni abundancia de escudillas ni variedad de cocidos.

Pidió que le presentaran, al menos, una cuántas hierbas crudas y aromáticas. Mas, al no tener hortelano ni saber de huertas, se fueron al bosque, recogieron unas hierbas silvestres y se las pusieron delante.

Ella insistió: Pasadme un poco de sal para sazonar las hierbas, que saben amargas.

Le contestaron: Aguarda, señora, mientras vamos a la ciudad y te la traemos, si es que hay alguna persona que nos la suministre.

Prestadme entonces - dijo - , un cuchillo para mondar lo superfluo de las hierbas y cortar el pan, que está muy duro y seco.

Dispensa, señora - le contestan - , no tenemos herreros que nos forje espadas [18] ; por el momento utiliza los dientes en lugar del cuchillo, que luego te proveeremos.

Y ¿no tenéis un poco de vino?, añadió ella.

Señora nuestra - le respondieron -, vino no tenemos, pues lo esencial para la vida del hombre son pan y agua; además, la esposa de Cristo debe de huir del vino como del veneno.

Después que se hubieren saciado con la satisfacción de compartir escasez tan grande más que si hubieran saboreado hasta la hartura toda clase de manjares, bendijeron al Señor, ante cuyos ojos habían hallado tan singular gracia.

Seguidamente condujeron a un lugar donde pudiera descansar, pues se encontraba fatigada. Y, desnuda como estaba, se acostó sobre la desnuda tierra. Pidió entonces le trajeran una almohada para apoyar en ella la cabeza. Al momento le trajeron un piedra y se la pusieron de cabezal.

Ella - tras haber dormido sobria y muy plácidamente - se levantó con toda presteza y suplicó se le enseñara el claustro. La llevaron a una colina y le mostraron toda la superficie de la tierra que podían divisar, diciendo:

Este es nuestro claustro, señora .

Conclusión

La eclesiología del Sacrum Commercium, por muy poético que pueda aparecer su lenguaje, contiene todos los gérmenes del enfrentamiento frontal de los franciscanos contra la eclesiología dominante en el siglo XIV. Todos los gérmenes y el gran peligro de la eclesiología de la desapropiación en los ambientes franciscanos dependientes del Sacrum Commercium se formula de este modo:

La alianza exclusiva y excluyente de la Iglesia - Señora­ Pobreza con Francisco y sus seguidores fieles, lleva inexorablemente a convertir la Orden en una secta de iluminados, únicos poseedores de la verdad y del bien.

LA IGLESIA DE LOS POBRES REALES

Si bien en un primer momento nos parece estar ante una eclesiología muy cercana a la que ha ido apareciendo en América Latina en la reflexión de los creyentes y en el magisterio episcopal, privilegiada en ámbitos de la llamada Teología de la Liberación. Sin lugar a dudas que en el movimiento franciscano de los primeros siglos encontramos elementos que cuestionaron revolucionariamente el poder, de cualquier signo que fuere. Pero no me parece legítimo atribuir a los franciscanos de la época la búsqueda de construir una Iglesia de los pobres en el sentido contemporáneo del término.

La experiencia que tuvieron los hermanos en contacto con los pobres de carne y hueso parecía desmentir las intuiciones primigenias de San Francisco. Los pobres concretos, como lo experimenta el autor del Sacrum Commercium y como lo experimentamos nosotros hoy, a fines del siglo XX, no entienden el mensaje franciscano de Señora Pobreza. Creo que es posible que también nosotros hoy estemos más o menos convencidos de ser la vanguardia lúcida, la única con luces suficientes como para entender el misterio del reino. La casta excepcional de los religiosos, y entre ellos, por excelencia, los franciscanos, somos los únicos capaces de entender el misterio evangélico de la Iglesia pobre, y formar parte plena de la única verdadera Iglesia de Cristo.

