EL "IR POR EL MUNDO":

LA MISION ENTRE INFIELES

Jerónimo Bórmida

Taller de lectura de textos

PRIMERA REGLA:

CAPÍTULO XVI

La misión entre los sarracenos u otros infieles

o uno de los modos de ir por el mundo los hermanos

por los caminos de la propia conversión.

"Fuentes Franciscanas" 3

EDICIONES CEFEPAL 1984

I N D I CE

ESQUEMA DE TRABAJO DEL TALLER

1. LOS PRESUPUESTOS

2. EL TEXTO

La Regla El Texto

La estructura del texto

Sinopsis de las dos Reglas sobre la misión

entre infieles

La estructura -El texto en traducción castellana

Las preguntas que nacen del texto

3. LAS BIOGRAFÍAS

4. LAS CRONICAS

5. LA CRUZADA

La historia contemporánea

Una Bula de Inocencio III

Otros carismas, otras opciones, otra "misión

6. HOY

La Regla no bulada y nuestra misión actual

ESQUEMA DEL TRABAJO DE TALLER

1°. Los prejuicios del lector

En el ejercicio-taller de lectura de textos buscamos evidenciarlos mediante una pequeña introducción y el simple ejercicio del "concordar-discordar".

A pesar de la insistencia, olvidamos--presionados como estamos por la cultura e ideología ambiental--que "juicio", "mental", no están apuntando fundamentalmente a elementos del tipo "teóricos"... O el ejercicio-taller de lectura toca a la "vida-vivida" del lector, o no provoca la dialéctica propia y original del encuentro interpersonal.

2°. El texto

Acercarse a un texto y no primariamente a las interpretacioncs históricas de un escrito o de un hecho, implica un severo ejercicio que permita determinar con relativa certeza:

--época de composición; --proceso redaccional; --género literario; --autor; --estructura del texto; --vocabulario.

3°. Preguntas que nacen del texto

Un texto correctamente leído es una cantera inagotable: no sólo ni en primer lugar de respuestas a nuestras preguntas previas; sino que, por el contrario, una buena lectura provoca una avalancha de preguntas nuevas, inéditas: abre el horízonte de comprensión, no lo cierra.

Por eso el taller de lectura supone un ejercicio de ascesis ante la curiosidad despertada: continuar el trabajo con cierta posibilidad de éxito implica selección, "optar" por aquellas preguntas que, al menos para nosotros y en este momento del proceso de lectura, son más importante.

4°. La biografía y otros géneros de la época

Las biografías de sus contemporáneos "las fuentes") y otros escritos de su tiempo (crónicas primitivas de la Orden, Jacobo de Vitry..., documentos papales...) nos permitirán obtener alguna respuesta a nuestras preguntas, y en la medida de la corrección de esta ulterior lectura, nos abrirá a nuevas preguntas, nos ayudará a formular mejor las que habíamos expresado.

...Otra selección, otra opción entre la avalancha de interrogantes.

5°. La historia contemporánea

Los contextos políticos, sociales, económicos, culturales, religiosos, eclesiales, teológicos... todo lo que la historia de la época nos puede ofrecer.

Sólo así el texto puede ser entendido como respuesta propuesta en las coordenadas históricas que lo dieron a luz y que probablemente fueron también engendradas por el texto.

6°. La lectura del texto, hoy

Una vuelta de tuerca: nuestra comprensión previa del texto en diálogo nuevo y original con el texto: es cuestión de volver a los resultados del "concordar-discordar" y comparar nuestros juicios con los resultados obtenidos... Puede también hacerse la correlación crítica con las Constituciones de la Orden, con los documentos de los Consejos Plenarios, decisiones capitulares...

LOS PRESUPUESTOS

El pretexto

Vamos a enfrentarnos a un ejercicio de lectura de un texto muy antiguo, lejano, espacial, temporal y culturalmente a nuestras coordenadas actuales. Los presupuestos políticas eclesiales, económicos son tan diferentes a los nuestros como para impedirnos la ilusión de una relectura fácil, de una transposición ingenua de modelos con ocho siglos de antigüedad. Las expresiones hasta pueden resultar aparentemente muy familiares, por más que sean de hecho equívocas con nuestros homónimos.

Tomamos el capítulo XVI de la primera Regla, o Regla no Bulada, porque nos interesa sobremanera clarificar el tema de la "misión" franciscana, en cuanto ésta pueda ser específica y original dentro de la misión universal de la Iglesia. Elegimos la primera regla y no la "canónica" porque la suponemos más cercana al pensamiento originante de los inicios. Partimos de muchos pre-supuestos: no es la primera vez que abordamos el tema, hemos leído multitud de cosas, hemos escuchado muchedumbre de doctores, profesores, maestros, confesores, directores de retiro; y hemos manejado documentos de toda índole. Estamos sin duda pre-juiciados al intentar la exégesis del texto en cuestión.

Corremos el riesgo de que dicha lectura sea un pretexto para seguir con nuestro consciente o inconsciente proceso ideologizador, discurso previo. Por eso, será necesario evidenciarlo.

Los esquemas

La persona o el grupo que quiera leer honestamente el texto de la Regla para escuchar realmente lo que su autor quiere comunicar a través de la página escrita, debe saber concientizar un doble esquema mental: el propio y el del autor.

No podemos ilusionarnos con la suficiencia de poner en discusión algunas afirmaciones aisladas de su contexto globalizante. Tras el modo de concebir "la misión" hay que saber nombrar el modo correspondiente de "ver el mundo". Antropología, opciones políticas, situación de clase o status al cual se pertenece, eclesiología, cristología...

No siempre las concepciones conforman un todo armónico, y es más frecuente de lo que desearíamos la convivencia relativamente pacífica de cosmovisiones contrastantes en la misma persona en actos sucesivos. Allí la causa de una especie de mala conciencia casi habitual en nuestros exámenes personales y evaluaciones fraternas.

Estos esquemas más-o menos paralelos, convergentes y divergentes también, hay que suponerlos en los textos que analizamos críticamente. Sobre todo en los que tienen un origen plural. como la Regla.

Concordar y discordar

Un ejercicio para facilitar la conversación del grupo y evidenciar la autocomprensión de "la misión franciscana". Nos preguntamos si las frases siguientes expresan o no y hasta qué punto la especificidad de la misión franciscana en la Iglesia. En lectura personal poner a cada frase una nota del uno al diez. De modo que "1" es desacuerdo y "10" pleno acuerdo. Con todos los matices intermedios posibles. Luego del trabajo personal ponemos en común y tratamos de llegar a algunos acuerdos grupales, señalando también los desacuerdos. Inclusive los desacuerdos de un miembro del grupo. Aquí las frases:

 

I. Nadie es llamado por sí mismo, y para la misión es básico el envío de la fraternidad.

2. El Espíritu Santo que habita en cada uno de los creyentes y el hecho de haber sido bautizados es el constitutivo esencial de la misión "canónica".

3. Sentir con la Iglesia es un dato caracterizante de la misión franciscana.

4. Estar en sintonía con la Jerarquía y obedecer en todo al Papa es otro de los datos fundantes de la criteriología franciscana en la misión.

5. Sin oración no hay verdadera misión.

6. La misión es una tarea, un trabajo, una empresa y exige preparación cualificada del "misionero", y esto más que una pretendida inspiración o vida interior.

7. Lo principal en la misión es ponerse en camino, buscar, salir hacia el otro y nunca se está preparado para comenzar.

8. En la misión, el objetivo fundamental es la conversión del destinatario de la evangelización.

9. El misionero tiene que buscar sobre todo iniciar, descubrir, acompañar, según los casos, los procesos de liberación popular.

10. No hay misión sin liberación política, económica, social de los pueblos evangelizados.

11. Lo característico del misionero franciscano es su capacidad de no hacer nada por y para los demás, distinguiéndose por su presencia cristiana que acompaña los pasos del pueblo misionado.

12. La misión franciscana consiste en ser tapaagujeros de y en la Iglesia.

13. El misionero franciscano es un "todero", no especializado en nada.

14. Antes de evangelizar uno tiene que evangelizarse a sí mismo: el anuncio es como una explosión del Jesús que está dentro.

15. Lo principal es el testimonio, las obras valen más que las palabras.

16. Un hermano puede evangelizar dedicando su vida a cocinar para los hermanos.

17. Un misionero tiene que acompañar los procesos populares hasta generar nuevos modelos de Iglesia popular.

18. Una casa de oración o un eremitorio es un elemento típico de la misión franciscana, y una provincia que no cuenta con ella no es franciscana, al menos plenamente.

19. Las provincias deben revisar todas sus obras si quieren hacer una misión que sea reconocida por los demás como franciscana.

20. La gente confunde a los frailes con simples curas seculares.

21. Un misionero franciscano termina padeciendo siempre la persecución, en algún momento y en cualquier parte.

22. Más que predicar o ayudar a los otros la misión es compartir la experiencia de vida de la gente: comer, vestir, pensar, vivir en casas como las de los destinatarios de la misión, y consecuentemente hablar las palabras de Dios en lenguaje popular.

23. La misión franciscana es esencialmente de carácter laical.

24. Debemos responder en las diócesis a lo que los obispos quieran, de acuerdo, claro está, al magisterio de la Iglesia universal y a la voluntad del Papa.

25. Misión es la vivencia de la originalidad del testimonio de vida fraterna y evangélica.

26. El franciscano busca proponer alternativas a la misión y al ser de la Iglesia, aunque esto le traiga problemas y contradiga la voluntad de la Jerarquía eclesiástica.

27. Los franciscanos se distinguen por estar en "la frontera" de la Iglesia, no por dedicarse a la pastoral de conservación.

28. El franciscano establece sobre todo una relación de tipo personal, de persona a persona, más que de orden institucional .

29. Si no hacemos la opción por ser pobres y por los pobres, es mejor que nos pasemos al clero secular.

30. El franciscano no tiene apostolados propios.

31. Hay que obedecer al Espíritu Santo y seguir a Jesús histórico, aunque esto, por fuerza, nos haga desobedecer a la Jerarquía.

32. Lo principal de la misión franciscana es hacer sentir con la propia vida, simple y alegre, que vale la pena ser cristiano.

33. El misionero franciscano es poco activo, es más que hace, contempla más que habla.

34. El misionero franciscano nunca dirige nada y está siempre al servicio de todos, en último lugar.

35. El misionero franciscano se distingue por ser peregrino, itinerante, por no quedar mucho tiempo en ningún lugar.

36. Los franciscanos se distinguen por no tener obras masificadoras, porque cada hermano puede realizar su carisma personal y de modo personalizante.

37. La principal tarea franciscana es no tener propiedades, no necesitar dinero para sus obras, vivir pobre entre los pobres.

38. Los franciscanos son hombres de paz, y su misión no dice a los movimientos populares de lucha armada ni pueden ser capellanes militares.

39. La misión franciscana consiste en evangelizar la cultura del lugar.

40. La misión franciscana es universalista y está más allá de las culturas locales.

4I. (Puedes añadir las frases que quieras y juzgues importantes para una correcta definición)

.

 

Para confrontar al final

El resultado de acuerdo y desacuerdo con todas las frases anteriores, la formulación de otras nuevas, la búsqueda de acuerdos y discrepancias grupales, la puesta en común del trabajo en grupos pequeños y la discusión en plenario, puede ayudar a delinear diversos esquemas mentales en torno al tema de la misión franciscana.

Puede que haya muchos más elementos comunes de los que imaginamos: puede ser fruto de una identidad progresivamente clarificada en estos últimos años, al menos en teoría. Puede también que provenga de una eclesiología común supuesta en nuestros actuales trabajos y presencias, uniformes. Puede que sean filtraciones de las ideologías medioambientales. El juicio no es frecuentemente fácil, y en todos los casos resulta muy matizado.

Sea como fuere, lo que interesa para el presente ejercicio de lectura de textos es haber hecho presente a nuestra conciencia nuestros actuales juicios en relación con el tema que trata específicamente el texto de la Regla a analizar. Porque, inevitablemente, estos pre-juicios estarán siendo lentes a través de los cuales estaremos leyendo, interpretando, reduciendo a otros esquemas...

Es inevitable, y no es, en principio, malo. Más aún, hemos de presuponer su bondad radical. Pero el hecho innegable es que, no concientizando, puede hacer que nosotros tengamos sólo la ilusión de leer un texto de san Francisco, cuando estamos solamente releyendo nuestro pre-texto, confirmando nuestros prejuicios, mirándonos en el espejo de nuestras cosmovisiones más o menos estrechas.

