CAPITULO V
Nuevo París
SUMARIO
Fray Vicente de Montevideo. La necesidad de establecer un Seminario Seráfico. Varias tentativas. Nuevo París, El señor Castiglioni. El Primer tramo del Convento. La Capilla provisoria. El Seminario Seráfico. Fray Benito de Montevideo. Iniciación de las obras del Templo. Fray Serafín de Mele, Inauguración del Templo. El Colegio "San Francisco de Asís". El Centro "Monseñor Mariano Soler". Obras do apostolado. El P. Benito de Moano.
La Misión del Uruguay ya confiada a los Padres Capuchinos de la Provincia de Génova, contaba con cuatro sacerdotes: el P. Alipio de Alba, el P. Lucas de Beinette, el P. Damián de Finalborgo y el P. Benito de Moano, a los que se agregaron poco después el P. Querubín de Ceriana y el P. Celestino de San Colombano, llegados a la Misión el 20 de Mayo de 1896.
Los seis Misioneros constituían un plantel de Religiosos jóvenes llenos de entusiasmo para cumplir con el cometido que se les había confiado.
No escapó a la mirada avizora de los Misioneros, la necesidad de cultivar el clero indígena, para consolidar la vida de la Misión; tanto más que encontraron, entre los jóvenes que frecuentaban el Convento y el Colegio de San Antonio, algunos que deseaban abrazar el estado religioso en nuestra Seráfica Orden.
Ya uno de los discípulos del Colegio de San Antonio, el joven José Cúneo, había solicitado abrazar el estado religioso. Fue menester mandarlo a Europa donde, cursados los estudios, fue ordenado Sacerdote.
Vuelto a la patria esta primicia de nuestra Misión, que los el Padre Vicente de Montevideo, desarrolló un apostolado de celo y de bien, con su preparación, con su celo y con el ejemplo de sus virtudes.
Los restos del P, Vicente descansan en la iglesia de San Antonio, junto al altar del Corazón de Jesús. Sobre la lápida que cubre sus despojos mortales se lee el siguiente epitafio:
Rvdo. Fray Vicente
de Montevideo
Capuchino
+ Octubre 20 de 1905
Vive en Dios
El que cruzó la tierra
Serenando las conciencias
y consolando
los hogares desolados.
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Como que las vocaciones iban en aumento se imponía el cultivarlas y atenderlas.
Después de maduras reflexiones decidieron los Padres buscar un lugar apropiado para fundar una nueva Casa que además de ensanchar el radio de acción de los Misioneros, había de servir para residencia de un futuro Seminario.
Había, por aquel entonces, en los Pocitos, una pequeña capilla dedicada a la Virgen de la Misericordia donde periódicamente se celebraban los cultos religiosos para atender a la escasa población de aquellas inmediaciones.
Esa Capilla era de propiedad de la Curia de Montevideo y estaba rodeada por una hermosa quinta, propiedad del señor Agustín Astengo.
El lugar pareció apropiado; sea por el aire saludable de aquel paraje, como por el bien que podía hacerse en esa zona.
No se equivocaban, por cierto, los Religiosos, pues la localidad de los Pocitos ha hecho en pocos años progresos asombrosos, y constituye hoy un sector de la ciudad completamente poblado, y el lugar preferido por la aristocracia de Montevideo.
Con el deseo de establecer allí la nueva residencia, el P. Alipio y el P. Benito se apersonaron al señor Astengo para comprarle la parte de la quinta circunstante a la Capilla.
El señor Astengo vino en arreglos con los Padres Capuchinos, y se estableció que aquél vendería a éstos una parte de su predio al precio de treinta centésimos el metro cuadrado, (el valor actual del terreno en ese lugar es de 25 y 30 pesos el metro cuadrado) con el compromiso verbal de hacer la escritura dentro del término de una semana.
Entretanto el llmo y Rmo. Monseñor Dr. Ricardo Isasa, obispo auxiliar de la Diócesis, informado del propósito de los Padres Capuchinos y deseoso, por su parte, que en aquella localidad se estableciera un Colegio de Hermanas, se trasladó inmediatamente a Buenos Aires para proponer a la Madre Superiora de las Hermanas de la Misericordia la fundación de un Colegio en los Pocitos, ofreciéndole para ello la pequeña Capilla, más su protección moral y económica.