Hoy la perspectiva eclesiológica en América Latina no pasa por ser pobres especiales, pobres-vanguardia. Me parece que hoy podemos ser más coherentes con la intuición y propósito de Francisco de Asís.

Los franciscanos del siglo XX que en América Latina quisieran vincular su praxis presente con la tradición franciscana del movimiento primigenio no tendrán problemas excesivos. Basta una buena lectura crítica. Los textos de la teología latinoamericana encajan bien con el pensamiento y la praxis de los padres de la tradición y de la reflexión teológica franciscana, especialmente con los textos fontales de los albores del siglo XIII.

El movimiento franciscano hodierno tiene que ser consciente de las dificultades inherentes a toda actualización histórica de las grandes intuiciones del pasado. Hay que partir reconociendo la diferencia de los presupuestos teológicos actuales. Las propuestas de los frailes del siglo XIII - XIV en algunos aspectos pueden ser difícilmente vinculables con los intereses e utopías del siglo XX - XXI.

De todos modos también hay que reconocer que muchas temáticas y otros tratamientos de problemas los percibimos inmediatamente cercanos, repicando con fuerza en nuestra misma longitud de onda. Probablemente no podamos exigirle a los franciscanos del pasado un idéntico tipo de conciencia y de lucha política por la justicia al que deberían tener los franciscanos de fines del siglo XX.

El franciscanismo presenta en la historia de la humanidad una de las utopías más fuertes y entusiasmantes y el gran riesgo de toda utopía fuerte es la exasperación de los contornos, la fanatización de sus seguidores, la tentación de conformar un grupo iluminado, seccionado del resto de la humanidad. Toda cosmovisión poderosa y dirigida a la praxis, puede terminar creando una secta. Si los franciscanos del siglo, XXI quisieran revivir la utopía soñada por sus hermanos de la primera mitad del siglo XIV, la de un mundo sin propiedades, pobre, justo y fraterno, tendrán que evitar el peligro por excelencia: convertirse en una secta.

Si hoy queremos, con Francisco de Asís, seguir soñando con desposarnos con Dama Pobreza, la esposa pobre del pobre, tenemos que abrir las puertas de la Iglesia y de la familia franciscana a los pobres reales y concretos. Termino el Capítulo citando un artículo sobre la aparición de María de Guadalupe.

Los religiosos nos hemos "aparecido" a los nativos de este continente como extraños que extrañaron la fe de sus padres. Nos olvidamos que el Pueblo tiene el carisma cierto de la verdad, que no puede equivocarse cuando cree (LG Nº 13), nos olvidamos que no hay en la Iglesia de Cristo ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo... que todos están llamados a la santidad... (LG N° 32). Los religiosos no confiamos en los laicos, y menos aún en los laicos pobres, incultos, brutos, ignorantes... en el pueblo simple y común.

Uno de los criterios de la autenticidad de nuestra aparición en medio del pueblo, es nuestro grado de confianza en el pueblo. Es el no hacer por nosotros lo que puede hacer el pueblo. Es saber que sólo el mismo pueblo ha de ser, por revelación divina (porque así lo ha dicho y hecho Dios en toda la historia de la revelación), agente de su propia liberación. Nosotros junto a ellos, ellos junto a nosotros, nunca nosotros en lugar de ellos, por ellos, para ellos, con salvaciones no queridas por nadie más que por los clérigos, ni por Dios ni por el pueblo del Dios de Jesús y de María aparecida.

Nuestra vida religiosa se parece demasiado a los opresores del pobre. Habría que revisar nuestra impotencia para integrar a los miserables del mundo... nuestra incapacidad de formular propuestas válidas, aceptables, para indios, negros y marginados de toda especie en este Continente donde María no tuvo empacho en escogerlos a ellos como lugartenientes, mensajeros, agentes.

