SEGUNDA PARTE

LA ORDEN FRANCISCANA

Con el fin de entroncar y establecer un punto de enlace y dependencia entre la historia franciscana y capuchina, apuntaremos los hechos salientes que tuvieron lugar en el período comprendido entre la época de San Francisco y el 1525.

CAPITULO I

PLAN Y ORGANIZACIÓN.

A. ‑ LA HERENCIA DEL PADRE.

1. ‑ A raíz de su conversión, vemos a Francisco transformado por una fuerza de lo alto; pero no podemos distinguir todavía en él ni al reformador ni mucho menos al fundador. Por descontado que tampoco lo pretendió. El ideal religioso lo concibe todavía como una empresa a realizarse en el campo de su rica personalidad. Al impulso de aquel deseo personal y ante el hecho de habérsele asociado otros compañeros atraídos por aquel singular género de vida, nace un ideal colectivo y con él una nueva práctica y concepción de la vida religiosa.

2. ‑ ¿Qué fue lo que pretendió  Francisco con la institución de una nueva Orden? Directamente no pretendió  ni el dedicarse al cuidado de los enfermos, ni a la educación de la juventud, ni el esplendor del culto. Fue algo más universal, más profundo; algo que afectaba a la vida misma y esencia del cristianismo; fue, según afirma el Seráfico Doctor, el acercarse a Jesucristo  mediante su fiel imitación; y en segundo lugar, el procurar por todos los medios el mayor bien y salud espiritual de las almas.

3. ‑ Las normas directivas de la nueva fraternidad se basaban en una indefectible fidelidad a la Iglesia Romana, y en otro principio no menos importante de la vida de apostolado, o sea que la acción apostólica no debe ser otra cosa que el fruto de la contemplación.

No obstante la rudimentaria organización de la Orden, ésta posee desde sus orígenes una individualidad propia y determinada.

4. ‑ He aquí sus nuevos elementos:

a) Ideal: una vida de trabajo, desprovista de artificio, entregada a la acción y contemplación, libre de las trabas y ataduras del mundo.

b) En cuanto a la forma de gobierno: toda la Orden estará bajo la obediencia de un superior general, dependiente éste a su vez directamente del Papa.

c) La pobreza evangélica: es decir, los miembros de la Orden no podrán poseer cosa alguna ni en particular ni en común.

d) El carácter universal de su apostolado, no restringido a ningún lugar determinado.

c) Por último la práctica de ciertas virtudes particulares, como la humildad, simplicidad, etc.

5. ‑ La Orden de Frailes Menores aunque sujeta a la unidad de régimen, vino a introducir una diferencia fundamental en lo que respecta a la división territorial. Los monasterios de las antiguas órdenes estaban sujetos a lo que se llamó la "stabilitas loci"; es decir: eran independientes entre sí. No así la orden de Frailes Menores. Pronto la vemos dividirse en guardianías regidas por un superior local. La multiplicación de estas residencias, dio lugar a la aparición de lo que se denominó custodias. La custodia por el aumento de religiosos y residencias se transformará en provincia y el conjunto de provincias esparcidas por el mundo se llamará orden. Esta sigue siendo la división y organización territorial actual de las Ordenes Franciscanas.

6. ‑ La Orden Franciscana quedó jurídicamente constituida en 1209.

La herencia que nos legó el Seráfico Padre, no fue la lucha que desde los comienzos de la Orden se entabló entre rigoristas y laxos, observantes y conventuales; por eso, esta historia de debilidades y miserias, no pudo en manera alguna disminuir la gloria de la institución. San Francisco era el hombre de la paz y aconsejó como primera providencia a los superiores ser ellos como siervos, y amar a los frailes con amor de madre.

7. ‑ Como ejemplo estaba su vida, como norma nos dejaba la Regla que todos deberíamos profesar, amar y defender; como perfección, la observancia; como regularización, la obediencia.

La conservación y aumento de esta vida infundida en el cuerpo de la Orden por su Santo Fundador, debería en adelante procurarse no por medios singulares, sino mediante la observancia regular, es decir: por la vigilante actuación de los superiores, para que las leyes se guarden y cumplan fielmente.

8. ‑ El plan concebido por San Francisco estaba ya actuándose; se podrían los hombres desviar en su ejecución, pero en sus líneas esenciales subsistirá siempre.

Fieles a esta consigna, los hijos del Patriarca Seráfico llevaron a cabo una misión verdaderamente providencial de retorno a los principios del Evangelio, en la sencillez y pobreza, bajo la obediencia y sumisión a la Iglesia.