Fue así, que cuando el P. Alipio se apersonó con el Ilmo. y Rmo, Monseñor Dr. Mariano Soler, Arzobispo de Montevideo, a pedir venia para establecer una nueva casa en los Pocitos, recibió la noticia de que ya se había determinado autorizar a las Hermanas de la Misericordia para establecerse en esa localidad.
Fracasado, pues, el intento, se interesaron los Padres por unos terrenos situados en la calle 8 de Octubre. La Curia poseía allí dos lotes pequeños; y los Religiosos deseosos de tener una residencia lo suficientemente amplia para proporcionar a los futuros Seminaristas expansión y comodidad, se apersonaron con los dueños de los terrenos adyacentes a los lotes de la Curia.
Algunos propietarios se mostraron dispuestos a vender su propiedad; otros por lo contrario se rehusaron; por lo que se abandonó la idea de fundar, en aquella localidad, la proyectada residencia.
En ese lugar el R. P. Frasquet, Religioso Franciscano que se hallaba en Montevideo huésped de nuestra casa, con el propósito de hacer una fundación en esta Metrópoli, estableció la actual Comisaría de Tierra Santa, que hoy es, a la vez, una importante parroquia de la ciudad.
Fracasado este segundo intento, los Padres se dirigieron a la localidad de Nuevo París, donde encontraron lugar apropiado para hacer la tan ansiada fundación.
Los Padres conocían esa localidad, pues los días de fiesta atendían espiritualmente la Capilla de la quinta de la Familia Schiaffino en Paso de la Arena, y la de la Barra de Santa Lucía.
Nuevo París, constituía entonces uno de los suburbios más abandonados de la Capital Uruguaya; aun actualmente después de casi 40 años de la época de que hablamos, Nuevo París es uno de loo barrios que menos ha prosperado bajo el punto de vista edilicio, no obstante su progreso comercial. Una buena parte, en efecto, de nuestra Parroquia, está constituida de ranchos de lata y de madera; o por casas de material de estructura pobre y sencilla.
Sin embargo, el P. Emilio de Strevi solía decir, así lo afirmaba el P. Alipio, que Nuevo París era el lugar de sus predilecciones y que si algún día se fundara en Montevideo otra casa, debiera hacerse allí.
Con el propósito de adquirir un terreno apropiado para la fundación, se dirigieron los Padres Alipio y Benito al amigo señor Don Ernesto Castiglioni caballero de relevantes prendas morales, el cual tenía un oratorio festivo en su domicilio.
El Sr. Castiglioni, enterado del propósito de los Padres, tomó con entusiasmo la tarea de buscar un terreno.
Primero se eligió un lote sobre la actual calle Carlos María Ramírez, propiedad del Sr. Francisco Puig; pero habiéndose interesado por él la Madre Francisca de Jesús, fundadora de las beneméritas Hermanas Terciarlas Capuchinas de Loano, se desistió de tal adquisición, eligiéndose el lote donde está actualmente establecido nuestro Convento.
Estipulado el precio de diez centésimos el metro cuadrado; el predio importaba la suma de 1.000 pesos.
La Comunidad no disponía entonces de esa suma.
Pero la Divina Providencia, siempre pronta para, socorrer las obras de Dios, movió al benemérito caballero Don Luis Toribio, Hermano de la Orden Tercera, el cual donó al P. Alipio la suma integra para la adquisición del terreno de la proyectada fundación.
Queremos por estas líneas, dejar constancia de nuestro agradecimiento al Sr. Luis Toribio, el cual no solamente ayudó más de una vez a nuestra Comunidad con su apoyo material, pero también con el aporte moral de su consejo y de su amistad.
Hombre de fe acrisolada y exquisita bondad, fui ejemplo de todas las virtudes propias de un caballero cristiano. Murió santamente el 8 de Enero de 1906, a los 65 años de edad.
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Hecha la adquisición el 22 de Mayo de 1896, se procedió a la colocación de la piedra fundamental de la nueva fundación.
He aquí el acta de esa Ceremonia:
ACTA
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén, V. V. Jesús, María, José y San Francisco.
