CAPITULO XI

Buenos Aires

 

 

 

SUMARIO

La Metrópoli Argentina. Nueva Pompeya. Coghlan. El llmo. Señor Nuncio Apostólico, Mr. Felipe Cortesi. Obras de Apostolado. Esperanzas.

 


 

En la margen occidental del caudaloso Río de la Plata se levanta la soberbia metrópoli argentina, capital Federal de la República.

Buenos Aires ocupa el primer lugar entre las ciudades de Sud América, y por su extensión y población es la séptima ciudad del mundo.

Don Pedro de Mendoza, ‑primer Adelantado, o sea Gobernador de las tierras que conquistara, y que llegó al estuario del Plata en el año 1535 con 2000 hombres y una flota de 22 naves, ‑ después de haber fondeado en el Riachuelo, puso los cimientos de la ciudad que llamó "Santa María de los Buenos Aires". Los indios querandíes destruyeron la nueva población; Mendoza, desalentado, decidió volver a España, dejando como sustituto a Ayala. Mendoza murió en el viaje y Ayala remontó los ríos Paraná y Paraguay y fundó sobre la margen de este último la ciudad de Asunción. Los indios dieron muerte a Ayala, que fue sustituido por Irala, quien, n la llegada del segundo Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, fue nombrado lugarteniente del Adelantazgo. Poco tiempo después el pueblo, descontento del gobierno de Cabeza de Vaca, lo destituyó, nombrando en su lugar a Irala. Irala murió en el año 1574 y le sucedieron Gonzalo de Mendoza, Ortiz de Vergara y Juárez de Toledo. Durante el gobierno de este último, el esforzado militar español Juan de Garay, después de haber fundado la Ciudad de Santa Fe, bajó al Río de la Plata para ayudar al tercer Adelantado, Ortiz de Zárate, derrotado por los charrúas capitaneados por el Cacique Zapicán; y en esa ocasión fundó de nuevo la ciudad de Buenos Aires, el 11 de junio de 1750.

En el año 1776 Buenos Aires fue constituida capital del nuevo Virreinato del Río de la Plata. Durante los primeros años de vida la nueva población no pasó de ser un miserable villorrio. Pero poco a poco fue adelantando.

El rápido progreso de la ciudad durante estas últimas décadas, le ha quitado el aspecto de ciudad colonial; y ha hecho de Buenos Aires una ciudad dotada de los últimos adelantos edilicios y culturales; sus habitantes llegan casi a dos millones y medio; su puerto, uno de los más grandes del mundo, es la etapa final de los transatlánticos que llegan al Río de la Plata.

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En esta ciudad, y precisamente en el año 1195. los religiosos de nuestra Misión aceptaron el ofrecimiento de establecer una residencia, la cual fue causa de algunos trastornos, epilogados por la retirada de nuestros Misioneros de la ciudad bonaerense, y la venida de nuestros hermanos, los Capuchinos de la Provincia de Navarra.

He aquí usa sucinta historia de los hechos.

Tenemos ante nuestros ojos un relato del Sr. Román Barlén en el cual leemos que él, siendo en el año 1893 dependiente de un aserradero y barraca sito en los Corrales de Buenos Aires, conoció una joven de unos 18 años de edad, hija de un cliente suyo, que había enfermado gravemente. El Sr. Badén, como buen cristiano, le propuso recibir los Sacramentos; ella aceptó, pero no tenía ninguna instrucción religiosa, pues aquellos lugares estaban espiritualmente abandonados. Proveyó, pues, el Sr. Barlén a la instrucción religiosa de esta enferma y luego llamó para administrarle los Santos Sacramentos a un Sacerdote, el Padre Darío Broggi, Capellán de las Hermanas Vicentinas.

El P. Broggi cumplió su misión y la joven murió ésa misma noche.

El estado de ignorancia de esa niña impresionó al Presbítero Broggi quien pensó en catequizar esos parajes tan abandonados, construyendo allí un templo.

La idea prosperó y hoy se levanta el templo de Nueva Pompeya, precisamente en el mismo lugar donde murió la joven que el P. Broggi asistiera en la hora de la muerte.

Esos lugares estaban, en efecto, completamente abandonados.

Se levantaba en aquel paraje, conocido con el nombre de Bañado de Flores, un incipiente barrio de obreros.

El lugar no era nada atrayente por cierto, allí funcionaban los mataderos de los animales que habían de suministrar las carnes para el consumo de la ciudad; allí se cremaban las basuras de la metrópoli; y en esos montones de desperdicios urgaban algunos obreros, para extraer restos de animales y de metales que tendían después a empresas industriales.

Todo eso hacia del Bañado de Flores un lugar malsano, cargado de miasmas y malos olores, regado por inmundas canaletas por donde desaguaban los desperdicios de los mataderos y chancherías.

