RASGOS DEL FRANCISCANO

Jerónimo Bórmida OFM.Cap

Introducción

Cuando hablo de "franciscanismo" me ubico conscientemente en el terreno de los "ismos", es decir, presupongo una cierta visión unitaria de la realidad, capaz de dar nombres comunes a las cosas y que proporciona común escala de valores para los actos humanos. Doy también por supuesto que esta “cierta visión unitaria” se desdobla en infinitos matices, hasta el punto de admitir que es también posible hablar de “franciscanismos”,  en plural, y por lo tanto, también en plural, de antropologías franciscanas.   

Los franciscanos podemos sostener que  poseemos una identidad muy propia y original a pesar de ser conscientes de compartir con el género humano la común y única vocación a la comunidad trinitaria; con el creyente en Cristo la común experiencia de fe y la común formulación de los símbolos de fe  y con el pueblo al cual pertenecemos tenemos en común la cultura... Cuando pretendo formular algunos rasgos comunes a las antropologías franciscanas  quiero apropiarme de una herencia común a la humanidad, sistematizándola de modo peculiar, con acentuaciones propias, con elementos nucleadores de otros elementos, hasta conformar una visión original de la realidad.

No intento presentar un esquema orgánico y complexivo de la o las antropologías franciscanas. Sólo aspiro presentar algunos rasgos que juzgo indiscutibles en la tradición franciscana, que me parecen ser claves de sentido, nudos relacionales, ejes estructurantes, de la experiencia antropológica propia del franciscano.

 

1.- LA RENUNCIA A TODA PROPIEDAD

La Propiedad está en la esfera del pecado.

El obispo de la ciudad de Asís, a quien el varón de Dios acudía con frecuencia para aconsejarse de él, acogiéndole amablemente, le dijo: "Vuestra vida me parece muy rigurosa y áspera al no disponer de nada en el mundo". A lo cual respondió el santo. 'Señor, si tuviéramos algunas propiedades, necesitaríamos armas para defendernos. Y de ahí nacen las disputas v los pleitos, que suelen impedir de múltiples formas el amor de Dios y del prójimo; por eso no queremos tener cosa alguna temporal en este mundo [1]

La "forma de vida", la antropología, la identidad franciscana encuentra en la no apropiación uno de sus ejes estructurantes, uno de sus rasgos más característicos.

La  Regla pedirá a los hermanos que dondequiera que estén, en eremitorios o en otros lugares, de apropiarse para sí ningún  lugar, ni de vedárselo a nadie [2] . Clara es tanto o más explícita que el mismo Francisco al redactar su Regla:

Las hermanas no se apropien nada para sí, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna. Y, cual peregrinas y forasteras en  este siglo, que sirven al Señor en pobreza y humildad, vayan por limosna confiadamente. Adheridas enteramente a ella(la pobreza), hermanas amadísimas, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de su santísima Madre, jamás tengan otra cosa bajo el cielo.  Y como yo, a una con mis hermanas, siempre fui celosa en guardar la santa pobreza que prometimos al Señor Dios y al bienaventurado Francisco, las abadesas que me sucedieren en el oficio y todas las demás hermanas están obligadas de la misma manera a guardarla inviolablemente hasta el fin  es decir, no teniendo ni recibiendo, por sí o por interpuesta persona, posesión o propiedad ni nada que razonablemente pueda considerarse como propiedad, a no ser aquella porción de tierra exigida por la necesidad en razón del decoro y del aislamiento del monasterio.  Y este terreno no se cultive sino como huerto para la atención de las necesidades de las hermanas del monasterio [3] .

Francisco a veces ordenaba derribar las casas edificadas o mandaba que las abandonaran sus hermanos si en ellas observaba algo que pareciera apropiación dado que sobre ella fundaba toda la estructura de la Religión [4] . Por eso no permanecía mucho tiempo en un mismo lugar a fin de que ni siquiera una permanencia excesivamente prolongada pudiera suscitar en ellos apariencia de propiedad [5] . En Rivotorto, Francisco, que no quería tener propiedad par a poder poseer todo con plenitud en el Señor [6] , abandona sin dudar el lugar ante las pretensiones descorteses del aldeano. No quería que los hermanos habitasen en lugarejo alguno sin asegurarse antes de que era propiedad de un dueño determinado [7] y era tan escrupuloso en su desapropiación que no quiso usar más una celda de la que se dijo que era suya

Sucedió, pues, en el eremitorio de Sarteano; un hermano preguntó a otro de dónde venía; éste respondió que de la celda del hermano Francisco. En oyéndolo el Santo, replicó: “Ya que has puesto a la celda el nombre de Francisco, atribuyéndome su propiedad, busca otro que viva en ella, pues yo no la habitaré en adelante”. Y observó: “Cuando el Señor estuvo en la soledad  donde oró y ayunó por cuarenta días, no hizo construirse allí ni celda ni casa alguna, sino que estuvo al amparo de una roca de la montaña. Podemos seguirle nosotros en no tener nada en propiedad, como está prescrito, aunque no podamos vivir sin hacer uso de las casas [8] .

Ese mismo cuidado por evitar todo asumo de apropiación lo vemos a la hora de su muerte, cuando el guardián “le prestó”, una túnica, los calzones y una capucha: “Reconoce que, por mandato de santa obediencia, se te prestan esta túnica, los calzones y la capucha. Y para que veas que no tienes propiedad sobre estas prendas te retiro todo poder de darlas a nadie” [9] .

San Buenaventura llama a  Francisco con el epíteto de pobre muy cristiano, dado que al ver en cada menesteroso la imagen misma de Cristo, juzgaba que los bienes de la tierra eran de propiedad de los menesterosos [10] .

Como en todos los pobres veía la efigie de Cristo, al encontrarse con ellos, no sólo les daba liberalmente aun aquellas cosas necesarias para la vida que a él le habían proporcionado, sino hasta juzgaba debían serles restituidas como si fueran propiedad suya. Por eso no perdonaba nada, ni manteles, ni túnicas, ni libros, ni ornamentos de altar sin entregar todas estas cosas - en cuanto podía - a los pobres deseando cumplir el deber de la perfecta piedad hasta desgastarse a sí mismo [11] .

Un dato significativo lo encontramos al analizar las reglas de los movimiento laicales penitenciales contemporáneos. Estos laicos penitentes, se sienten obligado a pagar los diezmos, primicias y oblaciones a la iglesia. Sus integrantes se comprometen a distribuir los bienes a los pobres, según el consejo del Señor; afirman que tales bienes son propiedad de los pobres; no quieren ser solícitos del día de mañana, ni del oro ni de la plata; no aceptan recibir de nadie ni oro ni plata, ni para el vestido ni para la comida cotidiana.

Si bien los Hermanos Menores aparecían como un movimiento análogo, aprobado en los mismos decenios, fueron eximidos de pagar todo tipo de tasas. La razón es muy simple: los miembros del movimiento franciscano no tenían ninguna propiedad sobre la cual imponer impuestos. La Regla No Bulada, en el Capítulo XV, prohibe criar animales o tener caballería a los hermanos itinerantes por el mundo. No es solamente un problema de "status" -el caballo identificaba con una clase social alta- sino fundamentalmente un problema de orden económico: el alimento necesario para los animales hubiera exigido a la Orden la posesión de una verdadera red de propiedades y graneros.