B. ‑ SUCESORES INMEDIATOS DEL SERÁFICO PADRE.

9. ‑ Como se ha dicho, Pedro Catáneo sucedió  a San Francisco en el gobierno de la Orden, siguiéndole fray Elías en el ejercicio del mismo cargo desde 1221. En el Capítulo General de 1227 fue designado para sucederle el Beato Juan Parente Provincial de España y Doctor en leyes por la Universidad de Bolonia.

10. ‑ De nuevo en 1232 fray Elías fue reclamado por sus admiradores para regir la Orden y aclamado por General de la misma, elección que confirmó el mismo Gregorio IX. A estar al testimonio de Salimbene, "bis praefuit et bis obfuit". El Capítulo General de 1239 presidido por el Papa, decidió  su deposición (+ 1253). En su lugar fue elegido Alberto de Pisa, hombre moderado y culto que dure sólo meses en el gobierno (+ 1240).

11. ‑ En ese mismo año fue designado el valiente y sabio Aymón de Favershan figura de singular relieve por haber impreso a la Orden un radical y decisivo impulso. En el Capítulo de 1239 fue el campeón contra los partidarios de fray Elías provocando su deposición.

12. ‑ Fray Elías había sido en realidad un elemento providencial y útil en la primera hora; mas no bien la Orden tuvo hombres de valía para el gobierno, resultó ser un peligro para la misma, en cuanto que la conducía insensiblemente fuera de la Regla. Gracias al clarividente Padre Aymón se conjuró este peligro y se organizó la familia franciscana de modo regular, suprimiendo el lamentable laicato con que gobernara fray Elías.

C. ‑ OPUESTAS INTERPRETACIONES DEL IDEAL FRANCISCANO.

13. ‑ Sobre el punto de observancia regular, naturalmente se pronunciaron dos temperamentos. Los que no perdían de vista el ejemplo de S. Francisco, sus compañeros de fundación y de escuela, tendían a la rigidez. Los que miraban a la Orden y las necesidades de un cuerpo vivo de mucha vitalidad, tendían a las leyes de prudencia acomodaticia. La Orden no era ya una corporación de sencillos y humildes penitentes. El cuerpo franciscano tenía miembros de todas categorías, sabios y humildes. Esto daba pábulo y ocasión a divergencias de criterio acerca de la observancia de la Regla.

14. ‑ Para obviar estas dificultades de orden práctico, el Capítulo de Montpellier, hacia 1241, decidió  consultar a las provincias de la Orden sobre la práctica de algunos puntos dudosos de la Regla. La respuesta de la Provincia de París constituye lo que ha venido a llamarse la famosa interpretación de los cuatro Maestros de París a saber: Alejandro de Hales, Juan de la Rochelle, Eudes Rigaud y Roberto de Bastia.

Diez años antes el P. Juan Parente había logrado de Gregorio IX la declaración de que el testamento del Seráfico Padre, no tenía carácter de obligatoriedad, pero sí la Regla. (Quo Elongati, 1230).

15. ‑ En la interpretación de la Regla se tropezaba con el inciso de "no hacer glosas". De ahí dos tendencias. Unos entendían "sin glosa", a la letra; otros entendían "sin glosa", razonablemente. Este era el temperamento de la Comunidad y aquél el de los llamados Espirituales, que no eran tales por querer una más alta espiritualidad, sino porque creían que el espíritu de la Regla era practicarla "sin glosas". De ahí que dieran ellos en el afán de la libertad espiritual para guardar la Regla en forma más estricta de lo que la practicaba la Comunidad. Este fue el origen de las luchas, que seguramente no fueron de espíritu franciscano.

16. ‑ Muchos, acaso la mayor parte de los Espirituales no eran rebeldes; pero hubo no pocos celantes inquietos, exagerados. Los campeones de esta contienda fueron sin duda hombres bien intencionados, pero en la lucha se entreveraron elementos que no respondían al espíritu de la Orden.

CAPÍTULO II

SAN BUENAVENTURA (1221‑1274)

San Buenaventura de Balneoreggio tiene todos los títulos de nobleza y de prestigio para ser considerado uno de los mayores servidores de la Iglesia, como lo fue de la Orden.

A. ‑ EL DOCTOR SERÁFICO.

1. ‑ Llamábase Juan Fidenza, y a su ingreso en la Orden Franciscana (acontecimiento que tuvo lugar hacia el año 1234) tomó el nombre de fray Buenaventura. En 1248 lo hallamos .en París ejerciendo el magisterio por orden del Ministro General, Juan de Parma; y en 1250, ya licenciado en Teología, pudo dictar sus célebres comentarios al Maestro de las Sentencias, Pedro Lombardo, y explicar la Sda. Escritura hasta 1255, año en que por causa de una violenta persecución promovida por los profesores seglares de aquella Universidad contra las órdenes mendicantes, tuvo que cesar en su cargo.

