CAPITULO VII
Maldonado
SUMARIO
Fundación de Maldonado. La Capilla primitiva. Vicisitudes políticas. El primer Vicariato General del Uruguay. La segunda Capilla. La Iglesia Parroquial. Odisea del Altar Mayor. La Virgencita del Santander. Nuestras Religiosos en la Parroquia Fernandina. El R. P. Damián de Finalborgo.
La Parroquia de Maldonado, donde reside nuestra Comunidad desde el año 1906, no es fundación nuestra; como veremos más adelante, cuando tomamos posesión de la Parroquia, (que fue confiada a la Orden por Rescripto de la S. Congr. fechado el 12 de Marzo de 1909), la obra de la Iglesia ya estaba terminada.
Los apuntes históricos que vamos s dar no se relacionan directamente con nuestra Comunidad, pero sí con la Parroquia que está a nuestro cargo.
La Ciudad de Maldonado es hoy Capital del Departamento del mismo nombre; es una ciudad pacífica sin mayores actividades comerciales. Cuenta con unos 7.000 habitantes y está edificada a poca distancia de la costa. Los médanos de las playas constituían una molestia y hasta un peligro para la ciudad. Pero con extensos plantíos de pinos marítimos y otros árboles se ha conseguido detener las arenas, amén de que esas plantaciones enriquecen el aire y dan al panorama un sugestivo colorido. Posee Maldonado un excelente puerto abrigado y profundo. Las playas cercanas a la ciudad son las preferidas por los turistas en la época estival.
Los primeros Sacerdotes que llegaron a Maldonado fueron Religiosos Franciscanos. No vinieron precisamente como Párrocos, pero sí como Capellanes del Regimiento de Dragones, mandado como presidio militar de la población.
Maldonado, por su posición en las puertas del Atlántico, por su espaciosa bahía y por su configuración topográfica, resultó, en tiempos del Coloniaje y de la Conquista, el lugar disputado como base de operaciones por los ejércitos y las escuadras de los beligerantes.
Fue por eso que Don Joaquín de Viana, Terciario Franciscano y primer Gobernador de Montevideo, sólo 30 años después de la fundación de esta ciudad, se preocupara de fundar la villa de Maldonado, como plaza fuerte de los dominios españoles en, el Río de la Plata.
Los habitantes que formaron el núcleo inicial de la nueva población fueron 104 indígenas traídos de las Misiones. La razón a que respondía la fundación de Maldonado explica el porqué en el año 1762, Don Pedro de Zeballos, Gobernador de las Colonias españolas en el Río de la Plata, ordenara a Viana que fortificara la plaza con un Regimiento de Dragones.
Esto originó la llegada del primer sacerdote en esa localidad.
En calidad de Capellán del Regimiento, y para atender al reducido número de habitantes de la nueva población, fue enviado fray Matías Cabral, Religioso franciscano.
Para tener las facultades ordinarias necesarias para la cura de almas, fue necesario nombrar a fray Matías Vice Párroco y elevar la pequeña Capilla a la categoría de Vice Parroquia; lo que se llevó a cabo, probablemente, entre el año 1763 y 1764.
La Vice Parroquia fue: erigida bajo la advocación de San Fernando en honor de Fernando VI, Rey, entonces, de España; dependía de la Parroquia San Felipe y Santiago de Montevideo y del Obispado de Buenos Aires.
No entra en los límites de nuestros propósitos el enumerar los Sacerdotes que se sucedieron como Curas de almas en la Vice Parroquia. Sólo notaremos que en 1765 se hace cargo de la Capellanía del Regimiento el Pbro. José Eusebio Galeano, Capellán de la fragata "San Rafael", naufragada en las cercanías de Maldonado, en la playa llamada desde entonces de "San Rafael".
El desarrollo siempre creciente de la población exigió la edificación de una Iglesia más espaciosa que la primitiva. Y fue precisamente hacia el año 1773 que se edificó, en la misma manzana donde se levantaba el cuartel de Dragones, un nuevo Templo y un pequeño Convento para los Religiosos.
Del Templo queda aún el edificio, ocupado actualmente por un despacho de bebidas: del Convento sólo queda una parte convertida en casa de familia.
La ex Capilla está situada en el ángulo de las calles 18 de julio y Montevideo.
Se trata de un local de tipo colonial, de espesas paredes de piedra y mampostería, y de dimensiones limitadas[1].
Hemos visitado ese local y nos ha apenado, de veras, el verle convertido en un vulgar despacho de bebidas; creemos que la Autoridad a quién corresponda debiera ocuparse dé mantener esa reliquia histórica en una forma más decorosa.
La Vice Parroquia fue erigida en Parroquia probablemente en el año 1779.
En el año 1782 los Padres Franciscanos abandonaron esta residencia haciéndose cargo de la parroquia el Pbro. Juan De León Ferragut, del Clero secular.
En 1802 el Padre Ramón de la Merced, Religioso Mercedario, se hizo cargo interinamente de la Parroquia hasta que llegó en calidad de Párroco efectivo el Pbro. Dr. Manuel Alberti, figura distinguidísima como sacerdote, y personalidad de altos relieves en la Historia Argentina.
Fue durante su Curato que las fuerzas inglesas, en el tiempo de las invasiones, saquearon y profanaron la Iglesia Parroquial.
Pasadas las invasiones Inglesas, la agitación de aquella hora de gestación sangrienta para las Repúblicas del Plata, dificultaba el gobierno de las Parroquias del Uruguay y dependientes del Obispado de Buenos Aires; por eso Monseñor José León Boneo, Gobernador de la Diócesis en Sede Vacante, nombró un Vicario General para la Banda Oriental, recayendo el nombramiento sobre el Pbro. Dr. Don Gabino Fresco, con residencia en la ciudad de Maldonado, de donde era Cura Párroco. Fue, pues, la Parroquia de Maldonado la sede de la primera autoridad eclesiástica del Uruguay.