Creo que, o nuestra vida religiosa se reinventa para ser capaz de formar sus filas con agentes pobres y miserables o es un fraude, un engaño. No es la aparición de la gracia de Dios revelada en Jesús y confirmada en cada aparición de la Madre de Jesús. No estoy hablando de una vida religiosa latinoamericana conformada "sólo" con miserables y despojos humanos, con negros e indios, con pobres... No, hablo de una vida religiosa "mestiza", donde todos, inclusive los más pobres y desclasados tengan iguales derechos de ser agentes y sujetos de su historia y de su destino. Puede ser duro, pero me parece que por aquí está señalando el signo de la aparición de todas las Guadalupes, Lujanes, Caacupés, Itatís. Si los pobres no integran nuestra vida y nuestra acción, somos una mistificación, un engaño: somos falsos religiosos cristianos.

Los religiosos en América Lapobre tenemos entre manos un buen desafío lanzado por la aparición de Guadalupe: transitar los caminos por lo cuales el pueblo construye su liberación y su destino; dejar de hacer las cosas por el pueblo, para el pueblo y en lugar del pueblo. Acompasar nuestros pasos a los de la "gente"; no exigir que la gente deje de ser gente... Ya tendríamos que estar cansándonos de propuestas de izquierdas y de derechas que por hacer un favor al pueblo matan al pueblo. Puede haber llegado la hora de no importar más tecnología e ideologías absurdas y prescindibles, de no importar más devociones y movimientos creados por otras y para otras clases y culturas. [19] .

 NOTAS


[1]   Ver página 59.

[2]    GRUNDMANN, 37 .

[3]    1Cel. 6,7.

[4]   Gen 18,1-2, Apareciósele Yahveh en la encina de Mambré estando él sentado a la puerta de su tienda en lo más caluroso del día. Levantó los ojos y he aquí que había tres individuos parados a su vera. Como los vio acudió desde la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra.

[5] 2Cel. 93.

[6] LM 7,6.

[7]   1Cel. 85.

[8]   1Cel. 82.

[9]    cf. 2Cel., 16; TC., 49 - 53; LM., c 3, 10. Ni el episodio ni la parábola se encuentran en 1 Celano. Son con todo, anteriores, pues los consigna Odón de Chéritos, en su colección de sermones para los evangelios dominicales, compuestos en 1219. AFH. 22 (1929), 584 - 586 FF 2247.

[10] TC 53.

[11] 1Cel. 33.

[12]    Para una introducción a la Obra véase BÓRMIDA J., La no propiedad, 187 ss.

[13] Recuérdese que Francisco comienza de este modo su caminos: Levantóse al momento diligente, presuroso y alegre, y, armándose con el escudo de la fe y fortalecido con las armas de una gran confianza para luchar las batallas del Señor, se encaminó hacia la ciudad, y, ardiendo en fuego divino, se reprochaba a sí mismo su pereza y poco valor. En cuanto lo vieron quienes lo conocían, al comparar lo presente con lo que había sido, se desataron en insultos, saludándolo como a loco y demente y arrojándole barro y piedras del camino. 1Cel. 11.

[14]   En la relectura que hace Ubertino de Casale, Francisco recorrió todas "las calles y las plazas de la Iglesia", y la primera serie de respuestas las escucha de "los estados comunes, es decir de los hombres del pueblo", y la segunda de "los Pontífices"; FF 2063.

[15]   CASALE U., El árbol de la vida, FF 2060.

[16] Hech 2, 44ss.

[17]   CASALE U., FF 2058.

[18] En el texto latino leemos “gladia”. La versión española traduce por “cortantes”. La versión italiana de las fuentes lo hace por “spade”.  Y comenta: Parece aflorar el pacifismo evangélico del primer movimiento franciscano, que prohibía también los miembros de la Tercera Orden el ejercicio de las armas.

[19] BORMIDA J., María de Guadalupe,  la nueva evangelización y nuestra vida religiosa después de 500 años, Cuadernos Franciscanos,  77,  marzo 20/1987.