LA IDEA DE MISION EN FRANCISCO SEGUN LA REGLA NO BULADA.

Walbert Bühlmann

(En A. CAMPS - G. W. HUNOLD [editores],

Erschaffe mir ein neues Wolk, Mettingen 1982, 13-29. [Cf. CF 52 <1982> 476]).

Gracias a la obra clásica de Hilarino Felder "Los ideales de San Francisco de Asís" se pudo difundir ampliamente el conocimiento de que "Francisco fue, de todos los fundadores de órdenes, el primero que asumió en su programa el apostolado entre los infieles. El es el primer occidental que llevó la fe a los no europeos. El es el padre de la época de la misión moderna, que empieza con él y que se ha seguido desarrollando hasta nuestros días. Ciertamente, se puede decir sin exageración que, desde el tiempo de los apóstoles, fue él el primer heraldo de la fe que escribió en su bandera el propósito de convertir al mundo entero..."1 Después de Felder se han escrito numerosas disertaciones sobre nuestro tema 2, de modo que se justifica la pregunta: ¿qué se puede añadir aquí de nuevo?

No pretendo descubrir datos históricos nuevos. Pienso, sin embargo, que será útil volver a repasar lo ya conocido para lograr quizás perspectivas e impulsos existencialmente nuevos.

Al prestar especial atención a la idea de misión en la Regla no bulada (Rnb), es forzoso comenzar refiriéndonos a la experiencia misional de Francisco. De otra manera no se podría entender la Rnb. Pues no tiene sentido por sí misma, sino en cuanto que es reflexión y fijación de la vida evangélica anterior. No en vano se encuentra en ella la palabra "regla" sólo dos veces, frente a las catorce de la palabra "vida". La peculiaridad de los primeros discípulos franciscanos era precisamente que no seguían una regla, sino que imitaban un modelo. Francisco no era para ellos un legislador, un teórico, hoy se diría un ideólogo que propone ideas audaces para estudiarlas, sino la copia viva de un modelo: Cristo3. Sólo con el creciente número de los hermanos se hizo necesario recurrir a una regla, una legislación, y luego a unas constituciones con los consiguientes riesgos de legalismo, sólo evitables mediante una orientación constante al modelo primitivo más que a la pura ley4. De hecho hay que admitir como probable que el capítulo sobre las misiones de la Rnb (c.14) no se escribió hasta después del viaje del santo a Egipto (cf. abajo). Antes de ser pionero de la idea de misión en el campo legislativo, Francisco realizó un esfuerzo audaz en la práctica misma de la misión. Hasta el punto que sigue siendo más importante lo que él hizo que lo que dijo o escribió5. Sus hechos se muestran como clave de interpretación para sus "palabras y escritos".

1. Las realizaciones misionales de s. Francisco

1.1. Los viajes misioneros

Los viajes misioneros de Francisco muestran en primer lugar una gran originalidad y dinamismo, si nos fijamos en el trasfondo de la situación misional de entonces6. Francisco no se acomodó a la mentalidad de su tiempo, sino que nadó contra corriente e inició otros caminos con nuevas perspectivas.

Cierto que la conversión de los pueblos escandinavos duró hasta el siglo 14. Pero de ello tenía poco que aprender el "occidente cristiano". Europa era prácticamente un continente cristiano, una "cristiandad", un bloque religiosa, política y culturalmente cerrado, limitado en el oeste por el océano aún no cruzado y acordonado en el este y el sur por la barrera del Islam. Como consecuencia de esta situación en que la evangelización de hacía "imposible" desde un punto de vista pragmático, nadie pensaba ya, incluso teológicamente, en el mandato de Cristo sobre la misión universal - excepto Francisco. El suscitó a ambos niveles -frente a la total crisis misionera- un impulso nuevo.

Sus tres viajes misioneros se hallan suficientemente documentados en las fuentes7, pero parece que no causaron demasiada sensación entonces. Con una única excepción, no fueron descritos por los testigos oculares como actualidad, sino sólo como retrospectiva después de su muerte8.

Es un hecho que Francisco no se contentó con vivir y predicar el evangelio por sí mismo y por los hermanos en los países cristianos, sino que ya en el sexto año de su conversión, e.d. en 1212, de modo completamente espontáneo, intentó viajar a Siria (así se designaba el mundo del Islam) para predicar a los sarracenos la fe cristiana. El barco fue llevado por una tempestad en el Adriático contra las costas de Dalmacia, y el sueño se esfumó. Pero el soñador no se dio por vencido. Poco después quiso llegar a Marruecos por vía terrestre a través de Francia y España. El biógrafo señala: "Era tal el fervor que le empujaba, que algunas veces dejaba atrás a sus compañeros de viaje, ebrio de espíritu por apresurar el cumplimiento de su propósito9." Pero en España le sobrevino una grave enfermedad y debió interrumpir su segundo intento misionero.

A pesar de todo, no abandonó la idea de una evangelización pacífica de los musulmanes. En el capítulo de Pentecostés de 1219, en el que tomaron parte unos 5000 hermanos, dio carácter oficial a su idea y se decidió enviar hermanos a Túnez y Marruecos. Francisco mismo se ofreció y se comprometió a ir a Egipto. Junto con algunos hermanos, fue admitido en uno de los muchos barcos que debían llevar refuerzos a los cruzados que se hallaban frente a los muros de Damieta, y esta vez llegó de verdad a Egipto.

¿Cuál pudo ser el motivo tenaz de esta empresa? Hay que hablar más bien de un conjunto de motivos. La idea de la cruzada, a que tuvo obsesionado el occidente durante dos siglos, había despertado el interés por el oriente. Recibió un nuevo impulso en el concilio IV de Letrán en 1215, que fue convocado por Inocencio III con el doble objetivo de renovar la Iglesia y de organizar una nueva cruzada. ¡La que Francisco se propuso era una cruzada completamente distinta! A ella se unía el deseo del martirio10. La fuerza decisiva le vino sin duda de la "inspiración divina", que Francisco presuponía en todos los que quisieran ir entre los sarracenos, y de la que él se sentía tocado en modo eminente.