En el año 1830, y precisamente el 18 de julio, día de la jura de la Constitución, la Magna Carta fue leída por el entonces Cura Párroco Pbro. Dr. Feliciano Rodríguez, quién recibió el juramento de las autoridades de la Ciudad, prestando a su vez juramento ante la Autoridad Civil. Después de haberse sucedido en la regencia de la Parroquia varios Sacerdotes, fue nombrado párroco en el año 1863 el Señor Presbítero Pedro Podestá, que fue el último sacerdote seglar que regenteó la Parroquia.
Por la actividad desplegada en la terminación de las obras de la Iglesia merece el Pbro. Podestá una especial mención en estas páginas. Nació el Pbro. Podestá el 11 de Octubre de 1846 en la Isla Gorriti, situada en el centro de la Bahía de Maldonado, frente a la Playa "Las Delicias". Su familia se había refugiado allí para librarse de la miseria y del hambre a que fue sometida la Ciudad durante la guerra Grande.
Estudió las primeras letras bajo la dirección del Pbro. Juan Manresa, Párroco de Maldonado. Cursó la carrera eclesiástica en Santa Fe, donde fue ordenado Sacerdote.
Regresando a la patria ocupó la Tenencia en Maldonado, y luego el Curato vacante por la muerte del Pbro. Juan Manresa.
Debemos hacer notar que siendo Párroco el Pbro. Rafael de Cubas, cuya gestión duró desde el año 1835 hasta el año 1852, la Iglesia parroquial tuvo que cambiar de local. La antigua Capilla de los Franciscanos estaba bastante deteriorada para ofrecer un local digno para el culto.
Se habilitó, pues, con ese fin, un salón construido para escuela pública por el Sr. Francisco Aguilar; ese salón está situado frente a la plaza, y actualmente lo ocupa la Comisaría de la primera sección.
Durante la dominación Española se había comenzado a construir un templo de grandes dimensiones.
En una crónica suscrita por Don Juan P. Ortega, que apareció en el periódico local "El Conciliador" en el año 1895. se afirma lo siguiente: Los Reyes de España ordenaron la construcción de la Iglesia de Santa María de Maldonado con el intento de trasladar a ella una Virgen española muy milagrosa de la devoción de ellos así como el Prelado Superior de la Diócesis de Buenos Aires y el Pbro. Isaac Núñez la consagraran.
Aunque no tenemos datos precisos de la fecha en que se empezaron las obras, sin embargo conjeturamos que ellas hayan comenzado a fines del siglo XVIII.
La construcción, quedó suspendida a la altura de las bóvedas cuando los Ingleses, el 29 de Octubre 1806, tomaron la plaza.
Tanto en esa ocasión de las invasiones cuanto más tarde en distintas vicisitudes de la guerra de la independencia, y en las frecuentes revoluciones que asolaban nuestro país, el edificio en construcción sirvió de refugio a los soldados, y de caballeriza. Sobre sus anchos muros se emplazaron algunas piezas de artillería, y se instalaron los soldados para practicar sus observaciones sobre el territorio.
El Presbítero Podestá, apenado por el deplorable estado en que se encontraba esa construcción, llamada a ser uno de los más hermosos templos de nuestra República, decidió terminarla y consagrarla definitivamente al servicio de Dios.
Para cumplir con sus deseos le valió el hecho de ser miembro de la Junta Económica Administrativa.
Pudo por su influencia obtener la venia del Superior Gobierno, presidido por el General Máximo Santos, para continuar las obras.
En cuanto a los recursos pecuniarios que demandaba el trabajo, el Presbítero Podestá, ‑ así se nos informa, ‑ se valió de un ingenioso expediente. Dícese que obtuvo de las Autoridades competentes el derecho a un porcentaje sobre las pieles de los lobos que se cazaban en la "Isla de Lobos", donde estos animales viven en abundancia. Cada piel, entonces, se vendía a una libra esterlina. Ese fue el recurso más poderoso, ‑ por cuanto estamos informados, ‑para dar cima a la obra emprendida[2].
Los trabajos terminaron en el año 1895; el 27 de Octubre de ese año, con toda la solemnidad del caso, Monseñor Dr. Mariano Soler, Arzobispo de Montevideo, bendijo el hermoso templo, dirigiendo, con ese motivo, una vibrante y emotiva Pastoral al pueblo fernandino.
Apadrinaron la ceremonia el Sr. Jefe Político del Departamento Sr. Melchor Maurente y su Señora Esposa.
En ese día el Sr. Obispo declaró a la Virgen del Carmen copatrona de la Parroquia.
El Presidente de la República, que era entonces D. Juan Idiarte Borda, participó desde su domicilio de los festejos haciendo colocar dos micrófonos, uno en el púlpito y otro en el Coro en comunicación con la oficina telegráfica, para escuchan por teléfono el Sermón y los cánticos de la ceremonia.
La Iglesia es de estilo románico: sus vastas proporciones, su cúpula majestuosa que se recorta sobre un cielo casi siempre sereno y luminoso: sus dos torres esbeltas y armoniosas, su amplio atrio que protege la entrada, hacen de la Iglesia parroquial de Maldonado un hermoso exponente de arte religioso de nuestro país.
Las campanas del templo fueron regaladas por varios sacerdotes amigos y condiscípulos del Presbítero Pedro Podestá, y por varias personas residentes en Buenos Aires.
La Pila bautismal fue regalada por el Sr. Francisco Piria.
Se trata de una obra tallada en mármol, construida en Italia, y que ostenta las estatuas de Jesús y del Bautista artísticamente labradas.
Esta pila sustituye a otra, de estilo colonial, labrada en cal año 1751, que aun se conserva en la Sacristía en mérito a su antigüedad.
Los altares laterales han sido decorados por fray Agustín de Pavía d'Udine.
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El Altar mayor tiene una historia curiosa e interesante.
Una vez terminado el Templo se pensó dotarlo de un conveniente Altar.
De acuerdo con la Junta Administrativa, se aprobó uno de los tres planos presentados, y llamando a licitación para su ejecución se convino, ‑ por creerlo más conveniente,‑ en aceptar el presupuesto presentado por los constructores contratistas del Templo, quienes debían hacer construir el Altar en Montevideo.