Al final del trabajo deberemos confrontar este nuestro esquema actual con el texto leído, analizado, entendido. No necesariamente para caer en la cuenta de que, siempre, todo está errado. Podemos tener la gozosa experiencia de vernos guiados por el Espíritu que guió a Francisco de Asís. Podemos corregir parcialmente nuestras afirmaciones y modificar nuestro esquema sin abandonarlo... Pero necesariamente debemos llegar a la confrontación para la acción.

EL TEXTO

Redacción capitular

No podemos esperar, pues, un texto armónico, coherente en si mismo y con resto de la Regla y de los demás escritos. "Los hombres de esta Religión, una vez al año, y por cierto para gran provecho suyo, se reúnen en un lugar determinado para alegrarse en el Señor y comer juntos, y con el consejo de santos varones redactan y promulgan algunas santas constituciones, que son confirmadas por el Señor Papa" (Jacobo de Vitry 1220, Escritos... BAC. p. 964). "Por lo demás, de todos aquellos capítulos de la Regla que hablan de pecados mortales, con la ayuda de Dios y el consejo de los hermanos, haremos uno solo de este género en el capítulo de Pentecostés" (CtaM 13).

Según la tradición de las Crónicas, a los textos escritos con mucha simplicidad, algún hermano experto añadía los correspondientes adornos escriturarios y las necesarias correspondencias jurídicas.

No podemos, por consiguiente, leer los textos de la Regla como un texto literario compuesto de corrido por un solo autor. Es fruto de un largo proceso redaccional que va desde 1209 hasta 1221. Tenemos que imaginar un texto elaborado, poco más o menos, como hoy acostumbramos a redactar las resoluciones capitulares, con varias redacciones y la inclusión de modos. El conjunto puede no ser armónico e incluir más de un aspecto o contradictorio o complementario.

Tendremos que prestar atención a determinadas reglas de juego propias del género literario. Agrupación de capítulos en torno a un tema aglutinante. Temas casi obligatorios en toda Regla: prólogo y declaración de principios; admisión, vestido y formación de los nuevos hermanos, gobierno, oración, trabajo, misión, corrección y penas, etc.

Muchas de las decisiones de los Capítulos son circunstanciales. Así pues, en una Regla hecha capitularmente encontramos decisiones de la fraternidad ante hechos concretos que exigen toma de decisión o clarificación, respuesta a las imposiciones del derecho canónico vigente: inclusión de exigencias circunstanciales, que no implican necesariamente aspectos esenciales al pensamiento original del "fundador". Textos que no son por lo tanto fundantes. Y textos que, sin duda, por el lenguaje, la reiteración, la formulación, son nucleares.

Para casos concretos

Según la exactísima definición del prólogo de la primera Regla, la forma vitae de los hermanos menores es "la vida del Evangelio de Jesucristo, cuyas huellas y doctrina debemos seguir". Parecería, pues, que Francisco no quiso redactar una Regla distinta del Evangelio, entendido como vida de Jesús, contenida--hechos y palabras--en la Escritura Santa. Un texto hermoso ayuda a entender la idea.

"Le parecía que había recogido del suelo pequeñísimas migajas de pan, que tenía que distribuir a numerosos hermanos que le rodeaban, hambrientos. Temía mucho distribuir migajas tan menudas, ante el riesgo de que se le deslizasen por las manos partículas tan diminutas; pero una voz del . cielo le animaba con voz poderosa: 'Francisco, haz con todas las migajas una hostia y dala a comer a los que quieran comerla'. Hizo el santo como se le había dicho, y cuantos no la recibían debidamente, o recibida, tenían a menos ese don, aparecían después notoriamente tocados de lepra. A la mañana siguiente, doliéndose el santo de no poder descifrar el misterio de la visión, la refiere a sus compañeros. Pero, poco más tarde, permaneciendo en vela en oración, se le dio a oír del cielo esta voz: 'Francisco, las migajas de la noche pasada son las palabras del Evangelio; la hostia es la regla; la lepra la maldad"' (2C 209).

En la concepción franciscana, la regla tiene que ser interpretada como sacramento. Lo que realmente importa es lo significado, el Evangelio. Vale decir, una vida según el Evangelio, un caminar tras Jesús. La Regla es el discipulado. Lo que podríamos llamar con más propiedad "reglas", en plural, son más parecidas a nuestras actuales constituciones. Un modo concreto de vivir el evangelio-regla según tiempos, lugares y frías regiones.

Esto equivale a afirmar algo muy simple: no podemos buscar en el capítulo a estudiar una teoría sobre la misión franciscana. No toparemos con una especulación sobre la esencia de la orden aplicada a los accidentes de un apostolado hipotético entre infieles. Si queremos entender el texto escrito hemos de saber entender la problemática histórica y concreta, vivida por la fraternidad, a la cual está respondiendo la "normativa" emanada de los capítulos.

El responsable de la redacción es un Francisco que ya hizo la experiencia de la "misión entre sarracenos". Fue, juzgó los hechos y los personajes. En el Capítulo se examina también lo sucedido a otros hermanos a los cuales no les fue tan bien. Recogida la experiencia, se dan algunas orientaciones útiles para el futuro.

La teología franciscana sobre la Regla, entendida como forma de vida evangélica aplicada a circunstancias concretas y hombres reales con sus necesidades vigentes,- ha de ubicarse dentro de la sacramentaria cristiana. La Regla no es sino sacramento de la única Regla. Sacramento, y como tal, para hombres por intermedio de hombres históricamente situados.

Luego de la experiencia de la misión, normas para la misión

"El capítulo XII de la Regla no bulada (1221), en que se trata del envío de misioneros, se nos presenta en efecto como una relectura corregida de arriba abajo del mismo comportamiento de Francisco. Este capítulo está pensado ante todo en función del Islam. En efecto, Francisco presentará un comportamiento-tipo "ante los sarracenos", que luego podrá generalizarse "ante los demás infieles". Pero este texto tenía que cuidarse al máximo, ya que los frailes llevaban consigo el texto de la Regla por todas partes donde iban, y cabía temer que un fraile fuera martirizado por los sarracenos si le encontraban la Regla entre las manos. Nada podrá escribirse en ellas que fuera injurioso contra el Islam...".

"Los frailes deben evitar sistemáticamente toda disputa. Estás justas teológicas a que tan dados son los cristianos, están prohibidas por el Corán. Francisco condena su propia ordalía en Damieta y a la vez formula un juicio severo contra los frailes de Marruecos, Túnez y Egipto, que sistemáticamente habían provocado la discusión, muchas veces injuriosa, para que el Islam terminara por perseguirlos y llevarlos al martirio. Se rechaza esta actitud. Al escuchar más tarde el relato de los mártires de Marruecos, Francisco prohibirá seguir con la lectura. ¿No descalificará secretamente a tales hermanos? En cualquier caso, jamás se ve a Francisco discutiendo con un hereje..." (De Ber, F.; San Francisco y el Islam; en Concilium, N° 169).

Ciertamente que impresiona su carta a las autoridades de los pueblos, cuando les "aconseja encarecidamente", "tributar al Señor tanto honor en el pueblo" a ellos "encomendado, que todas las tardes, por medio de pregonero y otra señal, se anuncie al pueblo entero para que rinda alabanzas y acciones de gracias al Señor, Dios Omnipotente".

El capítulo responde al período inmediato a la vuelta de Francisco de su experiencia islámica. Por lo tanto a una de las últimas etapas redaccionales de la Regla o bulada. Probablemente haya que remitir el capítulo al Capítulo de 1221. Esto explicaría las peculiaridades de lenguaje y la fina elaboración textual.

El bloque temático de "la misión", o el "ir por el mundo"

El capítulo XVI de la Regla no bulada titulado: "los que van entre sarracenos y otros infieles", está enmarcado dentro de un amplio margen de recomendaciones para una fraternidad definida como grupo de hermanos que 'van por el mundo" de modo peculiar.

La misión original de este grupo evangélico parece situarse en un caminar "por" el mundo, "entre" la gente, mezclado con el pueblo. Sin llevar nada, anunciando la paz, no litigando por ningún motivo, sometiéndose a toda criatura, trabajando de peón en cualquier trabajo honesto. Estas características se aplican con lógica a una "misión" especialmente difícil, entre infieles en guerra con el mundo cristiano, y a uno de los oficios más escabrosos para la fraternidad, el de la predicación.

Ir un poco más lejos no agrega nada sustancialmente nuevo al que es modo constitutivo y definitorio de hermanos que "van" doquiera el Señor los lleve, sin posesiones, pacíficos, modestos, humildes, sujetos a todos. Ejercer un oficio que está siendo fuente de conflictos en los grupos laicales pauperísticos similares, como el de la predicación, tampoco cambia sustancialmente nada del modo de ser igualitario, de oficios no exclusivos y transferibles, del modo humilde y pacífico de ser y de hablar.

El capítulo sobre la "misión entre infieles" no es sino la aplicación a un caso concreto de la forma de vida evangélica fundamental

EL TEXTO

El título: "de euntibus inter saracenos et alios infideles"

El participio del verbo ire no me parece correctamente traducido por "los que van". Es una forma correcta de hacerlo en castellano. No tenemos, como para otros verbos, la forma más sugerente de participios activos análogos. No se usa la forma "yentes", así como "amantes" para el correspondiente amar. Y así se nos pierde el movimiento continuo que sugiere el título. Me parece que "euntibus" podría mejor traducirse como "caminantes", "peregrinos". Así estaríamos ante uno de los nombres propios que definen la figura del hermano menor.

De hecho el verbo "ire" es muy poco usado en los escritos de san Francisco. De las 11 veces, cuatro aparecen en los textos paralelos de la primera y segunda Regla sobre la misión entre infieles. El mismo participio es usado en el capítulo inmediato anterior, referente a la prohibición de tener caballería y establos.

El verbo "vado" aparece unas 12 veces, a veces unido a la significativa expresión: "fratres, ubicumque sunt, vel vadunt". En ambos casos parece que estamos ante un modo original de "ser en el mundo": peregrinos, caminantes, donde fuera, entre cristianos o entre infieles.

"Entre' no "ad", o "apud". El verbo ire podría implementarse con otros adverbios. No es cuestión, pues, de que el hermano menor se dirija simplemente "hacia" para vivir "junto" a los infieles de cualquier condición. Ellos deberán ir a vivir "entre", con y como ellos, sujetos a ellos.

Pueden aclarar el sentido las siguientes citas: "Deben gozarse cuando conviven entre gente de baja condición y despreciada, entre pobres y débiles, y mendigos que están a la vera de los caminos" (RNB 9, 2). El mismo Señor fue el que lo condujo entre leprosos, aunque antes le parecía amarga la convivencia (cf. Test 2).

Alguien dijo una vez que la diferencia entre peregrino y turista es que el primero se queda un día en un lugar como si fuera a vivir allí toda una vida, mientras que el otro estaba siempre de paso... puede que varios años.

"Los hermanos no se apropien nada para s, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna. Y cual peregrinos y forasteros en este siglo, que sirven al Señor en pobreza y humildad, vayan por limosna confiadamente. Y no tienen que avergonzarse pues el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo" (RB 6 1-3). El modelo de la encarnación del "hombre entre los hombres que habla palabras de Dios" (cf. DV 4), es el modelo franciscano de la misión.

(Cap. XVI: De euntibus inter saracenos et alios infideles )

Dicit Dominus: «Ecce ego mitto vos sicut oves in medio luporum». Estote ergo prudentes sicut serpentes et simplices sicut columbae (Mt 10, 16). Unde quicumque frater voluerit ire inter saracenos et alios infideles, vadat de licentia sui ministri et servi. Et minister det eis licentiam et non contradicat, si viderit eos idoneos ad mittendum; nam tenebitur Domino reddere rationem (cfr. Lc 16, 2), si in hoc vel in aliis processerit indiscrete. Fratres vero, qui vadunt, duobus modis inter eos possunt spiritualiter conversari. Unus modus est, quodnon faciant lites neque contentiones, sed sint subditi omni humanae creaturae propter Deum (1 Petr 2, 13) et confiteantur se esse christianos. Alius modus est, quod, cum viderint placere Domino, annuntient verbum Dei, ut credant Deum omnipotentem Patrem et Filium et Spiritum Sanctum, creatorem omnium, redemptorem et salvatorem Filium, et ut baptizentur et efficiantur christiani, quia quis renatus non fueritex aqua et Spiritu Sancto, non potest intrare in regnum Dei (cfr. Joa 3, 5).

