CAPITULO II
Los hijos de
San Francisco de Asís
en el Uruguay
SUMARIO
El fracaso de la conquista por las armas. Los primeros misioneros franciscanos. Las primeras reducciones. Los portugueses en el Río de la Plata. Fundación del primer convento franciscano de Montevideo. Los franciscanos y la cultura uruguaya. El convento de San Francisco y la independencia del Uruguay. Fray Alcarza.
La Orden Franciscana ha escrito una página áurea en sus anales ya saturados de gloria, por la actuación eficaz y decisiva que ha tenido en la obra magna de la civilización y emancipación de1 Uruguay.
La obra de civilización se ha impuesto por su carácter netamente evangélico; porque sólo el Evangelio podía con su divina eficacia llevar a cabo una empresa que necesitaba verdad y amor para prosperar; como necesita luz y calor para germinar y desarrollarse toda semilla que confiamos a la tierra.
España, una vez descubierto el continente virgen de América, procuró subyugarlo a su poder e incorporarlo a su vida política.
Para ello era necesario vencer y dominar a las tribus de los naturales diseminadas en el continente; y España se propuso hacerlo por medio de las armas.
Pero la conquista armada fracasó.
Las tentativas de los adelantados, especialmente la de San Salvador y Buenos Aires habían dado duras y sangrientas lecciones a los españoles.
Sin embargo, la conquista era necesaria, y se hizo otra nueva tentativa por medio de las armas. Hernando Arias de Saavedra, conocido vulgarmente con él nombre de Hernandarias, nacido en la Asunción, había sido elegido por elección popular gobernador del Adelantazgo.
Fue Hernandarias el primer americano elegido al gobierno por elección popular.
Hombre de grandes miras; dotado de una rectitud y valor a toda prueba, en el año 1603 al frente de 500 soldados marchó contra los charrúas que, cómo ya dijimos, habitaban la margen oriental del Río de la Plata.
Pensaba Hernandarias que tendría en esta expedición un éxito completo. Con igual número de soldaos Cortés había conquistado a Méjico, y con menor contingente Pizarro había abatido el imperio de los Incas. No cabía la menor duda que sus 500 soldados repetirían esas hazañas en el Río de la Plata.
No contaba Hernandarias con el valor indómito de los Charrúas, que tenían una noción altiva y profunda de su salvaje libertad.
Los Charrúas desbarataron eh ejército de Hernandarias, quién tuvo que huir solo dejando a todos sus soldados o muertos en el campo de batalla o prisioneros de los salvajes[1]. Se convenció entonces el hidalgo Adelantado que la conquista por la fuerza armada era imposible; y que sólo la religión cristiana, impuesta por el celo de los Misioneros, podía reducir a los indios; y por eso pidió a la Corte un plantel de Misioneros para la conquista pacífica del territorio.
A los Misioneros jesuitas y Franciscanos cupo la gloria de realizarla.
Los primeros Misioneros que emprendieron la obra civilizadora en el Uruguay fueron tres Franciscanos: fray Bernardino de Guzmán, fray Villavicencio y fray Aldao.
Empezaron su misión entre los Charrúas, pero dado el poco éxito que obtuvieron, se instalaron en las costas del Uruguay, precisamente a la altura de la desembocadura del Río Negro. Su celo y bondad ganaron a los Chanaes, a los Yaros y hasta a algunos Charrúas, convirtiéndolos al Cristianismo.
Pensó fray Bernardino que para hacer estable su obra era necesario vincular aquellas tribus a la tierra. Así lo hizo convenciendo a los indios a dejar sus guaridas del Río Hum, y fundando con ellos, en el año I624 la reducción de Soriano, que es la primera población de la República.
"Fray Bernardino, ‑ escribe Orestes Araújo, ‑ es el iniciador de la sociabilidad uruguaya, pues supo arrancar de la barbarie, a toda una tribu... creando hábitos de trabajo provechoso y moralizador."
La Reducción de Soriano había sido fundada en la isla del Vizcaíno, en el Río Uruguay; pero debido a las frecuentes Inundaciones en el año 1708 fue trasladada al lugar donde se encuentra actualmente. Así empezó la conquista pacífica del Uruguay por obra de los Franciscanos.
"Los pobres indios, ‑ escribe el P. Anselmo de Mendiática, Capuchino, ‑ no tiemblan ante los misioneros que traen en los pliegues de su sagrado hábito la fascinación de la caridad; predican que Dios, el único verdadero Dios, es ese que cuelga de la Cruz y que no derrama más sangre que la suya, por amor a todos los hombres."
Por sus indiscutibles méritos fray Bernardino fue preconizado por el Papa Urbano VIII Obispo de Asunción; pero la muerte lo visitó antes dé su consagración.
