LA LUCHA DE LOS CAPUCHINOS CONTRA LA ESCLAVITUD DE LOS NEGROS EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII

Gregorio Smutko, ofm. cap.

 

 

 

¿Cuál fue la actitud de la Iglesia frente a la esclavitud? Combatiéndola, algunos Capuchinos tuvieron que enfrentarse no sólo con los intereses de los grupos de poder de la época, sino también con las opiniones de muchos teólogos y con las reticencias de la Iglesia.

ANTECEDENTES

Los preparativos para celebrar el aniversario del "descubrimiento" de América han ocasionado muchas reflexiones sobre el papel de la Iglesia Católica en el Nuevo Mundo.

Un error popular es pensar que Bartolomé de Las Casas luchó para liberar a los Indios de la esclavitud pasando ese yugo intolerable a los negros de África. Es más realista decir que la esclavitud de los negros fue introducida antes de la liberación de los indios para suplantar la mano de obra barata de éstos, en lugar de reponerla.

En 1504 los primeros esclavos negros y blancos fueron llevados al Nuevo Mundo con la aprobación del Rey de España. En el año 1517, Las Casas compareció ante el trono de Carlos V implorando el fin de la esclavitud de los Indios, para salvar a los que quedaban.

En América, el comercio fuerte de esclavos procedentes de África comenzó en 1518.

De hecho, los indígenas sufrieron el yugo de la esclavitud por varios siglos más. Solamente las minas de plata de San Luis de Potosí quemaron ocho millones de vidas indígenas, en tres siglos, forzadas a este suplicio contra su voluntad, aunque supuestamente no existía la "esclavitud" entre los indios. Hasta el siglo XVIII los españoles acarreaban indios desde grandes distancias y los obligaban a suplantar a los millares y millares que las minas tragaban cada año. Según un misionero dominico, eran tratados "como animales sin dueño" hasta que morían. Generalmente, duraban sólo cuatro años antes de ser envenenados por el mercurio usado en la extracción de la plata o por los gases tóxicos, en las entrañas de la tierra.

En otras partes, desde el año 1536, centenares de miles de indios fueron otorgados, con sus hijos, a las encomiendas, y obligados a trabajar la tierra por el dueño español. Este tipo de "libertad" continuó hasta el siglo XVIII3.

Entre 1518 y 1873 (fecha de la abolición de toda esclavitud en las Américas), no menos de 9.5 millones de negros Áfricanos fueron sometidos al suplicio inhumano de la esclavitud. La lucha de los frailes Capuchinos contra esta enorme y poderosa institución económica fue cual si unas pocas hormigas atacaran a una manada de elefantes. Pero la convicción de la inmoralidad del sistema les llevó a ser fieles a sus conciencias, a pesar del riesgo de ser aplastados por el furor del sistema.

¿Cuál fue la actitud de la Iglesia frente a la esclavitud durante este período? ¿La esclavitud fue promovida, tolerada o condenada? En nuestros días, un siglo después de la abolición de la esclavitud, la inmoralidad de esta institución es obvia y nadie trata de defenderla. No fue así en el siglo XVII. Los dos Capuchinos desconocidos, como el pequeño David, se enfrentaron con un batallón de gigantes teólogos que defendieron la legitimidad de la esclavitud. Los dueños de los esclavos podían citar a los doctores de la Iglesia como san Agustín y santo Tomás de Aquino, quienes aceptaban la esclavitud como consecuencia del pecado. También se aceptaba que la pena de muerte de un criminal podría ser conmutada en esclavitud, y que los paganos tomados prisioneros en una "guerra justa" podían ser esclavizados.

Los principales teólogos del siglo XVII defendieron de una manera u otra la esclavitud. Los más importantes fueron: Antonio Diana, Tomás Sánchez, SJ, Luis de Molina, SJ, Fernando Robello, SJ, y Diego Avendaño, SJ. Probablemente, el teólogo más influyente de este período fue Luis Molina, SJ (15361600). Su tratamiento del tema es también el más completo. Describe detalladamente las trampas, los fraudes y la crueldad involucrada en cazar y capturar a los inocentes habitantes de África y de la India, para venderlos como esclavos. Pondera los argumentos en defensa de la esclavitud, pero prefiere la opinión de que la esclavitud es injusta y que todos los involucrados en ella están en peligro de la condenación eterna. Molina sugiere que el rey, su consejo, y el obispo de Cabo Verde y Santo Tomé examinen las opiniones y lleguen a una solución. A pesar de todo eso, Molina concluye que los dueños de los esclavos, especialmente los españoles en el Nuevo Mundo, pueden mantener sus esclavos con una conciencia tranquila, si no tienen pruebas de que los esclavos fueron injustamente esclavizados. Pero confiesa que para esto las pruebas son raras.