En esta "divina inspiración" reconoció él que el envío de los apóstoles por Jesús no significaba sólo un suceso histórico de entonces, sino que era un ejemplo a seguir siempre11. Por eso cuando los hermanos eran ocho apenas, ya los mandó en cuatro grupos de dos en dos en dirección de los cuatro puntos cardinales12. De ese modo intuyó el sentido de la vocación propia y de los hermanos: "Dios en su misericordia nos ha llamado no sólo para nuestra salvación sino para la salud de muchos; tenemos que ir por el mundo y amonestar a los hombres más con nuestro ejemplo que con nuestras palabras, para que se conviertan de sus pecados y observen los mandamientos"13. Y por eso se atrevió a oponerse directamente al cardenal Hugolino, que le reprochó el que mandara a los hermanos a sitios tan lejanos, donde iban a morir de hambre y a pasar toda clase de privaciones, diciéndole: "Señor, creéis que el Señor ha llamado a los hermanos solamente para estas provincias? En verdad os declaro que el Señor ha escogido y enviado a los hermanos para el progreso y salvación de las almas de todos los hombres en el mundo entero, y ellos serán recibidos no sólo en las tierras de los creyentes, sino también en los países de los infieles y ganarán muchas almas"14. De ahí que la idea de la misión entre infieles no le dejó reposar. Por "divina inspiración" surgió en él como una luz la idea de que el evangelio no se debía reservar a sólo los cristianos, sino que había que llevarlo y predicarlo a los demás. Y con profético tesón se empeñó en ello contra todo el ambiente de su tiempo.

1.2. El encuentro con el Sultán

Este suceso, tan importante para la historia y método de la misión, puede reconstruirse del modo siguiente15: Francisco pudo llegar en julio/agosto de 1219 hasta los cruzados que cercaban la ciudad de Damieta, ciudad de una especial importancia estratégica y espiritualmente. Los musulmanes creían que en esta ciudad santa tendría lugar algún día el juicio final. Ambos bandos pensaban que aquí se decidiría la guerra.

El aspecto que los cruzados ofrecieron al nuevo huésped de Asís no fue nada edificante: Tensión y diferencias entre los soldados de los diversos países y ciudades, borracheras, avaricia, crueldad y desenfreno sexual. Un día, a ocho prisioneros musulmanes les cortaron las orejas, narices, labios y brazos y les sacaron un ojo. En junio el Sultán Al-Malik al-Kamil -según diversas fuentes hombre sabio, justo y magnánimo- había ofrecido la paz, haciendo la proposición ventajosa de ceder Jerusalén a los cristianos a cambio de que se retiraran de Egipto. Fue el delegado papal, cardenal Pelagio Galván quien se opuso a tan atractivo ofrecimiento: el Concilio ha querido la cruzada, es una clara expresión de la voluntad e Dios; hay que llevarla, por tanto, hasta la victoria total. Con ello se significaba por desgracia que no sólo se pretendía la reconquista de los Santos Lugares, sino el aniquilamiento de los musulmanes y la extensión del dominio cristiano.

En tal ambiente Francisco no podía sentirse cómodo. Trató de convencer a los saldados para que no lucharan. Le fue bien con los italianos, que entendían su lengua. Otros le tomaron por loco, utópico, pacifista peligroso que dañaba los intereses de la cristiandad. Varias veces trató de convencer al cardenal de la necesidad de la paz; pero sin éxito. Se ofreció para ir hasta el Sultán; pero no se le permitió. Luego, el 29 de agosto, sucedió lo peor: un ataque por sorpresa del ejército musulmán, en el que murieron 6000 cruzados. Entonces el cardenal Pelagio "permitió" finalmente al hermano Francisco visitar al Sultán, pero por su cuenta y riesgo, no como mensajero oficial de paz.

Junto con fr. Iluminado atraviesa Francisco la tierra de nadie, encuentra allí -según cuenta s. Buenaventura16- dos ovejas, lo que le llena de gran alegría y le recuerda las palabras del Señor: "He aquí que os envío como ovejas en medio de lobos..."(Mt 10,16). Pronto los dos viajeros son apresados por los soldados musulmanes. Francisco les aclara: "Yo soy un cristiano. Llevadme a vuestro señor". Como queriendo decir: "No soy un cruzado, sino un auténtico cristiano; por tanto, ¡no un enemigo, sino un hermano!" El fidedigno testigo, Jacobo de Vitry, que con la mentalidad típica de los cruzados llama al Sultán "una bestia cruel", que por cierto se tornó súbitamente manso al ver al hombre de Dios, hace el siguiente relato: "Durante unos cuantos días el Sultán escuchó atentamente a Francisco, que le predicó a él y a su gente la fe en Cristo. Pero al final temió que algunos de su ejército se convirtieran al Señor ante la fuerza de sus palabras y se pasaran al ejército de los cristianos. Por ello ordenó que le devolvieran a nuestro campamento con todo honor y con una escolta segura. Al despedirle le dijo: 'Ruega por mí, para que Dios me revele misericordiosamente aquella ley y aquella fe que más le agradan'".

Si se juzga según un éxito palpable, habría que decir que la visita fue un fracaso. Francisco no consiguió su propósito. El buscaba el martirio, como Celano pone de relieve. No se le concedió esa gracia. El se esforzó por convertir al Sultán y su gente, como escribe s. Buenaventura. Pero no obtuvo esa satisfacción. El esperaba establecer la paz, poner fin a una guerra nada cristiana, como destaca Basetti-Sani. Tampoco logró esto. La guerra se recrudeció y, al llegar nuevos refuerzos, Damieta fue finalmente tomada el 5 de noviembre.

A pesar de todo, Francisco regresó sin la impresión de haber sufrido un fracaso. Se había ganado la amistad del Sultán. Recibió de él un pase para poder moverse por todo su reino sin ser molestado. El Sultán, que hasta entonces sólo conocía de lejos a los cruzados como enemigos, encontró en él a un auténtico cristiano, a un hombre de Dios, a un hermano. Se dio cuenta de pronto que ser cristiano no significaba necesariamente ser cruzado. El debería haber advertido también que sus soldados, caso de hacerse cristianos, no tendrían por qué pasarse al ejército de los cruzados. Pero se ve que no bastó para esto el episodio con el solitario Francisco.