Fundada la reducción de Santo Domingo de Soriano, los misioneros extendieron su obra hacia el Sur fundando las nuevas reducciones de Espinillo, establecida en las cercanías da la actual ciudad de Dolores, la de Víboras y la de Aldao, establecidas probablemente la primera entre Carmelo y Nueva Palmira y la segunda en la actual jurisdicción del Rincón del Arrojo, hacia el norte se dirigió el solitario fray Bentos, ‑ “cuya única compañía era el Breviario y cuyo único amor era la cruz", que dio su nombre a la ciudad que hoy es capital del Departamento de Río Negro.
Después de esta primera etapa civilizadora se abre una segunda no menos gloriosa, y que arranca desde la fundación d e nuestra metrópoli.
Los Portugueses, en el mes de Enero de 1680, a1 mando de Don Manuel Lobo, gobernador del Brasil, fundaron la Colonia del Sacramento, con intención de extender su dominio en el Río de la Plata. El Gobernador de Buenos Aires, Don José de Gorro, después de haber inútilmente intimado ce los Portugueses la retirada, reunió un ejército de 300 soldados y 3.000 Indios de las Misiones Jesuíticas y tomó por asalto la ciudad haciendo prisionero al mismo gobernador Lobo.
Pero el Rey Carlos II, por presión de Francia, cedió la Colonia a los Portugueses, quienes desde allí pasaban de contrabando azúcar, tabaco, bebidas y esclavos. Después de 25 años de piraterías e ilícito comercio que disminuía las rentas de Buenos Aires, Felipe V, Rey de España, ordenó a Valdez Inclán, gobernador de Buenos Aires, que desalojara ce los Portugueses de la Colonia.
Después de 6 meses de sitio, los Portugueses abandonaron la playa refugiándose en los navíos de una escuadra mandada en su socorro.
Pero el mismo Felipe V, por el tratado de Utrecht, devuelve a Portugal la Colonia del Sacramento.
En el año 1723 los Portugueses queriendo afianzar sus posiciones hacen la tentativa de establecerse en el lugar donde está actualmente la ciudad de Montevideo, despachando para nuestra Bahía 4 naves con 300 soldados alunando de Freitas Fonseca.
Sabedor Don Bruno Mauricio de Zavala, Gobernador de Buenos Aires, del propósito de los Portugueses, aprestó una flotilla para desbaratarlo; pero los Portugueses, enterados de 1os preparativos de Zavala, se retiraron sin esperar el ataque de los Españoles.
Zavala, para impedir nuevas tentativas, construyó en el año 1724 en la pequeña península, hoy ocupada por nuestra metrópoli, el fuerte de San José y fundó dos años más tarde, en el año 1726 la ciudad de Montevideo con 7 familias traídas de Buenos Aires, que formaban un conjunto de 37 personas.
En calidad de Capellán, el franciscano fray Pedro Jerónimo de la Cruz acompañó al ejército que en 1724 fundó el fuerte de San José. Este Religioso obtuvo del Rey Felipe V una Cédula poda cual se le autorizaba para fundar una Casa de la Orden en la nueva población.
E1 Cabildo de Montevideo donó el terreno necesario para la fundación con Decreto del 3 de Octubre de 1733.
Cuando llegaron los Religiosos designados para la nueva fundación, uno fue destinado para atender espiritualmente al pueblo; otro fue nombrado Capellán del ejército, y el tercero fue enviado con las tropas que debían fundar la ciudad de
Maldonado por orden del Rey Felipe V.
E1 29 de Setiembre del año 1760 el Rey, por Cédula firmada en Buen Retiro, elevaba el Hospicio de Montevideo a la dignidad de Convento, surgiendo así el Claustro franciscano en nuestro país.
La Capilla fue construida en piedra y ladrillo y techada con techo de paja.
Capilla y Convento ocupaban el lugar cerrado hoy por las calles Cerrito, Piedras, Solís y Zavala, y ocupado actualmente por el edificio del Banco de la República.
Expulsados los Padres de la Compañía de Jesús, los Franciscanos se hicieron cargo de la enseñanza, estableciendo una escuela primaria, y dictando luego cursos de gramática superior, Filosofía y Teología.
En el Convento franciscano, convertido en centro de irradiación de piedad y de saber, se formaron las primeras generaciones Uruguayas; y al amparo del techo franciscano se caldearon los espíritus de nuestros Próceres.
La Independencia Uruguaya ha nacido allí: y Por más que el sectarismo quiera desconocerlo, el Convento Franciscano ha sido la cuna de la Patria.
No desconocía esta verdad el Virrey Elio; de ahí sus persecuciones y sospechas contra el Convento de los frailes: subía perfectamente el Virrey que allí vivía Fray Francisco Carballa, guardián del Convento, y que después actuó en el Cabildo Abierto y en la Junta de 1808. Sabía que estaba allí José Benito Lamas, que fue primer Vicario Apostólico del Uruguay y sindicado como hombre de ideas revolucionarias[2].