2. ‑ Pero en 1257, rehabilitadas dichas órdenes de franciscanos y dominicos,  San Buenaventura a la vez que Santo Tomás, recibió solemnemente el grado de doctor, es decir maestro de la Universidad de París (23 de Octubre).

Entre sus discípulos se cuentan eminentes personajes como: Mateo de Aquasparta (+ 1302) y Juan Peckam (+ 1292) ambos insignes teólogos del Sacro Palacio de Roma, aquél cardenal y éste Arzobispo de Cantorbery.

3. ‑ Por su preclaro ingenio y vasta erudición, ocupa junto al Doctor Angélico un lugar de privilegio en la Escolástica medioeval. Se le llama el Doctor Seráfico por la acentuada espiritualidad y el carácter místico de sus escritos. "Alma esencialmente mística, no sobresale tanto en el análisis minucioso y acabado de los problemas como en el arte de concebir y realizar síntesis geniales de doctrina, en lo que supera al mismo Santo Tomás".

B. ‑ EL APOLOGISTA DE LOS MENORES.

4. ‑ Cuando en 1257, habiendo renunciado Juan de Parma, le confiara éste el gobierno de la Orden, contaba San Buenaventura solo 36 años. Permaneció al frente de la misma hasta su elevación al cardenalato (1273). Mereció el título de segundo fundador de la Orden por sus sabias directivas.

5. ‑ Su plan de acción consistió ante todo en combatir a los enemigos del ideal franciscano y establecer una práctica común de la Regla.

En 1250 Guillermo de Saint Amour, (+ 1272) Maestro de la Universidad de París encabeza una fuerte oposición que se hacía sentir contra los Menores; esta oposición provenía del clero y de las principales órdenes religiosas. San Buenaventura asume con dignidad y valentía la responsabilidad de la defensa en contra de los detractores de la vida y actividad franciscanas, terminando el enojoso conflicto con la condenación de Guillermo (Bula "Romanus Pontifex'', 1256).

C. ‑ EL ORGANIZADOR GENIAL.

6. ‑ El gran prestigio de que gozaba y el noble espíritu del Ministro General, ganaba la voluntad de todos, No se atrevían a combatirlo ni siquiera los mismos que parecían avezados a luchar contra la autoridad.

"La obra de San Buenaventura se caracteriza por un exquisito sentido de moderación y equilibrio".

7. ‑ El impulso que recibió la Orden bajo el gobierno de San Buenaventura fue enorme. Supo conducirla con suma habilidad y tacto por la senda de una estricta observancia al par que en consonancia con las nuevas necesidades. "Consciente de las exigencias científicas y doctrinales del apostolado, defiende el estudio mirándolo como medio indispensable de predicación y de trabajo; trabajo el más cargado de sacrificios, más espiritual, más difícil y menos remunerado de todos; y lo une sin esfuerzo a la rigurosa pobreza".

8. ‑ Aunque San Francisco no puso la ciencia entre los medios de acción necesarios a la Orden, la ciencia se ha establecido en ella por la fuerza de las cosas y su desenvolvimiento no contradice la Regla. He aquí el punto de vista bonaventuriano.

De esta manera no es extraño que muy pronto los Frailes Menores se destacaran en el estudio de las ciencias, en el apostolado popular y en el campo de las misiones. La producción literaria del Santo sobre espiritualidad y formación, condujeron a una mejor comprensión y más fácil realización del ideal seráfico.

9. ‑ Procuró San Buenaventura lograr la unión completa de la Orden, y conociendo la influencia que ejerce en las conciencias la literatura y las tradiciones escritas, ordenó en un Capítulo General (1260) recoger todos los escritos que trataban de la historia del Santo Fundador, sobre todo las Leyendas de Tomás de Celano que daban lugar a contiendas, y se encargó de redactar una leyenda oficial. Con este fin realizó largos viajes, consultó con los principales compañeros de S, Francisco nos dio sus leyendas Mayor y Menor, escritas con una erudición y estilo verdaderamente seráficos.

10. ‑ En lo que respecta al gobierno de la Orden, las constituciones de Narbona (1260) aprobadas en el Capítulo de 1262, formaron época en la Orden y fueron la base de una legislación eminente.

En los 17 años que duró su gobierno, dio  una firme estructura a la Orden, combatiendo todo cuanto contribuyera a la deformación de la vocación franciscana. San Buenaventura interviene en el preciso momento en que dos fuerzas antagónicas iban desfigurando los ideales de San Francisco.

