CAPITULO III
Establecimiento de
Los Capuchinos
en el Uruguay
SUMARIO
Montevideo. La Triple Alianza. El P. Juan José de Montefiori, capellán de la Armada Brasileña. El Pbro. Andrés de Benedetti. La Vice Prefectura del Brasil y de Chile. El Padre Emilio de Strevi. Los Padres Nicolás de Castiglione e Ildefonso de Scarpería. Las gestiones del P. Emilio de Strevi. Los Capuchinos genoveses.
La ciudad de Montevideo, que fue la cuna de nuestra Misión, es hoy una de las más importantes y populosas ciudades de la América del Sur.
Está edificada en una elevada península de rocas graníticas, donde vienen a morir las últimas estribaciones de la Cuchilla Grande del Sur que en suaves declives llegan hasta las costas del anchuroso Río de la Plata.
Se extiende hacia el oeste alrededor de la magnífica Bahía, y trepa por el Cerro que domina la ciudad en la parte opuesta de la península, y que da al paisaje una nota inconfundible.
Por el este se extiende siguiendo las sinuosidades de la costa, cuyas playas arenosas forman hermosos balnearios que son considerados los mejores de la América meridional.
Contemplado desde el río, Montevideo, con las torres de sus numerosos templos, y las moles de sus rascacielos, ofrece al viajero un aspecto imponente y encantador.
Es la capital de la República Oriental, del Uruguay, la más pequeña de América del Sur, pero rica por la cantidad de ríos que riegan sus campos, por la generosidad de la tierra, por sus industrias incipientes y por la inmensa cantidad de ganado que constituye la principal fuente de riqueza del país.
Corno decimos en otro lugar, Montevideo fue fundado por Don Bruno Mauricio, de Zavala en el año 1726.
En los tiempos en que nuestra Comunidad inició su vida en esta Metrópoli, Montevideo no era la ciudad moderna del dio de, hoy.
Conservaba su aspecto colonial y su edificación se extendía solamente hasta la actual calle Ejido, dentro de la planta y urbana se veían muchos terrenos baldíos y muchas calles sin empedrar; sus plazas, excepción hecha de las de Constitución o Independencia, estaban apenas delineadas; su estructura bajo el punto de vista edilicio no ofrecía ningún aspecto interesante.
Fue precisamente en Montevideo donde se gestó la vida nuestra Comunidad Capuchina en las Repúblicas Rioplatenses.
El establecimiento de nuestra Comunidad en el Río de la Plata está vincularlo por circunstancias providenciales, con la dolorosa guerra llamada "del Paraguay", que convulsionó a cuatro países hermanos empeñándolos en una lucha porfiada y sangrienta.
El Paraguay, que había permanecido al margen de las luchas que agitaban a las Repúblicas Rioplatenses, en el año 1864, declaró guerra al Imperio del Brasil.
El dictador Francisco Solano López, que gobernaba a la sazón la república paraguaya, tomando como pretexto el apoyo prestado por el Emperador Pedro II al general Venancio Flores para derrocar al Presidente del Uruguay Bernardo P. Berro, amigo suyo, invadió con un ejército de, 10.000 hombres la Provincia de Matto Grosso, ocupando, sus principales fortalezas.
Con el propósito de llevar la guerra también a Río Grande, López solicitó de la República Argentina el permiso para cruzar la Provincia de Corrientes. Habiendo el Presidente paraguayo, recibido una rotunda negativa, no titubeó en declarar guerra a la Argentina y atravesar por la fuerza el territorio de Corrientes, apoderándose al mismo, tiempo de dos buques de guerra argentinos surtos, en el puerto homónimo.
En vista de tal actitud el general Bartolomé Mitre, gobernador de Buenos Aires, se alió con el Brasil; el general Venancio Flores, por su parte, hizo causa común con ambas naciones formándose así la "Triple Alianza”, rubricada por las tres naciones el 19 de Mayo de 1865. La guerra, entonces, tomó grandes proporciones; y si bien los paraguayos vencieron en las batallas de Estero Bellaco y Purupaity, fueron a su vez derrotados en Yatay, (1865), Boquerón, (1866), Humaitá (1868), Curuguaty (1869,), etc.
