CAPITULO X

C e r r o

 

 

 

SUMARIO

El enterradero de los indios. Cosmópolis. Fundación de la Parroquia. Los Capuchinos. La Virgen de la Ayuda. La restauración del Templo. Fernando Darnaud y su Esposa. El Colegio y la Casa Parroquial. El P. Querubín de Ceriana.

 

El navegante que hace rumbo hacia el puerto de Montevideo, mucho antes de divisar la capital uruguaya ve perfilarse en el horizonte, agrandando sus proporciones a medida que el barco de acerca, la mole majestuosa del Cerro.

Es el Cerro una elevación de 139 metros de altura sobre el nivel del mar, que se yergue frente a la ciudad, rematando el brazo occidental de la anchurosa bahía, alrededor de la cual se extiende la metrópoli Oriental.

Se lee en algunas textos de historia que el vigía de la nave capitana de la expedición de Magallanes al divisar el Cerro exclamó: Monte‑vi‑eu, ‑ he visto un monte; y se argumenta que esta exclamación originara el nombre de Montevideo con que se denomina la actual capital de la República

El erudito etimólogo, Dr. Buenaventura Caviglia, haciéndose eco de los estudios que tienden a descartar este origen etimológico de la palabra Montevideo, puesto que no tiene en su favor el sufragio de ningún documento ni de la tradición, expone una cantidad de probables orígenes de la palabra en cuestión.

Habiéndonos ocupado, "solatii causa", de este interesante tópico, hemos tenido ocasión de cambiar ideas con el Dr. Caviglia, quién en una erudita monografía titulada "Etimos-Montevideo" y publicada en el año 1932 después de nuestras conversaciones, se inclina a admitir como bastante satisfactoria y sufragada, la opinión que sustentamos a este respecto, y que desune el origen del vocablo de la denominación "Monte Ovidio", nombre de un cerro de Oporto, muy conocido por los marinos de Magallanes.

Pero dejemos aparte esta cuestión que poco interesa a nuestro intento.

El Cerro está coronado por una fortaleza donde brilla un hermoso faro de triple intermitencia, construido en el año 1804, cuya potencia es de 270:000 bujías: es visible a 32 millas de distancia.

El Cerro, antes de la, dominación española, era el lugar preferido de los indios charrúas para enterrar a sus muertos:

Se dice que Don Bruno Mauricio de Zavala, llegado a nuestra Bahía a desalojar, a los Portugueses y a fundar una población en estos parajes, eligiera para este efecto la falda del Cerro; pero que después desistiera de su primer propósito, prefiriendo fundar la nueva población en la península que forma el brazo oriental de la Bahía.

Hasta el Gobierno del General Rivera la zona del Cerro estaba poco menos que abandonada.

Durante la presidencia de este Prócer de la Patria se pensó en favorecer la inmigración para proveer a la República de una legión de hombres de trabajo.

Aceptados los proyectos de los Sres. Samuel Lafone y Jorge Tornquist, de traer emigrantes españoles y alemanes, se pensó en elegir una zona para los inmigrantes.

Fue entonces que el Dr. Lucas J. Obes, ministro de Rivera, decretó la fundación de la Villa del Cerro en Enero del, año 1835.

Por decreto del Superior Gobernó la nueva villa se denominó con el nombre de "Cosmópolis'", nombre "armónico con el plan de reconcentración de obreros de todas las partes del mundo".

A este concepto se inspiró la denominación de las calles de la villa, que aun ostentan el nombre de casi todas las partes del mundo.

El desarrollo de la nueva villa fue retardado en sus comienzos: por las luchas intestinas que caracterizan el turbulento período que sucedió a las luchas por la independencia.

Antes deja fundación de la villa, y precisamente en el año 1753, los españoles habían construido en la cumbre del Cerro una fortaleza para defender la Ciudad de los ataques de que pudiera ser objeto por parte de naves extranjeras.

Más tarde la fortaleza se convirtió en lazareto durante la terrible epidemia que asoló la ciudad de Montevideo en el año 1853.

Después fue destinada para servir de presidio militar, y tomo tal fue utilizada por el Presidente Juan Lindolfo Cuestas durante su mandato.

Ahora el Gobierno proyecta convertir la fortaleza Museo Militar.