Haec et alia, quae placuerint Domino, ipsis et aliis dicere possunt, quia dicit Dominus in evangelio: Omnis, qui confitebitur me coram hominibus, confitebor et ego eum coram Patre meo, qui in caelis est (Mt 10, 32). Et: Qui erubuerit nze et sermones meos, et Filius hominis erubescet eum, cum venerit in maiestate sua et Patris et angelorum (cfr. Lc 9, 26).

Et omnes fratres, ubicumque sunt, recordentur, quod dederunt se et reliquerunt corpora sua Domino Jesu Christo. Et pro eius amore debent se exponere inimicis tam visibilibus quam invisibilibus; quia dicit Dominus: qui perdiderit animam suam propter me, salvam faciet eam (cfr. Lc 9, 24) in vitam aeternam (Mt 25, 46). Beati qui persecutionem patiuntur propter iustitiam, quoniam ipsorum est regnum caelorum (Mt 5, 13 10). Si me persecuti sunt, et vos persequentur (Joa 15, 20). Et si persequuntur vos in una civitate, fugite in aliam (cfr. Mt 10, l8-23). Beati estis 14 (Mt 5, 11), cum vos oderint homines (Lc 6, 22) et maledixerint vobis (Mt 5, 11) et persequentur vos (cfr. l. c.) et separave1 int vos 15 et exprobraverint et eiecerint nomen vestrum tamquam malum (Lc 6, 22) et cum dixerint omne malum adversum vos mentientes propter me (Mt 5, 11). Gaudete in illa die et exsultate (Lc 6, 23), quoniam merces vestra, multa 16 est in caelis (cfr. Mt 5, 12). Et ego dico vobis amicis meis, non terreamini ab his (cfr. Lc 12, 4), et nolite timere eos qui occidunt corpus (Mt 10, 28) et post hoc non habent amplius quid faciant (Lc 12, 4). Videte, ne turbemini (Mt 24, 6). In patientia enim vestra possidebitis animas vestras (Lc 21, 19); et qui perseveraverit usque in finem, hic salvus erit (Mt ;0, 22; 24, 13).

CAPÍTULO XVI Los que van entre sarracenos y otros infieles

Dice el Señor: He aquí que os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10,16). Así pues, cualquier hermano que, por divina inspiración, quiera ir entre sarracenos u otros infieles, vaya con la licencia de su ministro y siervo. Y el ministro déles licencia y no se la niegue, si los ve idóneos para ser enviados; pues tendrá que dar cuenta al Señor (cf. Lc 16,2) si en esto o en otras cosas procede sin discernimiento.

Y los hermanos que van, pueden comportarse entre ellos espiritualmente de dos modos. Uno, que no promuevan disputas y controversias, sino que se sometan a toda criatura por Dios (1 Pe 2,13) y confiesen que son cristianos . Otro, que, cuando les parezca que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios para que crean en Dios omnipotente, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo, creador de todas las cosas, y en el Hijo, redentor y salvador, y para que se bauticen y hagan cristianos, porque, a menos que uno renazca del agua y el Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3,5).

Esto y otras cosas que agraden al Señor pueden decirles tanto a ellos como a otros, porque dice el Señor en el Evangelio: A todo aquel que me confesare delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre, que está en los cielos (Mt 9 10,32). Y: Si uno se averguenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria, con la del Padre y la de los ángeles (cf. Lc 9,26).

Y todos los hermanos, dondequiera que estén, recuerden que se dieron y abandonaron sus cuerpos al Señor Jesucristo. Y por su amor deben exponerse a los enemigos tanto visibles como invisibles; porque dice el Señor: Quien pierda su alma por mí causa, la salvará (cf. Lc 9,24) para la vida eterna (Mt 25,46). 2 Dichosos los que padecen persecución por la justicia porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,10). Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán (Jn 15,20). Y: Si os persiguen en una ciudad, huid a otra (cf. Mt 10,23). Dichosos sois cuando os odien los hombres, y os maldigan, y os persigan, y os excomulguen y reprueben, y rechacen vuestro nombre como malo, y cuando os achaquen todo mal calumniándoos por mi causa. Alegraós en aquel día y regocijaos (Mt 5,11; Lc 6,22-23), porque vuestra recompensa es mucha en los cielos. Y yo os digo a vosotros mis amigos: no les cojáis miedo (cf: Lc 12,4), y no tengáis miedo a los que matan el cuerpo (Mt 10,28)y ,después de esto no tienen más 9-20 que hacer (Lc 12,4). Mirad, no os turbéis (Mt 24,6). Pues en vuestra paciencia poseeréis vuestras almas (Lc 21,19), y el que perseverare hasta el fin, éste se salvará (Mt 10,22; 24,13).

 

La estructura del texto

La inclusión: al inicio y al fin nos encontramos con una serie de citas bíblicas, precedidas de un "dicit dominus". Posiblemente, según la tradición, "adorno" atribuible a Cesáreo de Spira. El procedimiento literario de la "inclusión" es muy habitual. Así se denomina cuando la unidad literaria se abre y se cierra con las mismas palabras y con idéntico tema: aquí la persecución.

 

El cuerpo: el cuerpo del capítulo aparece claramente dividido en tres secciones por la palabra "frater". Apertura y cierre universales, centro con las determinaciones particulares para los que de hecho están yendo entre infieles. En la apertura "todos" los hermanos pueden sentir la inspiración divina y son posibles del discernimiento del ministro. En el cierre "todos" los hermanos están obligados a la confesión de la fe ante los hombres. En el medio el modus operandi y sus etapas de los "misioneros entre infieles".

CAPÍTULO XVI

Los que van entre sarracenos y otros infieles

 

Dice el Señor: He aquí que os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10,16).
 
Así pues, cualquier hermano que, por divina inspiración, quiera ir entre sarracenos u otros infieles, vaya con la licencia de su ministro y siervo. Y el ministro déles licencia y no se la niegue, si los ve idóneos para ser enviados; pues tendrá que dar cuenta al Señor (cf. Lc 16,2) si en esto o en otras cosas procede sin discernimiento.
 
Y los hermanos que van, pueden comportarse entre ellos espiritualmente de dos modos.

Uno, que no promuevan disputas y controversias, sino que se sometan a toda criatura por Dios (1 Pe 2,13) y confiesen que son cristianos

. Otro, que, cuando les parezca que agrada al Señor, anuncien la palabra de Dios para que crean en Dios omnipotente, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo, creador de todas las cosas, y en el Hijo, redentor y salvador, y para que se bauticen y hagan cristianos, porque, a menos que uno renazca del agua y el Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios (cf. Jn 3,5).

Esto y otras cosas que agraden al Señor pueden decirles tanto a ellos como a otros,

 
Y todos los hermanos, dondequiera que estén, recuerden que se dieron y abandonaron sus cuerpos al Señor Jesucristo. Y por su amor deben exponerse a los enemigos tanto visibles como invisibles; porque dice el Señor:
 
porque dice el Señor en el Evangelio: A todo aquel que me confesare delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre, que está en los cielos (Mt 9 10,32). Y: Si uno se averguenza de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria, con la del Padre y la de los ángeles (cf. Lc 9,26). Quien pierda su alma por mí causa, la salvará (cf. Lc 9,24) para la vida eterna (Mt 25,46). 2 Dichosos los que padecen persecución por la justicia porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,10). Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán (Jn 15,20). Y: Si os persiguen en una ciudad, huid a otra (cf. Mt 10,23). Dichosos sois cuando os odien los hombres, y os maldigan, y os persigan, y os excomulguen y reprueben, y rechacen vuestro nombre como malo, y cuando os achaquen todo mal calumniándoos por mi causa. Alegraós en aquel día y regocijaos (Mt 5,11; Lc 6,22-23), porque vuestra recompensa es mucha en los cielos. Y yo os digo a vosotros mis amigos: no les cojáis miedo (cf: Lc 12,4), y no tengáis miedo a los que matan el cuerpo (Mt 10,28)y ,después de esto no tienen más 9-20 que hacer (Lc 12,4). Mirad, no os turbéis (Mt 24,6). Pues en vuestra paciencia poseeréis vuestras almas (Lc 21,19), y el que perseverare hasta el fin, éste se salvará (Mt 10,22; 24,13).

 

VOCABULARIO

Mitto: aparece pocas veces indicando al tema de la misión de los hermanos. Prácticamente sólo lo vemos en tal sentido en el contexto del presente capitulo. En la mayoría de los pasajes apunta a la misión de Cristo, enviado por el Padre. Fuera del capitulo de la misión en las Reglas, sólo encontramos el pasaje siguiente:

"Escuchad, señores míos y hermanos míos y prestad atención a mis palabras (Hech 2, 14). Inclinad el oído (Is 53, 3) de vuestro corazón y cumplid sus consejos perfectamente. Alabadlo porque es bueno (S 153, 1), y enaltecedlo en vuestras obras (Tob 13, 6), pues para esto os ha enviado al mundo entero, para que de palabra y de obra, deis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay otro omnipotente sino él (Tob 13, 6)...". Texto realmente significativo, contenido en la "Carta a la Orden", probablemente de misma época redaccional.

Oves in medio luporum: es la única vez que aparece la cita en los escritos de san Francisco, y la única vez que es mencionado el "lobo"... aunque interesaría comentar este texto con el episodio del lobo de Gubbio, escapándonos de la crítica textual. Ovejas, término que aparece siete veces sin mayor vinculación con el tema que nos interesa.

Quicumque fratrum: cualesquiera de entre los hermanos, expresión de primerísima importancia si se quiere entender el espíritu de la primitiva fraternidad franciscana, normada por la regla-sacramento del evangelio. Indica que los destinatarios son la universalidad de los hermanos, sin ninguna distinción:

"Por lo tanto, cualesquiera que envidia a su hermano por el bien que el Señor dice o hace en él, incurre en el pecado de blasfemia, porque envidia al Altísimo mismo (cf. Mt 20, 15) que es quien dice y hace todo bien" (Adm 8). "Y cualesquiera que venga a ellos, amigo o adversario, ladrón o bandido, sea acogido benignamente" (lR 7, 14).

La expresión, en sus múltiples posibilidades de declinación latina, aparece 28 veces en los escritos y es bien significativa de un espíritu que no pone restricciones al Espíritu: a todas y cualesquiera de las casas en que entren, sin distinción, se debe desear la paz (lR 14, 2); en cualquier lugar donde se encuentren trabajando (cristianos o sarracenos) en casa ajena "apud alios") serán súbditos de los que allí trabajan, fieles o infieles (lR 7, 1). La penitencia se recibe de cualesquiera de los sacerdotes católicos, y así siguiendo.

Divina inspiratione: aunque el texto crítico que transcribimos, de C. Esser, pone la expresión en nota crítica, como texto posible, otras ediciones criticas lo introducen. Fuera de esta inclusión hipotética en el capitulo que estamos estudiando, aparece sólo otras dos veces en los escritos. En el paralelo de la Regla Bulada y en el capítulo de la admisión y vestido de los hermanos de la No bulada, desapareciendo del paralelo de la Bulada.

"Si alguno, queriendo, por divina inspiración, abrazar esta vida, viene a nuestros hermanos, sea benignamente recibido por ellos (lR 2, 1). Véase el texto, en ambos capítulos, de la segunda Regla y se verá a las claras cómo la "inspiración divina" está mucho más matizada, exigiéndose en ambos casos el discernimiento y juicio, duro, del ministro. Tendíamos que remitirnos al estudio de términos análogos, tales como "spiritualiter" y "spiritus". Para contemplar y entender la acción del "ministro General de la fraternidad, la cual realiza sus capítulos en Pentecostés, y nadie más le revela lo que tiene que hacer (Test 14).

Volúerint: el verbo aparece 100 veces en los escritos. Como para hacer pensar en el "voluntarismo" franciscano. Agréguense la 5 de "voluntarie" y las 30 de "voluntas", para entender que esta expresión es algo más que ocasional. Apunta a un nuevo modo de obrar propio de la nueva fraternidad, fundado en la voluntad libre de optar por Dios y por el prójimo.