De todos modos, dos hombres de distintas facciones enemigas se sintieron amigos. Francisco no se dejó aprisionar ni cegar por una mentalidad de partido, sino que, sin prejuicios, sin medios de poder, sin pretensión de fuerza, sino simplemente de hombre a hombre, llega hasta el Sultán, convencido de que también él, como cualquier hombre, en el fondo buscaba honradamente el camino de la salvación17. Y no discutió ni polemizó con él, sino que presentó simplemente ante él su testimonio cristiano, lo que si no despertó en el Sultán la disposición para cambiar el sistema de religión, al menos le dejó abierto a la inspiración de Dios. Francisco admitió para él -quizás inconscientemente- el derecho a la libertad y decisión de conciencia.

1.3. Las repercusiones del viaje a Egipto

En primer lugar hay que decir que a Francisco le quedó un recuerdo permanente de su corta estancia misional, en concreto dos típicas enfermedades tropicales. Es seguro que allí contrajo la 'enfermedad egipcia', una afección muy contagiosa de los ojos (conjuntivitis tracomatosa), que le causaría muchas molestias y, a consecuencia del tratamiento médico de entonces (con un hierro candente), muchísimos dolores. Además padeció una infección crónica de malaria. Se piensa que este padecimiento ya lo llevaba consigo desde la juventud -la malaria estaba entonces muy extendida en Italia- y que fue la causa de su enfermedad después de la prisión y en su viaje a España. Lo cierto es que en el invierno de 1220/21, por tanto después de su viaje a Egipto, sufrió un fuerte ataque de "febris quartana". Es, pues, claro que su estancia en Egipto agravó esta fiebre que le llevó definitivamente a la pérdida total de las fuerzas y fue la causa precisa de su muerte. Así pues, en sentido literal, pagó su viaje con la muerte. ¡Tragedia y gloria de tantos misioneros que en el curso de la época misional inaugurada por Francisco han corrido la misma suerte!

En segundo lugar, Francisco se encontró en el campamento de sus amigos musulmanes con una costumbre religiosa que le impresionó grandemente y que él con gusto habría trasladado al occidente cristiano. Se trata de la llamada a la oración que el muezín proclama de madrugada, a mediodía y por la tarde desde el minarete, y que el pueblo entero respeta haciendo su oración con numerosas inclinaciones (salât). Francisco trató de introducir de modo semejante una especie de toque de oración en occidente. Así lo quieren ver los autores cuando él escribe en su carta a los custodios: "Debéis proclamar y predicar su alabanza a todas las gentes de modo que a cada hora y cuando suenan las campanas, todo el pueblo en toda la tierra tribute siempre alabanzas y acción de gracias al Dios omnipotente." ¡Impresiona aquí el universalismo de su pensamiento, tres veces resaltado! Aun más claramente expresa este deseo en la carta a los jefes de los pueblos: "Tributad al Señor tanto honor en el pueblo a vosotros encomendado, que todas las tardes, por medio del pregonero u otra señal, se anuncie que el pueblo entero rinda alabanzas y acciones de gracias al Señor Dios omnipotente. Y sabed que si no hacéis esto, tendréis que rendir cuenta en el día del juicio ante vuestro Señor Dios Jesucristo"19. A pesar de esta advertencia tuvo poco éxito con su idea, quizá porque su carta a las autoridades de los pueblos no tuvo la debida difusión. Sólo 100 años más tarde, pero sin relación con la "salât", se introdujo el toque del Angelus. De todos modos sigue siendo un testimonio positivo en favor de Francisco cuán diversamente de sus contemporáneos pensaba él de los "gentiles" y cómo estaba dispuesto a aprender de ellos.

Igualmente obtuvo escaso fruto -es triste constatarlo- de su encuentro modélico con el Sultán. Si su ejemplo hubiera formado escuela, habría sido muy distinta toda la historia de las relaciones entre cristianismo e Islam. Pero no solamente los cristianos en general siguieron siendo durante largo tiempo cruzados crueles y más tarde colonizadores autoritarios de todos los países islámicos desde Marruecos a Indonesia. Incluso los franciscanos, en contraste total con Francisco, comenzaron muy pronto a polemizar, de modo que Jacobo de Vitry afirma: "Mientras los frailes menores predican la fe en Jesucristo y la enseñanza del evangelio, los sarracenos los escuchan con gusto. Pero en cuanto tachan a Mahoma de mentiroso y renegado y le contradicen abiertamente, los azotan sin misericordia, los arrastran por la ciudad y los harían morir brutalmente si Dios no los liberara milagrosamente". Independientemente de que los franciscanos a lo largo de unos 100 años llegaron hasta la corte del Khan mongol, principalmente como delegados del Papa y del rey de Francia -por tanto se presentaron allí en posición de fuerza y no con la presencia sencilla de san Francisco-, muchos de ellos se distinguieren también después como maestros de la polémica20. Figuras como Raimundo Lulio fueron más bien excepción. También los demás misioneros y la Iglesia en general se comportaron durante siglos de modo muy exclusivo y ergotista21, hasta que con Juan XXIII y el Concilio se descubrió, para tratar con los otros, el diálogo que Francisco había practicado 760 años antes.

En cuarto lugar se puede todavía considerar fruto del viaje a Egipto el capítulo XVI de la Rnb, del que nos tenemos que ocupar ahora a fondo.

2. La legislación misionera de san Francisco

2.1. Fecha e importancia del capítulo sobre las misiones

Como en la Biblia también en la Rnb el método de la historia de las formas ha presentado algunos puntos de reflexión sobre los que hasta ahora se pasaba sin problema. Hoy se está de acuerdo en que la Rnb no se escribió toda de una vez, sino que, partiendo de una fórmula primitiva, atendiendo constantemente a las nuevas necesidades, se fue acrecentando a lo largo de los años con la inserción de nuevas disposiciones que se sugerían, y con recomendaciones que era necesario estuvieran expresas a causa de las experiencias negativas. Así alcanza en el capítulo de Pentecostés de 1221 la forma tradicional que hoy tiene22.