11. ‑ En 1273 Gregorio X lo honró con el capelo cardenalicio. Dícese que al traerle los delegados del Papa el capelo, lo encontraron lavando platos en el convento. Fue el alma del Concilio de Lyón donde apareció como faro providencial siendo el lazo de unión, aunque temporal, de los griegos con la Iglesia occidental.

12. ‑ Falleció durante el Concilio, el 15 de julio de 1274.

Fue honrado con un espléndido funeral en que predicó la oración fúnebre Pedro de Tarantasia, más tarde elegido Papa con el nombre de Inocencio V. Asistieron: el Papa, Jaime I el Conquistador, rey de Aragón y el personal del Concilio.

Sixto IV le colocó en el catálogo de los santos en 1482 y en 1587 fue inscripto entre los principales doctores de la Iglesia.

CAPITULO III

LOS ESPIRITUALES

El siglo que siguió a la muerte del Seráficos Doctor se considera como uno de los más penosos para la Orden franciscana. Mientras los Papas dan a la Regla interpretaciones que buscan fortalecer la unidad, el descontento crece entre la Comunidad y los Espirituales. Estos luchan con denuedo porque se les permita observar con libertad la Regla interpretada a su manera; aquellos proponen una observancia más benigna.

A. ‑ EL ABAD JOAQUÍN DE FIORE (1145‑1202).

1. ‑ Profeta muy audaz si se tiene en cuenta la naturaleza de sus predicciones; el más peligroso de los heresiarcas si se saca de sus obras auténticas su conclusión lógica, a saber: la decadencia de la Iglesia; el más dulce de los cristianos por la gracia infantil de su leyenda. Dante coloca al profeta calabrés entre los grandes místicos cristianos. En algunas regiones de Italia se le venera e invoca.

2. ‑ Hombre de acendrada piedad, aunque de poco criterio, de .escasa ciencia teológica, dotado de una imaginación exaltada, sentía muy poco aprecio por la Escolástica y el Derecho Canónico. Predecía la regeneración de la Iglesia la cual alcanzaría su "tercera edad" merced a la aparición de nuevas órdenes religiosas.

3. ‑ En el seno de la Orden Franciscana se agitaba: la cuestión joaquinista. Se ha mezclado este tema con la historia franciscana, pero aún dado que hubieran existido frailes joaquinistas como Hugo de Dina y Hubertino de Casale, no deben confundirse ambos conceptos, porque los Espirituales joaquinistas seguían esta corriente, más que por las doctrinas del Abad Joaquín de Fiore, por la que les favorecía el movimiento por éste producido, respecto a un próximo estado de predominio espiritual.

4. ‑ San Buenaventura dio  a los joaquinistas de la Orden un golpe severo encarcelando a perpetuidad a los principales corifeos, factores del Introductorio al Evangelio eterno, obra escrita por Gerardo de Borgo San Donnino. La observancia de la altísima pobreza como medio de purificación espiritual de ese estado nuevo, no podía me(los de halagar a los Espirituales. De otro modo no podría entenderse la admiración, que lo mismo en el B. Juan de Parma que en Pedro Juan Olivi, motivó el joaquinismo, no como sistema teológico, sino como tendencia purificadora.

De entre los franciscanos no faltaron quienes se creyeran elegidos para realizar la tercera edad del espíritu predicha por Joaquín de Fiore.

B.‑ FIGURAS REPRESENTATIVAS ENTRE LOS ESPIRITUALES.

5. ‑ Los principales representantes del grupo de los Espirituales son: Pedro Juan Olivi (+ 1298) Lector en París y poco después en Florencia. En Avignón tomó a su cargo la defensa de los Espirituales quienes veneraban como a su profeta, hombre de santa vida y uno de los más grandes doctores de la Orden. Depuró en parte las doctrinas del Abad Joaquín.

6.‑ Ángel Clareno (+1137) por sostener obstinadamente sus doctrinas, sufrió muchas pruebas y persecuciones. Los clarenistas lograron obtener durante algún tiempo cierta autonomía, y sobrevivieron hasta el pontificado de San Pío V. En su "Historia Septem tribulationum Ordinis Minorum" enaltece la memoria de los jefes del movimiento de los Espirituales, e interpreta con parcialidad la vida y hechos del Seráfico Padre.

7. ‑ Hubertino de Casale (+ 1330). Carácter complicado, obraba más por pasión que por devoción. Sostuvo con hábil y fogosa dialéctica los ideales espirituales. Sir obra: "Arbor crucifixae vitae Jesu", es una verdadera apología del joaquinismo. Después de sostener una porfiada lucha contra lo que él consideraba relajaciones de la comunidad, obtuvo del Papa Juan XXII licencia de pasarse a los Benedictinos, ignorándose si efectivamente realizó su propósito.