La vida religiosa, al apartarse de un sistema de sociedad opuesto al evangelio, construye otro basada en la negación de la propiedad  privada. El Sacrum Commercium hace un muy ácida descripción de una  vida religiosa compuesta por falsos pobres, que niegan en los hechos su profesión:

"Estaba yo muy dolorida (dice Iglesia-Dama Pobreza), máxime por algunos que en el siglo no hubieran pasado de ser unos pobretones y miserables, y que, una vez venidos a mí, se hicieron ricos. Ellos bien cebados y rollizos, eran los más recalcitrantes de todos, llegando a burlarse de mí. Y precisamente se trataba de aquellos que eran tenidos aún por indignos de vivir, agotados por el hambre y la penuria, que comían hierbas y cortezas de los árboles, escuálidos por la calamidad y la miseria.... Se arrogan el honor de ser contados entre los discípulos de Cristo quienes en el siglo figuraban bien poco aún entre los conocidos. Y éstos que a menudo carecían de pan de cebada y de agua... nº 49: Finalmente comenzaron a adular a los seglares y entablar estrecha amistad con ellos con objeto de vaciarles las bolsas, agrandar los edificios y acumular unos bienes a los cuales habían renunciado por completo. Vendían palabras a los ricos y saludos a las matronas..." [12]

Para los franciscanos la propiedad está dentro de la esfera del pecado y por lo tanto de la muerte. Es, de algún modo, efecto del pecado. Se establece una contienda análoga: hay que luchar contra el pecado y sus consecuencias, por lo tanto hay que luchar contra la propiedad. Visto en positivo, esta lucha se convierte en  búsqueda de la perfección, del ideal supremo, del mundo soñado y querido por Dios, que como en los orígenes, no padece ni las apropiaciones ni las parcelaciones. Por lo cual los "perfectos", los que ya están gozando del reino, o los que han optado radicalmente por el reino, tales como Cristo, los Apóstoles y los religiosos, no pueden tener propiedades  [13] , y afirmar lo contrario es herético y blasfemo. 

Si bien el pecado para los franciscanos no fue la causa de la propiedad y del poder, sino solo su ocasión, de hecho el pecado condiciona definitivamente el origen histórico del actual sistema de propiedad y de gobierno. En primer lugar hay que dejar en claro que no son instituciones divinas sino históricas, que tienen su origen y originador humano. En segundo término, hay que afirmar que el significado social es su única legitimación aceptable, tanto desde el punto de vista humano como del de la fe. Estas afirmaciones serán de importancia capital en el desarrollo del pensamiento político-económico posterior: si la autoridad no viene de Dios, las propiedades de los paganos, de los infieles, de los católicos que no están en estado de gracia, son tan legítimas   [14] como legítimos son los acuerdos sociales precristianos que establecieron el sistema jurídico de apropiación.

El hombre “original”

El nombre de Adán podría traducirse como "terráqueo", y Dios puso toda la creación a su entera disposición con una sola condición: mantenerse en el "humus" fraterno con todas las cosas de la tierra. Los franciscanos verán que el proyecto de Dios para el hombre elimina la apropiación, origen de todos los males en la historia.

"Séneca afirmaba que los hombres vivirían en total tranquilidad si eliminaran estas dos palabras: lo mío y lo tuyo." "Mientras estuvo en vigencia el derecho natural, nadie podía decir de cosa alguna esto es mío, esto es tuyo. Estos dos pronombres, al decir del Bienaventurado Clemente, han sido introducidos por la maldad y la codicia de los pueblos y por el derecho humano. Por derecho natural y divino el uso de todas las cosas que existen en este mundo debería ser común. Dice Agustín: elimina el derecho imperial y nadie podrá decir que algo es mío y esto es tuyo." [15]

"Los Menores para probar que la perfección evangélica consistía en la pobreza absoluta, decían que antes de haberse conformado las sociedades humanas, cuando los hombres vivían bajo la ley de la naturaleza, no se conocía ni el mío ni el tuyo, ni los hombres pleiteaban entre ellos para reivindicar sus derechos. Todos estos bienes pronto se perdieron a causa del pecado original. Consecuentemente tanto el derecho como especialmente el derecho a la propiedad privada, es fruto de la culpa. Jesús para redimirnos del pecado tenía que imponernos la ley del amor, que condena las propiedades privadas y las reivindicaciones del derecho. Esta ley repristina la simplicidad, la inocencia y la castidad primitiva. De tal modo que los que abandonan las propiedades rompen los estrechos límites de la familia humana para convertir a  todos los fieles en su única familia".  "De la parte franciscana se sostenía que la propiedad, tanto privada como en común, había nacido del pecado y que gracias a la redención de Cristo la propiedad debía desaparecer  cuando desapareciese e l pecado" [16] .

La idea había sido ya expresada de modo totalmente coincidente por San Buenaventura:

"La pobreza más evangélica consiste en renunciar a todas las cosas, tanto en privado como en común. El hombre nace desnudo, y si no hubiese pecado, aquella desnudez hubiera sido conservada, no apropiándose el hombre de cosa alguna. Quien quiere redimirse del pecado debe acomodarse a aquella pobreza primitiva" [17] .

En la polémica que la Orden sostiene contra el papado en la primera mitad del siglo XIV, el eje de la discusión en el estado de inocencia y el derecho natural cual todas las cosas eran comunes. Afirmar que algo es mío y algo es tuyo esta permitido por el derecho civil y por las costumbres humanas, contrarias a la equidad natural. Todo lo que existe es solamente propiedad y dominio de Dios [18] . Las propiedades de la iglesia no pueden legitimarse con ningún derecho pertendidamente divino, siendo su origen contingente y coyuntural

"Se cita la autoridad de Agustín, quien, en el Tratado VI sobre Juan, c. 2. dice : "¿Con qué derecho defiendes las propiedades de la Iglesia? ¿Con derecho divino o derecho humano? ¿Con qué titulo de propiedad cada uno posee lo que posee sino por voluntad humana?  Por derecho divino la tierra y todo lo que en ella se contiene es del Señor. Por el contrario, es por derecho humano que se afirma que esta casa, este terreno es mío.  Añade: "Suprime el derecho imperial, y ¿quién se atreverá a afirmar que esta propiedad es mía?  Y más adelante: "Toda propiedad se legitima por derecho del rey:. Y en el libro II cap. 12 dice: "Queridísimos: el uso de todas las cosas que hay en el mundo ha de ser común y a todos debe pertenecer" [19] .

Los Franciscanos de la primera mitad del siglo XIV contraponen a la Iglesia oficial su Cristo sin propiedades, su comunidad apostólica sin propiedades. No están haciendo una formulación meramente cristológica, están lanzando una propuesta englobante, sean o no conscientes de la gravedad y alcance de su debate que han iniciado. Quien acepte la tesis franciscana de la desapropiación se verá obligado a reformular su imagen de Dios, de la Iglesia, de la sociedad. Tendrá que eliminar de su vocabulario palabras tales como "amo", "dueño", "patrón", para introducir otras como "hermano", "igual", "libre"... .

Sigamos, hasta sus últimas consecuencias, el sendero del "intercambio de predicados". Si concluimos afirmando que toda teología y toda antropología, de hecho, son siempre antropoteologías : ¿cuáles serían las consecuencias cristológicas,  si partimos de la negación de la propiedad privada a nivel sociológico?, o a la inversa, ¿cómo podríamos formular, a los más variados niveles, espiritual, eclesial, social,  una serie de afirmaciones coherentes a la negación de toda propiedad en Cristo?

Esta es la raíz de las tensiones provocadas por la postura franciscana del siglo XI: Los franciscanos, ¿no se dedicarán a eliminar toda forma de propiedad en la tierra? ¿No es ésa en el fondo su peligrosa utopía?.