Llegó después de un tiempo el Altar tan esperado por los feligreses; pero cual sería el desencanto de todos al darse cuenta que el Altar, por lo que se podía apreciar a través del embalaje, era usado y viejo, y que en modo alguno podía responder a las exigencias de la población.
La nueva junta Administrativa, votada en el año 1888, pareció estar en connivencia con los empresarios; y lejos de fiscalizar la obra la aceptó sin más trámites.
Fue entonces que el pueblo indignado quiso sacar los cajones y entregarlo a las llamas en plena plaza pública.
Entonces la Junta cerró el altar en la Iglesia y lo hizo colocar en su sitio pensando que, una vez colocado, el pueblo quedaría más o menos satisfecho y aprobaría de buen o mal grado la obra.
Pero no fue así.
Abiertas las puertas del Templo el público pudo apreciar mejor el engaño, al contemplar el viejo Altar apolillado, taponado malamente con masilla, y cuya pintura descascarada ofrecía un aspecto deplorable.
Los descontentos iban en aumento, y tomaban un cariz poco halagüeño. Pero una feliz idea calmó la tormenta. Se decidió colocar el altar en una de las capillas del crucero: y pedir al Superior Gobierno la entrega de un artístico altar mayor que estaba depositado en la Aduana de Montevideo, obra del escultor Don Antonio Veiga, vecino del pueblo de Pando.
Este señor, verdadero artista de escultura en madera, por su cuenta y riesgo y sin más propósito que el de trabajar en su arte favorito, desde algún tiempo había construido un Altar que él mismo proyectara. Compraba los materiales con sus ahorros; pero como éstos eran exiguos hubo de suspender la obra empezada con tanto cariño.
El General Santos, presidente de la República, visitando en cierta ocasión el entonces pueblo de Pando, había tenido ocasión de ver y apreciar el valor artístico de los primeros trabajos; y sabiendo que éstos habían sido abandonados por falta de recursos, él mismo se los proveyó al artista, quien pudo terminar su obra.
Una vez terminado, el Altar fue mandado a la Exposición de Buenos Aires que se celebró en el año 1880.
Devuelto a Montevideo, quedó en la Aduana abandonado durante 8 años, al término de los cuales el Director de la Aduana Don Enrique Gradín, ordenó que fuera vendido en subasta pública para el pago de los derechos de almacenaje. Pero el Sr. Veiga se apersonó al rematador Sr. José Gomensoro, haciéndole notar que el altar estaba sin gravamen porque él lo había donado al General Santos.
En tal, estado estaban, las cosas, cuando por intermedio del Sr. Gorlero, del Jefe Político del Departamento de Maldonado, Sr. Elías L. Devincenzi, del Diputado por Maldonado Sr. Granada y del Sr. Francisco E. Martínez, se obtuvo del Presidente Tajes que el altar fuera donado para la iglesia de Maldonado.
Fue entonces enviado a Punta del Este donde quedó, por incuria de la Junta de Maldonado, abandonado por algunos años, hasta que a nueva junta, creada en el año 1892 lo hizo transportar y colocar en el presbiterio de la iglesia.
Como algunas partes estaban deterioradas y otras faltaban, pues marineros y peones de las Aduanas de Montevideo y Punta del Este habían quemado algunas piezas para calentar agua para tomar mate, se llamó al Sr. Veiga, quien lo restauró empleando para ello 5 meses de trabajo.
Fue decorado por el pintor Luis Piffareti.
El altar mide 15 metros de altura por 9 de ancho y es realmente una obra de preciados valores artísticos.
A la belleza plástica del Templo se ha hermanado otra de orden superior. Ostenta, en efecto, la huella luminosa de una especial protección de la Santísima Virgen que ha querido elegir esa casa de Dios como un trono de sus maternales amores. Nos referimos a la devoción de la Virgen del Carmena del Santander.
Séanos permitido exponer con detalles la historia de está singular devoción.
En la noche del 24 al 25 de Mayo del año 1895, el transatlántico "Ciudad de Santander", que procedente de España, navegaba en demanda del Puerto de Montevideo, a consecuencia de la densa neblina, tan frecuente en las Costas del Este, perdió el derrotero y encalló en los escollos que erizan la parte septentrional de la Isla de Lobos.
En esa misma tarde, después del naufragio (25 de Mayo), se procedió a poner en salvo los pasajeros, la tripulación y la carga, abandonándose luego el buque por considerársele irremisiblemente perdido.
Los restos del buque que hemos visitado personalmente, destrozados por la obra del mar y por la violencia de los temporales, aun se pueden ver entre las rocas en las horas de la marea baja,
El "Ciudad de Santander" como todos los buques de la "Trasatlántica Española", además de recibir la ritual bendición antes de ser botados al agua, llevaban a bordo una imagen de María Santísima "como Sagrada guardiana y custodia de tantas vidas expuestas a los azares del mar".
La imagen del "Ciudad de Santander" es una pequeña estatua de la Virgen del Carmen; mide apenas 78 centímetros de alto. Ante su Camarín los Marinos españoles alimentaban continuamente la llama de una lámpara votiva.
Leemos en unas Memorias del archivo del Sr. Francisco Martínez, que los náufragos apenas desembarcados se postraron ante el simulacro de María a dar gracias por haberles salvado la vida.
La Imagen con los náufragos fueron transportados a Maldonado por un vaporcito del salvataje.
La llegada de la pequeña imagen de María, pocos meses antes de la inauguración del Templo Parroquial, pareció, ser una circunstancia verdaderamente providencial y muy significativa, si se tiene en cuenta el voto de los Reyes de España a que hicimos referencia en otro lugar.
No pasó inadvertida esta circunstancia entre los feligreses fernandinos, quienes, de acuerdo con el Sr. Párroco Pedro Podestá, hicieron un telegrama colectivo, en el que rogaban al Sr. Marqués de Comillas, a cuya flota pertenecía el "Ciudad de Santander", quisiera atender la petición que se hacía de la Imagen para la Iglesia Parroquial de Maldonado.
Como a los pocos días zarparía para España un transantlántico se redactó una nota petición, que se dirigió al señor Umérez de Montevideo, quien con la anuencia del Sr. Obispo diocesano, Monseñor Mariano Soler, la presentó a los Agentes de la Compañía.