'Abandona lo que posee y pierde su cuerpo aquél que se entrega a sí mismo totalmente a la obediencia en manos de su prelado. Y todo cuanto hace o dice, si sabe que no está contra la voluntad del prelado y mientras sea bueno lo que hace, constituye verdadera obediencia. Y si alguna vez el súbdito ve algo que es mejor y de más provecho para su alma que lo que le manda el prelado, sacrifique lo suyo voluntariamente a Dios, y procure, en cambio poner por obra lo que le manda el prelado. Pues esta es la obediencia caritativa (cf. 1 Ped 1, 22) porque cumple con Dios y con el prójimo. Pero si el prelado le manda algo que está contra su alma, aunque no le obedezca, no le abandone. Y si por ello ha de padecer persecución... Pues hay muchos religiosos que, so pretexto de que ven cosas mejores que las que mandan sus prelados, miran atrás (1Cel 9, 62) y tornan al vómito de la voluntad propia (cf. Prov 26, 11; 2 Ped 2, 22); y éstos son homicidas..." (Adm 3).

Vadant: El capítulo 15 prescribe a todos los hermanos "euntibus per mundum", sin distinción tanto a los clérigos como a los laicos, cultos e incultos, "nobles o plebeyos", que no tengan ni establos ni caballería, así como el capítulo precedente establecía las notas distintivas de ese ir por el mundo. El verbo, pues, no expresa una acción puntual, ocasional, sino un modo de ser estable, permanentes-pererinos. Por eso es que en las reglas "normales" de otros religiosos de la época podemos encontrar frases tales como: "... los hermanos no salgan del convento sin permiso del superior". Mientras que la forma de vida franciscana prescribirá que el hermano, una vez "recibido a la obediencia" no podrá lícitamente "vagar (evagari) fuera de la obediencia" (cf. lR 2, 9-10). El hermano cumple con el mandato del Señor mientras "camine en la obediencia" (cf. lR 5,16). Los hermanos "van" para vender todo lo que tienen y darlo a los pobres (1, 3), "van" por limosna (7, 9); no pueden "ir" con quienes anden en busca de lucro torpe (8, 2, 10). Los hermanos de la vida evangélica, como los primeros cristianos, son "los del camino" (Hech 9,1-5).

De licentia: expresión muy poco empleada. Dos veces en el presente capítulo y otras seis en la Regla bulada, dos de las cuales en paralelo.

Ministri et servi: la aclaración de "siervos" para la palabra "ministros" parecería indicar que se quiere aplicar la expresión al uso habitual: minister designa al aprendiz del artesanato, en oposición a magister. El ministro nunca es en la nueva fraternidad el "prior", el "pater"; es el siervo, el aprendiz, siempre, en el camino del seguimiento de Cristo emprendido por el conjunto de los hermanos. Y es obligación de éstos velar, ante todo, por la conducta de los ministros y siervos y no a la inversa. "Porque si alguno de los ministros manda a un hermano algo contra nuestra vida o contra su alma, el tal hermano no esté obligado a obedecerle, pues no hay obediencia allí donde se comete delito o pecado. Sin embargo todos los hermanos que están bajo los ministros y siervos, consideren razonable y atentamente la conducta de los ministros y siervos; y si vieren que alguno de ellos se comporta carnal y no espiritualmente, en conformidad con nuestra vida, y después de una tercera amonestación, no se enmienda... (1R 5).Curiosamente sólo después de un segundo paso: la corrección a nivel de los hermanos entre sí, viene la mención de la obligación que tienen los ministros de corregir a sus "súbditos"... "Y a este propósito, ninguno de los hermanos tenga poder o dominio, y menos entre ellos". La referencia, pues, al ministro y siervo, cuya licencia se debe obtener para ir entre infieles o para vagar por el mundo, nos introduce en el tema mucho más amplio de la obediencia franciscana. Nótese que la mención de la Regla Bulada a los Ministros Provinciales, supone una estructura rápidamente creciente en la orden

Non contradicat: Expresión poco usada, pero que toca un punto neurálgico de la obediencia. El hermano "sintió" la inspiración divina, y nadie puede contradecir al Espíritu, que éste es uno de los pecados que no se perdonan. El hermano que va a "misión" no es enviado por el ministro, sino por el Espíritu. Ya citamos el cap. 5 de la Regla Bulada y la Adm. 3. La obediencia verdadera es obrar libremente, sin pedir permisos, baste con saber que lo que se hace no está en contra de la voluntad del "prelado". La obediencia caritativa consiste en morir a si mismo poniendo en manos de los hermanos lo más precioso del ser persona, la voluntad libre y propia. La obediencia perfecta es no obedecer y... quedar dentro de la fraternidad, afectiva y efectivamente dentro. No se puede, de ningún modo, contradecir al Espíritu, ni obedeciendo contra conciencia, ni rompiendo la comunión, obra del Espíritu.

Idóneos: Palabra que sólo aparece en los dos textos paralelos sobre la misión entre infieles. La experiencia fue aconsejando en el caso un tipo de discernimiento muy preciso. Se puede presumir que muchos martirios se obtuvieron mediante la tozudez o estupidez. Hay que estar preparado para ir". Recuérdese el jocoso, pero instructivo, misionar de los hermanos en las primeras expediciones en las regiones ultramontanas:

"Cumplidos once años desde el inicio de la Religión, y multiplicado el número de los hermanos, se eligieron ministros y se les envió con algunos hermanos por casi todas las regiones del mundo en que estaba implantada la fe católica. En ciertas regiones los acogieron, pero les prohibían terminantemente construir pequeñas residencias. De otras los expulsaron, recelosa la gente de que no fueran verdaderos cristianos, dado que el Papa no había todavía confirmado, sino sólo concedido, la Regla. Por esta particularidad, los hermanos sufrieron muchos vejámenes tanto por parte del clero como de los laicos. Algunos fueron dejados desnudos por ladrones. Volvieron al bienaventurado Francisco muy angustiados y desalentados. Les acaecieron aquellas tribulaciones en Hungría, en Alemania y en otros países transalpinos" (AP 44).

Los desastres pueden haber sido aún mayores en el mundo musulmán, dado el drástico cambio en cuestión de licencias y examen de idoneidad del paralelo de Regla Bulada. Aquí el ministro casi "tiene" que contradecir al hermano que pide y no puede otorgar indiscretamente la obediencia.

Indiscrete: "Donde hay misericordia y discreción, no hay superfluidad ni endurecimiento" (Adm 27). El discernimiento es un tema muy importante. Sabe a misericordia, se opone a superfluidad y a endurecimiento. Es el mismo discernimiento que hay que usar en la administración del santísimo cuerpo y sangre y en las santísimas palabras escritas del Señor, el mismo que se debe usar para reconocer al Espíritu en el hermano. "Todos los que ejercen tan santísimos misterios, especialmente los que los administran sin discernimiento..." deberán dar cuentas (indiscrete, reddere rationem) en el día del juicio (CtaC 4-6.14). La misma conexión de vocabulario, las mismas ideas de base.

Reddere rationem: "Y recuerden los ministros y siervos que dice el Señor: no vine a ser servido sino a servir (Mt 2, 28) y que les ha sido confiado el cuidado de las almas de los hermanos, de las cuales tendrá que "reddere rationem", en el día del juicio (Mt 12, 36) ante el Señor Jesucristo, si alguno se pierde por su culpa y mal ejemplo" (11 4, 6). La expresión recurre cinco veces en los escritos. Las cuentas se rinden ante Jesucristo, el juez.

Spiritualiter: Dice relación al Espíritu Santo y a la Divina Inspiración. Ya señalamos la importancia y frecuencia del vocabulario. El hermano que quiere abrazar esta vida, "que vaya y venda sus cosas y procure distribuirlo todo a los pobres, si puede hacerlo "spiritualiter et sine impedimento" (1R 2, 4). Los ministros "deben visitar y amonestar y animarlos "spiritualiter" (1R 4, 1). Y los hermanos deben corregir fraternalmente a los ministros que vean caminar "carnaliter" y no "spiritualiter pro rectitudine vitae nostrae", y deben ayudar "spiritualiter" al hermano que pecó (1R 5, 4.8). Y dondequiera que se encuentren deben tratarse "spiritualiter" y diligentemente, honrarse mutuamente, sin murmuración (1R 7.15). Y si los hermanos no pueden observar la Regla "spiritualiter", deben recurrir confiadamente a su ministro (2R 10, 5)... Es que el "spiritualiter" pertenece a la "rectitudo vitae nostrae", a la conformación de un correcto caminar evangélico de la nueva fraternidad.

Inter eos conversari: Los hermanos deben gozarse cuando "conversantur" entre personas viles y despreciables, entre leprosos, mendigos, ladrones, bandidos (1R 9, 3). Evidentemente que la expresión apunta a un tipo de convivencia. Puede traducirse por un "podrán convivir con ellos". Pero puede también introducir la idea de conversión. No es frecuente en los escritos el uso de "conversus, conversio, convertor". Se pide a los "conversos" que den gracias por y con nosotros (1R 23). Con el encuentro con el leproso lo que era amargo "conversus fuit" en dulzura (Test 1). En la bendición a Fray León se impreca para que el Señor "convertat" su rostro. Pero esta expresión "spiritualiter conversari" es propia de este pasaje. Parece que designó lo que sucedía en los primitivos capítulos de la fraternidad, que se reunía para "de Deo conversari", a poner en común la vida de experiencia de Dios, el camino de conversión en Dios. O simplemente para convivir en Dios. Este pasaje podría también, me parece que con seriedad, traducirse por un: "los hermanos podrán convertirse, movidos por el Espíritu, entre los sarracenos u otros infieles, y esto de dos modos...". Así como el Espíritu vocacionó a los hermanos a una vocación penitencial, constituyéndolos en orden de penitencia, enviándolos al mundo para predicarla a los hombres todos, así como esta vocación la venían realizando por Italia, los países ultramontanos, todos de fe católica, así ahora tendrán que continuar su vida penitente entre infieles. Es decir que los hermanos van a los sarracenos con el objetivo primordial de convertirse ellos mismos, no de convertir a los demás.

Lites neque contentiones: En su forma sustantiva aquí aparecen los términos por única vez. Leemos los verbos correspondientes en los pasajes siguientes: "Aconsejo, amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo a mis hermanos, que, cuando van por el mundo, no litiguen ni contiendan de palabra (cf 2 Tim 2, 14) ni juzguen a otros; sino sean apacibles, pacíficos y mesurados, mansos y humildes, hablando a todos decorosamente, como conviene" (2R 3, 10-11 ) Y guárdense todos los hermanos de calumniar y de contender de palabra (2 Tim 2, 14); más bien empéñense en callar, siempre que Dios les dé la gracia. Ni litiguen entre sí, ni con otros, sino procuren responder humildemente, diciendo Soy un siervo inútil (cf. Ec 17, 10). Y no se aíren... Y ámense mutuamente... y muestren con obras el amor que se tienen mutuamente... no murmuren, ni difamen a otros... Y sean mesurados... no juzguen, no condenen. Y como dice el Señor, no reparen en los pecados más pequeños de los otros, sino, más bien, recapaciten en los propios con amargura de su alma..." (1R 12).

Subditi: En el contexto interno de la fraternidad el término designa al hermano en relación a su "prelado": véase la Adm 3, ya citada. En relación a las "humanas criaturas" designa la condición de "menores", que identifica a los hermanos de vida evangélica. Así en el capítulo 7, sobre el trabajo, se dice que los hermanos tienen que trabajar como súbditos" de los que trabajan con ellos. Literalmente, ser peones, no patrones o capataces. El vocablo, pues, tiene que ser entendido no como una mera disposición interior, "espiritual", de humildad-virtud. Es una ubicación sociológica de inferioridad y dependencia. Es indicación de "clase", "status", "ordo". "Eramos indoctos y estábamos sometidos a todos (subditi eramus)", dice el Testamento. En la carta a los fieles Francisco se presenta como "siervo y súbdito de todos los cristianos, clérigos y laicos, hombres y mujeres, de cuantos habitan en el mundo entero". Pide luego a los religiosos que "nunca debemos ser sabios y prudentes según la carne... nunca debemos desear estar sobre otros, sino, más bien, debemos ser siervos y estar sujetos a toda humana criatura por Dios" (CtaF 1, 46-47). "La santa obediencia confunde todos los quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y lo sujeta a todos los hombres que hay en el mundo (facit hominem subditum omnibus hominibus); y no sólo a los hombres, sino aún a todas las bestias y fieras, para que, en cuanto el Señor se lo permita desde lo alto, puedan hacer de él lo que quieran" (Sal. Virt. 14-18).