Los habitantes de esta zona no recibían ningún auxilio espiritual por estar las iglesias muy distantes.

Ese abandono, palpado en un momento oportuno, según el relato del Sr. BarIén, por el P. Broggi, fue el que dio margen a la obra de evangelización que estamos historiando.

El P. Broggi, para realizar su intento reunió una Comisión de Vicentinos, entre los cuales figuró el propio Barlén con su hermano.

La Comisión autorizó al P. Broggi, sacerdote inteligente y bien relacionado, para recolectar fondos especialmente entre las personas pudientes.

Una vez iniciada la obra se pensó en ofrecerla a alguna Comunidad religiosa, como más apropiada para atender aquellos parajes.

La señora Adela de Heimendalf propuso a los Capuchinos Genoveses, residentes en Montevideo, en donde nuestros Misioneros estaban actuando con celo y gran provecho de las almas.

El presbítero Broggi y los demás miembros de la Comisión aceptaron la idea; y el mismo P. Broggi escribió en ese sentido al Superior de los Capuchinos de Montevideo, que a la sazón era el M. R. P. Alipio de Alba, con fecha 13 de Abril de 1896.

En esta carta el P. Broggi hablaba de una pequeña Iglesia que la Comisión se empeñaría en concluir; se hablaba, además de dar a la Comunidad 8.000 varas cuadradas de terreno para un pequeño Convento. Aquí, ‑agregaba él P. Broggi en esta carta‑ podrán V. V, hacer un bien inmenso evangelizando esta población de obreros y saliendo para ejercer el ministerio en la ciudad y en los campos.

Estando al sentido obvio de este ofrecimiento de una pequeña Iglesia, de terreno para un Convento, y de atender, espiritualmente a aquella población de obreros, el P. Alipio, con fecha 8 de Mayo, contestó aceptando en principio la propuesta, prometiendo correr, ante los Superiores Mayores, los trámites del caso.

En este ínterin el P. Broggi, que por disolución de la Comisión había tomado a su exclusivo cargo la obra, inauguró un Colegio para niños pobres el día 8 dé Mayo, como se desprende de un folleto que publicó bajo el epígrafe: "Haced Caridad".

En ese folleto, escrito para recolectar fondos, y en un pequeño álbum publicado con el mismo fin, se hablaba de una Iglesia grandiosa y rica,  y de una escuela de Artes y oficios, lo que no coincidía precisamente con el ofrecimiento que el. P. Broggi había hecho a los Capuchinos y que éstos habían aceptado.

Los Religiosos demasiado confiados en la rectitud del P. Broggi, y sin calcular que la propuesta antes aceptable y ventajosa, se había convertido después en una carga demasiado pesada para la Comunidad, continuaron los trámites para la aceptación definitiva del inmueble, cosa que se realizó el 5 de Julio de 1897.

Representaron en ese acto a la Comunidad los RR. PP. Lucas de Beinette y Celestino de San Colombano. En la escritura se determinaba que en el predio donado "se construirla una capilla; una iglesia y una escuela u otro establecimiento de beneficencia.

Lo vago de esta cláusula hizo, probablemente, que los Padres no llegaran a percatarse de los grandiosos proyectos del P. Broggi.

El Padre Alipio, siempre en ese tren de confianza, recibió, sin beneficio de inventario, las obras comenzadas, las cuentas pendientes y otros compromisos de que aparecía solidario con el P. Broggi.

Cuando los Padres se hicieron cargo del inmueble, la actual Iglesia apenas estaba iniciada; sus paredes tenían apenas unos dos metros de altura.

Los Religiosos siguieron las obras hasta dejar la Iglesia en estado de ser habilitada y construyeron varias dependencias del actual edificio del Convento y del Colegio.

A esta altura de los hechos fue nombrado Delegado Provincial el P. Damián de Finalborgo quien quiso aclarar la situación de la Comunidad comprometida por la actitud del Padre Broggi, que no estaba de acuerdo con lo estipulado anteriormente.

De ahí empezó una abierta contradicción entré la Comunidad y el Padre Broggi.

La Madre Provincia, en esta circunstancia, mandó al M. R. P. José de Génova, en calidad de Visitador, esperando que él pudiera arreglar esa enojosa situación. Pero después de un año de permanencia en la Misión, el R. P. José volvió a Génova sin haber arreglado nada.

Entretanto, estando el edificio en estado de ser inaugurado, el día 27 de junio del año 1900 se libró al culto público, celebrando la santa Misa el Ilmo. Sr. Internuncio  Apostólico Mr. Sabatucci.

Los Religiosos, desplegaban en la localidad su celo y hacían entre aquella pobre gente un apostolado fecundo.