C. ‑ EL FIN DE LOS ESPIRITUALES.

8. ‑ En la época de Juan XXII y siendo a la sazón Ministro General de la Orden Miguel de Cesena, (ambos elegidos en 1316) terminaron las luchas relacionadas con el conflicto surgido entre los Espirituales y la Comunidad. Con el propósito de conservar la unidad de la Orden, Juan XXII rechazó en la Bula "Quorumdam" las exigencias y pretensiones de los Espirituales (7 de Octubre de 1317).

9. ‑ Los rebeldes bajo sus distintas denominaciones (Fraticelos etc.) fueron condenados en la Bula "Sancta Romana" (30 de Diciembre de 1317), mientras con la Bula "Gloriosam Eclesiam" (23 de Enero de 1318), daba el golpe de gracia al último reducto de los Espirituales en Sicilia. En el seno de la Orden se suceden todavía las alternativas de la lucha en torno a la pobreza.

10. ‑ Ciertas declaraciones hechas por el Capítulo de Perusa celebrado en 1322, dieron motivo a que el Papa considerase el tema desde el punto de vista jurídico, y condenase la doctrina de los espirituales de Perusa en la Encíclica "Ad Conditorem". La crisis que superó la Orden fue la más grave de su historia, pues se llegó a intentar suprimir la ley básica de la familia franciscana. Una nueva prueba tenía que soportar aún la Orden con la deposición de Miguel de Cesena (1328) partidario del príncipe Luis de Baviera, rebelde a la autoridad pontificia y pretendiente ala corona imperial.

11. ‑ Las instituciones como los organismos humanos sufren de algún modo sus enfermedades por las que se conoce mejor el valor de la salud que por otra parte se ha gozado. Integrada por hombres, debió sentir la Orden las alternativas y fluctuaciones a que está sujeta toda sociedad. Pero nada pudo ni podía extinguir el ideal substancial que cual antorcha todavía clarea en el cielo de la historia señalando la ruta que trazó a sus hijos el renovador de su edad, precursor de la nuestra, San Francisco de Asís.

12. ‑ Por lo demás, debemos considerar que, las adversidades que soportó la Orden Seráfica de parte de los Espirituales, fueron también providenciales fuera de sus excesos, porque servían de freno para que la relajación no cundiera, interesando órganos vitales de existencia. El estímulo que despertaban los que eran llamados rebeldes, era conservador; hacía falta para que no degenerara todo el cuerpo.

No obstante estos graves y lamentables sucesos que se venían sucediendo en la vida interna de la Orden Franciscana, en lo exterior ganaba prestigio, llevando al mundo la luz y el ejemplo de Cristo.

CAPÍTULO IV

LOS FRANCISCANOS EN EL SIGLO XIII

Una vez asegurada su existencia como Institución, la Orden desplegó sus energías en el campo del apostolado y de la ciencia. Muy pronto hallamos a los Frailes Menores esparcidos por todo el mundo ejerciendo los más dispares oficios; provenían de todas las categorías sociales y estaban preparados y dispuestos para toda clase de actividades. Después del Capítulo de las Esteras se diseminaron por toda Italia mientras se extendían rápidamente por Francia, España y Portugal. Las crónicas de Jordán de Jano y Tomás de Eccleston, hablan ya de las actividades apostólicas de los Frailes Menores en Alemania e Inglaterra en 1221 y 1223 respectivamente. Treinta años después de su fundación vemos a la Orden Minorítica extendida por toda Europa, y a sus preclaros hijos ejerciendo su influencia y magisterio en las Universidades y principales centras de cultura.

A. ‑ DIGNIDADES ECLESIÁSTICAS.

1. ‑ San Francisco pensó siempre que era su deber principal la misión dentro del seno de la Iglesia. La Orden se estableció para servicio de la Iglesia, y por eso desde el principio de su existir comenzó a dar frutos selectos para gloria de Dios. Aunque nos dio  el nombre de Menores según su espíritu, obedeció las indicaciones del Cardenal Hugolino cuando éste le hizo ver que la Iglesia necesitaba de sus frailes para el bien del pueblo y defensa de la Esposa de Cristo.

2. ‑ En 1245 dos son los Frailes Menores promovidos al episcopado; en la época del Concilio de Viena (1331) sumaban cincuenta y seis. En el primer siglo de existencia la Orden había dado ala Iglesia 194 entre obispos y cardenales. Ejercieron de capellanes, de predicadores y de penitenciarios papales. Fueron honrados con la púrpura cardenalicia: San Buenaventura, jerónimo de Áscoli, Mateo de Aquasparta, etc.