Más adelante la Villa dejó de llamarse Cosmópolis y r llamó "Villas del Cerro", nombre que conserva actualmente.

En estos últimos años la Villa del Cerro progresó admirablemente.

Posee calles perfectamente delineadas y pavimentadas en oto mayoría. Cuenta con 35.000 habitantes dentro del ejido de la Villa, y con 45.000 en toda la zona tributaria.

Allí están instalados varios Saladeros, tres Frigoríficos, el Dique Nacional, varios depósitos de carbón y varios establecimientos industriales de importancia.

El paraje está sembrado de encantos.

Desde la altura del Cerro se divisa el dilatado horizonte cerrado hacia el sur por la extensión del Río de la Plata; hacia el este por las moles de los edificios de la ciudad; hacia el norte y hacia el oeste por las chacras y caseríos que se extienden por el Departamento.

Desde ahí la Bahía de Montevideo se domina en toda su magnificencia, y se goza de un sugestivo panorama donde la policromía y la variedad dan al espíritu esa sensación de belleza y de paz que acerca más al Creador.

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Toda la zona que hemos brevemente descrito forma un solo distrito parroquial.

La parroquia del Cerro fue erigida en el año 1857 con el nombre de "Santa María del Cerro".

La pequeña Capilla, que servia de templo parroquial fue erigida por el voto popular durante la epidemia del 1858. Diez y seis vecinos costearon el terreno. El pueblo, con pequeños óbolos, cubrió el costo de la pequeña Capilla, la que, mediante los buenos oficios del Sr. Pedro Etcheverry, quedó en breve terminada. Estaba ubicada en la calle Chile a la altura de la calle Perú.

Siendo le Capilla demasiado estrecha para atender las necesidades de la feligresía, se decidió levantar otra en la calle Chile entre R. Argentina y Francia, llamada actualmente Capilla Vieja; y más adelante se resolvió construir el actual templo, cuyas dimensiones debían estar más de acuerdo con las exigencias espirituales de la población.

En cumplimiento de este propósito, el día 17 de Diciembre de 1867 se colocó la piedra fundamental de la nueva construcción.

He aquí el acta labrada en esa ceremonia, cuya copia auténtica se conserva en el Archivo Parroquial.

Acta

A los diez y siete días del mes de Diciembre del año de 1867, reunidos en la Villa del Cerro de Montevideo el Emo. Gobierno Provisorio dé la República fue lo forman S.E. el Brigadier General D. Venancio Flores. Gobernador, D. Miguel Flangini, Ministro de Gobierno, y S. E. D. Antonio M Marques. Ministro de Hacienda, y el General Dan Lorenzo Batlle. Ministro de Guerra y Marina, Monseñor Santiago EstrázuIas y Lamas protonotario ad‑instar, la junta E. Administrativa del Departamento de la Capital, compuesta de su Presidente Don Agustín de Castro, Vice Presidente Don Pedro Vareta, Vocales Don José M. Peñalva, D. Juan Mac‑Coll, D. José Umarán. D. Blas Vidal. D. Carlos Marques, D. Jacinto Villegas, D. Juan D. Castro, D. León Demeog, D. Mateo Astengo. D. Exequiel Pérez y Eduardo Bustamante, y el infrascrito Secretario que firma la presente, la Comisión Auxiliar de la Villa dependiente de la anterior, y demás autoridades civiles y militares, se procedió a la colocación de la piedra fundamental del primer Templo católico que se va a levantar en la localidad por los planes del ingeniero Oriental D. Alberto Capurro, y cuya erección se debe en lo principal a la iniciativa de ,este vecindario que ha propendido con noble ahínco a la adquisición del santo monumento cuya falta sentía. Dispuesta la ceremonia en la forma ordinaria, se dirigió la comitiva al lugar designado donde con todas las solemnidades de orden se dio principio al acto oficiando Monseñor y sirviendo de padrinos el Emo. Sr. Gobernador Provisorio Brigadier General D. Venancio Flores y su digna esposa Doña G. de Flores, concluido el cual se labró la presente Acta para que en Modo tiempo conste que esta modesta Iglesia fue mandada construir con autorización del Superior Gobierno que la concedió a  solicitud de la Comisión Extraordinaria por pedido de la Auxiliar de este punto, y que no sólo se adhieren atan noble como benéfico pensamiento sino que contribuyen, como en efecto contribuirán, el Superior Gobierno y la referida Junta Económica, con sumas de dinero para aliviar un tanto la contribución voluntaria con que al efecto contribuye éste vecindario en prueba de su amor a  nuestra santa religión y al progreso y engrandecimiento de la Villa. Y para la debida constancia firman la presente todas las Autoridades antedichas quedando depositada en la urna colocada en la misma piedra para honra de ellas y para que subsistiendo sus caracteres puedan servir de ejemplo saludable a las generaciones venideras dejándose además copia fiel en el Archivo de la Corporación Municipal siendo legalizada por el Sr. Escribano de Gobierno y Hacienda D. Juan José P. Aguiar. ‑ Venancio Flores. Santiago Estrázulas y Lamas. María G. de Flores, Alberto Flangini, Antonio M. Marques, Carlos Marques, Mateo Astengo. Agustín de Castro. Pedro Vareta, Jacinto Villegas, por los miembros ausentes y para mí Juan Ramírez. Secretario. Juan José Aguiar, Escribano del Gobierno y Hacienda.