Se admite generalmente que el capítulo XVI sobre las misiones es una de esas añadiduras. La cuestión es sólo de qué tiempo procede. Algunos piensan que el texto surgió ya a raíz del IV concilio de Letrán y bajo su influjo23, con lo que, sin embargo, se sobreestima claramente la irradiación misionera de ese concilio. ¡El llamamiento a la cruzada y el ansia de evangelización se distancian años luz! Los autores se inclinan siempre más a ver en este capítulo una consecuencia y un eco del viaje a Egipto del Fundador de la Orden. Sin una cierta experiencia misionera difícilmente habría podido Francisco describir de modo tan clásico los dos modos de presencia entre los sarracenos(cf. abajo).

Para ver el puesto del capítulo misional en el conjunto de la Rnb nos puede ayudar mucho la investigación e interpretación de A. Rotzetter25. Según esto podemos distinguir en la Rnb:

  • la regla primitiva, que describe la vida franciscana todavía de modo general, como vida sin propiedad en el seguimiento de Jesús. La consecuencia más radical está en la ruptura con el "mundo", con el pasado y sociedad pecaminosos, que ha de expresarse simbólicamente en el distanciamiento de las posesiones y en la comunicación de los bienes con los pobres.
  • el estatuto de fraternidad: formula ya el propósito con más profundidad y concretez: se trata del seguimiento del Señor servidor y obediente en la atenta disponibilidad para con los hermanos y en la recíproca ayuda. Aquí se hace espiritualmente significativa la indisoluble unidad entre fraternidad y obediencia.
  • el estatuto de orden mendicante: ve la existencia franciscana, al igual que la verdadera existencia cristiana, como seguimiento de Cristo humilde y pobre en solidaridad con los pobres. Junto a la pobreza, esta fórmula -como también el estatuto de la fraternidad- lleva implícita la minoridad.
  • el estatuto de peregrinación: añade expresamente a los aspectos de la vida franciscana hasta aquí considerados el de la misión. El seguimiento de Cristo tiende esencialmente a la misión, a la proclamación del Reino de Dios.

El estatuto de la peregrinación (cc. 14 al 17) se halla en el centro propio de la Regla. Anteceden 13 capítulos sobre la esencia del seguimiento de Cristo, sobre la admisión de los hermanos, sobre la vida de oración, en suma, cómo los hermanos "deben salir fuera del mundo", al modo como lo ha hecho entonces Francisco mismo, después que en el encuentro con el leproso llevó a cabo su propia conversión con un acto interior de violencia26. Ahora sigue el reverso de la medalla y se muestra "cómo los hermanos -ya como convertidos- deben ir por el mundo". Siguen todavía siete capítulos sobre la vida evangélica franciscana, en parte repeticiones, en parte pensamientos y recomendaciones que fueron formuladas como consecuencias del concilio Lateranense IV y como conclusión definitiva de la Regla. De esta situación se puede deducir que el apostolado de la evangelización no era considerado como una anormalidad o degeneración, sino más bien como el corazón y punto culminante de la autocomprensión franciscana, si bien la renovación de la vida es siempre presupuesto y, en este sentido, le corresponde la prioridad.

2.2. Las expresiones el capítulo misionero

La idea directriz y unificadora de los cuatro capítulos del estatuto de la peregrinación es el ir por el mundo: vadere per mundum (XIV,1), euntibus per mundum (XV,1), ire inter saracenos... vadant de licentia (XVI,3).

El capítulo XIV contiene en seis frases diez referencias al evangelio. Francisco está todavía como ebrio del evangelio, que probablemente había oído el día de San Matías de 1208/9 (Mt 10, 1-42, con los correspondientes paralelos en Lucas). De modo especial le ha afectado el envío de los apóstoles y discípulos ,al igual que el sermón de la montaña. De este modo, con este espíritu deben también sus discípulos ir por el mundo: pobres y puesta su confianza en Dios. Y, al entrar en una casa, dirán: "¡Paz a esta casa!" No se expresa, pero se supone el encargo concreto que Jesús dio siempre a los discípulos: curar los enfermos, expulsar los demonios, anunciar el Reino de Dios; es decir, el servicio de curación (liberación del mal físico), exorcización del mundo (liberación del mal moral-psiquico) y transformación de la desesperanza en esperanza mesiánica. En la terminología actual se diría con una expresión complexiva: salvación integral. En el contexto de hoy se tiene que ampliar esta misión de paz y trasladar el idílico "entrar en una casa" al imperativo más delicado, pero tanto más necesario, de insertarse en las nuevas situaciones socio-económino-políticas27. En ambos casos el hombre franciscano-evangélico debe no sólo decir una palabra de saludo, sino trasmitir una experiencia existencial de Shalom, paz, salvación, harmonía, esperanza. Esta "nuestra paz" es contemplada en el evangelio como una realidad tal, que irá a posarse sobre un hijo de la paz o, en otro caso, volverá a nosotros (Lc 10,6).

El capítulo XV aparece como una típica añadidura de carácter negativo: ciertamente los hermanos deben ir por el mundo, pero no cabalgando sobre animales como los ricos. Cabalgar sobre un animal era entonces como hoy viajar en un Mercedes.

Y ahora sigue el magnífico capítulo XVI: De aquellos que quieren ir entre los sarracenos y otros infieles. Ello muestra un modo concreto de ir por el mundo; el otro modo se describe en el capítulo XVII: de los predicadores. A causa de este orden sucesivo se puede hacer con L. Casutt la siguiente reflexión: "¿Por qué Francisco ha antepuesto el apostolado entre los infieles a la actividad espiritual en la patria? Tal colocación ilumina el orden de preferencia en el corazón del gran apóstol misionero"28. Atendiendo a la historia de las formas hay que decir a esto que el capítulo XVI es considerado como una inserción típica de carácter positivo y que quizás sólo por esto se colocó antes del capítulo XVII, ya que este capítulo XVII termina con la solemne sentencia conclusiva: "Alabemos a Dios, que es bendito por los siglos", a la que no se quería añadir nada más en la línea del mismo pensamiento (estatuto de la peregrinación)29. Si no es posible atribuir a Francisco, partiendo de esa colocación, la intención de dar prioridad al ir entre los sarracenos, se la podría colegir de modo existencial, tal como se encuentra de hecho la Rnb, al modo como también se acepta la Sagrada Escritura como es leída en la vida de la Iglesia y no solamente como es analizada en la historia de las formas. Por lo demás, sería poco franciscano discutir por una precedencia. Ambos modos de ir por le mundo deben ser considerados como plenamente franciscanos.