Confiteantur esse christianos: El verbo confiteri aparece sólo en este capítulo, dos veces. El objeto de la "confesión de fe" es la cualidad de cristianos, sin especificación de religión, lengua o raza. La palabra "cristiano" aparece cuatro veces en los escritos: para que se bauticen y se hagan cristianos, poco más abajo, en el mismo capítulo, y en un texto que puede aportar algo de ulterior intelección en el uso del término. En la carta a cierto ministro, Francisco pide que no se espere del hermano más allá de la medida de Dios en él, y que no se exija que sea mejor cristiano.

Cum viderint placere Deo (domino): Discernir lo que agrada al Señor, el quid de la forma de vida de los hermanos, admirablemente presentado en la carta de Francisco al hermano León: "En esta palabra dispongo y te aconsejo abreviadamente todas las cosas que hemos dicho en el camino; y si después tienes necesidad de venir a mí en busca de consejo, mi consejo es éste: compórtate, con la bendición de Dios y mi obediencia, como mejor te parezca que agradas al Señor Dios (melius videtur tibi placere Domino Deo) y sigues sus huellas y pobreza".

Anuntient verbum Dei: El verbo aparece sólo siete veces en los escritos y seis en el mismo sentido del texto. "Esta o parecida alabanza pueden "anunciar" todos mis hermanos, siempre que les plazca, ante cualesquiera hombres, con la bendición de Dios" (1R 21, 1). "Amonesto y exhorto a estos mismos hermanos que, cuando predican, sean ponderadas y limpias sus expresiones, para provecho y edificación del pueblo, anunciando los vicios y las virtudes, la pena y la gloria, con brevedad de lenguaje, porque palabra abreviada hizo el Señor sobre la tierra (brevitate sermonis, quia verbum abbreviatum fecit Dominus super terram) (cf. Rom 9, 28). El mensaje de los hermanos, reducido a lo esencial del mensaje, acentuando lo más compatible con la fe islámica, al menos como punto de partida, debe ser corto, sencillo, porque jesús "fue el verbo abreviado de Dios".

Haec et alia... ipsis et aliis: la expresión apunta a una de las características de la Regla franciscana: la apertura a nuevas situaciones; casi nada prescrito, todo apenas indicado, sujeto a lo que indique la necesidad (2R 3, 12; 4, 2-3). Es una forma de vida, coincidente con el evangelio, y por lo tanto abierta a todo tiempo y lugar. Además nos introduce a una problemática específica: la predicación de los hermanos, tema que trata el capítulo siguiente. En él se juega la posibilidad de convivencia pacífica al interior de la Iglesia, y ha sido uno de los puntos más conflictivos para los movimientos penitenciales laicos de la época. Deberíamos hacer un estudio aparte para percibir cómo también aquí la propuesta es tan sabia como audaz, y cómo también en éste y en otros terrenos,

El Espíritu sabe suscitar presencia y respuesta profética, verdaderas alternativas a las soluciones habituales de la Iglesia y de la sociedad del tiempo. En relación al capítulo 19: "que los hermanos vivan como católicos; sean, vivan y hablen como católicos" y que toca específicamente el tema de la predicación, más que al de la misión. Catolicidad que no tiene que ser entendida en los contextos del tiempo. Desobedecer y permanecer dentro, la gran sabiduría de la forma de vida evangélica de los nuevos y peregrinos hermanos.

Omnes fratres, ubicumque sint: Hay cosas que se nos aparecen como "permanentes" en la forma de vida franciscana. Cosas válidas, para todos y en todo tiempo y lugar. En toda circunstancia. "Ninguno de los hermanos, dondequiera que esté y dondequiera que vaya, tome ni reciba ni haga recibir en modo alguno ni moneda ni dinero, ni por razón de vestido ni de libros, ni en concepto de salarios por cualquier trabajo" ( 1 R 8, 2). "Todos los hermanos, dondequiera que estén o vayan, guárdense de las malas miradas y del trato con mujeres" (1R 12, 1). La no propiedad, el no dinero, el sí al amor fraterno, que rigen siempre y para todos. A veces, el texto y el tema exigen explicitaciones: junto a un "todos" tendrá que decirse "tanto clérigos como laicos". Porque el mensaje no resultaba tan obvio. Tanto los clérigos como los laicos pueden ser llamados a todos los oficios, inclusive el de la predicación; unos y otros tienen el mismo impedimento ante la posesión de cuadras de bestias para tiro o transporte.

Dederunt... inimicis... Los sarracenos aparecerían en la época como los "enemigos" del nombre cristiano. Pero el tema de confesión de fe martirial se supone en el texto, prevista tanto para los enemigos "visibles", como para los "invisibles". La persecución puede venir también de aquellos que son sospechados más bien como amigos visibles y resultan enemigos escondidos. La "iglesia" puede también ser perseguidora de los seguidores del evangelio. Desde el punto de vista del análisis del vocabulario pueden iluminar las dos citas que siguen: "Ama de veras a su enemigo el que no se duele de la injuria que se le hace, sino que el amor de Dios se requema por el pecado que hay en su alma; y muéstrele su amor con obras" (Adm 9). "Hay muchos que al pecar o recibir injurias echan frecuentemente las culpas al enemigo o al prójimo. Pero no es así, porque cada uno tiene en su dominio al enemigo, o sea al cuerpo, mediante el cual peca. Por eso, dichoso aquel siervo que a tal enemigo, entregado a su dominio, lo mantiene siempre cautivo y se defiende sabiamente de él; porque, mientras hiciere esto, ningún otro enemigo visible o invisible le podrá dañar" (Adm 8).

La inclusión y el tema de la persecución: El trabajo desborda aquí el análisis de "vocabulario". Exige recurso a diversos mecanismos de confrontación con la historia. Si es cierto que las citas bíblicas fueran anotadas por un experto, aquí no nos encontraríamos necesariamente con el pensamiento original de Francisco de Asís y con la voluntad del Capítulo. Pero podríamos suponer que el "anotador" recibió un mandato del capítulo y que posteriormente su trabajo fue aprobado capitularmente, y en ese caso serían más vinculantes a los "orígenes", a los responsables y por lo tanto autores de la redacción global del texto. Tendríamos que investigar si los temores de persecución que parece asolaron a Francisco fueron fundados o infundados, si la persecución le vino a la fraternidad de la iglesia o de los infieles. Porque el tema parece trascender el ámbito de la misión entre infieles. Y sea como fuere, redaccionalmente, el tema de la persecución y de la confesión de fe martirial encuadra el tema de la misión, es como el horizonte de comprensión evangélico que no puede ser soslayado en ningún estudio crítico serio de la Regla y Vida de unos hermanos que "van por el mundo".

LAS PREGUNTAS QUE NACEN DEL TEXTO

De la lectura anterior nacen una serie casi infinita de preguntas, con las cuales iremos a leer las biografías y otros escritos contemporáneos, y que posiblemente respondan los datos de la historia. Podríamos abundar:

 

3 LAS BIOGRAFÍAS

Una opción metodológica

Vamos a buscar respuesta a nuestras interrogantes leyendo sólo la primera Vida, de Celano. A medida que vayamos encontrando un pasaje, una frase, una expresión que ilumine el texto que estamos estudiando, haremos una ficha, encabezándola con los datos temáticos y la referencia del lugar citado. Con el mismo método trabajaremos luego en grupos pequeños las demás biografias de la época.

Podríamos recurrir a un método más fácil y expedito: las concordancias. Sin duda, éstas prestan un buen servicio en el trabajo de lectura de textos, especialmente para los ejercicios habituales que tenemos continuamente que ejercitar. Pero para un estudio más sistemático el recurso a las concordancias ofrece una doble serie de contraindicaciones. Primero, porque la concordancia nos remite a una lectura previa, a una selección de textos hecha con otros criterios y posiblemente respondiendo a otras preguntas e intereses. Segundo, las concordancias no nos posibilitan la percepción de visión global de un autor frente a otro autor. E inclusive la diferencia de óptica entre ambas vidas de Celano. Entre fuentes interdependientes, que utilizan posiblemente fuentes comunes, pero que reordenan el material con esquemas teológicos o ideológicos diversos.

Vamos, pues, a presentar las respuestas que nos ofrece Celano en su vida primera. Luego las confrontaremos con las respuestas de las otras biografías. Para ello hemos de tener en cuenta la fecha de composición, las corrientes ideológicas a las cuales el autor responde, con la subsiguiente parcialidad de los datos y las respuestas posiblemente tendenciosas y "partidarias" a nuestras preguntas.

La Vida Primera de Tomás de Celano

La crítica atribuye hoy un gran valor documental a esta obra, priorizándola entre las biografías de la época. Escrita muy poco tiempo después de la muerte de Francisco, como biografía oficial para la canonización, y por un testigo de los hechos que tiene por añadidura acceso a todos los datos del proceso canónico. La época, temprana aún, la exime de las influencias partidarias propias del fragor de la lucha encarnizada entre las facciones de la Orden, surgida bien poco después. Influencias claras en la segunda vida. Bastaría comparar cómo es considerada la figura de Elías en ambas. O comparar los dos primeros capítulos que narran la vida de Francisco antes de su conversión.

Con todo, a pesar de la confiabilidad general de los datos, hay que saber discernir las perspectiva propias del género literario "hagiografía" en la época. Muchas veces nos enfrentamos a estereotipos que sugieren dependencias que por lo demás frecuentemente están ya comprobadas.

Además, siendo biografía "oficial", no son de extrañar las alusiones elogiosas, a veces de dudoso cuño histórico y hasta de mal gusto, al Papa amigo. Y las expresiones de sometimiento de Francisco a la Iglesia "romana". Con estas salvedades, y con un estudio previo más pormenorizado exigible, presentamos algunos elementos obtenidos en su lectura.

La forma de vida evangélico-itinerante

Celano nos describe paradisíacamente la primitiva comunidad franciscana, al punto de no saber si estamos ante un relato de "los orígenes", o ante la presentación de una utopía. Aquellos pocos y pobrecitos que, saliendo de Roma, luego de haber escuchado la aprobación oral de la Regla no quieren demorarse demasiado en algún lugar, para que una permanencia excesivamente prolongada pudiera suscitar ni siquiera una apariencia de propiedad, aunque, anota Celano, la belleza del lugar, que suele ejercer no pequeño influjo en la relajación del vigor del alma, no había cautivado su afecto (1Cel 35).

"Estos hombres 'seguidores de la altísima pobreza', pues nada poseían ni amaban nada; por esta razón, nada temían perder... En todas partes se sentían seguros, sin temor que los inquietase ni afán que los distrajese; despreocupados aguardaban al día siguiente; y cuando en ocasión de los viajes, se encontraban frecuentemente en situaciones incómodas, no se angustiaban pensando dónde habían de pasar la noche. Pues cuando, en medio de los fríos más crudos, carecían muchas veces del necesario albergue, se recogían en un horno, o humildemente se guarecían de noche en grutas o cuevas.

Durante el día iban a las casas de los leprosos o a otros lugares decorosos, y quienes sabían hacerlo trabajaban manualmente, sirviendo a todos humilde y devotamente..." (1Cel 39). Celano hace en todo el capítulo XV una descripción que tiene dos características. La primera, el uso del tiempo verbal, constantemente en pretérito: así 'había sido" la fraternidad; ahora, a pocos años ya no es más así, de acuerdo al ideal. Segundo, la descripción "ideal" sigue demasiado literalmente i-os preceptos de la Regla: parece que estamos ante una situación "creada" artificialmente según los esquemas ideales de la Regla.

Estos hermanos "euntibus" por definición parecen ser ya cosas del pasado ante la realidad de una Orden que rápidamente se estabiliza, se institucionaliza, se establece en lugares fijos y seguros.

El esquema del capítulo de la misión

En el capítulo XII de la parte primera de la primera vida de Celano, encontramos cómo Francisco, apenas los hermanos llegaron al número de ocho, envió a sus secuaces de dos en dos, hacia los cuatro puntos cardinales. Primero, como Jesús a los suyos, platicó muchas cosas sobre el Reino de Dios, sobre el proceso personal de conversión, y les dijo este discurso, que tiene básicamente el mismo esquema y los mismos temas del capítulo de la Regla no-bulada que estamos estudiando:

"Marchad, carísimos, de dos en dos, por las diversas partes de la tierra, anunciando a los hombres la paz y la penitencia para remisión de los pecados. Y permaneced pacientes en !a tribulación, seguros, porque el Señor cumplirá sus designios y su promesa. A los que os pregunten, responded con humildad; bendecid a los que os persigan; dad gracias a los que os injurien y calumnien, pues por esto se nos prepara un reino eterno".