El epílogo de esta dolorosa contienda fue la ruina completa del Paraguay.
Los aliados perdieron más de 100.000. hombres.
El Paraguay vio su población de 1.000.000 de habitantes reducida a 200.000 almas, casi en su totalidad mujeres y niños.
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Mientras se desarrollaban los hechos que dejamos consignados, se iba gastando en Montevideo la vida de nuestra Orden Capuchina en el Río de la Plato.
El primer Capuchino que llegó a nuestras playas fue el R. P. Juan José de Montefiori.
Su llegada a esta ciudad responde precisamente a las convulsiones políticas del momento.
El P. Juan fosé de Montefiori se dedicaba, desde algunos años a la evangelización del Brasil; no sabemos precisamente cual era la región del Imperio que era el campo de su apostólica misión; por algunos datos, algo vagos, que hemos podido recoger consta que era misionero de "celo incansable".
No sabemos por qué circunstancias fue designado Capellán del Ejército brasileño, quizá más probablemente de la Armada.
Nos inclinamos a esta segunda opinión porque lo encontramos en Montevideo a principio del año 1865, cuando el general Venancio Flores hizo su entrada en Montevideo el 22 de Febrero al frente del ejército libertador después de la caída de Paysandú y una vez concertada la paz con el presidente Tomás Villalba, es decir, antes de quedar constituida la triple alianza; se dedicaba a la atención espiritual de los soldados brasileños heridos, que no podían ser otros que las que formaban parte de la escuadra del Barón de Tamandaré que bloqueó el puerto de la ciudad de Paysandú mientras el general Flores la sitiaba por tierra. Los heridos brasileños eran atendidos en un hospital conocido con el nombre de "Hospital Brasilero”, ubicado en la calle Soriano y Queguay, local antes ocupado por el Hospital Italiano, luego por la Masonería y actualmente por la Universidad de Mujeres.
Más tarde ingresaron en este hospital los heridos pertenecientes al ejército brasileño, procedentes de la guerra de la triple alianza; en el año 1867 llegaban también los enfermos del terrible cólera que se cebó de más de 13.000 soldados de los ejércitos aliados.
El P. Juan José de Montefiori desempeñó la Capellanía del Hospital durante el lustro que duró la guerra del Paraguay, es decir, del año 1865 al 1870. Durante este tiempo el Padre Juan José entabló cordial amistad con un ejemplar eclesiástico, el P. Andrés de Benedetti, sacerdote genovés que a la sazón desempeñaba el cargo de Capellán de las Hermanas Salesas, ocupándose además de la construcción del suntuoso Templo que esta Comunidad de Hijas de San Francisco de Sales posee en Montevideo, y que está ubicado en la calle Canelones esquina Ibicuí.
“Fue el P. Andrés de Benedetti, el primer amigo y consejero del P. José de Montefiori y de los Capuchinos todos. Sacerdote lleno de virtud y santidad como era, encontraba, se conocía, en aquella amistad con sus semejantes grande complacencia, e iba a diario, bien lo recordamos,‑" a llevar con su palabra bondadosa un contingente inapreciable de experiencia y valor a loa que luchaban con las dificultades inherentes a toda obra de importancia en sus comienzos."
Así se expresa en sus memorias el virtuoso caballero Adolfo Isasa, amigo de nuestra Comunidad y testigo ocular de cuanto estamos narrando. Fue por medio del Presbítero de Benedetti que el R. P. Juan José de Montefiori se relacionó con las familias de mayor piedad de aquellos tiempos y que forman hoy, en esta ciudad como nuestro abolengo espiritual.