La  utopía o el proyecto de Dios para el hombre

La pobreza franciscana dibuja una utopía muy peculiar y específica, al menos en teoría. Se la define como "abdicatio omnis juris et dominii", renuncia de todo tipo de derecho y de todo tipo de propiedad sobre las realidades creaturales. El franciscano puede tener necesidad de usar una serie determinada de cosas, y consecuentemente tener un cierto derecho a usarlas, basado en la necesidad de subsistencia, pero nunca podrá apropiarse de ellas, considerarse su dueño. De hecho, tampoco el hombre tiene derecho a usar de las cosas que están solamente a su disposición. El uso del hombre, como lo fue el de Cristo, como el de Francisco, procede de un tipo nuevo ("original") de relación del hombre consigo mismo, con las cosas y con el creador. Nadie tiene derecho a quebrar el orden de Dios, en el cual todos los seres existentes son hermanos y nadie es dueño, padre, patrón sino sólo Dios. Nadie puede oponerse a Dios. Ni siquiera el papa, para el creyente la fuente por excelencia del derecho positivo humano, podrá alterar las reglas de juego [20] . Estas directivas divinas fueron aceptadas por los franciscanos porque fueron reveladas por el mismo Cristo, fuente de toda autoridad y de todo derecho, y como tales confiadas a los apóstoles. 

El derecho al uso es la respuesta natural a las exigencias naturales primarias de subsistencia. El actus utendi no es expresión de libertad, sino de necesidad.  El usus facti es lo contrario a dominium, que implica reclamar y reconocer socialmente el jus utendi, al cual los franciscanos, sea cual fuere su tendencia espiritual, renuncian. No estamos  solamente ante querellas internas acerca de un uso más o menos pobre de las cosas, sino que está en juego el derecho natural a la subsistencia que el sistema de apropiación dominante en la sociedad hace inviable para grandes sectores de la sociedad. Decir que el hombre, como fue el caso de Cristo, no tiene derecho a poseer lo necesario para la vida, sería "herético".

Los autores franciscanos del siglo XIV no difieren mucho de Santo Tomás en cuanto al estado original del ser humano. Pero para el autor del Sacrum Commercium y su contexto de Orden Franciscana, el paraíso tiene que ser reconquistado. Vestido, servidumbre, propiedad privada no son perfecciones del hombre. El hombre "desnudo", sigue siendo el ideal futuro, así como la perfección de la sociedad habrá que buscarla en la perfecta libertad y en la ausencia de apropiaciones. Cuando el  Sacrum Commercium, cuenta la historia de la Iglesia-Dama Pobreza, la describe como aquella esposa pobre de Cristo pobre, compuesta fundamentalmente de los pobres voluntarios que optaron por seguir desnudos al desnudo. Nace en al paraíso. Es la iglesia adamítica, convocada por el Padre desde el inicio de la historia.

Cristo es el nuevo Adán, es el hombre perfecto, el prototipo pensado por Dios como la gran utopía del hombre, en la cual enseñó a vivir a sus discípulos. En esta óptica, el hombre como tal, el hombre perfecto según Dios, que ha sabido reconocer el rol que Dios le ha asignado en la tierra y en la historia, este hombre no tiene derecho a poseer. El hombre se define como hijo-hermano, no como padre-dueño, tanto de los otros hombres como de las cosas. Esta perspectiva (clave, horizonte, lugar hermenéutico) se une, clarísimamente,  a la fuente más cristalina del pensamiento de Francisco de Asís.

El mensaje que los franciscanos tendrían que dar a los políticos que trabajan por instaurar un nuevo orden mundial, a los economistas que quieren imaginar una nueva economía a escala humana, a los ambientalistas que apuestan por mejorar la calidad de vida del hombre,  a los preservacionistas que bregan  por conservar las especies en extinción, especialmente la del ser humano, a los pastoralistas que quieren construir una iglesia más evangélica... a todos ellos, el anuncio basilar, primero, fundante: comenzar por revisar a fondo la teoría y el ejercicio de la propiedad y del poder. No se trata de resucitar propuestas más o menos fracasadas a lo largo de la historia, inclusive reciente, tales como abandonar la propiedad privada para apoderarse colectivamente de los bienes de la tierra. Se trata de poner en tela de juicio la voluntad dominativa del hombre, sea como persona, sea como colectividad.

No estoy haciendo un discurso parenético, sino aplicando una clave de lectura franciscana a problemas muy actuales. No estoy elaborando propuestas técnicas, sí diciendo presupuestos, llámense éticos, a toda propuesta que realmente quiera mejorar el mundo. 

El hombre no tiene derecho a poseer, a vender, a comprar, a usar, como si las cosas fueran realmente suyas. El camino de salvación para el mundo del hombre comienza cuando éste deja de ver el mundo como propiedad privada, como coto de caza del cual es dueño, señor, propietario y con él hace lo que se le antoja.  Si se quiere preservar la vida en el planeta, refórmese el sistema de propiedad. La revelación divina dada en el Verbo hecho hombre-pobre-sin propiedades-sin dominio, anunciador del hombre perfecto en el mundo acabado, indica un camino ineludible al hombre del futuro.

Francisco fue declarado patrono de los ecólogos, y no entenderemos la propuesta ecológica de Francisco de Asís si no examinamos seriamente las consecuencias para el presente de su renuncia radical a toda propiedad, privada y comunitaria de las cosas creadas, animadas e inanimadas, hombres y animales, fieles e infieles.

La democracia y la libertad están de moda. Si Guillermo de Ockham dictara hoy cátedra en una universidad contemporánea posiblemente sería escuchado con interés, aunque no con mucho asombro. Muchos de los elementos que aparentemente se perdieron en la batalla contra el sistema dominante en la primera mitad del siglo XIV, a través de los siglos fueron recobrando vigencia. Pero creo que, desde la problemática que hemos considerado, hay algunos elementos de gran interés y novedad en la posible buena noticia que los franciscanos pueden dar al mundo futuro. 

Hemos dicho varias veces que el tema de la propiedad y el del poder son inseparables. Cuando leo mensajes franciscanos lanzados al mundo de hoy, me resulta fácil encontrar  temas tales como Libertad, Espíritu, Respeto a la persona, Fraternismo, etc., todos  perfectamente legítimos. Pero, si hemos comprendido la intuición más profunda de la utopía franciscana encerrada en el "Cristo sin propiedades", el núcleo de un mensaje franciscano a las democracias, las emergentes y las caducas, tiene que ser un grito de atención sobre el sistema vigente de propiedad. No se puede hablar de libertad, de participación, de cogestión... de verdadera democracia, cuando la "tenencia de los bienes", culturales, materiales, espirituales, cuando todo el poder de decisión está en manos de muy pocos   [21] .

Se tiene la impresión de que muchos pueblos se sacudieron el peso de la opresión "colectivista", buscando más los bienes y las propiedades que la libertad. Habrá que ver cómo se desarrolla la historia en los próximos años, pero no parece que el milagro se haya producido. El mensaje franciscano a los pueblos que buscan la libertad puede hoy volver a insistir en tópicos tradicionales, en consonancia con su más pura tradición. El franciscano, cuando habla de libertad, de fraternidad, de gobierno popular, contemporáneamente pone en relación los temas de pobreza, poder, propiedad, desapropiación,  participación ....              

Sólo Dios es sujeto de propiedad en la tierra y en el devenir del hombre en la tierra. El homo-humus-tierra-fecunda será señor como Dios en la medida que sepa mantenerse en comunión fraternal con la creatura. Si no se apropia de lo que sólo corresponde a Dios, la bondad y maldad de los actos humanos, el poder decisorio sobre lo que está mal y está bien, logrará la comunión armónica consigo mismo, con las cosas y con Dios.