Nota. ‑‑ Es copia exacta: copiada el día 19 de Octubre 1929. ‑‑ P. Querubín del Ceriana, Cura Vic. Capuchino. "

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La Iglesia del Cerro, hasta hace poco tiempo no tuvo un Titular oficial; por eso que ha tenido varias denominaciones que creemos fueron arbitrarias porque no se ha encontrado ningún documento al respecto.

Primero se llamaba Parroquia de Santa María del Cerro.

En el Libro de Bautismos existente en el archivo Parroquial, desde el 17 de Octubre de 1874, el Pbro. Juan Cruz Echenique, Cura Párroco, la cita con él nombre de "Nuestra Señora de Aranzazú", probablemente por la devoción a la Virgen conocida bajo esta advocación, de la gran cantidad de Vascos que había por aquel entonces en el Cerro.

Desde el 22 de Agosto de 1903 el Sr. Cura párroco Pbro. Manuel González, en el libro de Bautismos la cita ya con el título de "Parroquia de N. Señora del Rosario de Villa del Cerro".

El Pbro. Mamerto Berriel, en el mismo Libro, la vuelve a llamar, desde el 18 de Agosto de 1911, "Nuestra Señora de Aranzazú".

El Pbro. Gerardo Benincasa, desde el 6 de Enero, la denomina en los documentos parroquiales "Parroquia de Villa del Cerro".

Cuando se dieron por terminados los trabajos de restauración del Templo, de los que hablaremos más adelante, y precisamente el 30 de Marzo de 1930, durante la Misa solemne, el Ilmo. Sr. Arzobispo de Montevideo Monseñor Juan Francisco Aragone, hizo leer, desde el púlpito, un Decreto por el cual nombraba titular de la Iglesia del Cerro a Nuestra Señora de la Ayuda, como habían pedido los feligreses.

He aquí el decreto citado:

Nos, el Dr. Dn. Juan Francisco Aragone, por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica, Arzobispo de Montevideo, por cuanto, por una parte, según el Canon 1168, p. 1: “Toda Iglesia, sea consagrada, sea bendecida, debe llevar su título", asignándose en consecuencia un patrono que sea como su perenne custodio y protector.

Resultando, por otra parte, que no existe constancia alguna de que la Parroquia de la Villa del Cerro se le haya asignado canónicamente el correspondiente título, por más que en ella figure la imagen de Ntra. Señora de Aranzazu:

Considerando que el título de Ntra. Señora de Aranzazu no sería actualmente el más oportuno, por cuanto ha desaparecido casi por completo de aquella feligresía la colonia vascuense, que se ha distinguido siempre por su devoción a esta advocación de la Sma. Virgen;

Considerando, que de un tiempo a esta parte se ha acentuado en aquella parroquia y en toda la Arquidiócesis la devoción a Ntra. Señora de la Ayuda, que tiene su milagroso santuario en una privilegiada región de Lombardía, y que, por consiguiente, redundaría en bien y provecho de los fieles y en mayor culto y glorificación de la Madre de Dios si a aquella feligresía se le diera por titular y patrona a la Sma. Virgen bajo tan hermosa, consoladora y eficaz advocación;

Por las presentes, en vista de las razones que anteceden y en uso de nuestras facultades extraordinarias, designamos y nombramos Titular de la referida parroquia de la Villa del Cerro. Departamento de Montevideo, a Nuestra Señora de la Ayuda, debiendo, en consecuencia, ser también ella la Titular del altar mayor de aquella iglesia.