3. ‑ Franciscanos fueron los Pontífices: Nicolás IV (gobernó desde el 1288 al 1292), Alejandro V (1409‑1410)[1], Sixto IV (1471‑1484), Sixto V (1585‑1590) y Clemente XIV (1769‑1774).

En todo el tiempo de vida franciscana comprendidas sus tres ramas, hasta nuestros días, se cuentan más de 90 cardenales y sobre 2.500 obispos, arzobispos y patriarcas.

4. ‑ En vista del buen resultado que daban los franciscanos en tales puestos, tuvieron los Papas necesidad de imponer la ley de obediencia para que los aceptaran, como ocurrió con Gautier de Bruges, el celoso obispo de Poitiers que se opuso como muro de bronce a las pretensiones de Felipe el Hermoso de Francia contra la autoridad de la Iglesia.

B.‑ AL SERVICIO DE LA IGLESIA.

5. ‑ En la época calamitosa para la Iglesia, después de la renuncia del Papa S. Celestino V y la elección de Bonifacio VIII, es cuando se vio mayor que nunca el espíritu de amor al Papado y a la Iglesia, de nuestros grandes hombres. Los franciscanos Aquasparta, Vital de Tour, Beltrán de la Turre, fueron apoyo firme y resuelto de Bonifacio VIII y Clemente V. La Iglesia halló siempre en ellos eficaces colaboradores en el desempeño de importantes misiones diplomáticas.

6. ‑‑ Urbano IV en 1263 enviaba al Oriente cuatro franciscanos a petición de Miguel Paleólogo. El objeto era realizar la unión de la Iglesia de Oriente con Roma que al cabo se logró en el Concilio de Florencia (1439) por obra sobre todo de Guillermo de Casale, San Bernardino de Sena y Alberto de Sarteano.

7. ‑ No podemos menos de recordar lo que decía Gregorio IX al comienzo mismo de la Orden: "Christus in fratrum Minorum Ordine nascitur et salutem innumerae multitudinis exemplo, doctrina et miraculis operatur" (Waddingo, II, 353).

C.- LA CIENCIA FRANCISCANA.

8. ‑ Conforme la Orden se glorificaba con el apostolado y con los altos cargos, se cubría de prestigio mediante el cultivo de la ciencia.

Ya en tiempo de San Francisco existían las Universidades de Bolonia, París y Oxford, y en ellas florecía la ciencia franciscana de manera maravillosa.

9. ‑ Con el gran taumaturgo de Padua (+ 1231) tuvo principio en la Orden Franciscana el magisterio de la ciencia teológica. Con aprobación del Santo Fundador, explicó la ciencia sagrada a los frailes en sus propios conventos. Así se expresaba nuestro Santo Padre en una carta dirigida a San Antonio.

"A Fray Antonio mi obispo, Fray Francisco. Salud:

Me complazco en que tú enseñes la Sagrada Teología a los frailes, siempre que por el estudio, no se apague en ti ni en ellos el espíritu de la santa oración y devoción, según lo prescribe la Regla que profesamos. Adiós".

10. ‑ Al ingresar S. Antonio a la Orden Seráfica, era ya poseedor de una vasta cultura bíblica, teológica y científica. En cuanto al fondo de su formación doctrinal, se nota en él una marcada tendencia hacia las fuentes agustinianas, sin duda en gracia a la influencia ejercida por sus maestros dé Coimbra. He aquí la razón que explica porqué desde los comienzos del movimiento, los Doctores de la Escuela Franciscana con San Buenaventura a la cabeza, se sintieron fuertemente atraídos por el Águila de Hipona.

11. ‑ Esa tendencia inicial adquiere características bien definidas en la obra del Doctor Seráfico.

La Orden prestó su concurso a la ciencia medioeval con las investigaciones y profunda erudición de sus grandes doctores como: Alejandro de Hales (t 1245), Escoto (el Doctor Sutil + 1308), Rogerio Bacón (+ 1292), Juan de la Rochelle (+ 1245), Eudes Rigaud, Juan Peckam (+ 1292), Mateo de Aquasparta (+ 1302), Guillermo de la Ware, Guillermo de Ockam (+ 1350), Guillermo de la Mare (+ 1298), autor del "Correctorium fratris Thomae", en el que el autor reúne e impugna unas 118 proposiciones del Angélico, tomadas casi todas de la Suma Teológica; Pedro de Áquila (+ 1348), etc.