Comienza por un mandato que implica la itinerancia: "marchad". El envío es (desde el inicio de la praxis franciscana) "universal", a las diversas partes de la tierra. No armar pleitos ni litigios, anunciando la paz y procurando no la inteligencia de los misterios, sino la "penitencia", el cambio de vida y de realidad. Todo encerrado con el tema grande de la paciencia en la tribulación y la persecución y el reino prometido a los perseverantes.

El tema de la persecución

Es uno de los temas importantes, nucleadores, en la vida de Celano. En el capítulo V de la primera parte, inicia un tema que irá desarrollando magistralmente en el decurso de la obra. Apenas convertido Francisco choca no sólo con la incomprensión, sino con la persecución violenta. Y poco a poco irá madurando, en la experiencia, como responder a la violencia de los perseguidores.

"Mas Francisco, atleta novel aún de Cristo, al oír las voces amenazadoras de sus perseguidores, y presintiendo su llegada, por huir de sus iras, se esconde en una cueva, bien disimulada, que para esto él mismo había preparado... En ella llegó a permanecer por un mes seguido, no atreviéndose a salir apenas, sino en caso de estricta necesidad".

"Y orando, bañado en lágrimas, pedía continuamente a Dios que lo librara de las manos de los perseguidores de su alma"

"Y aunque estuviera encerrado en una cueva y envuelto en tinieblas, se sentía penetrado de una dulzura inefable nunca gustada hasta entonces; todo inflamado en ella, abandonó la cueva y se puso al descubierto de sus perseguidores" (1Cel 10).

Entonces Celano desarrolla hasta el N° 16 un proceso de progresiva confianza e intrepidez, con correspondiente ahondamiento de las motivaciones y de la reflexión bíblico-teológica.

"Se levantó al momento, diligente, presuroso y alegre y, armándose con el escudo de la fe, fortalecido con el arma de una gran confianza para luchar en las batallas del Señor y, ardiendo en fuego divino, se reprochaba a sí mismo su pereza y poco valor" (1Cel 11).

Luego soporta todas las persecuciones, desprecios e insultos sin abatirse ni alterarse en lo más mínimo. Cuando el padre lo encierra, el joven sale con más decisión y vigor. Porque "no tiembla ante el diluvio de las muchas aguas quien tiene por refugio en los contratiempos al hijo de Dios, para que no nos parezca áspero lo nuestro, nos pone ante los ojos lo que El padeció, inmensamente mayor" (1Cel 12).

En el N° 13 el padre intenta, si no puede reducirlo a su voluntad al menos ahuyentarlo de la región... pero "como el temor del Señor es la confianza del fuerte, apenas el hijo de la gracia percibió que su padre según la carne venia en su busca, decidido y alegre se presentó ante él, y con voz de hombre libre le manifestó que ni cadenas ni azotes le asustaban lo más mínimo. Y que si esto le parecía poco, le aseguraba estar dispuesto a sufrir gozoso, por el nombre de Cristo, toda clase de males" (1Cel 13).

El proceso culmina cuando ya despojado de todos sus vestidos, "cubierto de andrajos quien antes vestía escarlata", es aporreado malamente por unos ladrones, quienes, por añadidura se mofan del "rústico pregonero de Dios". En los inicios tiene miedo y se esconde en una cueva que tenía preparada de antemano, previendo de lejos los embates paternos. Pasa a reprocharse a sí mismo por su poco valor, habiendo experimentado el gusto de lo nuevo, de dulzuras que nunca antes había soñado. La cueva es espacio abierto, la oscuridad luz, la seguridad de antes era sólo arena movediza... Luego no se abate ni se altera ante los insultos. Decidido y alegre, antes de que el padre lo encuentre, sale a enfrentar al perseguidor, al cual le contesta con voz de hombre libre. Y por fin, luego de desnudado totalmente cuando culmina el proceso ante los ladrones, "reventando de gozo, comenzó a proclamar a plena voz las alabanzas del creador" (1Cel 16).

Francisco sintetiza en su Regla la experiencia espiritual propia, de su propio y original camino de conversión. Consciente de que el esquema se repite apenas alguien intente salir del sistema social, cultural, religioso, de los marcos preestablecidos de la sociedad.

Según el mismo Celano, los primeros hermanos de "tal modo estaban revestidos de la virtud de la paciencia que más querían morar donde sufriesen persecución en su carne que allí donde, conocida y alabada su virtud, pudieren ser aliviados por las atenciones de la gente. Y así muchas veces padecían afrentas y oprobios, fueron desnudados, azotados, maniatados y encarcelados, sin que buscasen la protección de nadie; y tan virilmente lo sobrellevaban que de su boca no salían sino cánticos de alabanza y gratitud" (1Cel 40).

Cuando Francisco, ya entre los sarracenos "antes de llegar al sultán fue apresado por sus satélites, colmado de ultrajes y molido a azotes, no tiembla, no teme ante la amenaza de suplicios ni le espanta la proximidad de la muerte" (1Cel 57. Porque el varón de Dios era un esforzado atleta bien experimentado en materia de persecución y palos en tierra de cristianos...

Al final de su vida, "cuando por la enfermedad se veía precisado a mitigar el primitivo rigor, solía decir: 'Comencemos hermanos a servir al Señor Dios, pues es poco o escaso lo que hemos adelantado. No pensaba haber llegado aún a la meta, y permaneciendo firme en el propósito de santa renovación, estaba siempre dispuesto a comenzar nuevamente. Le hubiera gustado volver a servir a los leprosos y a padecer desprecios, como en tiempos pasados" 1Cel 103).

Francisco quiere terminar su vida como el capítulo de la misión entre infieles... el tema de la persecución "incluye" la tarea de conversión, de salida evangelizadora porque evangélica.

El Espíritu Santo y la misión canónica

Es muy difícil en la primera vida de Celano rastrear la misión canónica y es preponderante y creciente la obra del Espíritu del Señor. Desde los primeros pasos de la conversión hasta las decisiones más importantes de su vida.

La conversión de aquel terrible muchacho en la no menos horrible sociedad acontece porque "la mano del Señor se posó sobre él y la diestra del Altísimo lo transformó (1 C 2).

No aparece en Celano explicitada la mediación eclesial. Como en todo el proceso de conversión del capítulo 11 de la parte primera (1Cel 3-5) se acentúan las acciones divinas: Cómo Dios visitó su corazón por una enfermedad y por un sueño... viene repentinamente sobre él la unción divina... intenta todavía Francisco huir de la mano divina... "desconociendo los designios de Dios". Aquel que lo había herido con la vara de la justicia lo visita una noche en una visión... "Mas no conocía de momento el don que se le había dado desde lo alto". Al llegar el "tiempo establecido", aquel que había sido constituido por el mismísimo Señor en siervo del Altísimo "fue confirmado por el Espíritu Santo" (1Cel 8).

La misión fundamental de Francisco, el envío hacia la Iglesia y la sociedad de su tiempo no tiene nada que ver con la misión canónica. Para Celano es puro carisma, sólo divina inspiración. Nadie lo manda, nadie le enseña, sino Dios mismo.

Es la lectura de un evangelio en la liturgia del día la que provoca el encuentro de sus anhelos más profundos con la palabra del Señor. El rol del sacerdote parece ser más el de "clérigo" ó instruido que el de Jerarquía. Ante un latín mal comprendido Francisco tiene que recurrir a un traductor que explicite un sentido apenas barruntado. De hecho, pues, la inspiración divina viene desde dentro, desde lo interior: "Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica" (1Cel 22).

Cuando Francisco desparrama en la primera misión a los ocho hermanos iniciales, lo que los convoca es nuevamente el deseo más profundo. Se reúnen "sin que nadie los llamara" ( 1 C 30) .

No es Francisco quien busca protección del Obispo. No le interesa estar a la sombra de la Jerarquía. Es el padre Bernardone quien lo emplaza ante la autoridad, y si Francisco a nada de eso se opone (1Cel 14) es porque había aprendido a no buscar sus intereses, siendo "su preocupación máxima ser libre" (1Cel 71).

En Celano es prioritario el "deseo" interior de Francisco si se quiere entender, correctamente, la misión peculiar dentro de la Iglesia. Cuando movido por su deseo se presenta ante el Papa y sus cardenales para predicar, "comenzó a predicar sin temor alguno", moviendo a lágrimas de penitencia a tan augusto auditorio... ( 1Cel 72). La libertad le venía de haber tenido el coraje de "quedar ante todos del todo desnudo", "para ya desnudo luchar con el desnudo" (1Cel 10).

Es cierto que el obispo lo admite dentro de las "órdenes" eclesiásticas del tiempo, siendo su gesto de cubrirlo con el manto la liturgia de admisión en el orden de los penitentes. Aun así, bajo la jurisdicción de la diócesis de Asís, suburbicaria de Roma, sólo irá a pedir confirmación y protección al gran pontífice Inocencio. Pero no pide consejo a nadie cuando él mismo ve oportuno escribir una regla para si y para los suyos 1Cel 2). Para Celano sigue siendo importante poner en la boca del Pontífice la siguiente aprobación: "Id con el Señor, hermanos, y, según El se digne inspiraros, predicad a todos la penitencia...".

Movido por el Espíritu, todo lleno de la-divina inspiración, Francisco no dudaba en "visitar a los obispos o sacerdotes al entrar en una ciudad o territorio" (1Cel 75). Para Celano, Francisco pensaba que entre todas las cosas, y sobre todas ellas se había de guardar, venerar e imitar la fe de la santa Iglesia romana, en la cual solamente se encuentra la salvación de cuantos han de salvarse" (1Cel ó2).

Si bien "veneraba a los sacerdotes y su afecto era grandisimo para toda la jerarquía eclesiástica", no hacían, él y sus compañeros, mucho caso de las prescripciones canónicas del momento: "Confesaban con frecuencia sus pecados a un sacerdote secular de muy mala fama, y bien ganada, y digno de desprecio de todos por la enormidad de sus culpas; quisieron dar crédito a lo que oían, ni dejar por ello de confesarle sus pecados como solían, ni prestarle la debida obediencia" ( 1 C 46) .

De modo que no parece ser central la idea de misión "canónica" en la 1Cel. Todo el peso del hagiógrafo está puesto en demostrar el impulso y la moción del Espíritu del Señor. Las alusiones al papado, a la Iglesia romana, a la obediencia a los clérigos, puede estar referida a varios hechos concomitantes... Por una parte no debemos olvidar que el Papa le encarga oficialmente la redacción de la vida canónica. Por otra no podemos dejar de referirnos a los problemas y tensiones entre el movimiento franciscano y otros contemporáneos similares, considerados frecuentemente como "herejes" por su anticlericalismo.

Los sarracenos y los otros infieles

San Francisco desarrolla su "misión" en tierra de cristianos. Allí, con mucha frecuencia, tiene que haberse topado con tales "herejes". Celano apenas hace mención del hecho. Y nunca hace alusión a disputas del santo con contrincantes en la fe. En todo caso parece que no osaban discutir con tal autoridad moral.

"Confundía la herética maldad, se ensalzaba la fe de la Iglesia, y mientras los fieles vitoreaban jubilosos, los herejes permanecían agazapados. No había quien osara objetar sus palabras, pues siendo tan grandes los signos de santidad que reflejaba, la gente que asistía centraba su atención sólo en él" (1Cel 62).

"Difundía el evangelio por toda la tierra; muchas veces en un sólo día recorría cuatro o cinco castillos y aun pueblos anunciando a todos el Reino de Dios y edificando a los oyentes no menos con el ejemplo que con su palabra, pues había convertido en lengua todo su cuerpo" (1Cel 97).

Celano afirma que en sus largos años de conversión rara vez había dado descanso a su cuerpo esparciendo por doquier la semilla de la palabra de Dios. Pero para este esforzado caballero de Cristo toda empresa era poco difícil. Deseaba aún cosas mayores. Y ardientemente anhelaba el martirio.

"Al año sexto de su conversión, ardiente en deseos del sagrado martirio, quiso pasar a Siria para predicar la fe cristiana y la penitencia a los sarracenos y otros infieles...". "Porque si el sarmiento evangélico producía fruto abundante en tierra cristiana, no por esto enfrió su excelente propósito y ardiente deseo de martirio" (1C 55-56).