Gobernando la Sta. Iglesia Católica, Apostólica, Romana Su Santidad el glorioso Sumo Pontífice León XIII; siendo Obispo de la ,Diócesis de Montevideo el Ilmo. y Rmo. Monseñor Dr. Don Mariano Soler; Presidente de la República O. del Uruguay el Sr. Don Juan Iriarte Borda; Ministro General de la seráfica Orden de los Capuchinos el Rmo. Padre Fr. Bernardo de Andermatt y Superior de la Misión de Montevideo el R. P. Fray Alipio de Alba; hoy a los veinte y dos días del mes de Marzo de mil ochocientos noventa y seis (1896 ) en el Pueblo de Nuevo París el Ilmo. y Rmo. Monseñor Dr. Don Mariano Soler Obispo Diocesano a la presencia de los Padrinos Sres. Don Luis Toribio y Doña Rosa V. de Castiglioni y de todos los abajo firmados, ha solemnemente bendecido la piedra fundamental del Convento y Oratorio que los Capuchinos quieren edificar en honor de la Purísima Inmaculada Virgen María, de San José y del Seráfico Padre S. Francisco de Asís, siendo este último el Santo Titular de la Iglesia y Convento y Patronos principales los primeros. De ésta dan fe, etc.
+ Mariano, Obispo de Montevideo.
Fray Alipio de Alba, Sup. Capno. Santiago Haretche, Luis Toribio, P. Benito de Moano. Capno. Antonio S. Ardoino, Rosa Castiglioni, José M. Serrería, Pbro. P. Querubín di Ceriana, P. Lucas de Beinette, Misael Santarelli y otros.
Una vez iniciada la fundación el M. R. P. Alipio de Alba, entonces Delegado Provincial de la Misión encargó al R. P. Benito de Moano, para que dirigiera los trabajos de construcción que debían iniciarse de inmediato.
El P. Benito todos los días se trasladaba desde nuestra Iglesia de San Antonio hasta Nuevo Paris, y con su espíritu dinámico y emprendedor supo llevar a cabo la obra con el mínimum de gastos, en tal forma que, no obstante la escasez de los medios, los trabajos pudieran continuar sin interrupción y con una relativa celeridad.
Cabe aquí destacar la obra humilde pero meritoria y eficaz de Fray Serafín de Mele, lego de nuestra Comunidad; él y el P. Benito de Moano deben ser consideradas como los fundadores de la Iglesia de Nuevo Paris.
Émulo de Fray Pablo de Camerino, se dedicó a recaudar fondos para la obra. Recorría todos los días las calles de la ciudad pidiendo de puerta en puerta el óbolo de la caridad. No siempre encontró acogida benévola ni manos generosas; muchas veces su humilde llamado a !n caridad recibía una afrenta o un desprecio, pero el virtuoso lego, todo lo aceptaba con una sonrisa; su manso semblante no me inmutaba; y al volver al Convento cargado de improperios y con la bolsa vacía, decía a los Religiosos que mucho había recolectado para la Casa de Dios. Sabía el santo Religioso que la paciencia y la mansedumbre contribuían más a la obra en que estaba empeñado que no las limosnas materiales que aportara.
Una vez terminada la obra volvió a la paz de su Convento; sirvió a la Misión con abnegación hasta el año 1922 en que volvió a Génova, donde murió el 4 de Diciembre de 1932, siendo familiar del P. Provincial M. R. P. Emiliano de Mele, después de haberse preparado santamente al tránsito para la eternidad.
Entretanto, todos los domingos del Convento de San Antonio iba un Padre a oficiar Misa en el oratorio del Sr. Ernesto Castiglioni, situado unas cuatro cuadras más al norte de donde se halla actualmente la Iglesia y precisamente sobre la calle José Llupes, frente a la Plaza Cristóbal Colón.
Los trabajos proseguían activamente bajo la experta dirección del P. Benito. En poco tiempo una parte del edificio quedó terminado. El 14 de Agosto de 1896 se pudo inaugurar la nueva Capilla,
Ocupaba entonces la Capilla una de las dependencias del Convento, donde actualmente se halla el refectorio.
Se instaló en ella el altar del oratorio del señor Castiglioni, y al dio siguiente de la inauguración, 15 de Agosto, se trasladó procesionalmente, desde la misma casa, la Imagen de la Purísima.