D. ‑ APOSTOLADO.

12. ‑ La Orden de Menores cumplió fielmente la consigna evangélica "ite et docete omnes gentes''; la Iglesia por su parte habilitó a los frailes para ejercer legalmente el oficio de predicadores. Una pléyade de predicadores famosos se distinguieron en el primer siglo del franciscanismo.

13. ‑ No faltaron los modelos de predicación tanto erudita y en latín como del género popular y en romance. Tales fueron entre otros muchos: San Antonio, San Buenaventura, Hugo de Dina, Gualberto de Tournai, Buenaventura de Jesi, Odón de Rigault, Bertoldo de Ratisbona, Conrado de Sajonia, Aymón de Favershan, etc.

CAPITULO V

LOS OBSERVANTES

A.‑ HACIA LOS PRIMITIVOS IDEALES.

1. ‑ Según crecía la Orden en gloria humana, se alejaba de la primitiva sencillez franciscana. El plan de la Providencia tuvo para esto un remedio: el espíritu de perfecta pobreza, pobreza que prendió  en los Espirituales quienes temerosos de que París matara a Asís, frenaban contra la ciencia hinchada y la opulenta vida.

2. ‑ Los siglos XIII y XIV fueron de lucha por la reforma. No se puede negar que aquellos primeros predicadores de la vuelta a la sencillez y simplicidad, fueron varones de sanas tendencias. El empeñoso afán pudo producir estridencias y hasta dolorosos episodios. El mismo Ángel Clareno fue un excelente religioso, y algunos han querido afirmar que hasta recibió honores de Beato. Los desmanes de los Fraticelos no fueron suyos, que nunca incurrió en herejía. Había en él debilidad de carácter para oponerse al movimiento herético de sus amigos. Recibía toda clase de candidatos sin selección, y dentro de su parcialidad se profesaron grandes herejías.

3. ‑ Sin embargo, de aquel grupo clarenista nacieron los primeros verdaderos reformadores. Gracias a éstos perduró el espíritu franciscano en su pureza, y vino a formarse la Observancia a la que más tarde dio  alma y sostén S. Bernardino de Sena (1380‑1444).

4. ‑ La Observancia se consolida merced al decisivo prestigio que ejercen sus "cuatro columnas" llenando el siglo XV con el aroma de su santidad y el brillo de su saber: además del ya citado gran apóstol del Santo Nombre de Jesús; San Juan de Capistrano distinguido jurisconsulto; el santo magistrado Santiago de la Marca y el humanista Beato Alberto de Sarteano.

B. ‑ SAN BARTOLOMÉ DE BROGLIANO.

5. ‑ En 1334 apareció el Beato Juan del Valle, quien con permiso del Ministro General, se retiró con cuatro compañeros a San Bartolomé de Brogliano, cerca de Foligno. El Beato llevó allí vida retirada bajo la obediencia de los Superiores, hasta su muerte acaecida en 1359. Uno de los discípulos del Beato Juan del Valle, el hermano lego Gentil de Espoleto, dio  grande impulso a la naciente reforma. En 1350 ésta tenía en su poder también el eremitorio "delle Carceri". El Papa facultó a Gentil para recibir novicios con independencia de la autoridad de los provinciales.

6. ‑ Los privilegios que logró fueron causa de que se malograra su intento, pues con el afán de tener novicios recibía aún a los apóstatas y herejes. Estos eran verdaderos fraticelos, que so pretexto de privilegios pontificios, procuraban sus fines parciales y personales. Por eso, en 1355, Inocencio VI encarceló a Gentil de Espoleto con otros secuaces.

7. ‑ No obstante, Pablo de Trinci (Paoluccio) se mantuvo fiel al ideal, y en 1368 obtuvo nuevo permiso de volver al eremitorio de Brogliano, donde llevó vida ejemplar y austera. Brogliano era lugar áspero y lleno de serpientes. Para librarse de sus mordeduras comenzaron a usar sandalias de madera (zoccoli); de ahí que por mucho tiempo los observantes se llamaran zoccolanti.

8. ‑ De tal manera prosperó la acción de Trinci, que fueron multiplicándose los frailes reformados; en 1373 pudieron contar con unas diez residencias y más tarde se posesionaron hasta de S. Damián.

Paoluccio, honrado por el Ministro General Enrique Alfieri, que en 1388 le había nombrado Comisario General con facultad de reformar casas en las Marcas de Ancona, y de enviar religiosos reformadores a otras Provincias, murió el 17 de Setiembre de 1390.

9. ‑ A Trinci siguió en el cargo Juan de Estronconio que ejerció prudente moderación y trabajó eficazmente para la extensión de la reforma.