Poco después, fracasada su primera intentona, se dirige a Marruecos. "Tal era la vehemencia del deseo que le movía que a veces dejaba atrás a su compañero de viaje y no cejaba, ebrio de espíritu, hasta dar cumplimiento a su anhelo. Pero loado sea el buen Dios, que tuvo a bien, por su sola benignidad, acordarse de mí y de otros muchos, y es que una vez que entró en España, se enfrentó con él, y para evitar que continuara adelante, le mandó una enfermedad que le hizo retroceder en el camino" (1Cel 56).

Para la 1Cel los sarracenos, pues, son gente peligrosa. Sólo Dios lo detiene en su segundo intento. Francisco, por su parte, está convencido que a un enemigo tan fiero se lo enfrenta para morir..., dado que él no pensaba matar.

Por fin, Francisco consigue cumplir su propósito, en plena guerra entre cristianos y sarracenos, al menos según la 1Cel Guerra que crecía en dureza y crueldad. Y salvo los consabidos malos tratos que siempre recibieron los hermanos al inicio de toda misión entre cristianos, Francisco se encuentra con la sorpresa, con la inesperada recepción cortés del Sultán, quien ' lo recibió con los más encumbrados honores. Lo agasajaba cuanto podía, presentándole toda clase de dones e intentaba doblegarle a las riquezas del mundo"..., y ante la entereza del paladín del gran Rey, quedó "estupefacto, lo miraba como un hombre distinto de los demás; intensamente conmovido por sus palabras, le escuchaba con gran placer...".

La narración de la nueva gesta del héroe de la 1Cel sigue el mismo esquema habitual. Anhelo ferviente, deseo profundo; intrepidez, valentía, libertad ante los poderes; malos tratos y desprecio iniciales; admiración subsiguiente y honores al pobrecillo por Cristo...

La imagen de los sarracenos aparece, pues, en la 1Cel como desdemonizada. El impacto tiene que haber sido grande: no sólo no obtuvo el martirio, sino que se encontró con buena gente, abierta al evangelio..., a pesar de la guerra y de los malos testimonios. Francisco, así, consiguió hacer el gesto martirial que perseguía.

Pleitos y litigios

En la 1Cel es ésta también una dimensión nuclear de la experiencia de Francisco: "En toda predicación que hacía, antes de proponer la palabra de Dios a los presentes, les deseaba la paz, diciéndoles: 'El Señor os dé la paz'. Anunciaba devotísimamente y siempre esta paz a los hombres y mujeres, y a quienes la buscaban. Debido a ello, muchos que rechazaban la paz y la salvación, abrazaban la paz de todo corazón y se convirtieron en hijos de la paz y en émulos de la salvación eterna" (1Cel 23).

Esta es la nota caracterizante de la primera fraternidad utópico-original soñada en pretérito por la 1Cel. "En medio de esta vida ejercitaban la paz y la mansedumbre con todos; intachables y pacíficos en su comportamiento, evitaban con exquisita diligencia todo escándalo. Apenas si hablaban cuando era necesario, y de su boca no salía palabra chocarrera ni ociosa, para que en su vida y en sus relaciones no pudiera encontrarse nada que fuera indecente o deshonesto".

"No cabía en ellos envidia alguna, ni malicia, ni rencor, ni murmuración, ni sospecha, ni amargura; reinaba una gran concordia y paz continua; }a acción de gracias y cantos de alabanza era su ocupación".

"Estas son las enseñanzas del piadoso Padre, con las que formaba a sus piadosos hijos no tanto de palabra y con la lengua, cuanto de obra y de verdad" (1Cel 41).

En Rivotorto encontramos en la narración de la 1Cel dos aspectos complementarios de esta buena nueva de la paz: no resisten al borrico que quiere ocupar, según el dueño más decentemente, el lugar de los hermanos; no salen a admirar la gloria del emperador Otón, con excepción del hermano encargado de denunciar valientemente lo efímero de su boato. La paz implica la renuncia total a la propiedad e incluye la denuncia de la no paz. La paz es activa, transformadora (1Cel 43-44)

El padre de los pobres, el pobrecillo Francisco, identificado con todos los pobres, no se sentía tranquilo si veía a otro más pobre que él; no era por deseo de vanagloria, sino por afecto de compasión... No podía sufrir que algún pobre fuere despreciado, ni tampoco oír palabras de maldición contra las criaturas... Ocurrió que un hermano ofendió a un pobre... y le mandó que se desnudase delante del pobre y besándolo los pies, le pidiera perdón" (1Cel 76).

Su espíritu de caridad se derramaba en piadoso afecto, no sólo sobre los hombres que sufrían necesidad, sino también sobre los mudos y brutos animales, reptiles y aves y demás criaturas sensibles e insensibles" (1Cel 77).

Pero para entender la prescripción de la Regla que prohíbe litigar y pleitear, no basta recurrir a la voluntad de paz al afecto de compasión, a la caridad inmensa del santo biografiado.. T ras el amor, una cosmovisión profundamente impregnada por la revelación de la bondad de Dios en todas y cada una de las cosas, en todos y cada uno de los seres, así éstos sean heréticos, paganos, infieles, sarracenos. Aquí la 1Cel nos ofrece una perspectiva de invalorable portada.

"Por esto mismo, dondequiera se encontrase un escrito divino o humano, en el camino, en casa o sobre el suelo, lo recogía con grandísimo respeto y lo colocaba en lugar sagrado o decoroso, en atención a que pudiere estar escrito en él el nombre del Señor o algo relacionado con éste. Como un religioso le preguntara en cierta ocasión para qué recogía los escritos de los paganos y aquellos en los que no se contenía el nombre del Señor, respondió: 'Lo bueno que hay en ellos, no pertenece a los paganos y a otros hombres, sino a sólo Dios de quien es todo bien'. Y cosa no menos admirable: cuando hacía escribir algunas cartas de saludo o exhortación, no permitía que se borrase una letra o una sílaba, así fuera superflua o improcedente" (1Cel 82; cf. también 58-59, predicación a las aves).

Cuando vieren agradar al Señor

Para la 1Cel una de las constantes de la misión sanfranciscana es la actuación no basada en poder y sabiduría humanas, sino "en la doctrina y el poder del Espíritu. En todo actuaba con gran seguridad por la autoridad apostólica que había recibido, evitando adulaciones y vanas lisonjas". Francisco no sabía adular a los poderosos; no evitaba la reprensión, a veces áspera. Claro que su coherencia de vida le eximía del temor a la corrección... (1Cel 36). Francisco enseñó porque hizo el largo camino del aprendizaje de sólo buscar agradar al Señor. Así lo describe con maestría el biógrafo.

Todo el proceso de conversión se da en "tremenda lucha" para discernir el querer de Dios, el proyecto del Señor para su vida. Tanto que a veces salía de estas lides tan agotado por el esfuerzo que ni su amigo lo reconocía (1Cel 6). Fue "cierto día en que había invocado la misericordia del Señor hasta la hartura, en que el Señor le mostró cómo había de comportarse. Y tal fue el gozo que sintió desde aquel instante..." (1Cel 7). Celano insiste frecuentemente en esta dimensión de la experiencia franciscana. Es frecuente su "retirarse a un lugar de oración, según lo hacia muchísimas veces" y allí permanecía "muchísimo tiempo" deseando que Dios le mostrase cómo habían de proceder en la vida él y los suyos... (l 26).

"Esta fue siempre su más alta filosofía, ésta la suprema ilusión que mantuvo viva a lo largo de su-vida: ir conociendo de los sencillos y de los sabios, de los perfectos y de los imperfectos, cómo pudiera entrar en el camino de la verdad y llegar a metas más altas" (1Cel 91).

Y, al final de su vida, cuando no consentía en acudir a médicos y medicinas, le fue revelado lo que era más agradable al Señor mediante un pasaje de la Escritura argüido convenientemente por el hermano Elías (1Cel 98).

La oración, el consejo, la escritura..., "la más alta filosofía, la suprema ilusión" fue discernir lo que agradaba al Señor, el designio de Dios para si y para los suyos. Y esto hasta el final, porque la voluntad de Dios se está revelando siempre, a cada instante, exigiendo una atención sin pausa. Esta será, lógicamente, una de las leyes básicas de la misión.

4 LAS CRÓNICAS

Nuevas preguntas

La recorrida de las biografías de la época, con sus posibles visiones complementarias o contradictoras, nos aportan muchas respuestas, muchas luces para mejor entender la real portada del texto de la Regla No Bulada sobre la "misión entre infieles".

Pero, si la investigación ha sido bien realizada, junto a las respuestas se van reformulando mejor las preguntas, aparecen otras nuevas... En este momento, pues, será importante volver atrás y repasar las preguntas. Luego escribir las respuestas desde las diferentes perspectivas de las biografías. Finalmente volver a formular las preguntas, si fuere necesario. O formular, si es el caso, otras nuevas.

Las crónicas de la Orden

Aunque no traten específicamente de la misión entre sarracenos y otros infieles, puede bien ayudarnos su lectura a una comprensión de muchos de los puntos de interrogación salidos del análisis del texto de la Regla. Al menos puede que nos introduzca en las causas de la diferencia abismal entre la primera y la segunda redacción. ¿Qué pasó con el proceso de inspiración divina y el discernimiento del ministro? ¿Cómo fue percibiéndose la cuestión de la idoneidad? La inserción en diferentes estilos de vida...? Dejamos a los grupos el trabajo-taller sobre estas preciosas fuentes de infirmación .

Sólo recordemos que los autores responderán a nuestras preguntas si están correcta v claramente formuladas.

Jacobo de Vitry

Imprescindible el recurso a este testigo "extraño" a la Orden. En su Historia del Oriente (1219-1221) hace una extensa relación de la Orden de los Hermanos Menores, relatando con muchos detalles la relación de los hermanos con los sarracenos, y en especial la visita de Francisco al Sultán. El texto no tiene desperdicio.

"Y no se trata sólo de los fieles cristianos, sino que también los mismos sarracenos y los caídos en las tinieblas de la incredulidad admiran su humildad y su virtud; cuando van sin ningún temor a predicarles, los reciben gustosamente y les proveen con agrado de lo necesario. Hemos sido testigos de cómo el primer fundador y maestro de esta orden, al que todos obedecen como a su principal prior, varón sencillo e iletrado, amado de Dios y de los hombres, llamado hermano Francisco, se hallaba tan penetrado de embriagueces y fervores de espíritu, que, cuando vino al ejército de los cristianos, que se hallaba ante los muros de Damieta, en Egipto, defendido únicamente con el escudo de la fe, se dirigió intrépidamente a los campamentos del Sultán de Egipto. Cuando le arrestaron los sarracenos en el camino, les dijo 'Soy cristiano; llevadme a vuestro Señor'. Y, una vez puesto en presencia del sultán, al verlo aquella bestia cruel se volvió todo mansedumbre ante el varón de Dios, y durante varios días él y los suyos le escucharon con mucha atención la predicación de la fe de Cristo. Pero, finalmente, el sultán, temeroso de que algunos de su ejército se convirtiesen al Señor por la eficacia de las palabras del santo varón y se pasasen al ejército de los cristianos, mandó que lo devolvieren a nuestros campamentos con muestras de honor y garantías de seguridad y al despedirse le dijo 'Ruega por mí, para que Dios se digne revelarme la ley y la fe que más le agrada"'.

"Los sarracenos suelen escuchar gustosamente la predicación de los hermanos menores cuando se limitan a exponer la fe de Cristo y la doctrina del Evangelio; pero desde el punto en que en su predicación condenan abiertamente a Mahoma como mentiroso y pérfido, esto ya no lo soportan, y los azotan sin piedad hasta llegar casi al linchamiento, de no ser por la maravillosa protección divina, y acaban por expulsarlos de sus ciudades" (Escritos, biografías... B.A.C., N° 399; Madrid, 1978; p. 967).

Crónica de Ernoul (1230)

El autor no menciona explícitamente a san Francisco y a la Orden. Habla de "dos clérigos" que se enfrentan primero al cardenal legado pontificio. El documento se abre con el problema de lo que hemos dado en llamar "misión canónica". Los dos solicitan permiso para ir a predicar al sultán, del otro lado de las trincheras. Pero poco les importa ser o no "enviados", basta la conformidad.

"Acudieron al cardenal (Pelayo Gaitán, legado pontificio) y le manifestaron que querían ir a predicar al sultán, mas que no querían ir sin su permiso. Y el cardenal les contestó que no irían con su permiso ni mandato, pues no quería él permitirles a sabiendas ir a lugar donde les matasen, porque sabia de seguro que, si ellos iban al sultán, jamás regresarían. Le dijeron que, al ir allá ellos no precaria el cardenal, ya que no los enviaba, sino sólo se conformaba con que fueran...