La desapropiación es camino de divinización

Cristo es como la contracara de Adán que peca queriéndose apropiar de lo que no le es debido:

El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.  Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor  para gloria de Dios Padre [22] .

Jacques de Vitry describe así el estado salvífico al cual llegaron los hermanos:

Los rekabitas observaban aquellos preceptos según su sentido literal, y asimismo ustedes, que son los descendientes de su padre Rekab, es decir del bienaventurado Francisco. Y realmente ustedes no construyen casas, bien que otros las edifican para uso de ustedes, y en ellas habitan como huéspedes y custodios y no las poseen, sino que son propiedad de la Iglesia, en cuyo nombre son construidas. Igualmente, no siembran, no plantan viñedos... Por consiguiente, cuando atraviesen el río de las cosas temporales y combatan desnudos contra el que está desnudo, confíen en el Señor en que podrán superar al enemigo, con tal que estén en guardia con cautela; en efecto, él busca más frecuentemente combatir interiormente con vicios espirituales a aquellos en los que no encuentra cómo entablar combate exteriormente. Pues el mundo está crucificado para ustedes y ustedes para el mundo (Gal 6,14), a tal punto que el enemigo ya no encuentra ninguna cosa mundana con qué tentarlos, porque han renunciado a todo . . [23] .

Cristo, el hombre nuevo, renuncia a la propiedad legítima de aquello que le pertenece. Hace abandono de la divinidad, se abaja a lo más profundo del humus creatural, se hace esclavo, reaprende la obediencia hasta la muerte. La muerte propia, no la muerte de los demás. En la renuncia a la última de las propiedades entrega la vida y recibe el Señorío perdido por Adán, y Dios comparte con él el nombre que le está reservado. Se restablece el diálogo con Dios, se reconcilian todas las cosas creadas y ya no hay griego ni judío, ni esclavo ni libre, ni varón ni mujer. Es el único camino de la liberación total tanto del hombre como de la creación que gime en dolores de parto, es el único camino para la comunión fraterna en la cual nadie es jefe, nadie maestro, nadie Padre, sino Dios: la renuncia a toda forma de propiedad, aún la más legítima de las propiedades. Hasta perder la propia identidad para reencontrarla en el abismo de Dios.

La vida histórica de Jesús puede describirse como este camino de obediencia. Porque es hijo, su vida y su misión consiste en obedecer sólo a Dios, únicamente a Dios. Jesús enseña a los hombres el camino de la libertad: todos hermanos obedeciendo sólo al Padre común. Pero esta obediencia se traduce en sometimiento a José y a María su madre. En sujeción a la Ley, a la cultura y religión de su pueblo, a las leyes de crecimiento, duda y maduración de todo ser humano. La voluntad del Padre es discernida en la lectura de los signos de los tiempos, porque sólo Dios es dueño de la historia. El sí a Dios lo lleva a someter su cuerpo a la tortura y a la muerte.

La obediencia histórica de Jesús, Verbo encarnado, se convierte así en sacramento de la obediencia del Verbo divino y eterno. Porque obedecer al Padre equivale a ser igual al Padre. El hombre que quiere ser "como" Dios encuentra en el Cristo histórico el camino de divinización: la obediencia a Dios que pasa por el sometimiento mutuo intracreatural. La obediencia de Cristo que para el creyente es también obediencia-seguimiento a Cristo, es una profecía en acto: denuncia el pecado de Adán y anuncia la salvación del nuevo Adán. La obediencia de Cristo no es subordinación sino revelación de su igualdad con Dios, así la obediencia humana no es esclavitud sino revelación de la libertad de los hijos de Dios, signo de la posesión de Dios.

Francisco expresa de modo admirable esta dimensión al contemplar el misterio de la eucaristía, que es imagen y proyecto para una antropología franciscana:

¡Oh celsitud admirable, condescendencia asombrosa! ¡Oh sublime humildad! ¡Oh humilde sublimidad, que el Señor de del mundo universo, Dios e Hijo de Dios, se humilla hasta el punto de esconderse, para nuestra salvación, bajo una pequeña forma de pan! Mirad hermanos, la humildad de Dios y derramad ante Él vuestros corazones (Sal 61,9); humillaos también vosotros, para ser enaltecido por El (cf. IPe 5,6; Sant 4,10). En conclusión: nada de vosotros retengáis para vosotros mismos para que enteros os reciba el que todo entero se os entrega [24] .

Esta desapropiación es condición para que los discípulos de Francisco alcancen la salvación: El hermano Bernardo concibió el temor de Dios y alumbró el espíritu de salvación, .y  se dio prisa en vender todos sus bienes, y distribuyó a manos llenas su precio entre los pobres, no entre sus parientes [25] . Para los hermanos la pobreza que excluye la propiedad es virtud regia, pues ha brillado, con tales resplandores en el Rey en la Reina. Francisco le dice a los hermanos, como confiando un secreto del corazón: “Sabed, hijos, que la pobreza es camino especial de salvación, de frutos muy variados, bien conocidos por pocos” [26] . En ella se habían formado los santos y primeros hermanos, y creía el bienaventurado Francisco que éste es el camino más seguro para la salvación del alma [27] . El pobre es el espejo en el cual se puede reconocer al proyecto de Dios en la historia:

El compañero fue e hizo cuanto le había ordenado el bienaventurado Francisco. Luego, se levantó, se vistió la túnica y volvió al bienaventurado Francisco. Este le dijo: “¿Quieres saber cómo has pecado contra él y, lo que es peor, contra Cristo? Mira, cuando ves a un pobre, debes considerar en nombre de quién viene, o sea, de Cristo, el cual llevó sobre sí nuestra pobreza y nuestras enfermedades. La enfermedad y pobreza de este hombre es para nosotros como un espejo que nos ayuda a escudriñar y meditar piadosamente la enfermedad y pobreza que nuestro Señor Jesucristo sufrió en su cuerpo por nuestra salvación” [28] .

El hombre reconciliado no tiene propiedad

El misterio de la no - apropiación pasa por todos los niveles de la antropología, no sólo por la no propiedad de bienes inmuebles.  Nadie tiene que apropiarse de la “prelacía” [29] , del oficio de la predicación [30] y a Dios hay que devolverle todos los bienes, porque todo bien procede de él, tema recurrente en los escritos:

Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, todo bien, sumo bien, bien total, que eres el solo bueno (cf. Lc 18,19), a ti te tributemos toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición, y te restituyamos todos los bienes. Hágase. Hágase. Amén [31] .

Y son vivificados por el espíritu de las divinas letras quienes no atribuyen al cuerpo toda la letra que saben y desean saber, sino que con la palabra, y el ejemplo se la restituyen al altísimo Señor Dios, de quien es todo bien [32] .

El siervo de Dios que no se enoja ni se turba por cosa alguna, vive, en verdad, sin nada propio. Y dichoso es quien nada retiene para sí, restituyendo al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (Mt 22,21) [33] .

Dichoso el que soporta a su prójimo en su fragilidad como querría que se le soportara a él si estuviese en caso semejante. Dichoso el siervo que restituye todos los bienes al Señor Dios, porque quien se reserva algo para sí, esconde en sí mismo el dinero de su Señor Dios (cf. Mt 25,1 8), y lo que creía tener se le quitará (LC 8,1 8) [34] .