En la Historia de las Misiones de los PP. Capuchinos en Chile y Argentina, escrita por el M. R. P. Ignacio de Pamplona, leemos con respecto a Nueva Pompeya algunos datos que, después de haber consultado a testigos oculares y hablado con los Religiosos que actuaron en esta fundación, estamos en condiciones de rectificar.

Según leemos en las páginas del libro citado, los Padres capuchinos genoveses eran mal mirados por el pueblo, y en consecuencia había disminuido la afluencia de las personas devotas pues, "se avergonzaban de aparecer envueltas en cosas tan feas".

Éste es un error de información.

Si hubo alguna culpa de parte de los Padres fue la de confiarse demasiado y la de proceder con excesiva sencillez. Todo esto el pueblo lo comprendió y por ello compadecía a los Religiosos; la afluencia de fieles no disminuyó en modo alguno. Lo prueban las numerosas peregrinaciones realizadas los años 1899 y 1900.

Y si bien alguien pudo censurarlos imprudentemente, con todo conocidas las cosas, y hecha la luz después de los hechos, los Padres Capuchinos Genoveses quedaron muy bien conceptuados en Buenos Aires por su celo y rectitud.

Cabe destacar aquí, además de la obra del Padre Damián de Finalborgo, la del P. Querubín de Ceriana y la del hermano fray Marcelino de Endine, quienes supieron afrontar con entereza todos los sacrificios que importa una fundación, máxime si ella está agravada por una situación enojosa.

Y esa situación se fue agravando cada ved más. El Padre Broggi partió para Europa con el propósito de dar a los Salesianos la obra, por más que legalmente no lo pudiera hacer; pero los Salesianos se guardaron muy bien de aceptarla.

Al P. Damián sucedió en el Superiorato de la casa el P. Querubín, y en la Delegación el P. Benito de Moano.

Finalmente, después de varias alternativas disgustosas que agravaban más la situación, el P. Damián partió para Europa y declinó en manos del M. R. P. Bernardo de Andermat, General de la Orden, el compromiso tomado por la Misión, pidiendo que él proveyera como mejor juzgara conveniente.

El asunto fue encomendado al Rdo. Padre Ángel M. de Villava quien propuso la aceptación al M. R. P. Pedro de Usún, Provincial de Navarra; el Padre Pedro aceptó la propuesta, poniendo alguna condición para evitar los lazos ya urdidos, y prevenir nuevas complicaciones.

Fue así que el 24 de Enero llegaron a Buenos Aires cuatro Padres y tres hermanos; a ellos entregaron nuestros Religiosos él inmueble y luego, se retiraron definitivamente a Montevideo.

EI Santuario de N. Señora de Pompeya es hoy la meta de Innumerables peregrinaciones iniciadas por nuestros Religiosos durante su estadía en Buenos Aires, y el lugar elegido por la SS. Virgen del Rosario para dispensar con preferencia, sus maternales favores.

Coghlan

Cuando no había esperanza alguna después de las sucesos de Nueva Pompeya de poder fundar una casa en la metrópoli Argentina, una circunstancia imprevista nos dio la proporción de hacer esa fundación.

En el mes de Enero del 1928 el señor Nuncio Apostólico de su Santidad Mr. Felipe Cortesi, Arzobispo de Sirace, en una visita que hiciera a la ciudad de Montevideo, propuso a los Superiores Mayores la fundación de una Casa en Buenos Aires con el objeto principal de atender la Colonia italiana de aquella Metrópoli.

Aceptada la proposición y mediante los buenos oficios del Sr. Nuncio, la Rma. Curia Bonaerense, ofreció a los Padres instalarse en la localidad denominada Coghlan donde se crearía una nueva Parroquia que regentearían los Padres de la Comunidad.

Aceptada la propuesta, se iniciaron los trámites ante los Superiores Mayores para las debidas licencias; y entretanto se pensó en mandar algunos Religiosos que iniciaran la obra.

El día 16 de julio del año 1928 llegaron á Buenos Aires el R. P. Joaquín de Monterosso y el hermano fray Félix de Artegna, y el día 18 del mismo mes ocuparon una casa situada en la calle Congreso 3742 donde establecieron su residencia provisoria.

Allí establecieron también la primera Capilla.

Esa casa habla sido alquilada por cuenta del Consejo Superior de los Vicentinos quienes se comprometieron a pagar el alquiler por un año.

El día 22 de Julio se inauguró la Capilla provisoria. El Párroco de Valbanera, hoy Obispo de Santa Fe, el Ilmo. y Rmo. Mr. Nicolás Fassolino, celebró el Santo Sacrificio y pronunció el sermón de circunstancias.

A partir de esta fecha quedó la papilla habilitada al público; en ella se celebraban los divinos oficios cuanto era dado "hacerle en ese local que medía pocos metros cuadrados de superficie.