La presencia del religioso Capuchino, capellán del Hospital Brasilero, despertó vivas simpatías en nuestro ambiente. La sugestión insinuante del hábito franciscano, la sencillez característica que se refleja en los hijos de San francisco: la delicadeza de trato y la caridad generosa ‑ prendas innatas del P. Juan José‑ fueron irradiando alrededor de su persona; esas simpatías siempre crecientes, se transformaron en admiración primero, y en veneración después, a tal punto que, eclesiásticos y laicos, pidieron instantemente al P. Juan José de Montefiori que estableciese definitivamente su morada en Montevideo.
" Varias personas, -así leemos en unas notas existentes en nuestro archivo- atraídas por la sencillez de nuestro hábito, y conociendo el gran bien que los PP. Capuchinos hacían en el Brasil, hicieron reiteradas instancias para que " se estableciera aquí una residencia."
Fenecida la guerra contra el Paraguay por el tratado de paz, suscrito en la Asunción por las naciones de la "Triple Alianza" y el Presidente del Paraguay, Francisco Solano López.
En este período fueron Superiores, con el título de Viceprefectos de Brasil, el M.R.P. José de Montefiori hasta el año de 1874…López, (10 de Noviembre de 1869), terminó definitivamente, el Padre Juan José, su misión en el Hospital Brasilero; y creyendo conveniente acceder a los deseos de la población, y para atender espiritualmente la colonia italiana cada vez más floreciente en Montevideo, inició los trámites necesarios para el establecimiento de una residencia en Montevideo. Una vez obtenida del Rmo. Padre Nicolás de San Juan, General de la Orden, la anuencia reglamentaria, y contando con el beneplácito de Monseñor Don Jacinto Vera, primer Obispo que fue de Montevideo[1], la primera preocupación del Padre litan José fue la de adquirir un terreno apropiado para levantar la futura residencia de la Orden.
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Para terminar este capítulo de la historia de nuestra Comunidad vamos a dar algunas noticias de la posición dentro de la Orden que ocupó durante el tiempo de su vida.
La Misión fue incorporada a la. Prefectura del Brasil desde el 11 de Setiembre de 1867 hasta el año 1878.
En este período fueron Superiores, con el titulo de VicePrefectos del Brasil, el M. R. P. Juan José de Montefiori, hasta el año de 1874, y el M. R. P. Rafael de Panni hasta el año 1878. ,
Desde esa fecha, por orden de los Superiores Mayores, la Misión perteneció a la Prefectura de Chile, siendo Superior, como Vice Perfecto de Chile, el M. R. P. Emilio de Strevi.
Queremos dedicar a este virtuoso Religioso una página de esta crónica para dejar bosquejada siquiera la hermosa figura moral de este esclarecido Hijo de San Francisco.
Nació el P. Emilio, ‑ que en el siglo llamóse Juan de Mantelli, ‑ en Strevi, en el año 1829. Vistió el sayal franciscano a los 18 años y a los 24 fue ordenado sacerdote.
Después de haber predicado varias misiones en Italia fue enviado, en el año 1857 a Túnez, donde ejerció, por espacio de 25 años, un fecundo apostolado.
Tal fue el prestigio que alcanzó el P. Emilio en el campo en sus tareas apostólicas que por tres veces fue propuesto para ser elevado a la dignidad de la mitra, siendo aceptado por la Santa Sede; pero por circunstancias políticas, o, como alguien nos ha informado, por su indeclinable renuncia, inspirado por la humildad que lo caracterizaba, nunca se llevó a cabo la consagración. Mandado a la misión de Montevideo, arribó a nuestras playas el 10 de Diciembre de 1881.
Su actuación entre nosotros, si no fue aparatosa, fue sin embargo, de una eficacia que supieron valorar todos cuantos le conocieron y trataron. Como Superior de los Religiosos, como Director de conciencias, como estudioso, como Director de la Venerable Orden Tercera, descolló siempre por su criterio sano y reposado, por la afabilidad de su trato, la sencillez y rectitud en su modo de proceder.
Fue religioso humilde y amante de la oración; y el espíritu franciscano que presidía todos sus actos, hizo de él un digno hijo del Poverello de Asís.