Dadas en Montevideo, a los veintisiete días del mes de Marzo del año del Señor mil novecientos treinta.

+ Juan Francisco, Arzobispo de Montevideo.

Por mandato de su Excia. Revma.

Eusebio Ríus, Pro Secretario.

Como se desprende de este Decreto la devoción a la Virgen de la Ayuda había arraigado en el Cerro.

Esta devoción ya era conocida en Montevideo.

Un señor había traído de Europa la imagen y la había expuesto en una pequeña capilla de su propiedad a la pública veneración por su propia cuenta y sin las debidas licencias del Ordinario.

La devoción fue cundiendo en el pueblo, y el poseedor de la imagen la explotó en provecho propio, haciendo de ella objeto de un indecoroso comercio.

Las Autoridades Eclesiásticas, después de haber amonestado inútilmente a dicho señor, prohibieron esos cultos.

Esto no obstante, por ignorancia de muchos, continuó la afluencia de fieles, aunque no tan numerosa, a venerar a aquella imagen.

El Padre Gerardo Benincasa, durante su curato en la parroquia del Cerro, instaló en el Templo parroquial una imagen de Nuestra Señora de la Ayuda.

El Padre Querubín, héchose cargo de la feligresía, en el deseo de fomentar esa devoción quiso colocar una imagen más suntuosa, que la colocada por el P. Benincasa.

Escribió al Rector del Santuario de Busto Arcizio, pidiendo copia auténtica de la imagen que allí se venera. Esa copia fue ampliada diestramente en un cuadro pintado por Fray Agustín de Pavía, que, después de haber sido expuesto por un tiempo en nuestra Iglesia de San Antonio en Montevideo, se transportó al Cerro, y el 10 de Febrero fue solemnemente bendecido e indulgenciado por el Ilmo. Señor Arzobispo de Montevideo.

El 19 de Junio de ese mismo año la Unión Social del Uruguay organizó una peregrinación que resultó de grandes proporciones para venerar esa Imagen.

Más tarde, el P. Querubín ordenó al conocido artista tirolés, señor Stufleser, una estatua en madera, que, colocada en el altar mayor, fue bendecida solemnemente el día 11 de Mayo de 1930 en ocasión de una segunda peregrinación realizada para solemnizar las fiestas patronales, fijadas por Decreto Arzobispal para el 29 domingo de Marzo.

La devoción a la Virgen de la Ayuda en el Cerro ha dotado a aquella feligresía y a todo Montevideo de un reguero espiritual  de gracias y favores que María dispensa desde el trono, que el amor del pueblo le ha levantado en el Cerro.

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La Parroquia desde su fundación había sido confiada al celo de distinguidos sacerdotes del clero secular. Desfilaron por esa feligresía en calidad de Párrocos de la misma los siguientes sacerdotes: Juan B, Cúneo, Roque Antonio Moreira, Fray Lapitz, Padre Mansueto (Capuchino), Juan Cruz Echenique, Domingo Lapierre, Evaristo Oteiza, Pedro Oyasbehere, Augusto Rey, Manuel González, José María Orosa, Eusebio Ríus, Nicolás Mamerto Berriel, Gerónimo Deicas y Arturo Arrivillaga.

Como se ve todos ellos eran del Clero secular, excepción de Fray Lapitz y del Padre Mansueto, que eran Religiosos, y que desempeñaron interinamente sus cargos.

Habiéndose ausentado de la feligresía el señor Pbro. Arturo Arrivillaga por haber sido designado Párroco de Mercedes, el Ilmo. Sr. Visitador Apostólico Mr. Johannemann, pidió a nuestra Orden un sacerdote para desempeñar el cargo de Párroco en carácter de interino.

El M. R. P. Benito de Moano, que a la sazón era Superior Regular de la Misión, accediendo al pedido, envió al R. P. José de Montevideo, Vicario de nuestro Convento de San Antonio, quien se hizo cargo de la Parroquia.