Sabía que estaba allí Fray José de Monterroso, gran amigo de Artigas y los Padres Santos, Pose, Zaramiñán, Pleitas y López, todos orientales, quienes alimentaban marcadas y no disimuladas simpatías por los fautores de nuestra independencia.
Por eso Elío, ‑ afectado por la pasada de Artigas a la Revolución de Mayo y por el descalabro de las Piedras (18 de Mayo 1811) y por el consiguiente sitio que Artigas pusiera a Montevideo el 21 del mismo mes, y considerando que los Franciscanos constituían un serio peligro para la causa de España en el Río de la Plata, ‑ en la noche del 24 de Mayo de 1811 mandó a un oficial seguido por fuerte escolta armada, quien con expresiones duras y sin permitirles tomar ni aun el breviario, los acompañó hasta el Portón de San Pedro y señalándoles los fuegos encendidos en el campamento de los soldados de Artigas, los echó de la ciudad diciéndoles: "Vayan con sus amigos los matreros". Fueron expulsados aquella noche dos frailes Julián Farmiñán, Joaquín Pose, Lorenzo Santos, Valeriano Fleitas, López y otros.
Los frailes patriotas siguieron a Artigas en las vicisitudes de su epopeya libertadora; le acompañaron en el Éxodo, en el Ayuí, etc.
De Purificación Artigas llamó al P. Fray José Benito Lamas, a Fray José Ignacio Otazú para dirigir la Escuela Patria, que fundó en Montevideo en el año 1816.
Estos y muchos otros detalles que omitimos por brevedad, nos demuestran la participación Invalorable de loe Franciscanos en la emancipación y formación del Uruguay.
No debemos pasar por alto la figura de un franciscano, grande por su caridad y abnegación: Fray Azcarza.
Entre loe frailes que quedaron en Montevideo, después de la expulsión de los Patriotas, para las funciones del sagrado ministerio, estaba este humilde hermano lego, que, verdadero Ángel de la caridad, vestido con el tosco sayal de un pobre fraile, batió sus alas sobre la multitud hambrienta, en el primer sitio de Montevideo. La ciudad ofrecía durante el sitio un cuadro de tintas obscuras y tristes. A la miseria y al hambre se había sumado una terrible epidemia que en los ocho primeros meses del sitio hizo más de 5.000 víctimas.
Tantas miserias conmovió el corazón lleno de evangélica caridad de fray Juan de Ascarza, llegado a Montevideo en el año 1811.
Para socorrer aquella turba desesperada por el hambre, la miseria y la enfermedad, inicia una suscripción entre los vecinos, y con el recaudo mensual de 452 pesos empieza su obra repartiendo diariamente víveres a los indigentes.
Primero eran 700 pobres, pero después llegaron, a ser 1500.
“Entonces la tarea del pobrerío, ‑ escribe Bauzá[3], ‑ se dificultó mucho, pues sus elementos disponibles no bastaban a suplir las exigencias de la demanda. Tuvo que hacerse mendigo él mismo, yendo de puerta en puerta durante el tiempo que robaba a la confección y reparto de la comida, para estimular la firmeza de sus suscriptores habituales y proporcionarse otros nuevos."
No bastando este expediente se dirige al Cabildo y a la hermandad de Caridad, quienes lo ayudan en su obra.
Los pobres pasaban de 3.000.
Fray Ascarza hizo construir grandes galpones donde instaló enormes cocinas, llegando a repartir 3.740 raciones a otros tantos indigentes.
La Caridad de este humilde lego franciscano lo ha hecho acreedor a la simpatía y veneración de todo el pueblo; y con razón puede considerársele como una de las grandes figuras de nuestra historia nacional.
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En esta breve reseña de la obra franciscana en el Uruguay puede colegirse que los hijos de San Francisco fueron los primeros civilizadores de nuestra Patria; fueron sus primeros maestros en la piedad y en la ciencia; fueron sus incansables apóstoles de la caridad y del bien; fueron finalmente próceres de nuestra independencia: el ideal de la patria libre encontró un refugio entre los pliegues del sayal franciscano, síntesis y apoyo de los grandes y nobles ideales: el Religioso y el Soldado se unieron en la hora de gestación de nuestra soberanía nacional; y el Soldado fue el brazo que opuso la fuerza a la fuerza hasta vencerla; y el Religioso fue el corazón que conservó intactas y puras, como en un Sagrario, las aspiraciones santas del pueblo.
[1] El ilustrado Jesuita P. Juan F. Sallaberry, en un interesante estudio que publica bajo el título "Los Charrúas y Santa Fe", reduce las proporciones de este hecho.
[2] El P. José Benito Lamas fue nombrado Vicario Apostólico del Uruguay en el año 1861, y falleció el 9 de Mayo de 1867, a los 70 años de edad, víctima de su abnegación en el cumplimiento del sagrado ministerio durante la terrible epidemia de fiebre amarilla.
[3] Hist. de la Dom. Española. T. III, Pág. 158, 3a edic.