La restitución de los bienes a Dios implica también devolver los bienes materiales de los cuales el hombre no es dueño, a quienes los necesitan “Hermano guardián, es necesario que devolvamos lo ajeno”. “Padre - le respondió el guardián -, devuélvase en hora buena, si tenemos algo que es ajeno”. “Restituyámosle - replicó el Santo - este manto, que hemos recibido, de prestado, de esa pobrecilla mujer, pues no tiene nada en la bolsa para sus gastos”. “ Hermano, ese manto es mío - observó el guardián - y no prestado por nadie. Úsalo por el tiempo que quieras; cuando no quieras usarlo más, devuélvemelo” [35] .

Francisco reconquistó el paraíso mediante la total desapropiación, convirtiéndose en un nuevo Adán al asumir sin reversas el proyecto original de Dios para el Hombre. Dios habla con él. Una vez que el Señor le regaló hermanos, nadie le dijo lo que tenía que hacer, porque fue el mismo Altísimo quien se lo reveló. Cristo dialoga fraternalmente con él tanto desde la Cruz de San Damián o en la aparición del Alvernia, como en las transparentes páginas del Evangelio. Habla con las piedras, con los pájaros, con el fuego. En la tormenta de las herejías y de los cismas conversa sin problemas con Papas, Obispos, sacerdotes y religiosos. Guerras santas y guerras no muy santas lo encuentran dialogante con señores y vasallos, con ladrones y hombres píos, con cristianos y sarracenos. Impresiona releer sus diálogos con el "hermano asno", suplicando perdón por los malos tratos. Habla con el humilde gusano y con la nobilísima Clara, con el dulce León y con el fiero Lobo. Francisco es el hombre reconciliado de los "orígenes": desnudo, libre y sin propiedades-.

Francisco, sabedor de que uno solo es necesario y basta para todo, es el hombre "sin propio". No sólo renuncia fanáticamente al dinero-moneda, sino que exige renunciar también al dinero o peculio del propio parecer, recusando todo dominio o poder sobre personas: aquí la fuente de su obediencia. No sólo rechaza toda propiedad de tierra, casas, lugares, iglesias, sino también la ilusoria posesión de la verdad: aquí su pobreza. Y en esta dimensión, su castidad, de la que tan poco hablan sus escritos: la renuncia a toda posesión de personas. El temblor con que se acerca a Clara, su voluntad de que sean llamadas "damas" pobres, nunca sujetas al imperio masculino, coincide con la delicadeza que evita la posesión de un animalito que canta laudes a Dios con el pobrecito.

Francisco no quiere ni éxito ni fama; por eso no puede fracasar: porque no quiere triunfar. No lucha por mantenerse en el pedestal porque está en el último de los peldaños. Por lo tanto no puede caer. No lucha por el poder por el simple hecho de no tener ni ansiar el poder. Se siente poseído por la verdad, nunca poseedor de ideas o de principios, por eso no tiene ni adversarios ni contrincantes. Al no tener ni tierras, ni dinero, ni verdades que defender en la cristiandad, puede dialogar con el musulmán y dialogar con el Papa. No necesita armas porque no tiene nada que defender. No "tiene" ni padre, ni madre, ni hermanos, ni hijos: el "es" hermano de todos.

Claro que este estado edénico se consigue tras duras batallas. El fracaso de la carrera de las armas tras el hastío del comercio y del dinero. El gusto amargo de las fiestas y del reinado en las orgías. La hoquedad de las cavernas para aprender del útero de la madre tierra el escándalo de una Iglesia a reparar. La ruptura definitiva con el "antes" cuando el beso al leproso. Las penurias del "después" ante la incomprensión del proyecto revelado por Dios por parte de muchos hermanos. Hasta lograr la renuncia a la última de las propiedades: la Orden ya no le pertenece, es de otros. La desapropiación es un proceso nunca acabado en el cual, poco a poco se rescata la alegría de vivir y la armonía de todas las cosas sumergido en lo pleno del dolor y la enemistad. En tal hábitat nace el Cántico de las Criaturas, himno del paraíso recobrado.

El franciscano, hombre sin propiedades, se identifica por su capacidad de reírse de sí mismo, de sus proyectos, de sus verdades, de sus certezas. Es alguien que aprendió a no tomarse demasiado en serio a sí mismo por haber descubierto que la única propiedad privada de que puede hacer reclamo son sus propios vicios y pecados. Ha descubierto en tal actitud el camino de la destrucción de los ídolos, siempre solemnes, majestuosamente vestidos, llenos de oros y pedrerías, revestidos de poder sólo aparente: el ídolo muere en el instante en que uno se ríe del ídolo. Y el último ídolo que se logra vencer, en una gran parábola de la perfecta alegría, es el yo.

La no propiedad radical que causa la alegría perfecta, convive con la revelación del absoluto de Dios, único necesario que basta para todo. Es la consecuente maravillada visión de la relatividad de todo lo creado. Relativos que valen cuanto tales, sin necesidad de absolutizaciones o mantos sacrales. Imágenes que se esfuman en el momento que apropiadas, que viven en cuanto contempladas.

No seguimos dando giros en torno a este centro de experiencia que es uno de los rasgos que identifican la antropología franciscana. Termino afirmando mi creencia de que sólo desde la praxis de la no propiedad un franciscano encontrará la identidad propia.

2. ANTROPOLOGÍA DEL ESPÍRITU

Resultaría excesivamente prolijo analizar sistemáticamente todos los textos de los escritos de Francisco que hacen referencia explícita o implícita al Espíritu Santo. En la experiencia y el magisterio de Francisco de Asís el Espíritu juega un rol central, profundamente ligado a la renuncia radical a toda forma de propiedad [36] .  Podrá discutirse la mayor o menor dependencia y coherencia del movimiento espiritual del siglo XIV con la experiencia espiritual franciscana de la primera hora,  pero más allá de toda discusión, desde sus mismos orígenes, previo a toda la crisis interna de la Orden, el movimiento franciscano se caracteriza por la fuerte impronta del Espíritu Santo, de un Espíritu que gobierna la vida entera de hombres que renunciaron por completo a toda propiedad, tanto sobre personas como sobre cosas.

Veamos algunas característica de una “antropología en el Espíritu”

Igualitariedad

La Igualitariedad más radical es una de las notas que mejor caracterizan la antropología franciscana. El cocinero predica y el sabio hermano lava los platos. Todos han de trabajar con sus manos. Todos deben dedicarse alternadamente a la contemplación y nadie puede excusarse de la predicación penitencial [37] . Por esto, todos los hermanos, clérigos y laicos , cumplan con el oficio divino, las alabanzas y las oraciones...todos pueden tener los libros necesarios para cumplir con su oficio, inclusive los laicos que saben leer [38] . Para todos, sin distinción, rige la norma de no criar animales, ni andar a caballo, salva la libertad evangélica ante la necesidad [39] . Todos deben confesar sus pecados a un sacerdote [40] .

Francisco quería que la Religión fuera lo mismo para pobres e iletrados que para ricos y sabios. Solía decir: “En Dios no hay acepción de personas, y el ministro general de la Religión - que es el Espíritu Santo - se posa igual sobre el pobre y sobre el rico”. Hasta quiso incluir estas palabras en la Regla pero no le fue posible, por estar ya bulada. [41] .

Los hermanos no tienen que tener miedo por aparecer pequeños e ignorantes [42] ; ni preocuparse por cómo van a predicar, ignorantes e iletrados como son. Es el Espíritu del Padre que habita en ellos el que les poder y dignidad, el que los iguala a sabios y poderosos... [43]

 El último de los novicios entrado en la Orden tiene su palabra que decir a la fraternidad [44] . Los Capítulos se celebran en Pentecostés, y es la misma fraternidad la que va elaborando su regla de vida [45] .