"Asistió a la solemne procesión gran cantidad de fieles, ‑ leemos en las memorias del P. Benito, ‑ y fue aquel dio de recuerdo imperecedero para nosotros."
La estatua de que hablamos se halla hoy en un altar de la Inmaculada Concepción, levantado en una nave lateral de la actual Iglesia de Nuevo París.
El dio 13 de Setiembre del mismo año se estableció la nueva Comunidad en las dependencias del Convento recientemente construidas. Fue nombrado Superior el R. P. Lucas de Beinette y Vicario y Director del Seminario al P. Celestino de San Colombano.
Bendijo e inauguró el nuevo Convento el Ilmo. Señor Obispo de Montevideo, Monseñor Mariano Soler, apadrinando la ceremonia el Doctor Juan Zorrilla de San Martín y su Señora Esposa Elvira Blanco de Zorrilla.
En esa ocasión pronunció el Vate uruguayo un hermoso discurso. Refiriéndose al fin primordial de esa fundación, que fue, como dijimos, el de establecer un Seminario para cultivar las vocaciones Seráficas que Dios suscitara en la Misión, dijo: "Como las golondrinas que huyendo del frío, hacen su nido en la hospitalaria tierra que las envuelve en la tibieza de su clima, y crían allí con amor sus polluelos, así estos Padres de la Provincia de Génova han hecho su nido al calor de nuestra hospitalaria tierra uruguaya para criar para Dios y los hombres, esas almas virginales, casi niñas, que Dios ha llamado a una vida de altísima perfección".
Y fue de veras el Seminario Seráfico un nido donde se cultivaron con amor las vocaciones Seráficas.
El pequeño Seminario que ya funcionaba en el Convento de San Antonio desde el 17 de Setiembre del afeo 1895, fue trasladado a Nuevo París el 13 de Setiembre del año siguiente.
Con sacrificios continuados, impuestos por la escasez de personal y de medios pecuniarios, fue sosteniéndose esa Institución vital de nuestra Misión.
Los Padres que se alternaron en su dirección y que se dedicaron a la enseñanza, no obstante la abrumadora tarea del Ministerio que no podían abandonar, encontraron tiempo y energías para consagrarlas a la educación de los jóvenes.
Y las golondrinas crecieron al calor de ese nido. Los sacrificios fecundaron la semilla de la gracia; y no obstante que por dos veces debiera clausurarse por distintas circunstancias, sin embargo el Seminario Seráfico ha dado a la Misión hasta el año que escribimos estas líneas, 16 Sacerdotes y 11 clérigos y actualmente cuenta una treintena de Seminaristas.
Como ya dijimos en otro lugar, el Seminario Seráfico funciona actualmente en el local del antiguo Colegio de San Antonio.
Fueron sucesivamente Directores del Seminario Seráfico los R.R. P.P. Celestino de San Colombano, Sixto de Ortovero, Bernardo de Paso de la Arena, José de Montevideo, Filomeno de San Secondo, Francisco de Moconesi y Buenaventura de Montevideo, que es el Director actual.
Cooperan a su labor, con dedicación y eficacia, los PP. Atilio de Varazze y Bernardo de Buenos Aires, como ViceDirector y Prefecto de estudios, respectivamente.
Por iniciativa de este último Religioso, que ama de veras el Seminario y lo atiende con amor, ha surgido una institución denominada "Obra de las Vocaciones Seráficas", cuya finalidad es prestar su apoyo espiritual y material para, despertar las vocaciones Seráficas y cultivarlas.
Fueron Seminaristas fundadores del Seminario los RR. PP. Francisco de Montevideo, Luis de Montevideo. Angélico de Montevideo, José de Montevideo y Bernardo del Paso de la Arena.
Actualmente el Seminario Seráfico está instalado en el local del antiguo Colegio de San Antonio, contiguo a nuestro Templo homónimo; y en el Convento de Nuevo París está instalado el Noviciado.