Murió en Montevideo el 31 de Enero de 1894; su muerte y su memoria vive aún en bendición entre cuantos los conocieron.
Fue sepultado en la parte derecha del Crucero del Templo de San Antonio, junto al altar de San Francisco. Sobre la lápida que cubre sus restos mortales se lee el siguiente epitafio:
Por singular privilegio
fue
aquí sepultado
el Reverendo Padre
Fray Emilio de Strevi,
Capuchino,
fallecido
el 31 de Enero 1894.
La Tercera Orden Seráfica,
que por doce años
le veneró
como Director celosísimo,
guardando en su corazón
indeleblemente impresos
sus sermones,
consejos y ejemplos,
en testimonio
de
eterna gratitud,
dedica este humilde
recuerdo.
Q. E. P. D.
Durante el tiempo que nuestra misión perteneció a la prefectura de Chile, desfiló por Montevideo una figura que despertó hondas simpatías en el ambiente: el R. P. Nicolás de Castiglione.
Pertenecía a la Provincia monástica de Toscana. El P. Nicolás fue designado Párroco de los Pocitos desde el mes de Junio de 1882 hasta Diciembre de 1889. Entre las actividades que desarrollara en esa Parroquia, descuella la fundación de la Venerable Orden Tercera, Institución que aún ahora subsiste con vida floreciente. Cuando en el 17 de Febrero de 1891 la Provincia Monástica de Génova se hizo cargo de nuestra Misión, el P. Nicolás pasó a la Prefectura de Chile, donde desempeñó cargos de responsabilidad; pero más tarde, cuando las Misiones Capuchinas de Chile pasaron a depender de la Provincia de Navarra, el P. Nicolás regresó a Montevideo, campo de sus primeras tareas apostólicas.
Sacerdote de vasta cultura y de fino trato, religioso de acrisolada virtud, desarrolló fecundo apostolado en nuestro ambiente, especialmente en el sagrado ministerio de la predicación donde alcanzó merecida reputación por su decir castizo y elegante y por su doctrino sólida y clara.
Escribió además un opúsculo titulado "Modesto Recuerdo", conmemorativo del jubileo Sacerdotal de S.S. Pío X.
El P Nicolás murió en Montevideo el 7 de Abril del Año 1915.
Cuando el P Nicolás regresó de Chile se le unió el Padre Ildefonso de Scarpería.
El ministerio del P. Ildefonso se desarrollaba especialmente en el tribunal de la penitencia; a sus pies corrían no solamente laicos, pero también, y en gran número, sacerdotes y religiosos, a los cuales atendió hasta los últimos días de su vida, aún cuando la enfermedad lo imposibilitara dejar el lecho. Fue capellán del hospital Militar; fue gran amigo de los militares de la guerra del Paraguay, y escribió varios opúsculos piadosos. Murió santamente en Montevideo en nuestro convento de San Antonio el 30 de Mayo de 1923.
En el año 1891, por decreto del Rmo. P. General, la Misión se desgajaba de la Prefectura de Chile para ser atendida exclusivamente por los Capuchinos de la Provincia de Génova, El Padre Emilio de Strevi, percatándose del apostolado que se ejercía en nuestro templo de S. Antonio, que iba cada día tomando mayores proporciones, pidió repetidas veces que se le enviaran algunos Religiosos más para poder atender a las exigencias del ministerio. Pero por distintos motivos no podía lograr sus deseos. En ese estado estaban las gestiones del P. Emilio cuando procedente de Chile y en viaje hacia Italia llegó el Padre Gregorio de Diano Serratta, de la Provincia de Génova.
El P. Emilio pidió al Padre Gregorio, que interesara a su Provincia en favor de la Misión de Montevideo, proponiéndole que los Capuchinos genoveses se hicieran cargo de ella.
El Padre Gregorio escribió en ese sentido al Padre Provincial de la Provincia de Génova el 6 de Junio.
El Padre Provincial aceptó la propuesta del Padre Emilio, corroborada por un petitorio del Rmo. Padre Bruno de Vinay. Procurador y Comisario General de la Orden.