El Espíritu campea en la Fraternidad [46] . Nadie puede llamarse mayor, prior, superior, así como nadie puede denominarse maestro. Francisco siempre temió que los libros suplantaran al Espíritu   [47] , y que el docto llegara a decir al iletrado "alcánzame el libro", en gesto de dominador [48] . El trabajo y la teología no deben apagar el Espíritu [49] rompiendo la fraternidad. La igualitariedad franciscana, tan típicamente distintiva, identifica a los seguidores del Espíritu. 

Libertad

El hombre del proyecto utópico Franciscano se define por la libertad. Guillermo de Ockam es el uno de los grandes pioneros del derecho del hombre a la libertad, como don primario. constitutivo  e inalienable de Dios. En la polémica de los franciscano y el Papa en la primera mitad del siglo XIV dice Guillermo:

"Si el papa tuviese el poder de instituir leyes obligatorias para los cristianos contra su voluntad... podría de ese modo, por derecho, oprimir a los cristianos con mayores obligaciones de aquellas con las cuales fueron oprimidos los judíos, lo que manifiestamente se opone a la libertad evangélica... Algunos, sin embargo, llamados pontífices romanos, viviendo en delicias, gloriándose en pompas y  honras, enriqueciendo a sus parientes y procurando ennoblecerlos, se esfuerzan por poner fardos pesados e insoportables  a los emperadores, reyes, prelados e iglesias, y a todos los fieles, más aún, planean inicuamente reducir a todos a la esclavitud...  por lo cual  no es cierto que busque demoler,  con presunción impía,  la firmeza de aquella piedra apostólica, quien procura violar y someter a la justicia el poder condenablemente usurpado por quien es llamado papa.  Por lo cual, en aquellas cosas que el papa mandare, estatuyere u ordenare, llevado más allá del propio poder, tales órdenes deben ser tomadas como leyes inicuas, emanadas por instigación diabólica y  no deben en modo alguno ser observadas." [50] .

A pesar de la dureza del lenguaje de Ockam, su pensamiento es heredero de la proclamación franciscana más original. Haz lo que te plazca, según Dios [51] , es una de las normas de la antropología franciscana. El que quiera entrar en la Orden debe vender todas sus cosas y procurar distribuírselo todo a !os pobres, si quiere y puede hacerlo según el espíritu sin impedimento. Los hermanos no pueden recibir nada en esta repartija.... sin embargo, si lo precisan... pueden los hermanos recibir, al igual que los otros pobres, las cosas necesarias al cuerpo, excepto el dinero [52] . Y, de modo semejante, en tiempo de manifiesta necesidad, obren todos los hermanos, en cuanto a las cosas que les son necesarias, según la gracia que les otorgue el Señor, porque la necesidad no tiene ley [53] . Tienen la libertad evangélica de comer todo lo que se les ofrezca [54] .

Es frecuente encontrar en las reglas monástica largas listas de penitencia que corresponden a iguales listas de pecados, aquí simplemente se dice el ministro y siervo obrará con él como mejor le parezca que conviene según Dios [55] .Idéntica libertad tienen los ministros frente al modo de vestir dispuesto en la Regla [56]

Igual libertad tienen los hermanos en su misión y predicación:  Y esta o parecida exhortación y alabanza pueden proclamar todos mis hermanos, siempre que les plazca, ante cualesquiera hombres, con la bendición de Dios [57] . El hermano tiene libertad para seguir la divina inspiración si quiere entre sarracenos y una vez entre ellos tiene que convivir “espiritualmente” y predicar cuando vieren ser oportuno [58]

Este "spiritualiter conversari" [59] , el vivir en el Espíritu, cualifica de libertad el modo de ser y de actuar franciscanos. Hay que obrar "según Dios", de acuerdo a lugares, tiempos y frías regiones. La necesidad no tiene ley, y se come libremente de lo que buenamente se tiene.

La libertad franciscana no es la libertad de la carne, sino aquélla que hace esclavo por amor. Porque la verdadera obediencia es cuando cada hermano obedece a cada hermano e inclusive a las bestias del campo [60] .  La verdadera obediencia se da cuando uno obra libremente, sin andar pidiendo continuos permisos, en la conciencia de que lo que obra o dice no está contra la voluntad del Ministro y Siervo de la fraternidad. Pero obediencia caritativa, la que entrega su vida en manos de Dios y de los hermanos, se produce cuando uno cede ante la voluntad del Ministro, aun cuando lo mandado le parezca peor de lo querido voluntariamente. Y si ya no es cuestión de mejor o peor, sino de bueno y malo, de pecado... entra en juego la obediencia perfecta: si al hermano le pareciere estar ante un problema de objeción de conciencia (que lo mandado está contra lo que un día prometió...) entonces no puede obedecer, aun padeciendo la persecución

Pero, si el prelado le manda algo que está contra su alma, aunque no le obedezca, no por eso lo abandone. Y si por ello ha de soportar persecución por parte de algunos, ámelos más por Dios. Porque quien prefiere padecer la persecución antes que separarse de sus hermanos, se mantiene verdaderamente en la obediencia perfecta, ya que entrega su alma (cf. In 15.13) por sus hermanos. [61]

Pero si alguno de los ministros manda a un hermano algo contra nuestra vida o contra su alma, el tal hermano no esté obligado a obedecerle, pues no hay obediencia allí donde se  comete delito o pecado. Sin embargo, todos los hermanos que están bajo los ministros y siervos consideren razonable y  atentamente la conducta de los ministros y siervos; y si vieren que alguno de ellos se comporta carnal y no espiritualmente en conformidad con nuestra vida, y que, después de una tercera amonestación, no se enmienda, denúncienlo en el Capítulo de Pentecostés al ministro y siervo de toda la fraternidad, sin que oposición alguna se lo impida [62] ..

No hay reglas objetivas, límites claramente marcados: es la conciencia, el parecer, el alma, la libertad suprema de la persona. Hay sí un criterio claro: el Espíritu crea la comunidad. No por desobedecer en conciencia el hermano debe apartarse de la fraternidad, porque entonces se convierte simplemente en homicida. Esa es, para Francisco, la obediencia "perfecta"  [63] . Consiste en desobedecer y permanecer dentro. Dentro de la fraternidad, dentro de la Iglesia. Esa fue la obediencia heroica de un Francisco que desobedeció y muy gravemente a quienes imponían, obligando con graves penas, el apoyo y la participación en  la cruzada, a quien le exigía adoptar reglas antiguas y probadas, y le aconsejaba tener prudentes propiedades. La perfecta obediencia es seguir los dictados del Espíritu, sólo y a pesar de todo y de todos. En la libertad suprema de permanecer fielmente unido en comunión a pesar de todo y de todos.

Mucho también se ha escrito sobre la libertad franciscana. La antropología Franciscana se identifica como un máximum de Espíritu y un mínimum de normas legales. Un máximum de libertad supone  un mínimum de propiedad. Es el summum de búsqueda y el mínimum de seguridad.

El Espíritu de la Fraternidad es como la gallina que cubre sus polluelos o aquel viento primordial que empolla la fecundidad del universo aún caótico y vacío. Nadie puede llamarse mayor, prior, superior, así como nadie puede denominarse maestro. Francisco siempre temió que los libros suplantarán al Espíritu, y que el docto llegara a decir al iletrado "alcánzame el libro" [64] , en gesto de dominador. El trabajo y la teología no deben apagar el Espíritu rompiendo la fraternidad. La igualitariedad franciscana, tan típicamente distintiva, identifica a los seguidores del Espíritu.