El Noviciado fue canónicamente erigido por Decreto de la S. C. de Negocios Extraordinarios el 17 de Marzo de 1891; funcionó con varias alternativas, reabriéndose definitivamente en el año 1928. Como que el número de novicios va siempre en aumento, se pensó en ensanchar el local. A este fin se está construyendo una espaciosa ala que, dispuesta estrictamente según las normas de nuestras Santas Constituciones, será local amplio y apropiado para la formación de nuestros jóvenes novicios. Cuando estas páginas verán la luz, el edificio estará del todo terminado.
Es actual Maestro de Novicios el P. Venancio de Vellego, coadyuvado por el Hermano Fray Silvestre de Rossano en la dirección de los Novicios laicos.
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Encuentro entre las memorias del Seminario datos escritos por el Padre Benito de Moano sobre un Seminarista nuestro y más tarde Religioso, que ha dejado una memoria perdurable en nuestra Comunidad. Se trata de fray Benito, llamado en el siglo Armando Aguirre.
Desde niño frecuentó nuestro Colegio de San Antonio: cuando éste funcionaba en una de las dependencias del actual Convento.
Siempre se distinguió por su piedad y su virtud. En una fiesta escolar en que se representaba el drama "Francisco de Asís", él desempeñó el papel del Santo Protagonista. Y lo hizo con tanto amor que dejó admirados a los espectadores; tan posesionado estaba de su papel que al representar la muerte del Santo no sintió las gotas de cera ardiente que otro pequeño artista, compañero suyo, dejaba caer por descuido sobre sus pies desnudos.
Llamado por Dios a lo vida religiosa pidió a su madre el consentimiento para ingresar en nuestro Seminario. Pero la madre impresionada por la austeridad de la Regla de los Capuchinos no le otorgó la venla solicitada.
Sólo permitió que ingresara en el Seminario de la Arquidiócesis, prometiéndole sur al después de tres años perseveraba en su propósito de hacerse Capuchino, le daría su consentimiento.
Accedió el virtuoso adolescente; y después de tres años, el día mismo que cumpla el tiempo fijado, llamó a su madre y le exigió el cumplimiento de su promesa.
Conmovida por la firmeza y constancia de su hijo, la madre le consintió que realizara, sus deseos; y ese mismo día, dado el adiós a sus Superiores y Compañeros que con pena lo vieron partir de su lado, ingresó en nuestra Comunidad.
Después de pasar algún tiempo en el Seminario, vistió el hábito novicio; y ya al término de su noviciado, pocos días antes de profesar, la madre volvió sobre su decisión, e hizo todos los esfuerzos para hacerle desistir de su propósito. Para ello no solamente empleó todos los argumentos que le sugería su amor materno, pero mandó además una persona influyente, que es hoy una gran figura de nuestro laicato católico, para hablar con el joven novicio.
A todos los argumentos e insinuaciones respondía fray Benito: ‑ Sólo muerto me sacarán de aquí.
Pronunciados los votos, fray Benito fue mandado a Italia para continuar sus estudios.
Pero, Dios Nuestro Señor, en sus inescrutables designios quiso, llevárselo al cielo.
Una enfermedad violenta lo abatió; y después de haberla sufrido con admirable paciencia y resignación, murió en Finalmarina el dio 17 de Setiembre de 1905.
Antes de morir, un compañero suyo, el Seminarista Juan Francisco Aragone, hoy Arzobispo de Montevideo, que se hallaba a la sazón cursando sus estudios en el Colegio Pío Latino Americano de Roma, le obtuvo una especial bendición del Sumo Pontífice Pío X.
Hemos tenido ocasión de hablar con los que fueron sus compañeros de estudios, y con el propio Sr. Arzobispo de Montevideo; todos ellos afirman que han visto en él un alma virtuosa que puede proponerse como ejemplo y modelo a los jóvenes estudiantes de nuestro Seminario.
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Hecho este breve paréntesis, sigamos con nuestro asunto. El primer tramo de la obra que historiamos más arriba costó aproximadamente 8.000 pesos. Esa suma fue cubierta por el Sr. Luis Toribio en la forma que dejamos consignada: otra parte por una respetable dama que vivía en Montevideo con dos hermanas ancianas, formando un ejemplar hogar donde se practicaba la evangélica caridad; conociendo la estrechez en que se hallaban los Padres, esa alma caritativa legó pata la obra de Nuevo París el importe de la venta de una propiedad que tenía en la calle Canelones, y que ascendía a la suma de 4.500 pesos. Lo restante de la deuda fue amortizado con economías de la Comunidad y con las prestaciones de varios bienhechores.