El Sr. Obispo envió por su parte una tarjeta al Ministro del Uruguay en Francia y España, Dr. Juan Zorrilla de San Martín, pidiéndole que apoyara la petición de los fernandinos.
Al mismo Sr. Ministro el Presbítero Podestá envió la nota siguiente:
República Oriental del Uruguay. ‑ Maldonado, 10 de Julio de 1895. ‑ Excmo. Sr. Ministro del Uruguay en Francia y España, Dr. D. Juan Zorrilla de San Martín.- Excmo. Señor: Un objeto digno y patriótico a la vez, por ser la religión la que, engrandece al ciudadano y a su patria, me animó a poner en sus manos la nota‑solicitud que adjúntole abierta para el Exmo. Sr. Marqués de Comillas en Madrid, a fin de que impuesto de ella V. E., sea, en su carácter de Ministro de nuestra República, en Francia y España, quién se digne hacer llegar a manos del expresado Sr. Marqués mi comunicación, sirviéndose V. E., enterado del religioso objeto que la motiva, ser el mejor mediador que yo pueda invocar para obtener un favorable resultado de mi demanda.
Estoy seguro que si V. E. toma con empeño el recomendar por su parte al Sr. Marqués mi católico pedido que lo fundo en los acontecimientos algo maravillosos sucedidos en Maldonado, y llega aun a gestionarlo piadosamente, si necesario fuere: debo esperar con cristiana confianza, el poder conseguir un despacho feliz de mi súplica: la que también pongo bajo el patrocinio de la misma Santísima Virgen del Carmen.
Con tan digno empeño como el que se me ofrece para dirigirme a V. E., tengo el honor de saludarle con las demostraciones fieles de mi admiración y conservado aprecio.
De V. E, humilde Capellán y compatriota. ‑ Firmado: Pedro Podestá, Cura Vic.
A fines del mes de Enero de 1896 el Sr. Podestá recibía la siguiente comunicación:
París, 20 de Setiembre de 1895. ‑ Sr. Pbro. D, Pedro Podestá. ‑ Mi distinguido amigo: Con el mayor placer he aceptado y cumplido su encargo de hacer llegar a manos de mi particular amigo el Sr. Marqués de Comillas la nota en que Vd. solicitaba, la imagen de Nuestra Sra. del Carmen, salvada en el naufragio del vapor "Ciudad de Santander”. Yo agregué mi pedido al suyo y, como no era posible dudarlo dados los sentimientos generosos que son notorios en el ilustre Marqués de Comillas, éste me ha contestado que con fecha 7 del corriente. Ha dado órdenes oportunas a fin de que sea enviada a Vd. la santa imagen.
Hago votos porque ella contribuya a vigorizar la en el pueblo de Maldonado, y su amor hacia la Madre de Dios, dulce dispensadora de todas las gracias y aprovecho la ocasión para reiterar a Vd. las protestas de afecto de su amigo y S. S. ‑‑ Firmado: Juan Zorrilla de San Martín.
La demora de 6 meses de la respuesta del Dr. Zorrilla de dan Martín fue debida a la guerra de Cuba, por cuya causa no venían vapores de la "Trasatlántica Española" al Río de la Plata.
La donación de la imagen de la Virgen despertó gran entusiasmo en el pueblo fernandino. Todos se interesaban ene qué buque debía pasar; se vigilaban las riberas para saludar a la Ilustre Viajera; hasta se hacían apuestas sobre los buques que ye divisaban en lontananza si eran o no portadores de la imagen; se llegó a pensar que se desembarcaría en Maldonado, cosa que, como veremos, no sucedió.
Entretanto el Sr. Cura de Maldonado recibía la siguiente nota:
Por C. de Cádiz. ‑ Delegación de la Compañía Trasatlántica. ‑ Cádiz 9 de Enero de 1896. ‑‑ Sr. Don Pedro Podestá, Cura Vicario de la Iglesia de Sta. María de Maldonado ( Uruguay).
Muy Señor nuestro: El Sr. Marqués de Comillas nuestro Presidente nos ordenó la remisión a Vd. de la imagen de N. S del Carmen que existía a bordo del vapor "Ciudad de Santander", y que se salvó en el naufragio de este buque y cuya cesión habla sido pedida por Vd. a dicho señor con destino al Templo de esa población.
La circunstancia de haber estado suspendido algún tiempo el servicio de nuestros vapores al Río de la Plata nos ha hecho demorar el envío: pero debiendo reanudarse con la salida del vapor "Ciudad de Cádiz" lo hemos aprovechado para efectuarlo y a este efecto hemos embarcado bien acondicionada en una caja, que hemos consignado a los Sres. Taranco y Cía. de Montevideo. A estos Sres. escribimos encargándoles la recojan y remitan a Vd. libre de todo gasto.
Celebraremos llegue a su poder sin deterioro alguno y mientras tenemos el gusto de saber que ha sido así, quedamos corre la mayor consideración de Vd. attos., S. S. Q. B. S. M. ‑ Compañía Transatlántica ‑‑ p. p. ‑ El Delegado. Firmado: Guillo ‑ Villaverde.
A esta nota seguía otra, suscrita por el Agente de la Compañía en Montevideo que manifestaba al Cura Vicario se sirviera indicarle en que forma quería que se enviara la Imagen.
Se contestaron ambas notas, agradeciendo el envío y pidiendo que se remitiera la Imagen por vía marítima.
Entretanto se formó una comisión de recepción presidida por el señor Gorlero; se proyectaron grandes festejos: adorno de las calles principales, cortejo de niñas vestidas de blanco, etcétera. Todo debía prepararse de acuerdo con una Comisión de Señoras y Señoritas presididas por la Señora Carolina S. de Guruchaga.
Pero estos planes tuvieron que cambiarse por una feliz iniciativa debida al Ilmo. Señor Obispo de Montevideo, Mons. Mariano Soler.
El Sr. Obispo había concebido un hermoso pensamiento y quería realizarlo. Por medio del señor Silvestre Umérez pidió a la Agencia de "La Transatlántica Española" el permiso de exponer algunos días la Imagen de María en uno de los templos de la Capital.