Finalmente, el 17 de Febrero de 1891 quedó finiquitado este asunto, haciéndose cargo la Provincia de Génova de la Misión de Montevideo.
Vinieron a tomar posesión de la Misión el primer plantel de Misioneros genoveses, constituido por el M. ‑R. P. Angélico de Sestri, ‑ en calidad de Superior; los RR. PP. Clemente de Terzorio, quien fue después por 18 años Definidor General de la Orden; Urbano de Voltri, Alipio de Alba, Felicísimo de Borgofornari y Lucas de Beinette. Acompañaban a estos Sacerdotes los hermanos legos fray Nazario de Nese y fray Celso de Serisole.
Desde entonces gobernaron la Mismin comb Delegados Provinciales y Superiores Regulares los siguientes sacerdotes:
M. R. P. Angélico de Sestri.
M. R. P. Alipio de Alba.
M. R. P. Damián de Finalborgo.
M. R. P. Benito de Moano.
M. R. P. Nicolás de Cártari.
M. R. P. Jolaquín de Monterrosso.
M. R. P. Antonio Maria de Montevideo.
He aquí las cartas cambiadas en esta circunstancia:
Carta del P. Gregorio de Diano al M. R. P. Provincial
Molto Rev. Padre. ‑ Il P. EmIlio da Strevi da dieci anni sta lavorando intorno al Convento di Montevideo e ora ha terminata la chiesa e lavora con la speranza e desiderio di erigervi un noviziato, perché le vocazioni non mancano. Ha scritto più volte a Roma, ma gli hanno risposto che bisognerebbe che una Provincia si prendesse l'incarico di questo.. Ora non è possibile che la Provincia di Genova facesse questo bene? Gli assicuro, Padre, che sarebbe grande il bene... Si aiuterebbero questi poveri Italiani che sono qui senza Dio perché senza sacerdote. Se vedesse quello che si fa nella nostra chiesa, gli assicuro che si maraviglierebbe e farebbe di tutto per salvare tanti nostri fratelli. ‑ . ‑ Montevideo, 6 Giugnio 1890. P. Gregorio, Missionario Capp.
Carta del P. Emilio da Strevi al M. R. P. Provincial
Molto Rev. Padre. ‑ La riverita sua diretta ai P. Gregorio ci ha riempiti della piú grande allegria. Finalmente, si disse, non é piú disperata la causa di questo Convento. V'é chi pensa ad essa; chi di essa si occuperá! Si, M. R. P. Provinciale, sono alcuni anni che supplico il nostri Superiori di Roma per avere un aiuto di alcuni Religiosi; se ne spontaneamente anche il Vescovo defunto, indirizzandosi alla Propaganda, pronto a pagar egli le spese di viaggio, e non ci fu maniera di nulla ottenere... Eravamo adunque afflittissimi, considerando la nostra situazione, quasi senza rimedio e in pericolo di chiudersi questa casa dove si puó far tanto bene e che potrebbe essere,di tante promesse all’ordine, quando arrivó la sua, siccome aurora che anunzia un giorno luminoso, a riempirsi di consolazione, anunziandoci giorni migliori e piú liete speranze. Oh! questa casa sempre la indicai providenziale per essere col tempo di un grande aiuto non solo a questa Republica dell'Uruguai, ma anche alla vicina Buenos Aires, dove tanto é necessario il Sacerdote Italiano, appartenendo la metá della popolazione alla nostra bella e disgraziata ltalia. Essendo adunque la P. V. M. R. decisa ad assumere tal carico, ni permeta che le dica che non vi ha a perder tempo. Ella dobrebbe mandare al piú presto un Padre, quale sarebbe poi il Superiore. Montevideo, 16 Settembre 1890. P. Emilio da Strevi Vic. Prefet.