OTROS ASPECTOS, PARA CONCLUIR

La experiencia de Dios de Francisco estructura toda su experiencia humana y cósmica en términos de hermandad [65] . Es el sustantivo en la definición de la identidad franciscana, y por ello nos excusamos de explayarnos en un tema bien conocido por todos.

La gratuidad es otro de los rasgos tipificantes del hombre franciscano. Dios es "gratuito". Gratis nos regala a su Hijo bienamado, aun antes de la previsión histórica del pecado. Gratis nos regala en el Hijo todas las cosas. Dios no "espera" nada de nosotros, no necesita de nuestra respuesta comercial. Entre Dios y el hombre no puede haber comercio. No tenemos nada que venderle a Dios, ya que todo le pertenece y todo nos lo ha regalado, y todo, sin excepción, hemos de devolverle. El hombre franciscano se tiene que saber valioso no por lo que produce, sino por lo que es. Busca servir, no producir. Se siente capaz de espera larga, de tiempo sin fin, una de las condiciones del discipulado. Esperar hora, lugar, tiempo oportuno. Puede pasar largos días y densos meses en un eremitorio contemplando: produciendo no se sabe qué. Intentando sólo ser un hombre convertido en un mundo en conversión, un salido del sistema que cuestiona todo el sistema.

La antropología franciscana se basa en algo más profundo que en una opción preferencial por los pobres. Supone una opción por ser hombre pobre entre pobres. Es opción fundamental por construir una humanidad viviendo como pobre, conviviendo gustoso entre mendigos, marginales, ladrones, borrachos, participando de sus miserias y abyecciones. Francisco besa al leproso y en ese gesto es curado él mismo de todas sus enfermedades. Se convierte en solidario de la lepra; rara vez cura, milagrosamente, a un leproso. Nunca construye leprosarios. La antropología franciscana traslada el centro a la periferia. Mira, juzga, valora, actúa con los criterios de una marginalidad convertida en la nueva sociedad.

El franciscano es fraterno desde la experiencia de la fraternidad con el leproso. Se experimenta la fraternidad universal y cósmica desde la experiencia fraterna con el concreto pequeño de la piedra, el pájaro, la alondra, la ovejuela, el lobo. El mundo de los pobres es privilegiadamente fraterno, porque sólo desde esta experiencia se podrá aceptar la fraternidad con toda humana creatura. Es la experiencia del amor de la madre que privilegia los hijos con mayores problemas y más desprotegidos. Francisco ve el mundo desde el leproso. Su cosmovisión es propia de un "ordo", de un "status" excluido del sistema social. Por eso es que ve el mundo exactamente al revés.

Terminamos con este recorrido. La respuesta cristiana a la antropología es lucha constante por adquirir la nueva identidad que ofrece Cristo: hombre nuevo, tierra nueva, nuevos cielos. Estamos convencidos, porque así lo demuestra la historia, que el cristiano que opta por asumir libre y conscientemente la fe, estructurando sus datos en un sistema propio y coherente, está en inmejorables condiciones para lograr éxito en el combate.

El mundo hodierno está sediento de propuestas y de respuestas que le devuelvan su identidad en crisis o ya perdida. Necesita de utopías fuertes, antropologías con futuro, cosmovisiones capaces de asumir transformativamente la integridad de la realidad. Es un desafío al cual creemos que las grandes espiritualidades cristianas pueden dar respuesta cabal. desafío que el franciscano tiene que aceptar como portador de una identidad sin par. La tarea es nuestra.

 NOTAS


[1] TC 35 El mismo relato en AP  17. En cierta ocasión que el bienaventurado Francisco fue a visitarlo, el propio obispo le declaró: "Muy dura y áspera me parece vuestra forma de vida en lo que se refiere a no posee ni tener nada en este mundo". Le contestó el santo de Dios: ."Señor, si tuviésemos algunas propiedades, necesitaríamos también armas para defenderlas. Pues son ellas motivo de un sinfín de querellas y pleitos, que suelen estorbar al amor de Dios y del prójimo. Esta es la razón por la cual no queremos poseer ningún bien material en este mundo». Tal respuesta gustó al obispo.

[2] 1R 7. 2R 6.  Los hermanos no se apropien nada para sí, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna.

[3] CLRegl 

[4] LMayor 07.2 2Cel 58.  Volviendo un día de Verona con intención de pasar también por Bolonia, oye decir que recientemente habían construido allí la casa de los hermanos. En cuanto oyó la denominación “ casa de los hermanos”, volvió sobre sus pasos y se encaminó a otro lugar, sin acercarse a Bolonia.

[5] 1Cel. 35.

[6] 1Cel. 44.

[7] 2Cel 59.

[8] 2Cel 59.

[9] 2Cel 215.

[10] LMayor 08.5

[11] LMen 3.7

[12] SC nº 50

[13] "Si alguno atiende con diligencia a lo dicho, sin duda que, aunque las posesiones formal o causativamente no constituyen culpa, sin embargo, son frecuente ocasión de culpa, distrayendo de los bienes e inclinando a los males... Siendo, pues, propio de la perfección no sólo evitar los pecados, sino también las ocasiones de los pecados... manifiesto es que, aunque el tener posesiones y riquezas no sea de suyo pecado, sino lícito, es sin embargo perfecto renunciarlas y carecer voluntariamente de ellas por Cristo". BUENAVENTURA S., Apologia Pauperum, C. 7, 27, en Obras, BAC, VI. 522-525. Esta obra de Buenaventura será ampliamente usada por los franciscanos del siglo XIV en su polémica contra la opinión de la Curia papal, por más que el ambiente de la polémica del siglo XIII sea muy diferente.

[14] "En primer lugar, pues, pruebo por la Sagrada Escritura y por otros textos no despreciables, que existió, fuera del pueblo de Dios y fuera de la Iglesia Católica,  verdadero dominio de las cosas temporales y verdadera jurisdicción temporal, no sólo permitida, sino también concedida y ordenada por Dios... Por estas palabras queda más que claro que el Señor dio a algunos infieles cosas temporales y que, por lo tanto, los infieles tuvieron verdadero dominio de estas cosas."  OCKHAM, G. Brevilóquio sobre o principado tirânico, Vozes 1988, 98-99.

[15] BONAGRATIA, Tractatus de Christi et Apostolorum Paupertate, AHF, 22 (1929) 292-335; 487-511, 51 (489).66 (504).

[16] TOCCO, La quistione della povertà nel Secolo XIV, Napoli 1910  33 - 34. 206

[17] De perfectione evangelica, q.2, a.1, concl., Opera omnia, Quaracchi, V, 129,

[18] TOCCO,  74

[19] DUNS ESCOTO J., Opus oxoniense, IV, d XIV, q II, n 3-4. XVIII, 256-257 "Solamente en base al derecho humano podemos afirmar que esta villa es mía, tal casa es de mi propiedad, este siervo me pertenece. Estamos ante leyes humanas, ante legislación imperial".  CLARENO, A., Expositio Regulae Fratrum Minorum, Quaracchi 1912,  146.

[20] "Ya en los años precedentes al 1322, el problema de la pobreza evangélica fue apuntado como íntimamente asociado al tema del estatuto salvífico y normativo  de la Regla Franciscana y este tema, a su vez, como directamente concerniente a la cuestión del límite de la autoridad pontificia."  TABARRONI, Paupertas Christi et Aspotolorum. L'ideale francescano in discusione (1322-1324), Istituto Storico Italiano per il Medievo, Roma 1990,  19-20 .