Fue preciso para realizar este propósito, correr un breve trámite con el Sr. Taranco que era depositario de la Imagen, y a la vez el encargado de remitirla a Maldonado.
Vencida la dificultad que opusiera dicho señor, quien quería cumplir escrupulosamente las órdenes que recibiera del Marqués de Comillas, la Imagen fue expuesta en la Iglesia Parroquial de San Francisco por espacio de tres meses, finalizados los cuales Monseñor Soler quiso celebrar la Santa Misa por la paz de España. Esa Misa se celebró el día 12 de Mayo.
Asistió una gran concurrencia, encabezada por la Oficialidad Nacional y la Comandancia de Marina, y en la cual se notaban las personalidades más conspicuas de la colectividad española residente entre nosotros. Hacían también acta de presencia el Cónsul General de España y el Secretario de la Legación Española.
El Exmo. Sr. Ministro de España, el Dr. D. Lorenzo Pons, el R. P. Alipio de Alba, Superior de los Capuchinos, y el R. P. Gualdo, Rector de los jesuitas, presidían el acto.
Así la Imagencita del "Santander" fue conocida por los habitantes de la Metrópoli Uruguaya. Estos cultos y la devoción a la Virgencita, que ellos despertaron, han generado más tarde las hermosas peregrinaciones a Maldonado.
La Imagen quedó en la Iglesia de San Francisco hasta el día de su traslado, que fue el 25 de Octubre del año 1896.
Antes de ser embarcada la Imagen, se celebró un solemne triduo ordenado por Monseñor Soler, que tuvo lugar los días 15, 16 y 17 de Octubre, en los cuales predicaron el P. Julián Requena S. J. y los Pbros. Dr. Pons y Mr. Eusebio de León.
Por la tarde del último día se celebró una solemne procesión que recorrió varias calles de la Ciudad: una crecida concurrencia acompañó la Sagrada Imagen de María; la banda de los Talleres de Don Bosco y otra cedida por el Estado Mayor del Ejército ofrendaban su tributo musical en esa memorable circunstancia.
Entre la concurrencia notábase la presencia del Sr. Ministro de España y del Dr. Juan Zorrilla de San Martín.
La procesión debía dirigirse al Muelle de embarque; pero debido al mal tiempo no se pudo llevar la Imagen a bordo.
Recién el 24 después de celebrada la Santa Misa, la Imagen fue embarcada. Durante el trayecto que media entre la Parroquia de San Francisco y el muelle la población acompañó a la Celestial Viajera, con profusión de flores y manifestaciones de entusiasmo; mientras en lo alto los cohetes y bombas y el repique festivo de las campanas saludaban a la Madre de Jesús.
Las bandas de música arriba mencionadas hacían oír sus entusiastas acordes.
Todos los buques surtos en el puerto se adhirieron a la fiesta. La Cañonera "Artigas", los vaporcitos de la flota de Escofet y muchos otros, estaban empavesados. Al llegar la Imagen fue saludada por las bocinas de todos los buques.
Una Comisión de Damas hizo la entrega de la Santa Imagen a la Comisión de Señores, constituida expresamente para custodiarla hasta Maldonado. Componían esa Comisión Don Francisco E. Martínez, como Presidente, y los señores Félix Arímalo, Andrés Ríus, Manuel Cendoya, José Muró y Silvestre Umérez.
Esta Comisión recibió la Virgencita a bordo del "Cacique" que la trasladó a la cañonera "Artigas" en medio de estruendosas aclamaciones.
Un piquete de infantería al mando de un oficial hacía guardia de honor a la Imagen, durante el viaje. La comitiva embarcada en la cañonera "Artigas" formaba un séquito de noventa personas..
A las diez de la mañana la cañonera escoltada por el vapor "Cacique" hacia rumbo hacia Maldonado.
EI día 24 de Octubre Maldonado estaba de fiesta. Se había preparado una solemne recepción a la Virgen de Santander. Durante el tiempo que estuvo la Imagen en Montevideo habían corrido algunas falsas versiones de que los montevideanos no querían devolverla; se alarmaron los fernandinos a tal punto que propusieron formar una Comisión ir a Montevideo a reclamarla. Fue necesario que el Sr. cura desde el púlpito calmara los ánimos explicando los motivos de la demora. Disipados así los temores los fieles de Maldonado sólo pensaron en programar festejos lucidos para recibir el codiciado tesoro.
Estos comenzaron con la recepción de Monseñor Dr. Pío Cayetano Stella, Obispo de Amizón y Auxiliar de la Diócesis, delegado para presentar al Señor Obispo Diocesano, Mons. Mariano Soler. Pese a la inclemencia del tiempo se realizó esta ceremonia preliminar con todo brillo y entusiasmo.
Había llegado al fin el 25 de Octubre, día tan esperado por los fernandinos.
Dado el mal tiempo reinante los buques no podrían fondear en la Bahía: fondearían frente a Punta del Este: y allí se dirigió la Comisión de recepción. Aparecieron al fin los buques portadores de la Sagrada Imagen. Un cañón hecho emplazar por el señor Guruchaga anunció la llegada.
Miles de cohetes y bombas estallando en el espacio y las campanas, echadas a vuelo, dieron la bienvenida a la bendita imagen de María. El pueblo se puso en movimiento. Maldonado, dejó de ser ese día la ciudad silenciosa y tranquila de siempre, para convertirse en teatro de legítimos y desbordantes entusiasmos.
Fondeados los bogues en el puerto de Punta del Este: la falúa de la Capitanía se dirigió hacia ellos para desembarcar la Imagen y la Comitiva que la acompañaba.
El segundo Comandante de la Cañonera "Artigas'", señor Tajes, hizo entrega a la Comisión de Damas de Maldonado de la preciosa carga.
Ya de noche, la Comitiva se dirigió a la chacra del señor Umérez, distante un kilómetro y medio de la ciudad, donde se había improvisado una devota Capilla.