Otro jesuita, Fernando Robello (15461608), describe los horrores que ocurrían en las naves de esclavos, donde, por ejemplo, en una sola noche, 130 de los 400 esclavos se sofocaron en las bodegas miserables. Casi todos los teólogos del período siguen el ejemplo de Molina: condenan la injusticia e inhumanidad del tráfico de esclavos, pero no concluyen de ahí que los dueños de los esclavos tengan la obligación de darles libertad.

Parece que estos teólogos reflejan la actitud frente a la esclavitud en la América del siglo XVII. Como vamos a ver, Fray Epifanio de Moirans cita ampliamente y refuta enérgicamente a estos teólogos, primero desde el púlpito y, después, por escrito, desde su prisión.

Este ensayo no pretende ser un estudio exhaustivo del tema, sino una muestra de lo que hicieron algunos Capuchinos en el Caribe, en Sudamérica, en España, en África y en Roma, para combatir la esclavitud de los negros. Tenemos en cuenta también algunos de los esfuerzos frustrados del Vaticano para combatir la esclavitud.

Vamos a limitarnos a los siguientes casos:

1. Francisco José de Jaca y Epifanio de Moirans, en el siglo XVII.

2. Girolamo Merolla da Sorrento, en los siglos XVII - XVIII.

3. La Curia General de los Capuchinos, en el siglo XVII.

4. Los Capuchinos en Venezuela y Colombia, en los siglos XVII y XVIII.

1. Francisco José de Jaca y Epifanio de Moirans, en el siglo XVII

Francisco José nació en Jaca, provincia de Huesca, España, alrededor del año 1645, y entró a la orden Capuchina en 1665. En 1676 laboró como misionero entre los indios, en los Llanos de Venezuela y también en Cartagena de Indias, y en el año 1681 se traslada a la isla de Cuba. En una misión predicó al pueblo que "los esclavos eran libres" por derecho divino, y que era contra la ley de Dios tener esclavos. Los señores de los esclavos se quejaron ante el Gobernador, quien ordenó la captura de Fray Francisco.

Durante el proceso contra el P. Francisco (1681-1682), éste escribió un libro para defender su posición: Resolución sobre la libertad de los negros y sus originarios, en el estado de paganos y después ya cristianos. Fue deportado como prisionero a España, en 1683. Del convento de Cádiz fue llevado a Sevilla y después al convento de su Orden en Valladolid. En 1684 es hecho prisionero nuevamente y llevado a Madrid. Fue la segunda vez que las autoridades violaban la inmunidad eclesiástica de la que gozaban los religiosos.

Según el historiador José Tomás López García, los documentos oficiales de la Orden Capuchina se equivocan cuando afirman que Fray Francisco murió en el convento de Daroca en 1686, a los 41 años de edad. Los archivos de Propaganda Fide en el Vaticano guardan una carta del intrépido defensor de los esclavos, escrita dos años después de su supuesta muerte, indicando que fue capturado otra vez y encarcelado en Madrid. No sabemos por cuánto tiempo estuvo preso, ni cómo murió. ¿Habrá sellado con su sangre su testimonio contra la esclavitud? ¿Fue aplastado por el enorme sistema económico, sordo a los gritos de los esclavos y ciego a los argumentos de la moral y de la teología? No lo sabemos.

Fray Epifanio nació en 1644 en Moirans, un pequeño poblado cerca de Besanzón, en Francia. Se fue con Buenaventura de Courtra y otro sacerdote Capuchino, a la labor apostólica en toda la cuenca del Caribe. Mientras él estaba en Cumaná, Venezuela, el gobernador lo tomó preso "con grillos" por haber denunciado sus negocios irregulares con esclavos. Así, a partir de 1681, las vidas de los dos Capuchinos corrieron paralelas en sus convicciones, en sus sufrimientos como profetas de la libertad, en sus escritos contra la esclavitud, en sus procesos judiciales, en su suspensión y excomunión y en sus tempranas muertes.