[21] "Las estructuras económicas y sociales vigentes en Brasil, están edificadas sobre la opresión y la injusticia, que provienen de una situación de capitalismo dependiente de los grandes centros internacionales del Poder. Dentro de nuestro país, pequeñas minorías, cómplices del capitalismo internacional, y a su servicio, se empeñan por preservar una situación creada en su favor,. Se instaló una coyuntura que no es humana y que, por el mismo hecho, no es cristiana... Los ricos se vuelven cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, por el proceso avasallador de concentración económica inherente al sistema." Carta pastoral de los obispos y superiores religiosos del Nordeste del Brasil. Ouví os clamores do  meu povo. SEDOC, noviembre 1973/608-628.

[22] FIL 2:6-11

[23] JACOBO DE VITRY, Sermón 2  .p 153

[24] CtaO

[25] 1Cel. 24.

[26] 2Cel 200. Buenaventura reporta también el hecho: LMayor 07.1 "Sabed, hermanos, que la pobreza es el camino especial de salvación, como que fomenta la humildad y es raíz de la perfección, y sus frutos  - aunque ocultos -  son múltiples y variados.

[27] LeyPer 103.

[28] EspPerf. 37. LMen 3.7  Como en todos los pobres veía la efigie de Cristo, al encontrarse con ellos, no sólo les daba liberalmente aun aquellas cosas necesarias para la vida que a él le habían proporcionado, sino hasta juzgaba debían serles restituidas como si fueran propiedad suya. Por eso no perdonaba nada, ni manteles, ni túnicas, ni libros, ni ornamentos de altar sin entregar todas estas cosas - en cuanto podía - a los pobres deseando cumplir el deber de la perfecta piedad hasta desgastarse a sí mismo.

[29] Adm 4.  Nadie se apropie la prelacía   No vine a ser servido, sino a servir (Cf Mt 20,28), dice el Señor. Los que han sido constituidos sobre otros, gloríense de tal prelacía tanto como si estuviesen encargados del oficio de lavar los pies a los hermanos. Y cuanto más se alteren por quitárseles la prelacía que el oficio de lavar los pies, tanto más atesoran en sus bolsas para peligro del alma (cf. Jn 12,6)

[30] 1R 17.  Y ningún ministro o predicador se apropie el ser ministro de los hermanos o el oficio de la predicación; de forma que en cuanto se lo impongan, abandone su oficio sin réplica alguna.

[31] AlHor

[32] Adm 7.

[33] Adm 11.

[34] Adm 18.

[35] 2Cel 92.

[36] Tómese, por ejemplo, este texto de las Admoniciones a modo de muestrario del significado del Espíritu de Cristo en el contexto de la espiritualidad de desapropiación total del hermano menor: "Así puede conocerse si el siervo de Dios tiene el Espíritu del Señor: si, cuando el Señor obra por medio de él algo bueno, no por ello se enaltece su carne, pues siempre es opuesta a todo lo bueno, sino más bien, se considera a sus ojos más vil y se estima menor que todos los otros hombres. " Adm, 12.

[37] 1R 17.  Por lo que, en la caridad que es Dios (cf. Jn 4,16), ruego a todos mis hermanos, predicadores, orantes, trabajadores,  tanto clérigos como laicos

[38] 1R 3.

[39] 1R 15.  Impongo a todos mis hermanos, tanto clérigos como laicos, que, cuando van por el mundo o residen en lugares, de ningún modo tengan bestia alguna ni consigo, ni en casa de otro, ni de ningún otro modo. Ni les sea permitido cabalgar, a no ser que se vean obligados por la enfermedad o por una gran necesidad.

[40] 1R 20.  Y mis hermanos benditos, tanto clérigos como laicos, confiesen sus pecados a sacerdotes de nuestra Religión

[41] Cf 2Cel, 193. Quería, en fin, que la Religión fuera lo mismo para pobres e iletrados que para ricos y sabios. Solía decir: “En Dios no hay acepción de personas, y el ministro general de la Religión - que es el Espíritu Santo - se posa igual sobre el pobre y sobre el rico”. Hasta quiso incluir estas palabras en la Regla pero no le fue posible, por estar ya bulada.

[42] TC. 36.

[43] AP  18.

[44] Cf 2Cel,  151. 2Cel 151.  Llegó a decir una vez a sus compañeros: “Entre otras gracias que la bondad divina se ha dignado concederme, cuento ésta: que al novicio de una hora que se me diera por guardián, obedecería con la misma diligencia que a otro hermano muy antiguo y discreto... Cuanto es más desestimable quien preside, tanto más agradable es la humildad de quien obedece”.

[45] No voy a colocar las  citas de los textos más conocidos de las dos Reglas, dado que son demasiado obvios al lector. Me remito al texto completo, leído en clave neumatológica.

[46] SC 23 : "No sois vosotros los que habláis -dice Señora Pobreza- es el Espíritu Santo que habla por medio vuestro, y su misma unción os va enseñando todas las cosas que habéis hablado acerca del Rey Altísimo."

[47] Cf TC, 36.

[48] Cf 2Cel,   195; LP,  103-105.

[49] Cf CtaAnt

[50] OCKHAM,  78-79; 86-87

[51] Cf CtaL

[52] 1R 2.

[53] 1R 9

[54] 1R 3 Para entender la real portada de este “precepto” de la regla franciscana debe comparársela con la minuciosa reglamentación de prácticamente todas las demás formas de vida. 

[55] 1R 5

[56] 2R 2.  Después, concédanles las prendas del tiempo de la probación; o sea: dos túnicas sin capucha, y cordón, y calzones, y capotillo hasta el cordón; a no ser que a los mismos ministros les parezca alguna vez otra cosa según Dios.

[57] 1R 21.

[58] 1R 16 Así pues, cualquier hermano que, por divina inspiración, quiera ir entre sarracenos u otros infieles, vaya con la licencia de su ministro y siervo. Y el ministro déles licencia y no se la niegue, si los ve idóneos para ser enviados; pues tendrá que dar cuenta al Señor (cf. Lc 16,2) si en esto o en otras cosas procede sin discernimiento... Y los hermanos que van, pueden comportarse entre ellos espiritualmente de dos modos.  Uno, que no promuevan disputas y controversias, sino que se sometan a toda criatura  por Dios (1 Pe 2,13) y confiesen que son cristianos . Otro, que, cuando les parezca que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios.

[59] Cf BORMIDA J., "Ir" por el mundo, la misión, 1ª Regla Cap. XVI, Santiago de Chile 1986, 25-37. Creo que en este estudio queda en evidencia la estrecha dependencia que existe entre proyecto de misión y renuncia a todo tipo de propiedad. Francisco no tiene interés en la guerra contra el sarraceno porque no tiene propiedades inmuebles que defender en Europa, ni intereses comerciales, ni verdades teológicas para colocar en nuevos mercados. Francisco y los suyos son pacíficos porque no son propietarios.

[60] Cf SalVir, 14-18.

[61] Cf Adm,  3;

[62] 1R 5.

[63] Cf Adm,  3.

[64] LeyPer 104.  En otra ocasión, estando el bienaventurado Francisco sentado y calentándose junto a la lumbre, volvió el novicio a hablarle del salterio. El bienaventurado Francisco le dijo: “Cuando tengas un salterio, anhelarás tener un breviario; y, cuando tengas un breviario, te sentarás en un sillón como un gran prelado y dirás a tu hermano: ‘Tráeme mi breviario’.

[65] 2 CtaF. 54-56 ¡Oh, cuán glorioso es tener en el cielo un padre santo y grande! ¡Oh, cuán santo es tener un esposo consolador, hermoso y admirable! ¡Oh, cuán santo y cuán amado es tener un tal hermano e hijo agradable, humilde, pacífico, dulce y amable, y más que todas las cosas deseable!"