CAPITULO VIII
Villa San Diego
(Rosario de Santa Fe)
SUMARIO
La ciudad de Rosario. El deseo de la Sra. Teodolina Fernández de Alvear. Dificultades para la aceptación. El Emo. Cardenal Aquiles Locatelli. La voluntad de S. S. Pío X. La inundación del Saladillo. La Parroquia de Villa Gobernador Gálvez.
La ciudad de Rosario está situada en la Provincia de Santa Fe, y por su importancia edilicia y comercial ocupa el primer lugar entre las ciudades de la Provincia y el segundo entre todas las de la República Argentina.
Levanta su magnífica mole sobre la orilla derecha del caudaloso Río Paraná que corre encajonado entre las agrestes barrancas que caen a pique sobre el Río.
Cuenta la ciudad de Rosario, según el último censo que tenemos a la vista, con una población de 425.000 habitantes, en su gran parte italianos.
Su puerto de aguas profundas, es un gran emporio comercial. Llegan hasta él buques transatlánticos de gran calado que embarcan, con destino a los puertos europeos, gran cantidad de cereales, cuyos plantíos ocupan una extensión de casi 4 millones de hectáreas, es decir una tercera parte de la superficie total de la Provincia.
La ciudad posee todos los adelantos edilicios modernos; grandes palacios, hermosas plazas, grandes avenidas y paseos.
Hacia la parte sur de la ciudad corre un arroyuelo llamado el Saladillo por sus aguas ligeramente saladas; desde el Saladillo empieza uno de los suburbios llamado Villa San Diego donde está ubicado nuestro Colegio.
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La fundación de nuestra Casa de Rosario (Vila San Diego) no ofrece mayores relieves históricos.
Probablemente por un error de información el Rmo. P. Clemente de Terzorio, Definidor General y Autor de una monumental obra sobre las Misiones de nuestra Orden, en un compendio de la misma titulado "Manuale Historicum Missionum Ordinis Minorum Capuccinorum”, dice en la pág. 405: "religiosi brevi tempore... pulcram ecclesiam et magnum collegium. . . aedificarunt." Pero en realidad no fue así. Todo el edificio se nos entregó ya concluido.
He aquí como se desarrollaron los hechos.
En los campos que fueron posesión de la familia Alvear, los herederos de la distinguida matrona argentina Teodolina Fernández de Alvear debían construir un edificio para instalar un Colegio, destinado a la educación de los hijos de los colonos que trabajaban en las posesiones de la familia Alvear.
La señora Teodolina Fernández de Alvear antes de morir, hallándose en París, había expresado esa voluntad que los herederos recibieron como un sagrado deber.
Puestos, pues, los deudos a la obra y cuando el edificio ya tocaba a su término, la familia Alvear, no teniendo preferencia por ninguna Comunidad religiosa, y en el deseo de que se hiciera cargo de la obra la Institución que fuera más apta para cumplir la última voluntad de la donante, entregó el inmueble al que e la sazón era Internuncio Apostólico de S. S. y hoy es Cardenal de la Santa Madre Iglesia, el Emo. Sr. Card. Aquiles Locatelli.
El Emo. Sr. Cardenal tenía marcadas simpatías por nuestra Comunidad; y su primer pensamiento fue ofrecerle la obra. A este efecto escribió al Superior Regular de la Misión, que entonces era el M. R. P. Nicolás de Cártari, pidiéndole quimera hacerse cargo de la nueva casa. Reunido el Discretorio, y previo voto consultivo de todos los sacerdotes de la Misión, se creyó del caso, aceptar el ofrecimiento.
Informado el Ilmo. Sr. Internuncio de la decisión favorable recaída sobre su petitorio, se iniciaron las prácticas ante el M. R. P. Cristóbal de Varazze, entonces Ministro Provincial de nuestra Provincia de Génova para obtener las licencias respectivas para su aceptación.