El documento inédito del Archivo General de Indias de Sevilla contiene el "Expediente" del proceso jurídico contra los dos profetas. La acusación contra ambos fue que ellos "no solamente proclamaron la libertad de los negros, sino que llegaron a rehusar la absolución sacramental a todos aquellos que no prometían en la confesión dar libertad a sus esclavos y pagarles los jornales correspondientes en todo el tiempo que los habían tenido a su servicio". Los acusados no quisieron reconocer la autoridad del juez Provisor, nombrado por el Obispo de Cuba, Jamaica y Florida, para juzgarles, insistiendo que, en estos casos, estaban sujetos solamente al Papa y a la Sagrada Congregación de la Propagación de la Fe, por ser Capuchinos y "Misioneros Apostólicos". Entonces fueron suspendidos de confesar y predicar y excomulgados por el obispo, el 3 de diciembre de 1681. A pesar de las amenazas de denunciarlos al Consejo Real, los acusados continuaron firmes en sus convicciones. En vista del aumento de las quejas de los dueños de esclavos y de los oficiales reales contra los dos Capuchinos, el Provisor los hizo llevar por la fuerza al Hospital de San Juan de Dios en calidad de detenidos, para imponerles silencio.

Durante tres tristes años, los presos sufrieron persecución continua a causa de sus convicciones, no solamente por parte de los dueños de los esclavos, sino también por parte de las autoridades eclesiásticas. Humanamente hablando, hubiera sido fácil para ellos "arrepentirse" para ganar su libertad y continuar su labor. Lejos de eso, ellos continuaron firmes en su posición y cada uno escribió un libro contra la esclavitud. Además, ellos declararon que las autoridades estaban automáticamente excomulgadas, por restringir su libertad y tratar de juzgar a los Misioneros Apostólicos, quienes estaban sujetos solamente al Papa y a la Propaganda Fide. Claro que esta posición fue considerada no sólo poco respetuosa, sino aun peligrosa.

Los Capuchinos abolicionistas permanecieron presos hasta que fueron enviados a España, para ser juzgados. El Consejo de Indias censuró lo irregular del procedimiento contra los Misioneros en Cuba y, una vez en España, los frailes denunciaron su caso a la Santa Sede. La Sagrada Congregación de Propaganda Fide iba diferiendo una y otra vez la decisión, por tratarse de una cuestión de suma gravedad, no solamente por la exención de los frailes regulares, sino especialmente porque implicaba el cuestionamiento de los fundamentos de la esclavitud en el imperio español. Además, el caso llegó a oídos del Emperador.

Carlos II y el caso de los abolicionistas

El memorial del padre Francisco José de jaca llegó a manos del Emperador por medio de su confesor. El se inquietó por el asunto y ordenó al Consejo de Indias estudiar el caso. Como cabía esperar, el Consejo reafirmó la necesidad de la esclavitud de los negros: "pues sin ella toda América vendría a la ruina". La lista de atrocidades que sufrieron los esclavos, los argumentos de razón y de teología, el reclamo a los derechos humanos, presentados tan claramente por el padre Francisco, no fueron tomados en cuenta. Fue el factor económico el que decidió la cuestión. La Madre Patria tenía que seguir recibiendo riquezas fabulosas de América Latina, no importando la miseria inhumana causada a millones de personas. La historia se repite. Hoy, los países más industrializados no consideran los argumentos de los documentos de la Iglesia y las reuniones reiteradas de UNCTAD sobre la injusticia del sistema internacional de economía y el reclamo de reformas. Es el factor económico el que lo decide todo. Como ha notado Juan Pablo II, los países más industrializados siguen aumentando sus riquezas, no importando la miseria causada a millones de personas en el Tercer Mundo.

El juicio de los abolicionistas en Roma

A fines del año 1682, los Capuchinos habían ganado el pleito con el obispo de La Habana que, en realidad, no tenía autoridad de encarcelar y juzgar a los frailes, pero quedó abierto el proceso contra ellos en Madrid. El Consejo de Indias pasó el caso al Consejo del Estado. El P. Francisco José se refiere ampliamente a todo eso en su correspondencia a la Sagrada Congregación de Propaganda Fide en febrero y marzo de 1688, dos años después de su presunta muerte, cuando fue encarcelado de nuevo.