Para poder explicar ahora en detalle el capítulo XVI debemos primero dar el texto completo:(Cf. BAC pp. 101s).

(1:) Como hemos indicado arriba, Francisco en su camino hacia el Sultán vivió el hermoso suceso de las dos ovejas. ¿Es por eso por lo que ahora quiere aplicar a cada misionero la palabra bíblica de las "ovejas en medio de lobos"?30

(3:) Estamos acostumbrados a leer aquí: ir entre los sarracenos "por divina inspiración", y resulta muy sorprendente que en la edición de las Fuentes Franciscanas se haya omitido esta expresión clásica. Flood la acepta en su redacción y advierte que falta en Angel Clareno, pero que se encuentra en todos los otros 17 manuscritos31. Posteriormente K. Esser ha hecho una nueva investigación crítico-textual sobre la Rnb y en este caso da a Clareno -no tan de fiar en lo demás- una fe tan grande que concluye: "No se puede menos de abrigar un serio reparo contra el 'divina inspiratione' en este lugar"32. El sospecha el influjo de la regla bulada sobre los manuscritos que se conservan de la Rnb y que proceden de época más tardía. En este caso no puedo compartir el "serio reparo" del docto autor, ya que apenas me puedo imaginar que la Regla bulada, que precisamente acortó este capítulo de la misión de modo radical, tratando de darle realismo (cf. abajo), haya introducido la expresión de la "divina inspiración" si no se hubiera encontrado ya en la Rnb. Esta idea llena de hecho el pensamiento del santo desde el principio hasta el fin. Ya en su escrito quizás más antiguo, la forma de vida para santa Clara, del año 1212 o 1213, se dice: "Ya que, por divina inspiración os habéis hecho hijas y siervas del altísimo y sumo Rey Padre celestial y os habéis desposado con el Espíritu Santo..."33 En su testamento, de los años postreros de su vida, rebosa formalmente en la idea de la dirección e inspiración divina: cinco veces recalca: "El Señor me dio...", dos veces: "El Señor me reveló...", una vez: "El Señor me condujo..." A todos estos textos "es común la misteriosa unidad de acción del hombre y Dios, que coloca al hombre propiamente en su total libertad de operación"34. Piénsese en cómo Francisco, bajo esta inspiración y guía divina desarrolló lo que él fue y hasta hoy es, y cómo también los misioneros que se confían "a la divina inspiración", experimentan en muchos casos un extraordinario autodesarrollo.

(3:) "ir entre los sarracenos y otros infieles"; en aquel tiempo los cruzados iban "contra" los sarracenos, y el pensamiento de toda la cristiandad estaba dirigido contra ellos. Pero Francisco envía a sus hermanos no sólo "a" ellos, sino "entre" ellos, quizás "como ovejas en medio de lobos", pero ciertamente también como hermanos entre hermanos. Un nuevo método de misión se anuncia aquí proféticamente (cf. abajo: "el primer modo").

(3-4:) "con la licencia de su ministro y siervo": según lo dicho arriba debería ser claro que es Dios quien envía y dirige al hermano misionero, no el ministro. Por eso el superior, a través de su "licencia", "debe", tiene que decir sí y amén a aquellos hermanos que considere idóneos. Se puede leer entre líneas que algunos ministros se resistían claramente a dejar ir a algunos hermanos. ¡Cuántas vocaciones misioneras a través de los siglos se han tenido que imponer pese a la oposición de los superiores! Tenían derecho y era su deber obrar así. Naturalmente se pudo también abusar de este derecho por parte de los realmente no idóneos. Por eso la cosa se exacerba en la Regla bulada en interés de la disciplina y se formula casi con rechazo: "Los ministros no otorguen la licencia para ir sino a los que vean que son idóneos para ser enviados"35.

(5-6:) El primer modo, "estar presente espiritualmente" entre los sarracenos, es la presencia sencilla, el testimonio de vida cristiana, que consiste en no entrar en luchas o querellas, no polemizar, no contradecir o desafiar dialécticamente a los hombres de otras creencias; sino al contrario, en integrarse por amor de Dios en aquella comunidad, someterse a aquella autoridad, pero sí confesando que se es cristiano. Es el modo exacto como lo practicó Francisco durante sus días con el Sultán, y ambos se sentían así felices. La fascinación de una tal presencia cristiana es imponderable. Todo ello es predicación con los hechos, sin la cual no tendría crédito la ulterior predicación de palabra. Evidentemente esto no quiere decir que se calle frente a todo y que no se reaccione ante injusticias evidentes. Ello no correspondería a la voluntad de Dios ni al ejemplo de Cristo. En los largos siglos de hegemonía y superioridad europea, por desgracia no todos los misioneros franciscanos han observado este primer modo de "presencia espiritual" entre las razas de color y con otras creencias.

(7-9:) "El otro modo" es el claro y expreso anuncio del misterio de Dios, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para que los "sarracenos y otros infieles" (estas expresiones difamatorias como infideles, incrédulos, gentiles, idólatras, se encontraban hasta Juan XXIII incluso en los documentos papales)36 crean y se hagan cristianos. Como entre los judíos, también entre los musulmanes causa escándalo oír hablar del Dios trino. Pero no por eso se debe omitir. Pues hay que confesar a Cristo y no avergonzarse de sus palabras.