En Mayo de 1899 empezó a funcionar un pequeño Colegio para los niños del vecindario en una de las dependencias del edificio. Más adelante nos ocuparemos brevemente de la vida y prosperidad de esta Institución.
En esa misma fecha fueron nombrados Superior y Vicario respectivamente del Convento los RR. PP. Querubín de Ceriana y Sixto de Ortovero. En Octubre del año 1899, el M. R. P. José de Génova, hallándose en Visita Canónica en la Misión, aprobó definitivamente el plano de la Iglesia insistiendo en que se llevaran a cabo los trabajos en la mayor brevedad.
En Enero de 1899 fue elegido Superior de la Casa el R. P. Benito de Moano y Vicario el R. P. Nicolás de Cártari. Este último tenia el cargo de Lector de Teología de los Estudiantes, cuyo curso filosófico hablan terminado teniendo como Lector al R. P. Lucas de Beinette.
El P. Agustín de Savona sucedió al P. Lucas en el lectorado de Filosofía. Actualmente el estudiantado reside en San Antonio, siendo Director del mismo el P. Domingo do Tacuarembó, y Lector de Filosofía el P. Antonio M. de Montevideo.
Fue ocupación primordial de los nuevos Superiores la construcción de la Iglesia. La concurrencia siempre creciente de fieles, demandaba un local más amplio y cómodo del que podía ofrecer la Capilla provisoria establecida, como dijimos, en el actual refectorio del Convento.
El 19 de Mayo de 1899 Monseñor Pío Cayetano Stella, Obispo titular de Amizón, bendijo la piedra fundamental del templo a construirse. Apadrinaron la Ceremonia el Sr. Arturo Heber Jackson y su esposa Blanca García de Jackson. La obra, hábilmente dirigida, por el P. Benito, adelantaba admirablemente; los estudiantes teólogos, primicias del Seminario, en el tiempo destinado al recreo trabajaban con ahínco ayudando a los obreros. La obra se ejecutó según loa planos del arquitecto D. Sebastián Andueza y bajo la dirección técnica del Constructor Sr. Juan Lladó.
A principios del año 1901 fue techada la parte de la Iglesia que comprende las tres naves hasta el presbiterio; y poco después estaba pronta para librarse al culto público. Se empleó en su construcción 25 semanas hábiles, durante las cuales trabajaron 10 albañiles, algunos peones, ayudados, como dijimos, por los estudiantes de la Comunidad en las horas de recreo. Debe hacerse especial mención del Capataz Sr. José Perusso, de Alba, quien trabajó con verdadero amor por la casa de Dios, y dio gran impulso para la feliz terminación de la obra.
El 28 de Abril de 1901 Monseñor Mariano Soler bendijo e inauguró esta parte hábil del Templo siendo padrinos el Sr. Juan Jackson y Señora, quienes se hicieron representar en la ceremonia por el Sr. O'Neill y Esposa.
En esa circunstancia, el altar provisorio de la Capilla se trasladó al nuevo Templo. En él celebró Misa solemne Monseñor Dr. Santiago Haretche con asistencia pontifical del Ilmo. y Rmo. Monseñor Dr. Mariano Soler.
La estatua del Corazón de Jesús que dominaba el altar en esa circunstancia, se halla ahora en la Capilla del Rincón del Cerro.
Una vez libradas las tres naves de la Iglesia al Culto, se prosiguieron los trabajos para terminar el presbiterio, la sacristía, el coro y la torre.
Estos trabajos, comenzados el 10 de Febrero de 1902, dieron cima en el mes de Diciembre del año siguiente. El 28 de Mayo del año 1903 se pudo bendecir la Iglesia ya definitivamente terminada; el altar que se usara hasta entonces fue sustituido por otro, ‑ el actual. ‑ construido según planos del artista italiano Sr. José Marzi, en el establecimiento del Sr. Casterán. Fue costeado por el Sr. Arturo Heber Jackson y Señora. La estatua del Corazón de Jesús, que está en la parte superior, fue regalada por la Señora Blanca García de Heber; la Cena del frontal del altar, ‑ primoroso trabajo de taracea, ‑ fue ejecutada por el artista Sr. Scotto de Savona. Las demás estatuas que adornan el altar son obras del conocido artista tirolés Sr. Stuffleser. El armonium fue regalado por Monseñor Dr. Santiago Haretche; loa ornamentos fueron regalados por las Hijas de María.