El cardenal Savio Millini, Nuncio en Madrid, consiguió que los presos fueran trasladados al Convento de los Capuchinos de Valladolid, para que "en alguna manera salvar a la jurisdicción... y darles algún alivio después de tan largo encarcelamiento".

El P. Francisco José logró enviar a Roma y al Rey un amplio informe de todo el caso, y especialmente un resumen del libro que escribió durante su detención injusta: Resolución sobre la libertad de los negros y sus originarios en el estado de paganos y después cristianos. En su carta al Rey, el P. Francisco José pide "se sirva ver ese alegato con las entrañas piadosas que se hallan en monarca tan católico".

En la primera parte de su informe, los Capuchinos se refieren a los malos tratos que reciben los indios por parte de los encomenderos. En la segunda parte, al modo inhumano como eran cazados los negros en sus propios territorios y después transportados a los mercados como si fueran ganado. Con toda confianza ellos hacen once proposiciones sobre el mercado negro, pidiendo que la Santa Sede prohíba cada una, bajo pena y censura eclesiástica. Son tan amplias que hubieran terminado con la esclavitud de los negros de haber sido puestas en práctica y observadas.

Admiramos la audacia de los dos abolicionistas al desafiar a los poderosos dueños de los esclavos y a todos aquellos teólogos, armados, como David, solamente con su confianza en Dios y la honda de su profunda convicción. Tanto el P. Francisco José como el P. Epifanio refutan ampliamente los argumentos de los teólogos, en sus libros escritos en la cárcel.

La prueba de la calidad de sus argumentos está en el hecho de que fueron absueltos de las acusaciones contra ellos. La Santa Sede nunca dijo que estuvieron equivocados en predicar que la esclavitud es injusta, ni cuando negaban la absolución a los dueños de los esclavos si se rehusaban a liberarlos. Además, en el año 1685, el cardenal Millini escribió al secretario de Propaganda Fide que el padre Parroto, uno de los más grandes teólogos de la Orden de Predicadores, "me dijo haber encontrado muchas cosas que había que reflexionar y ser discutidas atentamente"... en los escritos de P. Epifanio. Como vamos a ver en la próxima parte de este artículo, el caso de Francisco José y Epifanio no fue el único en relación con los reclamos presentados a la Congregación de Propaganda Fide.

A pesar de ser declarados inocentes, Fray Francisco José fue enviado al convento de su orden en Valladolid, y Fray Epifanio al convento de la Segovia, con órdenes de no salir del convento por seis meses, para protegerles de "la envidia política de los mismos Ministros". Al cumplir los seis meses se fueron a sus respectivas provincias. Ellos pidieron regresar a las misiones pero las autoridades civiles jamás podrían dejarles regresar victoriosos a América para continuar su campaña contra la esclavitud, apoyados y fortalecidos por el hecho de ser absueltos por Roma de todos los cargos contra ellos. Fray Epifanio regresó a su patria, donde murió joven, unos años después. Como hemos visto, Fray Francisco José fue preso otra vez en 1688; dos años después de su supuesta muerte, escribió de nuevo a la Propaganda Fide y desapareció de la historia.

Lo que no mencionó López García en su excelente libro sobre los dos Capuchinos es que el General de la Orden, Fray Giambattista da Sabbio, presentó un memorándum a la Propaganda Fide en Roma con once proposiciones, que son las mismas hechas por Fray Epifanio. Fueron aceptadas por el Santo Oficio, que estaba totalmente de acuerdo con sus intenciones. En el año 1686, Propaganda Fide envió estas decisiones a los nuncios, al Obispo de Angola y a otras autoridades de España, con instrucciones de que debían ser puestas en vigor por los sacerdotes y misioneros en sus diócesis (nos referimos a esto con más detalle en la tercera parte de este ensayo). ¿Es posible que las autoridades civiles de España, asustadas por este ataque por parte de la Santa Sede contra tan importante institución económica, decidieran silenciar al autor de las once proposiciones? No lo sabemos.