Mucho le rogaron. Viendo el cardenal que tanto anhelaban ir, les dijo: 'Señores, no sé cuáles serán vuestro corazón y vuestras miras, ni si son buenas o malas; y si vais allá, cuidad que vuestro corazón y vuestras miras sean siempre del Señor Dios'. Le declararon que no deseaban ir al sultán sino para un gran bien, por si acaso lo podrían conquistar. Por lo cual les dijo el cardenal que podían ir, si así lo querían, pero que no era por su permiso".

El resto del documento nos introduce en el mundo musulmán, evidentemente mal comprendido por cristianos medioevales. El tema de las disputas religiosas, de las controversias con infieles y herejes. El tema concluyente de la guerra santa, la "cruzada". El testimonio citado, como otros de posible interés están también contenidos, en trozos seleccionados, en los "Escritos, biografias..." de la B.A.C., en la sección correspondiente (p. 968ss). Resta siempre el desafío de buscar los textos originales y otros documentos de la época. Para nosotros será suficiente continuar el camino interrogando a la historia contemporánea.

LA CRUZADA

LA HISTORIA CONTEMPORANEA

Otra opción metodológica

Para precisar el campo de la investigación ceñimos el terreno de las preguntas... Nos está interesando en este momento, de modo específico, establecer correctamente la relación misión-jerarquia-espiritu. Hasta qué punto la intuición franciscana es un modo nuevo de ser-en-el-mundo y para-el mundo que aparece como fruto del Espíritu del Señor al interior de la comunidad de los fieles. Hasta dónde la Arqué Sagrada usurpa, coordina, corrige, se impone, se somete a ese Espíritu Santo que obra en los fieles.

Qué podemos decir (luego del análisis de la Regla no Bulada en su capitulo sobre la "misión" entre sarracenos y otros infieles) sobre el tan manido tema de la obediencia de Francisco de Asís. ¿Su misión proviene del mandato del Papa o de la moción del Espíritu Santo de Dios, al que hay que obedecer pese a quien pese? ¿Cuál es la relación de la intuición franciscana con otras reglas de la época...?

Focalizamos, pues, la pregunta para ir a buscar alguna luz en la historia contemporánea.

Primero, la relación entre cruzada y la "misión" en la Regla Franciscana.

Segundo, la relación entre misión y obediencia o mandato para la misión.

¿Qué es una cruzada?

Recurrimos expresamente a dos fuentes insospechadamente "católicas". Una enciclopedia española del siglo pasado y la Historia de la Iglesia, edición B.A.C., de Lorca - Villoslada.

Quisiéramos reeditar la visión de un católico medieval en el pensamiento de un fiel adherente a la obediencia papal de nuestros días. Para ubicar mejor la respuesta, posiblemente original, de Francisco de Asís en el 1200.

"Es muy común el dar ese nombre a toda guerra santa, es decir, a aquella guerra que se emprende por causa de la religión y en defensa de la iglesia, sea quienquiera el que la predique y la acaudille... A nuestro entender, e} nombre de 'cruzada' se debe reservar exclusivamente a aquellas guerras santas predicadas y en cierto modo dirigidas por el Papa en cuanto cabeza y jefe de toda la cristiandad. Tienen consiguientemente un carácter supranacional y universal, y por eso suelen participar en ellas soldados de diversas naciones cristianas. El Papa invita a los fieles a participar en ellas, concediendo indulgencia plenaria de los pecados a cuantos se alisten bajo el estandarte de la Cruz, estandarte que el propio romano pontífice entrega a un legado o representante suyo para que lo lleve en el combate (vexillum crucis o vexillum sancti Petri). Finalmente, creemos que para que una guerra santa tenga el carácter de cruzada es menester que vaya dirigida contra los enemigos de la cristiandad, en cuanto tales" (Historia de la Iglesia, B.A.C..

Aclara el autor que "la religión cristiana no es de suyo favorable a la guerra" y que en algún tiempo "miró con recelo el oficio de soldado". Pero "poco a poco fue mirando con ojos más benignos la profesión militar; empezó a dar su bendición a los soldados, a los estandartes, a las espadas". La guerra comenzó a justificarse cuando se hacía por defender a la Iglesia o por amparar a los débiles v desvalidos inocentes; después, igualmente cuando era contra los paganos ."El Decreto de Graciano canoniza las guerras contra herejes, cismáticos y paganos".

Si bien se señalan opiniones contradictorias entre las "autoridades" de la época, y si bien no es de dudar que hubiera sectores pacifistas al interior mismo de la curia romana, el mismo concilio ecuménico Lateranense IV en su

Decreto "Expeditio pro recuperanda Terra Sancta" deja de lado toda solución pacifista del problema del Islam. "La cruzada armada era, a los ojos de la casi totalidad de los padres conciliares la única solución del angustioso problema; a la agresividad musulmana correspondía la violencia cristiana de la cruzada" (Dizionario francescano, ed. Messagero, Padova 1983, voz "Saraceni", p. 1654).

La indulgencia plenaria

Cuando Urbano 11 predicó la primera cruzada escuchó "la voz del pueblo que clamaba '¡Deus lo volt!' (Dios lo quiere), y añadió por su parte: 'Esas palabras tan unánimes, como inspiradas por Dios, serán vuestro grito de guerra y vuestra consigna en la batalla"'.

"La promesa del Papa a los que tomasen las armas para la conquista de la Jerusalén terrestre les aseguraba la entrada gloriosa en la Jerusalén celeste, mediante una indulgencia plenaria, presupuesta la confesión sacramental. Esto, para aquellos hombres de fe profunda e ingenua, tenía un atractivo increíble. Fue preciso poner cortapisas al entusiasmo popular. Ningún monje ni clérigo debía alistarse sin permiso de su abad u obispo...".

"Todos cuantos se incorporasen al ejército expedicionario debían hacer espontánea, y libremente, el voto y juramento de marchar hacia Jerusalén, sin retroceder jamás, por muchos obstáculos con que tropezasen. Este voto era inviolable y obligaba, bajo pena de excomunión".

El juicio de fe; místicos y teólogos

En nombre del romano pontífice, san Bernardo dejó las soledades de los monasterios para meterse en las cortes y ciudades predicando la cruzada. Quizás nunca haya visto Europa un predicador de palabra tan arrebatadora y tan prodigiosamente eficaz. A su voz, obradora de prodigios sin cuento, se alzaran ejércitos de hombres de todas las clases sociales... Su concepción de la guerra contra los paganos o sarracenos era mucho más alta y grandiosa que la de Pedro el Ermitaño. La Cruzada no seria un desorganizado movimiento popular, sino una empresa sublime de ensanchamiento del reino de Cristo, la realización de la unidad moral de la cristiandad por medio de ordenada cooperación militar de los reyes cristianos y, en fin, la espiritualización de la política internacional de Europa" (siempre citamos la Historia de la !iglesia, B.A.C.).

"A pesar del fracaso global de los objetivos de las cruzadas 'advirtamos, con todo, que aun militarmente se consiguió mucho: se quebrantó el dominio musulmán en el Mediterráneo y pudo el occidente navegar con más seguridad hacia el oriente..."'.

"Comercialmente las Cruzadas fueron increíblemente fructuosas para Europa... Socialmente, con el progreso de la industria y con ausencia de nobles caballeros se van transformando las condiciones económicas y la organización de la sociedad... Culturalmente, se ensancharon los horizontes espirituales tanto como los materiales, se avivó la curiosidad y empezaron a despertar las ciencias...".

"Espiritualmente, se hicieron infinitos actos heroicos de penitencia, de abnegación, de piedad y de fe, hasta morir gozosamente por Cristo; se fomentó la vida piadosa popular con las indulgencias, las reliquias de los santos, la devoción a la Cruz y al calvario, que cuajará más adelante en la práctica del vía crucis, etc., se hicieron grandes limosnas y se crearon obras admirables de beneficencia, como hospicios, hospitales y otras instituciones de caridad; con la fundación de Ordenes militares, que llevaron el heroísmo al límite de lo sobrehumano, se desarrolló el espíritu caballeresco y el idealismo cristiano, que perdura en muchos caballeros cris-tianos hasta el siglo XVI".

"Añadamos, por encima de todo esto, que con las cruzadas se estrecharon los vínculos de fraternidad cristiana entre los pueblos y sobre todo se acrecentó gigantescamente la figura del Papa, como verdadero guía y jefe de la cristiandad, a cuya voz se ponían en marcha multitudes inmensas y poderosos ejércitos, a veces los mismos reyes...".

"En contraposición a este lado luminoso, no hay que olvidar la crasa ignorancia religiosa y las supersticiones, que muchas veces movían a los peregrinos a tomar la cruz y dirigirse a Tierra Santa, la ambición de muchos jefes, los atroces actos de crueldad y salvajismo cometidos en el camino o . en la misma guerra, la inmoralidad reinante en los ejércitos, etcétera..." (Historia de la Iglesia, B.A.C.).

"Atrevámonos de una vez a despreciar las preocupaciones y a presentar estas guerras santas tan dichosas como pudieron haber sido. El Asia ya no sería presa de los bárbaros. La Ley del Evangelio hubiera formado costumbres y hombres allí donde la ley de un impostor no ha producido otra cosa que costumbres vergonzosas para la humanidad (el autor está hablando del "impostor" Mahoma). Europa, Asia y Africa no serían sino un sólo pueblo y una sola religión: los mares estarían libres de piratas, el comercio no hallaría obstáculos, el nombre cristiano no tendría enemigos; millones de desgraciados, hermanos nuestros y compatriotas, no gemirán, con vergüenza de las naciones, bajo las cadenas de los infieles y al ver el mundo libre de la tiranía, en lugar de exclamar: ¡Qué locura fueron las cruzadas!, no podríamos menos de decir: ¡Qué desgracia para la humanidad que las cruzadas no hayan tenido éxito completo!" (Enciclopedia citada.

UNA BULA DE INOCENCIO III

Todo el peso de la autoridad institucional

Todos conocemos suficientemente el conflicto entre la inspiración divina, personalísima de Francisco, y los decretos del Concilio Lateranense IV prohibiendo la fundación de nuevas órdenes religiosas. Y cómo Francisco no quiso sentir hablar ni de Agustín, ni de Benito, ni de Bernardo.

Poco sabemos de conflictos posiblemente levantados por las prescripciones del Concilio lanzando la Cruzada.

Vamos a transcribir la subsiguiente bula papal, donde se juega todo el poder, toda la autoridad institucional. Es importante porque el capítulo de la Regla que estamos estudiando puede estar escrito posiblemente después de dicha bula. Si admitimos que la redacción refleja la experiencia vivida entre los sarracenos por el mismo Francisco.

Inocencio III y la Cruzada: el siervo y el Señor

Inocencio III, desde el inicio de su pontificado presentó un programa de reforma de la Iglesia vinculado indisolublemente a la liberación de la tierra de Jesús. La cuarta cruzada había traicionado sus propósitos con la ocupación de Constantinopla, sin que valieran en contrario las protestas pontificias.

El 16 de agosto de 1205 hace un nuevo llamado para la conquista de Jerusalén, de gran importancia en el proceso de conversión y en la configuración de su experiencia espiritual posterior. Enrolado el joven Francisco tiene una visión determinante: ¿a quién servir?, ¿al "siervo" o al Señor?

Obedecer al "siervo de los siervos de Dios", sirviendo en sus milicias terrestres, o ser el mismo Francisco cabeza de una nueva milicia, sirviendo directamente al Señor. "Parece que los biógrafos y los historiadores del santo no hayan comprendido todo el significado del acontecimiento; y dada la mentalidad del medioevo que no podían haber comprendido a un Francisco en oposición a la cruzada querida por Dios..." (Dizionario francescano, lugar ya citado).

El texto de 18 bula de 1216

Inocencio, siervo de los siervos de Dios

Deseosos de liberar la Tierra Santa de las ansias ardientes de los impíos, luego de consultar a prudentes varones

con cabal conocimiento de las circunstancias de tiempo y lugar, y con la aprobación del Sagrado Concilio, definimos:

Los cruzados dispuestos a viajar por mar han de estar reunidos para las calendas del próximo julio en el reino de Sicilia, en Brindis, Pesana o en sus cercanías. Allí estaremos presentes, personalmente, si Dios quiere, para ordenar el ejército cristiano con nuestra ayuda y consejo, y para q