La Iglesia actualmente luce en todas sus capillas hermosos altares, todos tallados en madera,
El altar de la Inmaculada fue regalado por Don Jorge Passano.
El altar de San José donado por la Srta. Rita Caprario.
El altar de San Antonio por Dona Rosa D. de Barrére.
El altar de Santa Teresita fue construido con el óbolo de varios donantes.
El altar de la Virgen del Carmen fue costeado por varios bienhechores, especialmente por la familia de Don Luis Noziglia. El altar de San Roque fue costeado también por varios bienhechores, especialmente por la familia del Sr. Francisco Cúneo.
El Sr. Bernardo Barrére y familia donaron el hermoso cancel de la puerta mayor.
La madera para los bancos fue costeada por el Sr. Don Ambrosio Quartino.
Faltaba a la Iglesia el revoque de su parte exterior; la caritativa dama Doña Magdalena Ferrari costeó dicho trabajo.
El 4 de Octubre de 1903 se fundó la Venerable Orden Tercera.
El P. Querubín de Ceriana fundó, durante su superiorato, la Congregación de las Hijas de María.
La Guardia de Honor fue fundada por el R. P. Benito de Moano.
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Queremos aquí dedicar breves líneas a dos obras de importancia: el Colegio de externas y el Centro de Jóvenes.
El Colegio empezó a funcionar el 19 de Marzo de 1899, con una asistencia de unos 100 niños. EI 9 de Setiembre de 1899 Ingresó como enseñante el Sr. José Romanello, quién hasta la fecha en que escribimos estas líneas, 1933, ha venido desarrollando en los niños, en cooperación con el P. Angélico de Montevideo, una acción admirable, cuyos frutos de bien se están palpando en esas generaciones de ex alumnos, hoy profesionales, laboriosos comerciantes o artesanos, muchos de los cuales han formado hogares modelos a los que aportaron ese caudal de virtud que aprendieron bajo el techo franciscano del Colegio de Nuevo París.
Otra obra que cabe destacar es la del Centro Monseñor Mariano Soler.
Preocupado el P. Benito de Moano por el bien espiritual de los jóvenes egresados del Colegio pensó fundar un Centro para agruparlos. Así lo hizo en el año 1909. La idea se concretó en ocasión de una fiesta celebrada en honor del Profesor José Romanello, el 18 de julio de 1909. Citados los ex alumnos congregados en esa ocasión para el 25 de Julio, es decir, una semana después, dieron comienzo a esta obra formando la primera Comisión Directiva, cuyo primer Presidente fue el Sr. Carlos Savio, actual Director de la Escuela Artigas y Subinspector de la enseñanza primaria.
Esa entidad juvenil que se llamó "Centro Monseñor Mariano Soler", prosperó admirablemente, y queriendo el P. Benito dotarla de un local apropiado plantó la construcción de un salón.
El Sr. Luis Noziglia, entusiasta por ¡ti obra proyectada, regaló un hermoso lote de terreno situado hacia el noroeste de la manzana contigua al Convento.
El 10 de Octubre de 1909 el Ilmo. Monseñor Dr. Don Ricardo Isasa bendijo la piedra fundamental.
El Sr. Noziglia regaló también los ladrillos para la obra la cual fue inaugurada poco después.
Precedió a la inauguración un triduo predicado por el Pbro. Dr. Luis Hargáin; en el acto de la inauguración, apadrinado por el Sr. Manuel Cúneo y su Señora Esposó Doña Catalina R. de Cúneo, ‑ hizo el discurso inaugural el Dr. Joaquín Secco Illa.
El Centro "Monseñor Soler" ha tenido siempre una vida pujante y lozana; se le considera hoy como uno de los mejores Centros juveniles de Montevideo. Allí se aúna la alegría con la piedad. Las Comuniones de jóvenes son frecuentes y numerosas: y en la noche de los primeros jueves de cada mes, se reúnen los Asociados en la Iglesia para hacer la Hora Santa ante el Sagrario.