Francisco compartía evidentemente la idea medieval, y hasta hace 30 años dominante, de que "fuera de la Iglesia no hay salvación", y que "quien no se haga bautizar será condenado". Es, sin embargo, digno de notarse que él no cita esa frase dura de Marcos(16,16), sino la mucho más matizada, dinámica y espiritual expresión de Juan (3,5) referida al Espíritu Santo y al Reino de Dios. Esto se sitúa de nuevo plenamente en la línea de la "divina inspiración". Lo mismo que a cualquier mentalidad de facción (cf. arriba) Francisco era también opuesto a estructuras y esquematizaciones externas. Para él cuenta la vida según el espíritu y según la conciencia. Por eso para él la cuestión sobre cuándo se ha de emplear el primer modo, cuándo el segundo, cuando el mero diálogo, cuándo la evangelización clara, no es asunto de la decisión de ciertas autoridades, sino de la conciencia de cada misionero o del grupo de misioneros en común plegaria y discernimiento. "Cuando vean que ello place al Señor": por tanto, después de la vocación y del envío, se requiere aquí igualmente una segunda "inspiración divina". Por lo demás, toda la vida y todas las acciones han de estar constantemente bajo esta divina inspiración como fue el caso de Francisco (cf. arriba). Lo mismo se repite en el párrafo 8 con otras palabras: "Esto y otras cosas que agraden al Señor pueden decirles". El pionero de la nueva época misionera dio hace ya 760 años el consejo genial para la relación de tensión Diálogo-Misión: atender a los signos de los tiempos, y percibir en ellos "lo que el Espíritu dice a la Iglesia"(Ap 2,7). Podría ocurrir que a Dios no le agrade todavía que en ciertos lugares, por algún tiempo o quizás incluso por mucho tiempo, no se pase del modo primero al segundo.

(10-12:) De repente ensancha Francisco su campo de visión y piensa en "todos los hermanos dondequiera que estén". El ir a los sarracenos (cap. XVI) y el ir como predicador por las tierras de cristianos (cap. XVII) no son cosa tan distinta que no haya muchos aspectos valederos para los dos modos; p. e. la recomendación a los predicadores: "Todos los hermanos deben predicar con las obras"(párr. 3) se puede dirigir también a los misioneros, y lo que él ahora establece en vista de los misioneros, vale también para todos los hermanos. Con palabras más bien oscuras habla de algo que K. Esser ha llamado el "tercer modo del presencia espiritual"37, de la resistencia, del sufrimiento, de los "padecimientos tanto visibles como invisibles", incluso de la muerte cruel por Cristo. Este modo ocupa el mayor espacio en este capítulo. Se lo podría calificar de visión pesimista. Pero se trata de pasajes puramente evangélicos -18 en total-, por tanto del modo de ver de Jesús. Además estos pasajes evangélicos habían sido ya corroborados por las experiencias de los primeros frailes menores que se dirigieron a los países nórdicos y allí fueron tratados como charlatanes y farsantes, como herejes e infieles, recibiendo insultos y barro, y siendo agarrados por la capucha y arrastrados por el suelo38, lo mismo que por las experiencias de los primeros mártires en Marruecos. Por cierto que todo esto no apagó la alegría de los hermanos, antes la acrecentó, como Jesús había también predicho. -Hoy, que tanto se busca el éxito y la autorrealización, sería muy indicado no olvidar del todo -con Francisco- la locura de la cruz.

Con esta puesta de relieve del capítulo XVI sobre las misiones no se debe olvidar lo que ya se dijo: que se halla inserto en la totalidad de la vida según el Evangelio, y que, por tanto, los misioneros, antes de planificar su actividad, deberán preguntarse y tomar conciencia de la propia identidad, de que son miembros plenos de la Orden Franciscana, de que consiguientemente también para ellos vale lo que se dijo en los 13 primeros capítulos y lo que se subraya en los 7 capítulos que siguen, con inclusión de la acción de gracias y alabanza que va en un poderoso crescendo (cap.XXXIII), que tiene poco que ver con el texto de una regla, pero que es tan significativo para el santo trovador de Asís.

2.3. El destino del capítulo sobre las misiones

Al texto de la Rnb arreglado en el capítulo de Pentecostés de 1221 le correspondió una vida corta. Pronto los juristas de la Orden y de la Curia Romana se empeñaron en redactar de nuevo la Regla de modo más jurídico y abreviado. Esto condujo a la Regla actual, que fue aprobada con bula en 1223. Nadie puede dar una información precisa sobre cómo se desarrolló este proceso transformativo. Los 23 capítulos se redujeron a 12, las 26 páginas (en Hardick) a 9. Desaparecieron no sólo las repeticiones y el vuelo poético, sino también casi todos los textos bíblicos, que para Francisco significaban la vida, aunque muchos no fueron introducidos por él, sino que por encargo suyo lo hizo Cesáreo de Espira, docto en Sagrada Escritura.

P. Sabatier dio carácter de auténtico drama a la tensión que tuvo que haber entre Francisco y la Curia Romana39, y hasta hoy se sigue recurriendo con gusto a ese incidente para alentar los sentimientos antirromanos40.

Seguramente que Francisco sufrió al ver mutilada así "su" Regla. Por otra parte, reconoció el nuevo texto como "criatura suya". Repetidamente se dice en ella: "Yo aconsejo y mando... Mis queridos hermanos..."41 También en el Testamento se identifica con esta nueva Regla cuando dice: "Y en todos los capítulos que celebran, cuando leen la Regla, lean también estas palabras (=Testamento). Y a todos mis hermanos... mando firmemente, por obediencia, que no introduzcan glosas en la Regla ni en estas palabras..."42

Concluyendo se puede bien decir que la Regla bulada no es solamente, pero que es también la obra del Santo Fundador de la Orden. En ella se halla entibiado en muchos grados el seráfico ardor primitivo, per sigue habiendo suficiente calor e intuición franciscanos. Francisco puso su fuerza carismática bajo la obediencia a la Iglesia y así impidió que su movimiento se convirtiera en uno de tantos grupos espirituales fanáticos del medievo, que en su mayoría se fueron extinguiendo y terminaron por desaparecer.