Tanto el Templo como la casa Parroquial se encontraban en un estado ruinoso.

Los materiales de pobre calidad con que habían sido construidos iban cediendo a la obra demoledora del tiempo.

La bóveda del Templo que amenazaba derrumbarse hubo de ser quitada; y para sostener el armazón del techo, cuyas cabreadas de madera estaban en parte podridas, se colocaron unos tirantes que daban al templo un aspecto poco digno de su finalidad.

El revoque interno de las paredes como el de la fachada, se caían a pedazos: la‑ torre estaba sin terminar, y el estado general del edificio dejaba en el ánimo de quien lo contemplaba una penosa impresión.

La casa parroquial estaba aún en peores condiciones. Los techos poco reparaban el interior de las habitaciones de la lluvia y del frío; los pisos podridos crugían al caminar sobre ellos; las paredes afeadas por enormes manchas de humedad; la cantidad de ratas y otros bichos que pululaban por todas, partes, hacían aquella miserable vivienda poco menos que inhabitable.

El P. José tuvo, pues, al llagar al Cerro, una doble preocupación: la de cultivar a las almas, y la de restaurar la casa de Dios.

Puesto a la obra, pudo contar con la generosa cooperación de las familias de Ferrés y Rappallini y del Dr. Juan B. Viacava, construir la fachada, y terminar la torre, lo que dio al Templo un aspecto elegante y digno.

En cuanto a las almas el P. José desplegó su actividad en forma fecunda y laudable.

Además de su celo, poseía para ello, la gran práctica adquirida en las Misiones dadas en campaña a las cuales dedicó varios años de su apostolado.

En efecto el P. José ha recorrido casi todos los lugares de la República del Uruguay y  varios de la República Argentina sembrando la palabra divina, recogiendo en sus misiones, ópimos frutos espirituales.

La obra, desarrollada en el Cerro por el P. José fue tan fecunda que al tener que abandonar la feligresía aquejado por una seria enfermedad, el señor Arzobispo y los fieles del Cerro pidieron a nuestra Comunidad que se hicieran cargo definitivamente de la Parroquia.

Debida a la escasez de personal no fue posible acceder al petitorio del señor Obispo; pero éste, interesado, en su propósito, recurrió a los Superiores Mayores Génova para obtener una decisión favorable.

Entretanto, después de una breve regencia de las Sres. Pbros. Juan Pérez, Luis Comelli y Gerardo Benincasa, se hizo cargo de la Parroquia en calidad de interino el R, P: Querubín de Ceriana.

El P. Querubín hubiera querido dar comienzo a la reparación del interior del Templo y de la casa parroquial, como asimismo a varias obras parroquiales: pera su carácter de interino lo detenía, pues para realizar esas obras se necesita, como es natural, una cierta estabilidad.

Pero los trámites iban muy a la larga. De Génova y de Roma no se recibían respuestas definitivas: y el mismo señor Arzobispo ponía algunos reparos "para entregar, como lo exigía nuestra Comunidad, la parroquia "in perpetum ad nutum Sanctae Sedis".

Pero finalmente, obviadas las dificultades y recibida d respectivo Decreto de la Sagrada Congregación de Religiosos, el Padre Querubín fue nombrado Párroco efectivo el 22 de Diciembre de 1928.

Púsose; entonces el Padre Querubín con todo ahínco a la obra de restaurar la Iglesia: y la Providencia viró en su ayuda en modo inesperado.

Un año antes, y precisamente el 21 de Setiembre de 1927, de regreso de un paseo que hicieran hasta la Fortaleza del Cerro, llegaron hasta la Iglesia Parroquial los dignísimos y cristianos esposos Fernando Darnaud y Dalia Artigalá de Darnaud.

Ingresaron al templo y quedaron consternados al contemplar su estado ruinoso y deplorable.

Pensaran los piadosos esposos en el contraste que ofrecía el aspecto miserable de la Casa de Dios frente los suntuosos palacios de los ricos.

Y sintieron el deber de dedicar, para la reparación del templo del Cerro, una parte de sus haberes.