Pero el ofrecimiento del Sr. Nuncio, que tan favorable acogida había tenido entre los Misioneros, no fue recibido en la misma forma por el M. R. P. Provincial y su Definitorio. El hecho de tomar el compromiso de un Colegio de esa naturaleza, no obstante tener la Misión un Colegio similar en Concordia, pareció que no estaba muy conforme con el espíritu de la Orden; y si bien la decisión del Definitorio no fue abiertamente opuesta a la aceptación del Colegio, tampoco fue favorable.
Entretanto, ‑así leemos en algunas memorias de nuestro Archivo,‑ se tenía noticia que los Capuchinos de la Provincia de Toscana conociendo, ‑no sabemos por cual conducto,‑ el ofrecimiento del Sr. Internuncio, se interesaban por esa Casa .
Por una parte el deseo de los Misioneros Genoveses de hacerse cargo de esa fundación para dar mayor amplitud a su ministerio, y la necesidad de extenderse en la Argentina para asegurar la vida de la Misión, más o menos amenazada por las vicisitudes políticas de la República Uruguaya; y por otra parte la ambigüedad con que respondiera el M. R. P. Definitorio de Génova, indujeron a los Superiores de la Misión a solucionar cuanto antes esta situación; por esa el Discretorio resolvió que el M. R. P. Nicolás de Cártari partiera de inmediato para Génova para tratar personalmente con los Superiores Mayores, y resolver en sentido favorable el asunto pendiente.
Después de informado el Sr. Internuncio dé Vista decisión, el M. R. P. Nicolás se embarcó con destino a Génova.
La presencia del Padre y las razones aducidas en pro de la aceptación de la casa no llegaron a convencer a los Padres Definidores, los cuales se expidieron abiertamente en sentido desfavorable en el asunto.
Ya se daba, pues, por solucionada la cuestión, cuando un hecho inesperado cambió la decisión tomada por los Superiores Mayores de Génova.
El Sr. Internuncio, conocedor de la opinión de éstos, al partir el M. R. P. Nicolás para Génova, escribió al Emmo. Cardenal Merry del Val, Secretario de Estado, para que, se interesara por el asunto, e informara a S. S. el Papa Pío X, a fin de que el Sumo Pontífice diera su suprema decisión.
Informado el Santo Padre de los acontecimientos comunicó al Rmo. P. General de la Orden P. Pacífico de Seggiana, Predicador Apostólico y más tarde Obispo de Albenga, su voluntad de que se diera curso favorable al petitorio del señor Internuncio.
He aquí la carta del Emo. Sr. Cardenal, cuya copia auténtica poseemos en nuestro archivo:
SECRETARIA DI STATO DI SUA SANTITÀ
N° 66811 Dal Vaticano, 1 ottobre 1913.
Revmo. Padre:
Mgr. Locatelli, Internunzio Apostolico nella Republica Argentina, con rapporto in data del 5 pp. mese, mi ha fatto sapere come, per provvedere alla asistenza religiosa delta popolazione di Rosario e dei dintorni, la quale, nella sua grande maggioranza, e composta d'italiani, siasi rivolto anche ai R.R. P.P. Cappuccini di Montevideo, in vista sopratutto delta grande simpatia che meritamente godono quei buoni religiosi presso la popolazione medesima. A tale intento, Mgr. Locatelli fece le dovute pratiche affinche i sullodati Padri aprissero una piccola casa nei sobborghi del Rosario, e precisamente in San Francisquito; ed accettassero una splendida offerta che per suo mezzo, loro veniva proposta dalla famiglia Alvear, alto scopo di aprire un collegio in favore dei propri coloni della villa San Diego, egualmente confinante con la città di Rosario. I predetti Padri che gia ottennero dai loro Superiori il permesso di stabilirse in San Francisquito, non avrebbero ancora avuto la debita autorizzazione per accettare la proposta, che, a giudizio di Mgr. Internunzio, e assai favorevole ai Religiosi e ridondera a grande vantaggio degli italiani di quelle colonie.