Pasada aquella noche tempestuosa, el día 25 de Octubre apareció límpido y sereno, vestido por decirlo así, con sus mejores galas, para ofrendar a la Reina de cielos y tierra ese homenaje de belleza, de luminosidad y de tul de que son pródigas las costas del Este.
Al apuntar el alba la Guardia Marina de la "Artigas'' bajó a tierra a las órdenes del oficial señor Tiscornia y se dirigió a la chacra del señor Umérez.
Allí se reunieron las Comisiones de Damas y Caballeros, el Capitán del puerto, el señor Escofet, y otras personas, y se dirigieron pacta la calle 18 de Julio, donde debía encontrarse el pueblo presidido por el señor Obispo Mr. Stella. El señor Gorlero habla hecho levantar un templete de flores en ese lugar.
El discurso de circunstancias fue pronunciado por el señor Francisco E. Martínez.
Desde allí la Virgen fue llevada al Templo bajo una lluvia de flores, y entre los cánticos sagrados entonados por el pueblo entusiasmado.
Las calles habían sido alfombradas con ramos y flores y la ciudad estaba empavesada como en los días de mayor fiesta.
La Banda de música, ‑ leemos en unas memorias. ‑hizo oír entonces sus acordes con una entusiasta marcho, y con esto se inició la solemne entrada de la Imagen de la Virgen con dirección al templo, bajo una lluvia de flores arrojadas desde las azoteas, y un nutrido tiroteo de cohetes y bombas y los alegres repiques de las campanas, cuya duración se mantuvo viva hasta la entrada al templo. Las andas eran llevadas por caballeros de Montevideo y Maldonado; colocada la Santa Imagen en el centro del hermosísimo templete de estilo gótico, con moldurajes de sumo gusto, de cuyos lados pendían ocho anchas cintas figurando las banderas oriental y española, respectivamente; las que eran llevadas por la Comisión ,le Damas, precedida por la presidenta Sra. Carolina S. de Guruchaga.
Dos niños de Montevideo alumbraban con dos faroles de brillantes luces a la Virgen, los mismos que la alumbrabas en capilla del "Ciudad de Santander".
La Santa Imagen fue colocada en el presbiterio al llegar al templo la solemne procesión, quedando a su custodia una guardia marina y otra de niñas.
Llegados al templo el Ilmo. Monseñor Pío C. Stella pronunció una vibrante y emotiva alocución, después de la cual celebró de Pontifical. Ahí quedó instalada la bendita Imagen del Santander, en el Templo de Maldonado, como protectora de los navíos que cruzan nuestro caudaloso Río de la Plata y allí recibe el homenaje incesante de los fieles, no sólo de sus hijos predilectos de Maldonado, pero también el de los Católicos uruguayos que han organizado varias peregrinaciones en su honor.
Plácenos recordar dos peregrinaciones memorables por el alto significado que ellas tuvieron. Nos referimos a las que tuvieron lugar el 12 de Octubre del año 1912 y 14 de Octubre 1914.
Ambas, además de lo que representaban como exponentes de fe, tenían un carácter patriótico altamente laudable.
Era intención de los devotos de la Virgen del "Santader” el colocar a los pies de la imagen dos banderas, uruguaya una y española la otra, cuyas glorias une una hermosa tradición de proezas y heroísmos.
La bandera uruguaya fue donada por el Sr. Francisco E. Martínez, y tiene la singular prerrogativa de ser ella una de las, que envolvieron los restos de Artigas cuando fueron trasladados del Paraguay. Tenemos de esto un auténtico documento en nuestro archivo.
Para llevar esa bandera se organizó una peregrinación que se realizó el 12 de Octubre de 1912, que resultó lucidísima por el número y piedad de los concurrentes.
Presidió la Peregrinación y bendijo la bandera donada el Ilmo. y Rmo. Monseñor Dr. Don Ricardo Isasa, Administrador Apostólico, siendo padrinos el Dr. Juan Zorrilla de San Martín y la Srta. Matilde Martínez, hija del donante.
Predicó en esa ocasión el Sr. Pbro. Dr. Luis Hargain. Por la tarde hicieron uso de la palabra el joven Avelino C. Brena y el Dr. Juan Zorrilla de San Martín.
En esa ocasión los fernandinos obsequiaron al Vate nacional con una riquísima placa de plata en la cual estaba grabada la siguiente inscripción: "El pueblo de Maldonado, al Doctor Don Juan Zorrilla de San Martín y sus hijos. Octubre 12 de 1912".
Colocada la bandera uruguaya se pensó en colocar la española; y se quiso a ése efecto obtener una bandera que tuviera alguna tradición.
Para conseguirla se recurrió al Marqués de Comillas, el cual accedió de buen grado. Primero pensó mandar la bandera del buque naufragado; pero no habiéndola podido identificar, mandó otra usada por uno de los barcos españoles que tomaron parte en la expedición de Cuba en la época de la guerra con los Estados Unidos.
El 14 de Octubre de 1914 se celebró una grandiosa peregrinación, a la cual participaron más de 1500 personas con el objeto de hacer entrega de la bandera española a la Santísima Virgen del "Santander".
Transcribimos del hermoso acto la crónica publicada por "El Bien Público'' el 15 de Octubre de 1914,
Con el más brillante éxito realizóse ayer la gran peregrinación católica a la Virgen del Santander, en la ciudad de Maldonado, viéndose en todo cumplidas las esperanzas de los organizadores.
Partieron de la Estación Central en las primeras horas de la mañana, dos largos convoyes, conduciendo peregrinos de Montevideo y recogiendo un buen número en las estaciones del trayecto, pudiéndose calcular que ha recibido la ciudad de Maldonado la visita de más de mil quinientas personas deseosas de rendir el homenaje de su devoción a la Virgen cuya imagen se venera en dicha ciudad.
En el 2° convoy iban el Ilmo. y Rmo. Administrador Apostólico. Monseñor Ricardo Isasa, y el Sr. Ministro de España, marqués de Medina y la Comisión organizadora de la peregrinación, que conducía la bandera donada por la colectividad católica española para ser depositada en el Santuario de la Virgen del Santander.