Llamaron al P. Querubín, lo informaron de sus propósitos, le prometieron que después del 8 o 10 meses los cumplirían con el favor de Dios, y sin dar siquiera sus nombres se marcharon.

Cuando el P. Querubín fue nombrado Párroco, con poca esperanza recordaba la oferta de los dignos esposos, creyendo que la promesa hecha en forma tan vaga, fuera como casi todas las promesas de ese género y nada más.

Sin embargo, había dejado ese asunto en manos de la Virgen de la Ayuda.

Y la Virgen Santísima no fue invocada en vano.

El Sr. Darnaud y su dignísima Esposa cumplieron su promesa: y a sus expensas, con cristiana generosidad, restauraron el templo en la forma que se encuentra actualmente.

Regalaron además dos altares laterales de mármol, el púlpito, tres hermosos sitiales, y un hermoso cuadro de la Coronación de la S.S. Virgen, reproducción del original de Velázquez, ejecutado por el artista Domingo Giandrone.

El Altar Mayor es de mármol: algunas de sus piezas pertenecieron a un altar que fue de la Iglesia de N. S. del Carmen del Cordón y otras son nuevas.

Completan la obra artísticos "Vitraux" y un colorido sobrio de las paredes, que dan al templo una sugestión luminosa de misticismo que invita al recogimiento y a la oración.

Este templo tal como está, queda como un monumento de la piedad generosa de los Esposos Darnaud; y como una divina promesa de eternas recompensas.

Los Padres Capuchinos han querido exteriorizar su agradecimiento en una lápida colocada en la Iglesia que reza así:

GLORIA A CRISTO REY

A los generosos y cristianos esposos

Dn. Fernando Darnaud

y Dña. Delia Artigalá

restauradores e insignes bienhechores

de este Templo de la Virgen de la Ayuda

la Arquidiócesis de Montevideo.

Los Padres Capuchinos y el pueblo

católico de esta Villa del Cerro

perpetúan su gratitud

en este mármol

Febrero 8 de 1931

Virgen de la Ayuda, ayúdanos.

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Una vez terminadas las obras del templo el P. Querubín pensó en proveer a sus fieles de un Colegio Parroquial donde pudieran educar cristianamente a sus hijos.

Al lado de la Iglesia había un viejo edificio cuyo dueño explotaba como casa de inquilinato.

El edificio, por su ubicación se prestaba admirablemente para los propósitos del P. Querubín.

Interesados los piadosos hermanos Carlos y Pablo Ferrés, por‑la obra, compraron esa finca y con cristiana generosidad la cedieron a nuestra Comunidad.

Adaptado el local, el conventillo se convirtió en un espacioso Colegio en cuyas aulas bien ventiladas e iluminadas, un buen número de niños, cursan el programa de enseñanza; elemental y aprenden los primeros rudimentos de la fe.

Para terminar su obra el P. Querubín quiso construir una nueva Casa Parroquial.

La ya existente, no obstante algunas reparaciones que le hicieran el P. José, el P. Benincasa y el propio P. Querubín, resultaba estrecha e incómoda.

Con no pocos sacrificios logró el activo Párroco levantar contiguo a la Iglesia el edificio de la nueva casa parroquial.

Le ayudaron primeramente a esta obra los señores Ferrés, juntamente con los empleados de sus establecimientos, y el señor Francisco Ugartemendia.

El edificio fue bendecido por el Ilmo. Sr. Arzobispo de Montevideo el 2 de Enero de 1930.

Finalmente el 25 de Agosto de 1932 el celoso Párroco fundaba el, "Centro José Gervasio Artigas" instalado en el Colegio Parroquial, destinado a fomentar la piedad entre los jóvenes católicos de la Parroquia.

Todas estas obras que dejamos consignadas hablan altamente del celo y la laboriosidad del R. P. Querubín de Ceriana.

Ya hemos visto a este digno Religioso en las penosas jornadas de la fundación de Concordia y de Nueva Pompeya. Hoy, a pesar de sus años, no ha disminuido su actividad, ni ha cedido su voluntad férrea y decidida.

Nuestra Misión le ha considerado siempre como un operario fecundo y humilde: y el recuerdo de sus obras como el de sus virtudes religiosas, perdurará como un ejemplo y un estímulo entre los futuros operarios de la Viña del Señor.