Tale ritardo, come suppone Mgr. Locatelli e con lui el Delegato Provinciale, e dipeso forse dal fatto che il M. R. P. Provinciale di Genova alla cui Provincia appartengono i Padri di Montevideo trovasi in sacra visita. Ad ogni modo, trattandosi di opera cosa salutare e vantaggiosa, mi rivolgo, per espresso desiderio del Santo Padre, all' apostolico zelo della P. V. Rma., nella fiducia che l'accennata iniziativa di Mons. Internunzio, possa per il di lei autorevole intervento, sortire pronto e felice esito.
Colgo con piacere la presente occasione per confermarmi con sensi di ben sincera stima
della P.V.Rma.
Affmo. nel Signore
R. Car. Merry del Val.
Al Rmo. P. Pacifico da Seggiano. Ministro Generale dei Frati Minori Cappuccini. Roma.
En consecuencia, el Rmo. P. General envió a los Superiores Mayores de Génova el siguiente telegrama:
Orden de S. Santidad, Provincia de Génova reciba Colegio Rosario. Pacifico General.
Roma locuta est, causa finita est.
Cambiada así repentinamente la marcha del asunto, el M. R. P. Nicolás volvió a Montevideo y dispuso lo necesario para ocupar la nueva residencia.
A tal efecto en los primeros días de Mayo del año 1914 partieron para Rosario el R. P. Querubín de Ceriana acompañado por el Hermano fray Nazario de Nese; y el 25 del mismo mes partió el M. R. P. Benito de Moano, nombrado Superior de la residencia, acompañado por el Hermano terciario fray Pedro de Paso de la Arena.
Las condiciones aceptadas por los Padres Capuchinos y la familia Alvear se reducían a las siguientes:
1° Los Padres Capuchinos aceptarían alumnos a los cuales se les impartiría la instrucción primaria y algunos conocimientos de agricultura.
2° La Comunidad recibiría una cuota baja por cada alumno de parte de la familia de cada uno, y un estipendio por cada Padre y Hermano de la residencia, por parte de la familia Alvear.
3° La familia Alvear, recibido mensualmente el estado económico de la fundación, cubriría el déficit en el caso de producirte.
Estas condiciones rigieron por algún tiempo. Pera más tarde, la familia Alvear, deseando desvincularse del peso que importaba esta forma de administración, propuso a los Padres Capuchinos, el entregar el inmueble a la Comunidad en forma definitiva, reservándose el derecho de enviar gratuitamente un pupilo.
Estas condiciones fueron aceptadas por los Superiores Mayores.
Cuando llegaron a Villa Diego ‑los Padres Capuchinos no eran conocidos en la localidad; su presencia fue recibida con indiferencia por parte de la población; pero un hecho vino a poner de relieve el espíritu de los Misioneros y a captarles las simpatías de la población.
El arroyo Saladillo a que hemos hecho referencia, pocas semanas después de la llegada de los Padres, y precisamente en el mes de Mayo, desbordóse en forma inusitada; una semana de lluvias torrenciales había determinado el desborde que inundó las partes bajas situadas junto a su margen. Una de las partes más afectadas fue el pueblo de Gálvez, situado a dos kilómetros escasos del Colegio.
Tengo ante mis ojos el relato que de este hecho hace el P. Benito y que transcribo íntegramente:
En el mes de Mayo, después de intensas lluvias, se desbordó el Saladillo, inundándose la Parroquia y poblado de Villa Gobernador Gálvez. ¡Qué cuadro! Al saber la desgracia partí, bajo una lluvia torrencial en un break, para enterarme de visu de lo que había en realidad.
Villa Gobernador Gálvez, se había convertido en un mar; las casas estaban inundadas; las personas se hallaban sobre las camas y los muebles de la casa; los animales domésticos muchos se habían ahogado y flotaban sobre las aguas, otros se debatían con la muerte.
Al divisarme aquella pobre gente clamaba:
‑Salvadnos, Padre, salvadnos.
En el deseo de ayudar eficazmente a aquella pobre gente me dirijo a la policía cuyo local encontré inundado; el comisario y los agentes no se habían preocupado de la situación de los pobres inundados.