Por desgracia hay que decir de este proceso de transformación que fue el capítulo de las misiones el que tuvo peor suerte. De 23 frases quedó reducido a dos períodos, por cierto de un contenido prevalentemente jurídico y admonitorio. En lugar de ocupar como antes un puesto central junto con el capítulo "de los predicadores", se le puso al final relegándolo a una especie de apéndice. Sobre todo hay que lamentar que la magnífica descripción de los "tres modos de presencia espiritual" desapareció totalmente en el naufragio y que -quizás por eso- no ha ejercido el deseado influjo en la formación de un método misional específicamente franciscano-evangélico43. A Dios gracias se salvó al menos la idea de la "divina inspiración". Con ello se tiene un comienzo constantemente nuevo y creador, un impulso permanente, en cierto modo una fuerza radical que es inagotable y que ayudará a superar todas los estancamientos.

Desde que Francisco inauguró la época medieval de la misión, el horizonte misionero ha tenido muchos cambios. Vinieron las misiones de Patronato, luego las misiones de Propaganda Fide, ahora el período de las iglesias locales misioneras en que los misioneros franciscanos y capuchinos extranjeros van siendo relevados a ojos vistas por hermanos nativos. En todos los períodos, para unos y otros hermanos, fue y sigue siendo el espíritu de san Francisco la cuestión y desafío decisivos. En tal sentido la presente consideración sobre la Rnb no ha sido únicamente un estudio histórico. En el modelo Francisco, remitiéndonos como él a la "divina inspiración", podemos aprender también a superar nuestra actual crisis misionera, crisis de fe, crisis de Iglesia, y a seguir con sencillez nuestro camino sin pararnos demasiado en condicionamientos o dificultades, esperando contra toda esperanza.

 NOTAS

 

1 Die Idealen des heiligen Franziskus von Assisi, Paderborn 1951, 6.Aufl., 317 f. Die erste Auflage kam 1935 heraus. Das Buch war in zehn Sprachen übersetzt.(6ª ed., 317s, La primera edición salió en 1935. El libro se tradujo a diez lenguas).

2 Basetti = Basetti-Sani, G., L'Islam e Francesco d'Assisi. La missione profetica per il dialogo, Firenze 1975.

Bühlmann = Bühlmann, W., Il messaggio permanente di San Francesco, in: ders.(el mismo), Coraggio, Chiesa, Roma 1977, 159-169. Traducción inglesa: Forward Church, Slough 1977, 135-143.

Casutt = Casutt, L., Die älteste franziskanische Lebensform. Untersuchungen zur Regula prima sine bulla (La forma de vida franciscana más antigua. Investigaciones sobre la Regla primera no bulada), Graz 1955.

De Beer = De Beer, F., François, que disait-on de toi? Paris 1977.

Esser = Esser, K., Das missionarische Anliegen des heiligen Franziskus (El propósito misionero de San Francisco), in Bruder aller Menschen. Der missionarische Aufbruch in Franziskus von Assisi (Hermano de todos los hombres. El despertar misionero en Francisco de Asís), Werl 1976, 11-19. Aparecido antes en: Wissenschaft und Weisheit 1972, 12-18.

Flood = Flood, D.E., Die Regula non bullata der Minderbrüder (La Regla no bulada de los Hermanos Menores), Werl 1967.

Hardick = Hardick, L., und Grau, E., Die Schriften des heiligen Franziskus von Assisi. Franziskanische Quellenschriften, Band 1, Werl 6 1980. Für die Wiedergabe der Franziskanischen Texte folgte ich diesem Buch (Los escritos de s. Francisco de Asís. Fuentes franciscanas.... Para la reproducción de los textos franciscanos he seguido este libro).

Lehmann = Lehmann, L., Der universale Grundzug im Beten und Wirken des Franziskus von Assisi. Eine Untersuchung zu seinen Gebeten und Briefen (El rasgo fundamental universalista en la plegaria y actuación de Francisco de Asís. Una investigación de sus oraciones y cartas), Thesis Antonianum 1981.

Iriarte = Iriarte, L., Die missionarisch-franziskanische Spiritualität(La espiritualidad misionera-franciscana), in: W.Bühlmann (Hg.), Ein Missionsorden fragt nach seiner Zukunft(Una Orden misionera pregunta por su futuro), Münsterschwarzach 1979, 63-82.

Manselli = Manselli, R., San Francesco d'Assisi, Roma 1980.

Pedro = Pedro de Anasagasti, El alma misionera de San Francisco de Asís, Roma 1955.

Quellenschriften = Franziskanische Quellenschriften, herausgegeben von der deutschen Franziskanern, Werl 1972 ff. Für die deutsche Wiedergabe der Texte der franziskanischen Quellen folge ich dieser Ausgabe. (Fuentes Franciscanas, editadas por los Franciscanos alemanes... Para la reproducción alemana de los textos de las fuentes franciscanas sigo esta edición).

Rotzetter I = Rotzetter, A., Die Funktion der franziskanischen Bewegung in der Kirche. Eine pastoralische Interpretation der grundlegenden franziskanischen Texte (La función del movimiento franciscano en la Iglesia. Una interpretación pastoral-teológica de los textos fundamentales franciscanos), Schwyz 1977.

Rotzetter II = Der franziskanische Mensch zwischen Autorität und Freiheit. Eine Re-Lectio der Regula non bullata des heiligen Franziskus (El hombre franciscano entre autoridad y libertad. Una re-lectura de la Regla no bulada de san Francisco), in: Franziskanische Studien, Werl 1977, 97-124.

Schmucki = Schmucki, O., Das Leiden Christi im Leben des heiligen Franziskus von Assisi. Eine quellenvergleichende Untersuchung im Lichte der zeitgenössischen Passionsfrömmigkeit (El sufrimiento de Cristo en la vida de san Francisco de Asís. Una investigación comparativa de las fuentes a la luz de la contemporánea devoción a la Pasión), in: Collectanea Franciscana, Roma 1960, esp. 365-379.

Stanislao = Stanislao da Campagnola, Fonti Francescane, vol.I, Assisi 1977, 39-91: Introduzione.