Al llegar este convoy a Maldonado fue llevada la bandera por españoles y uruguayos con entusiasmo indescriptible.
Marchaba la larga columna compuesta de peregrinos forasteros, y muchos otros que se incorporaron de entre los vecinos del pueblo, al son de la marcha real española y del himno nacional. La ciudad estaba de gran fiesta, y la policía de gran parada. Al entrar en el templo, el R. P. Celestino improvisó un discurso dando la bienvenida a los peregrinos y agradeciendo en nombre de la Iglesia la piadosa donación, de la colectividad española. Seguidamente, tomó la palabra Monseñor Isasa, quién en breves y elocuentes frases hizo la ponderación del acto y movió a los peregrinos a rogar a la Virgen para que intervenga ante Dios por las calamidades que afligen en estos momentos a la Europa.
Después oficiaron misas el R. P. Padre Bernardo y el Padre Betti y comulgaron muchos peregrinos.
A las tres de la tarde subió al púlpito el Rdo. P. Bolo, quién con el entusiasmo que le caracteriza hizo un brillante discurso sobre los grandes favores que la Virgen ha concedido a la humanidad afligida, ya en Lourdes, ya en otros lugares y en las diversas advocaciones que se la consagran en nuestra patria donde los libertadores se pusieron bajo su protección. En la misma advocación del Carmen, tan antigua, no ha dejado de derramar bendiciones sobre los pueblos que a ella recurren. Terminó con una fervorosa oración, rogando en sentidas palabras por las necesidades de estos tristes momentos.
El resto del programa se cumplió en todas sus partes, resultando muy lucida la actuación del coro que bajo la dirección del profesor Hermógenes Urquizu y compuesto por los señores Spolverini, Azarello, Olivera, Denis, Cattáneo, Trabuchi y Rotondaro cantó plegarias hermosas durante la misa y entonó el "Tantum Ergo" del maestro Urquizu.
Terminados los actos piadosos los peregrinos pasearon por la ciudad hasta la hora señalada para el regreso, el cual se emprendió con todo orden, pudiendo los peregrinos quedar muy satisfechos de la organización ‑en la que no se descuidó un detalle, ‑ así como de la excelente acogida de que fueron objeto por parte del Comité que les hizo recepción en Maldonado.
Durante el viaje tanto a la ida como al regreso los peregrinos rezaron el Rosario y cantaron plegarias a la Virgen.
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Esbozada así la historia de la devoción a la Virgen del Carmen del "Santander" terminemos nuestras noticias históricas acerca de la Parroquia de Maldonado.
En el mes de junio del año 1900 el Presbítero Pedro Podestá enfermó de gravedad.
Imposibilitado para ejercer su ministerio solicitó del R. P. Celestino de San Colombano, Guardián del Convento de San Antonio de Montevideo, y amigo suyo, que le enviara alguno de sus Religiosos para suplirlo durante su enfermedad, y para auxiliarlo espiritualmente en el caso que Dios Nuestro Señor quisiera llamarlo a mejor vida.
El R. P. Celestino puso en conocimiento del petitorio del Padre Podestá al M. R. P. Benito de Moano, quien determinó que el R. P. Esteban de Rialto se trasladara a Maldonado a los efectos pedidos.
La actuación del R. P. Esteban en Maldonado fue tan eficaz que al poco tiempo de su llegada el pueblo fernandino lo rodeó de simpatías. El mismo Padre Podestá sintiendo ‑aunque algo mejorado de sus dolencias.‑ ya cercano su fin; y por otra parte, conociendo el gran bien que podrían los Padres Capuchinos obrar en Maldonado, reunió, en su Casa Parroquial, a los vecinos más piadosos y caracterizados de su feligresía.
El objeto de esta reunión era proponer tanto al M. R. P. Benito de Moano, como al Sr. Arzobispo de Montevideo, Dr. Don Mariano Soler, la cesión de la Parroquia fernandina a lo Comunidad de los PP. Capuchinos.
La propuesta agradó a ambos Superiores eclesiásticos; y mientras se corrían las prácticas del caso fue mandado el R. P. Luis de Montevideo en carácter de Cura interino, en sustitución del R. P. Esteban a quien los Superiores reclamaban en Montevideo.
Terminados los trámites, en los primeros días de Octubre vinieron a tomar posesión de la Parroquia el R. P. Damián de Finalborgo, como Párroco efectivo; lo acompañó el M. R P. Benito de Moano.
El 6 de Octubre el Ilmo. Señor Obispo Dr. Pío Cayetano Stella, en representación del Señor Arzobispo de Montevideo, hizo entrega de la Parroquia al nuevo Párroco.
El Pbro. Podestá quedó en la Parroquia en calidad de agregado; y después de sufrir con paciencia su penosa enfermedad, murió el 20 de Junio de 1907, a los 62 años de edad. Sus despojos mortales descansan en el Templo que fuera objeto de sus predilecciones y sacrificios. Su tumba ostenta la siguiente leyenda:
A la memoria
del
Pbro. Pedro Podestá
Q. E. + P. D.
20 Junio 1907
Gratitud de Enrique Folco
El R. P. Damián regenteó la Parroquia por 9 años, hasta que, en el año 1915, fue nombrado Superior Regular de los Capuchinos, teniendo por este motivo que alejarse definitivamente de la Parroquia para fijar su residencia en Montevideo. Le sustituyó como Párroco el R. P. Nicolás de Cártari.
Tanto el .R. P. Damián como el R. P. Nicolás desarrollaron un apostolado fecundo en esta localidad; no solamente se ocuparon de atender espiritualmente a la Ciudad, pero también dedicaron sus atenciones pastorales a la campaña.
Ellos mismos iban haciendo misiones de localidad en localidad, en el extenso radio parroquial, reuniendo a la gente de campaña en capillas improvisadas en pulperías, en graneros o en cualquier lugar apropiado.
En el año 1919 el P. Nicolás fue sustituido por el R.P. Celestino de San Colombano, que derramó generosamente la exquisita caridad de que estaba adornado su corazón, siempre fecundo de sacrificios, no obstante que la salud de este celoso Apóstol sufriera serios contratiempos. Durante su curato fundó la Congregación de niños de la Inmaculada y San Antonio de Padua. Este Párroco ejemplar ha dejado huellas imborrables en Maldonado. La población entera, especialmente los niños que formaron su porción predilecta, lo recuerdan con cariño y veneración.