Carta del Rmo. P. Procurador de la Orden del P. Provincial
Molto Rev. Padre Provinciale. ‑ Si é da qualche tempo, che giungono lettere a questa Curia di provenienza da Montevideo, in cui ci Si riferisce come questa Provincia si dimostrasse disposta, in tempo non molto lontando del presente, in volere accettare quella Missione col provvederla dei suoi religiosi. In una lettera a Noi, di recente pervenutaci dal medesimo luogo, ci si aferma in modo assoluto che la stessa P.M.M.R., si sarebbe mostrata non solo propensa, ma anco contenta per una siffata accettazione. Noi, peró, spinti per tali lettere a dovergliene fare una proposta, preferimmo il silenzio, aspettando una propizia per appurare la veritá su quanto ci si scriveva per lettere. E questa occasione non si fé aspettare lungo tempo per la visita che qui rievevemmo del M. R. P. Pietro da Quinto, che, da Noi interrogato In discorso e che cosa Egli stesso ne sentisse in proposito. francamente ci disse, essere Egli propenso all'accettazione, dicendoci di più, essere anche V. P. stata sempre favorevole alla medesima.
Ora, sapendo Noi per scienza certa esservi costí in Provincia molti religiosi, e tra questi alcun graduato ancora, favorevoli al progetto di cui è parola, che altro abbisogna, per addivenire alla definitiva soluzione del medesimo, se non l'approvazione piú generosa e sollecita di cotesto, suo definitorio? Pochi Religiosi per ora bastano per rinforzare le file di quei prodi, che, colá accasciati, chi dal gravame degli anni, chi dalla moltiplicitá delle fatiche, pregano e sospirano per un qualche aiuto a poter continuare l'opera loro nella vigna del Signore, per la salvezza dello anime dal suo Sangue redente. Non creda, no, che coll' accettare un tale Impegno, ne abbia a scapitare la Provincia; le preghiere di tanti infelici, tratti fuori dall'ombra di morte e a vita ridenati dal Missionarto fervente, chiameranno dal cielo le piú elette benedizioni sulla Provincia tutta, e specialmente su di coloro che, furono causa della loro saIvezza.
Che ne direbbe, alla lieta novella di una tale accettazione, il nostro Rvmo. Padre Generale, lorchè venisse da Noi fatto consapevole di una favorevole risposta alla presente della P.V.M.R.? Ah! si, Egli che tanto Invora e tanto si affatica per il bene e decoro dell' Ordine, merita di esere guiderdonato con una tale consolazione, e questa consolazione deve essergli procurata appunto dalla P.V.M.R. e suo Definitorio.
Nella certezza, che questa nostra abbia a sortire il desiderato intento raffermandoci con ogni stima. ‑ Roma, 12 Febbraio 1891 Fr. Bruno da Vinay, Proc. e Com. Gen. Capp.
Otra carta del mismo al P. Provincial
Molto Rev. Padre Provinciale. ‑ Abbiamo riccevuto la di Lei lettera, nella quali ci significa finalmente l'accettazione per parte di cotesto suo Deinitorio, della missione di Montevideo. Quale e quanto sia stato il nostro giubilo, al leggere che facemmo siffato annunzio non é facile il poterlo esprimere con parole. Le diciamo soltanto, che Noi ne siamo soddisfattissimi, come sono questi Reverendissimi Definitori ci hanno fatto un vero regalo, regalo che fará ben lieto l'amattissimo nostro P.Generale al suo ritorno in Roma, che potrá essere forse nella settimana che corre.
Porgendo intanto alla P.V.M.R. e suo Definitorto i piú sentiti ringraziamento per I’ottenuto favore, ci raffermiamo con la piú dístinta stima. Roma, 23 febbraio 1891. ‑ Fr. Bruno da Vinay, Proc. e Com. Gen.Cap.
(Archivo provincial de Génova. Litteratum. Anno citato).
[1] Monseñor Jacinto Vera, nacido el 3 de Julio del año 1813 y fallecido el 6 de Mayo de 1881, vivió y murió en concepto de Santo. En el año en que escribimos estas páginas, 1933, ya se están tramitando para el proceso diocesano sobre la heroicidad de sus virtudes.