3 Manselli 232-245. Rotzetter I, 17,95.

4 Cf. Scarvaglieri, G., L'Istituto religioso come fatto sociale, Padova 1973.

5 Heute erlebt man im Kirchenvolk einen starken Trend von der Orthodoxie zur Orthopraxis, was keineswegs bloss negativ verstanden werden soll. Vgl. dazu J.B.Metz, Glaube in Geschichte und Gesellschaft, Mainz 1977, 47-57: Das praktische Fundament christilicher Theologie, oder: Was heisst "Primat der Praxis"?

(Hoy se experimenta en la Iglesia del pueblo una fuerte tendencia de la ortodoxia hacia la ortopraxis, lo que en modo alguno se ha de entender sólo negativamente. Cf. al respecto J.B. Metz, Fe en la historia y en la sociedad... El fundamento práctico e la teología cristiana, o ¿Qué significa "primado de la praxis'?)

6 Cf. Jedin, H., (Hg.) Handbuch der Kirchengeschichte (Manual de Historia de la Iglesia), III/2, Freiburg i.B. 1968, 273-284. A. Mulders, Missionsgeschichte (Historia de las misiones), Regensburg 1960, 132-162.

7 Cf. 1 Celano 29, 55-57. TC 36-40. LM 5-9. Cf. al respecto Manselli 55-57; Schumcki 366-372.

8 Cf. nota 15.

9 LM 6.

10 Cf. Schmucki l.c.

11 Sobre su consternación ante el Evangelio cf. Schlauri, I., Saint François et la Blible. Essai bilbiographique de sa spiritualité évangélique, en: CF 1970, 365-437. Y: Lettura biblico-teologica delle Fonti Francescane, a cura di G.Cardaropoli e M. Conti, Roma 1979.

12 1 Celano 29.

13 TC 36.

14 Spiegel der Vollkommenheit, (Espejo de perfección), ed. alemana de Rüttenauer, W., 3.Buch, München 1953, 2ª ed., 117.

15 Una exposición detallada la dan Basetti 130-188 y De Beer 66-111. De Beer especialmente descubre que, de todos los que narran el suceso, Jacobo de Vitry, obispo de Akko, es el único que al mismo tiempo fue testigo ocular y que escribió su testimonio durante la vida del santo, concretamente en dos cartas y en el capítulo 32 de la Historia Occidentalis. Los textos están editados en latín y francés en De Beer 116-129. Los otros reporteros, que no escribieron hasta después de la muerte y canonización del santo, corren fácilmente el riesgo de adaptarlo a los esquemas hagiográficos.

16 LM 8.

17 Bien descrito en Iriarte 66-68 y en De Beer 77s. Rotzetter, A., Kreuzzugskritik und Ablehnung der Feudalordnung in der Gefolgschaft des Franziskus von Assisi (Crística de la cruzada y rechazo del orden feudal en los seguidores de Francisco de Asís), en: Wissenschaft und Weisheit 1972, 121-137.

18 Cf. Schmucki 3772, Manselli 219-259, 327-362. También Schumucki, De infirmitatibus S. Francisci, en: Miscellanea Melchor de Pobladura, I, Roma 1964, 99-129. El mimso, Le malattie di Francesco durante gli ultimi anni della sua vita, en: Francesco d'Assisi e Francescanesimo dal 1216 al 1226. Atti del IV Convegno Internazionale, Assisi 1977, 315-362, esp. 321-332.

19 Más desarrollado en: Lehmann 90-104.

20 Habría que contemplar bajo este punto de vista toda la literatura referente a los mártires franciscanos en el Norte de Africa y en el Próximo Oriente.

21 Cf. Bühlmann, W., Wenn Gott zu allen Menschen geht (Cuando Dios va a todos los hombres), Freiburg i.B. 1981: todo el segundo capítulo.

22 Cf. Flood y Rotzetter I.

23 Así Flood 123 y 128s, y con él Rotzetter I, 160.

24 Así Stanislao 60s, Manselli 263, De Beer 90s, Iriarte 72s.

25 Rotzetter I, 118-169.

26 Cf. su Testamento 1-4.

27 Cf. a este propósito el Documento de Mattli de la Orden Capuchina.

28 Casutt 125.

29 Flood 124s.

30 Cf. la explicación de este texto en De Beer 90-94.

31 Flood 64.

32 Esser, K., Textkritische Untersuchungen zur Regula non bullata der Minderbrüder (Investigaciones crítico-textuales sobre la Rnb de los Frailes Menores), Grottaferrata 1974, 110.

33 Hardick 133s.

34 Rotzetter I, 24s. Igualmente Rotzetter II, 118s.

35 Cf. más consideraciones en Iriarte 70s.

36 Bühlmann, W., Alle haben denselben Gott (Todos tienen el mismo Dios), Frankfurt a.M. 1978, 26s.

37 Esser 18.

38 TC 36-40.

39 Vie de Saint François, Paris 1894, 289-296.

40 Stanislao habla de una "profonda revisione (che risultò mutilante, edulcorante, compromissoria..." de "severi e freddi controlli degli ufficiali curiali..." Ultimamente se ha vuelto a dramatizar y actualizar el hecho por Holl, A., Der letzte Christ: Franz von Assisi (El último cristiano: Francisco de Asís), Stuttgart 1979. Cf. Rotzetter, Franziskus neu entdeckt? (¿Francisco redescubierto?) en: Wissenschaft und Weisheit 1979, 190-199.

41 Regla bulada II, 17; III, 10; IV, 1; VI,4,6; IX,3; XI,1; XII, 3.

42 Testamento 37-38. Cf. Hardick 158s y sobre todo Esser, K., Die endgültige Regel der Minderbrüder im Lichte der neuesten Forschung (La Regla definitiva de los Frailes Menores a la luz de la nueva investigación), en: Franziskanisches Leben. Gesammelte Dokumente, ed. por Esser, K., y Grau, E., Werl 1968, 31-96.

43 Cf. el juicio severo de Basetti 208-211: Il programma di evangelizzazione dei Saraceni incompreso.