¿Es posible que los poderes en España juzgaran que la absolución de los Capuchinos por parte de Roma pudiera animar a otros misioneros "subversivos" a predicar contra la Institución, tan necesaria para la economía del Imperio? Tampoco lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que Francisco José y Epifanio desafiaron al sistema económico del Imperio, hicieron temblar a los dueños de esclavos, tanto en España como en el Nuevo Mundo y refutaron a los teólogos defensores de la esclavitud. Dos humildes hijos de Francisco de Asís lucharon fuertemente contra la nefasta institución de la esclavitud. Todavía no se ha ganado la guerra, pero la legitimidad de la esclavitud quedó gravemente herida.

2. Girolamo Merolla da Sorrento en los siglos XVII - XVIII

Ahora la escena cambia al gran Continente donde millones de seres humanos fueron cazados como fieras salvajes, vendidos y transportados a América. Según un historiador, los informes publicados por los misioneros Capuchinos sobre los países costeros del África central-oeste fueron la contribución más importante, proveniente de Italia, para informar a Europa de lo que estaba pasando en África, más abajo del Sahara, en los siglos XVII y XVIII.

Uno de los más interesantes de estos documentos es el libro del Capuchino Fray Girolamo Merolla da Sorrento, Breve e succinta relatione del viaggio nel regno del Congo nell'África meridionale, publicado en Nápoles en 1692. Su descripción de la vida en Soyo, región del Congo, situada en la boca del río Zaire, indica su aprecio entusiasta por los cristianos negros de la zona. Su cariño y profunda amistad con muchos de sus feligreses brilla en muchas partes del libro. La información detallada facilita una evaluación del proceso de cambio religioso y social que se llevó a cabo en esta área. Indica también la extensión y profundidad de la penetración de la fe cristiana en la vida y las costumbres de la élite gobernante del Soyo44.

En su libro, Fray Girolamo inmortalizó una carta escrita por monseñor Cibo el 6 de marzo de 1684, de parte de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide. El arzobispo lamentaba que en el Reino del Congo, todavía continuara el abuso de comprar y vender esclavos, particularmente esclavos cristianos, a los herejes (ingleses). Esta cita recibió amplia publicación en las traducciones en inglés (en 1704) y en francés, que gozaron de varias ediciones. Y ganó mucha fama cuando fue repetida por varios autores e historiadores hasta el siglo XX. Por equivocación, los traductores atribuyeron la carta al cardenal Alderamo Cibo, Secretario del Estado del papa Inocencio XI. En realidad vino de su sobrino, arzobispo Eduardo Cibo, Secretario de la Sagrada Congregación Propaganda Fide.

La carta de 1684 representa una ruptura con el pasado, por parte del Vaticano, respecto al problema moral de la esclavitud. Hasta el siglo XX la única referencia que tenemos a la carta es el libro de Fray Girolamo y otros que lo citan. ¿Qué provocó este cambio? Parece que fue el resultado de una iniciativa extraordinaria de un mulato brasileño, Lourenco Da Silva de Medonca, que se presentó en Roma como descendiente de la familia real de Congo y Angola. El denunció dramáticamente ante Inocencio XI las crueldades del comercio atlántico de esclavos. El arzobispo Cibo colaboró en el testimonio de Da Silva, añadiendo más detalles horribles de los castigos sufridos por esclavos desobedientes y las injusticias involucradas en su compra. Los Capuchinos y otros misioneros han informado a Propaganda Fide de muchos de los abusos y miserias que ocurrían en el comercio de esclavos, pero parece que la presencia de Lourenco en Roma ha dado una nueva urgencia al problema. El énfasis se ponía ahora en cómo preservar la fe de los esclavos cristianos del complejo de males e injusticias en el comercio de esclavos y en la cuestión fundamental de los derechos humanos de los esclavos.

Los cardenales decidieron actuar inmediatamente. Bajo sus instrucciones, el arzobispo Cibo escribió a los Nuncios, diciéndoles que debían pedir a los oficiales españoles y portugueses que prohibieran estos abusos. El arzobispo Cibo escribió también a los misioneros ordenándoles que instruyeran a la gente acerca de la gravedad del pecado de la compra y venta de esclavos, asegurando a los cristianos que "aunque la abstinencia del comercio en esclavos les causara la pérdida de alguna ganancia, sería mucho más grande el premio para sus almas si aceptaban esta admonición". La carta fue un gran paso adelante, porque identificó claramente como un pecado grave la compra y venta de esclavos, sin tener en cuenta si eran o no esclavos. Pero fue una exhortación dirigida a los misioneros que no tenían mucha influencia sobre los compradores y vendedores de esclavos.