Al verme el Comisario me dijo:
‑¿Con este tiempo?
‑Sí; ‑ le contesté. Y con palabras un poco duras le reproché su desinterés por ayudar a la gente.
‑¿Y qué quiere qué haga? ‑ contestó el Comisario. ¿Dónde voy a meter a toda esa gente?
‑Al no haber otro lugar, en mi Colegio, señor.
‑Si es así. ‑ contestó el Comisario, ‑ va bien.
Inmediatamente se procedió a ayudar a cuantos se pudo.
Eran las cuatro de la tarde y empezaban a llegar familias al Colegio.
¡Qué día aquel! 45 fueron las personas hospedadas en las aulas del Colegio; todas estaban empapadas, y el Colegio sin leña, sin dinero; sin carbón, y nosotros sin conocimientos prácticos dé la localidad.
La señora Teodolina de Alvear, hija de la Fundadora del Colegio, al enterarse por la prensa de lo ocurrido, escribió una carta de felicitación, diciendo que se complacía que su Colegio hubiera sido bendecido y estrenado con una caridad tan grande.
Este hecho suscitó las simpatías entre los habitantes de aquella zona; y esas simpatías, gracias a la labor constante y desinteresada de los Padres que se sucedieron en el Colegio, ha ido siempre en aumento.
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El Colegio, ha llegado en algunos años a cobijar bajo su techo un número considerable de pupilos, medio pupilos y externos.
Hoy funciona con toda regularidad y con mucho provecho espiritual e intelectual de los discípulos que frecuentan sus aulas.
Fueron Superiores de la residencia los RR. PP. Benito de Moano, Querubín de Ceriana, Juan Bautista de Mele, Agustín de Savona.
Actualmente .es Superior el R. P. Lorenzo de Montevideo. Su larga y brillante actuación en el Colegio de Concordia y la gestión desarrollada en esta casa donde ha sido Superior por dos períodos; su laboriosidad serena y constante; su preparación sólida a las tareas del magisterio, en las que coopera eficazmente el Padre Diego de Córdoba, aseguran para el Colegio de Rosario una vida de progreso que honra a la Institución.
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Cuando los Padres Capuchinos ocuparon al Colegio de Villa Diego, el Párroco de Villa Gálvez no vio col buenos ojos ese acontecimiento.
Creyó ver en los Religiosos una sombra para su autoridad y para su ministerio; y ciertamente en la mejor buena fe, expuso sus preocupaciones, quizá en forma poco propicia pare la nueva fundación, a su Sr. Obispo el gran Prelado argentino Mr. Agustín Boneo.
Como en dicha exposición hiciera algunos cargos a los Religiosos, en cuya actitud creyó ver el buen Sacerdote alguna violación a sus derechos parroquiales. Monseñor Boneo se expidió mandando a los Religiosos el pliego recibido por el Sr. Párroco, y pidiendo una aclaración sobre las presuntas violaciones de derechos.
El R. P. Benito respondió en modo concluyente, explicando la actitud de los Religiosos que fue en verdad siempre correcta y legal.
Como epílogo de está incidencia el Sr. Obispo ordenó que el Sr. Cura Párroco quedara cesante en su cargo y entregara la Parroquia al P. Benito, a quien nombraba Párroco de Villa Gobernador Gálvez, determinando que en lo sucesivo dicha Parroquia estuviera a cargo de los Padres de la Comunidad.
La primera preocupación de los Religiosos fue restaurar el Templo parroquial que se hallaba en condiciones deplorables.
Se cambió el piso que era de ladrillos; se reformó y se pintó el techo; fueron reconstruidas las dos torres que se hallaban en estado ruinoso y se revocó la fachada del Templo.
Actualmente es Párroco el R. P. Bernadino de Gazo, quien atiende con celo su feligresía; en los pocos años que está al frente de ella ha podido dotarla de una organización completa de la Acción Católica.
Se atienden dos Capillas de campaña; la vida parroquial es intensa y fecunda; y con regularidad y pompa se celebran las funciones parroquiales.