Los niños que en un número no menor de 400 concurrían al Catecismo tenían que reunirse en la pequeña huerta de la casa.

Como es propio en las fundaciones, los primeros tiempos fueron penosos.

Los Padres estaban desprovistos de todo, pero la Divina Providencia suscitó corazones buenos que proveyeron a los Religiosos de lo más necesario para la pequeña capilla y para las necesidades de la Casa. Justo es destacar aquí  la caridad de las Hermanas Capuchinas y del Sr. Rodolfo I. Scappino quienes pueden considerarse los primeros bienhechores de la fundación.

Habiendo el P. Joaquín de Monterosso sido nombrado Superior Regular de la Misión tuvo que trasladarse a Montevideo, siendo sustituido por el R. P. Filomeno de San Secondo, quien llegó a Coghlan el 13 de Setiembre de 1928.

El 10 de Octubre de ese mismo año, la Rma. Curia de Buenos Aires nombró al P. Filomeno Capellán Vicario y Cooperador.

El 24 de Diciembre llegó a esa residencia el R. P. Antonio de Monterosso, nombrado Superior de la Casa; dicho Padre fue nombrado Vicario Ecónomo de la nueva Parroquia de "Nuestra Señora de los Ángeles, el 28 de Diciembre de 1928.

Más tarde los Religiosos trasladaron la Capilla a una casa sita en el No 3790 de la misma calle por habérsele ofrecido un local algo más espacioso donde podían domiciliarse sin pagar alquiler, pues habiendo caducado el compromiso de parte de los Vicentinos, la condición económica de los Padres Capuchinos era bastante precaria para cubrir el presupuesto.

Como es natural se imponía el adquirir un terreno en el que debieran fijar definitivamente los Padres su residencia, y edificar allí la iglesia Parroquial.

Fue elegido a este efecto un terreno entre las calles Guayra y Manuela Pedraza a pocos metros de la Avenida Forest.

Para la compra de este terreno concurrieron pecuniariamente las demás casas de la misión.

Una peque casita existente en el terreno funcionaba como Capilla a la cual se añadió una carpa que pudiese  cobijar un mayor número de personas y algunas habitaciones construidas en madera sirvieron de casa y despacho a los Padres.

Más tarde, siguiendo un plan general para las futuras construcciones, de que es autor el Arquitecto Sr. Horne, se edificó un local que hasta ahora sirve de Capilla.

Tanto en la edificación de la Capilla como en la atención espiritual de la nueva feligresía cabe destacar la obra del P. Antonio de Monterosso, quien, coadyuvado por el P. Filomeno de San Secondo y el R. P. Buenaventura de San Giovanni Rotondo, afrontó con entereza todos los sacrificios que importa una nueva fundación, máxime cuando faltan los medios materiales.

Poco después se construyeron algunas celdas pequeñas para los Religiosos.

Más tarde, siendo Superior el R. P. Esteban de Rialto, se compró un lote adyacente al adquirido con una pequeña casita que amplió las dependencias ocupadas por los Padres.

Entretanto las prácticas iniciadas entre los Superiores mayores no tuvieron el éxito que se esperaba.

El Rmo. P. General,  Melchor de Benisa con su Definitorio General, por hallarse ya en Buenos Aires los Padres Capuchinos de la Provincia de Navarra, no creyó conveniente que los Capuchinos Genoveses hicieran esa fundación.

Fue así que por medio del provincial de Génova, M. R. P. Ángel de Voltri, se comunicó a los superiores de la Misión, la decisión recaída sobre las gestiones iniciadas era desfavorable al petitorio.

Pero el Señor Nuncio Apostólico Monseñor Felipe Cortesi, que comprendía la necesidad de esa fundación, informó al Sumo Pontífice reinante, S., S. Pío XI, del estado de las gestiones. Y el Santo Padre, llamado al Rmo. Padre General, le impuso la revocación de su orden y le manifestó su voluntad de que los Capuchinos Genoveses quedaran en Coghlan.

La actuación del Sr. Nuncio Apostólico lo hace acreedor a nuestra eterna gratitud y lo constituye el verdadero fundador de nuestra residencia de Buenos Aires.

Actualmente es Párroco y Superior de esa residencia el R. P. Esteban de Rialto, quien se ocupa con entusiasmo de dar comienzo a las obras templo, que una vez hecho resultara una obra hermosa.

El bien que nuestros Religiosos hacen en esa fundación es incalculable.

Además de la solicitud que desplegan en el ministerio parroquial, que ha sido muy encomiada por las Autoridades Eclesiásticas, atienden como Capellanes al Hospital Pirovano, como antes lo habían sido de varias Comunidades Religiosas; predican incansablemente, y atienden con preferencia la Colonia italiana de Buenos Aires.