El negocio de esclavos en el Atlántico causó mucha tensión entre los Capuchinos y los reyes de Soyo, en Angola. La "caza" de Áfricanos no fue la única fuente de esclavos. Los comerciantes de Europa frecuentemente compraron esclavos a los mismos reyes Áfricanos. Basándose en una interpretación equivocada de la instrucción de la Congregación para la Propagación de la Fe, los Capuchinos condenaron la venta de esclavos bautizados. Dos veces Fray Girolamo excomulgó a Antonio I, Rey de Soyo, por dichas ventas. Pasando por encima de los Capuchinos, el rey Antonio II escribió directamente a la Congregación de la Propagación de la Fe, el 4 de octubre de 1701, pidiendo permiso para seguir en este negocio sin peligro de excomunión, porque "soy un príncipe católico, y quiero alcanzar mi salvación".

Al mismo tiempo, el Vaticano se confrontó con el problema delicado de los dos Capuchinos rebeldes que atacaron la esclavitud en el Nuevo Mundo. Bien pudo ser que la presentación dramática de Lorenzo Da Silva y del arzobispo Cibo en Roma ayudaran en la exoneración de Francisco José y Epifanio.

La contribución de Fray Girolamo a la lucha contra la esclavitud fue modesta, habida cuenta de la magnitud de la opresión de los esclavos. Presentó a sus lectores, en italiano, inglés y francés, una hermosa descripción de cómo sus hermanos negros viven el mensaje de Cristo en África. Fue una contribución importante, teniendo en cuenta los menguados estereotipos de los negros comunes en Europa, en el siglo XVIII. Sin darse cuenta, Fray Girolamo dio un arma valiosa a dos siglos de abolicionistas con su referencia a la carta de Mons. Cibo. Además, él representa en la historia el ejército de misioneros Capuchinos y de otras congregaciones que sacrificaron sus vidas por sus hermanos negros en un espíritu de enriquecimiento mutuo, en lugar de esclavizarlos.

3. La Curia General de los Capuchinos en el siglo XVII

Un año después de que Propaganda Fide discutiera la petición del mulato brasileño, Da Silva, y de la carta del arzobispo Cibo, de la misma Congregación, los Capuchinos en Roma atacaron la esclavitud en otro frente, reclutando al Vaticano como un fuerte aliado en la guerra. Su General, un famoso predicador, teólogo y canonista, Fray Giambattista de Sabbio, gozó de la confianza del papa Inocencio XI y a veces fue consultado por él. El 12 de marzo de 1685, Fray Giambattista presentó a la Propaganda Fide un memorándum sobre la esclavitud con una lista de once proposiciones. Como hemos visto, fueron las mismas que formulara Fray Epifanio mientras estaba preso en La Habana, Cubas. En el memorándum de los Capuchinos las primeras siete proposiciones no hicieron distinción entre esclavos cristianos y otros, como era costumbre, sino que defendieron el derecho humano de todas las personas a no ser capturadas y vendidas.

Como hemos visto, el Santo Oficio (20 marzo, 1686) y la Propaganda Fide aceptaron las proposiciones. La última transmitió las decisiones a los Nuncios, al Obispo de Angola y a otras autoridades eclesiásticas de España, con instrucciones para ser aplicadas por los sacerdotes y misioneros en sus diócesis. (Ver en un Apéndice la transcripción de la respuesta del Santo Oficio a las once proposiciones). Con la contestación de Santo Oficio, el 20 de marzo de 1686, la opinión de los Capuchinos y no la de los teólogos contemporáneos, fue incorporada al magisterio ordinario de la Iglesia. La carta histórica del arzobispo Cibo, de marzo de 1684, como hemos visto, fue una exhortación. La carta de 1686 superó las ambigüedades de la carta anterior, con proposiciones claras y fuertes sanciones. De haberse llevado a cabo, se hubiera podido hablar de una victoria completa contra la esclavitud de los negros. Fue una hermosa reivindicación de los frailes Francisco José y Epifanio por parte de la Santa Sede. Desgraciadamente, el monstruoso tinglado comercial de la esclavitud fue invulnerable a censuras eclesiásticas. Ni los seglares ni los religiosos involucrados en la venta de esclavos negros pusieron atención.