En el año 1922 fue nombrado Párroco por haberse ausentado el P. Celestino, el R. P. Sixto de Ortovero, cuya gestión en la Parroquia de Maldonado está caracterizada por su espíritu de orden y por su celo apostólico.
Los libros parroquiales ostentan una exactitud y pulcritud dignas de elogio.
Además el P. Sixto, recorrió varias veces las distintas localidades de la campaña en ejercicio de su ministerio, a caballo, único medio de trasporte en ciertos lugares hasta donde era imposible llegarse en otra forma, ya sea por lo abrupto del paraje como por las frecuentes lluvias que convertían los caminos en impracticables lodazales, y que hacían desbordar las arroyos cuyas corrientes impetuosas constituían un serio peligro para el jinete y el caballo que se aventurasen a cruzarlos.
Durante su curato el P. Sixto se ausentó por algunos meses de la Parroquia para hacer un viaje a Italia. Lo sustituyó en calidad de interino el R. P. Luis de Montevideo que ya estaba en Maldonado en calidad de Teniente Cura.
Tanto en el tiempo de su interinato como en todo el tiempo que el R. P. Luis estuvo en Maldonado su obra ha sido silenciosa, pero fecunda.
Acompañó siempre con espíritu de franca cooperación e los Párrocos, y con ellos dividió solamente la obra de evangelización de la Ciudad, pero también las rudas jornadas de la campaña. Montado también él sobre su caballo, cubierto con un grueso poncho que lo guardaba del frío o de la lluvia recorría los ranchos de la campaña llevando a la pobre gente que vivía alejada de Dios la irradiación de su cela, y de su caridad.
En el año 1926 fue nombrado Párroco el R. P. Cristóbal de Montevideo, quien fundó el Centro de jóvenes "San Fernando", la Biblioteca "Mariano Soler, y levantó una pequeña capilla para el servicio religioso de una porción apartada de su grey, en la localidad llamada "Mataojo". Intentó fundar un Colegio parroquial; pero la iniciativa no prosperó.
Durante su curato, y precisamente en Marzo de 1927, por iniciativa de la Liga de Damas y por la generosidad de la señora Elvira Correa de Marini se instaló en la ciudad un Colegio para niñas regenteado por las beneméritas Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano, que con todo éxito, pero también con todo sacrificio, se dedican a la obra tan fundamental como penosa de educar las niñas de la localidad.
En Diciembre del 1928 se hizo cargo de la Parroquia el R. P. Francisco de Mocónesi, quien, después de pocos meses, la abandonó por tener que regresar al seno de la Madre Provincia.
Lo sustituyó el R. P. Santiago de Gavi. Religioso de altas prendas morales, quien en cooperación de su activo teniente el R, P. Urbano de Montevideo se dedican al cuidado espiritual de la población.
Durante el tiempo de su curato el R. P. Santiago fundó la conferencia de San Vicente de Paul para hombres, que cuenta actualmente con numerosos asociados, quienes cumplen su misión vicentina con celo y caridad.
En Diciembre de 1931, debiendo hacer el P. Santiago un viaje a Italia, fue reemplazado por algunas semanas por el. P. José de Montevideo y hasta Diciembre de 1932 por el R. P. Ángel de Montevideo, quien trabajó celosamente durante el tiempo de su interinato, fundando la hermosa obra del Ropero Parroquial, destinado a proveer de ropa a los pobres de la feligresía.
El 7 de Octubre de 1931 se cumplieron 25 años de labor parroquial, en Maldonado. Se conmemoró dignamente ese acontecimiento y se colocó en él atrio de la Iglesia una placa con la siguiente inscripción:
La Liga de Damas
Y Asociaciones Parroquiales
de este Pueblo de Maldonado
consagran el presente homenaje
a los RR. PP. Capuchinos
al cumplir
25 años de santo ministerio y fecunda labor apostólica
cumplida con santa abnegación y celo
en medio del pueblo fernandino.
Recuerdo ‑ Gratitud
1906 ‑ 7 de Octubre ‑ 1931
Como complemento a estas notas que dejamos esbozadas sobre la Parroquia de Maldonado damos a continuación el elenco de las Instituciones que tienen su sede en esta Parroquia.
Orden Tercera de San Francisco, sección hombres y mujeres,
Hermandad del Santísimo Sacramento.
Congregación de Nuestra Señora del Carmen.
Congregación del S.S. Rosario.
Guardia de honor del Corazón de Jesús.
Hijas de María.
Congregación de la Inmaculada y San Antonio de Padua para niños.
Congregación de la Inmaculada y Santa Teresa del Niño Jesús.
Conferencia de San Vicente de Paul.
Centro de jóvenes San Fernando.
Liga Uruguaya de Damas Católicas.
Los Religiosos atienden una Capilla situada en el Balneario de Punta del Este levantada por iniciativa de los Religiosos, especialmente del R. P. Damián de Finalborgo, y con la cooperación de una Comisión de veraneantes.
En el ejercicio de su ministerio en esta Capilla como en todos los demás lugares que fueron campo de su apostolado, y en los delicados cargos que desempeñara en nuestra Misión, el R. P. Damián por sus virtudes religiosas, por su trato afable y por su buen corazón, supo captarse las simpatías de los veraneantes, quienes después de su muerte quisieron exteriorizar su afecto colocando en la Capilla una lápida de mármol que perpetuará su memoria.
La lápida reza así:
Al M. R. P.
Damián de Finalborgo (Capuchino)
Querido y venerado por todos
Los veraneantes dedican.
[1] Según las medidas que hemos tomado personalmente, el local de la Capilla mide 8.75 de largo por 6.40 de ancho.
[2] No sabemos si esto sea "las rentas municipales procedentes de las islas loberas" concedidas por el Gobierno al dar el permiso para la continuación de la obra, y de las cuales hace referencia un documento del Archivo del Señor Francisco Martínez.