El P. Domingo de Tacuarembó, con el celo y actividad que lo caracterizan, preside actualmente la marcha de esta obra.
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La Iglesia de N. París por decreto del 30 de Octubre del año 1919 fue erigida en parroquia. Las funciones se celebran con extraordinario brillo; y se destaca la pulcritud en todos los detalles que con tanto cariño cuida el benemérito hermano Fray Nazario, abnegado obrero de la primera hora en nuestra Misión.
Los Padres de la Comunidad atienden varias Capillas de la localidad.
En el Rincón del Cerro atienden una Capilla donada a la Curia de Montevideo por la señora María Lecuona de Elhordoy.
En la barra de Santa Lucía atienden la Capilla levantada por una Comisión local. Lo mismo hacen en el Paso de la Arena, en la Capilla de la familia Schiaffino, y en pueblo Gori, en un pequeño local que sirve de escuela en los días hábiles y de capilla en los festivos.
En la localidad denominada "La Cachimba del Piojo", el P. Antonio Ma. de Montevideo, en cooperación con las Srtas. Herminia Peixoto de Abreu Lima y Lola Balparda fundó una obra de cristianización en un barrio abandonado.
La iglesia de Nuevo París es un foco de irradiación de luz evangélica en aquellos parajes. La obra oscura y penosa de los Padres que se han sucedido en esa Casa es altamente encomiable. Los Religiosos han trabajado como buenos obreros en la viña del Señor, recorriendo las campañas dilatadas, resquebradas de barrancos poco menos que intransitables, desafiando las inclemencias del tiempo, y llevando a las almas la luz del Evangelio, y a los pobres, que abundan sobremanera, el pan, de la cristiana caridad.
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Fueron Superiores de esta Casa los siguientes Padres:
El P. Lucas de Beinette; actualmente residente en Italia. El P. Querubín de Ceriana. El P. Benito de Moano. El P. Nicolás de Cártari, quien por varios períodos desempeñó el cargo de Delegado Provincial y Superior Regular de la Misión de cuya actuación ya hemos hablado en el presente capítulo. El P. Hilario de Novara; el P. Damián de Finalborgo, quienes regentearon la parroquia breve tiempo.
El P. Filomeno de San Secondo, lleno de celo por las almas y caridad por los pobres; durante su gestión edificó con sus sacrificios y con su ejemplo a sus feligreses.
El P. José de Montevideo, hoy Párroco de Punta Carretas. Todos ellos fueron completando la obra material y moral de la fundación de Nuevo París con celo y sacrificio encomiable.
Actualmente es Guardián el R. P. Joaquín de Monterosso, Religioso de altos valores morales, incansable misionero especialmente en nuestra campaña, quien ocupó por dos veces el cargo de Superior Regular y hoy desarrolla su celo en la regencia de esta parroquia.
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No queremos terminar este esbozo sin señalar una vez más la actuación brillante del P. Benito de Moano en la obra material y moral de nuestra casa de Nuevo París.
Espíritu emprendedor y vidente, supo con su contracción al trabajo y con su don de administración resolver los formidables problemas económicos que se presentaron durante el curso de las obras en construcción.
Como verdadero apóstol de la fe de Cristo dotó la obra material de instituciones espirituales que hoy florecen admirablemente a la sombra protectora de San Francisco de Asís.
Hijo esclarecido del Seráfico Patriarca, de quien heredó el celo ardiente de misionero, una vez ordenado Sacerdote después de haber ensayado sus primeras actividades en varios Conventos de la Provincia de Génova, vino a nuestras playas, donde desplegó su celo incansable como Delegado Provincial, cargo que ocupó por cuatro veces, como Maestro de Novicios, como Guardián de nuestras Casas de Nuevo París, de Rosario y de San Antonio, y en las distintas obras de apostolado y en la vida de la Misión domo hacemos mención en varias partes de este libra:
Hoy es el decano de los Misioneros; y en estos años de su vida, desde el sosiego adonde, lo reducen sus achaques, puede contemplar las obras florecientes de la Misión con la misma fruición que un padre anciano contempla los triunfos de sus hijos.