No sabemos cuándo llegó la instrucción de la Propaganda Fide a Angola. Parece que el superior de los misioneros Capuchinos en Angola, Fray Giuseppe Maria da Busseto, conoció la instrucción antes de su carta a Propaganda Fide del 8 de marzo de 1687. En la carta, Fray Giuseppe indica que para él "es una tarea imposible eliminar el abuso de vender y comprar esclavos, porque ahí los Religiosos lo hacen, especialmente los jesuitas, que tenían una nave que iba cada año al Brasil llena de esclavos. Solamente su Eminencia con Su Santidad (el Papa) pueden terminar con tal abuso escribiendo al Rey de Portugal de este problema.

Un historiador indica que, en 1590, el General de los jesuitas, Claudio Acquaviva, prohibió a los religiosos de su orden, aun en Angola, toda venta de esclavos que les venían de los Sobas, o gente de Angola. Por otra parte, el padre Eduardo Cárdenas, S.J., escribiendo en 1980, sostiene la tesis de que si no fuera por la ganancia que los jesuitas recibieron de la venta de los esclavos negros, se habrían visto forzados a abandonar Angola.

No debemos concluir que Fray Giuseppe y los misioneros Capuchinos querían lavarse las manos en el problema de la esclavitud de sus feligreses. Más bien, fueron los más enérgicos en protestar. La misión de los Capuchinos en el Congo y Angola fue la más floreciente de África en este período. Los misioneros Capuchinos italianos aun sobrevivieron a la invasión del ejército de Portugal, que mató al Rey de Angola en la primera batalla y fue derrotado en la segunda. Uno de los misioneros, por ejemplo, bautizó a 20.981 personas en siete años y bendijo 110 matrimonios. Sin duda, el obstáculo más grande de su apostolado fue la caza y venta de sus feligreses y amigos.

4. Los Capuchinos en Venezuela y Colombia en los siglos XVII y XVIII

Muchos de los misioneros Capuchinos en América, siguiendo el ejemplo de Fray Francisco José y Fray Epifanio, continuaron la lucha contra la esclavitud. Fray Gabriel de Sanlúcar y Fray Marcelino de San Vicente, contemporáneos de Francisco José de jaca, exigían de las autoridades "seguro y libertad" para los esclavos prófugos que vivían en los montes y llanos de las misiones Capuchinas. Ellos querían evangelizarlos "como a hombres libres".

Los misioneros Capuchinos llegaron al Nuevo Reino de Granada en 1647 y fundaron una misión en Urabá y una residencia en Cartagenas. En 1693 fundaron una misión en Maracaibo entre los indígenas Macaes y Aratomos (Motilones). Entre los indígenas Aruacos, los misioneros encontraron un palenque de negros que habían huido de la esclavitud. En 1720, temiendo que podrían ser capturados y esclavizados de nuevo, los Capuchinos lograron que el Rey Felipe V los declarara libres.

También fue construido un pueblo con ex-esclavos de otro palenque en la Sierra Nevada de Colombia. Ellos formaron una granja que abastecía de verduras a Riohacha.

Entre los años 1730 - 1733 un esclavo llamado Andresote (Juan Andrés López del Rosario) encabezó un alzamiento de esclavos negros en el Yaracuy, Venezuela. Mientras los furiosos dueños de los esclavos se organizaron para capturar y castigar a los negros rebeldes, Fray Salvador de Cádiz y Fray Tomás de Pons arriesgaron sus vidas en la defensa de los negros alzados.

CONCLUSIÓN

Obviamente, ésta no es una lista completa de los misioneros y religiosos que lucharon por la emancipación de los negros a lo largo de los siglos. Espero que su ejemplo pueda inspirarnos a continuar la lucha no violenta para la liberación integral de nuestros hermanos marginados de América Latina y corregir la imagen simplista de la Iglesia al lado de los ricos apoyando la esclavitud.