A todo esto, debe recordarse que muchos ministros provinciales resistían a este conato reformador; pero el movimiento iba creciendo y en 1414 tenía nada menos que 34 casas, quedando también a su cargo la Porciúncula (1415) con obligación de entregar al Sacro Convento de Asís las oblaciones que se hicieran a la Santa Capilla.

De los 200 miembros que entonces contaba esta reforma, la mayor parte eran legos; pero en 1402 al ingresar en el movimiento S. Bernardino de Sena, todo cambió de aspecto.

10. ‑ Hacia esta época se advierte en la Orden una clara distinción entre Conventuales y Observantes. "El nombre de Conventuales que había servido hasta entonces para distinguir a los frailes que habitaban en conventos de los que moraban en eremitorios, se aplicó desde el siglo XV a los que no aceptando la reforma admiten la propiedad en común y el usufructo de rentas y de fondos. El nombre de Observantes designa en cambio a los religiosos que en materia de pobreza no admiten mitigación ni dispensa alguna".

C. ‑ SAN BERNARDINO DE SENA. (1380‑1444).

11. ‑ Desde que éste insigne futuro apóstol tomó el hábito en Colombaio, una nueva vida vigorizó aquella reforma. San Bernardino con S. Juan de Capistrano (+ 1456), Santiago de la Marca (+ 1476) y Alberto de Sarteano (+ 1450), fueron las columnas providenciales para que se constituyera aquella agrupación de frailes sencillos en corporación robusta con el nombre de Observantes. Desapareció el nombre de Paoluccio y se consideró a S. Bernardino de Sena como fundador de la Observancia. Ya no podía dudarse del triunfo de esta reforma.

12. ‑ A fines del siglo XIV existían ya casas reformadas en tres provincias españolas. No es nuestro propósito hacer historia de sus detalles.

Pero es notorio que este movimiento de la Observancia había ya cundido ampliamente en España: Medina del Campo, Arévalo, Sahagún, Salcedo, etc. Son allí célebre; reformadores Pedro de Villacreces, S. Pedro Regalado, Fr. Pedro de Perusa, S. Diego de Alcalá y fray Francisco Giménez de Cisneros, el célebre cardenal regente de España.

13. ‑ En Francia ya desde 1358 comenzó esta reforma en Borgoña, Aquitania y Tours sobre todo.

El Concilio de Constanza decidió  la creación de Vicarios Generales y Provinciales para la Observancia, los cuales debían ser confirmados en su cargo por los Superiores Conventuales.

D. ‑LA BULA «ITE ET VOS».

14. ‑ Mucho se había hecho en pro de la unión y armonía entre Conventuales y Observantes en tiempos de Nicolás V (su pontificado va desde 1447 a 1455) y de Calixto III (1455 a 1458). Ni aun con la Bula "Concordiae” (1456) se logró cosa alguna. En tanto los Conventuales iban logrando nuevos privilegios, durante el gobierno del Ministro General Sansón (apodo del P. Francisco Nani de Brescia, (+ 1499).

15. ‑ Por último no hubo otro remedio que proceder a la separación definitiva entre Conventuales y Observantes, que llevó a cabo León X en 1517 con la Bula "Ite et Vos" (29 de Mayo); Bula que bien puede llamarse de unión o de separación. El Ministro General Observante tendría en adelante el derecho de confirmar en su cargo al Maestro General de los Conventuales. Sin embargo, prácticamente los Conventuales nunca se resignaron a pedir a los Observantes la confirmación de su Superior, al que denominaron indistintamente, ya Maestro, ya Ministro General.

16. ‑ Todos los reformados de las distintas provincias y naciones se fusionaron, adoptando la denominación de Frailes Menores de la Regular Observancia. La Bula de León X unía de este modo en un nuevo organismo independiente las congregaciones reformadas de los amadeitas, coletinos, clarenos, etc. Quedaban así oficialmente constituidas dos familias franciscanas: los Conventuales y los Observantes,

17. ‑ Con el andar del tiempo la Observancia sufrió a su vez diversos procesos de renovación. La misma reforma capuchina tuvo su origen en la Observancia. Otras se llevaron a cabo en Italia, Francia y España: Alcantarinos, Recoletos y Reformados respectivamente. León XIII por la Encíclica "Felicitate quadam", (4 Oct. 1897) reunió estas distintas familias observantes bajo la denominación común de Frailes Menores, a los que Pío X llamará más tarde: Frailes Menores de la Unión leonina, (Bula "Septimo iam Pleno", 4 Oct. 1909).


 

[1]   Este franciscano llamado Pedro Philargi fue elegido Papa en el Concilio de Pisa (1409) durante el gran cisma de Occidente. Es el tiempo en que hallamos tres Papas contemporáneamente.