APENDICE

PROPUESTA DE LOS CAPUCHINOS

Los Capuchinos pidieron que las siguientes proposiciones fueran declaradas erróneas y prohibidas bajo pena de censura eclesiástica:

Que sea lícito con fuerza y fraude hacer esclavos a los negros, y con otros salvajes, aunque no daño alguno.

Que sea lícito vender o comprar tales negros, o salvajes hechos esclavos con la fuerza, y con el engaño y hacer con ellos cualquier otro contrato.

Que cuando tales negros agarrados injustamente son mezclados con otros justamente vendidos, sea lícito comprar tanto los buenos como los malos.

4: Que los compradores no están obligados a investigar acerca de la legitimidad del título de esclavitud, aunque sepan que muchos de ellos han sido hecho esclavos injustamente.

Que los poseedores de tales negros y otros salvajes agarrados con dolor y fraude no están obligados a manumitirlos (librarlos).

Que tampoco están obligados los dueños y compradores a compensarles los daños.

Que sea lícita a los mismos poseedores con autoridad privada exponer a manifiesto peligro de muerte, herir o matar los dichos negros u otros esclavos.

Que sea lícito bautizar los negros y otros infieles sin instrucción en los misterios de la fe, necesarios para la salvación y dejarlos sin tal noticia después de bautizarlos.

Que los dueños de los negros u otros esclavos no están obligados a impedir que no vivan en concubinato.

Que sea lícito tener en servidumbre los esclavos incluso después del bautismo, hayan sido o no justamente agarrados.

Que sea lícito comprar los negros mediata o inmediatamente a los heréticos, o vendérselos y después de cualquier contrato posterior a los mismos, mantenerlos en servidumbre.

Tomado de SCPF, serie: Acta de anno 1685, América Meridionale, n. 26, 12 de marzo, ff. 35v-37.

Respuesta del Santo Oficio

Esta es la respuesta del Santo Oficio, el 20 de marzo de 1686, aceptando todas las proposiciones de Fr. Epifanio, solamente calificando la n. 8, para indicar que en peligro de muerte, se podía bautizar sin instrucciones. El hecho de que fuera publicado en esta importante colección, en la Collectanea de Propaganda Fide y además en el Acta Apost. Sedis, indica su importancia.

Fontes CJC, Vol. IV 759. S.C.S. Off., 20 mart.1686.

Propositiones:

Licitum est nigros aliosque sylvestres nemini infensos vi aut dolo captivare. R: Non licere.

Licet nigros aliosque sylvestres, nemini infensos, vi aut dolo captivatos emere, vendere, et de illis alios contractus facere. R: Non licere.

Cum nigri aliique sylvestres, iniuste captivati, sunt permixti aliis juste vendibilibus, licet omnes emere, sive, ut dicunt, bonos et malos. R: Non licere.

Emptores nigrorum aliorumve sylvestrium non tenentur inquirere de titulo eorum servitutis, sintne fuste vel iniuste mancipia, licet sciant plurimos eorum esse iniuste captivatos. R: Tenentur

Possessores nigrorum aliorumve sylvestrium nemini infensorum, vi aut dolo captorum, ad eos manumittendos non tenentur. R: Tenentur

Captores nigrorum et aliorum sylvestrium, nemini infensorum, vi aut dolo captorum, emptores, possessores, non tenentur ad eorum damna compensanda. R: Tenentur

Licet possessoribus nigrorum aliorumque mancipiorum ex privata auctoritate manifesto mortis periculo exponere, vulnerare, cremare, occidere. R: Non licere

Licet nigros aliosque infideles, doctrinae fidei capaces, absque instructione mysteriorum fidei ad salutem necessaria baptizare, item eosdem baptizatos absque ea relinquere. R: Non licere, praeterquam in articulo mortis.

Domini nigrorum et aliorum mancipiorum non tenentur impedire ne vivant in concubinatu. R: Teneri.

Licitum est captivos post Baptismum in servitute retinere, sint vel non sint juste mancipia. R: Negative, si injuste.

Licitum est ab haereticis emere nigros mediate vel inmmediate, et post emptionem seu donationem, aut quemlibet alium contractum ipsorum, mancipia remanere, et similiter vendere illis. R: Negative, existente mala fide.